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Archive for the ‘Lo tuyo es puro teatro’ Category

LA BIBLIOTECA NEGRA

AkA

TITIRIMUNDI

ESCENA FINAL

[Continúa la acción donde la dejamos en la escena precedente. Se nos ha unido a la celebración un tal LEOPOLDO, coetáneo del resto del reparto. Lleva un paquete de libros bajo el brazo y da constantes muestras de ser de otro planeta del espacio interior]

LEOPOLDO.- Hola a todos y a toda… Soy el vecinito de la puerta de al lado y me llamo Leopoldo, Leo para los amigos… Escuché jolgorio al otro lado de la pared y cavilé para mí: “Voy a aprovechar que hay gente en casa para devolverle a Jimmy unos libros que me prestó la semana pasada…”

JAIME.- Encantados de verte… Además, en el caso de Mati y Fer, su pareja de guardia, felicísimos por haberte conocido… (Se besan los tres sin demasiado entusiasmo) Bueno, ¿qué me cuentas de Jonquet…?

THIERRY JONQUET

LEOPOLDO.- ¿Quién es ése…?

JAIME.-  El autor de “Tarántula” y “La Bestia y la Bella”, los ejemplares que vienes a devolverme…

LEOPOLDO.- Demasiado retorcidas para mí… Aunque me llame Leo, reconozco que la lectura no nunca ha sido mi fort Apache. Puedes llamarme plebeyo, si es tu gusto; pero prefiero las series de la tele… Antes de que me olvide: te traigo un regalito, maestro…

JAIME.- Acaba de pasar y me lo cuentas… (A la pareja) Arreglo mis asuntos domésticos y me reúno con vosotros antes de un periquete… Si no es mucho pedir, os esperáis aquí sin tocar nada, ¿vale?…

JAIME.- Pometido… Nada de tocamientos: nos moriremos de castos y sencillos, como dijo el poeta…

MATILDE.-Procura no tardar. Los relámpagos me ponen de los nervios…

JAIME.- (Conduce del bracero a Leopoldo hacia la biblioteca) Vamos a probar con Peter Cheyney… Lemmy Caution, ¿te suena…?

LEOPOLDO.- Me suena a “cuidado con el perro”…

PETER CHEYNEY

JAIME.- Ladra, pero no muerde… Para empezar tu doctorado en letras muy cocidas, basta y sobra… Ah, por cierto… Mencionaste cierto regalito…

LEOPOLDO.- Verás lo que ocurrió… Lo vi expuesto en un escaparate y me pareció un libro de autoayuda en cuestiones sexuales. Entré en la librería. Había una señorita despachando y pedírselo me dio mucha vergüenza… Así que me fingí sordomudo y se lo señalé con el dedo… No veas la cara que me puso…

JAIME.- ¡Qué emocionante…! En cuanto me lo muestres, me hallaré encondiciones de valorar el verdadero alcance del sabroso incidente…

LEOPOLDO.- Ten en cuenta que había estado lloviendo aquella tarde y me había provisto de gorro estilo inglés y gabardina… ¡Sabe dios lo que pensó la pobre chica al ver el título por el que me estaba interesando…

JAIME.- Será mejor que, ipso facto,  me hagas entrega del cuerpo del delito… La poli podría presentarse aquí en cualquier momento… Escucha…¿no oyes cantos de sirena que se van acercando echando leches…?

LEOPOLDO.- (Saca un libro del bolsillo y se lo entrega, tembloroso) ¿No sería más prudente prenderle fuego en el cuarto de baño…?

JAIME.- “Chip Harrison no la mete”, de Lawrence Block… ¿Y a esto le llamas tú un libro de autoayuda, alma de cántaro…? Ya me explicarás lo que pensabas incendiar, una vez tú y él metidos en el cuarto de baño…

LEOPOLDO.-  Cáspita, tú, jopé, ¿no será uno de esos libros que se lee con una sola mano…?

JAIME.- No te doy enseñado… Viniendo de Lawrence Block, lo que cabe esperar son ciertas dosis de humor inofensivo… Observo que no tomas ni un apunte…

LEOPOLDO.- (Saca una libretita y toma nota)… “Loren Bloque, ciertas dosis de humor inofensivo”…

LAWRENCE BLOCK

JAIME.- A lo peor, lo que andabas buscando para aguja del pajar es “La Reina de la Noche” de Mark Behm… Nada que ver con Mozart, aunque bastante con la flauta mágica… y al dios se la dé, ya sabes cómo sigue…

LEOPOLDO.- Espera que voy a tomar nota… (Lo hace) “La Reina de la Noche” de Mozart…

JAIME.- Sí, hijo; sí… Lo tuyo es para réquiem… Pasemos a la sección de “Literatura Galante”… Quizás encuentres alguna cosilla interesante… Joaquín Belda, ¿te dice algo este nombre…? “Aquellos Polvos…”, “La Suegra de Tarquino”…

LEOPOLDO.- “Aquellos polvos, trajeron estos lodos…”, un refrán que repite siempre mi madre, cada vez que mi hermana Encarnación dice que se va a quedar a dormir en casa de una amiga…

FER.- Perdona que me inmiscuya en tus asuntos privados… Y no me salgas con la libertad de cátedra… ¿Por qué en vez de sacarte de la manga todas esas antiguallas olvidadas por el tiempo, no le descubres al muchacho Henry Miller…?

MATILDE.- Y, de paso, Anaïs Nin, no seas machista…

ANAÏS NIN & HENRY MILLER

JAIME.- Me pareció escuchar que os estabais depidiendo a la francesa… (Vuelve a lo suyo)

FER.- Perdona que haya interrumpido tu parada nupcial en fase de cortejo… (Regresa al lado de su chica) A mí me parece estar soñando, ¿no te ocurre lo mismo…? Subir cinco pisos para asistir a un seminario en base dos sobre la “serie negra”…

MATILDE.- …Cuando se suponía que lo del “seminario” corría de tu cuenta y mi altísimo riesgo de pillarme una venérea, usando los preservativos de segunda pilila que atesora Jaimito en aquella mesilla al lado de la cama… Porque a ti, o me equivoco, se te habían olvidado…

FER.- La verdad es que sí, ahora que lo mencionas… Y además, no te quejes: al final, no nos han hecho falta…

MATILDE.- Lo tengo decidido: a una servidora le dan miedo las tormentas dotadas con gran aparato eléctrico, mejorando lo presente, a la vista de lo cual me dispongo a meterme en aquella camita en compañía de Mickey, y esperar a que escampe…

FER.- ¿Insinúas que ahora te lo montas con ratones, como el Gere…?

MATILDE.- Lo de ese Leo debe de ser contagioso… Con Ratón Spillane, no seas lerdo… (Recupera el libro, tras localizarlo, sobre el suelo)

FER.- Pues espera un momento. Te acompaño… Ahora que tenemos distraída  a Su Eminencia, voy a distraer el ejemplar de “San Julián el Hospitalario” y así aprovecho para echarle una mirada… (Se dirige, sigiloso a la biblioteca y recoge su tesoro, sin que los otros, a lo suyo siempre, se den cuenta)  Te echo una carrera…¡”La Perseguida hasta el Catre”!…

MATILDE.- ¡”Carros de fuego” como música de fondo…!

(Juegan a perseguirse y, por fin, se acomodan en la cama, encienden la luz de la mesilla y se ponen a leer, abrazaditos).

LEOPOLDO.- Mira con disimulo… O mucho me equivoco o ese amigo tuyo y partenaire se han metido, de matute, entre tus sábanas…

JAIME.-  Yo que tú, no me preocuparía demasiado… A algunas personas,  con las tormentas, les entra cierta somnolencia… No es mi caso, ¿sabes…?

LEOPOLDO.- ¿Y si se ponen a…? Nosotros dos, ¿qué hacemos…?

JAIME.- Tengo una idea… Coge un libro cualquiera…

LEOPOLDO.- (Elige uno al azar) ¿Nos sirve éste…?

JAIME.- (Le echa una mirada) Cualquiera, menos una edición in quarto de la guía telefónica, páginas amarillas… Toma,  “Sinful woman”… Que quede entre los dos: mi título favorito de James M. Cain…

LEOPOLDO.- “La mujer sin ful”, no lo conozco… ¿Cómo acaba…?

JAIME.- Como suele suceder a lo largo de su obra: perdiendo la partida el protagonista masculino…

LEOPOLDO.- Entonces, si no no era un ful, ¿cómo se las arreglaba la tipeja para salir siempre vencedora…?

JAIME.- Las mujeres pecadoras usan todo tipo de malas artes para salirse con la suya…

LEOPOLDO .- A mí me lo vas a contar… ¿Por qué el escritor le tendría tanta inquina a las mujeres…?

JAIME.- ¿Te has fijado que se apellida Caín…?  Por envidia al sexo femenino… Vamos allá pues… Si les dejamos que comiencen los juegos, a ver quien es el guapo que los separa luego… No te separes de mí y sígueme la corriente, si no es mucho pedir…

LEOPOLDO.- ¡A tus ódenes, mein furher…!

JAIME.- (Se planta, con su hueste, a los pies de la cama) ¿Vais a hacernos un sitio…? A última hora, nos hemos decidido a participar en vuestras lupercales… Tú, Leo, por este lado, bien pegado a Fer;  yo, lo mismo, por el lado de mi vieja amiga Mati… (Se instalan como buenamente pueden, cada uno con su libro en la mano, mientras la tormenta retoma sus antiguos esplendores. Fingen leer mientras se mirar los unos a los otros de reojo)

[La escena es invadida invadida por una espesa humareda de color rojizo. La biblioteca comienza a moverse lentamente hacia la salida hasta culminar su mutis por el foro. De entre la niebla, surge la figura del ABUELO, antorcha en mano. Los cuatro bacantes, mientras tanto, se están cagando por la pata abajo, cubiertos por las mantas]

– ¡Exteminio, destrucción, perezca la raza humana…!

ABUELO.- ¡Exterminio…Destrucción… Perezca la raza humana…!

JAIME.- (Asomando la cabeza) Sin novedad en el frente, compañeros y compañera… Don´t Worry, be happy… Se trata de mi abuelo paterno, Doroteo,  ensayando su papel de Don Álvaro para una representación en el Club de Jubilados…! (Se vuelve a meter bajo las mantas, mientras se escucha a Michael Bublé, ruiseñor, que no alondra…)

FIN DE “LA BIBLIOTECA NEGRA”

 

 

 

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LA BIBLIOTECA NEGRA

AKA

TITIRIMUNDI

ESCENA 2

[Continúa la acción de la escena anterior. Han transcurrido unos pocos segundos. En la puerta, tres eran tres se están mirando con desaprobación mutua. El tal Fer, en cuanto aspecto, no estropea para nada el conjunto]

MATILDE.- A punto estaba de morir de aburrimiento…

FER.- Quinta planta y sin ascensor, eso se avisa… Vengo sin resuello…

JAIME.- Pues imagínate en el viaje de regreso… Preséntanos, querida, por favor, de acuerdo a protocolo…

MATILDE.- Fer, este es Jimmy; Jimmy, este es Fer. (Se estrechan la mano, visiblemente incómodos) Conque, hala: tres son marabunta. (A Jaime) Puedes irte en paz: ya estás tardando; espero que no lo hagas a propósito.…

 JAIME.- Pies en polvorosa. Suerte, compañero…

MATILDE.- Mensajito vía móvil, no me olvido.

FER.- (secreteando en un aparte) No sé cómo la aguantas, tío… Espera un poco… ¿Cuántas habitaciones tiene este apartamento…?

MATILDE.- ¿Es que vas a venir con exigencias…?

JAIME.- Pasad, anda… Salón versallesco; eso es la cocina y aquello otro, el cuarto de baño… Con que digas “¡qué mono…!, estás cumplido…

FER.- Un saloncito la mar de acogedor…

JAIME.- Se hace lo que se puede… Entre minimalismo y art decó, ésa era la idea, al menos…

FER.- Lo peor es que no hay donde sentarse, después de cinco pisos cuesta arriba…

MATILDE.- Los cojines; y hay donde escoger, si te fijas un poco…

FER.- Me gusta aquel azul, con borlones dorados…

JAIME.- Los prefiero sin nada colgando…

MATILDE.- Basta ya, he dicho… Y la cocina la dejarás en paz, ¿no es cierto? No pretenderás freír un par de huevos, supongo (Jaime sufre una repentina carraspera)… A mayores, te lo dejé bien claro: a casa de Jimmy hay que venir duchado: nunca hagas uso del servicio si no vienes provisto de escafandra… Por cierto, antes de que se me olvide… Aquello de allí, manga por hombro, es una cama turca, en espera de que le armemos un Lepanto… O sea que ya lo has visto todo y nuestro amable anfitrión puede marcharse de una puñetera vez, ¿no te parece…? Si esperas que nos vaya a ofrecer un refrigerio, vas de lado: se le han acabado todas las existencias y, hasta mañana por la tarde, no va al supermercado… Y para entonces, ni tú ni yo estaremos aquí; al menos, eso espero…

FER.- (Ha estado pendiente de otra cosa) ¡Menuda biblioteca…! ¿Me permites echar una mirada…?

JAIME.- Por supuesto… (Se ponen a revolver en las estanterías)

MATILDE.- Herencia de su abuelo… Ya que os vais a dedicar a vuestro inesperado metisaca culterano, servidora recobra su ejemplar de Mickey Spillane y se sienta a esperar a que termine la visita guiada… Con permiso… (Se dirige a la mesa camilla y se acomoda) ¡Donde esté una banqueta…! Conste en acta: una es de nalga agradecida… Y, a buen entendedor… (Ellos, a lo suyo, ni caso) Iba cuando Mike Hammer, ese pedazo de animal, la emprende con su chica a puñetazos… Por cuarta vez, si no me falla la memoria…

FER.- ¿Hammet o Chandler…?

DASHIELL HAMMET

RAYMOND CHANDLER

JAIME .- Chandler… Ahora, contesta tú… ¿Thompson o Ellroy..?

JIM THOMPSON

JAMES ELLROY

FER.- ¡Viva la república! Te toca contestar… ¿Vázquez Montalbán , Andreu Martín, o Pérez Merinero…?

VÁZQUEZ MONTALBÁN

ANDREU MARTÍN

CARLOS PÉREZ MERINERO

JAIME.- Me lo dijo Pérez… ¿Qué te parece si hablamos de mujeres…?

FER.- Hace rato que me lo está pidiendo el cuerpo… Mi turno…

JAIME.- Sospecho que me estás haciendo trampa… Conmigo no te pases de listillo, chavalote…

MATILDE.- ¡Como un par de criaturas, ya te digo lo que hay…! Mejor no interrumpirlos… Yo sigo con lo mío…

(Continúa leyendo)

FER.- ¿Fred Vargas o Asa Larsson?

FRED VARGAS

ASA LARSSON

 JAIME.- Me reservo, por el momento, la respuesta… Nos estamos conociendo… Encuentros fortuitos, de momento… ¿Highsmith o Rendell?

PATRICIA HIGHSMITH

RUTH RENDELL

FER.- Ostras, qué ven mis ojos… Perdona… Llevo siglos detrás de este volumen… “La Leyenda de San Julián Hospitalario” de Flaubert…!  Joder, Cómo-te-llames… Dime dónde lo has conseguido… Te pago lo que quieras… ¿Tú sabes lo que es eso…? Llenó mi adolescencia de terrores nocturnos y de sudores fríos… ¿Te imaginas abrazando a un leproso  en estado Waldemar, que te suplica que lo aprietes con más fuerza…?

JAIME.- La verdad es que en mi palmarés no figuran leprosos… También era de mi abuelo… Venga, te lo regalo…

FER.-Nunca podría aceptarlo… ¿Dejarte yo sin él, con lo bien que me caes? Me parecería estar cometiendo un sacrilegio…

JAIME.- Será tuyo, con una condición: tendrás que adivinar cuál es mi título favorito de James M. Cain… Se admiten tres propuestas…

JAMES M. CAIN

FER.- Hablando de propuestas… (Baja la voz, conspirativo) Yo podría convencer a mi chica de que tú y ella… Tariro-Tariro… Ya te lo imaginas… Y Mati está buenísima, además… Especializada en “beso blanco”…

JAIME.- No, gracias… Lo nuestro es platonismo puro y duro: mírame y no me toques… Noli me tangere… “Más quiero yo a Peribáñez con su capa la pardilla…”

FER.- Porque yo no te gusto ni en pintura… ¿Ni tan siquiera un poco, con la luz apagada…? Menos penetración, su majestad escoja, pero no es manca, espero y deseo… Estaría dispuesto a llegar hasta el bondage light, a cambio de una edición bilingüe con ilustraciones de “La Leyenda de San Julián el Hospitalario”…

JAIME.- O la prueba de Cain o este ejemplar termina en internet, puesto a pública subasta…

FER.- Está bien… Entonces, si no acierto, ¿qué prenda habré de darte…?

JAIME.- Los diez títulos que yo elija de tu biblioteca…

FER.- Es que me daría vergüenza el mostrártela, chico, visto lo visto aquí… La tuya es muchísimo más grande, más selecta…

MATILDE.- (Deja de leer) Atenta, tú… Concurso de penes a babor… No te lo puedes perder…

JAIME.- El tamaño no importa… Cita títulos y autores porque me haga una idea…

MATILDE.- Falsa alarma… Seguiré con lo mío… A ver, a ver…(Hojea el libro) Cuando me hice ilusiones de pasar un buen rato,  Miguelito Martillo estaba a punto de dejar sin dentadura a culatazos a un mafioso… Ya lo tengo… Y ahora va y le muerde en una oreja…

FER.- Matheson, Bradbury; Matthew Lewis, el de “El Monje”… Cosas de ésas… ¿De verdad no se te apetece estar con Mati, teta a teta…?

RICHARD MATHESON

RAY BRADBURY

MATTHEW LEWIS

JAIME.- “Cabeza con cabeza”, ¡mira que andas salido, compañero…! Te concedo treinta segundos para contestarme o te expulsaré de mi paraíso bibliográfico con cajas destempladas… Mi novela favorita de Cain, venga, responde… Y no se trata de “El Cartero”…

FER.- Otra pista, te lo suplico, por favor… ¿Quieres que me ponga de rodillas y luego lo que surja…?

JAIME.- Tampoco se trata de “Perdición”, o si lo prefieres “Double Indemnity” … Y ya me estoy pasando en ponértelo fácil, caramba…

FER.- ¿Ha sido llevada al Cine…?

JAIME.- La clepsidra mide el tiempo, te lo aviso…

FER.- “Sinuhé, el Egipcio”. Mika Waltari. Publicada en 1945. Capítulo XII. Su protagonista, Nefernefernefer, era mala, malísima; al final, se arrepiente… Lo sabe todo el mundo, así que no es spoiling

NEFERNEFERNEFER, antes de arrepentirse; pero poniendo cara de buena para engatusar a los hombres…

JAIME.- No trates de distraerme con trivials del pasado siglo… “Rain drops keep falling on your head”… Se acaba el plazo…

FER.- Bueno, va… Con lo misógino que eres, te engañas a ti mismo pretendiendo que tu Cain favorito es “Mildred Pierce”, “Alma en Suplicio” para carpetobetónicos; pero, en realidad tu favorita es y será siempre…

MATILDE.- (cierra el libro y lo arroja al vacío) Yo fui, soy y seré su favorita ; y él, mi sultán Majarajá. Atención, señoras y señoras, ladies and gentlemen, madames et monsieures, madamen und herren, la favorita del sultán se  dispone a interpretar ante todos ustedes la danza de los siete velos… en privado.  Jimmy, desaparece o prepárate a sufrir una de mis crisis de ansiedad… Ésas que te dan ocasión de protegerme y, ya puestos,  de sentirte un hombrecito, cuando me tomas en tus brazos y sientes palpitar mi corazón bajo la blusa de organdí…

JAIME.- Si yo fuera Mike Hammer, te iba a enterar…

MIKE HAMMER, LUCIENDO PISTOLÓN

FER.- A veces, mi chica se pone un poquitín pesada, a qué negarlo…

MATILDE .- ¿Tú, Mike Hammer…? Y él (Señala a Fer), tampoco… Vaya un par de perfectos caballeros… Me habéis traído engañada… Nada por aquí, nada por allá… Virgencita, que no me quede como estoy… Será mejor que me dedique a escuchar música… ¿Alguien me echa una mano…? A Jimmy, ahí donde lo ves, tan heavy metal, le encanta Frank Sinatra: es un oldfashioned… Antes de tu llegada, lo estuvimos escuchando “vis a vis”… A punto de marcarnos unos bailes agarrados, tú, siempre intempestivo, te pusiste a llamar por el telefonillo como si no hubiera un pasado mañana… Lástima, Jimmy y una servidora “podíamos haber estado bailando toda la noche…”

FER.- (a Jaime) Está obsesionada contigo, ¿no te lo advertí…? Aprovecha la calva… (Jaime pone, de nuevo, a Michael Bublé; pero, esta vez a toda pastilla) ¿Y si bailásemos los tres…?

MATILDE.- No estarás pensando en montar una conga…

JAIME.- O un ménage-a-tròis… que ya te veo venir…

MATILDE .- ¡Qué malpensados sois los hombres…! Un círculo mágico… He dicho “mágico”, como los sujetadores,  no “círculo vicioso”… Hagamos una prueba… (Se enlazan e intentan seguir el ritmo de la música sin grandes resultados) ¡Qué divertido…! Acabo de notar que alguien ha pellizcado mi trasero… Haced el favor de comportaros: se trata de un baile de salón… La bacanal no empieza hasta más tarde… Eso, si hay suerte…

FER.- Yo no he sido…

JAIME.- Yo, tampoco… De hecho, son mis nalgas las que han sufrido un atentado hace un momento…

MATILDE.- A mí, que me registren…

FER.- Menos mal que no se te ocurrió decir “que me cacheen”… (Se deshace el círculo y prueban a bailar cada uno por su lado, con expresión adusta de estar perdiendo el tiempo…)

JAIME.- Voy a subir un poco el volumen, para crear un ambiente un poco más discotequero… (Lo hace)

MATILDE.- (Haciéndose oís a gritos) ¿No habías dicho que en esta casa había vecinos quisquillosos…?

FER.- Que se aguanten…

MATILDE.- La que no aguanta es aquí yo, la Srta. Matilde… (Vuelve a su Spillane)

JAIME.- Ciérrate de orejas… (Sube aún más el volumen) ¿Qué tal ahora…? ¿Mejor…?

FER.- ¡ Más madera, es la guerra…! (En un impulso, se agarra a Jaime y bailan juntos. Le habla al oído) Ya sé quién es tu Cain predilecto, pillastrón… ¿Quieres que te lo susurre en el oído…?

JAIME.- ¿Podrías hablar más alto…? Apenas se te escucha… Cambio y corto…

FER.- Tu Cain favorito es… es… (Suenan unos violentos golpes en la puerta, lo cual interrumpe el baile y la solución al acertijo)

JAIME.- Aguarda un momento… (Apaga la música y se dirige a la puerta)

MATILDE.- (Venenosa)¿Qué te apuestas que es tu abuelo recién salido de la tumba para evitar que te dediques a regalar su biblioteca a unos desconocidos…?

[Estalla, de repente, una fuerte tormenta]

FIN DE LA ESCENA 2

 

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LA BIBLIOTECA NEGRA

Aka

TITIRIMUNDI

ACTO ÚNICO

ESCENA 1

[Un apartamento hecho polvo. Tres puertas: al exterior, al baño y a la cocina. Una única ventana, sin cortinas. Un camastro. Una mesilla.  Un armario. Una atiborrada biblioteca. Una mesa camilla rodeada por tres sillas. Cojines de todos los colores repartidos por la estancia. Suenan ruidos en la puerta. Ésta se abre y aparece JAIME, veintipocos años, acompañado de MATILDE, algo más joven]

JAIME.- (Enciente la luz) Pasa, anda…

MATILDE.- ¿Aquí vives tú…?

JAIME.- ¿A ti qué te parece…? Si tienes frío, un aconsejo de amigo: no te desprendas del abrigo en ningún momento…

MATILDE.- Hospitalidad norteña…

JAIME.- A mi manera… De café, no dispongo hasta mañana por la tarde… Té recién hecho, ¿vale…? Sin limón, sin leche y sin azúcar… Comprobaré si han sobrevivido al desayuno alguna bollería. Ahorita vuelvo… (Entra en la cocina. Matilde se dirige a la biblioteca para curiosear)

MATILDE.- ¡Cielo santo…! ¿Qué clase de…? ¡Mickey Spillane, obras completas…!

JAIME.- (Dentro) Sigue hablando… Te oigo… Herencia de mi abuelo materno… (Asoma la cabeza) He puesto el agua a hervir… No quedan tazas limpias… Usaremos vasos… Duralex, ¿te vale?

MATILDE.- La cristalería de Murano no está ni se le espera… Habrá que conformarse.

JAIME.- Enseguida me apaño… Es cuestión de segundos… (Vuelve a desaparecer)

MATILDE.- No te preocupes…

JAIME.- (Entra en escena) No pensaba hacerlo, Mati querida… Lo siento, té finito… No querrás manzanilla caducada, supongo…

MATILDE.- Va a ser que no, gracias… Mis intestinos, el grueso y el delgado, han venido funcionando sin problemas, de momento…

 JAIME.- En ruda competencia con tus trompas de Falopio… Bueno… Pues entonces, lo dicho… Procurad no tocar nada, ¿vale…?

MATILDE.- ¿Hablas en serio, tío…?

JAIME.- Me refiero a mis cosas, no a las vuestras… Haced lo que tengáis que hacer- yo en eso no me meto ni me saco…-, levantáis campamento y salís dando un discreto portazo… Los vecinos existen; y no todos lo suficientemente amables como para aguantar orgías ajenas… ¿Qué os he pedido, a continuación…? A ver si lo conservas en tu mente…

MATILDE.- Dios, Jimmy… Me recuerdas a mi madre… ¿No serás hijo suyo de soltera…?  Te mandamos un mensaje por el móvil, OK?… ¿Te quedas más tranquilo…?

JAIME.- No pretendo pasarme en pie toda la noche, en el bazar chino de la esquina… He de terminar ciertos trabajos pendientes o mi tutor va a ponerse hecho una fiera… No te lo tomes tan a mal, por favor… Simplemente, estoy tratando de establecer unos mínimos previos al acto propiamente dicho, para vuestra tranquilidad y la mía… Espero de vosotros eso que, en términos taurinos, se conoce como “faena de aliño”… Además, el tal Fernando, si es el que yo creo, no te va a durar mucho entre las manos…

MATILDE.- ¡Mira quién fue hablar… El corredor de fondo…!

JAIME.- ¡Qué sabrás tú, magdalena a remojo…!

MATILDE.- Rumorología facultativa… Quien te probó, lo sabe…

JAIME.- Yo lo sé: autor, Lope de Vega… La estrofa utilizada es el soneto… Versos endecasílabos, dos cuartetos y dos tercetos y rima consonante…

MATILDE.- ¿Tratas de impresionarme con tu ex libris…?

JAIME.- Ya está tardando el galán de media tarde… Quedamos a las seis y son las seis y cuarto…

MATILDE.- Si tienes prisa, vete… Ya la explicaré yo la carta magna…

JAIME.- Quiero verle el careto… Masoquista que es uno…

MATILDE.- Ahora tú vas y te pones otelero sin hache de repente…

JAIME.- Hermanita, no te hagas ilusiones… Aliviaré la espera… (Manipula el teléfono móvil. Se oye a Michael Bublé) Música romántica… Velas, no uso… Y la linterna, en el improbable caso de que tenga pilas nuevas,  no parece adecuada en estos casos…

MATILDE.- (Coge un libro de la biblioteca, reúne unos cuantos cojines y se sienta) Prefiero la lectura…

JAIME.- Como quieras…

MATILDE.- “Bésame, moribunda”… ¿Qué clase de literatura frecuentas, me pregunto…? ¿No serás un sicópata, un asesino en serie…? Según parece, quien lo prueba, repite…

JAIME.- A ver cómo si no… Imperativo categórico… (Coge otro libro, otros cojines, y se pone a leer cerca de ella)

MATILDE.- ¿Qué estás leyendo…?

JAIME.- Boris Vian.

MATILDE.- ¿Otra joya de tus antepasados por parte de madre…?

JAIME.- A éste lo descubrí yo solo, por mi cuenta… Mira, “Escupiré sobre vuestra Tumba”… Literatura con mayúsculas…

MATILDE.- Rusa, supongo… Lo digo por lo de Boris…

JAIME.- Supones mal, querida… Francés completo… Basta ya de interrumpirme… Sigue con lo tuyo, caramba…

MATILDE.- Este Mike Hammer, para mi gusto,  resulta un poco bestia…

JAIME.- (Hablándole a su libro) Dice un “poco”, la bibliófila esa… (Suena un móvil) Lo que faltaba…

MATILDE.- (Atiende a su móvil) Mensajito de Fer… Tardará todavía unos cuantos minutos…

JAIME.- Habrá ido a comprar preservativos…

MATILDE.- Puede que estuviesen agotados… Habrá tenido que localizar otra farmacia…

JAIME.- Dispongo de un par, si no recuerdo mal, en aquella mesilla… Talla XXL…

MATILDE .- No, gracias… Perdona la pregunta, ¿tú, para qué los necesitas…?

JAIME.- (Se pone en pie) Llenos de agua, los meto en el congelador y me proveo de originales cubos de hielo para vaso largo…

MATILDE.- A sabes con quién te la andas montando…

JAIME.- ¿Te importa…?

MATILDE.- Curiosidad femenina, simplemente… (Se levanta también y quita la música) Frank Sinatra siempre acaba aburriéndome… Balada va, balada viene… Ni que fuera un cordero…

JAIME.- Craso error… Michael Bublé…

MATILDE.- Otro que tal baila… o canta… o lo que haga… Globitos, qué sé yo, vete a saber… Estoy empezando a perder la paciencia… Ya sé, no es culpa tuya, Jimmy querido… Se me ocurre una idea: Fer va y nos pilla besándonos apasionadamente… Entonces, se cabrea… Yo me cabreo también; y es entonces cuando intervienes tú y lo echas, con cajas destempladas, de tu casa…

JAIME.- ¿Y nosotros que hacemos…?  ¿Seguir leyendo… a Boris Vian, en mi caso; a Spillane, en el tuyo…? ¿Sabes que no parece mala idea…?  Yo nunca te he besado… Quiero decir con lengua… Curiosidad masculina toma y daca, ¿tú, a qué sabes…? Y, perdona, ¿qué tal andas de aliento…? En caso necesario, vas al cuarto de baño, ese de ahí: encontrarás un elixir bucal sabor a menta… Extrafuerte, por cierto… No tiene pérdida: color verde botella… Sobre todo si te pasas en bebida, es conveniente disponer de un frasco a mano… Lo prefiero al spray; así no se desperdicia tanto líquido…

MATILDE.- (Se acerca y le sopla) ¿Estás sintiendo mi perfume embrigador…?

JAIME.- Quita, quita, que me pongo estupendo…

MATILDE.- La verdad, no te imagino en calzoncillo y camiseta, jadeando, con la lengua de fuera…

JAIME.- Desnudo, gano mucho en morbo… Sobre todo, de espaldas…

MATILDE.- Lo siento, no acabo de captar por dónde van los tiros… ¿Eres gay…?  ¿Caliente, caliente…? Calla, no respondas ahora. Prefiero llevar una sorpresa…

JAIME.- ¿No estarás pensando en atacarme para pasar el rato…?

MATILDE.- En cuanto me quede un hueco libre…

JAIME.- En tu carné de baile, te refieres… Nada de Ananga Ranga…

MATILDE.- Me refiero a mis compromisos sociales… Fernandito el Apóstata me oye… (Recoge el libro, se acojina y regresa a la lectura). Y tú, déjame en paz, perro del hortelano…

JAIME.- Escucho y obedezco… (La imita, sin dejar de mirarla)

MATILDE.- ¡Será burro el tipejo…! Esa no es forma de tratar a las mujeres… Me refiero a Spillane…

JAIME.- Jim Thompson se lo monta allegro ma non troppo… “El Asesino dentro de mí”, creo recordar, andaba últimamente por el tercer estante, hacia la izquierda… ¿Quieres que te lo acerque…?

MATILDE.- Si no te importa mucho… (Le alarga el libro. Jaime se pone en pie, se hace cargo de él y se dirige hacia la estantería. Suena, estridente, el telefonillo de la entrada)

JAIME.- Mujer, levántate y anda… ¿No esperarás que le abra yo la puerta…?

[Oscuro]

FIN DE LA ESCENA 1

 

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