“Jane Eyre”, de Cary Joji Fukunaga.
29/01/2012 por J. T.

En otoño de 1965-veinte octubres más desorientados que rogelios-, visité, en el desolado páramo de Lancashire, la casa de las Brontë. Si me quieren poner en un apuro, pregúntenme si prefiero “Cumbres Borrascosas” (la de Emilia) o esta Juana Eyre de Carlota. Añadiré a este porridge, prólogo o lo que sea, que mi bitácora y mi “hogar dulce hogar” se llaman de la misma manera: “Cumbres Borrascosas”(“Wuthering Heights”) y que, seguramente, de mayor, uno-tan victoriano en su moralinas- preferiría convertirse en Heathcliff, el enamorado montaraz y ultratúmbico, que en Mr. Rochester, un pijotero, con su pasión oculta y su loca de la casa desmadrada.

Siempre me ha parecido que “Cumbres” es la mejor novela de la tribu Brontë, y Emily, la “Señora del Páramo”(nomenclatura Rendell); lo de “más masculina” no se lo quita nadie. La dulce Charlotte, en cambio, se me antoja, en su masoquismo a la parrilla, una “Belle de Jour” decimonónica que no descansará- como en la peli de Buñuel, aficionado a las Brontë desde siempre- a tener en su poder al hombre de su vida- cieguecito en incendio: el Destino se las pone a huevo- para poder cuidarlo a sus anchas y largas. Heathcliff, es decir: doña Emilia (como la Pardo, mira…), de armas tomar, nunca se andaba con rodeos. Su venganza ha entrado (y si no, la metemos nosotros) en el libro Guinnes de los records, como la más siciliana, con permiso de Krimilda y de don Mendo. Aprovechando un renglón que se me había quedado corto, paso a recomendarles un texto en Anagrama: “Ancho Mar de los Sargazos”, novela de Jean Rhys en la que se recoge la historia de Antoinette Cosby, la primera Mrs. Rochester (espero, por una vez, no resultar “spoiler”), aquella pobre señorita jamaicana, tan aficionada al mordisco en el cuello (no era vampira, no; lo suyo eran los fuegos de artificio que propiciasen los finales felices; pero ajenos…).

Manejaba hasta ahora dos “Jane Eyres” en Cine: “Alma Rebelde” (Robert Stevenson, 1943) con Orson Welles y Joan Fontaine, tan apañada, y una segunda, destinada a TV, estrenada entre nosotros con su verdadero título sobre pantalla grande, dirigida por Delbert Mann, con Susannah York y George C. Scott. Existe una tercera, de 1995, dirigida por Franco Zeffirelli, con Charlotte Gainsbourg, que, al parecer, se decanta por el factor romántico frente a la vena gótica de sus hermanas mayores.



Cuando acudí a la versión Fukunaga, californiano inesperado, autor de “Sin Nombre” (2009), cine social a la centroamericana, sabía de sus bondades narrativas y fotográficas. Cuando leí “BBC” en sus títulos de crédito (se trata de una coproducción USA & Reino Unido) me dispuse al tercer goce fílmico a partir de un texto tan lleno de: a) sentido y sensibilidad; b) orgullo y prejuicio y c) ruido y furia, con la mirada baja y un ligero sonrojo en las mejillas. Vamos: tal cual como uno mismo.
Protagonizada por Mía Wasikoswka, la Alicia de Tim Burton, a todo papel, su talento se ve arropado por gente peliculera nada corriente: Judi Dench, excelsa hasta cuando no figura en un reparto, o Jamie Bell, el joven querido Billy Elliot, que es que está que rebosa, y… y aquí paz y después Gloria Grahame (“¿Un poco más de café calentito, querida…?”). A ver cómo escribo lo que sigue: Michael Fassbender, actor irlandés en alza (lo hemos visto en “Centurión”, “Un Método Peligroso”, p. e.) está claro que no va solamente de “guapito de cara”. El problema aquí y ahora proviene del hecho de que Mr. Rochester, para un actor, son palabras mayores, mezcla malsana de encanto funesto, apostura malvada y un no sé qué de fragilidad de alto voltaje, una de esas criaturas a abrazar en religión aunque sepas que te metes en un lío de mil demonios. A Fassbender, el dios Rochester, témome mucho, lo ha venido a ver un poco pronto…
Por lo demás, dos horas admirables.

- A ver qué tiene Heathcliff que no tenga un servidor...
LA VUELTA AL MUNDO EN 80 CLÁSICOS

“BRODRE”(2004), DE SUSANNE BIER
No es lo mismo el “remake” de una película que los distintos enfoques posibles a partir de una obra literaria desde un punto de vista cinematográfico. Si uno se halla siempre dispuesto a un nuevo intento de captar la magia de un texto para traducirla en imágenes, no parece tener demasiado sentido filmar otra “Psicosis” hitchcockiana como hiciera Gus Van Sant o atreverse con el “A Bout de Souffle” godardiano, que pasó a llamarse, y no fue a humo de pajas, “Sin Aliento”(título alternativo: “About the Souffle”: “acerca del suflé”, tan ricamente), dirigida por Jim McBride, ambas las dos una solemnísima pérdida de tiempo. La americanización de los éxitos europeos suele traer estos polvos y estos barrizales. Ahora mismo, anda circulando por ahí la versión USA de la serie “Millenium”, con más pena que gloria: novela medicre + peli del montón = “remake” si te he visto no me acuerdo.

Pero de lo que quiero hablar hoy es del caso del “remake de destrucción masiva”. Muestro cómo: en 2009, se “estrenaba” una hermosísima película de un muy competente director irlandés (en proceso de americanización él también, mira por dónde). Estoy hablando del “Brothers” de Jim Sheridan (“Mi Pie Izquierdo”, “En el Nombre del Padre”…), a partir de una cinta danesa de 2004, “Brodre”, de la que ha resultado ser fotocopia desalentadora, tiro en la nuca para la posibilidad de expansión de su señora madre por el mundo. Cuando ves ésta última- yo tuve suerte: el profe Miguel lleva haciendo cruzada más de un año- dos desastres suceden: 1) la peli Sheridan, tan admirable a primera vista, se convierte en ceniza, y 2) el propio director se va a colocar bajo sospecha. Me pregunto cómo se sentiría Susanne Bier- responsable de una filmografía notabilísima: “En un Mundo Mejor”, oscar 2010 a la mejor película extranjera, p. e.- al comprobar el “corta y pega” realizado con su “masterpiece”.
Ignoro si, a estas alturas, megaupload clausurado, podrán bajarlas ambas y mirarlas y oírlas. Inténtelo; aunque sólo sea para descubrir que a Mr. Sheridan, calcador de secuencias enteras, se le olvidó incluir en su “Brothers” la voz en off con que se abre esta historia de paraísos perdidos al este del edén imperialista, recitando una especie de poema: “Siempre te querré. Es la única verdad que reconozco. Nada es verdadero o falso; bueno o malo…Pero te quiero: es lo único que sé”. Lo que yo he aprendido, al ver “Brodre” reciclada, es que “Brothers” es un plagio consentido. A Susanne B., guionista y directora…¿cómo la convencieron? Quizás, porque la trayectoria Sheridan suponía una hipotética (pero imposible) garantía… Una copia es una copia es una copia…
(Publicado en DIARIO DE FERROL)

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