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Archive for the ‘Lo tuyo es puro teatro’ Category

ACTO 2

wolfman

Escena 3

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[Continúa la acción de la escena anterior. Entran Amelia, Rita y Ángel López. Rita ha sufrido una  una notable transformación: aunque sigue de uniforme, ahora es rubia, va ostensiblemente maquillada y el tamaño de sus senos ha aumentado lo suyo, todo lo cual hace que Irene retroceda, espantada, mientras Héctor se muestra muy nervioso]

HÉCTOR.- Exijo quedarme a solas con ella…

IRENE.- Monstruoso, no encuentro otra forma de expresarlo…

HÉCTOR.- (Avanza hacia Rita y recorre lentamente su silueta con los brazos abiertos, sin llegar a tocarla) ¡Qué error, qué inmenso error…! ¡Atrás, atrás…! ¡Quítese de mi vista…!  ¡Fui loco, ya estoy cuerdo…! Vade retro, Satana…

RITA.- Le advertí, en su momento, de que nos disponíamos a jugar con fuego. Me presté a todo sin chistar, por cuatro perras gordas. Así me lo agradece…

HÉCTOR.- ¡Debería destruirla…!

RITA.- Y ahora, amenazas… Menos mal que es en presencia de testigos…

IRENE.- No puedo creer que hayas sido capaz de… de recrear una criatura, imagen y semejanza de mi madre…

DR. LLANOS.- Considérelo, Srta. Irene, un homenaje póstumo, rendido a la memoria de la esposa ausente por parte de un hombre enamorado, su padre de usted, cuyo estado mental, como es sabido, a fecha de hoy, no pasa por sus mejores idus mensuales…

IRENE.- Si logro demostrar que estaba enterado de esta siniestra farsa, Dr. Llanos, no pararé hasta verlo sentado en el banquillo…

ÁNGEL LÓPEZ.- Contigo siempre, como un solo hombre, mi pequeña…

RITA.- Aquí nadie ha cometido un delito. Hice lo que se me pedía y no vi mal en ello…Se trataba de parecerme en todo lo posible a su señora, fallecida de cáncer hace años… Lástima que, al final, se torciese el meandro…

AMELIA.- Hable cuando se le pregunte, Rita… Menuda figurín, con perdón, salió usted hecha de lo que se suponía un salón de belleza acreditado… Lucía otro aspecto cuando fue contratada… Procure recuperarlo antes de que finalice la jornada o habrá de apechugar con consecuencias… Si pensó, en algún momento, el ir a salirse de rositas, es que no nos conoce como empresa… Seriedad, ante todo y cumplimiento riguroso de las reglas…

HÉCTOR.- Asumo toda responsabilidad por lo ocurrido…

IRENE.- ¿Hablas de responsabilidad, tú precisamente, un perfecto irresponsable, papá…?

HÉCTOR.- Quería volver a verla, una vez más siquiera… Sus rasgos se habían ido borrando de mi mente… Necesitaba ser capaz de imaginarla…

IRENE.- ¿No me tenías a mí…? Siempre dijiste que me parecía a ella… Si alguna vez te hubieses molestado en mirarme, habrías podido recordarla…

HÉCTOR.- Nada de mi Amparito permanece hoy en ti… Sombras y luz: ésa es la terrible diferencia entre vosotras…

IRENE.- Lamento no haber muerto en su lugar…

HÉCTOR.- ¿A qué engañarnos, hija…? Yo , a veces, lo lamento…

DR. LLANOS.- Amigo Héctor, modere sus exabruptos, por favor… Tales palabras sobrepasan lo admisible, aun teniendo cuenta las actuales circunstancias, y están causando un dolor improductivo en la persona de su hija… Me gustaría proponer un armisticio a los aquí presentes antes de dejarlo descansar de tantas emociones… Habida cuenta de que, en definitiva, hemos salido indemnes del complejo vericueto argumental, alcancemos un acuerdo amistoso: borrón y cuenta nueva… ¿Qué me dicen a eso…? Vamos, veamos: abierto queda el turno de palabra… Nos pide intervenir la señora directora…

AMELIA.- Bienvenido sea cuanto contribuya al sosiego de esta institución… De todo lo acordado, haré inmediato sabedor al Dr. Crespo…¡Está tan preocupado, a raíz de los últimos sucesos…! Agradezca usted, Rita, esta oportunidad que se le ofrece de volver al redil sin consecuencias…

RITA.- Sí, señora… Reconozco haberme pasado de la raya…

DR. LLANOS.- Es su turno, Sr. Cifuentes… Le aconsejo que no escatime tender puentes, hasta donde pueda llegar su amor de padre…

HÉCTOR.- Es como jugar al escondite inglés; alguien cierra los ojos, corre a esconderse el resto… Contaré hasta cien y, cuando acabe, todos ustedes ya no estarán aquí y podré mirar por la ventana, por comprobar si ha desertado alguna rata en la escombrera…

DR. LLANOS.- Ese rasgo de fino humor, tan sutil y tan suyo, me tranquiliza por completo. Traduzco la charada: usted también acepta mi propuesta…

RITA.- De cogerle el tranquillo, un encanto de hombre: se hace querer de todas y de todos…

AMELIA.- Habrá podido comprobar, Sr. Cifuentes, que la tan cacareada referencia al desenlace de “La Dama Del Lago” venía traída un poco por los pelos de salva sea la parte… No somos tan pérfidas ni arteras las mujeres que le han tocado en suerte, siempre pendientes de su felicidad y su buen acomodo, a pesar de sus rarezas de carácter… No muchas, por fortuna; y se compensan con virtudes notables de las que hacen gala sus maneras de perfecto caballero, solapadas bajo ferocidad grandguiñolesca…

HÉCTOR.- ¿Qué se puede esperar de un hombre-lobo…?

DR. LLANOS.- Irene, es usted la encargada de cerrar este pequeño acto conciliatorio de buena voluntad entre las partes… No me desilusione, por favor… Súbase al carro de nuestra selecta mayoría… La verdad se sitúa muchas veces sobre un juego de espejos… Resulta altamente arriesgado disparar; sobre todo, apuntando al corazón. Nunca se sabe quien acabará por resultar herido… o muerto.

AMELIA.- Escuche sus razones y hágale caso al Dr. Llanos… Se quedará tranquila… Él entiende mucho de estas cosas…

IRENE.- Por lo que a mí respecta, no ha de temblarme el pulso… Y, ahora, les dejo disfrutando de esta fiesta de buenas intenciones en almíbar, no apta para diabéticos… Tendrán noticias mías cuando haya consultado a un abogado… Soy una de esas ratas que, al decir de mi padre,  abandonan el barco definitivamente…

HÉCTOR.- Despidámonos pues… (Se acerca a ella) ¿Te sientes en condiciones de abrazarme…? Tú dirás…(Ella no sabe/ no contesta) Un último favor… Dispongo de un revólver sin licencia. Debe andar por ahí, disimulado; si se le busca, seguro que aparece…¿Te encargarás de  conseguir balas de plata…? (Ante la no respuesta de su hija, se dirige a la ventana y mira el exterior)

IRENE.- ¿Nos vamos, Ángel…? Necesito aire limpio…

ÁNGEL LÓPEZ.- Un momento, querida… He de dirigirme a la asamblea… ¿Alguien podría explicarme los motivos por los cuales se me deniega un turno de palabra…?¿O es que se me considera la hermana fea en todo este cotarro de las hadas madrinas…? ¿Acaso no sangro al ser pinchado…?  Pues así se me agravia, estaría en mi derecho de vengarme… Me conformaré con un poco de justicia…

HÉCTOR.- (gira sobre sí mismo por un instante, antes de volver a su posición) ¡Tres hurras por el muchacho Shakesperiano…!

DR. LLANOS.- Nada más lejos de mis intenciones que ningunearlo, joven… Diga lo que tenga que decir: sus opiniones, estoy seguro, resultarán provechosas para un satisfactorio desenlace de nuestros malhadados desencuentros personales…

 IRENE.- ¿Estás seguro de lo que vas a hacer…?

ÁNGEL LÓPEZ.- Tú déjame a mí…

AMELIA.- Sea breve, por favor. Tanto Rita como la paciente directora que le habla tenemos miles de tareas en las que ocuparnos,  garantizando así que este establecimiento funcione como esperan de él amigos y clientes: una tranquilidad de spa, ajena a cualesquiera sobresaltos…

ÁNGEL LÓPEZ.- Les garantizo a ambas el altísimo interés de lo que estoy a punto de someter a su distinguida consideración…

AMELIA.- Permítame dudarlo…

DR. LLANOS.- Querida directora, acójase al turno de réplica, en caso necesario… Mientras tanto, oigamos lo que tiene que aclararnos nuestro interlocutor…

ÁNGEL LÓPEZ.- Héteme aquí que, en mi rol de despistado policía, durante los ensayos previos y aun después, tuve ocasión de moverme a mis anchas por la “casa”- así la llaman, creo, puertas adentro-; por completo entregado a mi papel, devoto de Stanislavski hasta las cachas, se me ocurrió ir preguntando, aquí y allá, acerca de las interioridades del convento, a un selecto grupo de internados… ¿O acaso debo llamarles “residentes”…?

AMELIA.- “Residentes”, mejor, si no es molestia…

ÁNGEL LÓPEZ.- Ninguna en absoluto… Continúo… Para sorpresa mía, fui a enterarme de ciertas peculiaridades del establecimiento, a la hora de programar actividades lúdicas de supuesto carácter aleatorio …El abanico de posibilidades a la hora de elegir esparcimiento superaba con mucho las expectativas que uno podría formarse…

AMELIA.- En ello hemos venido trabajando de forma denodada desde siempre… Todos los eventos patrocinados por el equipo directivo cuentan con el visto bueno de nuestro staff de sicólogos titulados, garantizando su idoneidad en cada caso. A mayores, nos respalda la aprobación gubernativa. Disponemos de pruebas para acreditarlo documentalmente ante quien sea…

ÁNGEL LÓPEZ .-  Mi más cordial enhorabuena, Sra. directora… Sucede que, en el transcurso una de estas correrías intramuros, en uno de los salones destinado a lectura, fui a darme de bruces con cierta dama, algo entrada en años, la cual vino a hacerme saber algo así como que no le convencía ni poco ni mucho mi caracterización como su hijo mayor suyo, un tal Francisco, víctima mortal de un desgraciado accidente de moto por circular sin casco. Entenderán mi siguiente paso a dar: tirar del hilo…

AMELIA.- Almudena Lapiedra… Pobrecilla… Desvaría con frecuencia… ¡Tanto dolor, la pérdida traumática de los seres queridos…! Y más siendo carne de tu carne… Cualquiera se trastorna: yo lo entiendo…

ÁNGEL LÓPEZ.- Una vez aclarada mi identidad – la del agente López, por supuesto-, se desahogó conmigo aquel corazón roto por la más negra pena, que es la muerte de un hijo. Se quejaba – con razón, al parecer- de lo gravosos que representaban para ella ciertos extras semanales… Sesiones para conectar con los espíritus de los que ya han partido… Y, claro está, las actividades de carácter, digamos “preferente”, “preferente VIP”, y “preferente especial cinco estrellas”: disponer de un médium por horas, sexo a elegir, caracterizado ad libitum, en la variante estrellada,  para seguir en contacto personal con los ausentes, todo lo estrecho que se quiera, siempre que se abonen, por adelantado, los correspondientes recargos, más el IVA… En sucesivas entrevistas con otros residentes, descubrí nuevas posibilidades: relaciones íntimas completas, ambos sexos again, con o sin preservativo, para casos de viudedad traumática o de abstinencia extrema, todo ello con cuidado exquisito en lo tocante a medidas profilácticas… Lo mejor estaba por llegar, sin embargo… Mis entrevistados, en su totalidad, parecían estar de acuerdo en que la abeja reina del panal de rica miel no era otra que usted, Sra. directora, con ayuda de su lugartenienta chusquera Margarita Luaces… ¿Debo continuar con el pliego de cargos o es suficiente con lo anteriormente expuesto ante el jurado…?

HÉCTOR.- Sigue y no pares, discípulo predilecto del añorado Phillip Marlow … Imperdonable, por  parte de mi hija, el haberle atribuido, en la primera escena del acto segundo, el papel segundón de cierto elemental, querido Watson… Por Chápiro que me estoy viniendo muy arriba por momentos… Después de lo escuchado, viene a resultar que mi alusión a las mujeres fatales de “La Dama del Lago” no iba en absoluto descaminada…

AMELIA.- Dr. Llanos, hablaré sin rodeos, como es costumbre en mí, según debiera constarle a estas alturas… ¿Se suma o no se suma a un negocio floreciente, cuyo objetivo no es otro que hacer felices a nuestros queridos residentes en la última vuelta del camino, a cambio de una simbólica suma de pecunio, a descontar de sus pingües pensiones y/o sus opulentas rentas de capital acumulado…? A un hombre tan inteligente, no se le escapará el hecho de que, si queremos manetener la empresa a flote, se hace necesario aplicarle con urgencia ciertas medidas correctoras… Soltemos lastre y tomemos el cielo por asalto, para lo cual comenzaremos por contemplar la posibilidad de deshacernos de algunas monjas cojoneras ronroneando por encima del pastel de una mierda que es nuestra y solo nuestra. Mujer prudente, cuando escuché ciertos rumores sobre una encuesta envenenada realizada entre el personal de casa, me apresuré a pertrecharme de razones. Helas aquí… (saca un revólver)… ¡Manos arriba pollo y polla…! Por el viejo no hemos de preocuparnos: levita que da gusto en un mundo feliz, con su ración de soma de comunión diaria; se halla bajo control y no dará la lata… Tú, leoparda, arregátelas para colocarles las esposas sin hacerles demasiado daño… ¡Mira que eres burra: por ahí, no; por la espalda…! (Rita rectifica)

IRENE.- Confío en que el episodio en curso también forme parte del guion…

ÁNGEL LÓPEZ.- Supones mal, querida… Mucho me temo el haberte metido en un buen lío… Consuélate pensando en que tu padre obró bajo los efectos de la droga, víctima de una conspiración, si no judeo-masónica, por lo menos arácnida… Señora directora, se puede proclamar más alto pero no más claro: es usted peor que una tarántula…

IRENE.- Papá, yo ignoraba  por completo…Lo siento, lo siento…

HÉCTOR.- Necesito dormir… Últimamente, lo veo todo borroso… (se deja caer en el sillón) Ya pondremos todo en claro, hija querida, cuando encontremos hueco… (cierra los ojos y permanece inmóvil)

AMELIA.- Dr. Llanos… ¿O me permites que, a partir de ahora,  te llame mi chulazo, machoman y pedazo de hombre, aprovechando que tenemos confianza…? Te explicaré los pasos dar a continuación hasta alcanzar el éxito esperado. Yo te informo: de Poldo y Cris, seguretas de puerta, ambos expresidiarios por delitos de estupro y tráfico de blancas, no hay por qué preocuparse en absoluto; maman de nuestra teta. Harán la vista gorda de cuanto aquí suceda… ¿Conoces una peli titulada “La Mujer de Cemento”…? A buen entendedor, pocas palabras sobran… Y luego a disfrutar del amor libre en Punta Cana…

RITA.- Y a mí, ¿dónde me dejas…? Me gustaría saberlo…

AMELIA.- Carabina de Ambrosio… Te vendrás con nosotros: donde cabemos dos, tú también cabes… Ante el mundo, ejerciendo de mi doncella personal…Hay que ver: a tus años, doncella ; y yo, con estos moños… Y ahora, habla tú, mon goose: restriégame en los morros que te dispones a comerme toda entera…

RITA.- Lo sabía: qué lesbiana ni que niña muerta; tú eres una viciosa y una bajabraguetas… Y lo vas a pagar: a mí no se me toma por el pito del sereno, ni mucho menos por  la concha de tu madre… ¡Te aplastaré cual inmundo gusarapo…! Y esta vez, no será entre mis piernas: morirás a  mis manos… Mis dedos tiemblan, hambrientos de gatillo…  (le arrebata la pistola y vacía el cargador sobre Amelia; Héctor sigue sin moverserse)

INSPECTOR LLANOS.- (se quita la bata) Margarita Luaces, queda usted detenida por asesinato en primer grado. Me presentaré: soy el inspector Llanos. El Dr. Crespo me pidió que investigara lo que estaba sucediendo en esta residencia, donde había detectado oscuros compartamientos por parte de la dirección, presuntamente de carácter delictivo. Como vemos, no estaba equivocado…

RITA.- Por mí, no se preocupe, camaleón de los cojones: me doy por detenida… La vida no me importa, sin mi chica… Incluso muerta, me resulta atractiva… ¡Qué hermosa está, con los ojos cerrados…!  Y parece dormida… Quizás pudiera despertarse con un beso… ¿Me permite…? Luego haga conmigo lo que quiera… (se arrodilla y besa a Amelia en los labios) Dulce princesa, mala eras y no vamos a negarlo…¡Pero en mi cama nunca hubo nadie como ella…! ¡Ojalá hubieses podido llegar a conocer mis nuevos senos, carne de anón, con sabor a guanábana madura…! ¡No llegaste a palparlos, Macorina…!  (Se pone en pie y extiende las manos, en demanda de esposas).

INSPECTOR LLANOS.- Un momento…Sr. Cifuentes, vuelva en sí, hombre de dios… La función está a punto de acabarse… (lo zarandea un poco) ¡Caramba, no se mueve…! (Rita regresa junto al amor de sus amores)

IRENE.- ¡Padre, padre…! ¡Ahora no, por favor…!  Estoy segura de que lo has hecho a posta, cabronazo…

ÁNGEL LÓPEZ.- Pruebe a tomarle el pulso, doctor, inspector o lo que sea…

INSPECTOR LLANOS.- Me temo no haga falta… Luce todas las pintas de un cadáver: ese color verdoso poca duda nos deja… Y hasta ha empezado a oler a podrido en Dinamarca, ¿no lo han notado…? Hedor característico de la descomposición de la carne en progreso imparable… Les aconsejo que se tapen las narices…

HÉCTOR.- (se pone en pie de un salto) Los licántropos somos gente de piel dura… Balas de plata son el santo remedio… Hija mía, aparte de haberme llamado cabronazo, ¿hay algo más que deba saber de tu estado de ánimo…? Mientras lo piensa, joven, aproveche para pedirme la mano de la fiera de mi niña… Hija de un hombre lobo virtual, no podía salir de otra manera…

ÁNGEL LÓPEZ.- Encantado; enseguida se la pido… Sr. Cifuentes, mejor dicho, papá, ¿me concede este baile…? Vaya, me equivoqué… Quise decir “la mano de su hija”…

HÉCTOR.- Toda tuya… Agradéceselo al Sr. Inpector: él ha sido quien ha resuelto este misterio…

AMELIA.- (A Rita).- Tú no te diste cuenta, tontorrona: se trataba de balas de fogueo…Oye, escucha: aprovechando que están entretenidos con sus epitalamios, tú y una servidora, por no decir tu esclava, nos abrimos de pies en polvorosa y nos vamos las dos, en amor y compañía, a mojarnos al Sol en Punta Cana… ¿Qué te parece el plan, mi pequeña malvada, mi asesina de noches…?  (salen sigilosas, sin ser notadas, estando ya la casa sosegada… Se escucha, ahora lejano, el doliente aullido del lobo. Estalla una tormenta y, por raro que parezca, se hace el oscuro definitivamente)

                             FIN DE “EL LICÁNTROPO”

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ACTO 2

wolfman

Escena 2

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[Han transcurrido unos instantes desde el fin de la escena anterior. Irene y su padre se han quedado solos ante el peligro de ellos mismos.]

IRENE.- Una vez más, te libras por los pelos…¿Qué habrá visto en ti  tu ángel de la guarda…?

HÉCTOR.- ¡Me siento tan cansado…! Me duele la cabeza… ¿Dónde habrán ido a parar esas malditas gafas…?

IRENE.- En tus propias narices… Es más: las llevas puestas…

HÉCTOR.- Lo veo todo borroso…

IRENE.- Conmigo, excusas el hacerte la víctima: estoy inmunizada…

HÉCTOR.- ¡Si pudiera acostarme y descansar un rato…!

IRENE.- Hazlo a tus anchas, nadie te lo prohíbe…

HÉCTOR.- Esperamos visita…

IRENE.- Pero no de cumplido. Contamos con la suficiente confianza… Los que están por llegar resultan ser viejos conocidos… Acércate y te ayudo… Es quitarse la bata y descalzarte. Serías capaz tú solo, no me vengas con cuentos…

HÉCTOR.- Ojalá…

IRENE.- Ojalá de hojalata… Podrías probar alguna vez a no agobiarme con tus falsas urgencias de viejo maniático… ¿Permites que me acerque o continúa vigente la orden de alejamiento…?

HÉCTOR.- Quédate donde estás… El aire deberá circular siempre entre nosotros… Una antigua promesa que lograste arrancarme en el lecho de muerte de tu madre… No creas que lo he olvidado…

IRENE.- No hay quien pueda contigo… Tú ganas: una vez más, me rindo… Recurramos a tópicos mundanos… ¡Menuda sorpresa me he llevado…! Tú, no, a lo que parece… La alusión a “La Dama del Lago” me ha hecho gracia…

HÉCTOR.- (se anima) A pie de desenlace, ninguno de sus personajes femeninos era quien decía ser… Cuando lo escribió, el bueno de Chandler, tan dipsómano él, y tan misógino,  debía de encontrarse con un resacón tremendo… “Lady in the Lake” vendría siendo un rebuscado baile de disfraces para mujeres malas…

IRENE.- Yo he sido siempre yo, en la presente historia…

HÉCTOR.- Lo cual, querida mía, tampoco no es para echar las campanas al vuelo…

IRENE.- Tu odio hacia las féminas en general me tranquiliza…”La mujer es un lobo para el hombre”, te oí decir una vez en una cena de matrimonios, siendo yo adolescente. A tus amigos varones les hizo mucho gracia… Por la parte que me toca, desde entonces, puedo asimilar comportamiento conmigo como algo no personal; y ello me alivia ni te imaginas cuánto… Hasta me siento capaz de llegar a conocerte a medias algún día…

HÉCTOR.- Emocionado y agradecido… ¡Oh, cielo santo, hija…! ¿Cuándo vas a dejar de perseguirme…?

IRENE.- (en la puerta, a voces) ¡Dr. Llanos…! ¿Le importaría venir y hacerse cargo del paciente…?  (Entra el falso Inspector Llanos, vistiendo bata blanca, seguido del todavía más falso Agente Lopez, que se apresura a mear su territorio besando en los labios a Irene)

DR. LLANOS.- Me acuso de haber abusado de su buena voluntad, Srta. Cifuentes…

IRENE.- He hecho lo que he podido por mantenerlo en calma… Simplemente, las personas normales tenemos ciertos límites…

ÁNGEL LÓPEZ .- ¿Por qué no me presentas a tu padre…?

IRENE .- Éste es Ángel, papá… Nos conocimos en un curso de yoga… Hemos salido mucho juntos en los últimos meses…

HÉCTOR.- Encantado… Feliciten al Dr. Crespo de mi parte… Supongo que la terapia ha terminado… Y ahora, ¿qué…?

DR.  LLANOS.-Tenía usted razón, amigo Héctor: el doctor Crespo, un buen amigo mío, solicitó mi intervención en un electroshock emocional sin cables de por medio. El método procede de Suiza, donde ha proporcionado resultados ciertamente halagüeños. Debemos enfrentarnos a un ejercicio que toma como punto de partida un pscodrama en el que el paciente participa, interpretándose a sí mismo en el transcurso de una trama relacionada con su propia experiencia, lo cual le permite interprtarla, juzgándola como actor y espectador al mismo tiempo. Al final del camino, le será fácil, al menos en teoría, sacar unas consecuencias coadyuvantes a su curación definitiva.

ÁNGEL LÓPEZ.- Buena la armamos. Nos obligaron actuar como si estuviésemos en el teatro, aun en el caso de no hallarse usted presente…

HÉCTOR.- ¿Dónde esconden a Rita…?

IRENE.- Me he perdido, doctor…¿Podría explicarnos de qué va todo esto…?

DR. LLANOS.- ¿Me autoriza a contárselo a su hija…? ¿O prefiere ser usted quien nos dé su versión, sin recurrir a intermediarios…?

HÉCTOR.- Haga lo que mejor le parezca… Pero déjenme verla, por favor… ¿Cómo tengo que pedírselo…?

IRENE.- Proceda usted, doctor. Confío mucho más en su palabra…

HÉCTOR.- Gracias.

DR.  LLANOS.- Su padre, Srta. Cifuentes, a cambio de una fuerte cantidad, convenció a Margarita Luaces, empleada de esta residencia, para ser sometida a un tratamiento, a realizar en una clínica privada de reconocido prestigio, con objeto de realizar ciertos retoques en su anatomía; al parecer, su aspecto físico no era lo suficientemente llamativo para estar sometido a sus cuidados. Por expresarlo con palabras suaves, la encontraba un tanto rústica para su darle el aprobado como asistenta suya. El problema surge cuando, durante el tratamiento, se presentan complicaciones de tipo alérgico, obligándola a permanecer internada un espacio de tiempo mayor de lo previsto en un principio… Como cabía esperar, cunde la alarma a nivel familiar y laboral… El resto ya lo sabe, amigo Héctor… Intentamos averiguar hasta qué punto conocía usted detalles de esta ausencia… El regreso de Rita, sana y salva, una vez superados los problemas alergénicos, nos ha permitido tranquilizarnos a todos…

IRENE.- Papá, ¿cómo has podido…? ¿De dónde sacaste el dinero…?

HÉCTOR.- Vendimos algunas joyas de tu madre; o mejor dicho: mías, yo se las regalé, depositadas en la caja fuerte de la residencia…

IRENE.- Eres un cerdo… Debí inhabilarte en su momento…

DR. LLANOS.- Tranquilícese… Habrá tiempo para hablar de todo eso…

HÉCTOR.- Quiero ver a Rita; estar con ella a solas… Vayan a buscarla…

DR. LLANOS.- Antes, debe decírselo a su hija… Ella no la ha visto todavía…

IRENE.- Tampoco deseo ponerla ante mi vista… Me temo no sería capaz de contenerme…

DR. LLANOS.- Mi consejo es que no se quede al margen de un importante factor del entramado en curso, por mucho que le duela el conocerlo…

IRENE.- ¿Algo peor…? No se me ocurre…

HÉCTOR.- Siempre te he considerado un tanto corta…

ÁNGEL LÓPEZ.- Oídos necios… No sabe lo que dice… (Intenta abrazara a Irene; es rechazado)

DR. LLANOS.- Acabemos con esto…¿Sería usted tan amable, joven, de localizar a la directora y rogarle que acompañe hasta aquí a Margarita Luaces…? Su comparecencia ante nosotros nos ahorrará un montón de explicaciones… Juzgará usted misma, Srta. Cifuentes, el rebaladizo terreno sobre el que hemos venido caminanando…

ÁNGEL LÓPEZ.- ¡A sus órdenes, jefe…! (Sale pavoneándose, satifechísimo de su propio ingenio)

HÉCTOR.- Hija…

IRENE.- Padre…

HÉCTOR.- Me preocupa tu reacción,  de aquí a unos instantes… Lo siento, apenas puedo sostenerme en pie… Sé buena y ayúdame a llegar hasta ese asiento… (Lo hace el Dr. Llanos, en vista de que ella no se mueve).

IRENE.- Está fingiendo…El hombre lobo se hace pasar por la abuelita… ¿Desde cuándo has sentido escrúpulos a la hora de abalanzarte sobre mí, intentando devorarme, como ya habías hecho con mi madre…?

DR. LLANOS.- A ser posible, evitemos convertir este compas de espera en memorial de agravios… Las metáforas contribuyen a embellecer las obras literarias: en la vida real, a menudo se convierten en cortina de humo de los verdaderos problemas a tratar…

HÉCTOR.- Durante todos estos años, mi hija me ha venido acusando de la muerte de su madre, por haber respetado una voluntad libremente expresada de no ser sometida a cirugía mamaria… Consideraba sus pechos un jardín en su cuerpo, su tesoro escondido, y no estba dispuesta a verlos arrojados, enrtre gasas, a una sórdida cubeta de quirófano… Le aseguré que a mí me daba igual: iba a querarla siempre; ella me respondió que yo nada tenía que ver en ese asunto… Como mujer, podrías, al menos, comprender una decisión que le iba a costar la vida…Te aseguro que era consciente de ello. Y eligió, aun a sabiendas de lo que le esperaba… Sigo esperando de ti hoy, si no otra cosa, por lo menos un poco de respeto…

IRENE.- Sus pechos…

HÉCTOR.- Sí, sus maravillosos pechos…

IRENE.- Mamá no me amamantó cuando nací… O no quiso o no pudo… A los míos nunca les he profesado un gran aprecio… Puedo afirmar que jamás he han servido de gran cosa; para atraer a los hombres, por lo menos…Quizás esté en condiciones de alegrame: al tenerlos tan bellos como dices, ella firmó su sentencia de muerte, contigo de testigo y albacea…

HÉCTOR.- Yo he amado a tu madre. Y todavía la amo. Si lo sé es porque no me he resignado a no tenerla entre mis brazos…

IRENE.- Eres tú ahora quien no demuestra muchas luces… No volverás a verla a ella ni a sus pechos… (Suenan unos discretos golpes en la puerta)

AMELIA.- (fuera).- Dr. Llanos, ¿puedo hacer pasar ya a la oveja perdida…?

DR. LLANOS.- Un segundo tan solo, todavía… Sr. Cifuentes, se lo ruego… Olvídese de los juramentos del pasado… Acérquese a su padre y proceda a abrazarlo, antes de que sea tarde… (Ella lo hace fríamente, por la espalda) Amelia, ¿me escucha? Abra la puerta pues… (Comienza a abrirse la puerta) Adelante, adelante… [Oscuro]

FIN DE LA ESCENA 2, 2

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wolfman

ACTO 2

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Escena 1

[Continúa la acción donde la dejamos en el final del acto anterior. El Agente López aúlla que se las pela, en plan folklóric@]

       AMELIA.- Oiga, joven, modere sus impulsos licantrópicos… ¿Dónde se cree que está ubicado…?

AGENTE LÓPEZ.- En la pantalla de un ordenador, por el momento…

IRENE.- Ya ha vuelto a las andadas… Haga algo, inspector… Mándelo a por tabaco rubio…

INSPECTOR LLANOS.- Cuando no lo provocan, mi subalterno suele resultar completamente inofensivo…

IRENE.- ¿Qué culpa tengo yo si me ha confundido con su Caperucita Encarnada…?

INSPECTOR LLANOS.- Para quieto, tú, agente… Y recoge todos esos mamotretos, no sea que alguien los pise y deteriore, en un imperdonable descuido… Sin contar con que aquí apenas hay manera de moverse…

AGENTE LÓPEZ.- (deja de aullar) Eso está hecho… (afanoso, se pone a recoger)

HECTOR.- ¡Pido la palabra…! Sra. directora: sepa usted que la hago responsable de todo este quilombo circundante… Aguardo explicaciones: hable por esa boca es suya o calle para siempre… Yo me largo de este improvisado goulag a la española… Irene, si es que todavía no te has pasado al enemigo, ¿ puedo contar contigo para hacer el equipaje…? ¿Has escuchado, hija…?

IRENE.- ¿Con todo este jaleo…? Lo siento mucho, padre y muy señor mío… ¿Te importa repetírmelo por señas…?

AMELIA.- Recomendaría encarecidamente a los presentes no perdieran ni los modales ni el sistema nervioso central… Usted, Héctor, haga el favor de no decir más tonterías… ¿Qué es eso de que piensa abandonarnos…? ¿Adónde iba a ir, hombre de dios…? ¿Qué va a pensar el Sr. Inspector de su espantada…? ¿No comprende que lo convierte en sospechoso…?

HÉCTOR.- Yo sospecho de él… Andamos igualados: toma y daca…

INSPECTOR LLANOS.- Si pudiera explicarse, Sr. Cifuentes, sería de agradecer, se lo aseguro… ¿Qué sabe usted de mí que yo no sepa…?

HÉCTOR.- Creo  que el affaire de la desaparición de esa mujer se lo ha estado inventando para poder meter su ganchuda nariz en asuntos ajenos; los míos, sin ir más lejos… Lo de Rita la Cantaora vendría siendo un macguffin…¿Estoy equivocado …?

AGENTE LÓPEZ.- ¿Un mac qué…? ¿Se refiere acaso a una hamburguesa con patatas fritas…? ¿Un perrito caliente…? Vaya, parece que se me están empezando a abrir los apetetitos gástricos…

IRENE.- Papá ha dicho un macguffin, no un macdonald… ¿Tendrá estudios primarios este hombre…? Así llamaba Hitchcock a ciertos señuelos argumentales para poner en marcha sus tramas de suspense, ¿sabe usted?… Nada que ver, faltaría más, con suspensorio… ¿Entiende lo que hablo, agente López…?

HÉCTOR.- Podrías llevarlo al cine alguna tarde…

IRENE.- ¿A las últimas filas…? Tampoco es para tanto… Por lo visto, sus más perentorias apetencias se centran en la carne de vacuno y / o porcino…

INSPECTOR LLANOS.- Antes de ser groseramente interrumpidos por esa hija de usted, si es que lo es, me pareció entender, Sr. Cifuentes, la siguiente falacia salida de sus labios tumefactos…¡Hay que cuidar esa tensión, amigo mío …! De acuerdo a su teoría, Margarita Luaces está, pero no está; o, en todo caso, no alcanzamos a verla por no hallarse a la vista: debe haberse escondido… Y lo habría hecho, una vez recibidas las oportunas instrucciones, con el fin de provocar nuestra intervención en el asunto… Intervención aparentemente rutinaria, por supuesto; pero que escondería una investigación de mucho mayor calado, en paralelo…

HÉCTOR.- Más o menos…

INSPECTOR LLANOS.- Decídase, no se ande por las ramas: ¿más o menos…?

HÉCTOR.- Más y mejor… Recurra a la Central de Inteligencia; otrosí, revise sus archivos adjuntos. Siempre queda constancia en algún sitio de una operación ultrasecreta de tal envergadura…

AGENTE LÓPEZ.- ¡Está como un cencerro…! Ya he terminado, jefe… A ver si ha sido por culpa de los libros…

IRENE.- Somos dos a pensarlo, joven Watson: al más puro estilo manchego. Reconozccámoslo: mi papá anda algo flojo de tornillos… Siento debilidad por los hombres sagaces, ¿se lo había comentado…?

AGENTE LÓPEZ.- ¿ “Hombre sagaz”…? Depende de qué saga… ¿Le he comentado yo lo mucho que me encantan sus encantos tangibles…?

AMELIA.- De persistir en su desconsiderada actitud, agente, me veré obligada a pedirle que abandone este cuarto… Apuntaré su número de placa a la siguiente… No bromeo. Y a usted, Srta. Irene, ¿no le da vergüenza referirseirse a su padre en esos términos…?

INSPECTOR LLANOS.- (coge a Héctor por el brazo y se lo lleva aparte) Nosotros, a lo nuestro… Puesto que nos hallamos ante una simulación, unas falsas pesquisas en torno a un delito que nunca existió, cabe suponer que quien le está hablando tampoco es un inspector de policía como dios manda…

HÉCTOR.- Eso lo afirma usted: allá películas…

INSPECTOR LLANOS.- Y los mismos o parecidos argumentos valdrían para el agente López, tan despistado él, tan  metido en su papel de “gracioso” del Siglo de Oro…

IRENE.- O incluso de galán, según se mire…

HÉCTOR.- Tampoco lo descarto por completo… A la dama en cuestión, le vale cualquier cosa para montar sus carmina burana… En lo bucólico, ha salido a su abuela materna Rosalía; a mí, no, conste en acta…

INSPECTOR LLANOS.- Asigneme un papel en esta farsa… Vamos, sin miedo… Por si acaso lo duda, voy a aclararle algo: soy real; no ha estado alucinando… Puede tocarme para comprobarlo…

HÉCTOR.- Dé la cobra por hecha…Mariconeos, los justos…

 INSPECTOR LLANOS.- Vaya, me he sonrojado…¡Seré bobo…!

HÉCTOR.- Quizás porque, en el fondo, le ha dolido o no esperaba mi rechazo…

INSPECTOR LLANOS.- Ahora en serio… Medite bien la respuesta antes de hablar… ¿Qué se esconde bajo mi disfraz de rudo polizonte…? No me conteste que un inspector de hacienda…

HÉCTOR.- ¿Jeguecitos con cámara oculta…? ¿Algún reality televisivo…? ¿Es que he caído tan bajo…?

INSPECTOR LLANOS.- Frío… Muy frío…

HÉCTOR.- Avisaré a los de mantenimiento… Lamento no hallarme en disposición de proporcionarle una bufanda… Un intento más y lo dejamos… Usted vendría siendo uno de esos esbirros que, periódicamente, tiene a bien enviarme el Dr. Crespo, intentando sonsacarme información…

INSPECTOR LLANOS.- ¡Chapeau…! Acierto a la tercera… Veamos pues qué oscuros designios se esconden detrás de mi solapada incursión en su sancta sanctorum…

HÉCTOR.- En casa del herrero… He aquí un extraño policía que no prueba su propia medicina y se dispone a confensar, de buenas a primeras, sin ni siquiera haberle sido aplicado el tercer grado…

INSPECTOR LLANOS.- Sírvase usted mismo: demuéstrenos su palmaria superioridad tomando la delantera y dejando mi plan al descubierto…

HÉCTOR.- Demasida plebe abierta de orejas campando a sus anchas por el foro…

INSPECTOR LLANOS.- Lleva toda la razón, Sr. Cifuentes… Presumo de prolijo y no había caído en ello: imperdonable… Mandaré despejar los graderíos… Agente López, haga el favor de acompañar a esas nobles matronas a las termas de Carcalla, donde puedan solazarse a sus anchas, disfrutando de sendos pediluvios… César Augusto y un servidor a punto estamos de intercambiarnos, quid pro quo, sabrosos secretos de estado que, dado su carácter reservado, solo nos atañen a nosotros dos en comandita, tête-a-tête…

AGENTE LÓPEZ.- Volando, jefe…  (aparte) ¿Se le habrá contagiado el desvarío…? Ya lo han oído, señoras: por allí se va a los camerinos… Y que no tenga que volver a repetirlo…

IRENE.- En el caso de no mostrarnos lo suficientemente diligentes, ¿nos va a mostrar su porra, agente López…?

AMELIA.- Preferiría, si no es demasiada molestia, permanecer aquí, en calidad de responsable de este establecimiento y, a mayores, de la calidad de vida del Sr. Cifuentes, cuya inestabilidad emocional ya ha sido de sobra acreditada… Usted, Irene, puede hacer lo que quiera… Yo me quedo; al pie del cañón, antorcha en mano…

IRENE.- Al grito de “¡nunca entraréis en Zaragoza…!”…

HÉCTOR.- Les doy medio minuto para desaparecer de mi vista… Luego comenzaré a romper los muebles y a llamar a los bomberos…

INSPECTOR LLANOS .- Señoras, hagan el favor de desalojar el inmuble…El propio interesado se lo está pidiendo por las buenas… No prolonguemos más esta desagradable situación de impasse…

IRENE.- Lo que es Agustina de Aragón y una servidora, no pensamos movernos…

 INSPECTOR LLANO.- Proceda, Agente López…

AGENTE LÓPEZ.- Vayan saliendo de una en una, sin alborotos y sin perder el paso… Chitón he dicho, y ay de quien se desmande, porque, aunque sea a mi pesar, me vería obligado a emplear un severo correctivo tentetieso… (A Irene) No se preocupe, prenda, ¿no se nota que todo esto es una pantomima…?

IRENE.- ¿También lo de atizarnos con su porra…? No ocultaré que cierta íntima amiga mía, de puro ilusa, se las prometía muy felices con el tema…

AMELIA.- Elevaré a un informe a la delegación del gobierno, Sr. Inpspector: cuente con ello… Amistades me sobran a las que dirigirme… (salen)

INSPECTOR LLANOS.- Al fin nos han dejado solos, amigo mío… Pardiez, si te parece, podríamos tutearnos… ¿Por dónde quieres que empecemos…?

HÉCTOR.- Dr. Cómo Se Llame, una cuestión de orden… Lo veo empecinadísimo en salir del armario, con mis otoñales encantos en el ojo del huracán; pero le advierto que no puedo prometerle nada… Quizás en un próximo futuro, de propiciarlo la espuela del momento… Tiempo al tiempo…

INPECTOR LLANOS.- Torres más altas han caído… Es broma, es broma…

HÉCTOR.- ¿Por qué no lo intenta con su enfermero…? Creo que, aparte de apuntar maneras, le profesa una admiración  susceptible de echar por tierra cualesquiera barreras o convencionalismos al uso…

INSPECTOR LLANOS.- Mi ayudante, me temo, aun en el caso de ser cierto lo que está insinuando, y no lo es en absoluto,  jamás sería mi tipo para cambiar de bando…

HÉCTOR.- ¿Demasiado inexperto…?

INSPECTOR LLANOS.- (entre dientes) Demasiados pelos en los huevos, no te jode el loco de Cañete…

HÉCTOR.- Culteranos barnizados somos; el corazón me dice que vamos a acabar por entendernos…

INSPECTOR LLANOS .- No en los terrenos donde se imagina… En cualquier caso, me apresuro a pedirle mil disculpas por emplear tal lenguaje cuartelero con usted…

HÉCTOR.- ¿ Es necesario apearnos del tuteo…?

INSPECTOR LLANOS .- Para ti la China, camarada; y para mí, el Japón… Te propongo un pasatiempo inofensivo: yo te ofrezco una frase inconclusa, que ha de ser terminada. Después de tres aciertos consecutivos, se gana la partida… Te muestro cómo va; yo digo: “Soy veraz, en cuanto siempre digo la verdad; y soy mendaz, en cuanto…”. Vamos, inténtalo… “Soy mendaz, en cuanto…en cuanto…” ¿En cuanto qué…? ¡Pero si es muy sencillo…! Solo hay que completarlo con un poco de lógica…

HÉCTOR.- Soy mendaz en cuanto afirmo mi ignorancia sobre lo que le haya podido ocurrido a esa mujer, Rita… Usted y yo fingimos no saberlo, Sr. Inspector… [Entra a la carrera el Agente López, visiblemente emocionado]

AGENTE LÓPEZ.- ¡Jefe, jefe…!  ¡Un notición para el telediario de las nueve…! Estoy que no me llega la camisa al cuerpo del delito, con el susto… Lo que se llama un “desenlace inesperado”…

HECTOR.- ¿A lo “Dama del Lago” de Chandler, quizás…? [Oscuro]

FIN DE LA ESCENA 2/ 1

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