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ANABEL O EL PARAÍSO RECOBRADO

I

Por tres casi nadas, se la había traspasado su amigo Agus, puesto entre la espada y la pared, a raíz de un ultimátum familiar, amenazando con ponerle las maletas en la puerta.

-Ya verás cómo no te va a causar ningún problema… Anabel se pasa durmiendo prácticamente todo el rato… Tú háblale en inglés con acento de Arizona: no entiende el castellano… de momento.

Cuando preguntó qué sabía hacer su nueva compañera de apartamento, recibió por respuesta tres cuartos de evasiva mozartiana:

-Lo que hacen todas… De momento, limítate a mirarla… Resulta fascinante… Y eso que es una cría… ¡Ya verás cuando crezca…!

Ante su insistencia, Agus optó por  encadenar sarcasmos quejumbrosos:

-¿No es esperarás que, además, cante o interprete a capella “Jingle Bells”…? Por encima de todo, no le andes contando a todo el mundo que la tienes contigo… Podrías buscarte un lío… A mí, ni me menciones: pienso negarlo todo… A ver por qué te crees que Anabel te ha salido tan  barata…

En cuanto  a la procedencia de la misma y las circunstancias de su extraño viaje hasta el Viejo Continente, se había mostrado más cauto todavía.

-Pongamos que se trata de un romance fallido; alguien que la quería y luego no la quiso, y me la pasó a mí, antes de proceder a su eliminación física, arrojando sus restos al retrete, una vez troceada en cachitos pequeños… Pobrecilla Anabel, que no hace daño a nadie… Ya la irás conociendo… Conocerla es amarla…

-Bueno, sí… pero…

-Pues no hay pero que valga: la tomas o la dejas…

La había tomado hacía ya una semana y abofé  no estaba arrepentido. En el recién estrenado apartamento, alquilado tras conseguir su primer gran empleo como agente de seguros puerta a puerta, a comisión y un pequeño incentivo aleatorio, a cargo de la empresa- antes, hostelería, paseador de falderos y vegetación tupida a base de sopa boba y acervas indirectas en casa de los papis, habían constituido sus hitos laborales-, quedaron ambos instalados, bello y bestia en amor y compañía, sin otro reto que aceptarse tal cual eran: un iluso aspirante a mileurista y una criatura algo torpe a la hora de reaccionar a los estímulos, recién salida del cascarón, como quien dice, o poco menos.

Si algo tenía claro es que Anabel había llegado a su vida sin billete de vuelta.

II

La había instalado en un antiguo acuario, tiempo ha convertido en macetero por falta de vecinos – sobre todo, tras haberse enterado en un chat de que los peces de colores son portadores de la peor de las suertes-, protegida por un tupido enrejado alámbrico, con una puertecilla de acceso situada en el ángulo inferior izquierdo para facilitar una alimentación más bien frugal, a base de ratones congelados, y su extracción a tomar por el saco, con periodicidad mensual, por mor de la limpieza de interiores, en especial la base, cubierta de serrín, y, ya puestos, renovar el agua hervida, desprovista de cloro, vertida en una jabonera de plástico verdoso, de par en par abierta sobre el poroso suelo amarillento.

El armatoste, de considerables proporciones, encajaba, como de encarga, contra la pared de la zona “salón”, en un apartamento abuhardillado sin mirada al exterior, que no rebasaría los treinta metros cuadrados, cuya cocina y único dormitorio con servicio aparecían delimitados por paneles sobre ruedas, iluminado y ventilado a través de dos pitañosos ojos de buey obrantes en su techo… Por resumir: un sucinto paraíso donde ni siquiera faltaba la serpiente, un crótalo sin carnet de identidad, que él pensaba utilizar como cebo y aliciente, en su pasatiempo  cinegético habitual durante los fines de semana: el acoso y derribo de una hembra predispuesta de su especie.

-Sube al piso y te enseño mi serpiente…

III

Y estaban ambos desnudos, él y ella, y no se avergonzaban. Escasísimo interés había mostrado Jessie, la pinzona de turno, por el tópico “ofidios” en general y por el de Anabel en particular, si a los hechos hemos de atenernos. Enseguida se había mostrado dispuesta a la molienda, yendo al grano, no más cruzar la puerta del reducto.

-A esa Anabel, si no te importa, chico, la dejas para luego… Vamos a lo que vamos. A lo que hemos venido,  estricto sensu hablando…

Dicho y hecho (y con preservativo de colores chillones, tachonado de diminutas inclemencias rugosas). Descansaban ahora, el uno junto al otro, turolenses, fumando el preceptivo cigarrillo, a la busca y captura de un tópico de conversación mínimamente interesante que rellenase el fastidioso hueco devenido, antes de que Jessie, estudiante de idiomas, a la que había conocido aquella misma tarde en una heladería italiana regentada por una familia china, procediera a vestirse desde abajo y tomase soleta, saliendo de su vida para siempre.

-Pues sí: no ha estado mal, reconozcámoslo… -concedió ella, en plan Marquesa Eulalia- Mas, de aspirar a que te bareme como amante, con un cinco raspado vas que ardes… ¿Tú conoces lo que son “preliminares”…?

-Creí haber entendido…

      -No te pases de listo… ¿Hay algo de comer en este cuarto oscuro, además de morcilla   encebollada…?

      Adán se sintió descolocado y eligió ganar tiempo, quitándose de en medio.

-Bajo a por bocatas y unas birras… Y tú, no toques nada… Si quieres averiguar algo de mí, me lo preguntas…

-Está todo tocado y bien tocado. Con eso ya sé lo suficiente. Bajas y subes; y si no, no me encuentras…

-Presto súbito…

-¿Parlas italianini…?

-¡Si me lo pide el cuerpo…! Voy a repetirlo, antes de irme, por si acaso… No tocar: peligro de muerte, calavera con tibias… Y no estoy bromeando… A Anabel le desagradan los extraños…

-¿Quién se esconde en el piso…? ¿Una psicópata…? ¡Mira cómo me río…!- bravuconeaba Jessie.

Mas fue quedarse sola, dos minutos más tarde, e instalarse, por su cuenta y su riesgo, en una peli yanqui de asesinos en serie.

-Viene el malo y te mata…Y me pasa por tonta… En cueros no me pilla, de poder evitarse… – masculló para sí, mientras procedía a cubrir, atropelladamente, sus escasas vergüenzas.

IV

ShheShee, que no Anabel, allá en su mundo paralelo, dormitaba, pensando en asuntos internos.

La Gran Madre Lilith, desde siempre, se lo había estado advirtiendo a sus discípulas:

-Vuestra mejor defensa será la ponzoñosa tentación,  no el ataque cruento, frente a frente… Carecemos de fuerza; pero somos astutas… Nuestros esbeltos cuerpos pueden ser aplastados por la bota de la más cruel de las criaturas. Sin embargo, una vez introducidas en sus mentes obtusas, mediante los halagos a su vanidad y las falsas promesas de triunfos terrenales, convertidas en dueñas y señoras de sus mentes, manejaremos a nuestro arbitrio sus destinos…

Nada en su actual entorno amurallado se le antojaba favorable, acogedor,  o mínimamente seguro, a pesar del alimento recibido, cuya ingestión- cuestión de vida o muerte: pura supervivencia- le provocaba una visión borrosa, continuas náuseas y fortísimos dolores, con epicentro localizado en la zona baja del abdomen.

Con una anterioridad sin precisión posible, había surgido de forma inopinada lo que ella llamaba el “gran cataclismo”: oscuridad, telúricos temblores prolongándose en el tiempo, y trasladando a su cerebro en caos un pánico infinito, y todo ello en el marco de aquella fétida impregnación del aire, convertido en cenagal irrespirable.

El recuerdo de la dorada arena en derredor, con un Sol allá arriba, abrasado de rayos, se las arreglaba para perseguirla de continuo.

Hasta el momento, el Enemigo había adoptado dos únicas geometrías. Lo vertical sin curvas apreciables daba ahora paso, en el último momento, a una nueva variante hostil, esta vez de cadenciosos contornos curvilíneos.

Ambas formas habían estado apareándose, con impudicia manifiesta, en su presencia, sin el menor cortejo de por medio; al rematar, ni siquiera parecían saciados o felices: empezaron a arder, expandiendo en el aire un humo azul cargado de sustancias venenosas.

El Enemigo recto ahora no estaba; al menos su visión no lograba situarlo en el espacio. El Enemigo curvo permanecía a la vista, susceptible de ser alcanzado por su fuerza.

-Habida cuenta de que un pajarillo o un roedor tardan lo que dura un soplido de brisa en caer bajo mi influjo- meditaba ShheShee, con acompañamiento apenas audible de sus crótalos-, puedo paralizarla en cuestión de dos pasos de cometa…

No pensaba devorarla; eso faltaba… Era cuestión de mantenerla inmóvil en tanto procedía a reordenar sus pensamientos, siguiendo un plan trazado, en tiempo y forma, por la Gran Madre Lilith…

V

  Jessie García no era de ésas que se anda con remilgos. ¡Que no tocara nada, le había dicho…! ¡Ni que tuviera pintas de mechera…! Ahora vería…

Fue a fijar su atención en el terrario –antes, pecera- y quedarse pasmada; apenas daba crédito a sus ojos… Mucho menos aún a sus oídos, pues la serpiente-loro desplumado iba y le hablaba con palabras sensatas y prudentes.

-Seguro que se ha untado burundanga en sus partes plebeyas; pues si no, no me explico estos alucinajes que me traigo yo contigo… -murmuró una Jessie turulata, que  no alcanzaba a sumar tres y tres, siete.

-Confía en mí, mi dulce principesa, que sé lo que trajino en el caldero. Un mate en tres jugadas. Fase uno: tú me sacas de mi confinamiento (sin riesgo alguno por tu parte, por supuesto) y me conduces hasta el cuarto de baño, donde me depositas, a lo Niño Jesús, pero sin pajas,  dentro de la bañera; yo, cautelosa con laureles de por mí, procedo a ocultarme, como el padre de Ofelia, detrás de la cortina, de inmediato. Fase dos: en cuanto vuelva con el parco refrigerio, le recuerdas a ese galancete de poca monta que te traes entre las piernas sus deberes higiénicos pre coitum;  si no hay ducha, no hay lucha cuerpo a cuerpo: se queda sin merienda (y le muestras tus pechos, que si no, no se entera de qué va la película; tiene pinta de lerdo redomado…). Fase definitiva: él se mete, a poil, en la bañera, ocasión que aprovecho, como quien no quiere la cosa, para hincarle el colmillo “por do más pecado había”, tal cual  procediera cierta antepasada de una servidora con don Rodrigo, espiador de florindas en el baño…

-Muy lanzada te noto, para ser psicofonía…- replicó Jessie, ya a la defensiva pura y dura- No te pases de lista, bacalada, que todavía controlo mi esplendor en la hierba…

VI

De regreso a sus cuarteles de las cuatro estaciones, Gregorio Somosaguas Seoane, soltero, natural y vecino de A Coruña, con domicilio en Real 49, 5º interior izquierda, DNI 45673521, letra F, de profesión “vendedor de seguros puerta a puerta”…  [Vaya, se me ha escapado sin querer…Le había prometido al protagonista de esta verídica historia, bajo solemne juramento,  mantener su identidad en el total anonimato… Nota del Autor]. Continuemos: Gregorio Somosaguas, etc., etc., etc.,  provisto de viandas poco recomendables para el colesterol y el exceso de peso, caminaba despacio, tratando de poner en orden sus tres o cuatro ideas originales.

-Nunca debí dejarla sola con Anabel en mi boudoir… ¡Sabe dios lo que es capaz de hacerle…! Pensándola una pitón inofensiva, lo mismo se la pone de bufanda a lo Selma Lagerlöf  en “Abierto Hasta el Amanecer” y se marcha a darse un garbeo por los Cantones… ¡Con lo poco a mi Anabel le gustan los traslados…! Hice mal en invitarla a merendola: me ha salido por dos ojos de la cara… Tampoco puede decirse que se esforzara mucho en complacerme: sota, caballo y rey; misionero, a tus misiones apostólicas romanas… Olvídate de Francia, que hoy no toca… Y yo, tonto Babieca, haciendo el burro,  voy y la obsequio con “perritos calientes”, mostaza a tutiplén, y con patatas fritas… Perra, ella… “Perra” es poco… Cacho de cachoperra, y aun me quedo largo en el arrastre… Porque uno, modestia aparte, sí que ha dado la talla, y no Pepino el Breve: Do de pecho y de nalga, dos en uno… Hala, henos aquí, ya hemos llegado a Ítaca: subamos cinco pisos, cargado de regalos suntuosos, echándole riñones…

Una Penélope vestida hasta los dientes,  lo recibió sin demasiado entusiasmo.

-No veo la pizza por ninguna parte…

-Hablé de un bocadillo…

-Lo mencionaste; yo, lo que te pedí, fue una pizza con salsa encabronada…

-No te oí…

-¿Tampoco te responden las trompas de Eustaquio…? Lo que se dice “a pleno rendimiento”, parece no funcionar casi nada en tu organismo…

-¿Te he preguntado a ti qué les ocurre a tus trompas de Falopio…?

 – Polvo con rapapolvo…Mejor será te pegues una ducha… ¿O es que acaso piensas merendar oliendo a cuadra…?

-“Sabor a ti”, como canta el bolero… Ahora, no me apetece…

-Si no hay ducha, no hay trucha asalmonada…- sentenció Jessie, babélica perdida, trabucando instrucciones recibidas- Te remojas un poco y sales a recibir tu recompensa…

-Si me soplas después, para secarme lo mojado, no te digo que no…-respondió Gregorio Somosaguas Seoane, soltero, natural y vecino de A Coruña, con domicilio en Real 49, 5º interior izquierda, DNI 45673521, letra F, de profesión “vendedor de seguros puerta a puerta”…, además de inconfeso fan de Ricky Martin- Vente pacá  y que sea lo que dios quiera…

La agarró de la mano y la arrastró, mandril, sin grandes miramientos, hacia el cuarto de baño.

Jessie, confiando en la promesa de las voces, casi se dejó llevar, por un simplmotivo:no quería perderse el espectáculo.

VII

ShheShee hallóse confundida ante una presencia no esperada, la de la forma curva; no menos turbador resultaba que la forma recta hubiese cambiado de piel ante sus ojos en menos de lo que se tarda en engullir un saltamontes. Una nueva sorpresa le aguardaba: una hermana suya, cieguecita la pobre, como la de Sorrento, con la que no contaba en absoluto, se le había adelantado en el designio y surgía, victoriosa, de la velluda entrepierna de Enemigo, procedente, a no dudar, de sus entrañas, donde habría estado haciendo de las suyas. [Ventajas (?) de estar tan bien dotado el tal Gregorio Somosaguas Seoane, soltero, natural y vecino de A Coruña, con domicilio en Real 49, 5º interior izquierda, DNI 45673521, letra F, de profesión “vendedor de seguros puerta a puerta”. Y de ahí la confusión reinante en la cornuda cabeza de la bestia. Tenga en cuenta el lector desconfiado que las sucesivas paradas nupciales de Enemigo sólo habían permitido a ShheShee la visión sube y baja de sus nalgas; de desnudos frontales no sabía ni contestaba… hasta el momento. Nota del autor].

Al ser norma de obligado cumplimiento, según los Libros Sagrados (en “SHHH” 2, versículo 7, se especifica claramente), no disputar la presa a una congénere, optó nuestra Némesis reptante por batirse en virtuosa retirada, tras descartar emprenderla con Enemigo curvo, por palabra empeñada de no probar bocado de sus carnes tolendas.

Sigilosa, se deslizó pues hasta la alcoba. A sus espaldas, violentas vibraciones sobre suelo del baño anunciaban que se debía de estar  armando  allí una muy gorda: Enemigo recibía su merecido…

En un inesperado “run for cover”, ShheShee se las arregló, bien que mal, para regresar a su terrario, cuya trampilla en la alambrada había quedado abierta, tras su última y reciente salida a los espacios exteriores.

-Mi reino por un grano de arena…- declamó,  shakesperiana primero y verdiana después- Va pensiero hasta el desierto de Arizona que enardece mis ansias metamórficas… Siendo hoy serpiente, yo quisiera convertirme en águila emplumada y volar hasta allí por retorcerme a gusto, duna va, duna viene, cuando calienta el Sol, allá en las playas celestiales, pintando los paisajes de amarillo de cromo…

Lilith, que andaba al quite, le ofreció soluciones y le planteó problemas.

-Quetzalcóatl te tomará bajo su protección si se lo pides… Pero no olvides, mi pequeña avutarda, que el aspecto exterior importa más bien poco y resulta engañoso a los sentidos: tú misma acabas de confundir una verga humana en erección con hagiográfico reptil paradisíaco… Lo importante, querida, es ser serpiente; con plumas o sin ellas es pecado al minuto… ShheShee o Anabel, ¿cuál es la diferencia…? Escucha mi consejo maternal: no renuncies a nada… Alguna vez, podrías necesitarlo; pero ya sería tarde… Di que me has entendido…

La serpiente hizo sonar sus crótalos una vez y otra vez, hasta quedar exhausta…

VIII

-¿Qué ha sido eso…? – preguntó Jessie, aun sin abrir los ojos.

-El puto despertador, que está sonando… – respondió Gregorio Somosaguas Seoane, soltero, natural y vecino de A Coruña, con domicilio en Real 49, 5º interior, izquierda, DNI 45673521, letra F, de profesión “vendedor de seguros puerta a puerta”- Sigue durmiendo, nena… O mejor, no: llevo una pistola en el pijama y me alegro de verte…

                                   FIN

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EL SUEÑO DE DESDÉMONA

-Puede que cambie con el tiempo, señora… – la consolaba Emilia- Todos lo hacen, más tarde o más temprano… Maese Iago, al principio, no era esposo fácil de contentar, por sus continuas y desmedidas celosías… Hoy, ya le veis, señora: un montaraz cabrito convertido en agnus dei qui tollis

– Los pecados del mundo…- completó ella, asomando una pálida sonrisa a sus carnosos labios- Ojalá dejara de comprometerme el tal Rodrigo… Un perrillo faldero con ínfulas de tigre de Bengala… Y ese Casio, mandril fornicador, frecuentador de burdeles y tabernas…

Desdémona habíase, con frecuencia, interrogado acerca del porqué de cierto empecinamiento por su parte, en cuanto fémina,  y no de las más lerdas, a la hora de ocupar el pensamiento con las andanzas de los hombres peores en detrimento de los malos, que los buenos, habiendo, resultaban tan desazonados como, a la postre, desazonadores: caza menor a las flechas de Eros.

– Por fauna no ha de quedar, mi ama; los hombres se comportan como verdaderas alimañas… El saberlos llevar y conducir es cosa de mujeres con calculado aplomo y diplomacia…

Sin presentar apenas atención al parloteo incesante de su fámula, continuó su argumento la más fiel de las damas de la Itálica:

– ¡En cuán poco me valora mi esposo por lo bajo, que, por lo alto, ni el Dux ni el de Roma se hallan a salvo de sospecha…! No quiero ni imaginar sus desvaríos, de no ser león abisinio sobre las conyugales sábanas de Holanda…Siempre abierta en canal, para él yo soy, al parecer, su segunda Venecia en prioridades, ciudadela a la que tomar por asalto, a sangre y fuego, cada noche, hasta en nueve ocasiones sucesivas…

Calló, prudente, la joven desposada. Poco o nada confiaba en la discreción de Emilia, cuya honradez, por otra parte, se había demostrado de vidrio fragilísimo: aquí y allá, rapiñas in crescendo, del costurero a su cofre bajo llave de las joyas: donde digo hoy dedal, mañana gargantilla de rojizos corales, a buen recaudo en sus amplias faldriqueras. Por lo que a Iago, el consorte de Emilia, se refiere, sombra suya de siempre y cómplice entregado de mil y una intrigas palaciegas, suponía para Othello el más fiel camarada y hermano putativo, no obstante lo cual no apostaría por él ni una pestaña: falso doblón, moneda falsa de Judas Iscariote, traidor cuando te besa, doblemente fementido cuando intenta abrazarte, afectando hermandades que no siente, y padece al arbitrio de su depravado instinto, siempre alerta, y  en celo de fornicio, sin importar nido propio o ajeno.

Abofé no las tenía todas consigo a la hora de calibrar acierto en escogiendo pretendiente a sus altares. El moro, arrojado en la batalla épica, harto molesto había de resultar tras descender, amaneciendo, de su lecho; por empezar, no tenía conversación que no fuese al socaire de turcos otomanos y sus posibles flancos vulnerables, asunto que a Desdémona no iba o venía más allá de lo que pudieran hacerlo a su interés el tratamiento de las fiebres de pantano tifoideo.  Ello y todo, a no mucho tardar, en encuentros fugaces durante los almuerzos, había dado paso a quejosos reproches acerca de sus ocios compartidos con aquéllos con los que cualquier honesta esposa no debiere… Un hartazgo de deshilvanados argumentos en su contra, que ella solía escuchar con una modestia recatada, ocultando su fastidio y desaliento. ¿Por ventura protestaba ella, en alguna ocasión, de la espartana austeridad del protocolo impuesto para la vida castellana por alguien acostumbrado a la milicia hombruna, tan alejada de lujos y boatos…? Pareciera a su fuero más recóndito que las alegrías de juventud habían sido enviadas al destierro; quizás soñaba que, obligada a beber un filtro ponzoñoso, se hallaba recluida en un convento…

¡Qué diferente, empero, el tono empleado en presencia de las gentes de milicia, cuya mera presencia facilitaba, como por sortilegio, un ambiente cordial y de entre iguales, sin haber de renunciar a la autoritas…! La clase cortesana, en paralelo, parecía provocarle un cierto complejo resentido y, de ser posible, que no siempre, él la mantenía a raya temerosa, no fuese a ser recibiese algún desaire su ennegrecida tez y su acento algo arcaico, y aun incluso, por las veces, cuartelero. Si algo no se improvisa en este mundo, a decir de su padre, el buen Brabantio, es la alcurnia procedente de la cuna; y cada cual debe aceptar genealogía. Desdémona salía ganando en algo: solía lucirla a ella, en un visto y no visto, se ve que “por si caso”, adornando salones cogida de su brazo, vana pretensión suya de llegar a ser  confundido, en cuanto a relevancia personal, por los allí presentes.

Mas, sin embargo, no estaba arrepentida de aquel matrimonio tan llamativo a las lenguas del mundo por edad despareja y por progenie. Simplemente, el uso de sus ventajas amatorias, la novedad agotada, comenzaba a resultar decepcionante. En verdad, opciones más acordes a su rango nunca había escaseado a un albedrío mediatizado a medias. Solo que… Solo que, en general, los hombres a priori dignos de su interés – el resto, los plebeyos, no entraban en sus planes, de momento…- despertaban en ella una vaga sensación de visceral rechazo: la corte veneciana en carnaval perpetuo, con sus febles aristas, los había transformado en barbilindos galanes obsequiosos, cuando no en parlanchinas damiselas, tan ricas en afeites orientales como paupérrimas a la hora del redaño… Un verdadero adán no se adorna con vanas muselinas; suya es la fuerza y suya, la rudeza… La naturaleza poco considerada del varón hacia el sexo distinto quizás abra la caja de los truenos… y hasta, a veces, incluso, la caja de Pandora… He aquí el problema: lo tomas o lo dejas… Amar es entregarse, ¿no es eso lo que afirman los tratados de Erato…? Acarrea pues el riesgo cierto de ser pieza cobrada por un innoble bruto en potencia y en acto…

-¿Es mi peligro Othello o mi seguridad…?- había llegado a preguntarse alguna vez, y responderse: “Él me ama; jamás debo dudarlo; pero lo hace cómo sabe y entiende: a su modo y manera, que tampoco son suyos, sino renacentistas… El Destino no existe; nuestras vidas las gobierna el progreso o atraso de los tiempos…”

Además de ademases, muy a tener en cuenta: en el fondo del fondo, ¿una elige pareja…? Te la fuerza, es sabido, la mudable fama del momento… Hoy, el guerrero; mañana, el trovador; pasado, el opulento… Había elegido a Othello, en un impetuoso arranque de hija única, una  puella consentida y regalada… Las heroicas hazañas extramuros del galán de su suerte habían traído estos lodos: saberse convertidas, sin retorno, por la opaca costumbre doméstica, en bostezos disimulados bajo mohines de encaje cubriéndote la boca, por no hablar de las cada vez más frecuentes y prolongadas ausencias maritales de la alcoba, cuando el deber de bravo general lo llamaba a la batalla en otra parte en sombra del planeta… Su semilla, arenisca viscosa, arrastrada por un oleaje de una pasión sin horizontes mar adentro, ella misma, esperaba, ma non troppo, al paso de las lunas por el cielo, el milagro redondo de su vientre fecundo y no un cáliz vacío de sangre joven inútilmente derramada sobre un ajuar de joven desposada… ¿Qué le importaba a ella, en el fondo, ser o no ser madre de una oscura camada de lobeznos ruidosos, a imagen y semejanza de su padre…? Su suerte estaba echada…Se disponía a serle fiel hasta la muerte…

Fue pensarlo y advertir un funesto presentimiento aleteando por su espíritu noble, en busca de una flor donde poder posarse a descansar la angustia y la zozobra devenidas.

– Othello va a matarme y no me lo merezco… – dijo en voz alta. Y añadió: “Él piensa que me ama y es mentira. Y si yo lo repito, en soniquete, es que me he convertido en la más necia de todas las mujeres… Emilia, cuando regrese tu señor, comunícale que me he marchado de viaje, con destino a mí misma, y no pienso regresar en mucho tiempo. Menciónale también el portazo que he dado… No preguntes por qué; no me hallo en condiciones de explicarlo… He sentido, de pronto, una especie de pálpito…

Pero estaba soñando… Se había quedado dormida, al calor de una lámpara en llamas, como tantas otras noches, en la inútil espera del esposo.

Al despertarse, Emilia se había ido y la puerta de la alcoba estaba abierta…

-Apagaré su luz… – era la voz de Othello, a pie de lecho. La ambigüedad de la frase escuchada resultaba definitivamente aterradora, a medio camino entre una nueva demostración de la habitual tacañería del personaje y la oscura amenaza.1cacddb1191a11a2c37f70c5da34aefd

FIN

 

El Licántropo (2, 3)

ACTO 2

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Escena 3

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[Continúa la acción de la escena anterior. Entran Amelia, Rita y Ángel López. Rita ha sufrido una  una notable transformación: aunque sigue de uniforme, ahora es rubia, va ostensiblemente maquillada y el tamaño de sus senos ha aumentado lo suyo, todo lo cual hace que Irene retroceda, espantada, mientras Héctor se muestra muy nervioso]

HÉCTOR.- Exijo quedarme a solas con ella…

IRENE.- Monstruoso, no encuentro otra forma de expresarlo…

HÉCTOR.- (Avanza hacia Rita y recorre lentamente su silueta con los brazos abiertos, sin llegar a tocarla) ¡Qué error, qué inmenso error…! ¡Atrás, atrás…! ¡Quítese de mi vista…!  ¡Fui loco, ya estoy cuerdo…! Vade retro, Satana…

RITA.- Le advertí, en su momento, de que nos disponíamos a jugar con fuego. Me presté a todo sin chistar, por cuatro perras gordas. Así me lo agradece…

HÉCTOR.- ¡Debería destruirla…!

RITA.- Y ahora, amenazas… Menos mal que es en presencia de testigos…

IRENE.- No puedo creer que hayas sido capaz de… de recrear una criatura, imagen y semejanza de mi madre…

DR. LLANOS.- Considérelo, Srta. Irene, un homenaje póstumo, rendido a la memoria de la esposa ausente por parte de un hombre enamorado, su padre de usted, cuyo estado mental, como es sabido, a fecha de hoy, no pasa por sus mejores idus mensuales…

IRENE.- Si logro demostrar que estaba enterado de esta siniestra farsa, Dr. Llanos, no pararé hasta verlo sentado en el banquillo…

ÁNGEL LÓPEZ.- Contigo siempre, como un solo hombre, mi pequeña…

RITA.- Aquí nadie ha cometido un delito. Hice lo que se me pedía y no vi mal en ello…Se trataba de parecerme en todo lo posible a su señora, fallecida de cáncer hace años… Lástima que, al final, se torciese el meandro…

AMELIA.- Hable cuando se le pregunte, Rita… Menuda figurín, con perdón, salió usted hecha de lo que se suponía un salón de belleza acreditado… Lucía otro aspecto cuando fue contratada… Procure recuperarlo antes de que finalice la jornada o habrá de apechugar con consecuencias… Si pensó, en algún momento, el ir a salirse de rositas, es que no nos conoce como empresa… Seriedad, ante todo y cumplimiento riguroso de las reglas…

HÉCTOR.- Asumo toda responsabilidad por lo ocurrido…

IRENE.- ¿Hablas de responsabilidad, tú precisamente, un perfecto irresponsable, papá…?

HÉCTOR.- Quería volver a verla, una vez más siquiera… Sus rasgos se habían ido borrando de mi mente… Necesitaba ser capaz de imaginarla…

IRENE.- ¿No me tenías a mí…? Siempre dijiste que me parecía a ella… Si alguna vez te hubieses molestado en mirarme, habrías podido recordarla…

HÉCTOR.- Nada de mi Amparito permanece hoy en ti… Sombras y luz: ésa es la terrible diferencia entre vosotras…

IRENE.- Lamento no haber muerto en su lugar…

HÉCTOR.- ¿A qué engañarnos, hija…? Yo , a veces, lo lamento…

DR. LLANOS.- Amigo Héctor, modere sus exabruptos, por favor… Tales palabras sobrepasan lo admisible, aun teniendo cuenta las actuales circunstancias, y están causando un dolor improductivo en la persona de su hija… Me gustaría proponer un armisticio a los aquí presentes antes de dejarlo descansar de tantas emociones… Habida cuenta de que, en definitiva, hemos salido indemnes del complejo vericueto argumental, alcancemos un acuerdo amistoso: borrón y cuenta nueva… ¿Qué me dicen a eso…? Vamos, veamos: abierto queda el turno de palabra… Nos pide intervenir la señora directora…

AMELIA.- Bienvenido sea cuanto contribuya al sosiego de esta institución… De todo lo acordado, haré inmediato sabedor al Dr. Crespo…¡Está tan preocupado, a raíz de los últimos sucesos…! Agradezca usted, Rita, esta oportunidad que se le ofrece de volver al redil sin consecuencias…

RITA.- Sí, señora… Reconozco haberme pasado de la raya…

DR. LLANOS.- Es su turno, Sr. Cifuentes… Le aconsejo que no escatime tender puentes, hasta donde pueda llegar su amor de padre…

HÉCTOR.- Es como jugar al escondite inglés; alguien cierra los ojos, corre a esconderse el resto… Contaré hasta cien y, cuando acabe, todos ustedes ya no estarán aquí y podré mirar por la ventana, por comprobar si ha desertado alguna rata en la escombrera…

DR. LLANOS.- Ese rasgo de fino humor, tan sutil y tan suyo, me tranquiliza por completo. Traduzco la charada: usted también acepta mi propuesta…

RITA.- De cogerle el tranquillo, un encanto de hombre: se hace querer de todas y de todos…

AMELIA.- Habrá podido comprobar, Sr. Cifuentes, que la tan cacareada referencia al desenlace de “La Dama Del Lago” venía traída un poco por los pelos de salva sea la parte… No somos tan pérfidas ni arteras las mujeres que le han tocado en suerte, siempre pendientes de su felicidad y su buen acomodo, a pesar de sus rarezas de carácter… No muchas, por fortuna; y se compensan con virtudes notables de las que hacen gala sus maneras de perfecto caballero, solapadas bajo ferocidad grandguiñolesca…

HÉCTOR.- ¿Qué se puede esperar de un hombre-lobo…?

DR. LLANOS.- Irene, es usted la encargada de cerrar este pequeño acto conciliatorio de buena voluntad entre las partes… No me desilusione, por favor… Súbase al carro de nuestra selecta mayoría… La verdad se sitúa muchas veces sobre un juego de espejos… Resulta altamente arriesgado disparar; sobre todo, apuntando al corazón. Nunca se sabe quien acabará por resultar herido… o muerto.

AMELIA.- Escuche sus razones y hágale caso al Dr. Llanos… Se quedará tranquila… Él entiende mucho de estas cosas…

IRENE.- Por lo que a mí respecta, no ha de temblarme el pulso… Y, ahora, les dejo disfrutando de esta fiesta de buenas intenciones en almíbar, no apta para diabéticos… Tendrán noticias mías cuando haya consultado a un abogado… Soy una de esas ratas que, al decir de mi padre,  abandonan el barco definitivamente…

HÉCTOR.- Despidámonos pues… (Se acerca a ella) ¿Te sientes en condiciones de abrazarme…? Tú dirás…(Ella no sabe/ no contesta) Un último favor… Dispongo de un revólver sin licencia. Debe andar por ahí, disimulado; si se le busca, seguro que aparece…¿Te encargarás de  conseguir balas de plata…? (Ante la no respuesta de su hija, se dirige a la ventana y mira el exterior)

IRENE.- ¿Nos vamos, Ángel…? Necesito aire limpio…

ÁNGEL LÓPEZ.- Un momento, querida… He de dirigirme a la asamblea… ¿Alguien podría explicarme los motivos por los cuales se me deniega un turno de palabra…?¿O es que se me considera la hermana fea en todo este cotarro de las hadas madrinas…? ¿Acaso no sangro al ser pinchado…?  Pues así se me agravia, estaría en mi derecho de vengarme… Me conformaré con un poco de justicia…

HÉCTOR.- (gira sobre sí mismo por un instante, antes de volver a su posición) ¡Tres hurras por el muchacho Shakesperiano…!

DR. LLANOS.- Nada más lejos de mis intenciones que ningunearlo, joven… Diga lo que tenga que decir: sus opiniones, estoy seguro, resultarán provechosas para un satisfactorio desenlace de nuestros malhadados desencuentros personales…

 IRENE.- ¿Estás seguro de lo que vas a hacer…?

ÁNGEL LÓPEZ.- Tú déjame a mí…

AMELIA.- Sea breve, por favor. Tanto Rita como la paciente directora que le habla tenemos miles de tareas en las que ocuparnos,  garantizando así que este establecimiento funcione como esperan de él amigos y clientes: una tranquilidad de spa, ajena a cualesquiera sobresaltos…

ÁNGEL LÓPEZ.- Les garantizo a ambas el altísimo interés de lo que estoy a punto de someter a su distinguida consideración…

AMELIA.- Permítame dudarlo…

DR. LLANOS.- Querida directora, acójase al turno de réplica, en caso necesario… Mientras tanto, oigamos lo que tiene que aclararnos nuestro interlocutor…

ÁNGEL LÓPEZ.- Héteme aquí que, en mi rol de despistado policía, durante los ensayos previos y aun después, tuve ocasión de moverme a mis anchas por la “casa”- así la llaman, creo, puertas adentro-; por completo entregado a mi papel, devoto de Stanislavski hasta las cachas, se me ocurrió ir preguntando, aquí y allá, acerca de las interioridades del convento, a un selecto grupo de internados… ¿O acaso debo llamarles “residentes”…?

AMELIA.- “Residentes”, mejor, si no es molestia…

ÁNGEL LÓPEZ.- Ninguna en absoluto… Continúo… Para sorpresa mía, fui a enterarme de ciertas peculiaridades del establecimiento, a la hora de programar actividades lúdicas de supuesto carácter aleatorio …El abanico de posibilidades a la hora de elegir esparcimiento superaba con mucho las expectativas que uno podría formarse…

AMELIA.- En ello hemos venido trabajando de forma denodada desde siempre… Todos los eventos patrocinados por el equipo directivo cuentan con el visto bueno de nuestro staff de sicólogos titulados, garantizando su idoneidad en cada caso. A mayores, nos respalda la aprobación gubernativa. Disponemos de pruebas para acreditarlo documentalmente ante quien sea…

ÁNGEL LÓPEZ .-  Mi más cordial enhorabuena, Sra. directora… Sucede que, en el transcurso una de estas correrías intramuros, en uno de los salones destinado a lectura, fui a darme de bruces con cierta dama, algo entrada en años, la cual vino a hacerme saber algo así como que no le convencía ni poco ni mucho mi caracterización como su hijo mayor suyo, un tal Francisco, víctima mortal de un desgraciado accidente de moto por circular sin casco. Entenderán mi siguiente paso a dar: tirar del hilo…

AMELIA.- Almudena Lapiedra… Pobrecilla… Desvaría con frecuencia… ¡Tanto dolor, la pérdida traumática de los seres queridos…! Y más siendo carne de tu carne… Cualquiera se trastorna: yo lo entiendo…

ÁNGEL LÓPEZ.- Una vez aclarada mi identidad – la del agente López, por supuesto-, se desahogó conmigo aquel corazón roto por la más negra pena, que es la muerte de un hijo. Se quejaba – con razón, al parecer- de lo gravosos que representaban para ella ciertos extras semanales… Sesiones para conectar con los espíritus de los que ya han partido… Y, claro está, las actividades de carácter, digamos “preferente”, “preferente VIP”, y “preferente especial cinco estrellas”: disponer de un médium por horas, sexo a elegir, caracterizado ad libitum, en la variante estrellada,  para seguir en contacto personal con los ausentes, todo lo estrecho que se quiera, siempre que se abonen, por adelantado, los correspondientes recargos, más el IVA… En sucesivas entrevistas con otros residentes, descubrí nuevas posibilidades: relaciones íntimas completas, ambos sexos again, con o sin preservativo, para casos de viudedad traumática o de abstinencia extrema, todo ello con cuidado exquisito en lo tocante a medidas profilácticas… Lo mejor estaba por llegar, sin embargo… Mis entrevistados, en su totalidad, parecían estar de acuerdo en que la abeja reina del panal de rica miel no era otra que usted, Sra. directora, con ayuda de su lugartenienta chusquera Margarita Luaces… ¿Debo continuar con el pliego de cargos o es suficiente con lo anteriormente expuesto ante el jurado…?

HÉCTOR.- Sigue y no pares, discípulo predilecto del añorado Phillip Marlow … Imperdonable, por  parte de mi hija, el haberle atribuido, en la primera escena del acto segundo, el papel segundón de cierto elemental, querido Watson… Por Chápiro que me estoy viniendo muy arriba por momentos… Después de lo escuchado, viene a resultar que mi alusión a las mujeres fatales de “La Dama del Lago” no iba en absoluto descaminada…

AMELIA.- Dr. Llanos, hablaré sin rodeos, como es costumbre en mí, según debiera constarle a estas alturas… ¿Se suma o no se suma a un negocio floreciente, cuyo objetivo no es otro que hacer felices a nuestros queridos residentes en la última vuelta del camino, a cambio de una simbólica suma de pecunio, a descontar de sus pingües pensiones y/o sus opulentas rentas de capital acumulado…? A un hombre tan inteligente, no se le escapará el hecho de que, si queremos manetener la empresa a flote, se hace necesario aplicarle con urgencia ciertas medidas correctoras… Soltemos lastre y tomemos el cielo por asalto, para lo cual comenzaremos por contemplar la posibilidad de deshacernos de algunas monjas cojoneras ronroneando por encima del pastel de una mierda que es nuestra y solo nuestra. Mujer prudente, cuando escuché ciertos rumores sobre una encuesta envenenada realizada entre el personal de casa, me apresuré a pertrecharme de razones. Helas aquí… (saca un revólver)… ¡Manos arriba pollo y polla…! Por el viejo no hemos de preocuparnos: levita que da gusto en un mundo feliz, con su ración de soma de comunión diaria; se halla bajo control y no dará la lata… Tú, leoparda, arregátelas para colocarles las esposas sin hacerles demasiado daño… ¡Mira que eres burra: por ahí, no; por la espalda…! (Rita rectifica)

IRENE.- Confío en que el episodio en curso también forme parte del guion…

ÁNGEL LÓPEZ.- Supones mal, querida… Mucho me temo el haberte metido en un buen lío… Consuélate pensando en que tu padre obró bajo los efectos de la droga, víctima de una conspiración, si no judeo-masónica, por lo menos arácnida… Señora directora, se puede proclamar más alto pero no más claro: es usted peor que una tarántula…

IRENE.- Papá, yo ignoraba  por completo…Lo siento, lo siento…

HÉCTOR.- Necesito dormir… Últimamente, lo veo todo borroso… (se deja caer en el sillón) Ya pondremos todo en claro, hija querida, cuando encontremos hueco… (cierra los ojos y permanece inmóvil)

AMELIA.- Dr. Llanos… ¿O me permites que, a partir de ahora,  te llame mi chulazo, machoman y pedazo de hombre, aprovechando que tenemos confianza…? Te explicaré los pasos dar a continuación hasta alcanzar el éxito esperado. Yo te informo: de Poldo y Cris, seguretas de puerta, ambos expresidiarios por delitos de estupro y tráfico de blancas, no hay por qué preocuparse en absoluto; maman de nuestra teta. Harán la vista gorda de cuanto aquí suceda… ¿Conoces una peli titulada “La Mujer de Cemento”…? A buen entendedor, pocas palabras sobran… Y luego a disfrutar del amor libre en Punta Cana…

RITA.- Y a mí, ¿dónde me dejas…? Me gustaría saberlo…

AMELIA.- Carabina de Ambrosio… Te vendrás con nosotros: donde cabemos dos, tú también cabes… Ante el mundo, ejerciendo de mi doncella personal…Hay que ver: a tus años, doncella ; y yo, con estos moños… Y ahora, habla tú, mon goose: restriégame en los morros que te dispones a comerme toda entera…

RITA.- Lo sabía: qué lesbiana ni que niña muerta; tú eres una viciosa y una bajabraguetas… Y lo vas a pagar: a mí no se me toma por el pito del sereno, ni mucho menos por  la concha de tu madre… ¡Te aplastaré cual inmundo gusarapo…! Y esta vez, no será entre mis piernas: morirás a  mis manos… Mis dedos tiemblan, hambrientos de gatillo…  (le arrebata la pistola y vacía el cargador sobre Amelia; Héctor sigue sin moverserse)

INSPECTOR LLANOS.- (se quita la bata) Margarita Luaces, queda usted detenida por asesinato en primer grado. Me presentaré: soy el inspector Llanos. El Dr. Crespo me pidió que investigara lo que estaba sucediendo en esta residencia, donde había detectado oscuros compartamientos por parte de la dirección, presuntamente de carácter delictivo. Como vemos, no estaba equivocado…

RITA.- Por mí, no se preocupe, camaleón de los cojones: me doy por detenida… La vida no me importa, sin mi chica… Incluso muerta, me resulta atractiva… ¡Qué hermosa está, con los ojos cerrados…!  Y parece dormida… Quizás pudiera despertarse con un beso… ¿Me permite…? Luego haga conmigo lo que quiera… (se arrodilla y besa a Amelia en los labios) Dulce princesa, mala eras y no vamos a negarlo…¡Pero en mi cama nunca hubo nadie como ella…! ¡Ojalá hubieses podido llegar a conocer mis nuevos senos, carne de anón, con sabor a guanábana madura…! ¡No llegaste a palparlos, Macorina…!  (Se pone en pie y extiende las manos, en demanda de esposas).

INSPECTOR LLANOS.- Un momento…Sr. Cifuentes, vuelva en sí, hombre de dios… La función está a punto de acabarse… (lo zarandea un poco) ¡Caramba, no se mueve…! (Rita regresa junto al amor de sus amores)

IRENE.- ¡Padre, padre…! ¡Ahora no, por favor…!  Estoy segura de que lo has hecho a posta, cabronazo…

ÁNGEL LÓPEZ.- Pruebe a tomarle el pulso, doctor, inspector o lo que sea…

INSPECTOR LLANOS.- Me temo no haga falta… Luce todas las pintas de un cadáver: ese color verdoso poca duda nos deja… Y hasta ha empezado a oler a podrido en Dinamarca, ¿no lo han notado…? Hedor característico de la descomposición de la carne en progreso imparable… Les aconsejo que se tapen las narices…

HÉCTOR.- (se pone en pie de un salto) Los licántropos somos gente de piel dura… Balas de plata son el santo remedio… Hija mía, aparte de haberme llamado cabronazo, ¿hay algo más que deba saber de tu estado de ánimo…? Mientras lo piensa, joven, aproveche para pedirme la mano de la fiera de mi niña… Hija de un hombre lobo virtual, no podía salir de otra manera…

ÁNGEL LÓPEZ.- Encantado; enseguida se la pido… Sr. Cifuentes, mejor dicho, papá, ¿me concede este baile…? Vaya, me equivoqué… Quise decir “la mano de su hija”…

HÉCTOR.- Toda tuya… Agradéceselo al Sr. Inpector: él ha sido quien ha resuelto este misterio…

AMELIA.- (A Rita).- Tú no te diste cuenta, tontorrona: se trataba de balas de fogueo…Oye, escucha: aprovechando que están entretenidos con sus epitalamios, tú y una servidora, por no decir tu esclava, nos abrimos de pies en polvorosa y nos vamos las dos, en amor y compañía, a mojarnos al Sol en Punta Cana… ¿Qué te parece el plan, mi pequeña malvada, mi asesina de noches…?  (salen sigilosas, sin ser notadas, estando ya la casa sosegada… Se escucha, ahora lejano, el doliente aullido del lobo. Estalla una tormenta y, por raro que parezca, se hace el oscuro definitivamente)

                             FIN DE “EL LICÁNTROPO”

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