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Archive for the ‘Lo tuyo es puro teatro’ Category

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SAINETE PONZOÑOSO EN UN ACTO Y TRES CUADROS

Cuadro 3º

[Todavía seguimos en la cabaña, a la espera de un pronto desenlace. A la mañana siguiente, todo parece dormir el sueño de los justos. La escena está vacía. Entra Sara Mª, seguida de Gloria, dispuestas a poner en marcha el desayuno.]

SARA Mª.- Date prisa. Ha surgido una incidencia inesperada y don Fernando, por razones de fuerza mayor, se ve obligado a abandonarnos de repente.

GLORIA.- Lo lamento, señora.

SARA Mª.- Qué te importará a ti es lo que me pregunto… (Trajinan poniendo mantel y servicios) Al mediodía nos marchamos nosotros, con lo cual, tu contrato queda finiquitado. El Señor arreglará cuentas contigo.

GLORIA.- Sí, Señora…

SARA Mª.- Una advertencia: búscanos un problema y jamás volverán a emplearte en lo que te quede de vida…Me encargo yo de eso.

GLORIA.- La Srta. Sari, ¿cómo está…?

SARA Mª.- Descansando. Gracias a dios no se ha roto ningún hueso… Se encuentra en condiciones de viajar. Eso asegura el doctor Vega, por lo menos… Sufrió una pesadilla, se asustó, bajó en busca de ayuda y se precipitó por un tramo de escalera. Tú no sabes nada porque nada oíste. Hubiste de enterarte esta mañana…

GLORIA.- Claro, Señora… Pero si me interrogan…

SARA Mª.- ¿Quién te va a interrogar…?

GLORIA.- La Policía… Es que verá, Señora… Anoche, se acercó hasta aquí mi primo Fer para traerme un recado de mi madre. Él también escuchó los griteríos… Se marchó muy nervioso… Vaya usted a saber si no dio parte al cuartelillo…

SARA Mª.- ¿Pensaba darla…?

GLORIA.- Que yo conozca, no. Pero nunca puede estar una segura…

SARA Mª.- Debes llamarlo porque quede tranquilo. Una simple caída, carente de efectos secundarios… ¿Lo harás?

GLORIA.- Claro, Señora…

SARA Mª.- Venga, pues hazlo…

GLORIA.- No tengo aquí mi móvil: me lo tienen prohibido…

SARA Mª.- Tú me pones nerviosa, demostrado… Utiliza el fijo… Delante de tus mismísimas narices, allí, sobre la mesa…

GLORIA.- Bueno, vale… (Va al teléfono y marca) No tiene cobertura…

SARA Mª.- (Por lo bajo) Tú, vergüenza, tampoco… Déjalo, anda, llamaremos más tarde. Y corre a la cocina… Yo termino…

GLORIA.- Como mande, Señora… (Sale)

SARA Mª.- Lástima no hubieses sido tú anoche la elegida. Por desgracia, según ahora hemos conocido, estabas apalabrada con tu primo… (Entra Arturo)

ARTURO.- Déjate de hablar sola. No sabes lo que dices…

SARA Mª.- Nos habríamos evitado todo este putiferio… Puede que le gustes más tú y estuviese aguardando tu llamada…

ARTURO.- No encuentro irresistibles sus encantos…

SARA Mª.- Después de haberle enjabonado el trasero a tu amigo del alma, no me extraña… ¿Quién secó a quién? Eso no lo contasteis… Todo un detalle que decida marcharse por la puerta pequeña…

ARTURO.- Aquí paz y después, Gloria… Hasta puede que la tome a su servicio. Se lo había prometido… Y no es de mi cosecha. Me lo contó él ayer, antes… del percance. Me sorprende su capacidad de disimulo…

SARA Mª.- Alberto, otra cosa no, pero a flemático hay pocos que le ganen… ¿Has pasado por el cuarto de la niña…?

ARTURO.- Seguía durmiendo después de la inyección… Me temo se quedará sin desayuno…

SARA Mª.- Tampoco alcanzo a entender los motivos de ponerse tan histérica ante el hecho de que Fernando no cumpliese la promesa de dedicarle su nueva novela… A no ser… que no fuera por eso…

ARTURO.- Considero a Alberto un canalla redomado; pero jamás se hubiese atrevido a propasarse con tu hija… Demasiado rebuscado: le sobran lodos donde revolcarse, sin necesidad de buscarse un disgusto muy serio con nosotros, poniendo en riesgo la edición de su libro…

SARA Mª.- El esposo tisana… ¡Me tranquiliza tanto saber que nunca vas a dejar que la sangre llegue al río…! Cobarde, pero decididamente utilitario…

ARTURO.- ¿Me estás pidiendo que le parta la cara en cuanto se presente a desayunar, con expresión de no haber roto nunca un plato…?

SARA Mª.- A veces, se te nota a la legua que tu abuelo os hizo ricos ejerciendo la trata de ganado vacuno… Tienes pendientes los papeles de Gloria. Va a contarte unas cuantas novedades… Cierto coitus interruptus con un presunto primo que la visita por la noche en nuestra propia casa, para hacerle limpieza de bajíos… Le he dejado a las claras en qué puede meterse. No lo estropees ahora, por favor. Nada de componendas a tu estilo, tendente siempre a la bajada de calzones… ¿Por qué no me contestas cuando hablo…?

ARTURO.- Siento un dolor aquí… (Señala el pecho)

SARA Mª.- Infarto al canto. O será el hipocondrio… Eso son gases… Pues como te contaba…

ARTURO.- Apenas he dormido… ¡Me siento tan cansado…! Harto de todo…

SARA Mª.- Yo, incluida. Ya se te pasará. Piensa en tu hija, dormidita en su cama, a salvo de peligros… (Entra Alberto, como si tal cosa, con su maleta de ruedines)

ALBERTO.- Mis queridos amigos: un café solo y me pongo en camino. Entrevista en el Ministerio de Cultura con…El nombre me lo reservo, de momento. Sueno mucho para ese premio principesco, últimamente. Os mantendré informados… (Toca el timbre con mucho desparpajo. Luego, a pleno pulmón) ¡Camarero, café solo sin azúcar, rápido…!  Bien quisiera despedirme de Sari. No la veo por aquí… Deben habérsele pegado las sábanas… Dormir mejora el cutis. Así está ella de guapa…

SARA Mª.- No se encontraba bien… Malestar femenino. Perdonad, debo subir a verla. Date por despedido en tiempo y forma, Alberto. Con las prisas que llevas, no quiero entretenerte… (Sale sin mayor ceremonia)

ARTURO.- Una auténtica madraza.

ALBERTO.- El mejor de los padres dixit… Te admiro, amigo mío… Una lástima que tu chica no se interese por las letras… De haber salido a ti, habría llegado lejos… Gracias a dios, lo suyo parece ser la Economía… Hablando de literatura… Lo tenía reservado para el final de mi visita. Lamento la brusquedad de la sorpresa… ¡La alegría de tu vida…! Por pura casualidad, me he tropezado con cierto estudioso que conserva un ejemplar de aquella novela tuya. Oh milagro, gracias a él, el texto habría llegado, intacto, hasta nosotros… Por supuesto, he iniciado las gestiones pertinentes, aunque no te oculto que su propietario no se muestra demasiado dispuesto a compartirlo… Tú no debías enterarte, por supuesto.

ARTURO.- Acabo de hacerlo…

ALBERTO.- Valoro tu amistad por encima de todo… (Entra Gloria, con el café)

GLORIA.- Su café, don Alberto… (Pone la bandeja sobre la mesa y lo sirve)

ALBERTO.- No estarás esperando ganarte una propina, supongo…

GLORIA.- No, Señor. Forma parte de mi trabajo…

ARTURO.- No por mucho tiempo…

GLORIA.- ¿Puedo retirarme?

ALBERTO.- Me encanta la forma como nos desafía con la mirada…

ARTURO.- ¿Te he contado que su chulo pasaba aquí las noches, sin nosotros saberlo?

ALBERTO.- El culturista que nos daba tanto miedo… ¿Y todavía sigue ella aquí? Perdona, no lo entiendo…

GLORIA.- No es mi chulo…

ARTURO.- Retírese. Se presentará a mí, pasados diez minutos para ser apercibida… (Sale Gloria) Perdona el haberte metido en nuestras animadas trifulcas domésticas… En cuanto a “Tinta Invisible”, título profético donde los haya, no me interesa en absoluto recobrarla. Por ese lado, no me tendrás cogido, amigo mío. Dejemos las cosas como están: paremos ya de ventilar la mierda. No me veo en el papel de Pedro Crespo, que es al Rey Lear lo que Segismundo pudiese ser a Hamlet… Sigo queriendo ser tú, de todas formas; que fueras como yo, pasaría a convertirse en venganza sutil, ¿no te parece…?

ALBERTO.- Tomo nota mental de todo ello. Y ahora, me marcho. Volverán los buitres prometeicos de tu balcón sus nidos a colgar… ¿Vas a abrazarme o no? Tu esposa no lo ha hecho…

ARTURO.- Corre a por tu “Princesa de Asturias”, pasaporte a Estocolmo, ¿a qué estás esperando? (Sale Alberto. Arturo se pasea por el escenario mientras habla) ¿“Tinta Invisible” o “La Tinta Invisible”? ¡Ni siquiera soy capaz de recordarlo…! Ni una línea, de cuatrocientas páginas, se ha quedado para hacerme compañía…Sin embargo, recuerdas las que han escrito otros en sus libros… Tiene gracia… Llevo grabado el comienzo de “Lo que el Viento se Llevó” en el disco duro desde siempre… “Scarlett O´Hara no era bella pero los hombres no solían darse cuenta de ello hasta que ya se sentían cautivos de su embrujo”… Y el de “La familia de Pascual Duarte”… “Señor, yo no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo”… Y el de…  ¡Silencio, ella se acerca…! (Entra Sari, despeinada y muy pálida, vistiendo una bata blanca que acentúa su aspecto fantasmal más de lo necesario)

SARI.- Mamá me ha ordenado hablar contigo.

ARTURO.-(mantiene la distancia) Todo el mundo comete tonterías. No te esfuerces por sentirte culpable, hija. Nadie iba a agradecértelo.

SARI.- Me resulta imposible sentir algo concreto…

ARTURO.- Lo susurró Galileo Galilei ante el Tribunal de la Santa Inquisición…Y sin embargo, se mueve… Se mueve en tu interior y te atenaza, dejándote sin respiración… Un “sinmorir”, en suma… Llegas a acostumbrarte…

SARI.- “Eppur si muove…”  Eres gracioso, a veces, papá… Necesito que me hagas un favor: trata de acordarte de dónde se podría localizar una novela o algo que escribiste de joven…

ARTURO.- ¡Es curioso…! Hoy todo el mundo me habla de lo mismo…

SARI.- Me he propuesto que, por fin, vea la luz. Voy a ser tu descubridora, tu mecenas…

ARTURO.- Existe una remota posibilidad de conseguirla, aunque lleve aparejado…

SARI.- ¿ “Aparejado”, qué…?

ARTURO.- “El depender de la amabilidad de los extraños”… Cito a Blanca del Bosque…

SARI.- ¿Quién es ella…?

ARTURO.- Olvídate… Por ser vos quien sois, voy a mostrarte un pequeño recuerdo del pasado… No te muevas… (Sale)

SARI.-(Para sí misma) Apenas es capaz de dar un paso… (Entra Gloria)

GLORIA.- ¿Adónde ha ido tu padre…? Me ordenó que regresara aquí…

SARI.- Ya sabes lo que hay: te sientas y lo esperas…

GLORIA.- No estoy cansada…

SARI.- Yo, en cambio, sí lo estoy…

GLORIA.- Natural. Relájate y disfruta. El zorro ha abandonado el gallinero, dejándonos en paz a las mujeres. Le valía cualquier cosa, no era muy exigente…

SARI.- Reconozco no haberme portado demasiado bien contigo, aun sin proponérmelo… Puedo hablar con mi madre, si prefieres quedarte…

GLORIA.- ¿Estás de coña, nena…? Ni muerta, me quedaría aquí…

SARI.- Me encargaré de que te firmen referencias…

GLORIA.- ¿Tanto miedo me tiene tu familia, por si decido irme de la lengua…?

SARI.- ¡Cuánta razón mi madre…! Con vosotros, la verdad es que no hay manera…

GLORIA.- Como todos los días y duermo bajo techo… Eso, cuando trabajo… No has trabajado nunca…¡Tú, qué vas a saber…! Por eso, te lo cuento… (Entra Sara Mª. Se supone que ha estado escuchando)

SARA Mª.- ¿Qué haces tú aquí…? Todavía no has servido el desayuno. Luego, vas a tu cuarto y haces tu maleta, pero sin cerrar. No quiero que te lleves nada mío.

GLORIA.- Ladrona será usted… (Sale)

SARA Mª.- Solo a ti se te ocurre darle conversación a esta elementa.

SARI.- No te quejes: contigo, no se  ha atrevido a pasarse al tuteo…

SARA Mª.- Nunca un fin de semana se me había hecho tan largo… Ya te encuentras mejor, se te nota en el brillo de los ojos… Llegaste a preocuparme… ¡Aquella cara pálida…! ¿Dónde demonios se ha metido tu padre…?

SARI.- Ha ido a buscar una sorpresa…

SARA Mª.- ¿Otra más…? No, por favor… De algo me alegro: al final, acabamos por salir a flote, como siempre… ¿De acuerdo conmigo o no de acuerdo?

SARI.- Como tanto se escribe últimamente, “se advierte una gran complicidad entre nosotros”… (Entra Arturo con un cartapacio bajo el brazo)

SARA Mª.- Procura no entrar tan sigiloso. Nos has dado un buen susto. ¿Qué llevas bajo el brazo…?

ARTURO.- Sari, mira… (Abre el cartapacio encima de una mesa) Diseño de portada que le encargué a un pintor amigo mío para “Tinta Invisible”…

SARA Mª.- (Sin acercarse) Lo llenarás todo de polvo…

ARTURO.- ¿Te gusta, hija?

SARI.- Me encanta. (En Scarlett O´Hara) Pongo a dios por testigo que “Tinta Invisible” estará en todos los escaparates del país antes de que finalice este “annus horribilis” para todos nosotros…

ARTURO.-Volvemos a ser tres… ¡Bendito sea…!

SARA Mª.- Todavía no, querido… Gloria in excelsis deo…

ARTURO.- Enseguida me ocupo… Marcho a arrojar la puta al río… (Se miran todos, encantados de la vida)

FIN DE “GRATIA ARTIS”

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GRATIA ARTIS

SAINETE PONZOÑOSO EN UN ACTO Y TRES CUADROS

Cuadro 2

[Estamos donde estábamos. Media tarde. Madre e hija, del bracero, entran y se desparraman por los sillones]

SARA Mª.- El tenis empieza a resultar fruta prohibida para mis articulaciones. Y un partido de dobles, damas contra caballeros, una penosa pérdida de tiempo…

SARI.- Hemos ganado, ¿no?

SARA.- Más a mi favor. Con tu padre empuñando la raqueta, el perder hubiese resultado un acto de piedad mal entendida…

SARI.- Voy a encargar a Gloria que nos sirva limonada… (Pulsa el timbre) Por contra, Alberto continúa siendo el amo de la pista… ¿Te he contado que piensa dedicarme su próximo libro…?

SARA Mª .- ¿El que no tiene título…?

SARI.- Ahora ya lo tiene: “Vocación de Crisálida”.

SARA Mª.- Y la crisálida resulta que eres tú, naturalmente… No estarás tonteando con él, ¿verdad, querida…?

SARI.- Ignoraba que papá hubiese escrito una novela…

SARA Mª.- Será mejor que lo sigas ignorando. El capital, a veces, no lo consigue todo… El Consejo Editor, donde, por cierto, figuraba Alberto como vocal, con voz pero sin voto, se negó en redondo a publicarla, aun en el caso de que apareciese con seudónimo. Para papá, una puñalada por la espalda… (Discretos golpes en la puerta. Entra Gloria.)

GLORIA.- ¿Mandan algo la Señora y Señorita?

SARA Mª.- Limonada abundante. Mucho hielo. Sin azúcar. Y avisar al Señor: hace una eternidad que los estamos esperando…

GLORIA.- Sí, Señora. (Sale)

SARA Mª.- Más tiesa que el palo de una escoba…

SARI.- ¿Se lo has dicho? Me refiero a que está despedida…

SARA Mª.- Llegará la ocasión, no te preocupes… Pero no me cambies de conversación… Regresemos al punto de partida: tu amago de romance tontorrón con ese viejo verde, que maneja a tu padre como a una marioneta…

SARI.- Has tomado demasiado Sol jugando al tenis…

SARA Mª.- Te parí a ti y conozco a los hombres en el momento de emprender la retirada…

SARI.- Contigo, seguro, lo intentó… ¿O no… y no se lo has perdonado todavía?

SARA Mª.- Lo dejo a tu elección… Calla, que vienen… (Alberto y Arturo, tras su pase por duchas, aparentan encontrarse en plena forma.)

ARTURO.- Henos de Pravia…

ALBERTO.-… Y pasados por agua… Mientras nos enjabonábamos la espalda el uno al otro, estuvimos hablando tu marido y yo acerca de una hipotética oferta Mefístófeles…

SARA Mª.- Apasionante tema… ¿A cambio de qué ofrecería su alma al diablo esa persona a la que usted se refiere…?

ARTURO.- Convertirme en Alberto y que éste se convirtiera en mí…

ALBERTO.- Ha tardado un segundo escaso en responderte…

SARI.- Oigamos tu versión del armisticio…

ALBERTO.- Recuperar durante…un año, la inocencia, algo que la vida te arrebata demasiado pronto, antes de que hayamos aprendido a valorarla, pero demasiado tarde para que podamos sumirla en el olvido… ¿Qué le ha parecido tan elaborada respuesta a la pequeña Sara…?

SARA Mª.- No respondas. Que te muestre la orden de registro…

ARTURO.- Habla, hija… Como padre, me interesa conocer lo que pasa por tu mente mientras los mayores intercambiamos tonterías inofensivas por escapar de un atorrante aburrimiento…

SARAH Mª.- Miércoles de ceniza, esta alegría de hombre…

SARI.- ¿Por qué me consideráis tan inocente…? ¿Olvidáis que mi vida no ha transcurrido siempre cerca de vosotros, escuchando vuestras tonterías…? Soy mayor de edad desde hace tiempo y he viajado lo mío…

ALBERTO.- Bravo por mi niña…

ARTURO.- No es “tu” niña; es “nuestra niña”… Supongo no te importa que lo aclare…

SARA Mª.- ¿Necesitas pruebas de ADN? (Entra Gloria con la limonada)

GLORIA.- Con permiso… (Coloca la bandeja sobre un velador)

SARA Mª.- Puedes retirarte… Serviré yo misma…

GLORIA.- Como ordene la Señora… (Sale)

SARA Mª.- Me lo temía: a temperatura ambiente…

SARI.- Nos da igual. Nadie quiere probar ese brebaje… Pudiera haber escupido en la jarra antes de traerla… Casi me dan arcadas de pensar en beberla…

SARA Mª.- Ignoro cómo os las arregláis, pero habéis conseguido, una vez más, que esa chica se convierta en la protagonista del evento…

SARI.- La culpa es tuya, por no haberla puesto de patitas en la calle, como se te ha aconsejado por activa y por pasiva…

ARTURO.- Pongámonos a salvo, Alberto amigo, o terminaremos enzarzados en una sabrosa conversación sobre la tortilla de patata con cebolla o sin ella…

ALBERTO.- Deciden las señoras… Yo me quedo. Dentro de poco, pretendo retirarme a mis dominios, “Fe de Erratas” está aguardando, impaciente y voraz, en mi portátil…

SARI.- Eh, tú, para el carro, ¿te importaría repetir el título…?

ALBERTO.- El título, provisional se entiende, es “Fe de Erratas” Podría sufrir algún cambio a última hora, desde luego… Siempre que lo considerase necesario…

SARA Mª.- Te debes a tu obra, ya lo veo… Bajemos hasta el puerto… Una terraza acariciada por la brisa marina y una tabla de quesos bien surtida nos librarán de las malas influencias ambientales…

ARTURO.- La sagrada familia se ha quedado en cuadro… Venga, chicas: marchemos todos juntos, y yo el primero, a confundirnos con el pueblo…

SARI.- Aprovechad; id vosotros dos, en amor y compañía. Ha empezado a dolerme la cabeza…

ARTURO.- Entonces, nos quedamos…

SARI.-…Y me hacéis la puñeta…

SARA Mª.- La mesa estaba reservada y he tenido que depositar un adelanto a cuenta de las consumiciones… No os preocupéis, me marcharé yo sola… Siempre he de ser yo quien dé la cara…

ARTURO.- Voy contigo…

SARA Mª.- Gracias. (A su hija) Si remite el dolor, ya sabes dónde estamos… Y tú, el amigo proteico, procura no ir por ahí sembrando mariposas: acaban por posarse en algunas cabezas de chorlito… Ah, y una importante nota a pie de pagína… Me tenéis más que harta, y no señalo a nadie…

ALBERTO.- Descifraré el mensaje antes de que regreséis de la merienda…

ARTURO.- No tardaremos mucho… (Inician el mutis) No me gusta ni poco ni mucho dejar a mi hija a solas con el lobo…

SARA Mª.- Sabe defenderse ella solita. Y vale más que aclare ciertas cosas, no vaya a ser que se le terminen las bicocas a tu amigo… (Sale, definitivamente, el matrimonio.)

SARI. (Que ha estado revolviendo en su bolso de mano)- ¿Y bien…?

ALBERTO.- No hay nada decidido todavía…Hablamos de una obra literaria…¿Eso, lo entiendes? ¿O creías  que a Alberto Ariza se le compra con una fin de semana campestre, en un decorado a base de cartón piedra y delirios de grandeza trasnochados…)

SARI.- Habla, habla… A corazón abierto, como repite tu club de admiradoras…

ALBERTO.- Me estás grabando, te lo noto en la cara… ¡Madre mía…! ¡Qué bajo hemos caído…!

SARI.- Puede… Puede que la novela de mi padre no fuera tan mala como dicen… Pronto lo averiguaré, no te preocupes…

ALBERTO.- Dos lanzamientos en plan estrella simultáneos, cara a las vacaciones de verano, resultaban excesivos para una editorial todavía sin afianzar en el mercado. Mi novela suponía un valor seguro; lo de tu padre, una arriesgada aventura editorial, sin garantía de éxito. Y quemamos las naves, lo que nos evitaba un montón de reuniones sin sentido, mientras se nos echaba el tiempo encima… Arturo no debía hacerse ilusiones. Encajó el veredicto de “impublicable” para lo que suponía una primera novela como hay tantas, ni buena ni mala, sino todo lo contrario… ¿Ése era el santo grial que te quitaba el sueño…?

SARI.- Quiero leerla. Necesito leerla…

ALBERTO.- Llegas tarde, todos los ejemplares se quemaron. Tú nos das la razón con una absurda actitud de colegiala, ¿no eres consciente de ello? ¡En busca del best seller secuestrado por unos conpiradores en la sombra…! Hoy por hoy, carecería de recorrido una campaña semejante… Además, si estás pensando en su tardía publicación, fondo y forma habrán quedado obsoletos por completo… Acarrearían una quiebra editorial, ¿cómo no te das cuenta?

SARI.- Las obras literarias ganan con el tiempo, ¿no es cierto…? Voy a dejarme la piel para que se reconozca la injusticia cometida, cuya reparación pasa por la oportunidad de que la obra de papá sea juzgada por sus lectores naturales, no por una pandilla de mercaderes pedantes compinchados…

ALBERTO.- ¿Sometiendo a tu padre a una nueva tortura de falsas esperanzas…? Conmigo no contéis… ¡Insensateces de una criatura caprichosa…!

SARI.- Mi padre, quizás, haya conservado una copia manuscrita…

ALBERTO.- Nos aseguramos de que así no fuese en su momento… Además, sé sincera, ¿a ti que más te da la fama o el anonimato de tu padre…? ¿Has hablado de todo esto con mamá?

SARI.- Todavía no.

ALBERTO.- Pues no lo hagas. Bastante amargada anda la pobre… A ella estaba dedicada la novela… Nunca llegó a tenerla entre las manos… No se lo ha perdonado… Pensaba en que había otra mujer formando parte del embrollo… Sacarlo a colación en este instante, sólo contribuiría a abrir viejas heridas…Y tú no quieres eso, ¿o me equivoco…?

SARI.- Yo no sé lo que quiero… (Se le quiebra la voz)

ALBERTO.- (Tras mirar en derredor) Ven, déjame que te abrace… (Acude él a su encuentro para forzar la situación) ¡Mi pequeña rebelde…! ¡Confía en mí, pajarito asustado…! Acompáñame arriba: quiero que compruebes, por ti misma, cómo se va a llamar, definitivamente, mi novela…

SARI.- Voy contigo con una condición: no va a ocurrir nada entre nosotros… Soy “inocente”… Hasta cierto punto, por lo menos… ¡Qué cursi suena oírlo…! (En un susurro) Lo siento; lo creas o no, nunca he sido penetrada en condiciones…

ALBERTO.- No haremos nada que tú no desees, te lo prometo… Vamos, ven, no perdamos más tiempo… (Salen cogidos de la mano, pastorcillos de Dresde. Oscuro. Luz cenital sobre Gloria, que está hablando, muy excitada, por teléfono)

GLORIA.- Se disponen a echarme, así de claro: les he oído… Supongo que esperarán a que se vaya el invitado… Y a la puta calle… ¿Despido improcedente…? Ya se inventarán alguna excusa… Ni se te ocurra el presentarte por aquí… Pienso decirles lo que deban oír y sin cortarme un pelo… Unos cabrones, del primero hasta el último… (Oscuro definitivo)

Fin del Cuadro 2º

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SAINETE PONZOÑOSO EN UN ACTO Y TRES CUADROS

Cuadro 1

[Viejo balneario devenido en spa. Un agobiante bungalow independiente  que se finge cabaña  en cuanto a decoración, entre modernista y naíf a lo Ruiz de la Prada. GLORIA, doncella uniformada de pies a cabeza, revolotea, angustiada, en torno a ALBERTO, caballero entrado en edades peligrosas, que luce sonrisa encantadora y sucinto equipaje con ruedines.]

GLORIA.- Tiene que haber algún error. Los señores salieron muy temprano hacia el aeropuerto, con la intención de recibirlo a su llegada. Intentaré de nuevo conectar con ellos…

ALBERTO.- No se preocupe, buena mujer. Les he ahorrado trabajo. Debí haberles advertido que viajo siempre en la clase turista, por evitar acosos y tumultos. De ahí, el malentendido…  ¿Missing Alberto Ariza? Imposible… Improbable, como mucho…

GLORIA.- Pero, siéntese, que vendrá muy cansado… ¿De verdad no desea tomar nada…?

ALBERTO.- Escucho y obedezco. (Se sienta en un sillón) Vaya a sus obligaciones, por favor. No deseo retrasarla… Nos han dado de desayunar en el avión… Naranja acartonada, café sin esperanza y tostadas parecidas a misales…

GLORIA.- ¡Tenían tanto interés en quedar a la altura…! Y a la Srta. Sari, ¡le ilusionaba tanto el volver a encontrarse…! No le importuno más… Llámeme si necesita algo…

ALBERTO.- Desconozco su gracia… Quise decir “su nombre”…

GLORIA.- Me llamo Gloria…

ALBERTO.- Como era de esperar…

GLORIA.- (Inicia el mutis; pero se lo piensa mejor y se detiene) Aunque esté mal decirlo, en el instituto nos obligaban a leer uno de sus libros…

ALBERTO.- Recordará su título, imagino, y no por vanidad: joven como es, no puede haber pasado mucho tiempo…

GLORIA.- Se llamaba “El Cáliz y el Vino” y trataba de…

ALBERTO.- Touché!, ¿de qué trataba…? A mí se me ha olvidado, lo confieso…

GLORIA.- Dos hermanos, una chica y uno chico, viajan en un barco y, de pronto, ella pierde, por completo, la memoria. Luego… Luego resulta que ella… nunca ha existido y él se la ha inventado… Se la ha inventado, sin más… A nuestro profesor de literatura le encantaba…

ALBERTO.- Y a ti, permíteme el tuteo, del autor al lector, ¿no llegó a resultarte un tanto densa, un poco…complicada…?

GLORIA.- En parte, sí… Pero todos no inventamos una amiga o un amigo invisible, de pequeños… (Suena el móvil de Alberto)

ALBERTO.- Perdona… (Contesta la llamada) ¡Al fin…! Tranquilos, tranquilos… No había huelga de taxistas… Ya estoy medio instalado, charlando con vuestra fámula sobre literatura… Muy sagaz, la muchacha… Os estaré esperando, nada de darse prisa… Hasta ahora mismo… (Finaliza la llamada) ¿No te lo decía…? Cuestión de diez minutos, ya vienen de camino…

GLORIA.- Con permiso…

ALBERTO.- Puedo prestarte algunos libros míos de más fácil lectura. Aquél era el primero… Ganas de provocar al respetable… Ejercicio de estilo puro y duro, en el cual la amenidad, a nivel popular, no está ni se le espera…

GLORIA.- Será mejor que vuelva a mi trabajo…

ALBERTO.- Otrosí: que rechazas de plano mi gentil, mi cordial ofrecimiento… Oigamos los motivos… Creo me asiste derecho…

GLORIA.- No creo que a doña Sara le gustase… Pensaría que me he tomado confianzas con usted y sin venir a cuento…

ALBERTO.- Si ese par de…de lo que sea, llegase a despedirte por mi culpa, juro y prometo que te tomo a mi servicio…

GLORIA.- Me está tomando el pelo…

ALBERTO.- Claro, tontuela. Nadie va a despedir a nadie aquí…

GLORIA.- No me gusta bromear con ciertas cosas…

ALBERTO.- (Se ha acerca a ella varios centímetros más de lo conveniente) Vaya, pero si estás temblando… Dame la mano, toca… (Intenta cogerle la mano) Los escritores somos también de carne y hueso…

GLORIA.- (Sale con mal disimulada brusquedad) Con permiso… (Suena, insistente, un claxon)

ALBERTO.- Ahora que el vodevil se estaba poniendo interesante… (Irrumpen en escena, casi a la carrera, la joven Sari, universitaria repetidora; su papá Arturo y su mamá Sara María, al cual más glamuroso e irritante) ¡Quieto todo el mundo para tomar aliento! (Se besan y/o abrazan por riguroso turno.)

ARTURO.- Imperdonable, chico.

SARA Mª.- La culpa es toda suya…

SARI.- Pobre papá… No le hagas caso, Alberto…

SARA Mª.- ¿Te gusta lo que has podido ver, hasta el momento, de las intalaciones…?

ALBERTO.- Un encanto de chica la que me abrió la puerta…

ARTURO.- Con novio culturista, olvídate de ella…

SARI.- Haznos caso a nosotras…

ARTURO.- Una cabaña en el medio del bosque, ésa es la idea…

SARA Mª.- Una casa rural con ciertas pretensiones, lejos y cerca del mundanal ruido… Es lo que tú buscabas… Un retiro a espaldas de Madrid, donde descansar del estrés y de los medios… Te instalarás en el refugio de invitados… Avisaré a Gloria para que ayude a trasladar el equipaje…

ALBERTO.- Mi maleta se desliza ella sola…

ARTURO.- Deja a la pobre Gloria que se gane su sueldo… (Hace sonar un timbre)

SARI.- No es sudamericana ni filipina; nacional made in Asturias; pero a mí me resulta algo cargante…

SARA Mª.- Gracias a dios no es madre soltera ni mantiene oculto un hermano drogadicto, ni es cleptómana… Pero, ¿a qué perder el tiempo hablando de sus muchas o pocas cualidades…? Dadle conversación al invitado mientras voy a buscar a esa pesada…

GLORIA.- (Tras llamar a la puerta) ¿Se puede…?

SARA Mª.- Adelante, adelante… ¿Dónde andabas metida? Lleva la maleta del señor al refugio de invitados…

GLORIA.- Sí, señora… (Se hace cargo de él) ¿Mandan algo más…?

SARA Mª.- De rodillas te imploro nos dejes libres hasta bien entrada la mañana. Conoces el menú. Cuando esté puesto en marcha, me buscas para darle el visto bueno…

GLORIA.- Con permiso… (Sale)

ARTURO.- (A Alberto) Bonita figura…

SARA Mª.- Demasiado desparpajo, en mi opinión. Al no ser hombre, no me hallo en condiciones de emitir un juicio ponderado.

SARI.- Lleva razón mamá… Se toma demasiadas confianzas… Ayer mismo me anduvo preguntando sobre ti; por qué eras tan famoso y todo eso… Cuál era tu obra más importante y de qué se trataba… Seguro que consigue un ejemplar y pide que le escribas una dedicatoria…

ALBERTO.- Un verdadero chorro de agua fría… Me refiero el no habernos encontrado en el aeropuerto, como estaba previsto… Ya estoy repuesto, ea… Estos son mis planes: salir de aquí con un libro bajo el brazo y que Alberto lo ponga en los escaparates para estas navidades… De sobra lo sabéis: trabajo por la noche y duermo por el día. Me levanto a la hora del almuerzo, de malísimo humor, estado anímico del cual suelo librarme lanzándome a la piscina de cabeza…

SARA Mª.- Los genios sois así y el resto de mortales debemos aguantarlo…

ARTURO.- Conseguirás que me ponga celoso…

ALBERTO.- Mientras escribo no me es dado pensar en otra cosa… Tú tranquilo, Señor Editor… Nada de sexo. Aunque suene decididamente gay: mil y una noches noches de negro sobre blanco…

SARI.- Hemos visto cómo clavabas a la chica con la vista… Creo que nos dejaste plantados en la sala Vip y te viniste aquí por ver lo que se pesca…

SARA Mª.- Menuda estupidez…¡Si no se conocían…!

SARI.- Pudieron haber hablado por teléfono…

ALBERTO.- ¡Celosilla…! Prometo hacerte todo el caso del mundo en cuanto haya culminado mi nuevo desafío… Unos paseos en barca, chapuzón incluido. Siempre has sido una excelente nadadora…

SARA Mª.- Mamá de carabina, por supuesto…

ARTURO.- ¿Me estoy perdiendo algo…?

SARI.- Sigue durmiendo, papi; y deja que las mujeres de la casa le hagan la vida agradable al invitado…

ALBERTO.- ¿Has oído, Arturo…? ¡Aprendiz de ninfómana!

ARTURO.- Eso no me ha gustado… Ven a la biblioteca. Guardo prensa extranjera que enseñarte…

ALBERTO.- Ya me la hacen llegar mis agentes de prensa…

SARA Mª.- El Señor se enfurruña… Te quiere para él solo…

ALBERTO.- Y ahora gritad conmigo: “¡Te adoramos, Señor!”

SARA Mª.- Puestos a exagerar… ¿Acaso tú nos adoras a nosotros…?

ALBERTO.- Un autor ha de deberse a su obra, por hipótesis. Arturo bien lo sabe: aspiraba a literato, en otro tiempo…

ARTURO.- No vayas por ahí porque me encuentras…

ALBERTO.- No he dicho nada… A lo que importa: mi obra soy yo, a mi obra adoro, en mi obra creo y a mi obra amo… ¡Ahí queda eso…!

ARTURO.- Y a mí, Calisto me debe un par de sustanciosos adelantos, a cuenta de la novela que se dispone a escribir, gratis et amore, sobre todo, debajo de estos techos…

SARA Mª.- Mal empezáis… ¿Vais a pasaros todo el tiempo discutiendo…? Marido, haz el favor de olvidar, por un momento, tus negocios… ¡Suena tan mercantil esa reclamación a bocajarro, con nuestro buen amigo en la diana…!

ALBERTO.- Mi abogada de oficio no debe preocuparse… Cuando me disponía a escribir “La Isla sin Orillas” vuestro padre y esposo respectivo me colocó una papelera por sombrero…

ARTURO.- ¿Hice yo eso…?

ALBERTO.- Sabes que nunca miento…

 ARTURO.- Te estaría coronando… El rey de la novela con segundas lecturas y aun terceras…

SARA Mª.- Pérez Reverte no va a dormir tranquilo…

SARI.- Almudena Grandes se teñirá su melenón de rubio para endulzar el trago…

ALBERTO.- Nuevo best seller, dinero y fama para el campeón…

ARTURO.- Fama y gloria al caballero de la cama redonda…

SARA Mª.- Lo de “gloria” te ha quedado un poco zafio…

ALBERTO- “Desde la princesa altiva a la que pesca en ruin barca… Etc. Etc…ha recorrido mi amor, toda la escala social”…

ARTURO.- ¿Desde cuándo citas a Zorrilla…?

ALBERTO.- Asociación de ideas…

SARA Mª.- Vámonos, niña… Los hombres se disponen a hablar de sus conquistas…

SARI.- Será mejor… Voy a cambiarme para bajar a la piscina… (Salen en plan divino)

ARTURO.- Al fin solos… Adelántame alguna exclusiva con tu nombre en los informativos… Me revienta enterarme por terceros…¿Bebes algo?

ALBERTO.- No, gracias. Mis hígados no me lo permiten…

ARTURO.- Pienso servirme un trago… (Lo hace) A tu salud…

ALBERTO.- A la tuya… Hablando de salud: esa criadita tuya tan lozana me ha tomado por tonto…

ARTURO.- No me digas…

ALBERTO.- Pretendía haber leído “El Cáliz y el Vino” en el bachillerato pero tu hija la ha dejado con el culo al aire…

ARTURO.- ¡Que más quisieras tú, don Juan Tenorio…! ¿Le digo a Sara Mª que la despida…? Tú mandas… Te aseguro que le darás una alegría a mi señora esposa…

ALBERTO.- Pues por mí, que no quede…Prueba a contratar a un joven mayordomo en su lugar… Hetero, por supuesto… Con eso, la mantendrás entretenida, calculando posibilidades…

ARTURO.- Y si la quieres tú, te la regalo entera…

ALBERTO.- No tientes a mi carne pecadora… Lo he pensado mejor… ¿Y si vamos a reunirnos con las chicas…?

 ARTURO.- Vete tú a entretenerlas. Me librarás de ellas por un rato… (Se sirve otro trago)

ALBERTO.- Vas por el segundo…

ARTURO.- Por el cuarto… (Sale Alberto, un tanto sigiloso. Arturo está hablando con su copa) Se cree un gran hombre y le quedan dos ferias del libro, como máximo… El “corta y pega” no le puede durar mucho… (Entra Gloria)

GLORIA.- Perdón… Buscaba a don Alberto… La Señora le está esperando en la biblioteca y…

ARTURO.- Seguro lo encontrarás en la piscina… Espera un poco: quiero darte un consejo. Pórtate bien con él. Lo tienes enfadado y con razón. A Sari se le escapó  lo de tu repentino interés sobre su libro.

GLORIA.- Yo solo pretendía…

ARTURO.- Lo mismo que él, por distintos motivos… Y vamos a dejarlo… A ver cómo te las arreglas para volver a ponerlo a tu favor…

GLORIA.- Sí, señor… Haré todo lo posible… (Sale)

ARTURO.- Estoy seguro… (Se derrumba en un sillón. Nunca sabremos si ha roto a llorar o se ha quedado dormido como un tronco.)

Fin del Cuadro 1º

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