
Supongamos la trilogía “Millennium” pueda considerarse “literatura negra”, lo cual es mucho suponer (tanto lo primero como lo segundo). Dejémoslo en “best seller” grisáceo de diseño, menos querido que caro en desembolso: una por el precio de tres, y no barato. Larssom no es Chandler-ni falta que nos hace-, pero habría podido tener un poco más de arte y de artificio para una obra menor, larga de tinta pero corta en estilo.
Como tampoco es cierto lo de “nunca segundas partes fueron buenas” (véanse “El Quijote” o “El Padrino” Coppola) y “Millennium 1 (Los hombres que no amaban a las mujeres”), en su paso celulítico, habría mejorado sensiblemente su base de hojarasca adocenada, no es de recibo el tenerle miedo a una chica explosiva que se anuncia a sí misma soñadora y ardiente. Con que resultase la mitad de turbadora que Jeanne Moreau en “Mademoiselle” (Tony Richardson, 1966, prohibida en su momento y todavía por estrenarse entre nosotros), una pirómana para andarse con muchísimo cuidado, ya nos dábamos con un gregoriano en una prótesis dentaria tendente a salirse de su sitio en los momentos más inoportunos, sólo en teoría incluidos los románticos.
Qué caray… Si anda por allí Libeth Salander, el metro y medio gótico con más agujas (y agujeros) que conozco, a poco que hubiese espabilado Mr. Alfredson (hermano de Tomas, el de “Déjame entrar”, gran cosecha sueca 2008), tendríamos la diversión asegurada. Chiquita pero matona, una rosa de Lesbos tatuada, con un negro pasado y futuro imperfecto de subjuntivo, anda metida ahora en un asunto de “trata de blancas, amarillas y negras”, oficiado por la mafia rusa, que investiga la revista “Millennium”, a partir del trabajo de cierta criminóloga, cuyo título, “Desde Rusia, con Amor”, tiene su coña, sobre todo porque va el bueno de Larsson y le toma prestado a Ian Flemming el personaje de Donald “Red” Grant, aquel gigante rubio al servicio de Sprectra (y de Lotte Lenya-Rosa Klebb, bicha donde las haya, comunista y (a)masona de Tatianas Románovas con lacito en el cuello). Devenido en “sorpresa final”, esta apisonadora a prueba de pillarse las yemas (de los dedos) con la puerta, dará mamporros a diestro y a siniestra (sobre todo a ella), tal como hacía su antecedente, animando un cotarro algo alicorto, donde brilla, eso sí, la negra sombra de una protagonista de malísima familia, ahora acusada de triple asesinato.
El cine por pedazos…Bueno, uno, viejo y pellejo, recuerda en su patria de infancia las pelis por jornadas: aquellos “Peligros de Nyoka, la Reina de la Jungla”, clara heredera de los maricastaños “Peligros de Paulina”, con los que triunfara “Peral White” (esto, según mi corrector, que es un cachondo: “Pearl White”, o séase “Blanca Perla”), en el 14, año de la Gran Guerra. Por recordar, todavía no se me ha ido de la meninge una y trina que conservo el “affaire Lang” a partir de “El Tigre de Esnapur” (1959) y su desenlace, “La Tumba India”, un joyón bipartito del Cine de Aventuras. En esta última, y a modo de recordatorio, se incluía un resumen de la parte primera, imprescindible para situarnos en la trama. Pues bien, actualmente, se anda exhibiendo por ahí (así la emitió TVE, presentada por Garci) esta segunda entrega como el todo original, lo que supone un atentado talibán imperdonable hacia una obra maestra.
No menos cierto, los “Millennium” habrán de verse todos, si es que pretendes hacerte alguna idea: la autonomía de esta nueva entrega será sólo aparente; enseguida, aparecen, y nunca mejor dicho, los viejos demonios familiares…
“La chica que soñaba con una cerilla y con un bidón de gasolina” tiene el título largo, no tanto, claro, como el “Marat-Sade” de Weiss (“Persecución y Asesinato de Jean Paul Marat Representados por el Grupo Teatral de la Casa de Salud de Charenton bajo la dirección del Señor de Sade”).Venga, “Millennium 2”…”Millennium 2” tarda en ponerse en forma, esclava de sus insertos aclaratorios, explicaciones no del todo pedidas, que no hacen sino echar más leña al mono de lo que está de sobra, pero no: terminará cuadrando, camino de una apoteosis a sangre, fuego y “no se pierdan el próximo capítulo”, al parecer a estrenarse en navidades, “La Reina en el Palacio de las Corrientes de Aire”, con lo malas que son para el lumbago…
He estado leyendo por ahí cómo la Crítica Seria, por menoscabarla, capitidisminuirla y ningunearla, a “Millennium 1, 2, 3” le llaman “teleserie”. Servidor, cuando intentan vejar de tan injusto modo los productos para pantalla chica, se acuerda de “Yo, Claudio”: el tamaño no importa (el de pantalla), es cuestión de talento y de talante. “Los Peligros de Selander” obtienen, limpiamente, su aprobado con raspa.
Asistí una sesión dominical, segunda de la tarde, rodeado de matrimonios con aspecto acomodado y grupos de mujeres (los hombres en pandilla acuden a su club, ya sea el de los balones o el alterne). Enseguida puse en función mi “radio Andorra”. El ambiente estaba caldeado, no importa cuánto frío hiciese en Estocolmo. Las unas, siempre más enteradas, le explicaban a los otros, como las cabras en el chiste de Louis B. Meyer mascando celuloide, que el papel sabe mejor que las películas. Hablaban de Nils Bjurman o Erika Berger como quien trae a colación a un cuñado o una prima segunda, dominando un “quién es quien” que a uno, de verdad, se le viene cuesta arriba. Para consolarme de tan triste decadencia, le dije a la trompa de mi Eustaquio, pedante como suelo, adoquinado:”Tú, tranquilo, camarada tovarich…Ellos no saben que Per Oscarsson, el actor que interpreta al viejo Holger, protagonizó “La Madriguera” de Saura, en el 69”…
Y me quedé tan ancho como estaba.
(Publicado en DIARIO DE FERROL)
Escrito en El cine de los Lunes | Deja un Comentario »

CASANDRA Y EL COCODRILO
-Oh, cuán crueles sois los humanos con el más desdichado de los hijos del Nilo, cuyo único delito es procurarse proteínas a costa de algún ñú o alguna cebra, ambos los dos tirando a torpes, más bien enclenques y lentos de reflejos…; eso, cada tres años, de promedio…-se quejaba el Cocodrilo, sonándose ruidosamente con un rollo de papiro- ¿Nunca nadie creerá, yo os pregunto, oh corazones duros, en la transida sinceridad de este mi llanto?¿Es que acaso mis lágrimas no os incitan a la compasión o la empatía? Un poco de respeto, qué caramba… Mis compañeros han sido cruelmente asesinados y a los hijos de mis huevos no aguarda mejor suerte en las siniestras salas de tortura de alguna de esas granjas-matadero: abiertos en canal y desollados…Pero mi llanto se toma a chirigota, sambenito infamante para alguien sensible y emotivo, al que sobran coartadas para el gemido y el crujir de dientes…
-¿A mí me lo vas a contar…?-le replicó Casandra, que pasaba- Jamás prestan escucha a mis presagios…Y así nos va: ¡De cráneo…!
-¿Tan funesto ves el provenir, hermana?
-Fatal…Fatal, ¿qué quieres que te cuente? Ya sé que no me crees, amigo Cocodrilo…
-Pues claro que te creo…-replicó éste.
-Lo dices, quizás, por complacerme…-insistió la pelma de Casandra, conmovida, mientras acariciaba con su mano delicada la rugosa cabeza de su primer creyente hasta la fecha.
-Te aseguro que no…-jadeó el Cocodrilo, excitadísimo. Y, calva la ocasión, manque propicia, procedió, de un bocado, a devorarla.
Mientras estaba siendo triturada con fruición por las férreas mandíbulas de la escamada bestia, Casandra sonreía: con aquel sacrificio, quedaba, al fin, burlado el designio inclemente de los Dioses: había sido creída por el saurio. Su maldición remataba allí y entonces…
Y es que Casandra, como adivina, la mejor…No le pidáis, encima, inteligencia…
Escrito en mucho cuento | 1 comentario

EL HIJO DE LORD ALFRED.
Cuando Sir Raymond, una fría mañana de primavera de 1945, hallábase en Greenwood-on-Hendge, clasificando los papeles de su difunto padre, fue a tropezarse, inesperadamente, con el cajón secreto de un bureau isabelino en caoba rubia, cuyo único contenido era un extraño sobre, parcialmente consumido por el fuego, franqueado desde París (Francia) el 28 de noviembre de 1900, dirigido a Lord Alfred, en cuyo interior podían verse las maltrechas esquinas de una doble cuartilla de color azulado.
Al mirar el remite, se sintió confundido. “Sebastián Melmoth”…Un extraño apellido…”Melmoth, el Errabundo”, hasta donde él recordaba, era el título de una obra, otrora popular, de Charles Robert Maturin…Literatura antigua, irrelevante. Extrajo la misiva. Aquella letra…Una firma, casi ilegible, y una despedida cubierta de borrones (“Bien pudieran ser lágrimas, pensó, al mezclarse con tinta de baja calidad que ha sido mal secada…”), retomaban la infamia, un baldón familiar negado por su padre, a él personalmente, no hacía un mes, en el lecho de muerte (¿Y por qué, entonces, solicitar perdón, apretando su mano, entre estertores…?)
“Siempre tuyo, a punto de conocer las piedades del infierno, Oscar W…”, creyó entender se escribía en el renglón postrero de aquella confesión o lo que fuere.
Una palidez súbita desoló el delicado semblante de Sir Raymond. Recordaba, marcada a fuego en una sensibilidad infantil harto enfermiza, la iracundia implacable del abuelo Queensberry; las palabras “deshonor” y “ruina” referidas a un escandaloso proceso en el que, años atrás, se habría vista envuelta la familia por culpa de ciertas calaveradas juveniles de su padre.
-¡No puede volver a repetirse, Alfred! Tienes un hijo…Maldito bastardo…No te atrevas a volver a las andadas…Esta vez no seré yo quien te defienda…-gritaba el anciano, fuera de sí, sujetando por las solapas al padre de un Raymond doceañero que contemplaba la terrible escena, abrazado a las faldas de su madre.
Tembloroso, Sir Raymond procedió a romper en mil pedazos la misiva y la hizo regresar, habiendo transcurrido cerca de medio siglo, hasta las llamas de la ardiente chimenea, prestas a consumir, definitivamente, aquella sucia nevada de palomas en fuga, mensajeras de un pasado nefando y oprobioso, que giraron durante un instante en el aire, antes de consumirse entre crujidos, esparciendo en el living un vago olor a polvo rancio y violetas marchitas.
Sólo entonces, tras ingerir una generosa dosis de coñac, llamó a su secretario.
-Dile a Elizabeth que me he marchado a Londres. Cenaré en el estudio. No quiero que nadie de moleste. Reúnete conmigo a eso de las siete…
Sentía un extraño alivio, mezclado con rencor hacia su padre, hacia todos los hombres, y una nostalgia muerta, dolorida, sin espacio ni tiempo al que agarrarse.
Escrito en mucho cuento | Deja un Comentario »

“Uno de los thrillers más inquietantes que he visto”, afirma el bueno de Quentin Tarantino en el cartel promocional de la película. A lo mejor (a lo peor), le estaba haciendo la rosca a la debutante Hunt por llevársela al río de sus muchas calenturas (que fuera mozuela o no, seguro le tenía sin cuidado); a lo peor (a lo mejor), andaba un tanto ahumado. “Frozen River” no es un thriller ni resulta inquietante, sino todo lo contrario: un drama con pelos y señales, claro ejemplo de “Cine de Esperanza”. Tranquiliza un cigoto puedan realizarse películas así, al margen del “glamour caiga quien caiga” made in Holliwood que ha invadido los géneros cinematográficos, pan integral y circo soleado para consumo fijodalgo. Al volver la vista hacia esa otra realidad, la de los “humillados y ofendidos”, nomenclatura Dostoyevski, se nos descubre un caudal inagotable de temas y de historias listas, como el hambre, para ser contadas. Más de mil y dos, sólo falta una Scherezade desvelada que las cuente.
He aquí el problema: sus protagonistas difícilmente tienen acceso a este tipo de cine, programado, ¡qué absurdo!, para elites festivaleras y canales televisivos paganini. El Neorrealismo Italiano había logrado, en los 40, esa comunicación con su público natural; pero, quizás-no estoy nada seguro- es que eran otros tiempos…
“Río Helado” se erige en cálido canto a la amistad, sentimiento tan hondo, delicado y férreo al mismo tiempo, capaz de nacer y desarrollarse entre las piedras. Ray, su protagonista, en mitad de su vida y su fracaso, abandonada por marido ludópata, con dos hijos a cuestas, va a buscarse la vida a la que salta. Es fácil mantenerse a este lado de la Ley cuando tienes una porción de pizza que darle a tu camada; ella no la tenía y se dedicó al tráfico de emigrantes ilegales, en compañía de una india mohawk, Lisa “Pequeña Loba”, que tampoco tenía donde caerse viva (además, le habían robado un hijo; bueno, menos mal, me parece, tenía un perro…).
Antes de que puedan hacerse la falsísima idea de que nos hallamos ante un “cine de mujeres” a lo “Thelma & Louise” (Ridley Scott, 1991), peli a la que profeso recurrente antipatía por su chirriante feminismo de diseño, habrá que dejar claro se trata de un planteamiento extremadamente duro, con esa piedad seca que podría llegar a parecer cruel, si no se la considera en su conjunto. Triunfadora en Sundance y un montón de certámenes; candidata a los oscars, la hija mayor de Hunt lleva en su contra el no intentar ningún tipo de pacto con la Realidad a fin de evitar innecesaria alarma en la conciencia y sensibilidad de sus espectadores. Ahí está, servida en crudo: chinos sin Domund que colgarse en la coleta, sin más limón que sus amarillas lágrimas; pakistaníes, la familia al completo, buscando hacerse un hueco, un agujero, en la América-América; muchachas orientales soñando con un puticlub que las redima más allá de una frontera que separa un Guatemala de su Guatepeor, aunque ellas no lo sepan…, todos y cada uno “espaldas meadas” por el miedo que pasan viajando en los portamaletas de los coches, rumbo, quién sabe cómo, hacia ninguna parte…Desde luego, la mujer blanca, la persona blanca, no corre mejor suerte (todo es cuestión de clase, camarada tovarich): su aventura va a colocarla al borde de un infanticidio del que intentará redimirse a costa de un postrer instintivo aliento de decencia…Anda, no me digas que los marginados, los vencidos, las víctimas, pueden permitirse el lujo, tan burgués, de tener sentimientos y aun vergüenza…Es difícil creerlo: pues los tienen; albergan una dignidad que no será visible mientras no se les mire, mientas no se les oiga, mientras no se les dé una oportunidad de ser lo que ya son: distintos pero iguales.
Coutney Hunt es un nombre a apuntar en la agenda. Tiene nervio y le sobran ovarios para andar a la caza de un Cine que nos ayude a conocer y así tomar partido, aunque nos duela y nos recorra, devastador, hasta el último rincón de la conciencia.
Tan lejos de una enchilada Tarantino como el ricino pueda estarlo de un cava con burbujas mentirosas, a “Frozen River” podría reprochársele el no haberse detenido un poco más en mostrarnos más de cerca a esos personajes-mercancía; bien mirado, quizás resulte innecesario: ¿no sabemos acaso cuál será su destino? De estar interesados, siempre nos queda el recurso de acercarnos a cualquier campamento chabolista, al refugio municipal, a los comedores de beneficencia, y preguntarles. Cobardes como somos, si es que, encima, va a resultar que les tememos-nosotros a ellos: el colmo del cinismo-, siempre nos podremos acercar hasta tierra de nadie, a cualquier mercadillo, e interrogar al primer negrito malo, sanguinario oriental o sudaca de pinta sospechosa:
-Y tú, ¿quién vienes siendo? ¿De donde sales? ¿Adónde te diriges?
Seguro no van a contestar que, en los tiempos actuales, ellos son nosotros mismos un mañana de éstos, en cuanto nos descuidemos pensando que las conquistas sociales vienen para quedarse y no hay que defenderlas frente al egoísmo insaciable del Capitalismo, o algo que nos iba a herir en lo más vivo: el mes próximo, podrían ser nuestros hijos. Por cierto, ¿les importa si no hablo de las excelencias interpretativas de Melissa Leo, de la belleza de los escenarios naturales, de las grandes directoras que en el Cine han sido…? Después de “Frozen River”, cumple tomarse doble ración de soma.
(Publicado en DIARIO DE FERROL)
Escrito en El cine de los Lunes | Deja un Comentario »

FESTIVAL DO DÍA INTERNACIONAL CO
POBO PALESTINO
O venres 27 e o Sábado 28 de Novembro, en A Coruña, celebrarase un Festival de Solidariedade co Pobo Palestino.
O programa de actividades publicarase oportunamente.
Agradecemos a súa difusión
Apartado 2083 - 15080 A Coruña
Escrito en No ser, he ahí el problema | Deja un Comentario »