Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Lo tuyo es puro teatro’ Category

AiMEZ-VOUS JEEVES…? (2)

(Comedia tirando a baja en un acto y tres cuadros)

Cuadro 2

[Ha pasado, con creces, la famosa semana bisiesta. El sillón lo ocupa ahora PERKINS, que anda revisando papeles como si no hubiese hecho otra cosa en su vida. ELVIRA, plumero en ristre, revolotea por la estancia en busca de polvo.]

ELVIRA.- A la señora, hay que aprender a cogerle  su tranquillo. A veces, te entrarían ganas de matarla; pero, si está de buenas, pocas veces son ésas, hasta puedes llegar a soportarla… En cambio a él, se me atraganta, mira. Dientes en los ojos y una derecha tonta, subida a liana viene y va siempre que nos cruzamos por esos corredores… ¿Escuchas lo que digo o andas a lo tuyo…?

PERKINS.- (Va de sobrado) Tú hazme caso a mí: imagínatelos a los dos sentados en la taza del retrete a la hora del esfuerzo mañanero y dejarás de tenerles tanto miedo… No se comen a nadie.

ELVIRA.- No están los tiempos para quedarse sin trabajo… Menos mal que has llegado tú y nos has subido la moral… Yo, con las mujeres, no me entiendo… Menuda bruja, Rosa, la cocinera, siempre pendiente de tus ires y venires, para ir con el cuento en las alturas… Además, huele a ajo macho que tumba. Puesta a elegir, me quedaría con la señora: así de claro…

PERKINS.- No te me equivoques…

ELVIRA.- Lo digo de labios para fuera… Bueno, ¿de qué vas tú…? Te lo pregunto por no perder mi tiempo…

PERKINS.- Será mejor que postergamos tan interesante tema…  (Se levanta de un salto) ¿No has escuchado abrir la puerta de la calle…? Ahueca el ala o me buscarás un lío…

ELVIRA.- Menos mal que me avisas… Pies para qué os quiero… (sale pitando, olvidando el plumero en algún sitio, mientras Perkins finge tomar notas. Entra DAMIÁN a cara de perro).

DAMIÁN.- ¡Fuera de ahí…! ¿Quién te ha dado permiso…?

PERKINS.- Ordenaba sus agendas, señor, tomando nota de los asuntos prioritarios… Si ocupé su lugar es por la perspectiva que ello proporciona, siempre a favor de ganar tiempo y optimizar los resultados…

DAMIÁN.- Respuesta para todo… Pero te pillaré tarde o temprano…

PERKINS.- ¿Tuvieron una salida satisfactoria los señores?

DAMIÁN.- ¡Métete en tus asuntos, maldita sea tu estampa, Perkins…! ¡Menudo sabañón me ha salido contigo…! (Recorre la estancia con la vista y descubre el plumero) ¿Qué demonios es eso…?

PERKINS.- (Se hace cargo de él) Imperdonable descuido por parte de la doncella, señor… Ejerceré una vez más de ama de llaves, leyéndole la cartilla sobre sus obligaciones…

DAMIÁN.- Tuvimos una, Sonia o Sofía, ya no me acuerdo… Hubo que despedirla por insubordinada: se pensaba la reina de la casa… Volviendo a Elvira… Se le ve el plumero… Acabo de hacer un chiste,  ¿no te ríes…? Espera que te ponga al día con lo que pasa… De lo bien rematada que está, ya te habrás dado cuenta… Mollar es la palabra justa…

PERKINS.- Linda, sí; pero un poco falta de picante, si me permite el señor…

DAMIÁN.- ¡Entiendes tú tanto de mujeres…! Un rival menos. Tengo grandes planes con esa chica como estrella invitada de un apretado programa de festejos. Le he apostado a la señora que reúno condiciones sobradas para ganármela como aliada… y lo que surja, que surgirá… y si no, al tiempo… He pensado confiarte un pequeño papel en esta trapisonda de usar y tirar, en la que todos y todas íbamos a salir ganando… Imagina que tú la convences para que te franquee las puertas de su dormitorio, durante nuestra ausencia. Acordados día y hora, la señora y yo nos quitamos de enmedio y tú vas y, a pie de cama, la invitas a un trago para entonar cuerpo y espíritu. En un descuido, le echas en la copa un brebaje de efectos fulminantes que te proporcionaré cuando llegue el momento. En cuanto la tengamos dormida, aparezco yo, “deus ex machina” y procedo según ananga-ranga, que es de lo que se trata en los anales. Una vez consumada epifanía, yo me retiro y ocupas mi lugar en el nido de amor, de tal manera que, al depertar la ninfa a su debido tiempo, se encontrará en tus brazos… y aquí paz y después gloria. De lo que tú quieras hacer en el breve ínterim, no me hago responsable… Por supuesto, puedes quedarte a mirar mientras galopo y corto el viento… A lo mejor, le coges gusto al tema y hacemos de ti un hombre de provecho…

PERKINS.- Siempre he estado abierto o todo tipo de posibilidades, señor…

DAMIÁN.- Razón de más para secundarme en este entuerto. (Tono doctoral) Hoy vivo convencido de que todo lo que no desemboque en fornicio en este mundo supone una lastimosa pérdida de tiempo. Aquí te pillo, aquí te mato. Los burdeles del mundo, y los conozco de todos los colores y tamaños, góticas catedrales del vicio y la jodienda, se erigen en guardianes de una tradición universal e irrenunciable: copula, que algo queda, desde un buen sifilazo – los antibióticos se inventaron para eso- , a un escroto incensario, ungido de épica grandeza… Y no lo afirmo yo, sino las Escrituras: pulvus eris, pulvus reverteris…Toda una filosofía acerca del placer no reproductivo como forma de ejercer tu autoritatis… Wall Street, ¿para qué? Yo prefiero Pompeya… Será que soy un fresco… Y tú, ¿no te ríes nunca o qué coño que pasa…?

PERKINS.- Siendo tan vasto el ingenio del señor, me iba a pasar el día riendo, lo cual sería contrario para sus intereses, algo que estoy obligado a defender…

DAMIÁN.- Contigo, se acaba siempre tirando la toalla… Recapitulemos… La “operación doncella” puede ponerse en marcha…Tú sigue así de servicial y te apunto a mi lista de herederos…

PERKINS.- Tan solo aspiro a dejarlo satisfecho, señor; a usted y a la señora…

DAMIÁN.- Eso último sobraba… Procura concentrar en mí tu artillería pesada… (Entra, en plan Strómboli, la señora de la casa) Hablando de ruinas romanas…

Mª FERNANDA.- Media hora buscándote de arriba para abajo y tú engolfado aquí  con tu Patronio, en contuberbio.

DAMIÁN.- ¡Viva la madre superiora…!

Mª FERNANDA.- De haber tardado cinco minutos más, a saber con qué cuadro me hubiese encontrado… A los hombres no se os puede dejar solos… Tengo que hablar con Perkins: haz el favor de pegarte un clareo…

DAMIÁN.- Escucho y obedezco… No me malcríes al chico… (Sale)

Mª FERNANDA.- Quien te ha visto y quien te ve, Perkins, hijo mío… No hay que pedirte audiencia; pero casi… Vives y reinas por los siglos de los siglos, amén… He observado que Elvira y tú hacéis muy buenas migas. Es por eso por lo que convendría le advirtieses de los peligros que corre la mosquita muerta de salir escopetada de esta casa, de persisitir en su actititud abiertamente permisiva ante los seniles tonteos de mi marido…

PERKINS.- ¡Cuánto me apena oírselo decir a la señora…! Enseguida tomaremos medidas correctoras…

Mª FERNANDA.- Tan  estrafalaria situación, sin embargo, nos ofrece un amplio campo de sugerentes variantes… Supongamos que el idiota del señor se sale con la suya y lleva el gato al agua de borrajas… De estar nosotros dos, tú y yo, enterados del dónde, cómo y cuándo es el lerele, nada nos impediría el obsequirlos con un “coitus interruptus”, de tal manera que, Birlibirloque de por medio,  me encontrase en condiciones de obtener un divorcio en coche cama, tras lo cual me trasladaría a vivir al campoen compañía de Rosa, la cocinera, y, por supuesto, tú, mi buen Perkins, ángel cáido del cielo para poner las cosas en su lugar descansen…

PERKINS.- Guiado por la devoción que en mí despierta la señora, voy a permitirme un pequeño hipérbaton en nuestro modus operandi…

Mª FERNANDA.- Hombre de negro hablar con lengua de serpiente… Sigue, sigue: siempre me han subuyugado las maquinaciones de la servidumbre, tan plebeyas como cargadas de trinitrotolueno… Abierta soy  orejas, ¿a qué estás esperando…? No hagas que me arrepienta…

PERKINS.- ¿Y por qué iba a resultar usted la mala, la que denuncia, quien  levanta la liebre…? ¿Por qué no dejar que sea el señor, por una vez, el ofendido, el burlado, hazmerreír de las mentes estrechas…?

Mª FERNANDA.- Sencillamente, Perkins, porque yo no engaño a mi marido… ¡Menuda idiotez! La culpa la tengo yo por escucharte…

PERKINS.- Borrado de pantalla. Empezaré de nuevo… Habitación de Elvira, interior, tarde… ¿A quién vemos cuando se alza el telón…? A una pareja en situación comprometida… Usted y yo mismo, señora… ¿Cabe mayor castigo al desenfreno libidinoso habitual de su esposo ante dios y ante los hombres…? Nunca se atreverá a entrar en detalles de lo que vio el señor al cruzar cierta puerta y, mucho menos, de lo que vio su mayordomo, antes de que él llegase, so pena de ponerse en la picota a los ojos del mundo… Todo sería fingido entre nosotros, pantomima, un truco con espejos; jamás mi mano pecadora osaría rozar siquiera su imagen veneranda…

Mª FERNANDA.- Pues tampoco estoy tan mal, caramba… Con la luz adecuada, Chanel y el “Moet Chandom” obran prodigios… Acaba de una vez tu exposición, me estoy impacientando…

PERKINS.- Una vez reinstalada en su cottage de verano, el fiel Perkins volvería a entrar a su servicio. Su honor, señora, habría de quedar impoluto. Yo me encargaré de que así sea: manejo el arte de mostrarme afeminado frente a las Clases Medias… Ante tal evidencia, cualquier tipo de rumores malévolos quedarían inmediatamente descartados.

Mª FERNANDA.- Espera un poco… ¿No temes la reacción de mi marido…?  Genes del Gurugú, a través del sargento chusquero, siempre marcan tendencia…

PERKINS.- Desde la adolescencia, he frecuentado los gimnasios. Siempre me han fascinado esos aromas a sudor y a potencia masculina con los que te saludan nada más cruzar sus dependencias… Continúo: el cuarto de Elvira se hallará disponible porque habrá coincidido con su tarde libre.

Mª FERNANDA.- No vayas tan deprisa; antes, he de  de pensármelo. Voy a enviarte a nuestra cabritilla para que la ahormes bien ahormada. Te mantendrá puntualmente informado de las correrías en torno suyo de ese lobo feroz de mi marido. Si es necesario mostrarse cariñoso, sabes lo que te queda. No temas ser interrumpido: llamaré a capítulo al señor para que podáis explayaros a gusto. No te muevas de aquí porque tendrás visita femenina (Sale. Perkins corre a sentarse en el sillón y a repanchingarse a la bartola).

Perkins, en plan francamente inquietante.

FIN DEL CUADRO 2

Read Full Post »

AIMEZ-VOUS JEEVES…?

(Comedia tirando a baja en un acto y tres cuadros)

Para Gaby, Clarisa y Xose, tan lejos y tan cerca.

Cuadro 1

[Salón- biblioteca de mucho vestir que se pretende británico y no llega ni a yanky de Florida. Allí no falta de nada, todo nuevo del trinque. Mucho cuero, mucha madera noble y muchos cortinones de terciopelo rojo. Una cabeza de ciervo, pájaros  disecados; sofisticados ambientadores, aquí y allá, lanzando, de vez en cuando, salvas de perfume de propulsión a chorro contribuyen a retratar un ambiente que se pasa tres pueblos de snob y de cargante. Entronizado sobre sillón peringolítico, frente a una mesa de despacho, ricachona en tinteros y plumas de pavo real, descubrimos a DAMIÁN, unos cincuenta años, cuya cabeza parece haber ido de kermese al espacio exterior de su propio universo y no haber regresado todavía. Para el caso, traspapela folios de diversas carpetas. Plantado frente a él, inasequible al desaliento, se halla GUILLERMO, treinta años, servicial con trastienda, vestido de paisano.]

DAMIÁN.- ¿Dónde demonios habrán ido a parar esas malditas referencias…?

GUILLERMO.- Si me permite el Señor,  he  acudido a su requerimiento acompañado de una copia compulsada de las mismas…

DAMÍAN.- No te pases de listo, chico… Recuerdo de pe a pa su contenido… Una sarta mal hilvanada de frases hechas, a cual más tópica y manida, destinadas a quedar bien contigo, una vez te han perdido de vista, no vaya a ser los denuncies a través del maldito sindicato…

GUILLERMO.- Yo no milito en ningún sindicato, señor… Y en cuanto a mis antiguos amos, recientemente fallecidos, sólo podría decir de ellos que les debo el haberse enseñado, con su ejemplo y su guía, las reglas de un oficio del que estoy ogulloso, señor… Fidelidad, obediencia / respeto y agradecimiento serían los pilares sobre los que se asienta la naturaleza de mi noble cometido: estar siempre en acto de servicio pero sin que apenas se advierta mi presencia…

DAMIÁN.- Labia no te falta… Pero a mí no me engañas… Todo eso lo has leído en algún sitio… Manuales del perfecto mayordomo y así… ¿ No pretenderías irme a dar gato por liebre..? Entérate de algo, figurín: tu incorporación o no, que eso está por ver, al personal de servicio en Villa Fernanda, se debería solo a una pertinaz manía que le ha entrado a mi señora con las lerias del maldito mayordomo … Criadas, las que quiera; pero a mí no me gusta ni poco ni mucho que un hombre marche detrás de mí, recogiendo del suelo la ropa sucia que vaya dejando yo a mi paso… No lo encuentro edificante… En una chacha, ya sería otro cantar… Las pago para eso…

GUILLERMO.- Estar a su servicio para lo que haya menester formaría parte de mis obligaciones habituales. Un honor para mí, señor, el ser considerado digno de entrar a formar parte de su cuerpo de casa.

DAMIAN.- Yo soy un hombre rico. Mi padre, en cambio,  no pasó de sargento chusquero, allá por las Melillas, a los pies mismos del monte Gurugú. Todo lo que es mío lo he ganado a base de trabajo. Nadie me ha regalado nunca nada. Por eso, tengo claro el valor de cada euro que me sale del bolsillo. La señora está hecha de otra pasta. No sé por qué te cuento todo esto… ¡Será que me estoy haciendo viejo…! (Sale de su reducto y avanza hacia Guillermo) Quedas contratado: un mes a prueba… Empezarás la semana que viene. Diré a la gestoría que pongan todo en orden. Tu salario, el que marca la ley; luego, ya veríamos… Procura ser leal y no saldrás perdiendo… (Le toma por un brazo y sermonea) Todo  esto que ves aquí para mí significa poco o nada… Lo que importa es que nadie te mande: ser dueño de uno mismo… Y yo lo he conseguido gracias a estas manos y dos dedos y medio de frente… No tenemos hijos, ni sobrinos al cargo… A ver quién se va a quedar con este imperio… Por una vez, sin que sirva de precedente, tomarás una copa conmigo del mejor coñac que habrás probado en tu maldita vida, un Remy Martin gran reserva, regalo de un asociado mío las pasadas navidades… (Se dirige a un mueble bar y procede a servir dos copas)

GUILLERMO.- Yo no bebo, señor; pero mi hígado tendrá que resignarse… La ocasión lo merece con creces…

DAMIÁN.- Tú no bebes y aquí nadie  evade impuestos… El mejor de los mundos posibles… (Le ofrece la copa a su futuro mayodomo y éste la acepta como si de un caliz se tratase. Beben y se miran) Te llamabas “Guillermo”, me parece… Mi señora pretenderá llamarte “William”… Ni se te ocurra hacerle caso… Además, suerte la tuya, yo me encargo de que corras de mi cuenta… Vas a ser todo mío… Te has puesto colorado… El Remy Martin, que las mata callando… ¿Qué me dices, muchacho…? ¿Entra o  entra…?

GUILLERMO.- (Con expresión beatífica)  Toda la boca parece como iluminada por las llamas, mientras se te va abrasando de sabores a tierra…a mar, que vuelven del pasado, y una extraña sensación se apodera de ti de estar siendo transportado hacia un mundo mejor, en paralelo…

DAMIAN.- ¡Bravo… Bravísimo! Pienso guardarlo bajo siete llaves… Si te he hecho beber es porque vas a necesitarlo:  ahora voy a presentarte a la señora de la casa, doña María Fernanda Ruiz de Cañizares, raro ejemplar de mujer española de las que ya no quedan… afortunadamente… (Saca el móvil y marca) Ven a la biblioteca. Te estamos esperando… (Cuelga y guarda el móvil) Tú no le tengas miedo. Con que se lo tenga yo es más que suficiente…

GUILLERMO.- Seguro estoy, señor, de que…

DAMIÁN.- Tú calla y espera a conocerla… Por cierto, ¿no estarás casado…? No, claro… ¡qué tontería…! De otro modo, figurarías en el mercado acompañado de ama de llaves, cocinera o algo parecido… [Entra Mª FERNANDA, iceberg andante en busca de “Titanics”] Querida, habemus mayordomo…

GUILLERMO.- (reverencia al canto gregoriano) Señora…

Mª FERNANDA.- No veo que sea negro, como habíamos quedado…

DAMIÁN.- Podemos teñirlo. A él no le importaría, ¿verdad, Guillermo?

GUILLERMO.- Desde luego, señora…

Mª FERNANDA.- Guillermo no acaba de convencerme: suena a yermo… Lo llamaremos Perkins… El uniforme correrá de su cuenta, a descontar del salario… ¿Se lo has dicho…? Perkins, sonría: a ver qué tal luce dentadura… (Es obedecida al trote) Manifiestamente mejorable, lo mismo que su porte en general…¡Ese cabello lacio, ese afeitado de anteayer por la tarde, esos andares de lacayo prusiano…!

DAMIÁN.- No seas dura con él… ¡Ni siquiera ha empezado…!

Mª FERNANDA.- Pues que vaya aprendiendo, si aspira a permanecer en esta casa… Y tú deja de ronronear cada vez que lo nombras… No te doy enseñado a tratar a esta gente… Puede marcharse, Perkins… Dése un buen baño al llegar al campamento: sus axilas no parecen conocer agua corriente…

DAMIÁN.- ¿Qué haces ahía parado…? ¡Obedece a la señora…! Te llamaremos en caso necesario…

PERKINS.- Con permiso… (Sale)

Mª FERNANDA.- Menudo mirlo negro… De dónde los sacas es lo que me pregunto, en serio… ¿Alguna asociación de ex-presidiarios? Nada de quedarse a dormir bajo mi techo… No quiero aparecer asesinada en mi dormitorio cualquier noche de éstas…

DAMIÁN.- Yo te defenderé…

Mª FERNANDA.- ¡Mira cómo me río…! Cada vez me los escoges menos presentables… Esmerarte, lo mínimo… ¡Si no te conociera…!

DAMIÁN.- Nunca acierto a aclararme con tus gustos…

Mª FERNANDA.- ¿No te estarás refiriendo a lo tuyos, quizás…?

DAMIÁN.- Muy agitado encuentro a tu avispero esta mañana…

Mª FERNANDA.- No siento ni padezco… Me limito a expresar todo aquello que pienso… Resulta fatigoso verme obligada, desde que levanto, a darte explicaciones… De lo más obvias, por supuesto..

DAMIÁN.- Mea culpa, mea culpa…

Mª FERNANDA.- Se te ve satisfecho: algo andarás tramando… Si al menos lo nuestro funcionase en algún punto… Me he apuntado a un curso de alfarería que organiza el Club Náutico, con Lupe y con Mercedes… El Tiempo, ese gran enemigo, lleno de horas y de momentos muertos… Me aburro, te aburro, me aburres… ¡Echo tanto de menos a mi madre…! Si ella viviera, por lo menos encontraría un refugio en sus consejos… A ti te caía mal, estoy segura… Demasiada clase para ti… Y en cuanto a Perkins, pienso hacerme con él en tus propias narices… ¿Nos apostamos algo…?

DAMIÁN.- Recojo el guante… Por mi parte, te hago sabedora de que, contra todo pronóstico, me dispongo a conseguir que tu doncella particular coma en mi mano cuando yo se lo mande y se   pase a mis filas en el plazo de una semana bisiesta, a más tardar…

Mª FERNANDA.- Seductor de doncellas, a tu edad… Lo que me faltaba por oír, vamos…

DAMIÁN.- Me dejaré bigote, si hace falta… (Unos discretos golpes en la puerta) Adelante, adelante… (Se abre la puerta y entra ELVIRA, la doncella objeto de deseo, con un gran ramo de flores)

ELVIRA.- Perdonen los señores, acaban de traer esto para usted con una tarjeta, señora…

Mª FERNANDA.- Trae a ver… (Elvira se la pasa) Se va usted a reír, amigo mío: Perkins me las envía con sus respetos, en agradecimiento por el trato recibido… Retírese, Elvira… Llévese las flores y búsqueles acomodo en la cocina…

DAMIÁN.- Sé de un sitio mejor: las letrinas de la servidumbre…

Mª FERNANDA.- Haga lo que le digo. El señor bromeaba…

ELVIRA.- Sí, señora… (Sale)

Mª FERNANDA.- ¿Te das por derrotado…? ¡Reconócelo…! El partido va a jugarse en mi campo: lo estás viendo…

DAMIÁN.- ¿Debía esperar que ese ramo de flores fuera dirigido a mi persona…? Lo comparto contigo y todos tan contentos…

Mª FERNANDA.- ¿No estás deseando que llegue la semana que viene, querido…?

DAMIÁN.- Esto merece un momento emotivo entre nosotros… (Se abrazan al gusto del oso)

FIN DEL CUADRO I

Mª FERNANDA, exhalando humos cangerígenos

Read Full Post »

LA PRUEBA DEL ALGODÓN (Y 3)

(vodevil decimonónico en un acto y tres cuadros)

CUADRO I I I

[Han transcurrido un día o dos. Por lo visto, toca celebrar cónclave en la sala de estar que conocemos. Alicia, Isabel y Alberto conforman un hermoso cuadro familiar. Se notará enseguida que es Isabel quien intenta llevar la voz cantante en dicho evento.]

ALICIA.- Esto no se va a quedar así, ponedle el cuño…

ISABEL.- Me he puesto muy nerviosa… No he podido probar el desayuno… Anoche, apenas si he llegado a conciliar el sueño…

ALBERTO.- No se marchará de rositas; tú, tranquila…

ISABEL.- ¡Ese horrible individuo…! ¡Si no le conocemos…!

ALICIA.- Ni siquiera me suena…

ISABEL.- De no sonarte a ti, es que no es importante… Un don Ninguno, vamos…

ALBERTO.- En escueto “curriculum” que se incluye en el blog, afirma haberse dedicado a la enseñanza…

ALICIA.- Un exhibicionista, ¿no te digo…?  De juzgado de guardia… Ese vodevil que ha empezado a publicar sin pedirnos permiso constituye un grave atentado a nuestro honor, ¿estáis o no de acuerdo…?

ISABEL.- ¿Le llamas “vodevil”…? Di mejor un libelo…

ALBERTO.- No sé qué opinaréis vosotras, pero contribuir a la difusión del mismo mediante denuncia pública no lo encuentro una decisión inteligente…

ALICIA.- Figurará mi nombre en ella, encabezando lista… (A Isabel) ¿Tú, te apuntas…?

ISABEL.- Lo que prefiera Alberto…

ALICIA.- ¿Desde cuándo es mi marido quien decide por ti, querida prima…? Huelo a cuerno quemado… A ver si va a tener razón ese panfleto…

ISABEL.- De juicios, no es que entienda mucho… En cambio él, como farmacéutico…

ALICIA.-…Al que tú te encontraste con la botica abierta, según cuenta el tal Torregruesa o Torregorda en su bitácora…

ISABEL.- Dime que no lo crees, por favor, prima… ¡Todo mentira…! ¡Una sarta de sucias calumnias empalmadas…!

ALICIA.- Chi lo sa… No estoy en tu pellejo… Allá cada cual con su conciencia…

ISABEL.- Tampoco tú sales demasiado bien parada, que digamos… Ni Albertito, tu marido del alma… A caer de un burro nos ha puesto a todos… Pero yo soy la mala… ¡Demasiado cruel…! ¡Demasiado…! (Lloriquea por ver si alguien la consuela.)

ALBERTO.- ¡Orden en la sala-gallinero…! Al tal “Cómo –Se- llame”   no lo conoce nadie…

ALICIA.- Seiscientas mil visitas a su página web, no te lo creas…

ALBERTO.- Serán sus acreedores… One moment, please… No cunda el pánico… He tenido una idea… Nos pondremos con contacto con el ínclito y ubérrimo Jota punto Te punto, con vistas a desfacer todo este entuerto. Tal que así, encontrar un final satisfactorio a ese mal llamado “vodevil” que se ha sacado de la manga. En la tercera y última escena, por ejemplo, podría descubrirse que…Que todo ha sido un sueño húmedo de la protagonista (Alicia levanta el pulgar e Isabel frunce el ceño); una fantasía onírica, convertible en guion televisivo…

ALICIA.- Demasiado trillado, me temo… Un déjà vu utilizado por las madres cuando cuentan historias truculentas a sus hijos para que no se asusten y se queden dormidos…

ISABEL.- Lo que yo no entiendo es por qué semejante tócamerroque se titula “La Prueba del Algodón”, mientras los demás os mentís los unos a los otros como bellacos todo el rato…

ALICIA.- Tú, incluida, nena… Que cada palo aguante su vela de trinquete…

ALBERTO.- Supongo que, como no engaña, el algodón vendría siendo el bueno de la película… Se lo preguntaremos a su autor, si tanto os interesa…

ALICIA.- Otro desenlace a considerar sería que… la protagonista, o sea una servidora, enterada por Rita de toda esa bacanal a sus espaldas, arrojase una probeta entera de sublimado corrosivo en el morro que se lo pisa de su prima…

ISABEL.- ¿Y no resultaría mucho más progresista que se lo diese a probar a su marido…?

ALBERTO.- Pase lo que pase, Rita, la mucama traidora no puede marcharse de rositas, después de haber estado malmetiendo entre nosotros hasta socavar los firmes cimientos de una relación de amor-amistad y amistad-amor, basada en la lealtad y la confianza mutuas…

ALICIA.- ¡Qué inquina le has cogido a tu amor imposible con delantal y cofia! Genet debe de andar revolviéndose en su tumba…

ALBERTO.- A una sin papeles, tú le das un papel de lucimiento en una obra prácticamente tuya, y ya se ha visto cómo te lo agradece…

ISABEL.- Mi voto a mano alzada es un final feliz como dios manda…

 ALICIA.- A ver éste que os parece… Rita nos odia por imperativo categórico y nos envenena con zumo de beleño, un toque shakesperiano que siempre da prestancia a cualquier texto…

ISABEL .-¿Y a eso le llames tú felicidad? Déjame a mí… Resulta que, al final, se descubre que tú y yo somos hermanas gemelas univitelinas y que Rita, en realidad, es nuestra madre, a la que nuestro abuelo, su padre, después del parto, expulsó del solar de sus mayores, al enterarse de que estaba liada con el jardinero, tras verlo regar, manguera en ristre, un parterre de peonías y crisantemos… Se trataría de un obvio homenaje a D. H. Lawrence… Lo advierto antes de que lo descartéis como argumento…

ALBERTO.- Tengo, además, pensado ofrecerle a J. T. un pequeño desembolso pecuniario, a modo de incentivo, cuya cuantía habrá de discutirse más temprano que tarde.

ALICIA.- Y, si te parece, ya de paso, ésta y yo le concedemos, juntas o por separado, nuestros favores respectivos, gratia artis… Ante notario, incluso, si ha lugar para ello.

ALBERTO.- No sé, no sé… Para muchos trotes no parece estar nuestro biógrafo…

ISABEL.- Por probar, que no quede…

ALICIA.- ¿Y en cuanto a nivel físico…? No es porque a mí me importe, por supuesto… ¿Tiene lo que se conoce por un pase…?

ALBERTO.-Un pase a la reserva, como mucho…  Grosso modo, y nunca mejor dicho, más recuerda a… Obelix que a Brad Pitt, valga la “redondancia”…

ISABEL.- Inspirará ternura, por lo menos…

ALBERTO.- Hablando con franqueza: a mí, ninguna…  Depende del estómago…

ISABEL.- Según parece, nos tiene dominados… ¿Por qué no cambiar también el título…? “Tres Personajes en Busca de Autor”… Y digo “tres” porque, a estas alturas, Rita ya no debiera figurar en nómina…

ALICIA.- Gracias por recordármelo… Preparada la tengo carta de despido… (Campanillazo al canto) ¡Rita… Rita, joder, coño …! ¿Dónde se habrá metido la maldita marmota…?

[Entra Rita, vestida de elegante dama victoriana, ante la sorpresa de todos los presentes, lectores incluidos.]

ISABEL.- No entiendo nada… Creo que lo mejor será sufrir un ataque de ansiedad y meterme en la cama… ¿Te importaría acompañarme, Alberto? ¡Yo tengo mucho miedo…!

RITA.- Espere un poco, Srta. Isabel; y ustedes, también, doña Alicia y don Alberto… Jota Punto Te punto, el autor de este vodevil decimonónico, titulado “El Algodón no Engaña”, me ha encargado que les haga entrega de sus respectivas cartas de despido…

ALICIA.- (A Alberto) Debe de haberse vuelto loca…

ALBERTO.- ¿No has visto qué cara de terrorista se le ha puesto…?

RITA.- La dialéctica, imbécil… Eso os pasa por no hacer caso de las palabras del profeta Bertoldo en su “Oda de la Ídem”: “Los vencidos de hoy son los vencedores de mañana”. (Va entregando las cartas) Dicho lo cual, ya os estáis largando… La casa para quien la trabaja…

ALBERTO.- Volveremos, no te quepa duda…

RITA.- Puede que sí, puede que no… Mientras tanto, es una servidora ordena que se acabe la farsa… (Salen los despedidos, despedidos) Este poema de Brecht que voy a recitarles va dedicado a la fecunda memoria de FERNANDO MIRAMONTES, que acaba de fallecer pero cuyo compromiso con los oprimidos nunca será olvidado.

Loa de la dialéctica

Con paso firme se pasea hoy la injusticia.

Los opresores se disponen a dominar otros diez mil años más.

La violencia garantiza: «Todo seguirá igual.»

No se oye otra voz que la de los dominadores,

y en el mercado grita la explotación:

«Ahora es cuando empiezo.»

Y entre los oprimidos, muchos dicen ahora:

«Jamás se logrará lo que queremos».

Quien aún esté vivo no diga «jamás».

Lo firme no es firme. Todo no seguirá igual.

Cuando hayan hablado los que dominan,

hablarán los dominados.

¿Quién puede atreverse a decir «jamás»?

¿De quién depende que siga la opresión? De nosotros.

¿De quién que se acabe? De nosotros también.

¡Que se levante aquel que está abatido!

¡Aquel que está perdido, que combata!

¿Quién podrá contener al que conoce su condición?

Pues los vencidos de hoy son los vencedores de mañana

y el jamás se convierte en hoy mismo.

F. Miramontes.- Lo de Brecht, un chapeau; pero al meterme en un vodevil, ese de barbas se pasa un poco de la raya…

Read Full Post »

« Newer Posts - Older Posts »