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Archive for the ‘Cordel de Literatura’ Category

LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO…

Capítulo 11

YO SOY EL QUE SOY…

-Se halla hoy entre nosotros un bien querido nuevo aspirante, de nombre Leonardo Dantés, a quien propongo le sea dada la más cordial de las bienvenidas con un fortísimo aplauso…-discurseaba Víctor Montegudo a través del micrófono, Jesusito de mi vida en una mesa para doce, entronizada sobre entarimado bajo palio, a la cabecera del recinto, una especie de anfiteatro con gradas a los lados, hervidero al vapor de una selecta muchachada de ambos sexos. A los comensales propiamente dichos nos habían situado, con los pies en la tierra, en el centro del ruedo  (como en todo gran evento que se precie, sobre un pódium, un esforzado intérprete iba traduciendo sus palabras al lenguaje de signos).  Prestemos atención lo que dice el Gran Maestre de Ceremoniales:- Aunque en honor a la verdad, y por desgracia, nuestro homenajeado no podrá oír esa ovación que le estáis dedicando, en el momento presente, a su hombría de muy bien y limpia ejecutoria. Dantés, estaréis informados, se ha quedado sordomudo de por vida, después de un desgraciado accidente de motocicleta. Conducía bajo los efectos del alcohol y otras drogas alucinógenas. Hoy ha visto la luz- que no el sonido, valga la sinestesia cogida por los pelos- gracias a nuestra amorosa tutela y se halla desintoxicado al noventa y nueve, treinta y tres, treinta tres, treinta y tres, por el ciento y la madre…

Santini, a mi vera, siempre a la verita mía, compartiendo un escueto velador a la derecha de la presidencia, pellizco de monja de por medio, me preguntó al oído si no pensaba levantar culo de asiento.

-Que se levante el conde de Montecristo, ¿no te parece lo adecuado…?- respondí, sibilante.

-Está hablando de ti, no seas imbécil…-contratacó Santini en un fiero susurro.

-Pues al estrenar sordomudez, voy a llevarla clara…

-Nunca importan los bolos, que dicen los ingleses. Yo que tú, no me perdería ripio del discurso en cursiva…¿Para qué crees que nos han puesto aquel intérprete…?

Touché… Dejé de masticar kombú confitado con salsa de wakame y me dispuse a regodearme- a quién amarga un panqueque de dulce de leche- en mi currículum de joven talentoso, emprendedor, simpático y empático, al regreso de su camino de Damasco. De seguro, degustando tan neptunales manjares cinco estrellas, no había prestado suficiente atención a la dedicatoria.

-La vida parece empeñada con demasiada frecuencia en ponernos a prueba de coraje masculino y abnegada paciencia femenina. Héteme aquí que a nuestro huésped se le ha diagnosticado la pasada semana una enfermedad rara de origen virulento y, a mayores, altamente contagiosa, lo que no os permite  a vosotros- y a mí sí, al estar vacunado- corresponder con un abrazo a este nuevo quebranto del Destino. Observaréis que, a su lado mayor, la hipotenusa, haciendo de cateto, se halla el Dr. Santini, catedrático emérito de todas y cada dos de las universidades europeas y americanas, encargado de vigilar el desarrollo de la plaga en el delicado organismo del paciente. Un aplauso para el Dr. Santini, que bien merecido se lo tiene…Hip, hip, hip…¡ hurra…!

Mi compañero de mesa, tentetieso a golpe de resorte, saludaba a la audiencia, visiblemente complacido, hasta que me ocupé de ponerlo en su sitio, de un tirón de faldones chaqueteros, no me fuera a robar protagonismo.

-Una vez finalizado el refrigerio, en mi despacho particular – y desde una burbuja protectora-, voy a imponerle, vía Santani, la Gran Banda al mérito de más firme promesa a nuestro postulante, en la certeza de obrar en tiempo y forma y el orgullo de saber a ciencia cierta que, un mañana no demasiado lejano, va a convertirse en uno de los nuestros…

Anda jaleo, jaleo; ya se acabó el alboroto y comienza el cachondeo…

-Ote, ote, ote: mariconchi el que no bote…- se chillaba desde los graderíos, a pleno decibelio.

***

Ni burbuja ni leches. En rudo contraste con el resto del complejo, el despacho del Sr. Monteagudo hacía punta de lanza del exceso, la ostentación y la demasía disparatada. Velahí retratos dedicados por las más altas instancias de la nación, la Curia Apostólica y Romana, el mundo de la Cultura y la farándula…. Todos ellos bajo la aguileña mirada oleoginosa de Su Señoría Ilustrísima, teledirigida desde un gran retrato ecuestre, a tamaño innatural, en el epicentro mismo del mäellstrom.

Al fin solos, tan curioso sujeto no vaciló en hacer un spoling de lo que nos traíamos entre manos.

-Comprenderás, Fermín, que debo cubrirme de espaldas para abajo. Contigo no voy a andarme con spaghetti westerns o rodeos eufemísticos: vaqueradas, las mínimas… Un riguroso anonimato presidirá el cotarro toma y daca. No es de recibo ponerte en lucimiento, por mucho que nos duelan vanidades feriantes. Enseguida lo explico. No te verás expuesto en pública subasta. Serás…mejor dicho: será Leonardo Dantés otro de esos hombres-sombra que jamás existieron en la vida real; señuelo para incautos y liebre de canódromo. Mientras tanto, tú y yo, codo con codo, en los próximos años, trabajaremos de cosuno en un magno proyecto para el que se te eligió por prescripción de un equipo de expertos y notables globales. Como diamante en bruto, a carbonos, en el país, y aun digo  más: el Hemisferio Norte, no hay quien te coloque el pie delante. Tu misión y la mía: poner en marcha un memorándum general de mi vida y milagros, para lo cual no me hacen falta mentecatos ni listillos, tiralevitas o liróforos celestes… ¿A que me entiendes…? Trigo limpio, brisa fresca sin contaminar, incomunicada de las turres ebúrneas oficiales: la melodiosa voz de los de abajo cantando las cuarenta al poderoso; callen las voces de los tenores huecos: la sonado la hora del cuclillo… Tus trabajos semanales en “El Heraldo Gallego” nos han venido a servir de caja negra para localizar el mirlo blanco… Y fue así de sencillo. Lo complicado es que te comprometas, bajo contrato, a que la confidencialidad más absoluta campe por sus respetos a lo largo y ancho del proyecto, aherrojando cualesquiera tentaciones de coqueteos con el divismo aburguesado…Fermín Monzón  tuvo mi bola blanca desde el primer momento, descartados- y cito solo algunos, por lumbreras…-  el Reverte, la Torres catalana, el Martín de Riquer, la Martín Gaite, el Cela, la Matute, el Goytisolo…

Hizo una pausa. Ignoro cómo se las había arreglado pero mis manos estaban ahora entre las suyas, sometidas a una presión desagradable y pegajosa. Tartamudeaba al hablar cuando lo hizo:

-Nadie en su sano juicio se permitiría poner en cuestión una apostura pareja a tu talento. Vales tu peso en carne y osamenta… Esta tierra, que también es la mía, produce buen ganado…No creas que no me sorprendí, gratamente además, al percibir que resultábamos paisanos. Nuestras familias, puerta con puerta, como aquel que dice y dice bien. ¡ Si hasta fue a coincidir que Genoveva, tu mamá, ¿no te lo dijo?, fue novia mía de pasear por la calle Real durante un tiempo…! Por si acaso, te hicimos unas pruebas de ADN, aprovechando una campaña del Sergas; me parecer recordar, la de la gripe aviar. No reclames, pues no eres hijo mío, aun cuando para serlo, te sobrasen maneras y talentos. Buena moza, tu madre. Y no me importaría echarle vista encima cualquier día de éstos; le buscaremos hueco, eso está hecho…

 “Todavía hay más bacalao para cortar. Vamos a ello. Tus jefes se muestran encantados- no me esperaba menos- de cederte en una “comisión de servicios” temporal, con objeto de no despertar sospechas. Tu salario correrá de nuestra cuenta. Non te preocupare de la cuestión “estudios”. Dos cursos más y estarás titulado; cualquiera de nuestras universidades amigas se mostrará encantada de servirnos en bandeja de plata… Pero vayamos a las espinas de la rosa… “Tendrás amor, tendrás amor, tendrás amigos”, máxime tú, tan listo y tan apuesto…Olvídate de ellos si has de abrazar mi causa… No volverás a verlos hasta el fin del trayecto… No te amilane el tranvía de tus deseos…Acude a mí en los azotes de lujuria: tus apetitos se verán saciados…Cien volquetes de licenciosas evas y de ángeles caídos nos están aguardando… Y ya que salen a colación las pelanduscas, Evangelina Prego, por descontado sabes de quien hablamos, no puede portar vela en este entierro… Suele tomarse demasiadas confianzas. Tachada de la lista. En caso necesario, nos avisas, que nosotros procederemos con total discreción. No será la primera ni la última… Accidents happen: tuviste ocasión de comprobarlo…En cuanto a Leonardo Dantés, va a permanecer entre bastidores hasta nueva orden. Es Fermín Monzón quien vale un potosí y en el que tenemos puestas todas las complacencias…

Fue instintivo, por no llamarlo atávico. Acerqué sus manos a mis labios y comencé a besarlos con unción, en señal de afecto sin fronteras y respeto a prueba de intereses mezquinos.

-Puedes marchar en paz, Fermín Leonardo…- dijo mi Bienhechor, con un gesto abiertamente salomónico y ternura en los ojos y en los labios- Mantente siempre alerta. No intentes restablecer contacto. En el momento oportuno, nosotros nos dirigiremos a ti como mejor convenga. Las sesiones de trabajo al alimón comenzarán muy pronto… Y ahora, déjame solo… Debo someterme a mi terapia de las cinco…

Dos esbeltas muchachas de rasgos asiáticos, portando un carrito con toallas y un multicolor y abigarrado zoco de tarros para ungüento y pequeñas botellas de perfume, acababan de entrar en el despacho.

***

René Lopezarena se encargó el volante en el viaje de vuelta. Se le veía al hombre deseoso de catarsis melancólica y me habló, sin ambages, de sus pretéritos planes de futuro.

-Aquí donde me ves, yo iba para astrofísico. Ya apuntaba maneras en la infancia: me andaba cayendo siempre de los árboles. Pasábamos el verano con mi abuelo materno en el rus-ruris de la Pampa argentina, donde ejercía de capataz para unos ricos hacendados chilenos. Él, serio del trinque, presagiaba (y por todo lo alto, nunca mejor dicho o escrito):

“-Tanto ves las estrellas a fuerza de chichones, que lo tuyo, de mayor hecho y derecho, seguro vaya a ser la astronomía… Yo ya no lo veré; pero vuelve a esta estancia donde estamos ahora y me lo avisas, dando tres golpes fuertes en el suelo… De no escucharlo, por hallarme a remojo en la cadera, algún demonio  me llevará el recado…No todos los demonios son cornudos: haylos buenos y malos; e, incluso, regulares…

“El caso es que, con ocasión de mi siguiente cumpleaños, Abuelo Pablo me regaló un telescopio de juguete… Luego tuvimos que embarcarnos para España por política. A mi padre se lo llevó un cóndor que pasaba por allí a viajar en avión por el Pacífico; Silvana María, mi hermana mayor, rogelia y media la pobre, si te he visto no me acuerdo: se la reclama aun hoy en la Plaza de Mayo a voz en grito. Hasta Vigo nos arreglamos para llegar con una mano detrás y otra delante, gracias a unos parientes gallegos de mi madre. A mí, no más llegar, se me metió en el seminario: era una forma de mear el territorio. Nunca llegué a profesar, y no fue en aras de colmar unos apetitos cárnicos en perpetuo estado de retreta o porque me gustase más que un mate amargo el mujerío… En Mondoñedo conocí a Santini; era un “cazatalentos” disfrazado de director de coros parroquiales. Se había fijado en mí por mis cuerdas vocales. Convenció a mi familia de mis muchos talentos para el trino y me fue encarrilando hacia sus fines: una preparatoria para futuros capitostes, al margen de circuitos oficiales. Oros y moros prometieron a mi madre, quien, por puro cansancio vitalicio, lo dejó hacer y miró para otro lado.

“Esto te estoy contando, compañero, a sabiendas de que te mantienen engañado, pasado por el chino…¡ Quién pudiera desenredarse de sus aparejos…! Para algunos es tarde: se me ha pasado el arroz de la astrofísica; te me antojas a tiempo de convertirte en zángano de colmenenares viejos… En un tris vas quedarte tronco de ciruelo: este armatoste con cuatro ruedas y una de repuesto está gasificado, agujerito va, agujerito viene en la parte trasera… Creerás haberme escuchado en un mal sueño. Jamás has de olvidar quién eras tú, antes de conocerlos, o pasarás el resto de tu vida atravesando, a sordas ciegomudas, el tenebroso valle de las sombras chinescas…

Se le quebró la voz. La cortinilla comenzó a correrse. Un servidor también; pero de espanto…¿No vendría siendo, entonces, Víctor Monteagudo un Mefistófeles remasterizado, redux o lo que fuese…? ¿A qué clase de demonio tentador había vendido yo mi alma…? Y, como éramos tan pocos, fue mi abuela y se puso de parto… A Evangelina Prego, con mis necias palabras, la había arrojado a los leones de aquel circo…¿Se hallaría en peligro de muerte…? Conociendo percalina, los creía muy capaces de quitarla del medio a la tremenda… Correr a avisarla; sí, claro, pero, ¿cómo…? A bordo de un coche funerario, conducido por un loco, lleno de ruido y de furia… Eso, ¿a qué me sonaba…? Tres tristes tigres en un campo de trigo, estudiando trigonometría… Me esoy quedando frito vuelta y vuelta…Puedo hacer como el agente Harry Palmer y clavarme un imperdible en una mano, por quedarme despierto aunque sea a medias… Imperdibles, lo siento, no me quedan; también ignoro dónde han ido a parar mis cuatro manos, de repente… La izquierda ignora lo que hace la derecha y viceversa…¡Buen momento para andarse con política…! Quiero bañarme desnudo en el pilón…¡Necesito un chupete urgentemente…! Primero he de rezar mis oraciones… “Yo soy el que soy…”, se ufanaba el Señor… Y yo, Leonardo Dantés a ratos libres…Yo sé, yo sé la manera de dar, de dar la lata a cualquiera…Y, de seguido, se repite muchas veces…

PRINCIPIO Y FIN DEL CAPÍTULO 11

Leonardo Dantés, en estado palpitante

 

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LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO…

Capítulo Nono

PUT THE BLAME ON MAME…(JUSTOS POR PECADORES)

Evangelina Prego se la estaba buscando bien buscada. Con insultante expresión de impostada inocencia, se había estado dedicando últimamente a intentar sonsacarme información reservada, con la disculpa de haberse perdido en los meandros del guadiana recorrido: no se enteraba de la misa la media. Ítem más, aquella agente doble de vía muerta hasta  se permitió darme un “consejo de amiga”, dejándolo caer al resbalillo, en el transcurso de una acalorada discusión a dos bandas rivales, la suya y la mía, Montoyas y Tarantos,  sobre Cinematografía y pintura rupestre. Ella sostenía a pecho descubierto (sin sostén dialéctico alguno, su vicio habitual) que, en las cuevas de Altamira, si miras hacia arriba, verás empezar y terminar el Cine moderno, según había leído –y asimilado mal- en el National Geographic. No tuve más remedio que ponerla en su sitio (cuarto de las escobas):

-Cuando te escucho pontificar, díjolo Blasa, sobre los más variados tópicos culturales, fingiendo un dominio sobre los mismos del que, a las pruebas me remito, has venido careciendo a manos llenas y cabeza vacía (lo de bibliotecaria municipal suplente te viene grande varias tallas, querida), me entran unas ganas enormes de…de… Mejor no expresarlo con palabras… Lo que sí mencionaré es que empiezo a sospechar que, en las noches de plenilunio, Atilano Silvosa se convierte en ti misma y viceversa. Que sois amantes virtuales anda de vuelta y media por todos los corrillos a la page. A saber si no te ha contagiado una venérea…O tú a él: tampoco ha de echarse en saco roto…Los condones, a veces, vienen defectuosos de la fábrica en China: hay que probarlos, enchufados a un grifo, antes de ser usados con plenas garantías…No resulta romántico, de acuerdo; pero evita efectos secundarios perniciosos, a posteriori y/o a priori, según las geometrías corporales implicadas…

Evangelina no estaba aquella tarde para gaitas.

-Deberías hacer un esfuerzo por controlar tu exacerbada agresividad, Fermín Monzón, o hacértelo mirar rápidamente. Hay veces que me asustas, te lo juro y prometo… Tu médico de cabecera podría gestionar la visita a un psicólogo…Piénsalo bien y convendrás conmigo que, aquí llegados, andas necesitado de la ayuda de un profesional con el fin de poner en orden y concierto tus ideas…¿Te he hecho yo algo para ser tratada así…? ¿Vas a aclarármelo…?

Toda la cafetería nos observaba, pendiente de las pelotas fuera y el tanteo. Se mascaba tensión en el ambiente. Ventaja, Evangelina… Las masas son sensibleras-no sensibles- y les encantan las historias truculentas… Le lancé un raquetazo, derecho a la mandíbula.

-Eres tú, no lo olvides, quien se halla sometida actualmente a tratamiento neurológico, necesitada de un trasplante intensivo de neuronas…Al parecer, recomendabas a tus jóvenes lectores de la biblioteca municipal asomar la nariz-eufemismo caritativo, por supuesto- a ciertos títulos nefandos… Sobre todo, franceses… “Romeo y Julieta” daba paso a  “Justine y Juliette” para leer con una sola mano… Y todos tan contentos, ¿no te digo…? Por Fortuna y Jacinta, te pillaron a tiempo…

La gota colmó nuestros vasos comunicantes. Evangelina se levantó y se fue, dejando la cuenta sin pagar y una brillante idea agazapada en mis barbechos cerebrales, lista para mostrar, en un potente soplido de mi genio y figura, sus delectables posibilidades pirotécnicas.

Indiqué al camarero, un tal Andrés, la lentitud y la desgana  hechas discóbolo mirón sordo de oídos, armado de bandeja 2πr a modo de coraza, la conveniencia de iniciar una cuenta trimestral a cargo de la recién marchada, Elisa Aguado, lo cual maldita gracia que le hizo.

-Tendría que consultarlo con el jefe…- rezongó, a mala leche manifiesta- Ha salido un momento en busca de un paquete de achicoria; será mejor que esperes…

-Imposible…Imposible…A mi abuela han tenido que ingresarla por urgencias, tras ingesta masiva de productos navideños caducados, un tesoro escondido en su despensa… Reclama mi presencia en los pasillos. Cumplió ciento tres años el pasado: no creo que dure mucho… Siendo yo su heredero universal, ¿no pretenderás que me la vaya a jugar a la ruleta rusa, por un capricho tuyo de repente…?

-Mira si llevas algo suelto en los bolsillos y apañamos…

-Nada de apaños; yo siempre por derechas… Elisa Aguado; clienta distinguida de la casa, no lo olvides: de los Aguado de toda la vida… Ya pasará ella en persona, tan pronto como disponga de un minuto libre, a confirmarlo… Y ahora, adiós… Controla las esquelas de mañana, si acaso te apetece ir al su entierro…y me estoy refiriendo al de mi abuela… Elisita está todavía de muy buen ver, ¿no te parece…?

Le guiñe un ojo, y siguiendo el ejemplo de los novecientos noventa y nueve mil mercenarios que me habían precedido, me batí en retirada, a los acordes de un vibrante pasodoble torero, hasta alcanzar la puerta de salida (y de entrada)…

***

Aquellos polvos trajeron estos lodos, siempre que Joaquín Belda no se oponga. Transcurridas dos fechas menos una, en la prensa local apareció, firmada con seudónimo, una prolija “carta al director” bajo el epígrafe “Bibliotecas basura ”, a la que seguiría una nueva misiva, equiparable a su hermana mayor en cuanto a  rotundidad, ambas de ellas no reñidas, ni siquiera molestas o aun incomodadas, con la finura expositiva de un estricto gobernante absolutista del exquisito estilo azoriniano, haciendo gala y justa vanagloria de un depurado buen gusto literario.

“Una institución tan venerable como nuestra biblioteca no puede hallarse en manos de una perfecta indocumentada advenediza”, “la desatención al respetable público y una falta absoluta de saber ser o estar parecen ser las normas de la casa”, “el asiduo lector deja pronto de serlo y los recién llegados no repiten, consecuencia directa de la sonrojada indignación ante un estado de general inoperancia”… tal era tono- entre faltón y desabrido- de la – que si quieres arroz- catilinaria.

A la destinataria de la misma, cuyo nombre no aparecía nunca explicitado, no le bajaba la fiebre de cuarenta.

Fermín Monzón, ustedes me conocen (si bien todavía no en sentido bíblico, al menos  una selecta mayoría; mas tiempo al tiempo… Si es por mí, que no quede…), enseguida se encargó de desfacer entuerto; y por aquello de que no ofreciese duda (en el caso de haberla, que no creo) la identidad de la destinataria del ultraje, llamando a las personas por su nombre, sus dos apellidos, su dirección, su distrito postal y su teléfono, dediqué a Evangelina, vía prensa dominical, hasta dos loas, dos ditirambos, dos endechas en prosa, dos serenatas al pie de los balcones, aclarando que el autor de los agravios uno y dos, una vez desenmascarado y puesto en sol-fa-mi-re-do, se las vería conmigo detrás de la catedral, entre lusco y fusco matutino, o, en su defecto, el juzgado de guardia más cercano, en horas de atención al respetable público y notorio.

El objeto de la jugada maestra no era otro que dejar establecidas unas fraternales relaciones con mi oscuro objeto de desprecio que me sirviesen de sólida coartada en su momento, antes de proceder a su castigo sumarísimo, cuyos detalles me reservo por evitar miocardios infartados a lectores no acostumbrados a las emociones fuertes …

***

Tampoco Mamá Geno, mozartiana pero menos, como segunda sospechosa en el listado de lenguas a pacer, sacadas a deshora,  se libraba de la quema de aquelarres, si bien lo sentenciado para ella aparecía limado por un cierto apego personal hacia la imprescindible (por ahora) figura triste de la autora de mis días de vino y rosas.

 Después de todo, la madre mía, Celestina polvorienta, con lo mucho o lo poco que sacaba vendiendo hilo y aguja de marear, allá en su mercería “Virgen de la Merced”, calle de tres cuartos de lo mismo, vete a saber si por remendar los virgos desgarrados de nuestras vecindonas licenciosas a punto de prometerse con Manolo (prototipo de varón español) y dejarlo saciado de apetitos lascivos, una vez cubierto el expediente sin exponerse a mayores sobresaltos- y sin explicaciones engorrosas, en el transcurso de la felix conniunctio, al decir de los Carmina Burana-, me daba- a mi madre me refiero, no a Manolo- de comer a diario las tres veces y me tenía planchadas las camisas.

Sellado con silicona de cierres y aperturas del negocio floreciente, aparición de un gato muerto- procedencia: contenedor cercano multiusos, incluido el de cementerio de animales- en la cocina familiar o puesta en marcha triunfal de cierto malintencionado rumor en el sinsentido de un volcánico romance otoñal a medias con Pablito Star Wars,  hijo mayor de nuestro carnicero, famoso por sus pérdidas de aceite de ricino, fueron algunas de las medidas tomadas para equilibrar como es debido la oscilante balanza justiciera entre las dos mujeres objeto de mi cólera y mi morbo.

Sin perder un minuto, el personaje más gorkiano de esta epopeya cívica, más que harta de sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna, puso santo remedio a semejante piélago de calamidades (y no precisamente con un puñal de esos que apenas caben en la mano- de Guillermo S. a Federico L. vengo por toda la orilla…-), sino girando una visita, previa cita, a la consulta de la vidente Candelaria, donde encargó una “limpieza” general de ambos inmuebles, habida cuenta de que alguien que nos quería bastante mal y a rastro se había encargado de hacernos un “trabajo” concienzudo y sin conciencia.

 La broma vino a salir salió en diez mil pesetas rubias al contado y cinco mil más del ala, a interesados plazos mensuales.

¿Qué quieren que les diga…? Ella es así: fue llegar la democracia a este país y pasar de los novenarios a S. Expedito y/o S. Antonio a satánicos conjuros por encargo…Por lo que a mí concierne, no creyendo ni dejando de creer en nigromancias esotéricas, he detectado una trayectoria de boomerang directo a mi entrepierna cada vez que- cosa en mí rara- me pongo hijoputesco a la hora de llevar a buen puerto mi selecto ramillete de venganzas catalanas…

¿Quién dijo miedo? Yo me basto y me sobro para hacerle frente a mi alicuota parte de anunciados desastres que pudieran devenirme en un próximo futuro. Se trata, simplemente, de ignorar las avestruces: no las miras, no existen; y, en el peor de los casos, se las pasas al otro, a quien pilles más cerca… Es lo que hacemos todos, ¿o no es cierto…?, cuando no mira nadie… Quisiera ver al lindo don Diego o a la marquesa Rosalinda capaces de llevarme la contraria…

***

Muy mal empezó llevando Evangelina la publicación en la prensa de las cartas citadas más arriba. Convencido me hallo de que, en un principio, me atribuyó, sin fundamento alguno, la autoría de las mismas. Sé, por terceros en concordia- por raro que parezca, no se puso en contacto con su amigo del alma-, que lloró ranchipures y cantó y bailó bajo la lluvia el baile San Vito con paraguas, crisis de llanto histérico y estados de ansiedad para qué os quiero, hasta quedar la pobrecilla- y hablo en latín vulgar- hecha una espartana braga portuguesa.

Aparecidas “do más pecado había”(las páginas impares de “El Heraldo Galego”, edición dominical, la de mayor tirada) mis sucesivas réplicas, en encendida defensa de su capacidad profesional, puesta en solfeo por una retahíla de infundadas calumnias injuriosas vertidas en aquel vil panfleto titulado “Bibliotecas basura”, supone uno que Evangelina Prego debió de ponerse más contenta.

Mordió el anzuelo de Fenisa, tal como yo esperada y, por fin, la escuché, entrecortadamente, de hipo en hipo, de gemido en gemido, de suspiro en suspiro, a la busca y captura de catarsis autocompasiva sadomaso, susurrarme al otro lado del teléfono:

-No hacía falta, Fermín, querido queridísimo, mi paladín, mi caballero andante…Ni te imaginas cuánto te agradecemos todos el que hayas salido, de forma tan gallarda, en mi legítima defensa…

Aquel “todos” me puso la oreja supurante delante de la mosca cojonera. Habemus nueva compañía; y no precisamente telefónica…¡Me lo estaba temiendo…! De una Herodías de su calibre, uno puede esperarse, a poco te distraigas, acabar como la cabeza del Bautista…

Pretextando insoslayables premuras de agenda programática, me despedí de ella corto y cierro, no sin antes haber  solicitado, devoto, un encuentro romántico para acercar posturas (sic), a lo cual accedió a pascuas contentas, sin barruntar lo que se le venía encima (empezando por mí mismo, en calzoncillos largos y, limitando al norte, camiseta de felpa, hasta pasado mayo y principios de junio …).

Seamos claros: sin renunciar a una noche nochera de San Bartolomé, con Evangelina de protagonista y única hugonote calvinista, cuenta habida de que la ocasión la pinta calva el pintor que pinta con amor, me las prometía no menos felices con un atardecer de los cristales rotos, transparente metáfora aludiendo a la integridad física de su séptimo sello a cal y canto… Después de tanta justa literaria en su honor, lógico resultaba que me concediese el suyo… entiéndase también,  antes de reenviarla, para siempre jamás amén Jesús, a hacer puñetas… En nítida demostración solidaria entre colegas, se me apetecían dos huevos de paloma con olivo en el pico dejar trabajo hecho para mis sucesores, aun dudando muy mucho que los haya…Y llamadme Ahab (o hasta incluso Queequeg, a la hora de hacer el indio South Pacific) si tal es vuestro gusto de refinería …El mío no había estado obsesionado en otra hazaña, desde una turbulenta adolescencia en ebullición perpetua palera, que no fuese montar a cierta compañera de instituto, regordeta ella, exenta de las clases de gimnasia por problemas de movilidad, al que Atilano Silvosa estigmatizó en su día con el infamante apodo acosador de “la ballena blanca”, enmendando la plana al elegido por mí mismo previamente: “la Cucaracha”, en alusión sutil a una poliomielitis padecida por Evangelina durante la correosa infancia desgraciada, que la había dejado, literalmente, para el perpetuo arrastre de su pierna derecha…

En tan maltrecho estado de conservación, nunca entendí su empecinamiento en no dar su teta a retorcer por lo que respecta a servirme de cobaya en mis primeras intentonas sexuales. De hecho, no fue suya la primera mano que yo cogí en un cine de barrio para someterla a un baño de sudores compartidos dentro de una fauna finlandesa; ni el primer beso aleteante, robado en una sesión de tanatorio, donde mi lengua no obtuvo acceso a su natural destino de restallantes burbujas salivares, y terminó, ay de mí, puesta a secar, pinzona, colgando de unos labios entreabiertos de asombro de Damasco y frustraciones escrotales, hoy todavía no del todo superadas… Entre esa señorita y yo, hasta la fecha, no ha habido más que medias palabras y chocolate sin leche a la española…

***

La prometida cita, un vis a vis para volver las aguas a su armónico cauce precedente (desayunos y meriendas sur l´herve) habría de verse enriquecida por la inesperada presencia de un tercer comensal, convidado de piedra, colado de rondón en las festividades, por aquello de haber llegado primero a las sesiones intensivas de consuelo amistoso a la víctima de la conspiración bibliotecaria.

Atilano Silvosa, capaz de eso y de mucho más, puesto en pie en viéndome llegar, cruzó el salón de la cafetería, vino a abrazarme y me colmó de sintéticos elogios hiperbólicos.

-No se esperaba menos de ti, amigo mío. Quedar como un señor parece ser tu impronta: todo el mundo lo sabe y lo pregona alborozado…¿Qué sería de nosotros sin esa elocuencia tuya, plena de semánticas profundas e intuiciones felices,  capaz de poner en su sitio, de un plumazo, a las fuerzas oscuras semovientes, responsables de los pelos del bigote coñero de esta intrincada trama novelesca…?

Evangelina, impertérrita perdida, se apresuró a pasarse al enemigo en puertas:

-Atilano me ha demostrado ser lo que siempre había sido para mí, sin yo saberlo: un verdadero amigo, al verme a la deriva entre los canes lobos… Él supo reaccionar, no como otros, saliendo en mi defensa desde el primer momento. Yo no me lo esperaba, la verdad… Se lo agradezco el doble, por lo tanto… Tu casuística vino a ser bien distinta, Fermincito; no te pongas mohíno… Uña y laca, siempre juegas en casa, un poco retrasado, tomándote tu tiempo de silencio…

No iba a quedar así tamaña afrenta. Estaba decidido el pasar a mayores, y ya estaba tardando. Pero el poeta Silvosa se encargó, al final, del estrambote:

-Se lo estaba comentando a la querida Eva justo cuando llegaste: a punto me hallo de atar todos los cabos sueltos en torno a la autoría de esos artículos… Cierto informador de total confianza, cuyo nombre no va a salir por esta boca es mía, me ha prometido enterarse, de pe a tres catorce dieciséis, sin margen de  errores garrafales, qué bombero estuvo detrás de tu atentado. Tierra trágame se va a quedar alguno…

Sentí un nudo gordiano amarrarme las tripas del intestino grueso; luego, un retortijón y, segundos más tarde, una doble certeza… La de que mi recién estrenado rival en el corazón y la entretela de la malvada Evangelina ya conocía la solución del acertijo y, en perpendicular, la perentoria necesidad por mi parte de un regreso al hogar precipitado y la muda sordomuda de prendas interiores, sometidas a rudo tratamiento escatológico… La había cagado, vamos… ¡Qué cascada de cagadas, qué cagada de cascadas pestilentes se me estaban deslizando pata abajo, Madre Ubú putativa de la Cantante Calva…!

PRINCIPIO Y FIN DEL CAPÍTULO NONO

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LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO…

Capítulo 7

LOS ACCIDENTES OCURREN…

Me tengo por un individuo razonablemente aprensivo, si bien poco alarmista; mis circuitos del pánico necesitan pruebas fehacientes para ponerse en marcha: todo lo demás es temer a Virginia Woolf, a los lobos feroces y a demonios pintados…

Uno, per se, puede resbalar en la bañera y partirse la crisma o, habida cuenta de que la naturaleza imita al Arte, mientras va de paseo dominical matutino por estirar piernas e ideas, recibir un inesperado macetazo en plena testa, a lo Graco en “Ben Hur, con idénticos o parecidos resultados comatosos.

 Otrosí, encontrarse, un suponer, una cabeza de caballo ensangrentada debajo de la almohada o una cobra real en erección dentro de la bañera no se consideraría moco de pavo, sino preaviso de los cielos infernales.

Mi ración de “mal rollo” comenzó con un tonto episodio doméstico: de madrugada, una paloma se presentó en mi dormitorio de soltero y comenzó a picotearme, confianzuda, las mejillas. Cuestión a considerar: todas las ventanas de la casa habían permanecido cerradas a cal viva y gregoriano muerto desde la mañana anterior, por la manía que les tiene mi madre a las corrientes de aire, “asesinas en serie”, responsables de tantas lumbalgias miserere. Cuando, escoba en mano, defenestré paredes de par en impar por expulsar a mi extraño visitante nocturno colombófilo, éste resultó imposible de localizar, a pesar del exhaustivo posterior examen del inmueble.

-Habrás sufrido pesadillas, hijo… Anoche te pasaste con los quesos cabrales… – argumentó la Sra. Genoveva, tras escuchar mi crónica del alba- Las digestiones son como bombonas de relojería… De haber cenado lo que yo, patas al vapor y pescado a la plancha, te hubieses levantado tan ufano, después de haber soñado con las angelitas … A ver, saca la lengua: le voy a echar un vistazo…; pero, primero, me echarás el aliento… Mejor, aguarda: asegurémonos primero de que no padeces fiebres tifoideas…

Aproveché para tomar soleta su apresurada marcha hacia el cuarto de baño, en busca del oráculo mercurial a instalar en regiones inguinales, obrante en nuestro botiquín de segundos auxilios (los primeros corrían cargo de San Felicísimo, en franco contrapunto de su insobornable condición republicana: una cosa es predicar la tricolor y otra, en coyunturas tan urgentes como aquélla, sacarte ora pro nobis de un apuro).

***

No tomé nota del extraño suceso ni lo encajé en la lista de arcanos en progreso: dejé correr el episodio cuesta abajo en su rodada. Tenía cosas peores en las que ocupar el cerebelo. Hermana Evangelina o madre Genoveva, ¿iscariotas las dos-que todo podría ser-; iscariota una sola –pero, ¿cuál…?-; iscariota, ninguna…? ¿Controlarían mi mente, a lo Svengali, hasta el extremo de leer mis pensamientos…?  Siguiendo instrucciones de la Organización, ¿me habría instalado la Srta. Rubio, durante nuestro fugaz encuentro en el Hotel Excelsior, un detector de deserciones inalámbrico; por ejemplo, en el glande (lo había notado hinchado,  tumefacto y cabizbajo, aun varios días después de  nuestras trés dangerous liaisons, en régimen severo de “aquí te pillo, aquí me vengo” (nótese la anfibología maligna dejada caer en el aserto)…?

***

Nuevas pruebas aguardaban a mi probada capacidad para desconfiar de todo lo que nade, corra o vuele.

Al inquietante augurio de una fantasmal paloma, equivocada quizás de dormitorio (si es que no se trataba del Espíritu Santo trinitario en persona), sucedió, días más tarde, un asaz desconcertante percance callejero, en el que me vi envuelto sin cagarlo ni mearlo.

Camino y corto el viento rumbo a mi puesto de trabajo ganapán cuando, de pronto, una sombra situada a mis espaldas, me cubre los ojos con sus manos.

-Adivina quién soy o pagas prenda…

Aun no estando para jueguecitos mañaneros dada la premura de la hora, palpé unos dedos, sin duda femeninos, férreamente sujetos a mis cuencas pitañosas, poco o nada encantadas de aquel súbito ataque intempestivo.

-¿Evangelina…?.- aventuré, a la buena del demonio.

-Frío… Frío…- canturreó una voz aguardentosa, desde la retaguardia.

-Pues no caigo…Suéltame ya, caramba… Llevo bastante prisa. Pero, además, me estás haciendo daño…¿Son anillos eso que llevas puesto…? Alambre de espino, yo diría…

-Déjate de chingar con pendejadas y a lo nuestro… Soy portadora de un mensaje para ti… A buen entendedor, pocas palabras sobran… “Sólo pensar en traicionar es ya una traición consumada…” ¿A que te suenan estos cascabeles de gato escaldado…? Una vez me haya ido, deberías meditarlo muy a fondo. Si has entendido, bastará digas sí con la cabeza…

Giré sobre mí mismo en brusca rebeldía, hasta quedar enfrentado a una perfecta desconocida -¿estás seguro…?- que me pedía encendidas disculpas: al parecer, habíame confundido, mira qué tonta, con su primo Francisco, el cacereño, de visita en Galicia, a quien había quedado en recoger por los alrededores de la estación del ferrocarril para llevarlo a casa y obsequiarlo con productos de la tierra, en un sabroso toma y daca concursante: empanada de pulpo, pan centenario y queso de tetilla a cambio de sapillos de Navalmoral de la Mata y morcilla patatera de Almoharín, en un abrir y cerrar de esta boca es mía y la tengo hecha agua bendita.

-Donde esté un ribeiro tinto cardenal purpurado, que se quite la pitarra de tinaja y vicevuelta…Never mix, never worry…-añadió, salomónica, la moza-  Ciao, bello bambinoArrivederci, chico Dolfos… Ces´t la vie: Paquito el chocolatero en lontananza… Recuerdos a tu madre y a tus padres…

Antes de que pudiera reaccionar, mi asaltante bon vivant, además de políglota, se había perdido entre el gentío, algo más bien extraño si tenemos en cuenta la poca gente que pasaba, en aquellos momentos, por la calle.

Blanco y en tetrabrick: todos ellos brujos, como en “Rosemary´s Baby”…

***

A partir de entonces, los accidentes propiamente dichos se sucedieron como la Casa de Borbón durante los siglos XX y XXI (y hasta puede que antes, aunque no me pienso poner a averiguarlo vía Wikipedia porque me da pereza): a trancas y barrancas, con muchos sobresaltos, tanto civiles como militares, de por medio.

Comenzaron de baja intensidad, la mayoría de carácter fortuito, para dar paso, con solución de continuidad, a un pim-pam-pum “dios nos coja confesados”. Hubo de todo un mucho en apretado programa de festejos.

Una alfiler torcido en tarro recién abierto conteniendo confitura de naranjas amargas; un hirviente avispero, de kermese zumbona en tu terraza (se aconseja avisar de inmediato al cuerpo de bomberos, renunciando – y hablo con conocimiento de causa y antiestético efecto alérgico – a cualquier iniciativa personal, si en algo aprecias la tersura de pellejos a la vista)… Suma y sigue: puesta en marcha, por su cuenta y mi riesgo, de una infame turba de aparatos eléctricos, desde la lujuriosa aspiradora polvo va, polvo viene, a un cuchillo de cortar por lo sano patas de cerdo muerto; ascensor detenido y a oscuras, durante interminable intemerata, entre dos pisos, sin motivo aparente; hamletianos semáforos con un tic en el ojo, empeñados en que termines dibujado sobre el paso de cebra; aleros que se desprenden de  su encía con gingivitis a tu paso, dale que te pego allá donde más duele … Supongo que el lector ya se ha hecho una somera idea, a estas alturas, de por dónde van los tiros al blanco en movimiento y quién era el destinatario final de tal despliegue de efectos especiales…

Cuando mi capacidad de aguante de lo que te echen se hallaba al borde mismo de tirar la toalla y dejar sus vergüenzas toreras al desnudo, la que faltaba se adjuntó al jubileo: una Esperanza Rubio con buenas ganas de cantarme las cuarenta verdades de aquel barquero, pedófilo presunto, que, presumiblemente, les cobraba en especie a las niñas bonitas.

-Pero tú, ¿qué te has creído, gallo de veleta desplumada…? – chillaba a través del auricular telefónico, un metro alejado de mi oreja derecha-Mi porcentaje al carajo de la vela, por tu culpa… ¿Y creías que me iba a quedar con estos pelos…? En autostop me he venido de un tirón y sin hacer escalas…Imagina lo que tuve que hacer para lograrlo; pregúntale a Carrasco si, de verdad, te interesa averiguarlo… Sabes dónde no me hospedo, supongo; el Excelsior no reunía condiciones para mis niveles de exigencia categórica. He plantado mis reales en el Hostal Lolichi, todo lo humilde que se quiera, pero limpio y a buen precio, situado en una callecita cuesta arriba abajo, dependiendo de dónde te sitúes, de cuyo nombre, por desgracia, no he podido acordarme hasta el momento.  Procura no perderte porque no tiene pérdida posible: a las siete pasadas menos cuarto te espero como decía aquella rueda-rueda de mi cada vez más lejana infancia: “comiendo huevos, patatas fritas y caramelos”; como un clavo de olor a nuez moscada te reunirás conmigo… En el paraíso terrenal o en infierno, dependiendo de lo nerviosa que me ponga tu prolija excusatio sí petita, demandada por mi mesa en  pepitoria… Conozco dónde malvives de prestado, dónde haces que trabajas… Estás contra las cuerdas consonantes oclusivas sonoras… Colgarás facto ipso, santo y señal de que me rindes cortesana pleitesía…

No tuve que pensarlo dos veces sino cuatro, con las ganas que me asaltaban de ponerla en su sitio numantino, o sea la hoguera de tanta vanidad y tanto mando en plaza.

El aceptar acudir a aquella cita a tuertas – no las tenía todas conmigo- obedecía a motivos estratégicos: primordialmente, obtener información acerca de las andanzas inalámbricas de Evangelina, la Traidora; pero, de presentarse ocasión alopécica de volver a las andadas a uña de caballo, no iba a ser mi bragueta, siempre abierta a este tipo de avatares, quien se hiciese la casta y la susana.

***

Madame Lolichi Butterfly, aprendiza repetidora de aquella doña Loreta, acalorada consorte del teniente Friolera, viuda de mal ver y de mirar estrábico, colorete y polvos de arroz sobre semblante avinagrado, arrebujada en su mantón de Manila, con pestazo a fritanga y a “Embrujo de Sevilla”, no estaba para fiestas lupercales.

-No se recibe en las habitaciones: con que lo diga yo, nos basta y sobra. Los puticlubes quedan apenas dos manzanas podridas más abajo. Éste es un establecimiento fronterizo a fuer de serio; de los pocos que quedan en la zona. La señorita por la que pregunta se encuentra ausente, realizando gestiones administrativas galantes. Siéntese y espere en la orejera de la entrada. No voy a estar dándole conversación toda la tarde. Tengo mucho que hacer, siendo yo sola frente al mundo mundano, y no me quito méritos ni me pongo fatigas… A las seis a diario me levanto y con el mazo dando…

Fue hacerle caso, encular el armatoste de raído terciopelo rojo moteado de oscuros nubarrones sospechosos y tenerla delante, armada de un plumero esparce pelusilla, toda oídos.

-Sin meterme en lo que no me llaman (no es mi estilo), y porque me llama la atención poderosa el rebaño pantalonero que ha estado preguntando por ella en el transcurso de la tarde, estoy por preguntarle, no por curiosidad: saber quién tengo en casa, qué demonios les dará a los hombres esa señora o señorita…Suponiendo sea una cosa u otra…

Crujió el sillón y crujieron mis huesos vertebrales. Preferí no somatizar este último dardo envenenado que abría un melón- o mejor: una caja de Pandora- de complicadas posibilidades; y, ya de paso, maldije al autor de una trama de por sí complicada, sin necesidad conocida de echar mano pecadora a nuevos y estrafalarios vericuetos.

Madame Lolichi, inasequible al buen aliento, que ésa es otra, continuó, erre que erre, con su dale que te pego dialéctico:

-Un don de dios será, tercero o cuarto ojo en frontispicio; pero, lo que es a mí, ningún amanerado se me escapa, aun vestido de seda y mejorando lo presente. Los detecto enseguida, los huelo a los ochenta metros vallas… En el Hostal Lolichi, no se admiten Sodomas ni Gomorras, tras lo sucedido, años ha, con mi marido…

-¡Cuente, cuente… No me tenga en un ascua…!- supliqué, fervoroso y por matar el tiempo de la espera.

-Curiosón, que rima con…y mejor lo dejamos, porque allá cada uno… Correveidile  nos ha salido el pretendiente… No es por nada: a usted y a una servidora de usted hace tiempo que se nos ve el plumero…¿Qué le cuento primero: lo de mi santo esposo, fallecido ya el pobre hace dos años, y el travesti que, por un quítame allá esas pajas,  intentó metérsela doblada, gato por liebre y carne por pescado, o la entrada triunfal a ésta su casa, de su amiga del alma, disfrazada de gemelas Coplovitz, dos en una…?

-Le dejo que me cuente lo que tenga más cerca de la punta de la lengua…-le respondí obsequioso, pensando en mis asuntos.

-La Srta. Rubio arrastra pintas de tardona… Tiempo sobrado habrá para las dos historias, a poco que me esmere en darle al pico y pala. Aprovecharé, de paso, para tersar tapicerías y asustar a los ácaros presentes…Otro gallo mañanero me cantara de estar él en el mundo, vivaz y coleando… Hablo de mi marido. Se llamaba Ginés y era de Murcia capital, que no de las afueras…Sólo nombrarlo y me parece estarlo viendo en vera efigie: pequeñito pero bien rematado; un bendito tú eres entre todas las mujeres: su madre, la primera; y luego, servidora, y pare de contar apareamientos: se hacía de él un auténtico pandero. Si en la vida alzó la voz alguna vez fue por decir “me muero, prométeme que no te vuelves a casar por lo civil” y espicharla de un infarto de su cardio…

“Para los negocios puede que fuese un lince de Doña Ana en extinción; para el cortejo femenil, un perrillo faldero con tirantes blancos… Tal que así, la presencia en nuestro establecimiento de alguien que se hacía llamar- en el mundo del arte, por lo menos- “Vanessa en Cueros, Variedades Exóticas” (yo la calé al momento; por el don, ¿sabe usted?), de gira 180º por la Galicia verde, ya en prono, ya en supino, boca arriba o abajo el periscopio, abierta a todo tipo de experiencias, puso a prueba lo que en mi pobre Ginés podía restar de macho alfa y omega.

“Hoy estoy convencida, a buey pasado, de que el pobriño, miña xoia, andaba entre fundido y confundido;  a buen seguro se le traspapelaron los cables, hasta llegar a pensar que el susodicho (o susodicha) se hallaba en posesión del título de ATS diplomado (especialista en vendaje, por más señas…), pues de no ser así, no me explico el interés que se tomó en bailarle las aguas porque le diese un masaje al sur de los riñones, subsanando sus males de ciática. Dicho en su honor y el mío, estaremos unánimes en que be y uve suenan parejo de hecho y por derecho, para la lengua de Marcial Lafuente Estefanía, su autor de cabecera, con fórmula secreta inamovible, a base de héroes con un par del calibre 45 colgando de cintura + heroínas de salón con los senos turgentes y labios sensuales entreabiertos. Así pues, requetefácil, de no fijarse mucho, llegar a equiparar  intensivas sesiones de bondage y vendaje… Pero calla, que viene la Srta. Rubio… Ya habrá ocasión de escuchar el desenlace de este enredo… De tener suerte, en el capítulo siguiente…

Importuna como ella sola y la que más, Esperanza Rubio se plantaba ante mí y procedía a mirarme a lo Patricia Highsmith, aquélla que escribía sobre los hombres como una araña escribiría sobre las moscas…

-Estaba hasta las pelotas de esperarte… Salí a dar una vuelta, ¿pasa algo…? ¿Acaso tengo restringido el habeas corpus…?

Madame Lolichi y este narrador, como puestos de acuerdo, intercambiaron miradas sigilosas de cómplice consenso…

-¿No te lo decía yo…? –me pareció leer en sus amoratados labios de pasa de Corinto rechumida.

-¡Hay que j…!- respondieron los míos, presuntamente.

PRINCIPIO Y FIN DEL CAPÍTULO 7

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