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Archive for the ‘Silba y acudiré’ Category

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VICTORIA, CARMELO

Dos nombres marchando juntos,

huellas firmes sobre arena,

un camino compartido

y una lucha que no cesa…

La victoria de Carmelo,

es también victoria nuestra:

donde hoy aún hiede a gas,

a corrupción y a prebenda,

ha de florecer la ría,

desnuda de fango, plena,

extendiendo en derredor

aromas de sal y xesta…

Hoy, amenaza; mañana,

orgullo de Ferrolterra.

II

Por la ría de Ferrol,

se ha crecido una leyenda:

dicen se escucha su voz

mientras sube la marea,

que va de la tierra al mar

y regresa a la ribera…

“No ceséis en nuestra lucha,

compañeros, compañeras…

¡Aquí no sobra ninguno:

su final está ya cerca…!

Sólo ya un empujón más,

y la planta se irá fuera,

por fuerza de la razón

y la razón de la fuerza,

xuntas todas, todos xuntos,

bajo la misma bandera:

el Pueblo protagoniza

una gesta de epopeya.

A estos muros de silencio

los derriba la conciencia,

esa conciencia de clase

que nos une y nos sustenta…!”

III

Reposad en el abrazo,

compañeros de tarea,

labradores de futuro,

memoria imperecedera:

sois, para todos nosotros,

claro ejemplo, mejor prueba:

a las voces de los justos

no se las traga la tierra.

IV

Juntos, Carmelo y Victoria,

se han unido a esta asamblea

y la brisa suena a luz,

faro de tanta tiniebla.

Un Carmelo victorioso

y una Victoria serena

nos susurran al oído:

“Ha merecido la pena”.

“¡Más fuerte, que no se oye…!”,

la voz de un niño se eleva

desde el medio del gentío,

en espera de respuesta.

Los dos, Victoria y Carmelo,

se lo aclaran “a capella”:

“Que se entere todo el mundo:

¡Ha merecido la pena,

ha merecido la pena,

ha merecido la pena…!”

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Captura

Colegio Ludy, mural de Víctor Gª Novas

“Platero y Yo (Una elejía andaluza)” nació en 1914, un año que iba a dar mucha guerra. Como tantas veces sucede en la Historia de la Literatura, su autor, Juan Ramón Jiménez, nobel 1956, español del éxodo y el llanto, va a conocer, con su publicación, la feliz desgracia de ver un título aislado convertirse en santo y seña universal, casi excluyente, de su bibliografía; la desolación vendría dada cuando te paras a pensar que nuestro poeta dedicó su vida entera al tajo de las letras y, en la práctica, sólo es conocido (y mal), a nivel popular-sin ser culpa del Pueblo-, por una única obra, ésa cuyo centenario celebramos.

Hay más, Sancho amigo: los mismos que reducen el Quijote a menos de una línea (“En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme”…), han hecho lo propio con “Platero” (“Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón…”, y ahí se acaba el cuento) …Tú, pregunta; y sus innumerables conocedores te contestarán, a coro, aniñando la voz : “Claro que lo conozco… ¡El del burrito….!”

No acaba aquí el memorial de agravios: lo que, en esencia, debería clasificarse como un libro de poemas en prosa, la amarga elegía de un hombre que vierte sus muchas soledades en los oídos de un burro, inter nos ha pasado, en demasiadas ocasiones, por relato infantil (diga lo que diga el autor en su prologuillo), una vez podado de ciertas franjas descriptivas que “no pinchan ni cortan”, y algún que otro apartado de corte melancólico (cuando no desolador hasta el nudo en la garganta:…).

Mea sobre mojado… Que se lo pregunten, si no, a Jonathan Swift, cuya vitriólica sátira política contra la monarquía británica circuló en la España de María Santísima como libro de cuentos…Por no hablar de “Alicia en el País de las Maravillas”, texto potencialmente perverso, dado su trasfondo pedófilo. Las andanzas por las verdes praderas de Oxford de Lewis Carroll, su autor, por más señas insigne matemático, con un selecto grupo de amiguitas, a las que fotografiar en poses sugerentes, jamás fueron cuestionadas, mientras el pobre Wilde, por un quítame allá esas pajas a medias con Lord Alfred Douglas, iba a terminar trágicamente, víctima de la muy estricta moral victoriana. En este clásico de la literatura “infantil”, conocemos a una heroína que se estira y encoje, parecida más de lo debido a un pene erecto en algunos momentos (véanse las ilustraciones de John Tenniel), dedicada a meterse en freudianas madrigueras de conejo…

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Platero ha cumplido cien años, tan famoso o más que el rucio aquel de Sancho y, no te digo nada, el asno dorado de Apuleyo o el de “El Sueño de una Noche de Verano” …

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Siempre contracorriente, moscón de la entrepierna, se me ocurre que debiéramos celebrar el centenario plateresco a base de las obras “secretas” de Jiménez: “Arias Tristes”, “Jardines Lejanos”, “Diario de un Poeta Recién Casado”… El caudal lírico de todas ellas, en búsqueda incansable de la pura Poesía, despojándola de todo lo accesorio que pueda molestar a lo esencial del verso, te lleva a penetrar en una dimensión inexplorada y fascinante… Por hacerse una idea: pasa algo parecido con los cuentos borgianos – éstos sí que lo son, y con todas las consecuencias además…-: llegamos a sentir a la Literatura empapando de arquitecturas perfectas nuestra sensibilidad y nuestra mente…Prácticamente, magia…

JRJ, poeta capicúa, a nivel íntimo, me ha regalado un verso- bueno, en realidad, dos- que, no siendo tan famoso como el “volverán las oscuras golondrinas” becqueriano, a mí me vale para saber el precio de los peines: “Y yo me iré, y seguirán los pájaros/ cantando” (“El Viaje Definitivo”)…

Juan Ramón Jiménez era amigo de un burro; pero es que hasta el burro se le muere… “Angustia es el único sentimiento cierto…y ni tan siquiera eso…”, ¿verdad, Vicente Araguas…?

(Publicado en “Razón Socialista”, nº 37)

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ritahayworthfemmefatale

¡PILLADO, VIVO O MUERTO…! 

A veces, la Memoria Histórica presenta extraños meandros – extraños por imprevisibles, más que nada-, que aportan nuevas luces sobre la esencia del franquismo y su modo de estar en la Historia, entre el crudo fascismo y la crónica negra con ribetes sicalípticos.

Viene esto al caso por un curioso episodio radiofónico, situado el 7 de mayo, que intentaré resumir sin hacerle perder un ápice de alcance testimonial puro y duro, y, por qué no, en su doble lectura, de nostálgico réquiem por el esplendor en la yerba de nuestros juveniles días de vino y rosas.

Programa nocturno de la Cadena SER, “Hablar por Hablar”, conducido por Adriana Mourelos. Al aparato Antonio, desde León. Quiere contar algo que, hasta entonces, no había contado a nadie; como en el romance lorquiano, “no quiere decir, por hombre/ las cosas que ella le dijo…” Si se dispone a hacerlo, es porque…Bueno, porque lo guardado muy adentro, bien merece sus minutos de gloria. Y a partir de aquí, el lector debe abrocharse el cinturón de las sorpresas…

La historia comienza a finales de los 60, durante la botadura de un gigantesco petrolero de 260.000 toneladas, construido en Bazán para Japón, con asistencia de Dª Carmen Polo y la plana mayor del gobierno, para cuyos fastos, cuenta Antonio- que había participado en el montaje manual de la primera central electrónica que se instaló en un barco a nivel mundial-, se habían traído, incluso, cuadros del Museo del Prado. Frente a él, durante la cena, una hermosa mujer morena de ojos verdes que, al comenzar el baile, le elige como pareja y ya no va a soltarlo hasta el fin del festejo. Pasados unos días, el delegado de su empresale comunica que ha venido a buscarlo una señorita y que tiene permiso para ausentarse del trabajo cuatro o cinco horas, sin preocuparse por cuestiones de descuento de salario. A la puerta, un enorme automóvil con chofer y, naturalmente… ella…,que se acerca y le besa, mientras a Antonio no le llega la camisa al cuerpo…El encuentro culmina en el Hotel Finisterre, donde les sirven una espléndida comida. Tan lírica Minerva parecía conocer de cabo a rabo (dicho sea sin segundas) la vida y milagros de Antonio. El romance de grana y oro (lo colorado que se ponía nuestro ceniciento y la pasta de la que parecía disponer la Princesa Azul), llegó a durar seis días. La “plana mayor” del séquito se marcha entonces para San Sebastián, rumbo al Palacio de Ayete, y Antonio recibe la apremiante invitación de acompañarles (¿Qué les dabas, Antonio…?). Él contesta que está casado y tiene un hijo viviendo en Madrid, pequeño detalle que, al parecer, la Bella ya sabía. Le replica que no debe preocuparse: personalmente, se encargará de que su empresa lo traslade a Donosti.

Dicho y hecho…Antonio reconoce, en aquella madrugada de echar el alma por la ventana, que, deslumbrado, se dejó arrastrar por más bien poco discreto encanto de la Corte franquista y lo bien que se comía en los restaurantes de cinco tenedores, a cuerpo de dictador, sin tener que abonar la factura.

El siguiente punto de destino de aquella España de charanga y represión era Palma de Mallorca, y luego, con Franco y todos sus ministros, a pasar el mes de agosto en el Pazo de Meirás, por seguir, gratis et amore, dejándose llevar por los vientos del Poder. Ella, sigue contando Antonio, era la hija de un ministro; reconoce también que él, socialmente modesto, no estaba nada mal en cuanto a hechuras: solía gustar mucho y bien a las mujeres, cualquiera fuese el color de sus ojos.

Al final del verano, se separan; durante tres años vuelven a reunirse, porque su empresa, avisada, se apresura a facilitarle los desplazamientos necesarios por “necesidades de servicio”.

Y, en uno de estos encuentros estivales, Antonio, que se halla trabajando en el Pazo de Meirás en cuestiones telefónicas, va a ser testigo de un diálogo entre el Ministro del Interior (“de Gobernación”, según nomenclatura del momento) y el Gobernador Civil de la Coruña, referente a lo que el primero de éstos llama un “Marcelino Camacho en versión gallega”: Rafael Pillado, dirigente de Comisiones Obreras. Estas son las palabras del ministro: “Quiero que me traigan a Pillado, vivo o muerto, esta noche”. (Tan expeditivo personaje pudo tratarse del general Camilo Alonso Vega, según cálculos del cadáver que no fue- Rafael Pillado-, enterado, por fin, de un peligro al que estuvo expuesto- como a tantos otros-, en un lejano pasado, gracias al presente testimonio radiofónico).

Antonio- que en la narración, en un lapsus de memoria, mezcla a los Pillado padre e hijo- se las arregla para mandar, mediante un compañero, un aviso a la familia para que Rafael se ponga a salvo porque “van a por él” y, en paralelo, comienza a coger miedo de que, personalmente, pueda pasarle “algo raro”, en su calidad de testigo de una de aquellas “cazas del hombre” que prodigaba el régimen, donde los disparos al aire por parte de las “fuerzas del orden” (el suyo) siempre acababan por alcanzar a algún manifestante en la cabeza.

Antonio, por poner tierra por medio, solicita a su empresa ser enviado al extranjero. El delegado le promete arreglarlo. Llevaba tres semanas en un destino europeo cuando, de repente, un día suena el teléfono y…Es ella.

Antonio trata de alegar que ha tenido otro hijo y da el love affaire por terminado. Ella insiste y le comunica su intención de ir a pasar con él una semana para hablar, él y ellos dos respectivamente, largo y tendido, de la situación. Por fin, nuestro hombre se entera de sus planes: pretende quedarse embarazada a base de su empuje y su semilla: León es tierra de epopeyas gloriosas y cides campeadores lanza en ristre…

El tiempo de programa se ha agotado. La locutora pide a Antonio que confirme su paternidad en proyecto y éste lo hace, a nivel algo enigmático, debido a la premura.

A posteriori, Rafael Pillado se pone en contacto con la SER, para intentar localizar a Antonio, aunque nada más sea para darle las gracias por habérsela jugado comunicando lo escuchado a su familia. En esa estamos, en el momento de escribir esta crónica de love por sale y de fascismo iridiado: los principios fundamentales del movimiento, por mucho que tratemos de obviarlo, pasaban también por este tipo de ajetreos, con o sin permiso de la Santa Madre Iglesia, en un “aquí te pillo/ aquí te monto”, cuando, en el camino de una dama franquista de ojos verdes, soltera y entera por hipótesis, se cruza cierto morenazo – un suponer: no conocemos el color de sus cabellos y ya debe de estar calvo-,como Antonio.

Cuando estas líneas vean la luz, espero haber conseguido que el archivo sonoro – destinado a poner los puntos sobre las íes sobre una época histórica y, ya de paso, poner alegres bragas y braguetas-, esté a disposición del lector en las páginas informatizadas de FUCO BUXÁN. Les aseguro que merece la pena el escucharlo.

En cuanto a Antonio – vaya por delante si no nuestra envidia, que también, nuestro interés histórico por entrar en contacto -, enviarle un mensaje de sincero agradecimiento por su testimonio. A eso lo llamo yo “enseñar deleitando…”.

En la segunda parte de las memorias de Rafael Pillado, cuya redacción se ha puesto en marcha, a buen seguro, encontrará hueco esta singular peripecia.

Y ahora ya sólo falta, como señalaba Adriana Mourelos segundos antes de acabar el programa, que alguien se decida a dedicarle a tan apasionantes episodios de nuestro Celtiberia XXI una buena novela…

[Publicado en “Razón Socialista” nº 36, revista de la Asociación “Fuco Buxán”]

Rafael Pillado y el autor, en traje de faena

Rafael Pillado y el autor, en traje de faena

 

PD) En el enlace de ahí abajo  se puede escuchar a Antonio, en vivo y casi en directo:

http://www.ivoox.com/audio_rf_3091795_1.html

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