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Archive for the ‘mucho cuento’ Category

SIGFRIDO Y EL DRAGÓN

-Pienso bañarme en sangre fresca a costa tuya. Toma nota y no trates de evitarlo. Más vale que lo sepas desde ahora… -anunciaba Sigfrido, en plan asilvestrado, que es lo suyo.

– No sé por qué te empeñas en tanto gori-gori…- respondióle el Dragón, conciliador -Cuenta hasta diez y luego habla conmigo. Acuérdate de lo sucedido con Aquiles, el de los Pies Ligeros, cuando Tetis, su madre, lo sumergió en la laguna Estigia por hacerlo invulnerable a las heridas de los hombres… Y menos mal que no lo agarró por el escroto… Ven, acércate a mí. Démonos un abrazo de cordial bienvenida a esta mi cueva…

-A un reptil verdoso, alimurciélago, apestado de aliento como tú, convendría dejar correr el aire entre nosotros- obtuvo por respuesta desabrida- Procura despedirte de lo tuyo, o, por Wotan, que habrá calva ocasión de lamentarlo…

-Mi nombre es Fafner y mi oficio seguro lo conoces: único segureta en el brezal de Gnita, encargado, por más señas, de la caja fuerte nibelunga visible a mis espaldas. Espero que me consideres presentado en tiempo y forma a tu rancio abolengo, a tu alta alcurnia, joven de noble cuna. Si tanto te preocupan mis orígenes, estoy en condiciones de afirmar que algún que otro cronista de renombre ha llegado a afirmarnos descendientes de los extintos dinosaurios. Por desgracia o por suerte, cuando me despierto con el gallo, ellos no están aquí para crecerse y/o multiplicarse a costa mía. Sólo busco amistad, por otra parte… Siglos y siglos, con sus días y sus noches, iguales a sí mismas y a cualesquiera otras, a la espera de enemigo invisible en lontananza, acaban por generar aburrimiento… He leído a Kafka, a Max Frisch y a Buzzati… Ciertamente, no me han servido de consuelo hasta la fecha…

-Apenas me interesan tus donosos escrutinios memorísticos… Debes morir para que pueda convertirme en inmortal: son designios de saga. La espada de mi padre servirá para el caso. Yo y el herrero Regin la hemos vuelto a forjar a golpe de martillo. Pinchazo hondo y estocada en lo alto darán tu soledad por terminada.

-¡Cuán poco demuestras tú, joven Sigfrido, conocer el vade cum me de las soledades fricativas, ya sordas, ya sonoras…! El pecho se te puebla de ecos rumorosos; alguien te está llamando…pero, ¿dónde…? ¿Dónde buscar en medio del vacío…? La presencia se aleja. La esperanza funesta, una negra marea, ha estado acariciando cada latido tuyo… Ya no está… Y has de extender tus garras y desgarrar silencios a golpe de bramidos lastimeros, en señal de llamada, un agotado faro parpadeando, intermitente, entre la niebla… Fue entonces cuando apareciste tú, admirable y tangible, anunciando mi fin y mi principio… ¿Debiera un solitario como yo asustarse ante la llegada de una muerte tan dulce que me brinda su torva carantoña desdentada…? Porque no te equivoques, te lo paso a explicar humildemente. Si algo desean mis ansias es ponerme a cantar las heroicas gestas nibelungas, durante el deleitoso sacrificio, mostrando de tal guisa mi alegría… Criado en estas selvas lujuriosas, seguro no has llegado a conocer el famoso relato wilderiano titulado “El Ruiseñor y la Rosa”, ¿o me equivoco…? La cánora avecilla aprieta el corazón contra la espina, cantándole a la Luna, por lograr el amor del estudiante, a través de la más roja de las rosas…

Sigfrido, puesto en jarras de cerveza, se había venido arriba, de repente.

-Que me place. Mientras me afano en traspasar, a golpe de mandoble, tus escamas pectorales por la margen izquierda, a la busca y captura de ventrículos cordiales, tú vas y me amenizas tan sangrienta tarea con un épico lieder made in Germany… ¿Qué verdugo no se consideraría un afortunado…? Y, sin embargo, impaciente como estoy por alcanzar la meta balnearia hemoglobínica, me gustaría satisfacer unas curiosidades que me han asaltado en el transcurso de este viaje al país de los dragones con trastienda… Vaya por delante que Sigfrido, un servidor, se ha hecho afeitar la lengua a navajazos para soltar las verdades de Caronte al más pintado, mejorando lo presente. Yendo al grano en el culo: vas a explicarme por qué acera pasea tanta prosopopeya lírica y tanto gay trinar, perdiendo aceite de ricino por los cuatro costados en idénticas proporciones con que arrojas fuego fatuo por las fauces bubónicas… Bueno sería cotejar tu pasaporte: ¿dragón chino, dragón del País de Gales, drac catalán o dragón de Komodo…? ¿Qué dato en cuanto a género se aporta…? A ver si vas a resultar una lagarta…

El Dragón adoptó un tono entre neutro y compasivo cuando dijo:

– Criado a lo Tarzán por estas selvas, al cuidado de un herrero codicioso, tu condición gañana y tu rústico acento merecerían, cuando menos, sacrificado esfuerzo por llegar a comprender las actitudes y aptitudes tuyas; lozano de cintura, incuestionable; pero no lo suficientemente preparado, según los cánones de la vida moderna. Tu divina apostura no logra mitigar los obscenos sofismas salidos de tu boca. Careces de modales; hablo de hechos probados. Puede que, hasta incluso, resultes atractivo a algunas hembras poco avisadas de tu especie: cabellera leonada de empavonados bucles de color oro viejo; pupilas bien centradas y celestes; fornido pero bien proporcionado… El Gran Dios Thor, Aquél que Filosofa a Martillazos, se olvidó de bendecir gentilezas de espíritu en tu mente cateta. No vas a hacer carrera, si a la política piensas dedicarte y llegar a ser rey como lo fue tu padre, el noble Sigmund. De aspirar a corona mediante matrimonial braguetazo germanófilo, harías bien en cuidarte de los idus de Krimilda y Brunilda, cuñadísima: dos eran cuatro y ninguna era buena. En cuanto a baños, te recomienda éste que lo es, limpio de cuerpo y alma, una doble sesión en sauna finlandesa y unos azotes con la vara de fresno en los ijares y donde más hubiere menester por otras partes. Hueles que apestas, y no es pasión de madre.

Sigfrido.- ¿No podrías dormir en camisón como hace todo el mundo…?
Krimilda.- ¿Y tú, no podrías usar desodorante…?

Sigfrido nunca soltaba presa, una vez agarrada entre colmillos. Y siguió con su tema amanerado:

-Aún no me has despejado tu cuestión palpitante: si cargas o no cargas en pernera. Lo expresaré más claro… A la hora de las justas galantes cuerpo a cuerpo, bajo dosel de estrellas o en perfumado lecho bizantino, ¿te desvistes desde arriba o desde abajo…?

-Una hermosa amistad no precisa de tales miramientos… A la amistad siempre se va desnudo, con los ojos cerrados… Sea la tabla redonda o sea cuadrada, un compañero es compañero es compañero; por él has de poner mano en el fuego, allá donde sus soles más calientan…

Sigfrido lo dejó por imposible. Empezaba a dolerle su poderoso brazo bajo el peso inclemente de la espada paterna.

-Vamos a lo que vamos… – resolvió, expeditivo- Voy a entrar a matar por la suerte contraria. Junta las patas y agacha la cabeza. Ah, por cierto, ¿tú rezas, tú no rezas…? Date prisa, no tenemos todo el día…

-Quiero que me prometas una cosa, antes de proceder a eucaristiarme… -le suplicó el Dragón, derrochando esa dulzura un tanto empalagosa de los mejores mártires agnósticos- No le temo al suplicio tanto como al olvido de los hombres… Fundarás una biblioteca con mi nombre, a la cual pienso aportar algunos títulos, para empezar sumando. Son éstos los más gratos al corazón que vas a destrozar de aquí a un instante:

Sigfrido, a caballo de su moto colérica, galopó y corto el viento caminito de desahogar  cuarto y mitad de su rabia acumulada.

– Aquel maldito herrero Regin a quien confundan todas las presencias infernales, no tuvo a bien instruirme en nada que no fuera terminar contigo y empaparme en tu sangre pupurada. Desconozco las artes de lectura; lo de escribir me resulta tan arcano como el porqué de no haberte dado matarile todavía. Procedo a desnudarme y enseguida nos metemos en faena…

– No te desnudes todavía, espera un poco más y atiende a mi proposición no deshonesta: podría enseñarte ambas sabidurías antes de lo que piensas…- le propuso el Dragón, por si caía esa breva.

La magnificencia “a poil”, que dicen los franceses, de aquel Mirón nacido entre zarzales y rastrojos, produjo en su candidato a educador un ambiguo sentimiento voyeurista, equidistante del pudor y del deseo.

-Era sabido: en llegando el momento, hasta el más pintado se caga pata arriba, sea dragón rampante o simple sabandija solenácea… -opinó nuestro Sigfrido I, el Prepotente.

-Antecedentes literarios haylos, y gloriosos…- se apresuró el Dragón a matizar tan perentorias descalificaciones- Ahí tienes a Desdémona, en su lecho de muerte, suplicando a su Otelo siquiera una hora más y, a mayores, permiso para vivir hasta mañana…

-Otelo, no sé yo; servidor tiene prisa por alcanzar estatus inmortal por ver cómo se nota eso por dentro. Fantasioso que es uno, he decidido mudar el baño por una buena ducha vespertina. Vamos, ponte a cantar o harás que me impaciente por las malas…

-Pero, ¿y mis libros…? Mi biblioteca draconiana de incunables… ¿Qué piensas hacer con ellos…?

-Esto que vas a ver, pajarona escamosa…

Y la emprendió con ellos a certeros mandobles otoñales… Y no quedó ninguno, como los diez negritos…

-Y ahora, a la ducha se ha dicho… ¿Te has quedado mudo, estúpido reptil “quiero y no puedo”? Cantaré yo, con mi timbrazo de barítono, unas estrofas apócrifas del Cantar del Nibelungo:

Sigfrido, Sigfrido,

Sigfrido es cojonudo:

¡como Sigfrido no hay niguno!

Ote, ote, ote,

¡maricón el que no bote…!

Los nibelungos somos la hostia,

¡Viva la madre que nos parió…!

Desde el Rhin hasta el Danubio,

vengo por toda la orilla,

con la lanza levantada,

luciendo mi artillería…

Ya a punto de expirar, advirtió nuestro Drago moribundo una envolvente brisa que agitaba al unísono las hojas caídas de los tilos y las páginas arrancadas a los libros, esparcidas por el suelo en derredor. Una de éstas últimas, pareció encontrar destino en la desnuda espalda de Sigfrido, cubierta de sudor por el esfuerzo de ser malo, y allí quedó, pegada y bien pegada, a ruegos del Destino, de tal manera que carne de Sigfrido y sangre de dragón, bajo velludo omóplato siniestro, no tendrían ocasiones de encontrarse.

Sonrió el Dragón, ya casi exagüe pero visiblemente satisfecho. La página del libro salvamuertes, pertenecía a otra de sus lecturas más queridas…

Y en ella, se leía lo siguiente:

ESCENA ÚLTIMA

Hay un rato de silencio; los truenos resuenan más fuertes que nunca, crecen los relámpagos, y se oye cantar a lo lejos el Miserere a la comunidad, que se acerca lentamente.

VOZ DENTRO.- ¡Aquí, aquí! ¡Qué horror!

(DON ÁLVARO vuelve en sí y luego huye hacia la montaña. Sale el PADRE GUARDIÁN con la comunidad, que queda asombrada.

PADRE GUARDIÁN.-   ¡Dios mío!… ¡Sangre derramada!.. ¡Cadáveres!… ¡La mujer penitente!

DON ÁLVARO.-   (Desde un risco, con sonrisa diabólica, todo convulso, dice.) Busca, imbécil, al padre Rafael… Yo soy un enviado del infierno, soy el demonio exterminador… Huid, miserables.

TODOS.- ¡Jesús, Jesús!

DON ÁLVARO.- ¡Infierno, abre tu boca y trágame! ¡Húndase el cielo, perezca la raza humana; exterminio, destrucción…!  (Sube a lo más alto del monte y se precipita)

FIN DE “DON ÁLVARO O LA FUERZA DEL SINO”, DE DON ÁNGEL SAAVEDRA, DUQUE DE RIVAS

***

Porque otra cosa no; pero a apocalíptico, al Dragón no le ganaba nadie…

– Sin amistad remix, mundo, demonio y carne carecen de urbi et orbi interesante… -parece ser que dijo, mientras sentía fluir a borbotones su propia sangre amontillada por barriles oblongos- Yo, en el fondo, me alegro. Y mis pajaritas también, a qué negarlo…

Quince jadeos y otros tantos estertores agónicos hubo de soportar hasta quedar dormido para siempre.

Soñó hallarse triscando alegremente por las verdes praderas, al otro lado de las puertas del Walhalla, cuyo libre acceso, por cierto, le sería denegado a Sigfrido años más tarde, tras su alevoso asesinato a manos de Gutorm, hermano de Gunthar, esposo de Brunilda, cuñada de Krimilda, santa esosa suya, debido a sus penosos antecedentes penales: escándalo público por bañarse desnudo y exterminio de especies protegidas en peligro de extinción definitiva.

-Soñar, sin principio ni fin, en libertad… He aquí pues la victoria de la muerte… – susurró, amodorado- Calderón sólo tenía razón a medias…

 

                                                        FIN DE “SIGFRIDO Y EL DRAGÓN”

Sigfrido, poniendo cara de circunstancias, como si la cosa no fuera con él…

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SÍSIFO Y EL ESCARABAJO PELOTERO

Para Catalina, Clarisa y Aníbal, en quienes tengo puestas todas mis complacencias.

Hallándose a la sazón nuestro buen Sísifo ocupado en sus gravosos quehaceres sube y baja, quiso el destino se cruzase en su duro camino un no menos afanoso Escarabajo Pelotero, cuyo porte caballeresco atrajo, de guisa involuntaria, la atención del hijo de Eolo y Enareta, el mismo que antaño fuera todopoderoso rey de Corinto, antes de caer en desgracia con los Dioses Olímpicos.

-Eh, tú, caballero de negra armadura, qué leve desacato contra el cielo habrás tú cometido para ser castigado de tan liviana forma, me pregunto y te pregunto a ti, en la seguridad de ir a recibir pronta respuesta- quiso saber el jadeante Hombre de la Piedra, más que nada por hacer en alto en su ruda tarea y pegar hebra, liberando fatigas de sudores frontales.

Detúvose a su vez el Pelotero, sacudió sus patitas y entró al quite cretense en los siguientes términos:

-Porto el pan de mis hijos hasta el nido, donde su madre aguarda ya impaciente. En cuanto a mi pecado, digamos suelo mostrarme un tanto obsequioso con la clase domiante y altanero y distante para con las especies inferiores: p. e., las hormigas hetero en marabunta o ese enjambre de mariquitas orgullosas carrozonas. Y, por no desviarme, continúo con mi planto: ni tú ni yo disponemos  del día entero… Pudiendo ingerir rosas fragantes, Madre Naturaleza, de quien Medea tanto tiene aprendido de infamias y maldades,  obliga a mis incontables descendientes a nutrirse de mierda estercolera; llevarla hasta el cubil es trabajo de Heracles que corre de mi riesgo… Ya me gustaría a mí que, una mañana de éstas, un humano se despertase convertido en uno de nosotros…

– Resultaría kafkiano, como mínimo. De encontrarme en tu caso, yo me daría con un canto en el pecho…- respondió Sísifo, en tono veladamente despectivo- Justo los que me doy con esa piedra, cada vez que se me resbala entre los dedos sudorosos y se me viene encima… ¡Qué pesada, proclamo!

-Por lo menos, no huele que alimenta; y capta la ironía, que no pareces lerdo, compañero… Acabo de sacarlo del magín, a ver qué te parece: hagamos presto un trueque de mutuas conveniencias, si tanto te incomoda el meteorito que te ha tocado en suerte por designio divino…- propuso el Escarabajo Pelotero, echando pata a esos tonos melifluos, a los que, al parecer, solía mostrarse aficionado- Te cedo mi boñiga a cambio de tu piedra… No creo que las deidades del Olimpo lleguen siquiera a darse cuenta, mientras subas y bajes por el mismo sendero, mas ahora quejándote de vicio…

– ¿Has pensado que va a ser de tus famélicas criaturas…? Las rocas metamórficas vienen a ser apenas digeribles, según tengo entendido… – objetó Sísifo, dándoselas de padre putativo.

-Mi progenie habrá de fabricar su propio estiércol…- respondió el desnaturalizado padre.- Una vez la piedra en mi poder, vendrán tiempos mejores a mi casta. Los élitros se me han puesto erizados tan solo de pensar en el “Mito de Escarabajo Pelotero”. En el Ponto no va a haber otros hablares ni otros dimes y diretes que no sean mi paso, piso y aviso a la Gran Filosofía Existencialista. Después de mí, la omega pasada por el líquido elemento… Platón, devaluado hasta platillo mendicante. A Diógenes, refugiado en un tonel, habiéndose apresurado a poner pies en polvorienta, el Areópago lo toma por tortuga marinera y lo convirte en sopa de lo que ya sabemos, para ser repartida, a diestro y a siniestro, entre las plebeyas turbas, con motivo de las fiestas panateneas en honor a los dioses penates, comenzado el estío. Pitágoras,pasoliniano él donde los haya, echa cuentas con los dedos impares de la mano izquierda para pagar los pufos del mercado… Los textos póstumos de todo un Aristóteles, los ha tenido que escribir su esclavo nubio, ante la pertinaz sequía de ideas de su señor y amo, mantenida en secreto, tras su muerte…

Sísifo no las tenía todas consigo… ¿Qué le estaba ocurriendo a aquella caja negra delirante, salida del ojete de cabra enloquecida…?

-Una piedra es una piedra es una piedra…- fue y le dijo al Escarabajo Pelotero, a modo de recordatorio, por si acaso- Luego no te arrepientas y me lo eches en cara… Te presento a tu roca en su lugar descansen. A partir de ya mismo es toda tuya. Yo, a mi bola, paso a hacerme cargo del detritus… ¿Sabes que más…? Partida en dos, pienso introducirla a presión en mis orejas odiseas. Así no escucharé reclamaciones tuyas, mientras subo y bajo la montaña, al darte cuenta de lo necio que has sido… Agapimú, si te he visto no me acuerdo…

***

A solas con su gigantesca masa pétrea, el Escarabajo Berroqueño corrió a situarse a su sombrío socaire.

-Quieta parada ahí, hasta recibir órdenes. Ya te moverás según convenga… Un golpe de puñeta, andante ma non troppo; dos golpes, te detienes ipso facto; paso ligero a golpe de codazo; que te mando volar, más te valdrá te salgan unas alas donde la espalda conserva aún nomenclatura… Alto, un momento… Antes de que me olvide. Déjame que te huela… A ver, a ver… Siento emanar de ti un embriagante aroma a azufre y cinamomo… Eau de l ´Enfer llamaré a tu perfume… En cuanto a ti respecta, por la presente, recibes por nombre el de Calista, aunque, en los momentos sabatinos de la más estricta intimidad, pase a llamarte Melibea… Inclínate ante mí, en señal inequívoca de sumisión y de agradecimiento… Todavía un paso más: acabo de tomarte por esposa…

No debió haberlo dicho. Un violento crujido anunciaba el desastre. La gentil desposada se había apresurado a obedecerle. Dio un paso más, por anfibología al pie de la letra, y terminó cuesta abajo en su rodada hacia el abismo, aplastando, de paso, a su, hasta entonces, felicísimo cónyuge, para acabar sumergiéndose y tocar fondo en las azules aguas del Peloponesto.

***

La moraleja de la presente fábula, niños míos, no puede estar más clara: callado, estás más guapo; otrosí, las divinidades durmientes podrían llegar a despertarse… Ellas, como vosotros, mejor cuando dormidas… ¡A la cama, a la cama…! No más cuentos por hoy, palabra del abuelo Scherezade…

Fin

 

 

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Hugetower, Investigador Privado

EL CASO DE LA VIZCONDESA ANCESTRAL (Jornada Segunda)

La Srta. Puri, que para eso la pago, aguardó, paciente en las praderas de una vida interior a prueba de enunciados cartesianos-silogismos en bárbara, abstenerse- mi salida del aliviadero unisex al fondo del despacho. Como yo ya esperaba, me la encontré con la artillería dispuesta a la masacre de mis sabrosos argumentos.

-Usted se entera, jefe, de que han sustraído un importante documento de su caja fuerte y se pone a reír en plan hienático: jijijí, jajajá… A servidora, que se lo pongan a clareo…

– Mi admirado colega francés C. Auguste Daupin se lo explicaría más alto pero no más claro; pero a ver cómo me las arreglo… Causa hilaridad en mi hipocondrio el simple hecho de que esa carta a la que usted tanto se ha estado refiriendo últimamente nunca haya salido de nuestro campo de visión. De fijarse un poco, mi querida Srta. Puri, la hubiese situado, de inmediato, sobre la mesilla situada justo al lado de la caja fuerte. A toro pasado, he caído de la burra: justo cuando me disponía a ponerla a buen recaudo, sonaron en mi móvil los melodiosos acordes del bolero “Dos gardenias para ti”, interpretado por Antonio Machín, lo cual me obligó, con vistas a atender la importuna llamada (una engorrosa oferta de línea ADSL), a depositar interinamente la misiva sobre la superficie encima de la cual se encuentra ahora. Mi mente ajetreada, en un desliz imperdonable por su parte, dio por realizado el fallido acto de depósito.

“Madame Plisevskaya puede dormir tranquila siempre que así se lo permitan los fogosos embistes de su joven amigo: la confesión de su antepasado no ha estado fuera de control en ningún momento. Ha sido usted, mencionando el robo de la carta, quien me ha brindado, con su atinada intervención, la solución del caso. Compruébelo usted misma: vaya y vea lo que no supo advertir cuando procedió a la apertura del receptáculo blindado y aventuró un diagnóstico erróneo sobre, por así decirlo, el “habeas corpus”…

Mi asalariada, ella es así, qué le vamos a hacer, enseguida intentó sacar tajada:

-Si la carta en cuestión no se encontrase donde usted se empecina en afirmar, ¿puedo tomarme un “moscoso” todo el día de mañana? He conocido, vía internet, a Kanata Smith, un aborigen australiano la mar de primigenio, que se ofrece a mostrarme, en su coquetón apartamento toledano, las habilidades gimnásticas de su cría de cocodrilo…

Kanata Smith, vestido de domingo

-Mujer de poca fe, en el caso probable de hallarse el cuerpo sin delito donde está y se le espera, ¿usted qué habría de concederme a cambio, a modo de favores especiales? Una visita a su huerto del francés, ¿qué le parece…?

-No me hables de Paul Naschy… Comparado con Kanata, pierde a los puntos filipinos: se pasa de finolis, por jacinto cortado… – respondió, tangencial y secante, de espaldas a la cámara, mientras se dirigía al lugar señalado para llevarse el chasco de su vida-¡Anda, pues es verdad…! ¡Quién lo hubiera dicho…!

Paul Naschy, ejerciendo de Ralkólnicov, en “El Huerto del Francés”

-Auguste Daupin lo dijo, Srta. Puri…

– Pues entonces, será él quien tenga todas las papeletas para llevarme al huerto…

***

Lo de localizar la firma en el escrito no nos iba a llevar minuto entero; de convertir los caracteres cirílicos al romano encargó Google, encantado de la vida; lo de Sergei Poliakov no tenía vuelta de hoja: volvía a remacharse en el remite. En cuanto al contenido de tan raro documento, según un esforzado traductor campante por el buscador antonomásico, vendría siendo el siguiente:

Sergei Poliakov, en sus años de esplendor en la hierba

“Yo, Sergei Poliakov, en utilización ras de mis universidades pensativas, divisar los trenes de mi siguiente cese, tengo ganas de clarear mi propiedad absolutista en el mausoleo fileteado de Aliona Ivanovna y su fraterna Lizabeta.

“Rodión Romanovich Ralkólnicov no tubería artista no porción en el ejecuciones de ambas pasatiempos. Cabrón espiado de una respiración compartida, fue a entregar con sus osamentas en Siberia, mientras yo, salvavidas, nunca fui sospechado delictivo. La gripe de mi familiaridad en las largas esferoidales segundó nuestras planificaciones y el gobierno se anticipó en varicar cuerna por abandono total atado y posesión atado.

“Para subir novela de Galdós de los propios, es disponible que mi fotunata pase a manoplas de sus descendidos Raskólnicov vivientes en un sobre. De otro indicativo, se metería en décimos y paramecios entre los menos terosos de San Peter burgués.

Éste es mi cabeza de mentar y mi postre mando y ato. Comida animal saliendo de la nariz para quienes osos desovar mis volutas.

Santoral Petreo burgués, anal del Amo 1855

***

-Más claro, el café inglés para continentales a precio de caviares iraníes… -argüí, en plan cosmopolita- El consorte de nuestra sufrida vizcondesa, una Raskólnicov podría decirse que tarde, mal y a rastro, trata de deshacerse del testamento hológrafo que pone en peligro su fortuna, evitando, de paso, aparecer en la prensa sensacionalista europea como villano de opereta en grado descendente con derecho a usufructo fraudulento. El hecho de que Plisevskaya presente ante los tribunales la prueba que nos ha sido confiada, coloca a su santo esposo al pie de los caballos…

-No sea machista, jefe: a los pies de las yeguas, para el caso…- puntualizó mi uñero purulento.

-…A los pies de las yeguas de la noche en versión original inglesa…- concedí con la magnificencia condescendiente en el trato con los asalariados que me caracteriza- En cuanto al conyuge de nuestra contratante de la primera parte contratante- a quien no dudo en relacionar con la mafia rusa más y mejor organizada-, habrá observado que guarda sutiles semejanzas con la protagonista de “Rebeca”…

Mrs. Danves .- Vamos a echar Manderley por la ventana para el baile de esta noche… Y usted, Señora, debería predicar con el ejemplo…
N. N. .- Pues, como me llamo Juana Fuente, que va a ser que no, Sra. Danvers… Tírese usted si quiere…

-¡Venga, jefe, déjese de acertijos…! ¡Qué ganas de rizar el vello púbico…!

-¿No había caído en la cuenta de que la Vizcondesa Irina nunca llegó a mencionarlo por su nombre de pila…? Eso lo relaciona con el best-seller DuMaurier; y con la peli Hitchcock, por supuesto… En prueba de mi afecto, la elijo como madrina de bautismo de tan escurridizo personaje. Vamos, póngale un nombre; novelesco a poder ser, si no le importa Sr. Puri…

-A veces, jefe- replicó ella, al borde de las lágrimas-, me entran unas ganas locas de entregarme a usted donde más cerca pille (por ejemplo, su mesa de despacho) y que luego sea lo que dios quiera…

-Pues por mí no se prive, pequeña… Sacrifiquemos a la Venus Afrodita las palomas torcaces que hagan falta, sobre altar de nuestros más íntimos deseos concupiscentes…

-Pero es que luego lo pienso mejor y me quedo con las ganas, por aquello de que no se debe comer donde descomes…

-Me lo estaba temiendo…- dije bajito, sabiendo como sabía de antemano que, con respecto a mi eficiente secretaria, iba a morirme con las botas puestas y sin probar bocado, y no poniéndome las botas en sus brazos.

La Srta. Puri, inasequible al desaliento y al desenfreno a medias, pensaba que mi orgullo de varón dominante y mi autoestima se podían atar con longanizas en aquella partida “tiro porque me toca”.

-¿Qué tal Vasily…? ¡Vasily Bondarchuk…!- palmoteó ella, entusiasmada por su propio ingenio.

-Va a ser que no, querida. No me gusta la gente despegada… El hacerse la estrecha con el jefe ha de pagar fielato. El marido de Irina Plisevskaya va a pasar a llamarse Anatoli Nikolayevich, porque así lo dispone mi autoridad en tiempo y forma. Tome nota, por favor, Srta. Reigosa. Espero no tener que repetirlo.

-¡Vaya birria de nombre…!- la escuché murmurar sotto voce.

Fue entonces cuando se pusieron a llamar contra la puerta de nuestras oficinas, con unos pies talla 48 calculando por lo bajo, al rítmico compás de tres por cuatro.

Anatoli Nikolayevich, aka Vasily Bondarchuk

Y así fue cómo llegó a nuestras vidas para quedarse el ínclito Anatoli Nikolayevich / Vasily Bondarchuk, el cual no venía solo sino malísimamente acompañado de sus inseparables Kostia, el Gitano y Yakov, el Payo, dos hampones de aspecto truculento y rostro asaz patibulario, uniformados por Ágata Ruiz de la Prada en tardoversión hongkonguesa.

Para saber si hubo ocasión de lamentarlo o no, necesario será aguardar a la tercera jornada de este apasionante serial internáutico.

FIN DE LA SEGUNDA JORNADA

Kostia el Gitano y Yakov el Payo, los dos de armas tomar, como muestra la imagen.

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