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Archive for the ‘Lo tuyo es puro teatro’ Category

LA BUHARDILLA

(FANTASMADA EN UN ACTO)

Escena Tercera

[En la cama que estamos, estuvimos. Ya es por la mañana. El cofrade, atado y bien atado, listo con capirote; mientras, Olga y André cuchichean a sus espaldas, la mar de animados]

OLGA.- Yo lo noto muy mustio…

ANDRE.- ¡Qué sabrás tú…! No se le ve la cara…

OLGA.- Ya conoces lo que sucederá si se nos muere: toda la literatura quedará borrada de la faz de la Tierra para siempre; ni siquiera quedará memoria de la misma…En román palatal: si te he visto, no me acuerdo…

ANDRE.- Menos lobos capitalinos…Trata de impresionarnos… Tú, tranquila…

OLGA.- ¿Qué tal si le ofrecemos desayuno…? Jroña ke jroña con un poco de azúcar… Anda, mira a ver si está despierto…

ANDRE.- (Le quita el capuchón, sin desatarlo) ¡A desayunar…!

ANONIMUS.- (Todavía traspuesto) No tengo hambre, Andrés Lacruz… Si acaso, ansias de libertad; y tampoco me quejo…

ANDRE.- Estoicismo masoca por su parte, maestro…

OLGA.- Hagamos un pequeño esfuerzo, abuelo… Ya verá cómo enseguida nos ponemos a tono… Quietecito, que yo me ocupo… (Coge un yogurt del frigorífico y una cucharilla y comienza a dárselo, maternal) Esta cucharadita por el papá Virgilio… Esta cucharadita por mamá Safo de Lesbos… Esta cucharadita por el tito Livio…

ANONIMUS.- Voto a Júpiter, sácame a esta erimia de encima, por favor, o acabará conmigo… Soy diabético crónico, alérgico a la lactosa, al gluten y a las uvas de Corinto…

OLGA.- Una más y lo dejamos, ea… (Anonimus se resingna y traga)

ANONIMUS.-  (Tras un sonoro eructo) Tengo una nueva oferta para ti, Andrés Lacruz. Si eres tan listo como creo, no la echarás en saco roto…

ANDRE.- La publicación de “La Buhardilla” antes de la Gran Revelación sigue siendo materia innegociable… Ahora di lo que venga en gana…

ANONIMUS .- Toma nota: a cambio de mi libertad, te ofrezco la autoría de la novela, el poemario, la obra teatral y el ensayo que prefieras. Recuerda que, por motivos de formato, habrás de elegir títulos en lengua española…

ANDRE.- Y, ¿a qué viene tanto nacionalismo centralista, si se me permite…?

ANONIMUS.- Pura coherencia interna… Lo entenderás con un ejemplo simplicísimo: convendrás conmigo que Jane Austen- a través de mí, por supuesto-, nunca escribió “Sentido y Sensibilidad”, sino “Sense and Sensibility”. En el primero de los casos, nos hallaríamos ante la traición perpetrada por el “traduttore” de turno… La misma lógica sería aplicable a “Le Rouge et le Noir” o “Der Steppenwolf “…(Las portadas de las obras en cuestión se van reflejando en el fondo del escenario sobre una pantalla)

ANDRE.- O sea, que yo nunca le leído a Kafka, si no es en versión original…

ANONIMUS.- A las pruebas me remito…Ah, se me olvidaba: ayudaría mucho para la remasterización universal, por evitar burocracias cansinas, que se tratase de obras actuales…

OLGA.- Ya empezamos con líneas coloradas… ¡Imponte, Andrés: te hallas en condiciones…!

ANDRE.- Calla, papagaya… A ver, a ver… Déjame sopesar algunas posibilidades… Me pido, me pido…Una novela: “Cien años de Soledad”, de García Márquez. Un libro de poemas: “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”, de Federico García Lorca. Una obra teatral: “Luces de Bohemia”, de Ramón Mª del Valle Inclán”. Un ensayo: “Un Cine para el Cadalso”, de Román Gubern y Domenec Font…

OLGA.- ¿Puedo apuntarme yo a tan donoso escrutinio…?

ANDRE.- Por pedir que no quede… Aunque no sé yo, después del jroña que jroña, al que ha sido sometido, no creo que el Maestro vaya a mostrarse demasiado dispuesto…

OLGA.- Errar es humano, perdonar es divino y rectificar es de mujeres sabias… Partiendo de que lo mío son los bodegones, como vengo repitiendo de forma machacona, puedo confesar y confieso que a una servidora le hubiese gustado ser la autora de “La Cabaña del Tío Tom”. Mi abuela Otilia solía leérmela siendo yo muy pequeña…¡A moco tendido tengo llorado con la pequeña Evangelina, emocionado hasta el íntimo temblor con el viejo Tío Tom y puesta de los nervios con Legree, el malvado tratante de esclavos…!  En cuanto terminaba, yo le suplicaba comenzase de nuevo, una vez y otra vez, hasta que la pobre, se nos murió de faringitis. Para entonces, yo ya había aprendido a leer y seguí su lectura por mi cuenta y mi riesgo… hasta que… Hasta que me cruce con “Heidi” de Johanna Spyri y me cambié de bando…

ANDRE.- “Fragilidad, tienes nombre de mujer”… (Al público) Y total, para acabar convertida en una Fräulein Rottenmeier…

OLGA.- Pues va a ser que no: resultó que mi madrina Sara me regaló un ejemplar de “Mujercitas” y volví a tomar partido… Por Jo, ¿por quién si no…?

ANDRE.- ¿Jo…? ¡No jodas…!

OLGA.- Eres tú quien me tiene a pan y agua, querido…

ANONIMUS.- (Docto y por evitar discusiones estériles)  Frailty, thy name is woman… “Fragilidad tienes nombre de mujer”La cita es mía; en VO, faltaría más, antes de pasársela a Guillermo, quien a su vez, se la endosó al Príncipe Hamlet, por no meterse en líos con Isabel I de Inglaterra, quien de frágil tenía lo que alguien que yo me sé, de desenvuelto…

OLGA.- ¡Se me parte el corazón…! Debiéramos soltarlo…Tú, ¿qué opinas…?

ANDRE.- Propuesta denegada…

ANONIMUS.- A lo mejor, cambiarías de opinión si te ofreciese… cierto título en la lengua de Moliere… cuyo autor no es otro que Flaubert… Su temprana lectura llenó tu mente de perturbadores pensamientos… ¿Quieres que continúe…?

ANDRE.- “La Tentación de San Antonio”…

ANONIMUS.- Frío, frío…

ANDRE.- “La Leyenda de S. Julián, el Hospitalario”

ANONIMUS.- ¡Caliente… Muy caliente…!

ANDRE.- Hace años que “La Leyenda de S. Julián” ha dejado de quitarme el sueño… Puedes seguir tentando… No irás a desanimarte ahora…

OLGA.- ¿Se está hablando de Gustave Flaubert, aquél que dijo que Madame Bovary era él, seguro que por salirse del armario…?

ANDRE.- Maestro, si es capaz de adivinar por quién vendería el alma al diablo, dése por desatado…

ANONIMUS.- Una pista…

ANDRE.-…Es mujer… Es inglesa…

ANONIMUS.- ¡Qué fácil me lo pones…! Emily Brönte y “Cumbres Borrascosas”… ¿No es ése el nombre de tu blog donde está apareciendo esta pieza con ínfula didáctica…?

ANDRE.- Respuesta incorrecta… Una segunda oportunidad y lo dejamos… Empieza a dolerme la cabeza… Nueva pista: tiene que ver con el Cisne de Avon…

OLGA.- ¡Shakespeare era mujer…! Seguro que lo has leído en Wikipedia…

ANONIMUS.- Empieza a soltar nudos gordianos… ¡Ya lo tengo…! Puede que tengas razón, después de todo… ¿Por qué no…? Tú siempre has sido un clandestino… Aquellas niñas, en el siglo pasado, crecieron leyendo “Mujercitas”; los chicos se apuntaban a proscritos, gracias a Richmal Crompton… “Little Women” y “The Outlaws”: William, “Ginger”, Douglas y Henry…

ANDRE.- (Comienza a desatarlo) Guillermo, Pelirrojo, Douglas y Enrique… (Se ha emocionado) Mis amigos de papel… Suerte la suya: no llegaron a viejos…

OLGA.- ¿Estás llorando de verdad…? ¡No me lo creo…! Mon gosse, ne pleure pas et embrasse moi… Je t´aime…

ANDRE.- Me, too…(Se suelta del abrazo)Lo he pensado mejor… Renuncio a mis derechos sobre “William”…

ANONIMUS.- Sea… Acepto el desafío… Yo, a los míos sobre la Literatura Universal… No pienso escribir una sola línea más… ¡Ya me echarán de mnos…! Que se apañen sin mí… Termina “La Buhardilla” como quieras…

ANDRE.- Escucho y obedezco… ¿Sabes cuál es, para mí, la bajada de telón más acadabrante de la historia del Teatro Mundial…?

ANONIMUS.- Conociéndote, se espera cualquier cosa…

ANDRE.- No te defraudaré: el desenlace de “Don Álvaro o la Fuerza del Sino”, del Duque de Rivas… Corto y pego…

Escena Última

Hay un rato de silencio; los truenos resuenan más fuertes que nunca, crecen los relámpagos, y se oye cantar a lo lejos el Miserere a la comunidad, que se acerca lentamente.

VOZ DENTRO.-  ¡Aquí, aquí! ¡Qué horror!

(DON ÁLVARO vuelve en sí y luego huye hacia la montaña. Sale el PADRE GUARDIÁN con la comunidad, que queda asombrada.)

PADRE GUARDIÁN.-   ¡Dios mío!… ¡Sangre derramada!… ¡Cadáveres!… ¡La mujer penitente!

TODOS LOS FRAILES.- ¡Una mujer!… ¡Cielos!

PADRE GUARDIÁN.-  Padre Rafael!

DON ÁLVARO.-   (Desde un risco, con sonrisa diabólica, todo convulso, dice.) Busca, imbécil, al padre Rafael… Yo soy un enviado del infierno, soy el demonio exterminador… Huid, miserables.

TODOS.- ¡Jesús, Jesús!

DON ÁLVARO.- Infierno, abre tu boca y trágame! ¡Húndase el cielo, perezca la raza humana; exterminio, destrucción…!  (Sube a lo más alto del monte y se precipita.) 

EL PADRE GUARDIÁN Y LOS FRAILES.- (Aterrados y en actitudes diversas.)  ¡Misericordia, Señor! ¡Misericordia!

ANONIMO.- No está mal del todo, ciertamente…

OLGA.- Decantémonos por un final feliz… Un momento, por favor… (Sale y vuelve con botella de cava y vasos de plástico) ¡Vamos a brindar por el éxito de “La Buhardilla”, obra y gracia de Andrés Lacruz! (Escancia y sirve. El brindis de rigor, mientras se pone a sonar, a toda pastilla, el de “La Trviata”)

ANONIMUS.- Me temo que ha llegado la hora del adiós…

OLGA.- No se vaya, Maestro. Quédese con nosotros… Siempre me han fascinado los hombres mayores. El encanto de la juventud se circunscribe, me temo, al tabernáculo; pero la ancianidad conserva ese marchamo del templo, del museo… A Andre no le importaría… ¿A que no, Andre…?

ANDRE.- ¡Con de que no ande hurgando en mi portatil…! (La escena comienza a llenarse de niebla)

ANONIMUS- Lo siento, el deber me llama… Mi casa está allá arriba… (Comienza a elevarse en el aire) Nunca dejes de escribir, Andrés Lacruz… Pero procura hacerlo siempre en la buhardilla…

OLGA.- … Adieu… Adieu! ¡Nous ne t’oublierons jamais…!

ANDRE.- ¡Vuelve cuando quieras…!

OLGA.- ¡Por dios, que no te oiga…!

                          FIN DE “La Buhardilla”

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LA BUHARDILLA

(FANTASMADA EN UN ACTO)

Escena Segunda

[Estamos donde estábamos. Es la tarde siguiente. Se nota que han hecho un poco de limpieza polvorienta. Olga, sentada en un sillón, finge escuchar a Andre, que discursea por esa boca es suya]

ANDRE.- En Argentina, gracias a Borges, se hizo muy popular el caso Menard, Pierre Menard, vous savez, el cual, un buen día, se puso a escribir y le salieron los capítulos 9 y 38 del Quijote de Cervantes, de un tirón, puntos y comas incluidos. Los problemas comenzaron cuando este arrogante ciudadano, de origen francés, por cierto, se empeñó en demostrar ante el mundo que su versión era la buena y no la cervantina…

OLGA.- ¿Insinúas que los escribió en una buhardilla? ¡Quelle idée, mon ami…!

ANDRE.- “Hay más cosas en el cielo y en la tierra, amiga Olga, que todas las que pueda soñar tu filosofía”… “Hamlet”, acto I, escena V…

OLGA.- ¿Pretendes hacerme creer que Shakespeare cita mi nombre en su obra más famosa…? ¡Vamos, anda…! Hasta ahí podían llegar mis tragaderas…

ANDRE.- Mutatis, mutandis, por supuesto…

OLGA.- Mi filosofía en el tocador con lo que sueña es con que me respondas a una simple pregunta: qué hacemos tú y yo aquí, encerrados desde la intemerata, esperando a que suceda… ¿A que suceda el qué…?

ANDRE.- Debí haber compartido mi secreto contigo, mon amour… No hace tanto, a través del portátil, he entrado en contacto con… con alguien o algo que desea convertirme en su portavoz, su hombre de confianza, su embajador plenipotenciario en el mundo real…

OLGA.- El chalado de turno… Sobre tus datos bancarios, ni palabra…

ANDRE.- Mujer de poca fe, esta tarde tendrás ocasión de conocerlo… Ya se retrasa un poco: se supone está a punto transustanciarse aquí y ahora…

OLGA.- Procedente de…

ANDRE.- Eso no me lo ha explicado todavía…

OLGA.- La sorpresa final… De haberme avisado, me arreglaba un poco… Paso al cuarto de baño… Aunque no esté muy limpio, la verdad sea dicha… Con permiso… (Sale, bolso en ristre).

ANDRE.- No tardes, s´il vous plait… Podrías perderte el santo advenimiento… (Nervioso, se dirige al portátil y teclea) No, si va a tener razón la loca ésa… (El escenario vuelve a llenarse de niebla. ANONIMUS, edad incalculable, túnica blanca y laurel escabechando la cabeza, surge de ninguna parte, a los acordes de “La Consagración de la Primavera” de Stravinsky)

ANONIMUS.- Perdona la tardanza, Andrés Lacruz… Ni te imaginas cómo anda la circulación por los universos paralelos… (Se besan cariñosamente, pero sin regodeo) ¿Dónde está ella?

ANDRE.- Ha ido al servicio a empolvarse la nariz. Nada de rayas blancas: color en las mejillas base tres; rizado de pestañas y esas cosas. Y todo es en Su honor, téngalo por seguro, Maestro…

ANONIMUS.- ¿Qué sabe de mí, a estas alturas…?

ANDRE.- Apenas nada…

ANONIMUS.- Mejor… Habrá de esperar como el resto del mundo a que la Gran Verdad haya sido revelada…

ANDRE.- No le va a gustar, y si no, al tiempo… ¡Si no la conociera…! Callemos, por favor. Me parece que ahí viene… (Regresa Olga con cara de no haberse perdido ni palabra) Buenas tardes, Sr… Sr…

ANONIMUS.- Anonimus…

 OLGA.- ¿Es que no piensas presentarnos, Andre…?

ANDRE.- ¿Estás sorda? Se acaba de presentarse él mismo: se llama Anonimus…

OLGA.- Me habrá visto cara de ciclopesa y echa mano de Ulises para mantener un riguroso incógnito… ¡Cuán ocurrente, este caballero…! Yo no me como a nadie, señor mío… ¿Tengo cara de eso…?

ANONIMUS.- Nada más lejos de mi intención, señorita, que…

OLGA.- Una curiosidad de tipo morboso, si se me permite… Los antiguos, debajo de la túnica, ¿usaban calzoncillos o iban como Zeus los trajo al mundo…?

ANDRE.- Solo a ti se te ocurre… Discúlpela, Maestro…

ANONIMUS.- Disculpada queda…

OLGA.- Conque “maestro”… ¿De escuela, quizás…?

ANDRE.- Todo te será aclarado en su momento…

ANONIMUS.- Acabemos con esto… Permítame su mano, Señorita Olga… Vale, gracias… Ahora la pondré sobre mi frente y se hará la necesaria luz en el interior suyo, presa de interrogantes y sospechas… No deberá albergar temor alguno… (Se lleva la mano de ella hasta la frente) ¿Ha comprendido…?

OLGA.- Sí, Maestro… Pero entonces… Entonces…

ANONIMUS.- Shhh… Silencio… Los lectores más allá de la pantalla aún no deben ser ungidos con la Verdad: sus circuitos nerviosos no soportarían voltaje semejante… Una catarsis de tal naturaleza, sin un adecuado entrenamiento previo, podría hacer que estallasen sus cabezas…

ANDRE.- Hazle caso al Maestro… Ahora eres una de los nuestros…

OLGA.- Lo que me faltaba: ingresar en una seta venenosa… ¡Para amanitas faloides está una, después de lo de anoche, no te digo…!

ANONIMUS.- (Hace unos cuantos aspavientos en el aire, al tiempo que salmodia, la mar de misterioso) Klaatu Varada Nicto… Klaatu Varada Nicto… Hemos quedado aislados del espacio exterior hasta nueva orden mía… Ningún ente corpóreo o incorpóreo podrá acceder a lo que aquí se diga…Ah, la contraseña, por supuesto… ¡Qué cabeza la mía…! “Rosebud”, todo minúsculas… Tomad asiento a mi alrededor, vuestro cuerpo en contacto con la tierra…

ANDRE.- Quiere decir que nos sentemos en el suelo…

OLGA.- Merci beaucoup, monsieur … De culito supino… Ya me había dado cuenta… A ver luego quién me ayuda a levantarme…

ANDRE.-  Ni me mires… Mis dolores de espalda… Es más, creo recordar que levitabas a gusto del poeta… (Proceden a acomodarse entre miradas asesinas)

ANONIMUS.- Trataré de expresarme en muy pocas palabras…Obedeciendo a un designio divino, todo lo escrito en el planeta Tierra desde el principio de los tiempos, absolutamente todo, ha surgido de mi inspiración y mi talento… ¡Decid “ohhh” por tres veces…! ¿A qué estáis aguardando…?

OLGA y ANDRE.- ¡OHHH…OHHH…OHHH…!

ANONIMUS.- Espero no tener que repetirlo… Continúo… Durante los siglos iniciales, mis creaciones aparecieron firmadas con mi nombre: Anónimo… Ejem, ejem, ejem…

OLGA y ANDRE.- (Cayendo de la berza) ¡OHHH… OHHH… OHH!

ANONIMUS.- La clepsidra siguió con su rítmico goteo inmisericorde… Apolo fue el primero en darse cuenta: los lectores empezaban a cansarse de repetir autor indefinidamente, por lo cual se me aconsejó diversificar la oferta, recurriendo a diferentes nombres…

OLGA y ANDRE.- ¡OHHH…OHHH…OHHH!

ANONIMUS.- Noto cierta desgana en el ambiente… Prosigamos… Homero fue uno de los primeros nombres elegidos… La cosa funcionó hasta que los lectores y, sobre todo, las lectoras, se empeñaron en poner cara a tanta obra maestra, para remediar lo cual, las musas del ramo se dedicaron a abducir a ciudadanos, elegidos al azar, y llenarles la cabeza con la bibliografía que, interminable, no paraba de surgir de mis ilimitadas capacidades, don divino un tanto agotador para una sola mente elucubrante…

OLGA y ANDRE.- ¡AHHH… AHHH… AHHH…!

ANONIMUS.- ¡Ya empezamos a salirnos del guion…! Resumiendo: yo soy el autor del “Ramayana”, de “El Lazarillo de Tormes”, de “Guerra y Paz”, de “Las Flores del Mal”, de “Las Alegres Comadres de Windsor”… y lo demás son cuentos…

OLGA y ANDRE.- (Aplauden) ¡Bravo! ¡Muy bien! ¡El autor, el autor…!

ANONIMUS.- No esperaba menos de vosotros… Ea, alzaos del suelo y proceded a besarme los anillos… (Dicho y hecho)

ANDRE.-Si no he entendido mal, Maestro, Pérez Reverte eres tú y Almudena Grandes, y Ruiz Zafón… Totus tuus…

ANONIMUS.- Así es, mi pequeño saltacharcas: totus meus… Aunque ellos nunca hubiesen llegado a imaginarlo siquiera, no fuera ser se fuesen de la lengua ante la prensa…

OLGA.- ¿Y qué pasa con Corin Tellado o con Barbara Cartland…?

ANDRE.- Y con Marcial Lafuente Estefanía…

ANONIMUS.- Nobody´s perfect…

ANDRE.- Lo que no alcanzo a comprender del todo es por qué me elegiste a mí, el más humilde de tus “negros”, para la Gran Revelación, Maestro…

ANONIMUS.- Elemental, querido Andre: fuiste el primero en descubrir el papel que, en este ameno jeroglífico, desempeñaban las buhardillas parisinas- París, “la Ciudad de la Luz”, ¿caes en la cuenta?-, convertidas en “gasolineras” de la creatividad, con miles y miles de franquicias all over the place, que dicen los ingleses… Reconozcámoslo: en la actualidad, hasta el más necio escribe unas obras completas… Y ya no doy abasto…A partir de hoy, que cada palo aguante su vela… Pueden quedarse con sus premios y sus glorias… Lo que es yo, me jubilo… y ¡a tomar por el saco…!

OLGA.- Diga que sí, Maestro…

ANDRE.- Tampoco corre tanta prisa, caramba… De hecho, estoy a punto de terminar una nimia travesura escénica, titulada “La Buhardilla” y no me gustaría… que otros se llevaran la fama…

ANONIMUS.- Soy yo, Anónimo, quien está a punto de rematarla… Ignoro si va agradarte el desenlace…

ANDRE.- Ya puede ir quitando sus sucias patas de mono de mi obra, maldito viejo escribidor incontinente …

ANONIMUS.- La vanidad te ciega… ¡Hace falta ser necio…! ¡Me dan ganas de llorar…! ¡Qué bruto eres tú también, hijo, mío…! (Llora que se las pela)

ANDRE.- No vas a salirte con la tuya… Sujétalo, Olga, mientras consigo algo con que atarlo…

OLGA.- ¿Te has vuelto loco o qué…?

ANDRE.- No te preocupes…  Semejante canijo, ¿crees que está en condiciones de ofrecer resistencia…?

OLGA.- Haces de moi un pandero cuando muestras un lado Jekyll tan siniestro… Le taparé la boca para que no chille… (Lo sujeta y lo empuja hasta sentarlo en una silla) Hala, tranquilo,abuelo, a desahogarse a gusto… Aquí tiene los kleenex… (Los saca del bolso y se los pasa)

ANONIMUS.- ευχαριστώ…

OLGA.- De nada…

ANDRE.- (Vuelve con una cuerda y procede a atarlo) Así está mejor…Anímese, maestro… ¡Es Semana Santa…! (Le coloca un capirote en la cabeza…) Le soltaremos en cuanto “La Buhardilla” lleve dos semanas publicada… Claro que, si tiene mucho éxito, a lo mejor… a lo peor, se queda aquí como huésped estable, para siempre, maestro… Será Andre Lacruz quien ponga en el mercado las nuevas invenciones de los mejores literatos del mundo…

OLGA.- Mientras tanto, yo me instalaré frente a usted con mis cachivaches e iré pintando algunos bodegones para que se entretenga…

FIN DE LA ESCENA SEGUNDA

 

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LA BUHARDILLA

(FANTASMADA EN UN ACTO)

Para Javier Fernández, a quien tanto recurro para solucionar problemas cibernéticos

Escena Primera

ANDRE.- …¡Pues anda que yo…!

OLGA.- La verdad es que me temo lo peor…

 

[Una buhardilla con ínfulas parisinas y una recargada decoración a base de literatura cara, pintura algo rupestre y muebles arrastrados. ANDRE, cuarentón con aire decadente, se la está mostrando a OLGA, algo más antigua en edad media (pero no menos sofisticada que su anfitrión, en cuanto a amaneramiento elitista se refiere)]

ANDRE.-…Así de sencillo, mon cherie: el quid de la cuestión reside en abrirse de mente…

OLGA.-… Y en abrir de claraboyas: aquí huele que apesta…

ANDRE.- Color local,  permtítaseme la sinestesia… Me lo temo: se rompería el encanto… Toma asiento y te informo de primera mano…

OLGA.- ¡Loco estás…! Ni se me ocurriría sobre todo ese polvus reverteris…

ANDRE.- Como quieras… Me acomodaré en esta bonita chaise longue, estilo rococó…

OLGA.-Eres muy dueño… (Se pasea por la estancia dando muestras de profundo desagrado) No sé si te das cuenta, pero, en este antro, todo lo que no es rococó se apunta a “corrocó” y viceversa…

ANDRE.- (A lo suyo) “Hotel de Flandre” en el Barrio Latino de París, propiedad del matrimonio Lacroix… ¿Te sitúas…? Séptimo piso, la zona de buhardillas… Tal que allí, mediados los 50, va Gabo, vouz savez: García Márquez, a la sazón sin tener dónde caerse vivo a medias, y apalabra su segunda novela, “El coronel no tiene quien le escriba”…

OLGA.- ¿Por combatir el frío, quizás, al estilo bohemio…?

ANDRE.- Obedeciendo el dictado de sus otrora esquivas musas apolíneas…

OLGA.- Cuando yo pinto un cuadro en mi taller…

ANDRE.- (La interrumpe) En otra buhardilla, la del hotel Wetter, también propiedad de los Lacroix, y en parecidas circunstancias financieras, Vargas Llosa, el segundo marido de Isabel Preysler, la primera mujer de Julio Iglesias, redactará “La ciudad y los perros”, a principios de los 60…

OLGA.- Te veo muy puesto en la crónica rosa…

ANDRE.-… Lo cual nos lleva, irremediablemente, a un hecho consumado: en territorio Lacroix, enseguida se te recargaban las pilas que da gusto… Una especie de aleph, un santuario de autores con problemas creativos, un balneario para secos de mollera…

OLGA.- Y a esa conclusión has llegado tú solito, mon gosse

ANDRE.- ¿Acaso lo dudas…? Lacroix, “la cruz”: ésa es la clave, a no perder de vista… Recuerdas mi apellido, supongo: Andrés Lacruz, poeta laureado y ensayista… Pues bien, Olga querida: esta hermosa buhardilla donde nos encontramos, acaba de dejármela en herencia- todavía sin pulir, por supuesto; el actual decorado ha corrido de mi cuenta- mi tía-abuela Mercedes, que dios tenga en su gloria y en la de su sobrino nieto más querido…

OLGA.-…Intuyo, corrígeme si me equivoco, que te dispones a utilizarla como “sancta santurum”, por ver si cae la breva de las buhardillas encantadas… No lo tomes a mal; pero tu última antología sonaba a déja-vù más de lo necesario y conveniente…

ANDRE.- “Versos del tabernáculo” nació con vocación de maldita. No me extraña que tu relamida educación pequeñoburguesa te impida disfrutarla en lo que vale…

OLGA.- Daré por no escuchado lo anterior… Se me ocurre una idea… Vamos, acércame aquel caballete… Parece bien surtido: a la rica paleta, tubitos de pintura y lienzo incorporado, todo por estrenar… ¿A qué estás esperando…? (Es obedecida, como de costumbre) Y ahora, posa, joder: no te quedes ahí de pasmarote… Una pose gallarda, ¿puede ser…?

ANDRE.- Si quieres, me desnudo…

OLGA.- Que yo recuerde, no merece la pena…

ANDRE.- (Se tumba el asiento, émulo travestido de la “Venus del espejo” sin espejo) ¿Te vale así, en escorzo apaisado seductor…?

OLGA.- (Trajinando colores) Mismamente, el Doncel de Sigüenza… Conste que lo mío se decanta más bien por lo bucólico… Para hacer una prueba, va que arde… Se supone que la buhardilla Lacroix donde nos encontramos se encargará del resto… ¡No te muevas, caramba…!

ANDRE.- Habla ahora o calla para siempre…¿Sientes algo…? ¿Acaso escuchas voces…?

OLGA.- La tuya, que no paras…

ANDRE.- ¿Nada más…? Intenta concentrararte… ¿No adviertes estar siendo invadida por fuerzas extrasensoriales…?

  OLGA.- Sí, claro: los ácaros del polvo en las narices… (Estornuda hasta tres veces) Todavía no he sido conectada por ente astral alguno, lo siento… Puede que el hechizo Lacroix haga efecto sólo a los literatos… Un momento, un momento… Oh, no, no… Ah, por favor, por favor… (Se pone a dar brochazos a diestro y a siniestro) Venga, Vicente: déjale sitio a Pablo… Tú, Salvador, te esperas… Rafael, te he visto: ponte a la cola como todo el mundo…O mejor, déjalo para otro día: estoy a punto de ponerme a levitar de puro éxtasis…

ANDRE.- (Canta, con la voz de Ritchie Valens) Ay, arriba y arriba… ¡Yo no soy marinero…! (Olga, oh milagros de la técnica, entre una espesa niebla, ha empezado a elevarse del suelo, pero no demasiado, por si acaso…)

OLGA.- ¡Día de mayo… Día de mayo…! ¡Que alguien me baje…! (Desciende sin mayores consecuencias) ¿Has visto lo que yo…? ¿Te lo puedes creer…? Tú, que cantas fatal, dándole al gorgorito y una, catapultada vete a saber a qué dimensiones paralelas…

ANDRE.- A ver, déjame ver el cuadro…

OLGA.- No me atrevo ni yo, que soy su madre…

ANDRE.- Yo no soy Dorian Gray, deja de preocuparte… (Se pone en pie y se acerca. Toma el lienzo, donde aparece, tal cual, Andre, pintado por Antonio López) Se trata de una broma, ¿no es cierto…?

OLGA.- Servidora se marcha… Me parece que me he hecho pis encima…

ANDRE.- Espera… Déjame comprobar un pequeño detalle… La pintura está fresca, ¿no lo ves…? Prueba superada, por lo tanto… Veamos lo que ocurre si me pongo a trabajar en lo mío con mi portátil…

OLGA.- Andresito Lacruz me vas acompañar hasta la puerta o me pongo a gritar hasta que acudan los bomberos…

ANDRE.- Je suis désolé…Tendrás que esperar un poco, mon trésor…Acaba de cruzárseme otro cable… Tú y Euterpe nunca habéis hecho buenas migas, ¿ando descaminado…?

OLGA.- Me temo que esa señorita y yo no hemos coincidido hasta el momento: lo mío son los bodegones a base de liebres muertas y granadas maduras; la lírica queda para los del gay trinar, mejorando lo presente…

ANDRE.- Para asegurarnos, serás tú, una analfabeta total… poéticamente hablando, quien se ponga ante el ordenador y componga una determinada estrofa… Pongamos un soneto… Vistos los resultados, sabremos a quién nos estamos enfrentado…

OLGA.- O sea, que no me voy… Haces de mi un pandero… Habré de actuar como escriba sentada… Dirás dónde me pones…

ANDRE.- En aquella mesita y con esta banqueta a juego, todo quedará listo para el experimento… (Procede a colocar las cosas en su sitio, portátil incluido) Si lo prefieres, puedo poner algo de música… ¿Qué tal Chopin…?

OLGA.- No me sientan bien las mascarillas, porque nunca se sabe, en los tiempos que corren… Si no te importa, elige a otro que no esté tuberculoso… (Toma asiento)

ANDRE.- Déjame adivinar… (Se dirige al equipo de música y, busca que te buscarás, se decanta por la “Gaîté Parisienne” de Offenbach y su fragmento más popular)

OLGA.- (Canturrea) “¡Somos, somos prostitutas, / somos las más más putas del Follies Bergére / Follies Bergére…!” ¡Quita eso, haz el favor, Andre…! ¿Por quién me tomas…?

ANDRE.- Último intento… (Suena la “Habanera” de “Carmen”) ¿Mejor ahora…?

OLGA.- Más fulanas al canto, y nunca mejor dicho… ¿Tan vulgar me consideras…? Muchas gracias…

 ANDRE.- Tampoco hay mucho donde elegir, no creas… ¿Qué tal “Preludio a la siesta de un fauno”?

OLGA.- ¿A que esta ninfa te manda a hacer puñetas…?

ANDRE.- Probemos con la música popular… ¿Jacques Brel, Aznavour, la Piaf, Juliette Greco, Luis Mariano, Julio Iglesias cantando en francés…?

OLGA.- Prefiero a Sergio Dalma, si´l vous plaît

ANDRE.- Haber empezado por ahí… (Suena el susodicho y Olga se pone, por fin, a escribir, en medio de visajes y estertores) Soneto, no te olvides; catorce versos: dos cuartetos y dos tercetos…

OLGA.- ¡Calla, maldita sea, hi de la gran pe…! ¿No ves que estoy en pleno trance demiúrgico…?

ANDRE.- Escucho y obedezco… Escribe que algo queda… ¡Vamos a hacernos ricos, compañera del cuerpo, compañera…! Alquilaremos la buhardilla por horas… A mil euros por sesión más IVA… Escritores, pintores, escultores, compositores, cineastas… (Canta con la voz de Topol) ¡Si yo fuera rico…Dubidubi-dubidú…!  ¿Marcha o no marcha ese soneto, mon chéri…? Me estoy impacientando cosa mala…

OLGA.- (Imprime y se levanta, tan ufana) ¿Lo lees tú o lo leo yo…?

ANDRES.- Soy todo oídos…

OLGA.- Pues ábrete de orejas… Ejem, ejem… Dice así:

Un soneto me manda hacer mi amante… /¡Por vida de… Tamaño vericueto…! /Trece más uno versos por soneto…/
Ya van los tres primeros: ¡Adelante! /Salidos de mi alma en un instante, /estoy a la mitad de otro cuarteto… /¡Barco a la vista…! Es el primer terceto… /¿Quién osará ponerme el pie delante? /Por el primer terceto, a toda vela: /parece que no entré con pie quebrado… /Quien envidia me tenga, que se duela… /Ya estoy en el segundo, apresurado: /el verso trece, si no corre, vuela… Contad si van catorce, y rematado. /Pues padre no tendré, tampoco abuela… /Hay un verso de más: el estrambote…/Y se puede borrar, sin que se note…

ANDRE.- Lope de Vega, a todo esto, ¿qué dice…?

OLGA.- No he tenido ocasión de preguntárselo: estaba copulando con una tal Elena…

ANDRE.- Vamos a celebrarlo… ¿Me invitas a una cena romántica en tu casa…?

OLGA.- ¿Y por qué no aquí mismo…? Por comprobar si el influjo artístico imperante te hace mejorar de rendimiento…

ANDRE.- Que yo recuerde, hace un momento te quejabas amargamente del polvo en derredor: no querías ni sentarte… (Canta con la voz Pavarotti) ¡La donna é mobile, qual piuma al vento…!

OLGA.- Estaba pensando en Enrique Molinero…

FIN DE LA ESCENA PRIMERA

 

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