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Capítulo 13

DÁBALE ARROZ A LA ZORRA EL ABAD…

La gira galaica del Mesías Monteagudo no pareció gozar de excesivo predicamento a nivel de mass media. Aquí y allá, vagos titulares acerca del viene y va del persenaje, sin meterse en honduras ni en tegucigalpas.

¿Declinaba su estrella…? Más bien se diría que, según lo apuntado por Pepote , exceptuadas las notas de prensa y/o los reportajes de pago, la denominada “Canalla” no hacía tanto habría optado por un distanciamiento si no bretchiano (“verfremdungseffekt”), por lo menos higiénico, a lo Poncio Pilatos (“Ego manus lavabit”).

He hizo gracia-pero no demasiada, la verdad-, cierta mención en un magazine radiofónico nocturnal madrugador, a bombo y bomba de relojería pronta a estallarte en las narices cuando menos te lo esperas; me refiero a la alusión, tómandose su tiempo y su rastrillo, de mi “otro yo”, Leonardo Dantés, “alguien de quien vamos a oír hablar, mucho y bien, en un futuro no lejano”, con el cual, INRI que te crio, en vivo y en directo, manda posturas de gallina, se anunciaba una próxima entrevista en exclusiva rigurosa.

-Éstos están de coña…- murmuré, definitivamente desvelado. Hube de recurrir a lo de siempre hasta tres veces, para alborozado gozo de unas cardenalicias ojeras matutinas que para sí quisiera el poli Femo (el calambur no tiene desperdicio, aunque disponga de claro antecedente: el caso can Cerbero/Cancerbero).

Seguro lo recuerda eveybody: el eximio centinela alerta en la Isla de los Cíclopes se las prometía muy felices contando corderitos a la hora de la siesta, hasta que llegó Ulises y le hizo la puñeta, dejándolo vaya usted a saber si medio ciego o tuerto entero (los mejores especialistas en culturas neohelénicas no se han puesto de acuerdo hasta la fecha).

***

Mis liaiasons dangereuses con Evangelina Prego continuaban en su perpetuo tira y afloja, pero sin llegar la sangre al río… (O, a lo mejor, nones… Véase, en caso de duda, el jardielesco interrogante del millón acerca de si hubo alguna vez once mil vírgenes, ora prudentes, ora tirando al monte…).

En nuestro inquebratable “statu quo”(un “noli me tangere” a perpetuidad, traducible por “¡estate quieto, tío…! ¿Es que no puedes pensar en otra cosa…?)”, no se movía una paja. Total, que del encuentro relatado en las postrimerías del capítulo anterior, de sacar alguien algo en limpio, no lo dude el lector o la lectora, éste habría sido el camarero Andrés, si es que pudo convencer de acoplamiento placentero a su parienta pobre vergonzante, que se llama Adelita, para servir a dios y en casa de los Sánchez de asistenta por horas, tres días a la semana, sin seguro, sin vacaciones de verano o navidad con sus correspondientes pagas extra- y eso que don Amancio, su patrón marinero, es votante del PSOE judío converso.

Evangelina, antes de despedirnos aquella noche nochera, hasta se había permitido el lujo asiático poner una generosa ración de polvos pica-pica en el Flandes de mi flagrante desamparo, a su modo y manera:

-Como mucho, por hacerte un favor, y sin que sirva de presidente (sic), dejaré que te enteres de un paquete de cinscunstancias un tanto bizarras de las cuales no tendrías por qué estar enterado, que una sepa. Héteme aquí que la Srta. Rubio, cristianizada como Esperanza- la opción caritativa iba a sonar a pitorreo, con lo mala que está siendo con nosotros; contigo, por lo menos…¿Dónde estaba..? ¡No dejes que me enrolle, caramba…! Ah, sí…Retomo: la Srta. Rubio, te decía (aunque ignoro la necesidad de seguir llamándola así, stricto sensu, ¿no te parece?), se halla de nuevo entre nosotros e intenta recobrar, previo paso por hermosa lavandería, ciertas prendas de mucho vestir que tomaste prestadas de sus habitaciones privadas: unos pantalones pitillo color crema con la cremallera descosida por sus partes inferiores, una camisa a cuadros escoceses borrachos y unas chinelas verdes con pompón rosa fucsia incorporado, made in Celeste Imperio…Según parece, profesa a todo ese vestuario dominical una alta estima…

-¿Y…?- devolví la jugada, en plan lacónico, a lo Rafa Nadal, pero más incisivo y más canino.

-Y anda trovando, de burladero en burladero, que estuviste tan mal en el festejo aquella tarde aciaga que acabó condenándote a banderillas negras. No importa cuán traseras (y algo alicaídas) éstas fuesen, al parecer, te hicieron el efecto deseado; devastador, por cierto…Tanto así, que fuiste muy aplaudido en el arrastre… Dos orejas y dos rabos, según ella, aunque a una servidora no me salgan del todo  las cuentas…

-Menos toros de Guisando, casi muerte y casi piedra, y al grano de mostaza parabólico…¿Cómo sabes tú eso…? ¿Revelarás tus fuentes luminosas…? Otrosí, de persistir tu pertinaz sequía en cuanto a comunicación verbal mutua se refiere, lo que vayas a malgastar en saliva a partir de este instante,  me la sangra, me la suda y me la lagrimea…

-Un boca a boca de muy corto recorrido, no te creas: ayer mismo, de forma inopinada, la Srta. Rubio se presentó en la biblioteca municipal que yo regento de forma transitoria… Y, como ya supondrás, no lo hizo para, aun sin disponer de un carnet de socia acreditado, tomar prestada una edición profusamente ilustrada del Kama Sutra, para hacer el indio por las noches…Me temo que Miss Blondie Blup sea más de Anangas Rangas, por cierto; y ojalá me equivoque… A lo que iba: portadora de un importante mensaje para ti,  yo debía servir de intermediaria no aleatoria, vistos afectos inter nos demostrados: no le valía cualquiera; podría haberse encargado ella misma de hacértelo llegar: maneja datos tuyos ni te cuento, según te consta en acta; ni se te ocurra el hacerte de nuevas… Por lo visto, consideraba poco prudente, en las presentes circunstancias, el dejarse ver juntos, al no estar previsto tal evento en una hoja de ruta personal e intransferible, a ser cumplida a tabla rajada, so pena de un “tú te lo has buscado” de cagarse por la pata arriba…

-Empiezas a aburrirme, Sherezade…¿Qué mensaje…? Por ventura suya y mía, ¿no se estaría refiriendo la susodicha a algún masaje relajatorio taiwanés, a los que la Sra. Rubio es tan aficionada…?

Evangelina estaba disfrutando de lo lindo. De haber sido portador de un racimo de uvas- no era el caso-, seguro estoy de que habría sido capaz de asesinarla allí mismo y ponerme a saltar a la comba con sus tripas.

-La pobre no debe de estar en sus cabales. Me encargó que te dijera que se trata de un palíndromo… Ya sabes: “Ana lleva al oso la avellana”, “Isaac no ronca así” y uno que a mí me gusta mucho: “Eva usa rímel y le miraba suave”…¿A que parece se trata de nosotros, siempre que hablo contigo…?

-No digas tonterías, ¿qué es lo que es un palídromo…? ¿No te referirás a un anagrama…? “Todos ellos brujos”, Steven Marcato y Roman Castevet… ¿No has leído o visto “La Semilla del Diablo”…? ¿Nunca has jugado al trivial…?

-Palíndromo…Anagrama… Ya me has puesto en un brete, con un limpiaparabrisas a pleno rendimiento instalado de repente en mi memoria. Es cierto que no le  presté apenas atención por deberme como  me debo al  asociado con carnet, y más, en hora punta… Te repito que, a la individua en cuestión, parecía faltarle algún tornillo… Algo bebida sí que estaba, seguro…¡Qué pestazo de aliento, madre mía…!

-No necesito tu despliegue de comentarios escabrosos a partir de la Srta. Rubio…-la increpé, amigo de mis amigas con derecho a roce- Trata de concentrarte en el mensaje… ¿Palíndromo, anagrama, jeroglífico, crucigrama silábico, una sopa de letras…? ¡Piensa, coño, que por algo existes…!

-Lo reconozco: Virgencita, que no me quede como estoy en este momento…

-Rézale diez rosarios y cinco letanías, tirando por lo bajo…

 -¡Si me hubieses permitido terminar mi batido de vainilla en paz…!- añadió al carrito de reproches, para, a continuación, sin solución de continuidad que valga, pasarse a un francés de bachillar elemental con aprobados rasos, sin duda por recuperar los restos del naufragio de una autoestima tan duramente puesta a prueba de la rana- Vouz savez…? Je ne comprend pas, mon Dieu…

-Eso, no compres pan e invítame a cenar de restaurante…

***

El regreso al hogar de Mamá Genoveva, cerca de las once de la noche, terminó por estropearme la digestión de una cena espartana a base de ensalada de endivias con queso rochefort y panqueques de dulce de leche recién sacados de un congelador averiado.

-¿Te has divertido, madre…?- le pregunté, mitad retórico, mitad desafiante.

-Tú, ¿qué crees, hijo mío…?

Donde las dan, las toman; pero mi santuario no se rinde…

-¡Menudas horas de presentarse en casa una honrada madre de familia…! Eso es lo que te importo…Espera que te esperás, pendiente del reloj toda la noche…Me tenías seriamente preocupado…

-Claro, precisabas poner en marcha el microondas…

-O sea, que tu viaje a ninguna parte no salió tal como esperabas… ¿Falló el romanticismo…? ¿Se fundieron los plomos a mitad de velada y tu galán de noche no disponía de velas encendidas…?

-Métete en tus asuntos, Fermincito…-demandó, perentoria; pero se lo pensó mejor y pasó a usarme de pañuelo para sus mucosidades quejumbrosas- Los hombres nunca son lo que pretenden…

Frente a frente, en la sala de estar, con la tele encendida, pasó a exponerme su memorial de agravios. Fingí escucharla durante tres minutos expediendo lapidarias por aquella boca es suya, para luego ir de mi corazón a mis asuntos propios…

Trataré de reproducir su perorata compendiada, por evitarle al lector males mayores.

-Víctor es como es y como siempre ha sido: lo tomas o lo dejas…- comenzó la de Brabante pero menos, con voz entrecortada-Lo que es tu madre, nunca se ha dejado deslumbrar por tanto brillo… Botaratón, granuja, sinvergüenza marchoso, la gracia por arrobas en su pico de oro a lo Séptimo Miau, por no mencionar su  planta petrolífera de varita de nardo, sin importar los años transcurridos, a regar todas las tardes noches, sobre todo en invierno…Porque te hagas una idea: desde un punto de vista femenino, el estilo de un Redford, pero menos pulido…Tú lo miras, pensando por lo bajo: “¿Y por qué tardará tanto Praxíteles de Atenas en tirarme los tejos y las tejas, a ser posible y por no ser menos, a lo Judá Ben-Hur versus Valerio Graco, nuevo gobernador romano de Judea…?¿No seré de su agrado…? En gustándole todas, el ignorarme a mí, a mí precisamente, supone una total falta de respeto…” Y entonces, te insinúas, provocativa, no vaya a ser andes equivocada, en una última oportunidad que tú le ofreces…¿Ves qué fácil…? Ya te tiene en el bote de remeras y se aprovecha todo cuanto puede…¡Como si no conociera una a los machos ibéricos…! Tú padre no era así, te lo aseguro… Y por eso duró tan poco el pobrecillo: se murió por falta de alicientes…Víctor, conmigo, al principio, se anduvo “santo, dóde te pondré”porque sabía que era la mejor y más rápida forma de ganarme y perderme…

Hizo una pausa para tomar aliento y emprenderla, en las mejores condiciones, con la lírica travodoresca materno-filial, a prueba de sistema Stanislavski:

 -Nunca tú y yo, hasta ahora, habíamos mantenido una conversación como ésta, tan íntima, a corazón abierto, ¿no es verdad, hijo…? Sólo que… Por una vez, voy a necesitarte porque me hagas un pequeño favor. Es al hombre hecho y derecho, no al hijo entrañable, a quien se lo estoy pidiendo. He llegado a la conclusión de que el Sr. Monteagudo se merece un poco de justicia, después de lo que ha hecho… No, no me preguntes: ya lo sabrás a su debido tiempo con pelos y señales. Me ayudarás a hundirlo. Si es bajo tres palmos de tierra, pues mejor que mejor, así de claro.Tienes que prometerlo. Hablaremos mañana. Ahora estoy muy cansada, Fermín… ¡Demasiado cansada…!

E hizo un mutis de los que yo le recuerdo a Lola Herrera…

***

Caprichos de un destino veleidoso o arteras estrategias femeninas- talmente asemejaba el estarme aguardando en lo que parecía una sauna y no lo era-, fui a darme de bruces con la Srta. Rubio, gafas oscuras, sombrero negro y gabardina roja, en el rugiente vientre de la tintorería, entre olores a ropa recién planchada y vapores a lo fragua de Vulcano.

-Tú disimula. Finge no conocerme. Cuando yo salga, me sigues a la esquina.Y ahora, mucho cuidado, que vuelve la encargada. Se hace llamar clientelarmente “Flor de Loto”,  pero naranjas mandarinas de la China… Su pasaporte lo explicita bien clarito: camagüeyana de los pies a la coleta…

-Señolita, decil mi esposo no quelel participación de lotelía…¿El señol estal atendido…?- dijo la aparecida con una inclinación de noventa y dos grados de quimono estampado en su escala de Ritcher y la mirada baja haciendo juego revuelto y algo huidizo.

-Al quien no arriesga, nada puede tocarle… No diga nunca que la suerte no ha pasado por su puerta, señora… 再见早上好… -dicho lo cual, mi amiga del cuerpo presente tomó el portante, con la falsa dignidad de las descuideras de supermercado.

Por mi parte, me limité a pasarle el bulto a la encargada, acompañado de mensaje telegráfico:

-Lavado y plachado. Recoger mañana mismo con recargo.

Vi su cara de mal reprimido asco mientras manipulaba las prendas en litigio hasta mandarlas a tomar por el saco.

-Su lecibo, señol. De peldel-lo, no habel leclamaciones, sentil mucho…

-Muy amable. Recuerdos al Camagüey de mi parte… Hasta mañana…- respondí, para salir a continuación a la caza y captura de la segunda de las virtudes teologales…

No hubo que correr mucho: de acuerdo a su promesa, me aguardaba a la vuelta de la esquina.

-Vamos a cualquier parte. No deben sorprendernos juntos…- susurró la versión femenina de Sorge, el espía del siglo, al tiempo que procedía a pellizcarme obscenamente en una nalga.

Nos metimos en cafetín de muerte regular, justo enfrente de donde nos encontrábamos, a la bufanda de miradas indiscretas.Barajé (durante escasos segundos, eso sí) la remota posibilidad de que llegase a pagar ella la cuenta, dato imprescindible a la hora de encargar consumiciones. Duró poco la alegría en la casa del pobre de pedir cuando la escuché disculparse, al traspasar la puerta del establecimiento y dirigirse, niña a su salón, a una mesa algo apartada del resto:

-Con las prisas de recoger mi baretta 92 de debajo de la almohada y meterla en este bolso tan mono de Vuitton , me he dejado la chequera en el hotel. Lo siento, chico; yo pensaba invitarte y ahora resulta que vas a ser tú el Rachmaninov: se torcieron las cosas del querer y no poder…En el alma lo siento; otra vez será, hermano…

Yo pedí agua del grifo de la fría; ella, sin desprenderse de su disfraz Modesty Blaise, un “bloody Mary” corto de salsa de tomate y de pimienta negra. Tal como me esperaba, dada nuestra actual ubicación arrabalera, hubo de conformarse con un doble chupetón de chinchón escarchado, en compañía de puñado puñetero de pistachos apenas boquiabiertos, viandas ambas que la pusieron más contenta que unas pascuas tristes tras la primera ingesta de sorbito y de cascarla un rato hasta dejar el cuenco de alfóncigos convertido en cascarria efervescente al más leve tropiezo.

-Bueno, venga, y ahora, explica lo del jodido palimpsesto…-exigí, no tan animado como mi intercolutora con mi condena a ingerir agua potable, sin pan que valga a la hora de mojarlo en la salsa picante de la vida.

-Hablemos bien, cojones, que no cuesta un carajo…-cloqueó, retozona- “Palíndromo”, querido, tal como suena, a ver si nos centramos… No perdamos más tiempo ni más oro. Monitorizada como ando, antes de acudir a tu encuentro, he tenido que pasarme un par de horas con los índices envistiendo en un enchufe, hasta lograr cortocicuitar mis transistores… De un momento a otro, se presentarán los del servicio técnico express para arreglarme. Me la juego contigo, no te enteras. Todo- y cuando digo todo, todo es todo- configura un palíndromo; pero no uno cualquiera: el más largo creado hasta el momento; cientos y cientos de folios manuscritos, letra gótica que te creó,  pergeñados con la mano izquierda por un diestro siniestro, que se leen de delante para atrás y de atrás para delante, sin romperlo ni mancharlo.

-Sin romper ni manchar,¿el qué…?

-El palíndromo, leches… Pues no va a ser mi virgo veneranda, virgo potens, virgo clemens, virgo fidelis, espejo de justicia y torre de márfil… ¡Pero qué lento eres…! ¡No me extraña que la liebre siempre acabe por ganarte la carrera de Derecho…!

-Por si acaso, procura no meterte con mis estudios superiores…

– Déjame acabar o nos van a dar las uvas pasas: pasarlo todo a limpio, es decir: editar el incunable, va a correr de tu cuenta un día de éstos…

-Pues menudo coñazo…

-Todavía no te he contado lo peor: su lectura produce efectos lisérgicos funestos. Una vez comenzada, ya no puedes detenerte mientras el texto no haya terminado de desposeerte de tu alma de cántaro ido muchas veces a la fuente del Conocimiento Cabalístico. Las supuestas memorias de Víctor Monteagudo dejan al Necronómicon convertido en un cómic Jodorowsky en horas bajas… De sus lectores all over the world– y conste ha habido unos cuantos previamente- no han quedado ni las raspas… Y no es que pretenda asustarte a ti, porque maldita la falta que te hace, tan pichoflojo de salida como eres… Se trataría de un consejo de amiga, ésta que lo es, Esperancita Rubio natural. Pero a cambio, óyelo bien, espero que no te negarás a ser partícipe en un pequeño plan que paso a proponerte… Escucha atento, la grabación se destruirá a los segundos…

Los dos tercios mandamases en mi gineceo particular, cualquiera lo diría, se habían puesto de acuerdo para tirarme del hilito a su imperial capricho…

Fermín Monzón, puertas afuera, no dejaba de encontrarlo divertido… A no ser… A no ser que ambas las dos, Madre Genoveva y  Sister Hope, se hallasen conchabadas, que todo era posible en esta viña del Señor de los Anillos…

Una súbita incontinencia urinaria  de propulsión a chorro puso el broche de oro a tanta manía persecutoria…

PRINCIPIO Y FIN DEL CAPÍTULO 13

 

 

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LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO…

Capítulo 12

LOS PELIGROS DE PAULINA

Dejome la carreta a un tiro de piedra bien tirado del solar de mis mayores, momento éste que aproveché para agradecer a mi esforzado astroquímico los servicios prestados.

-Pues nada, René, chico…Dile de mi parte al tragabaches de Osvaldo que tú le das cien vueltas de campana de Huesca… Cuídate mucho y bien: te lo mereces…

-Eres tú quien debería cuidarse a partir de ahora, compañero…- respondió el aludido-  ¿Sabes qué más…? Que te den: si me has visto, no te acuerdas…

Dicho lo cual, salió escopetado por dirección prohibida, hasta perderse entre la niebla unamuniana…

La madre del cordero me aguardaba en la cocina, montada en su escobón de acerbos reproches recurrentes:

-Cuando el señorito no piense presentarse a la hora del almuerzo, se le agradecería mucho el avisar con tiempo suficiente al servicio doméstico… Lo que no comas hoy, lo comerás mañana; de mi pisto manchego no te libras… No están los tiempos para estragar comida… Por cierto, hablando de mañanas por llorar: tendrás que apañártelas solito; no me esperes bracicruzado para que te enchufe el microondas… Ése que tú y yo conocemos, me ha invitado a la presentación de su campaña en Vigo y vendrán a buscarme de su parte; vamos a comer juntos; y luego, lo que surja…

-No jodas…- acerté a farfullar, entre temores sorprendidos infraganti.

-Nunca en la primera cita, por supuesto…- respondió Mesalina, encantada de la vida y de su suerte- Hay que darse a valer, ¿no te parece…?  Víctor me llama y yo acudo al encuentro de los viejos amigos: así de simple…

-Porque te pica la curiosidad y algo más, ¿o me equivoco, madre…?

– Mis pruritos internos no son de tu incumbencia, Fermincito…

Tras lo cual, llena de dignidades impostadas, se abrió paso hacia la sala de estar para ver alguno de sus programas televisivos favoritos, nada que ver con los míos habituales, por supuesto.

***

La reincorporación al puesto de trabajo no precisó de esclavo alguno situado a mis espaldas recordándome que yo no era un hombre importante. Más bien podría decirse, parafraseando a aquel Luis de los catorce resultados, que el esclavo era yo, punto redondo…

Al parecer, Don Martín, mi amado jefe, se había pasado noche + aurora preparando una carta de presentación destinada al Gran Hombre, en la cual, además de rendirle inimaginables pleitesías, se postulaba como asesor legal en affaires galaicos y aun galácticos… Pero cierto zote- un servidor, de la más baja gleba-, se había olvidado de pasar a recogerla para ser entregada en mano, por aclarar ante aquél cualquier duda que pudiera presentarse acerca de nuestros muchos méritos y un sólido, líquido y gaseoso prestigio ante la ciudadanía autonómica.

-Tú sigue así y cualquier días de éstos te encuentras despachando gomas para las bragas en el establecimiento de tu madre. Si no fuera por ella, y la amistad que le profeso desde niño, otro gallo de Bremen te hubiese cantado ya hace tiempo…

Por lo visto, la autora de mis días, en tiempos mozos, había estado derramando lisuras del puente a la alameda… Supuse, en honor suyo, que después de los esponsales con mi padre, por fin habría sentado la cabeza, algo que desmentiría, de paso, mis oscuros orígenes bastardos.

Imaginármela retozando con don Martín viento en popa a toda vela me produjo una súbita y violenta hiperclorhidria. Y no es que mi comandante en jefe fuese feo, que también, sino que ello le colocaba en un puesto destacado en la, por lo visto, larga cola de mis posibles paternidades.

-Ahora me explico, papá, que en paz descanses, el que te hubiera tumbado aquel infarto…- murmuré, contrito, dirigiéndome al éter circundante, mientras abandonaba el despacho del Sr. Pirulicio, cubierta la pechera de gotitas de saliva autoritaria, destilando orbe et urbi el inconfundible hedor de la halitosis.

***

Aquel día, debía de haberme levantado con el pie izquierdo, Christy Brown me perdone. Cuando, a media tarde, me dejé caer por la redacción de “El Heraldo Gallego Tribune” (espero que a nadie se le pase por alto tal sarcasmo), por conocer de cerca el estado de mis niveles de popularidad en sus reales, Iñaki, rubicundo gacetillero con dientes de conejo de la mala suerte al que solicité audiencia con el  director, con estilo desbrido y fingiendo no conocerme, me comunicó que el Sr. Benítez (aka “Pepote Almorrana”, por su afición a apoltronarse en el despacho las ocho horas preceptivas de su jornada laboral y las extras que fuesen necesarias hasta cuadrar sus abultabas hipotecas inmobiliarias y los gastos suntuarios de su Excma. Señora, doña Sacramento, manirrota compulsiva y aficionada a las antigüedades caras; ella, la primera) se hallaba reunido y debía esperarlo sentado, a pie firme en el desértico y tenebroso pasillo que conducía a la redacción propiamente escrita.

-Tú dile que estoy aquí, pequeño saltamontes, no vaya a ser que te la juegues a la ruleta rusa…- repliqué, altivo, a lo Félix Felisovich Yussupov tras arrojar, después de envenenarlo con bombones inyectados de cianuro potásico, a Gregorio Rasputín desde los balcones del palacio imperial de los Romanov, un 30 de diciembre.

-Ármate de paciencia, como hace todo el mundo…- recibí por respuesta chupatintas, dicho lo cual, arañando un esputo de su bronca garganta, el bueno de Iñaki se metió en los servicios, quién sabe si para librarse de tan molesta presencia en su cavidad bucal u otras actividades manuales de menor abolengo.

Media hora justa, ea… Pintaban bastos. No estaba acostumbrado a los desplantes de Pepote. Su interés por un amplio reportaje del feliz encuentro compostelano entre Víctor Monteagudo y un servidor, a publicar en la próxima edición dominical con abundante despliegue de montajes fotográficos (donde él y yo apareciésemos juntos en el plano), no disponía, para el caso, de un príncipe encantador que lo despertase con un beso de hermano.

-Va a ser que no, amigo mío… El embolado Monteagudo, a mayores, lo ventilamos por noticias de agencia y así no nos buscamos problemas con los de La Nueva Cólquida.Créeme que sé de lo que hablo…

Semejante cambio de actitud me pareció un contrasentido, tras el entusiasmo inicial desplegado ante mi reciente ofrecimiento de rutilantes exclusivas, a cinco columnas como mínimo común múltiplo.

Al mencionárselo en un arranque de mal disimulado coraje, don José Benítez, o si prefieren “Pepote Almorrana”, hizo gala placidia de sus conchas de galápago macho en la profesión periodística a niveles hispanos.

-Mira, hijo: no le des más vueltas al tiovivo de la prensa hidráulica que todos padecemos… Cuando se trabaja en esto de los papeles, hay que andar con pies de plomo candente por no verte obligado, al final, a limpiarte el culo con ellos…o limpiárselo al prójimo, menester menos apetecible todavía… Sigue mi consejo y pon tierra y mar por medio antes de que sea tarde…Aquí sigues teniendo tu casa de citas semanales, en cuanto te decidas a no jugar con fuegos fatuos…

***

El vate Atila-no, a cuyo domicilio corrí en busca de fraternal consuelo, me recibió con cajas y cajones a punto del destemple hospitalario.

-¿Tú te traes algo con mi señora o qué puñetas pasa…? A ver si te crees que no tenemos otra cosa que hacer que adorarte por la peana, como al santo…

A su vera, siempre a la verita suya, Alicia, consorte follonera, abundó en lo ya expuesto:

-Las visitas se anuncian. Recibimos los jueves, que lo sepas, y previa cita como está mandado…Y además, acabo de pasar el suelo con cera líquida y abrillantador… Así es que tú calcula tus posibilidades de colarte de rondón y hacerte servir café con leche…

Apoyaos en el quicio de su mancebía, se notaba a las claras que habían colocado el cartel de “No pasarán” en lugar bien visible, dirigido, cómo no, hacia mi persona.

-Santini ya me avisó de que no eras gente de fiar- apostilló Atilano-. Y no te echa la culpa: bipolar norte contra sur como tú eres, la secesión de ideas no te la quita nadie…

-¿Conoces tú a Sanitini…?- pregunté en vilo. Me quemaba la lengua, del esfuerzo.

-Hombre, claro… Y a la Srta. Rubio, que nos puso en contacto; y a Osvaldo, y a René; y, por supuesto, a Víctor… Cuanto más pronto aceptes tu amortización irreversible para el equipo de notales locales, podrás dormir de un tirón las ocho horas preceptivas…¿Te marchas ya o aspiras a que mi Alicia te prepare- y que sea la última vez- una infusión de melisa con anís, bien calentita, a sorber, por supuesto, en el rellano…?

Elegí el descenso a los infiernos…

***

…Y toda la culpa la tenía Evangelina, moscona muerta con aguijón de viuda negra, alacrán cebollero, mantis pecaminosa…¡Se habría creído que conmigo se podía jugar al “toco poco”…!

Invadido de una envolvente sensación vindicativa, incluso más violenta y perentoria que otras veces, me dispuse a tenderle una emboscada saducea.

-Ring-ring…Ring-ring…Ring-ring…¿Estás visible o has tomado la pócima…? Es sabrosura lo que tienen que contarte tus Hermanos Grimm particulares, tres en uno y con el mazo dando…”Grimm” de grimosos, claro… Te espero donde siempre; y no se te ocurra aparecer sin bolso, que te conozco, rica…

La muy pajarona se tragó el anzuelo, convenientemente agusanado con noticias de mi vida y milagros por tierras santiaguesas.

Chocolate a la spanish woman, un vasito de leche por bajarle los humos y doble ración de tarta de manzana, por lo que a mí respecta; ella, batido de vainilla (que nunca fue tocado por sus labios faciales).

-¿Has oído hablar de “Los Peligros de Paulina”…? ¿Te suena “Los Peligros de Nyoka”…?

-No caigo, la verdad…- se disculpó, modosa-¿O se trata de un comic de la Marvel…?

Ni puto caso, mira…

-Pues tú, más; que lo sepas… “Los Peligros de Evangelina Prego”, en 3D y dolby sensurround… ¿Necesito traducírtelo al swahilinglish…?

Si algo deseaban en aquellos momentos mis dos maldades favoritas, Intrínseca y Extrínseca, inseparables siamesas procedentes de una sola vitela, era meterle en la mollera, a través de la cadena de huesecillos, todo el semen desazonador del que pudiera echar mano mi taimada inventiva. Conste que el malo de esta peli era Baudelaire y su poema “El Espectro”, lectura juvenil asimilada a medias: “Sobre tu vida y sobre tu juventud/ yo, yo quiero reinar por el terror”… Pues en ésas estábamos, compadre Botero… ¿Quién te dice a ti, que presa del pánico, Miss Gospel no corría hasta mis nervudos brazos, tatuados con motivos tailandeses, en busca de refugio y consuelo mimoso, momento propicio donde los haya para iniciar una sesión de petting bien tirada, coronada de espuma y de falsas promesas in  the spur of the moment, que dicen los ingleses, o, en su defecto, el momento de encuentro de la espuela estrellada y los rosados ijares heridos por su rayo…? (Esto lo digo yo, que también cuento…A las pruebas me remito, qué demonios…)

El amor de mis amores mundanos apañó un mohín de disgusto bastante convincente, tras lo cual, en el mismo renglón, intentó un fallido amago de ponerse en pie, en plan digno, sin contar con que yo la estaba sujetando por el antebrazo, vulnerable trozo de carnes blancas que mis dedos hollaban codiciosos, en busca de- nunca se me ha dado bien la anatomía- un fémur situado en otra parte.

-Mira, Fer, si me has traído aquí para asustarme- gallineó, un instante antes de volverse a pegar, carne y uña, culo con asiento-, podrías haberte ahorrado otra de tus maniobras orquestales en la oscuridad de tu pensamiento divergente…

Me dispuse a colocarla fuera de juego.

-Menos lobos y más abuelitas, querida… Y llámame Fermín, si no te importa…¿Acaso me has tomado por tu colección sin acabar de cromos repetidos…?- respondí- Y además, no levantes la voz, que nos están mirando…

-Eres tú quien debería hacérselo mirar lo antes posible, Fermín Monzón…Yo echo papas arrugadas… ¿No ves que el local está vacío…?

-Andrés, el camarero, por lo visto, para ti no existe…¡Menuda señoritinga estás tú hecha…!

-A ver si no insultamos…

-Una señoritinga o una metepatas: su majestad escoja…- maticé, ponzoñoso.

-Andrés anda remoloneando al otro lado de la barra, aguardando a que nos marchemos para echar el cierre y regresar a casa…

-Infiero que no le has sacado la vista de encima desde que llegamos…¡Qué vicio te traes con los hombres, compañera…! Ahora atiéndeme a mí… Resulta que, tú sabrás por qué, has caído en desgracia en ciertos círculos concéntricos de la Cólquida remasterizada. Representas, para mi currículum, una mala influencia. Mentirosa no eres; pero caminas dando tumbos por mi vida y la tuya: perra hortelana, ni comes ni dejas de comer. Habrás de elegir bando o callar para siempre…

Angélica se puso a lagrimear a dios dar agua, con una excusatio non petita dispuesta en el platillo fiel de su balanza:

-Siempre contigo, Fermín, formando piña…¡Me duele tanto que llegues a dudarlo…!

“Piña colada por ti…”, le faltó por matizar a mi fan nº 2 (el nº 1 soy yo mismo).

Nobleza obliga, se lo agradecí con una trilogía monotemática que ha hecho famosos a personajes tan dispares como la cantante italiana Mina y al danés Príncipe Hamlet, especialista en el malabar dialéctico a partir de cráneos de bufón-dubitativo pero poco, por más señas,  a la hora de armarla bien armada-:

-Palabras… Palabras… Palabras…

-¿Te refieres a los crucigramas…?- preguntó Evangelina, con la vulva hecha un lío-¿Me estás haciendo luz de gas agonizante o qué mosca te ha picado…?

Allí quería yo verla: prendida del engaño y burriciega. Y preparé el estoque de matar esperas…

-Mucho blablablá y mucho circunloquio; pero, a la hora de la verdad, me dejas a dos velas encendidas… y menos mal que me aún me queda un poco de amor propio en faltriquera, donde rascar a gusto…Prácticamente, este Adán acaba de salvarte la vidorra que te das a mis costillas, y va uno y recibe ese mal pago… “Fragilidad tienes nombre de mujer”…Esto también lo dijo Hamlet, por si no lo sabías, hablando de Gertrudis; atrévete a negarme que está de puta madre…Porque, a ver si te enteras, por comentarios tuyos a deshora, te han colocado en el punto de mírame y no me toques y te cogen con pinzas de depilar jabatas…Me dieron el recado de su ordeno, mando, hago saber, en los siguientes términos: omertad al canto Pavarotti. Así de claro. Me ofrecí como garante tuyo, tal como hiciera Sir Wifrido de Ivanhoe con la judía Rebeca. ¿Sabes qué contestaron desde arriba…? Que ya podías estarme agradecida de por vida, tal como te lo cuento…Esto no lo dijo Shakespeare, sino Lope de Vega: “Obras son amores, y no buenas razones”… Equilicuá, ¿qué me dices a eso, hermosísima paloma, privada de libertad…?

-Esa rodilla tuya a punto está de producirme una reacción alérgica importante… ¿Te importaría apartarla de la mía…?- replicó doña Inés, en tonos gélidos, ante frotamientos erre que erre del tenorio machacón y pueblerino.

-Mensaje recibido. No vengas luego con que intentan secuestrarte unos esbirros o cosas aún peores…A partir de ahora mismo, renuncio a ejercer de guardaespaldas, por señalar sólo una parte de la anatomía tuya puesta en peligro por tu tozudez de doncella timorata…

-¡Que yo también quiero irme a la cama con mi señora, caramba…!- oímos gritar a Andrés desde el otro lado de la barra- Llevo subido a la barra más horas que la famosa Nadia Comăneci…

Dejamos-dejó ella-, de propina, dos pesetas. Aprovechando un descuido de mi bella dama, me apresuré a corregir aquel pecado de derroche, transportando la mitad de lo dilapidado a mi bolsillo, por considerar el fifty-fifty de justicia: la mitad para mí, la mitad para el Pueblo…

PRINCIPIO Y FIN DEL CAPÍTULO 12

 

LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO…

Capítulo 11

YO SOY EL QUE SOY…

-Se halla hoy entre nosotros un bien querido nuevo aspirante, de nombre Leonardo Dantés, a quien propongo le sea dada la más cordial de las bienvenidas con un fortísimo aplauso…-discurseaba Víctor Montegudo a través del micrófono, Jesusito de mi vida en una mesa para doce, entronizada sobre entarimado bajo palio, a la cabecera del recinto, una especie de anfiteatro con gradas a los lados, hervidero al vapor de una selecta muchachada de ambos sexos. A los comensales propiamente dichos nos habían situado, con los pies en la tierra, en el centro del ruedo  (como en todo gran evento que se precie, sobre un pódium, un esforzado intérprete iba traduciendo sus palabras al lenguaje de signos).  Prestemos atención lo que dice el Gran Maestre de Ceremoniales:- Aunque en honor a la verdad, y por desgracia, nuestro homenajeado no podrá oír esa ovación que le estáis dedicando, en el momento presente, a su hombría de muy bien y limpia ejecutoria. Dantés, estaréis informados, se ha quedado sordomudo de por vida, después de un desgraciado accidente de motocicleta. Conducía bajo los efectos del alcohol y otras drogas alucinógenas. Hoy ha visto la luz- que no el sonido, valga la sinestesia cogida por los pelos- gracias a nuestra amorosa tutela y se halla desintoxicado al noventa y nueve, treinta y tres, treinta tres, treinta y tres, por el ciento y la madre…

Santini, a mi vera, siempre a la verita mía, compartiendo un escueto velador a la derecha de la presidencia, pellizco de monja de por medio, me preguntó al oído si no pensaba levantar culo de asiento.

-Que se levante el conde de Montecristo, ¿no te parece lo adecuado…?- respondí, sibilante.

-Está hablando de ti, no seas imbécil…-contratacó Santini en un fiero susurro.

-Pues al estrenar sordomudez, voy a llevarla clara…

-Nunca importan los bolos, que dicen los ingleses. Yo que tú, no me perdería ripio del discurso en cursiva…¿Para qué crees que nos han puesto aquel intérprete…?

Touché… Dejé de masticar kombú confitado con salsa de wakame y me dispuse a regodearme- a quién amarga un panqueque de dulce de leche- en mi currículum de joven talentoso, emprendedor, simpático y empático, al regreso de su camino de Damasco. De seguro, degustando tan neptunales manjares cinco estrellas, no había prestado suficiente atención a la dedicatoria.

-La vida parece empeñada con demasiada frecuencia en ponernos a prueba de coraje masculino y abnegada paciencia femenina. Héteme aquí que a nuestro huésped se le ha diagnosticado la pasada semana una enfermedad rara de origen virulento y, a mayores, altamente contagiosa, lo que no os permite  a vosotros- y a mí sí, al estar vacunado- corresponder con un abrazo a este nuevo quebranto del Destino. Observaréis que, a su lado mayor, la hipotenusa, haciendo de cateto, se halla el Dr. Santini, catedrático emérito de todas y cada dos de las universidades europeas y americanas, encargado de vigilar el desarrollo de la plaga en el delicado organismo del paciente. Un aplauso para el Dr. Santini, que bien merecido se lo tiene…Hip, hip, hip…¡ hurra…!

Mi compañero de mesa, tentetieso a golpe de resorte, saludaba a la audiencia, visiblemente complacido, hasta que me ocupé de ponerlo en su sitio, de un tirón de faldones chaqueteros, no me fuera a robar protagonismo.

-Una vez finalizado el refrigerio, en mi despacho particular – y desde una burbuja protectora-, voy a imponerle, vía Santani, la Gran Banda al mérito de más firme promesa a nuestro postulante, en la certeza de obrar en tiempo y forma y el orgullo de saber a ciencia cierta que, un mañana no demasiado lejano, va a convertirse en uno de los nuestros…

Anda jaleo, jaleo; ya se acabó el alboroto y comienza el cachondeo…

-Ote, ote, ote: mariconchi el que no bote…- se chillaba desde los graderíos, a pleno decibelio.

***

Ni burbuja ni leches. En rudo contraste con el resto del complejo, el despacho del Sr. Monteagudo hacía punta de lanza del exceso, la ostentación y la demasía disparatada. Velahí retratos dedicados por las más altas instancias de la nación, la Curia Apostólica y Romana, el mundo de la Cultura y la farándula…. Todos ellos bajo la aguileña mirada oleoginosa de Su Señoría Ilustrísima, teledirigida desde un gran retrato ecuestre, a tamaño innatural, en el epicentro mismo del mäellstrom.

Al fin solos, tan curioso sujeto no vaciló en hacer un spoling de lo que nos traíamos entre manos.

-Comprenderás, Fermín, que debo cubrirme de espaldas para abajo. Contigo no voy a andarme con spaghetti westerns o rodeos eufemísticos: vaqueradas, las mínimas… Un riguroso anonimato presidirá el cotarro toma y daca. No es de recibo ponerte en lucimiento, por mucho que nos duelan vanidades feriantes. Enseguida lo explico. No te verás expuesto en pública subasta. Serás…mejor dicho: será Leonardo Dantés otro de esos hombres-sombra que jamás existieron en la vida real; señuelo para incautos y liebre de canódromo. Mientras tanto, tú y yo, codo con codo, en los próximos años, trabajaremos de cosuno en un magno proyecto para el que se te eligió por prescripción de un equipo de expertos y notables globales. Como diamante en bruto, a carbonos, en el país, y aun digo  más: el Hemisferio Norte, no hay quien te coloque el pie delante. Tu misión y la mía: poner en marcha un memorándum general de mi vida y milagros, para lo cual no me hacen falta mentecatos ni listillos, tiralevitas o liróforos celestes… ¿A que me entiendes…? Trigo limpio, brisa fresca sin contaminar, incomunicada de las turres ebúrneas oficiales: la melodiosa voz de los de abajo cantando las cuarenta al poderoso; callen las voces de los tenores huecos: la sonado la hora del cuclillo… Tus trabajos semanales en “El Heraldo Gallego” nos han venido a servir de caja negra para localizar el mirlo blanco… Y fue así de sencillo. Lo complicado es que te comprometas, bajo contrato, a que la confidencialidad más absoluta campe por sus respetos a lo largo y ancho del proyecto, aherrojando cualesquiera tentaciones de coqueteos con el divismo aburguesado…Fermín Monzón  tuvo mi bola blanca desde el primer momento, descartados- y cito solo algunos, por lumbreras…-  el Reverte, la Torres catalana, el Martín de Riquer, la Martín Gaite, el Cela, la Matute, el Goytisolo…

Hizo una pausa. Ignoro cómo se las había arreglado pero mis manos estaban ahora entre las suyas, sometidas a una presión desagradable y pegajosa. Tartamudeaba al hablar cuando lo hizo:

-Nadie en su sano juicio se permitiría poner en cuestión una apostura pareja a tu talento. Vales tu peso en carne y osamenta… Esta tierra, que también es la mía, produce buen ganado…No creas que no me sorprendí, gratamente además, al percibir que resultábamos paisanos. Nuestras familias, puerta con puerta, como aquel que dice y dice bien. ¡ Si hasta fue a coincidir que Genoveva, tu mamá, ¿no te lo dijo?, fue novia mía de pasear por la calle Real durante un tiempo…! Por si acaso, te hicimos unas pruebas de ADN, aprovechando una campaña del Sergas; me parecer recordar, la de la gripe aviar. No reclames, pues no eres hijo mío, aun cuando para serlo, te sobrasen maneras y talentos. Buena moza, tu madre. Y no me importaría echarle vista encima cualquier día de éstos; le buscaremos hueco, eso está hecho…

 “Todavía hay más bacalao para cortar. Vamos a ello. Tus jefes se muestran encantados- no me esperaba menos- de cederte en una “comisión de servicios” temporal, con objeto de no despertar sospechas. Tu salario correrá de nuestra cuenta. Non te preocupare de la cuestión “estudios”. Dos cursos más y estarás titulado; cualquiera de nuestras universidades amigas se mostrará encantada de servirnos en bandeja de plata… Pero vayamos a las espinas de la rosa… “Tendrás amor, tendrás amor, tendrás amigos”, máxime tú, tan listo y tan apuesto…Olvídate de ellos si has de abrazar mi causa… No volverás a verlos hasta el fin del trayecto… No te amilane el tranvía de tus deseos…Acude a mí en los azotes de lujuria: tus apetitos se verán saciados…Cien volquetes de licenciosas evas y de ángeles caídos nos están aguardando… Y ya que salen a colación las pelanduscas, Evangelina Prego, por descontado sabes de quien hablamos, no puede portar vela en este entierro… Suele tomarse demasiadas confianzas. Tachada de la lista. En caso necesario, nos avisas, que nosotros procederemos con total discreción. No será la primera ni la última… Accidents happen: tuviste ocasión de comprobarlo…En cuanto a Leonardo Dantés, va a permanecer entre bastidores hasta nueva orden. Es Fermín Monzón quien vale un potosí y en el que tenemos puestas todas las complacencias…

Fue instintivo, por no llamarlo atávico. Acerqué sus manos a mis labios y comencé a besarlos con unción, en señal de afecto sin fronteras y respeto a prueba de intereses mezquinos.

-Puedes marchar en paz, Fermín Leonardo…- dijo mi Bienhechor, con un gesto abiertamente salomónico y ternura en los ojos y en los labios- Mantente siempre alerta. No intentes restablecer contacto. En el momento oportuno, nosotros nos dirigiremos a ti como mejor convenga. Las sesiones de trabajo al alimón comenzarán muy pronto… Y ahora, déjame solo… Debo someterme a mi terapia de las cinco…

Dos esbeltas muchachas de rasgos asiáticos, portando un carrito con toallas y un multicolor y abigarrado zoco de tarros para ungüento y pequeñas botellas de perfume, acababan de entrar en el despacho.

***

René Lopezarena se encargó el volante en el viaje de vuelta. Se le veía al hombre deseoso de catarsis melancólica y me habló, sin ambages, de sus pretéritos planes de futuro.

-Aquí donde me ves, yo iba para astrofísico. Ya apuntaba maneras en la infancia: me andaba cayendo siempre de los árboles. Pasábamos el verano con mi abuelo materno en el rus-ruris de la Pampa argentina, donde ejercía de capataz para unos ricos hacendados chilenos. Él, serio del trinque, presagiaba (y por todo lo alto, nunca mejor dicho o escrito):

“-Tanto ves las estrellas a fuerza de chichones, que lo tuyo, de mayor hecho y derecho, seguro vaya a ser la astronomía… Yo ya no lo veré; pero vuelve a esta estancia donde estamos ahora y me lo avisas, dando tres golpes fuertes en el suelo… De no escucharlo, por hallarme a remojo en la cadera, algún demonio  me llevará el recado…No todos los demonios son cornudos: haylos buenos y malos; e, incluso, regulares…

“El caso es que, con ocasión de mi siguiente cumpleaños, Abuelo Pablo me regaló un telescopio de juguete… Luego tuvimos que embarcarnos para España por política. A mi padre se lo llevó un cóndor que pasaba por allí a viajar en avión por el Pacífico; Silvana María, mi hermana mayor, rogelia y media la pobre, si te he visto no me acuerdo: se la reclama aun hoy en la Plaza de Mayo a voz en grito. Hasta Vigo nos arreglamos para llegar con una mano detrás y otra delante, gracias a unos parientes gallegos de mi madre. A mí, no más llegar, se me metió en el seminario: era una forma de mear el territorio. Nunca llegué a profesar, y no fue en aras de colmar unos apetitos cárnicos en perpetuo estado de retreta o porque me gustase más que un mate amargo el mujerío… En Mondoñedo conocí a Santini; era un “cazatalentos” disfrazado de director de coros parroquiales. Se había fijado en mí por mis cuerdas vocales. Convenció a mi familia de mis muchos talentos para el trino y me fue encarrilando hacia sus fines: una preparatoria para futuros capitostes, al margen de circuitos oficiales. Oros y moros prometieron a mi madre, quien, por puro cansancio vitalicio, lo dejó hacer y miró para otro lado.

“Esto te estoy contando, compañero, a sabiendas de que te mantienen engañado, pasado por el chino…¡ Quién pudiera desenredarse de sus aparejos…! Para algunos es tarde: se me ha pasado el arroz de la astrofísica; te me antojas a tiempo de convertirte en zángano de colmenenares viejos… En un tris vas quedarte tronco de ciruelo: este armatoste con cuatro ruedas y una de repuesto está gasificado, agujerito va, agujerito viene en la parte trasera… Creerás haberme escuchado en un mal sueño. Jamás has de olvidar quién eras tú, antes de conocerlos, o pasarás el resto de tu vida atravesando, a sordas ciegomudas, el tenebroso valle de las sombras chinescas…

Se le quebró la voz. La cortinilla comenzó a correrse. Un servidor también; pero de espanto…¿No vendría siendo, entonces, Víctor Monteagudo un Mefistófeles remasterizado, redux o lo que fuese…? ¿A qué clase de demonio tentador había vendido yo mi alma…? Y, como éramos tan pocos, fue mi abuela y se puso de parto… A Evangelina Prego, con mis necias palabras, la había arrojado a los leones de aquel circo…¿Se hallaría en peligro de muerte…? Conociendo percalina, los creía muy capaces de quitarla del medio a la tremenda… Correr a avisarla; sí, claro, pero, ¿cómo…? A bordo de un coche funerario, conducido por un loco, lleno de ruido y de furia… Eso, ¿a qué me sonaba…? Tres tristes tigres en un campo de trigo, estudiando trigonometría… Me esoy quedando frito vuelta y vuelta…Puedo hacer como el agente Harry Palmer y clavarme un imperdible en una mano, por quedarme despierto aunque sea a medias… Imperdibles, lo siento, no me quedan; también ignoro dónde han ido a parar mis cuatro manos, de repente… La izquierda ignora lo que hace la derecha y viceversa…¡Buen momento para andarse con política…! Quiero bañarme desnudo en el pilón…¡Necesito un chupete urgentemente…! Primero he de rezar mis oraciones… “Yo soy el que soy…”, se ufanaba el Señor… Y yo, Leonardo Dantés a ratos libres…Yo sé, yo sé la manera de dar, de dar la lata a cualquiera…Y, de seguido, se repite muchas veces…

PRINCIPIO Y FIN DEL CAPÍTULO 11

Leonardo Dantés, en estado palpitante