Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Lo tuyo es puro teatro’ Category

MA NUIT CHEZ UTE LEMPER…

No es Dietrich, ni Piaf, ni Lotte Lenya (y abundo: ni pajolera falta que le hace). Ella es Lemper, Ute Lemper, para servir al dios pagano de sus muchos talentos y a un Público al que se dispone a devorar, desde el momento mismo rompe y rasga de comparecer en escena, sorteada de sus músicos – que aun siendo dos, parecen orquesta-, here and now en versión pelirroja y vestida de negro (véase cartel presidiendo el cotarro y aguárdese solución al acertijo), para, enseguida, ponerse en pose, pase, piso y aviso de una sinuosa anémona gorgona, en el transcurso de su parada nupcial, brazos en aspa, de mucha campanilla, a merced, ora de los vientos huracanados de su genio multidisciplinar, ya de la suave brisa de una feminidad con más peligro que la enlacada uña del pie izquierdo de la Dietrich…

Marlene Dietrich

Edith Piaf

Lotte Lenya

Ostras, tú… Apenas meado territorio con su lluvia dorada y su polvo de estrella rutilante, a bocajarro, pregunta a sus zángan@s recién estrenados- el Respetable – si nos entenderemos en inglés Escila o francés Caribdis. Se escuchan, bajito, bajito, vergonzantes, varias voces decantándose por la cuerda shakesperiana; la mitad menos uno de los anteriores, sotto voce, se animan a apuntarse al son gabacho, y un valiente, en franca minoría, se manifiesta gallego- parlante… La Divina, a lo suyo, nos anuncia que piensa emplear el francés, con subtítulos orales incluidos en idioma de Milton, durante las largas parrafadas introductorias de cada una de las piezas a cobrar, hasta alcanzar el Éxito. Tal como se pudo comprobar a lo largo de la representación, en español, sabe decir “buenas noches” (y “Antonio”; pero eso es otra historia…), con acento alemán de andar por casa ajena y de acostarse tarde.

Primera sorpresa fuera de programa: aunque en los carteles, repartidos downtown profusamente, se anunciaba, a bombo y a platillo, un espectáculo titulado “Last Tango in Berlin”, enseguida quedó claro que asistiríamos a  una especie de “menú degustación” de las muy variadas delicatesen que configuran el selecto, selectísimo, repertorio de la artista: de Kurt Weill /Brecht, a Marlene, pasando por Jacques Brel o la Piaf, vengo por toda la orilla (le rive gauche, para ponernos finos…).

Bertolt B.

Jacques Brel

Dicho y hecho… Y ya puestos, sometiendo a la sobrecogida audiencia (y es que aquello- tanta magia potagia- no podía estar pasando…) a un severo tratamiento de choque, a base de jugar con la voz – allí está ella, mas virtuosa  y más bitchy que ninguna-,  apalillando encaje de bolillas y bolillos…

Lady Ella

Si hasta ahora se consideraba a la Fitzgerald la reina del scat (improvisación vocal a base de palabras, sílabas o sonidos; p. e., el de la trompeta), sin duda le ha salido una Uta Estuardo en su reinado. Nada se escapa a su sabiduría escénica, se llame “Mackie Messer”, “Ne Me Quite Pas”, “Je Ne Regrette Rien”, “Lili Marleen” o “Lola, Lola”… Ella puede con todo; todo se le perdona ante tal despliegue de talento (sin ir más lejos, y mira que es difícil, la falta de explicación ante cambio de programa, por mucho que uno pueda llegar a sospechar que hemos salido ganando con el trueque: donde dije “tango”, ahora digo un paseo, una marcha triunfal, por algunos de los valores más seguros de la Música Ligera…).

 En otro (des)orden cosas, los programas de mano brillaron por su ausencia, quizás para que no se notara tanto el cambalache.

Lemper y su vini, vidi, vinci aportaron otra constatación alentadora: la entrega total de la protagonista del evento, a la hora de cumplir su compromiso de salir a darlo todo, en Ferrol, en Londres o Berlín, con la misma apasionada profesionalidad y el mismo esfuerzo… Hacían falta bemoles: a ella le sobran.

[Esto que sigue, inter nos y que no se entere nadie: se notaba a la legua que estaba disfrutando de un trabajo bien hecho (pero, por encima de todo, de sí misma, sobre la cual- y le asiste derecho- puestas tiene todas sus complacencias)].

El santuario ferrolano se le rindió enseguida, en francés, en inglés, en alemán o español “buenas noches”; y quizás fuese porque, en cualquier idioma,  los conceptos importantes-Amor, Libertad, Belleza, Arte…- no necesitan vocalizarse siquiera: arrasan cualesquiera barreras entre nuestra sensibilidad y un síndrome superado de babelia miserere entre Artista y Audiencia. Si nos puede pasar con el canto de los pájaros, no digo nada con una pájara de fuego tan bien dotada para traspasar las bambalinas como este endemoniado ángel azul llamado Ute…

Gracias, Frau Lemper por esta velada de los siete velos…Todos fuimos San Juan ante ese medio siglo tuyo de esplendor,  de sabérselas todas, encantados de quedarnos sin cabeza…Recordaré tu desembarco en Brecht como algunos de los momentos memorables de un inolvidable recital. Nadie canta “Surabaya Johnny” como tú lo haces, sin haber descendido hasta el fondo del maelström de la pasiones humanas arrastradas, a base de echarle Stanislavski; en cuanto a “Mackie el Navaja”, de la cual manejo versiones tan dispares como las de Lenya, Ana Belén o Rosita Amores, la Mae West valenciana, estrella del music hall de carretera y manta, me pregunto cómo  te las arreglaste para hacer que pareciera escrita para ti y la profundidad de  tu garganta…

Ana B.

Rosita Amores

¡Ya quisiera Linda Lovelace, tragasables clasificada X, semejantes facultades en el cielo estrellado de esa bocaza suya “me comeré todo aquello que se mueva”…! Tú lo que tienes situado en el fondo de garganta, Ute querida, no es un clítoris, sino la Deustche Gramophon en ejercicio y a pleno rendimiento…

Conste en acta que llevo desde el sábado pasado asomándome  a diversas grabaciones en estudio de la Eximia, con todos los avances técnicos a su alcance y,  mein gott!, resultan un pálido reflejo de un recital U. L. en vivo y en directo, lo cual – me lo parece a mí- es el mejor elogio que se le puede hacer a una cantante calva, a una cantante rubia, a una cantante pelirroja o a una cantante con el pelo negro: a una CANTANTE…

Read Full Post »

ACTO 2

ESCENA 2

[Dale que te pego, seguimos aquí, en un “espera a ver” digno de mejor causa…]

EL DESCONOCIDO.- No es que le estemos echando, amigo mío; pero, oído lo escuchado, lo prudente sería poner pies en polvorosa: todas las rifas apuntan a una inminente San Valentin´s Massacre de las de no te menees… El Sr. X va a presentarse, acompañado de su banda de matones, por estos pagos, y nunca mejor dicho, a hacerse cargo de cierta cantidad que se le debe. Le garantizo que no viene en plan rondalla sanjuanera.

NUEVO SOSPECHOSO.- Ya somos dos: no estoy solo en el censo de acreedores. Sin cobrar los correspondientes emolumentos tan duramente ganados, de sobra usted lo sabe, a un servidor, de aquí, no se le mueve el culo, por muy agujereado que se halle… La Chichinabo me enviaría a su chulapona, “Rigoletta al Cuadrado” (así se la conoce porque fue campeona de lucha libre femenina aficionada, antes de quedar para el arrastre) a partirme las cuatro piezas dentarías que me restan a mí y restan atractivo a mi sonrisa, de piños todos primos entre iguales; muelas, ni una; y quijadas,  de asno con piorrea: a uno no aprovechó ni oste ni moste la escuela parvularia de pequeño… En esta boca es mía, no quedan ni las raspas… Menos peor: lo que ahorro en cepillo de dientes, me lo gasto en francachelas y hedonismos…

EL DESCONOCIDO.- (A Teresa) ¿Te mostrarías  proclive a hacerle un adelanto por la mano derecha, sin que la izquierda sepa lo que haces…?

TERESA.- Al único hombre que le suelto yo pasta en este mundo es a mi peluquero… Eso no quita para que organicemos un crowdfunding, tan en boga, boga, boga, marinero… Juego de pirindola: todos ponen… Espera a ver, yo apoquino estos tres euros: es lo que llevo suelto…

EL DESCONOCIDO.- Por aquí escarbo una moneda de cincuenta en los bolsillos… Me he quedado sin blanca: culpa suya…

ROSA.- Nosotras no pondremos tela marinera mientras no se nos explique convenientemente lo de las manchas de sangre a este lado de la puerta…

ELVIRA.- ¡Vaya a curarse, hombre de dios hemorroíso, y déjenos tranquilas…! Preséntese en urgencias; aunque a nosotras no, que nos llaman pesadas, lo que es a usted seguro que le atienden, y de balde…

ROSA.- Y, de paso, llévese a su amiguito del cuerpo, que también necesita un buen repaso…

ANDRÉS.- A ver si me doy por enterado… ¿Quién ha hablado de sangre derramada…?

EL DESCONOCIDO.- Mr. Barman, a ver si nos enteramos…Nos hallamos en “El Nido del Cuco”, nada que ver con el Castillo Canterville ni con Ignacio Sánchez, el torero gitano… (Aparte, al público) Si me permito esta cita libresca de raigambre culterana es por respeto a su flor y su nata, señoras y señores; naturalmente, ignoro si el aludido camarero, el tal Andrés, estará en disposición de valorar mi ingenio en su justa medida…

NUEVO SOSPECHOSO.- A mí, que me trasfundan; en inglés, sobre todo… Fundas a mis colchones y con el mazo dando…

ROSA.- Se hace el tonto… Nos referimos a aquellos goterones sobre la moqueta falsificada de la entrada, los que vino esparciendo, cuando entró, del puente a la alameda… (Se dirige a la puerta)  Éstos de aquí… (Los mueve con el pie y luego los recoge del suelo) ¡Se han solidificado…!

NUEVO SOSPECHOSO.- Como que se trata de fichas de parchís, único juego de azar al que soy aficionado, para que luego digan de mis vicios… Deben de habérseme caído por algún agujero del bolsillo… Gracias por recogerlas: así no he tenido que agacharse un servidor… Lo digo por mi artritis reumatoide…

ROSA.- (Se las entrega) Suyas son, ¿para qué las iba a querer yo…? Y más cuidado con esos agujeros, joven: no deje que se cuele cualquier cosa…

NUEVO SOSPECHOSO.- La cuenta que me trae… He cumplido mi parte… ¿Ustedes, con cuánto fundamento colaboran…?

ROSA.- Tres pesetas… Entre las dos, se entiende; y me parece mucho, con los tiempos que corren… (Se escucha el ruido de un coche aparcando fuera)

EL DESCONOCIDO.- ¡Tanto que corren…! Ya llega el Sr. X… (Aparece  y desaparece en la cristalera una figura a contraluz)

ELVIRA.- ¿Es Felipe González…? Pero, ¿tú estás segura…? ¡Muy cambiado lo noto…!

ROSA.- Punto pelota, hermana… Guarda las tres pesetas…

EL DESCONOCIDO.- (A Andrés) ¡Rápido, información veraz…! ¿Disponemos de una puerta trasera por la cual hacer mutis por el foro…?

ANDRÉS.- Ninguna; no, señor… Ratonera al canto…

EL DESCONOCIDO.- ¡Todos a los lavabos!

ELVIRA.- Yo y mi hermana ya venimos evacuadas desde casa. No me fío de la higiene reinante por ahí fuera…

ROSA.- Calla, tonta…Nosotras vamos adonde vayan todos… A saber qué se planea festejar, una vez dentro… Los lavabos de “El Nido del Cuco” arrastran mala fama, ¿no lo sabes…?

TERESA.- ¿No habíamos quedado en que iba a lucir  mi escote ante el magnate o, en su defecto, echar mano de mis piernas y sus medias…?

NUEVO SOSPECHOSO.- Lo que es a mí, no me pillan con el carrito del helado… Después de usted, como mandan los canónigos (Se precipitan en tropel en los lavabos)

[Entra el SEÑOR X, todo menos bonito, vestido de punta en blanco, y avanza, decidido, hacia la barra]

SEÑOR X.- Despido al chofer, a quien no quiero ver rondando mis asuntos, y, nada más dar vuelta, voy y me encuentro disuelta la asamblea, atisbada intramuros previamente a través de los amplios ventanales de la entrada… ¿Hacia dónde se ha dirigido el aquelarre…? ¿Usted lo sabe, simpático joven…?

ANDRÉS.- ¿Se refiere al grupo de honrados ciudadanos que estaban celebrando el cumpleaños de la dulce abuelita y su hermana gemela…? Debe de haberles sentado mal la tarta: de repente, han echado a correr rumbo al cuarto de baño…Imagino que sería por aliviarse…

SEÑOR X.- Tengo una cita aquí… Me he retrasado un poco, con todas esas patrullas por ahí fuera pidiendo identidades al doblar cada esquina peligrosa… Seguro a mi interlocutor en ciernes le ha ocurrido otro tanto de lo mismo… (Se sienta en una mesa) Tráigame un copón a albariño bien frío y cualquier cosa para picar que no sea tarta de la casa… Todavía no he cenado… Los negocios me llevan de cabeza… Feliz usted, en su barra apalancado, pasando a cobrar a fin de mes sin preocuparse poco o mucho de reunir los dineros…

ANDRÉS.- Visto así, se me quitan las ganas de echar la bonoloto… Voy a prepararle un sandwich mixto…

SEÑOR X.- (Por el móvil; le ha cambiado la voz, de miel a sublimado corrosivo) El pájaro no se ha presentado todavía; no se descarta ande revoloteando por la zona… Infestado de pasma el vecindario, a la caza y captura de un asesino en serie, ¿no te digo…? Te mantendré informado, por si tienes que intervenir, no te preocupes…Cambio y cierro… (Guarda el móvil y cambia de voz) Amable joven, nada más lejos de mi intención que preocuparle; pero, si mi oído no me engaña, procedentes de allí, se escuchan unos ruidos extraños… (Efectivamente, ha empezado a oírse, procedente de los lavabos, el final de la “Gaite Parisienne” de Offenbach)

ANDRÉS.- Estarán vomitando… Téngase en cuenta que  la aerofagia miserere resulta estruendosa de sí, a mayor abundamiento…

SEÑOR X.- No sé yo, no sé yo…

ANDRÉS.- Señor, permítame un consejo: concéntrese, con la imaginación calenturienta, en una loncha de jamón y otra de queso a punto de fundirse en fraternal abrazo,  surgiendo de su recinto amurallado… Enseguida le sirvo, voy volando… (Trajina con afán en lo suyo)

[El Señor X, un tanto sigiloso, acude a la puerta del servicio y se pone a escuchar, aprovechando que Andrés está de espaldas]

SEÑOR X.- Se diría que las contracciones de esfínter en proceso puertas adentro  de ese tocador,  proceden, de otro tipo de ejercicio físico no tan habitual pero igualmente grato a los sentidos… Estoy por afirmar que ya ha empezado la celebración del cumpleaños…Y por todo lo alto. Mejor vuelvo a mi asiento y atiendo a mi negocio, no vaya a ser sucumba a la humana tentación de unirme, de rondón, al jubileo… (Se sienta)

[En la entrada, se dibuja de pronto la rotunda presencia de RIGOLETTA AL CUADRADO, que otea el horizonte y efectúa su marcha triunfal hacia los interiores del recinto]

RIGOLETTA.- (Encarándose con el Sr. X) A ti quería yo verte, espabilado; y si sobra la coma, la suprimes de cuajo, y todos tan contentos…

SEÑOR X.- Señorita, me temo el no haber sido presentados… Me acordaría de su fuerte personalidad, a qué dudarlo…

RIGOLETTA.- Olvídate de mí y acuérdate de la pasta que le debes a mi chica…

ANDRÉS.- Rigoletta, Quasimoda o como te llames ¿has visto aquel letrero…? “Reservado el derecho de admisión”. Tú no estás reservada, conque,  la donna e mobile: ya te estás largando a Notre Dame o de donde hayas salido…

RIGOLETTA.- Por el interés te quiero Andrés; y tú a mí, más, a partir de la fecha… No vaya a ser que le comunique yo a tu jefe lo que se cuece en los retretes de esta casa, con tu consentimiento y porcentaje más el IVA…

SEÑOR X.- Yo creo que se está usted confundiendo…

RIGOLETTA.- Una chispa es lo que te va confundir a ti, como no nos pagues lo que debes… Que lo sepas: necesito el peculio para hacerme decorar un prendedor con una pluma, una flor, y una perla cultivada…Lo del verso, lo dejaremos para más adelante…

SEÑOR X.- Resultaría un tanto fatuo por mi parte presumir de hacerme pagar por las mujeres… A la inversa, tampoco se cumple el acertijo… Soy el que soy, como dijo el Señor; era Judas quien traficaba con monedas…

RIGOLETTA.- Chichinabo, mi dueña, la más alta señora, me advirtió que te encontraría aquí y aquí yo te he encontrado. Equilicuá: tienes que ser tú su soplapollas… Llegué a tal conclusión tras descartar a ése porque no da la talla, habida cuenta de su condición de  militante  en el gremio de la chaquetilla blanca y la pajarita negra a juego. Chichinabo me lo situó como cliente; no como simple camarero…

SEÑOR X.- Hay más personas en el cielo en la tierra, amiga mía, que las citadas en su filosofía… Basta con asomar la cabeza de pensar a esos servicios  para descubrir que, en cuestión de bacanales, no todo está inventado, por dicha o por desdicha… Quizás, su opción más clara se halle ahí dentro, ocupado en otros menesteres que requieren inflado de carrillos; y si no me equivoco, y creo que nones, en roman paladino, con la picha hecha un lío…

RIGOLETTA.- Considérate hombre muerto de muerte natural si intentas engañarme, te lo advierto… (Se dirige a los servicios y se supone que abre la puerta. Vuelve a escucharse la Gaite Parisienne)

NUEVO SOSPECHOSO.- (Su voz) ¡Cierren esa puerta que hay corriente…! (Perdemos de vista a Rigoletta y de oído, a Offenbach)

SEÑOR X.– (a Andrés) Velahí un nuevo “Triángulo de las Bermudas” para viciosos contumaces haciendo de las suyas; venus afrodisíaca de moscas cojoneras… Un auténtico Jardín de las Delicias diseñado por Lladró para el nuevo catálogo acorde con los tiempos y las mores… Vaya por dios: me parece que me estoy viniendo arriba… Eso es un hecho, y tengo pruebas comprobadas (se ha palpado gentilmente la entrepierna) Esperadme un momento, que ahora voy, nalgas inquietas… ¡Pienso acabar con el hambre en el mundo…! (Desaparece por donde ya sabemos, Offenbach como música de fondo)

[Andrés sale de su reducto para instalarse en el epicentro del escenario, definitivamente abandonado a su suerte (que es grela, tal como afirmara, en 1929, en el famoso tango “Yira”, su autor, Enrique Santos Discepolo]

ANDRÉS.- (al público) Prestadme vuestra atención, amigos, cibernautas, compatriotas de las redes sociales… No pienso arrepentirme de lo que voy a confesaros: a un servidor también le encantaría estar allá dentro… Pero en este Titánic moral en el que se ha convertido “El Nido del Cuco”, su capitán se mantendrá al timón hasta que den las doce del reloj, final de su jornada, con una hora y media extra, gratis et dolore,  a beneficio de la empresa explotadora. Héteme aquí, émulo por entregas y fregonas de aquella Cenicienta que perdió un zapato –clarísima metáfora de carácter obsceno- por querer ir a un baile donde no pegaba ni con cola… Lástima no poder invitar a tan selecta audiencia a un sorbo de champán y brindar todos juntos por el día que comienza disfrazado de noche… Pocos momentos quedan para estar todos juntos: esta función se apaga… Aprovechará pues vuestro humilde sirvefantas para ponerse bajo la piel del otro… Y aun digo más: por mi cuenta y mi riesgo, invito a cualquier espectador o espectadora,  deseosos de echar una canita al viento, a subirse al estrado y meterse en faena tras esa puerta verde…Vamos, venga, que se anime el primero o la primera y el resto desfilará marcando el paso encabronado como cerezas legionarias pelo en pecho…  Hagan juego, señoras y señores… Es más: en contra de mis firmes convicciones, por una vez y que no se repita, voy a hacer un exceso: detrás de la primera señorita o caballero, entrará en materia reservada un servidor, que lo está deseando, como ya queda dicho… (Se presentan varios espectadores, todos ellos del género masculino, que caminan derecho al agujero) Se lo recuerdo, por si acaso, ansiosos contertulios lupercales: traspasado el umbral- y no me refiero al de la decencia, por supuesto-, se ruega cerrar la puerta de acceso a la felicidad; hace corriente, no vaya a ser se nos acatarren los bacantes… (El reloj de cuco da las doce y Andrés cuenta los pio-píos, invitando a los presentes a sumarse) A la de una, a las de dos, a la de tres…a la de doce… ¡Soy todo vuestro: sigamos todos juntos, y yo, el último, la senda por donde han ido, los pocos sabios que en el mundo han sido… (Marcha hacia su destino, mientras suena, cada vez más fuerte, la Gaite Parisienne de Offenbach, que da paso a las sirenas de la policía. Tras unos instantes de tranquilidad, aparece, a la carrera, el que faltaba, esto es: el único ASESINO EN SERIE real y verdadero. Tras mirar en derredor, escamado, se fija en los restos de comida y bebida que permanecen en las mesas y se pone a engullirlos entre sordos gruñidos)

ASESINO EN SERIE.- Vaya apretón… Lo que faltaba… Caspitina, algo ha debido de sentarme mal… Ya lo decía mi madre, la Sra. Asunción,  antes de acabar momificada: “De cenas, hijo, están las tumbas llenas”… Corro al cuarto de aseo, a liberar toxinas y meteorismos varios… (Sale pitando, de Tánatos a Eros, con expresión de no haber roto nunca un plato)

[Nuevo canto de sirenas y ruido de aparcamiento masivo de vehículos en el exterior. Escuchamos a los BUENOS hablar por potentes altavoces]

BUENOS.- Escucha, Senén López, pedazo de piltrafa humanoide, te hablan las autoridades competentes por boca del Comisario Almendralejo, genio y figura de la Policía Científica, azote de la delincuencia organizada… ¿A que te suena…? ¡Ya verás cuando te pille, rata de alcantarilla…! Entérate de que – esta vez sí- te tenemos rodeado. Más de cien de nuestros hombres, fuertes como algarrobos,  bien dotados de material antidisturbios, se disponen a tomar por asalto el reducto donde te agazapas, sabandija inmunda. Dispones de un minuto para salir donde bien se te vea con los brazos en alto y el carnet en la boca. No acabes de cagarla y haz lo que te digo… (Impresionante pausa silenciosa, de pronto interrumpida por el reloj de cuco que se pone a piar los trece trinos) El plazo ha terminado… ¡Adentro, mis muchachos, vamos a echar los restos: que no quede un palmo de terreno sin mirar…! ¡Sus y a ellos, todo patas arriba si es preciso, pero hay que localizar a esa alimaña…!

[Ruido de carreras. Se escucha, por última vez (al menos de momento), el final de la Gaite Parisienne]

FIN DE “TERESA: ÚLTIMA NOCHE”

Read Full Post »

ACTO 2

ESCENA 1

[Todo sigue donde lo dejamos, por no variar. Andrés y el Nuevo Sospechoso, en secreteando que da gusto; Teresa y el Desconocido, en su mesa, probando a hacer manitas, y las hermanitas de la Caridad, acabando de recoger los paquetes del suelo, después de la batalla]

ELVIRA.- Ya no quedan caballeros en el mundo mundial.

ROSA.- ¿Alguna vez los hubo…?

ELVIRA.-Papá era uno de ellos…

ROSA.- Habida cuenta nuestro apellido “Exposito”, prepárate para esperarnos cualquier cosa…

ELVIRA.- Por eso lo decía…

ROSA.- Acaba de una vez, que me pones nerviosa… Y no divagues tanto…

ELVIRA.- He recogido seis bultos más que tú; así es que excusas de llamarme vaga… (Vuelven a instalarse en su lugar descansen)

EL DESCONOCIDO.-…Voy y se lo pregunto. A ver si crees que me faltan arrestos… (Se acerca a la barra) Perdón si es que interrumpo algo importante…

ANDRÉS.- ¿La cuenta…? ¡Eso está hecho…! (Se pone a hacerla con una maquinita)

EL DESCONOCIDO.- Contigo no va cuenta ni cuento… Es a este caballero a quien deseo dirigirme en exclusiva rigurosa… Si nos dejan…

ANDRÉS.- (Canturrea, faltón, por lo bajo) “Si nos dejan, nos vamos a querer toda la vida…”

NUEVO SOSPECHOSO.- ¿En qué puedo serle útil…?

EL DESCONOCIDO.- Me gustaría saber en nombre de quién está actuando; que acreditara, de paso, su fideicomiso… Condición  sine qua non, ya me entiende…Una vez cubierto el expediente, usted yo tendríamos mucho que decirnos mutuamente…

NUEVO SOSPECHOSO.- No se ofenda: me ha dejado como estaba… Voy al servicio, civil, se sobreentiende, a cambiarle el agua al pajarito… ¿Por dónde viene cayendo la suite mingitoria, camarero…?

ANDRÉS.- Justo enfrente… Aquella puerta verde… Y más allá, dos accesos más donde elegir: uno dice “señoras” y el otro, “caballeros”, con sus correspondientes iconos identificativos…

EL DESCONOCIDO.- Lo acompaño…

TERESA.- (Al pasar por su lado) Mucho cuidado…Ese piensa que estás buscando tema…

EL DESCONOCIDO.- Sabré cuidarme, gracias… Yo también necesito un desahogo…

[Ambos compadres desaparecen de nuestra vista y nuestro oído. Teresa busca refugio en la mesa vecina]

TERESA.- Con permiso… (Toma asiento) ¿Qué tendré yo que los hombres no procuran mi amistad…? ¿Qué interés se les sigue que no sea utilizarnos de vasija que recoja a pie de obra sus torrentes de fluido almidonado, para ir por ahí luego presumiendo ante los otros machos de ejercer como semental de la piara…? ¡Estoy tan harta…! Y si no se me nota, es que finjo muy bien mis estados de ánimo…

ELVIRA.- ¡A  nosotras nos lo va a contar…!

ROSA.- Déjame hablar a mí… Aunque parezcamos gemelas de la misma vitela, yo a ésta le llevo sus buenos cuatro años y dos meses…

ELVIRA.- No exageres… Son sólo tres y medio… ¿A que no se nos echan…?

ROSA.- Con nosotras puede explayarse a gusto, señorita… No nos asustan las palabras fuertes…

ELVIRA.- Empezaré yo para abrir boca: del primero hasta el último, unos auténticos cabrones, brutos, sucios y malos, incapaces de hacer diez cosas a la vez; unos marranos de rabo retorcido, en toda la extensión de los campos de fútbol… ¿A que se queda una sensiblemente mejorada por dentro y por fuera, después de la andanada…?

ROSA.- Si esto fuera un teatro, en lugar de un cuchitril de mala muerte, se lo podríamos preguntar a las espectadoras presentes en la sala… “A ver, que levanten la mano las que pensamos que los hombres no están, ni estarán nunca, a nuestra altura…”  El patio de butacas, un domingo de ramos…

ANDRÉS.- Para cuchi-cuchi-cuchitril, la grillera donde vive con su hermana, señora, dar y tomar de micrófonos ocultos… No se confunda: nos encontramos en el café “El Nido del Cuco” con una cubertería entera de tenedores panza arriba campando en su escudo nobiliario… De no ser de su agrado, tome portante y cambie de parroquia… Sin contar con que vamos a cerrar dentro de un rosario de la aurora… En cuanto aquel reloj dé los doce piopíos, uno detrás de otro,  salen, en  fila de a dos, escopetadas, no vaya a ser las sorprenda por la espalda el asesino que anda suelto por estos andurriales y acabe por darles un buen susto, esparciendo sus tripas por el suelo…

ROSA.- No nos darán las uvas en este Sol de cachivache y tentetieso… Ya déjenos hablar: a punto estamos de alcanzar importantes conclusiones sobre un asunto de notable transcendencia: las amistades peligrosas entre ninfas y faunos… Siga, señorita, por favor… Oídos, los sordos, para palabras tan necias como ésas…

TERESA.- Desciendo cada noche, escalón a escalón, buscona yo también, a recorrer las calles, en busca de un mínimo comienzo con visos de futuro con el hombre perfecto;  lo que llego a encontrarme, con la suerte de cara, son momentos aislados, sensaciones fugaces: la emoción de la caza del conejo, como mucho; porque, a veces, ni eso… Fuegos fatuos, faroles apagados, siempre seguidos de un “si te he visto, no me acuerdo” ¿De qué me sirve a mí el hombre de una noche? ¿De qué le sirve a él el que yo, en un visto y no visto, llegue a  formar parte de sus húmedos sueños…?  Eso no es lo peor: mi hijo se ha estado convirtiendo en uno de ellos… Hijo de puta, ¿qué le haces a tu madre…?

ELVIRA.- Nosotras no tenemos descendencia directa…

ROSA.- Pero seguimos como dios nos trajo al mundo… Nunca hemos descartado el adoptarlos de todos los colores disponibles del mercado… ¡No será por falta de catálogo…! Por lo que sea, preferiríamos un varón, ¿verdad tú…?

ELVIRA.- Nos pilla la experiencia demasiado acabadas, ya un poquito mochales… Soledad más o menos, a nuestra edad no importa… En su caso, seguro es diferente…

ROSA.- Ese galán de noche con usted, tenemos pruebas, ¿seguirá mi consejo?, no resulta en absoluto puerto seguro donde limpiar los fondos…

TERESA.- ¿Ese galán de noche…? ¿Dónde se habrá metido ese don Pedro…? ¿Y por qué tarda tanto…?

ELVIRA.- Tendría cosas que hacer en el cuarto de baño… A veces no se consigue a la primera… El zumo de pomelo, a la hora del desayuno, hace milagros… Para casos extremos, las ciruelas…

ROSA.- No entró solo… A lo peor, no es que estén estreñidos: se andarán buscando las cosquillas…

ELVIRA.- Mujer, ¿tú crees…? ¡Parecían tan modosos y educados…! Sobre todo, su pareja de usted… En cuanto al segundo, el que se presentó echando sangres por el suelo mientras sonaban las sirenas allá fuera, prefiero no opinar, si me permite, de momento… ¿No se ha fijado cómo ha dejado la falsa moqueta…? Hermana, otra mano de cartas, ¿no crees que contribuiría a clarificarlo…? La baraja española jamás miente; otra cosa es el póker: una timba tahúr, un anzuelo de incautos, al decir de papá, lector voraz de Dostoyevski…

TERESA.- (Se dirige hacia la barra) ¿Le importaría entrar un momento en los lavabos y comprobar lo que se cuece por ahí dentro…?

ANDRÉS.- Cualquier cosa… ¿Me ha visto cara de brigada del vicio…?  Esos tipos estaban hablando con usted, no conmigo; vaya y pregunte qué tripa se le ha roto a la feliz pareja… Un poco de baraka y hasta podrá apuntarse para formar un trío… Bien pensado, llamaré a la policía… (Coge el teléfono)

TERESA.- Espere a ver… No vayamos a liarla… (Hace ademán de dirigirse a los servicios pero se lo impide un súbito ruido de lucha, con muebles derribados, gruñidos masculinos y cristal hecho añicos. Aparece en escena el Segundo Sospechoso, con un sobre en la mano, quien, enseguida, pone pies en polvorosa, sin que nadie muestre la más mínima intención de detenerlo. Un segundo más tarde, se presenta el Desconocido, cuyo estado resulta absolutamente lamentable, y Teresa corre a sostenerlo) ¿Qué te han hecho…? ¿Estás bien…?

EL DESCONOCIDO.- ¿Y tú me lo preguntas…? Todo bajo control. Sé buena chica y ayúdame a llegar a nuestra mesa… (Desfilan lentamente, hablando de sus cosas, en secreto de estado)

ANDRÉS.- (En virtuoso) No he visto nada, se lo juro, Sr. Comisario, porque estaba a lo mío,  desatascando el fregadero de inmundicias… No es el primero que se larga sin pagar… Ya no solo asesinos… ¡Anda mucho sinvergüenza por ahí suelto…!

ROSA.- Los cuatro caballos y una mula, que hacen cinco, por el recto te la hinco… ¡Lo han dejado que no lo conoce ni su madre…!

ELVIRA.- Los fornicios nunca hicieron cosa buena…

ROSA.- ¡Qué fornicios ni fenicios…! Oído al parche poroso y a no perder detalle del suceso…Esta noche nos sacan por la tele, de testigas…

TERESA.- ¡Te has dejado pillar toda la pasta…! ¿ Pensó acaso que tratabas de comprarle sus favores…?

EL DESCONOCIDO.- Tampoco es eso… Surgió un malentendido… Le tomé el número cambiado…

 TERESA.- Y él a ti… Me imagino la escena: fue mostrarle el refajo suficiente para que el tipejo ese perdiera los papeles…

EL DESCONOCIDO.- ¿Te refieres al fajo de billetes…? No me provoques y puntualiza ambigüedades…

TERESA.- A  ambos los dos. Ni te imaginas lo guapo que estás cuando te enfadas…Y ahora, ¿qué…? Cuando venga el tal X, ¿qué le contamos…?

EL DESCONOCIDO.- Ya se me ocurrirá… ¡No me aturulles…! Gracias por usar la primera persona del plural, de todos modos. Ya contaba contigo…

TERESA.- Has cobrado lo tuyo, si para el caso te sirve de consuelo… ¿Cuánto suma la pérdida en total…?

EL DESCONOCIDO.- ¿Tú me tomas por tonto…? Se trataba de fotocopias de billetes… Encargo más y asunto concluido…

TERESA.- El Sr. X y sus esbirros, por lo visto, no tienen ojos en la cara. Ni siquiera se hubiesen molestado en contarlos… Descubren el pastel en llegandito a casa…

EL DESCOOCIDO.- Ahí es donde entrabas tú, de prima dona… No notan nada porque de lo que están pendientes es de tu escote y/o de tus piernas… Uno, vertiginoso; las otras, suculentas… Cualquier cosa nos presta: la que esté más a mano…

TERESA.- De militar en la acera de enfrente tu acreedor, ¿cómo pensabas  alegrarle la pestaña…?

EL DESCONOCIDO.- Tu lo que quieres es que me coma el tigre…

ANDRÉS.- (Canturrea) “Que me coma el tigre, que me coma al tigre, mis carnes morenas”… Alto el fuego: Andrés Benítez no está alistado en semejante bombardeo…

TERESA.- ¿Qué te ha hecho suponer que podías intentar implicarme en tus embrollos y salir de rositas…? El peligro que iba a correr, ¿eso no cuenta?

EL DESCONOCIDO.- ¡Si te estás divirtiendo; al menos,  reconócelo ante este tribunal…!

TERESA.- A medias… Sólo a medias…

[Entra, a la carrera, el Nuevo Sospechoso, que viene para armarla]

ANDRÉS.- Uno que pretendía irse sin pagar y luego se arrepiente…

NUEVO SOSPECHOSO.- Pero no soy el único aspirante a gorrón, como se podrá comprobar en un instante… (Se planta frente al Desconocido) ¿Tú de qué vas, Al Capone de vía muerta…? Te presto un servicio completo con los extras y pretendes pagarme con trozos de periódico… Y ha tenido que ir a descubrirlo la Chichinabo, trotera de ocasión previa cita (no se admiten tarjetas), la más tonta del barrio, a la sazón subarrendada por éste que lo es, mejor dicho: no lo es, con vistas a afirmar virilidades puestas en entredicho por la recta conciencia del sujeto… Amenazado de muerte me ha tenido si no le llevo en contante sonoro, a vuelta de correo, lo que debo por un francés campanillero,  sin trampas saduceas ni cartones bingueros…

ELVIRA.- ¡Sodoma y Gomorra, hermana mía…!

ROSA.- ¡Godoma y  Somorra también vale…!

EL DESCONOCIDO.- (A Teresa) Perdona, tía, ¿podrías prestarme algún dinero suelto…? Inciso, plis, me está sonando el móvil…  Allo, allo… ¿Qué viene para acá…? ¡A la espera me quedo con los brazos en alto…! Quiero decir con los brazos abiertos…

Fin de la Escena (2/ 1)

Read Full Post »

Older Posts »