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LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO…

Capítulo 5

CRÓNICAS DE LILIPUT

Con la caldereta de leche sobre mi  cabeza de chorlito, tardé todavía un tiempo imprudencial en darme cuenta hasta qué punto me  habían estado creciendo los enanos infiltrados en mi jardín de las mil y una delicias.

Don Martín, inaccesible jefazo oficinesco, sin ir más lejos, pareció dispuesto a sacrificar esfínteres y lo que hiciera falta a cambio de un encuentro off the record con mi ángel de la guarda, lo que le llevó a mostrarse obsequiosamente relamido conmigo.

-Siempre se te ha valorado intramuros del convento, mi querido muchacho, en su justa medida. Llegarás lejos, a condición de que te dejes aconsejar por quienes, tiempo ha, hemos reconocido tus posibilidades innatas para el progreso ilimitado…- me espolvoreó, cierta mañana, tras haberme convocado en su despacho con la disculpa de encargarme unos supuestos envíos urgentes de correspondencia.

Mommie Dearest quiso también apuntarse al bombardeo.

-No tendrás que avergonzarte de tu madre. Casa por la ventana pienso echar. Haría  limpieza general, antes de que viniese tu valedor del pueblo, invitado de honor en petit comité, a una merienda-cena, servida por un catering que ofrezca garantías. A mayores,  pienso encargar algo de ropita en la modista, que hace siglos y siglos (Lula debe de pensar, a estas alturas, que me he muerto de asco, sin celebrar entierro)…, y, por supuesto, pedir doble vez en la peluquería… Y no digas que no, porque te pongo las maletas de patitas en la puerta…

Tomé la irrevocable decisión, sujeta a infinitas posibles variantes, de empuñar firme las riendas del timón, sin dejar a nadie que no fuera Ulises meter baza. Como primera providencia, me decanté por presentarme en el Hotel Excelsior, por si acaso pescaba trucha informativa. Tal y como esperaba, no obtuve resultado alguno. Pero eso es lo que hubiese hecho Philip Marlowe, ¿no os parece…?

-La señorita Rubio ya no está entre nosotros, por desgracia…- me aclaró, con evidente zumba, la recepcionista, chica mona, aburrida del mundo en general y de mi pretensión inquisitiva en particular- Y, desde luego, no estamos autorizados a proporcionar ningún tipo de información sobre su estancia o cualesquiera circunstancias personales. Si contacta con ella, recuérdele que todavía no ha hecho efectivo el importe de ciertos agasajos oficiados en nuestra sala VIP´s… Cuatro en total, creo recordar… Usted sabe a lo que me refiero, por tratarse de uno de los afortunados participantes en los mismos… Según consta en el borrador de la demanda administrativa a punto de presentarse en los juzgados, la huésped en cuestión se comprometió, bajo palabra, a hacer efectiva dicha deuda una vez de regreso en Madrid, donde le aguardaba, llegar y besar el santo como quien dice, el cobro de una herencia millonaria, procedente de su abuela materna, la Marquesa de O ***… A lo mejor, señor, a usted no le importaría hacerse cargo de una cuarta parte de la cantidad adeudada… Total, son unos pocos miles de pesetas…

-Me importaría tanto como a usted, Srta.… Srta. Ramírez, ¿no es así…? Lo he deducido a través  del tarjetón plastificado obrante en su pechera. Cero tuberculoso, con frecuencia aludido como “cero patatero”…Hasta dicho kilómetro en cuestión llegan mis intenciones de sufragio universal…

-Entonces, señor Cómo–se-llame (al no llevar nada colgante de su escueta anatomía, lo siento, no me es posible adivinarlo), permítame continuar con mi trabajo o me veré obligada a llamar al servicio de orden… Un par de mamalones, mejorando lo presente…

-Mensaje recibido. Le dejo mi tarjeta, por si recuerda algo…- dijo Marlowe, tal cual mandan los cánones, tras lo cual, le entregué un calendario de bolsillo pasado de fecha con  una fotografía de Fujiyama en su, según se mire, ya anverso, ya reverso, y puse pies en polvorienta, por si acaso lo de los mamalones iba en serio y empeoraban mi presente de indicativo en primera persona del singular.

                                                                            ***

No hubo necesidad de esperar mucho. Nuevas me fueron llegadas de un protocolo a seguir, avant le lettre, desde el punto y hora del descenso hasta mi humilde morada del Sr. Monteagudo.

Se trataba de una especie de decálogo se puede/ no se debe, cuyos momentos álgidos voy a reproducir aquí, fidel a mi costumbre de enseñar deleitando.

“1 A.- Antes de proceder sus respectivas entrevistas, los aspirantes deberán someterse, sin excepción alguna, al detector de mentiras y al escáner de metales.

1 B. – La vestimenta a lucir durante el primer contacto queda al arbitrio del participante, rogándose encarecidamente evitar, en lo posible, cualquier tipo de chabacanería o esnobismo de mal gusto en cuanto al atuendo se refiere. P. e., hombres sin chaqueta y corbata; manga sisa, faldas por encima de la rodilla y escote pronunciado en el caso de las féminas. En ambos casos, los zapatos han de ser cerrados, sin dejar a la vista los dedos de los pies.

2 A.-  Se puede, una vez en presencia de V. M., sacar a colación cualquier tópico conversacional.

2 B- Se deberá aguardar, por norma, a que sea él quien lo inicie. Se evitará, salvo en el caso de que el Sr. Monteagudo disponga lo contrario, todo lo relacionado con temas personales y/o de carácter disolvente.

3 A.- Las sesiones celebradas, en su integridad, serán objeto de grabación audiovisual por parte de técnicos especializados;  la Organización se reserva el derecho de posterior montaje (y aun doblaje) del material obtenido durante las mismas (quedando éste de su exclusiva pertenencia) , y su utilización, total o parcial, que estime conveniente.

3 B.- Las relaciones con los medios de comunicación social correrán siempre a cargo de la Organización.

4 A.- Durante el periodo de iniciación, l@s aspirant@s  deberán abstenerse de practicar cualquier tipo de actividad sexual, incluido el onanismo, a nivel tanto físico como imaginativo (“pajas mentales”).

4 B.- En caso necesario, la Organización no descarta someter a los infractores de cualquiera de los apartados anteriores a un periodo flexible de internamiento en uno de los campamentos habilitados para ello, sujetos a severa disciplina inglesa (¡Y, a buen entendedor…!)”

No quiero provocar vuestro aburrimiento continuando con la lista admonitoria de amenazas veladas, sin velar y medio pensionistas. El pasquín en cuestión aparecía firmado por un tal Lucas Santini, “jefe de protocolo”, cuya fotografía en el ángulo superior derecho lo emparentaba, sin demasiados eslabones de por medio, con un orangután de Borneo en pleno proceso evolutivo, motivo por el cual, sin duda, se permitía el lujo de sonreírnos a sus contempladores, luciendo dentadura de caballo con ojos vivarachos y gesto prepotente.

Cuando lo conocí- habría de formar parte del cortejo a punto de presentarse en estos lares, entre palmeros, tiralevitas, agentes de prensa y burócratas varios- llegué a la conclusión, quizás equivocada, de que, a partir de Santini hacia abajo, el resto de la murga monteaguda dejaba mucho que desear en cuanto a catadura y posibilidad de dar el pego.

Me pareció, desde mi puesto en la trinchera, remitir un nihil obstat a vuelta de correo. Mi momento estaba por llegar; toda esa banda de mafiosos de opereta iban a aprender quién es Fermín Monzón, hijo de Genoveva y de Emeterio.

…Y mientras tanto, mi fama pueblerina iba en aumento. La voz se había corrido a nivel popular de que la presencia de Víctor Monteagudo en aquella quimbamba cercana al finis terrae algo- mucho o poco-tenía que ver con aquel brillante y avispado estudiante de Derecho, azote de mediocres en la prensa diaria.

Yo lo guisaba y yo me lo comía; sentía a mi alrededor un general interés hacia mi otrora supuestamente anodina persona. No intento insinuar que el vecindario me solicitara un autógrafo al cruzarse conmigo; pero sí que la mayoría de miradas que ahora se me dirigían- sobre todo a las que al bello sexo se refiere- aparecían teñidas de respeto a distancia y ganas locas de serme presentados.

Se trataba, como ya habréis adivinado, de tomar impulso, apalancado en el “efecto Monteagudo”, para, a continuación, ponerme a volar por mi cuenta hasta donde sólo las águilas se atreven, una vez desenmascarado tan funesto personaje hasta dar con su fraudulento mito por los suelos, lo que contribuiría a labrar a mi favor fama y fortuna como paladín en defensa de los más débiles y menesterosos de la Tierra.

Cuando, pasados unos días, recibí un nuevo burofax de la Organización, convocándome a un cóctel de presentación en el Hostal de los Reyes Católicos compostelano, me quedé hecho polvo. Desde el principio, me había parecido entender que el lugar elegido para el santo encuentro a dos únicas bandas tendría como epicentro mi ciudad natal; venía a resultar, sin embargo, que se pretendía matar varios y variados pájaros y pájaras de un tiro, con aquel jubileo con anzuelo de canapé que te crio,  remojado en cup de frutas tropicales.

A grandes males, recetas de la abuela…Llamé a Evangelina por llorar en su hombro, olisquear el perfume de sus pechos secretos y merendar “de gratis” tejeringos, hundidos en un mar de cacao al 90 % de pureza en estado semisólido.

Obtuve su inmediata simpatía y aliento; y una negativa elevada al redondo de discutir el peliagudo asunto, después del refrigerio, sobre sábanas de Holanda, en un discreto hostal de las afueras, poco o nada católico y mucho menos, “regio”.

-Pues no acudas al reclamo y asunto concluido… Luego publicas un artículo en la prensa y los pones a parir por montajistas… ¡Con las ilusiones que te habías tú hecho…! ¡Pobrecillo…! Si su majestad quiere verte, que se moleste en acercarse hasta tu casa… Eras feliz sin él, hasta el momento… Hazte valer y verás como traga…

Sentí una violenta descarga de adrenalina en algún remoto rincón de mi cerebro. Con el  último churro asomando grasiento de mi boca bembona, me apresuré a despedirme a la francesa.

-Lo siento, nena… Acabo de acordarme de que hay algo de lo que no me acuerdo… Hoy pagas tú, porque yo tengo prisa… Lo he pasado de buten y me has sido muy útil… Arrivederci, mona…

Y la dejé con tres palmos de narices, algo de lo que no me hago responsable. Echadle la culpa a Madre Naturaleza: Evangelina tenía de chata lo que yo de pinocho mentiroso…

Tras asegurarme de que Atilano Silvosa se encontraba en su domicilio mediante llamada telefónica de tintes misteriosos y apremiantes, desoyendo sus disculpas disuasorias, no paré hasta quedar plantado delante de su puerta de la calle, donde pulsé el timbre del portero automático, ígneo de impaciencia.

Alicia cancerbera- raro sería…- no estaba para visitas de cumplido.

-Nos viene mal una nueva aparición fantasmal de las tuyas…- dijo un telefonillo cargado de chirriantes vibraciones como fondo- Qué te apuestas, por una tontería… Te abro y subes. No te olvides de cerrar abajo, no vaya a ser se nos cuele algún indeseable…

Mal follat, la expresión catalana, se me antoja explicación plausible para el todavía peor café que se gasta conmigo la única Alicia aborrecible que conozco.

  Me encontré sin comité de bienvenida apoyado en el quicio de la mansión Silvosa. Acostumbrado a todo tipo de desplantes, avancé pasillo adelante entre olor a fritanga girasola y rezongos oscuros procedentes del despacho de Atilano.

-El colmo bien colmado…- me espetó cuando me hallé, por fin, en su presencia- Empiezo a sospechar que acosas a mi esposa con fines indecentes…

-Eso quisierais ella; pero, sobre todo tú, liberado de penosas tareas de acoplamiento semestral a la nave nodriza…

-Sienta y levanta. Estaba trabajando, engolfado en un hemistiquio de difícil factura. Concedo improrrogables diez minutos, transcurridos los cuales, ordenaré que te expulsen a escobazos…

Me incomodé sobre un puf descompensado y comencé mi planto lamentable.

-Que no me acuerdo, chico… Tú, seguro que sí, enciclopedia andante elefantina, sobrado de memoria para el dato encerrado… Concéntrate en los clásicos dorados españoles… “Menosprecio de corte y alabaza de aldea” como tema de fondo… Esto va, a nivel de planteamiento, de un rey que, en un arranque populista, se pone a hacer turismo rural, por ponerse en contacto con la plebe; por otro lado, tenemos a un palurdo, más bruto que un arado: el suyo propio, el de su padre, sus hermanos y  su abuelo… ¿A que empieza a sonarle el cascabel al gato…? Total, enterado el palurdo, se da por ofendido… Este es el nudo… Del desenlace ya te encargarás tú, porque me pierdo…

Se avino mi Atilano a trance pitoniso mayestático; puso cara de esfinge y quedóse traspuesto, procesando sus bites de erudición libresca  (no cultura propiamente dicha), manejando datos desalmados, incapaz por sí mismo de convertirlos en ideas originales propias.

-Ya me come… Ya me come…- rompió el silencio Zaratustra, como quien rompe un plato de sabrosísimas viandas- Mas, cuando estoy a punto de centrarlo en la glotis o bocado de Adán, se me escurre por la punta de la lengua…Que sale, que sale… Helo, helo, por do viene…  Juan Labrador se llama ese palurdo que procuras…

Me sentí al borde mismo de un súbito éxtasis teresiano, con permiso de S. Juan de la Cruz que también los gozaba, y de qué modo…

Después de todo, iba a resultar que, después de tantas vueltas de campanas al vuelo, al final, iba a ser  yo  el villano de aquel drama…

El cómo y el porqué, lo explicaré en el próximo capítulo.

PRINCIPIO Y FIN DEL CAPÍTULO 5

Sweet Evangelina, pa servir a dios y a usted…

LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO…

Capítulo 4

LA HIDRA DE LERNA

No había transcurrido una semana de los sabrosos lances reflejados con pelos y señales en el capítulo anterior de este opúsculo, tan curioso como impetertinente, cuando el ciudadano Fermín recibía en su domicilio un burofax donde la “Fundación Nueva Cólquida”, en nombre de su presidente y alma pater, Víctor Monteagudo, me felicitaba, en plan tórrido, por alta valoración que les merecía mi respuesta a las durísimas pruebas a las que se me había recientemente sometido.

“Has demostrado con creces una poco común firmeza de criterio, capaz de resistir todo tipo de tentaciones y de falsas promesas: fiel a ti mismo, no te importó, en ningún momento, mostrar la primacía de tus sólidos principios éticos y morales. Hombres recios, sólidamente formados, es lo que, en nuestra organización, se valora a la hora de elegir futuros dirigentes, para iniciarlos en su camino hacia el éxito personal y, en definitiva, el de la organización de la cual habrá llegado a formar parte.”

A punto estuve de descojonarme de la risa (nerviosa). Esperad, porque hay más:

“Nuestra agente especial, la Srta. Rubio, se ha deshecho en elogios de tu comportamiento, acreditando una hombría de bien que parecía especie ya extinguida en el presente siglo. Según su informe, lleno de subrayados y admiraciones en negrita, se amalgama en tu espíritu una curiosa mezcla de delicadeza, savoir faire y congénita empatía, que hacen de ti, no ya el “hombre del año”, sino un valor, por desgracia irrepetible, seguro y perdurable para cualquier equipo de trabajo: sabes mandar y ser obedecido, siempre en parámetros de fidelidad sin fisura alguna a nuestra empresa, en cuyo seno te haces amar y respetar, a fuerza de tesón y de carisma. Conocerte, asegura en su escrito, es un viaje en clase business a Utopía…Por despejar cualquier duda posible a nuestros ojos, la grabación – sin cortes – de vuestra doble entrevista en el Hotel Excelsior, downstairs & upstairs, con su noli me tangere por lo que a ti respecta, deja patente la veracidad de todos sus asertos. Bienvenido al club de los bendecidos por el Destino con la grandeza de sus miras, preclaros individuos pertenecientes a una elite de elegidos para la gloria que no se dejarán nunca  comprar, ya sea por un selecto cuenco de beluga o una humilde escudilla de lentejas viudas… En cuanto a la grabación aludida más  arriba, no debes preocuparte: la única copia existente, una vez visionada por nuestro comité de expertos, ella misma se autodestruyó en cinco segundos, con el vibrante tema de Lalo Schiffrin como música de fondo. Una hipotética disponibilidad para el chantaje resulta estadísticamente irrelevante. En cuanto a la Srta. Rubio, domina el arte de no irse de la lengua, aunque se muestre toda una experta, je-je-je…, a la hora de emplearla en otros menesteres menos píos, frente a hombrecillos pusilánimes que caen en su red a primeras de cambio… ”

El párrafo anterior, sin ir más lejos, en su polivalente casuística,  me obligó a correr hacia el cuarto baño a lumbre de carozo por liberar tensiones terrenales. No descansé hasta dejar mis cárceles del cuerpo sosegadas…

El mensaje establecía una nueva cita sin entrar en detalles de la misma, lo cual me permitía ganar tiempo y seguir investigando antes del “gran encuentro”. La fiel Evangelina, por una vez, iba a quedarse con las ganas de participar en el festín del burofax y sus implicaciones; de bastantes ínfulas de protagonismo suyo frente al mío había dado muestras ya en lo que va de trama. La perdono porque me paga las meriendas astringentes, a cambio de presumir, a mi vera, siempre a la verita mía, de noviete informal con derecho a suspiro, durante los fines de semana pasados por agua, siempre que me sea solicitado en tiempo y forma.

Atilano Silvosa, especialista en ripios y compañero de aula parva durante el bachillerato, fue la primera persona en quien pensé, a la hora ampliar el campo de visión de la jugada sobre el porta. Él me finge amistad; por eso lo detesto, lo que no quita mi empecinado empeño, a prueba de desprecios sucesivos, por lograr su beneplácito. Therese Desqueyroux (¡Ya es hilar fino…!) sentía algo muy parecido por el marido al que andaba envenenando…

Fui a visitarlo a su domicilio conyugal sin cita previa, por aquello de haber sido amigos en la infancia.

Alicia, santa esposa, diez años mayor que él, me recibió de uñas pintadas, pies y manos, como suele. Decoradora y escaparatista, estaba obsesionada con los palanganeros art decó (me refiero a los muebles), hasta el punto de haber invadido, a punta de jofaina, todas y cada una de las estancias de una vivienda que guardaba más de un punto de conexión con la cueva de Ali Babá, de nombre “Sésamo”.

-Soy muy de aguamaniles…- me había explicado la primera vez que, recién regresados  del viaje de novios, los visité en su casa, tras  cerciorarme de la ausencia del recién estrenado marido, por sonsacarle a ella, en su candidez, si, de veras, se había consumado el matrimonio, para poder contarlo urbi et orbe y con todo lujo de detalles entre nuestras comunes amistades.

-Lo pillas trabajando en su despacho… Mejor no lo molestes…

Atilano de los Bosques, autónomo malgré lui, llevaba la contabilidad de pequeñas empresas locales en los escasos ratos en que sus musas le dejaban en paz con sus sonetos yámbicos y sus estrofas de la pata quebrada y en casa. En guerra santa perpetua con el mundo de la vulgaridad, Atila-no y sus muchachos, pues ya había creado escuela, tenían por malditísima  trinidad cuadripartita a los poetas simbolistas franceses y por vírgenes prudentes, a Virginia Woolf y Vita Sackville West, juntas y revueltas.

Siendo media mañana de domingo, lo de “estar trabajando” me sonó a petenera. El “bienvenidos a casa” obrante en el felpudo sonaba a un “no pasarán”,  a “persona non grata”…

-Pues dile que me llame en cuanto pueda, por favor… ¿Te acordarás…?

-Te repito que anda muy ocupado…

Y entonces apareció a mitad del lúgubre rellano, al son de trompetas y timbales, iluminándolo con su luz de fuego fatuo, el Divino Atilano, luciendo una bata a lo lord Byron y una expresión de trascendente hastío en su acuosa mirada acristalada. Por acaso se os apetece haceros una somera idea de las pintas que se gastaba entonces, buscad en internet una foto de Vincent Price en años mozos y quedaréis razonablemente satisfechos.

-Te supongo enterado de mis crisis lumbálgicas mediante malas artes…- se quejó amargamente – Siempre que tengo una, te presentas aquí, en busca de remedio a tus problemas… Pasa, pasa… Y tú, mujer, tampoco es para tanto…En el fondo, algo de aprecio permanece a su persona… ¿Olvidas que fuimos juntos al colegio…? Él finge andar desmemoriado; pero mucho lo tengo defendido de un acoso escolar fruto a su naturaleza retardada…

Estoy por apostar que se trata de un cuento narrado del revés: nunca- y hubo ocasiones abundantes a lo largo de los años- me tomé la menor molestia en aclararlo…

Me hizo pasar casi a empujones, no todo lo cariñosos que debieran, hasta el corazón hecho polvo de su despacho de la Metro Goldwyn Mayer, autentica leonera de cachivaches varios, entre los que destacaban, faltaría más, palanganeros de todos los tamaños y termitas.

-Siéntate donde puedas, anda, y procura ser breve… Me hace gracia: siempre acudes a mí en última instancia, cuando compruebas que el resto de las puertas se han cerrado en tus bubónicas narices… Venga, empieza… ¿Qué tripa se te ha roto en este caso…?

Tardó minuto y medio en sacar conclusiones y cien segundos en sonrojarse, verde de envidia enferma, hasta en el blanco jaspeado de los ojos.

-Además de darte pote conmigo, ¿qué pretendes…? ¿Un curso acelerado de savoir faire para tratar de igual a igual con la crema de la leche…? ¿Qué me convierta, de pronto, en Henry Higgins, con vistas a tu baile de embajada…? Víctor Monteagudo, nada menos… Picas tú muy alto,   Fermín Doolittle, violetero… Con mucha suerte, que hoy me pillas de buenas, puede que hasta me ofrezca a allanarte el camino, siempre que me des cancha y manos libres para llevar tu embolado a mi manera… Yo no trabajo gratis y te consta… Debieras adorarme y recibo de ti distanciamiento a lo Antonioni: me haces la cobra a primeras de cambio… ¿Alguna vez pretenderás a reconocer el valor de un verdadero amigo…? Es pregunta retórica, no hace falta que contestes… Otrosí, y el que avisa no es traidor: no intentes marginarme del proyecto o me veré obligado a informar cumplidamente a los de la Nueva Cólquida con qué clase de espécimen trece por docena piensan meterse en danza. Ten por seguro tomarán buena nota y procederán en consecuencia.

Había metido el zueco una vez más, tercera o cuarta piedra a tropezar mi animal interior (¡Como si no lo conociera…!), al sucumbir a los encantos harto dudosos de Atilano Silvosa, y volar, imprudente,  sobre el nido del cuco de una urraca ladrona de las famas ajenas y una ocasión con alopecia galopante, nacida para mí, a despecho del resto de mortales, a punto de perderse por haberme ido- y avisado me tengo…- de la lengua invertebrada.

Traté de emborronar todo lo hablado, sin grandes esperanzas de progreso. Atilano Silvosa, en esto, en lo otro y en lo de más allá, actúa como los cerdos de pocilga: una vez hincado el diente a la confiada víctima, jamás renuncia al bocado entre mandíbulas.

Alicia en el país de los aguamaniles art decó, para acabarla de liar, hizo inesperado acto de presencia.

-Bien sabe dios que no pensaba inmiscuirme en vuestros tejemanejes tres al cuarto… Habláis tan fuerte que hasta la cocina, donde hacía de vertedero, me han llegado los ecos de una más que ridícula polémica… Porque vamos a ver, Fermín, alma de cántaro, ¿de verdad aspirabas a darnos esquinazo…? ¿Quién te crees que eres…? Díselo tú, Atilano, o se lo planto yo en su jeta leporina, con diplomacia cero…

-Regresa a tus labores detergentes y déjanos tranquilos…- respondió su consorte, desbrido, haciéndose el valiente- Espero no tener que repetirlo…

-Tú y yo tendremos una pequeña conversación antes de que acabe la mañana… Pero antes, permitidme los dos, Caínes y Abeles,  una rápida lectura de cartilla… Nombráis en mi presencia a Nabucodonosor, con jardines colgantes incluidos, y no me hace la mitad del efecto afrodisíaco que me provoca el oír mencionar, aun de pasada, a Víctor Monteagudo de las Heras… Hombres necios, jamás entenderéis lo que, en verdad, nos interesa de vosotros a las mujeres sabias que en el mundo han sido… Y pues voy a tenerlo al alcance de mi vista, no seré yo quien pierda la ocasión de mostrarle pleitesía; pleitesía y lo que surja, hale-hop, en la espuela del momento… Os doy por enterados: en el affaire Monteagudo no se moverá una paja de pajar sin contar conmigo, suma sacerdotisa plenipotenciaria del culto a sus encantos de varón esclarecido… Baste dejar atado y bien atado que, desde este punto y hora, me autoproclamo Presidenta de Honor Vitalicia del Comité de Recepción a tan insigne prócer, así como única redactora del Programa de Fastos y Festejos subsiguientes. Punto pelota. He dicho… Se levanta la sesión al no haber otros asuntos que tratar y me encamino derecha al fregadero… ¡Hasta arriba está el pobre…! Los buenos días, Fermín; y que no se te olvide el darle un besazo a tu madre de mi parte…

El mutis por el foro de la Swanson en “Sunset Boulevard” no le llegaba, en gloria, a sus talones. Dejó la puerta abierta y un perfume en el aire de Loewe y de lavavajillas concentrado…

Atilano, todavía en estado de desgracia, intentó en vano recobrar el peso de la púrpura, tomando, entrecortado, la palabra.

-Ya la conoces… Mañana estará pensando en otra cosa… (Y resultó que nones: pronta ocasión habrá de comprobarlo).

Intenté ponerme en pie y salir de estampida, preguntándome por el delito cometido. Fallé al primer intento y al segundo. Mi amigo y compañero de la infancia se vio obligado a levantarme de un empuje hacia arriba, al estilo Mileto, sujetas mis axilas con sus garras.

Humillado y ofendido, Iván Petróvich (“Vania”) prometió volver de visita, una tarde de aquéllas, para seguir perfilando la estrategia más adecuada a “nuestros” planes, camino de convertirse, en cuanto a cabezas pensantes y cabezas de chorlito implicadas, en una nueva y espantable hidra de Lerna…

PRINCIPIO Y FIN DEL CAPÍTULO CUARTO

Atilano Silvosa, a la chupa libidinosa de pulgares…

LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO…

Capítulo 3

PISTOLETAZO DE  SALIDA

 

Una vez hubo cantado la gallina, el gallo de OK Corral se dispuso a tomar la palabra:

-Vale, ¿cuándo empezamos…?- preguntó Fermín Monzón, quien viene siendo, seguro lo recuerdan, un servidor de tantos amos como fueren necesarios para no tener que lamentarlo luego… “¡Si lo hubiese sabido…!” Ahora ya fue; y Marica, no llores…

-Te reitero, dulce corazón, la necesidad de ventilar ciertos procedimientos previos… A partir de ahí, plana es Castilla…

Esperanza Rubio, tan morena ella de raíces capilares, no se esperaba la que se le vino encima de repente…

-Me refiero a hablar en serio, nena… El Pichote  made in Coria que pensasteis ni está ni se le espera, por ahora… Conque, su señoría, falta de quorum y moción denegada… Lo que yo te diga: gracias a mí,  te estabas viendo encumbrada de mercera…

Noté que sus rodillas ya no estaban en su lugar descansen. Una refriega llegaba a su final y otra empezaba. Se puso en pie de un jabonado salto de delfina escocida e inició hostilidades.

-Me pudiste avisar de lo lince ibérico que eras…Nos habríamos ahorrado el piscolabis; infecto y todo, me ha salido- porque corre a mi cargo,  no lo paga la empresa-por un ojo del culo del cubero… No voy a ocultarlo: lo de la mercería, hasta aporta su ingenio… Bohío por la vereda tropical de mala vida: gomas para las bragas, gorritos de dormir y horquillas para el pelo y medio pelo… Mirar tu ficha y llegar a desoladoras conclusiones: se te adivina con alcances frontales limitados. Dime qué hacemos, anda, Rodrigo de Triana… ¿Levanto el campamento y regreso a mi pisazo de Madrid en pleno Salamanca o lo postergo, por si acaso, hasta mañana, en el albur de que se te  cambien de sentido los alisios…?

-No me dejes pensarlo. Decídelo tú sola: llevas los pantalones con la bragueta abierta…- contesté, disponiéndome a tomar Villadiego por asalto.

-Un último favor y no te hagas el estrecho… Que te quedes conmigo en un jalear la noche verbenero. No me veo dando tumbos por las barras locales, en busca de edredón a vuelapluma que echarme por encima para pasar estos fríos primaverales… “Chica conoce chico y lo invita a su lecho, con dosel y espejo incorporados”… A cambio de lo cual, cuando te pidan rellenar cierta encuesta sobre satisfacción por servicios prestados, del uno al diez, vas tú, más chulo que los ochos, y me puntúas con un catorce en la quiniela ganadora… Tampoco es pedir mucho: pienso hacerlo yo todo, al higuí, al higuí, y de penalti… No es que tú seas mi tipo, ni de lejos. No quiero que te hagas ilusiones de tul; y, sin embargo,  con la luz apagada, hasta  tendrías, sobre todo si se ha bebido mucho, un pase de modelos… ¿Te he contado que cierta noche me empantané con Richard Gere…? Bueno, él no era; pero se le parecía en la caída de ojos… Hicimos mil locuras… Yo sobre todo: me dejé el bolso abierto a los pies de la cama…

Cumplió, con creces, el cielo prometido. Su habitación trescientos treinta y tantos era  un totus-tota-totum revolutum, hombro por manga y donde pongo los pies, piso fundas de almohada, número impar de medias y sostenes sin tetas que llevarse a la copa.

-Perdona este desorden ordenado…- dijo ella, con un mohín de señorial disgusto- En este hotel, el servicio pasa una sola vez, por la mañana… Venga, siéntate en la chaise longue y espérame fumando, que ahora vuelvo… Hoy tengo ganas de portarme mal, ¿lo habías notado…?

Dicho lo cual, se encerró en el W.C. y me dejó tranquilo, siquiera por un rato, a calcular en diez minutos del reloj, al cabo de los cuales se abrió la puerta y sonó una fanfarria para recibir comme il faut a la que venía a por mí, Salomé siete veces desvelada, cubriendo sus vergüenzas escasísimas con una toalla de baño azul infierno, sujeta con un imperdible a la cintura.

   Por lo que a mí me toca, permanecí apaisado y, por supuesto, me crecí, del tirón, cuan largo era, en espera paciente de sabrosos acontecimientos ulteriores… Debo confesar, en honor a la posverdad  de cada día, que lo mejor de la amorosa justa, devenida sobre palenque estrafalario, habitación trescientos treinta y muchos, fueron los partes de guerra a cargo de aquella hurí algo fondona, a mis pies repanchingada, y ganas locas de la marcha Radetzky con que cerrar el acto palmeando. Por ahorrarme explicaciones, muestro cómo:

-Mi sultán me ha ordenado que proceda- recitó la odalisca, de corrido- y yo obedezco, émula de la esforzada Scheherezade, casi tres años dándole al pico y pala, echando cuento al cuento hasta escuchar los ronquidos de Schariar, su vengativo esposo. Volviendo a mi califa favorito: sus deseos, y nunca mejor dicho, son decretos reales para mí, por orden rigurosamente cronológico: primero, mi señor; segundo, mi señor y tercero en concordia,  mi amo y señor, que, con las prisas, se me había olvidado mencionar una prerrogativa bondage sine qua non. Pido ser castigada con la severidad de un Heliogábalo o, mejor todavía: la vesania de Calígula Cayo (con doble ele también vale, pues menudo cenizo…), si mis afanes no llegasen a alcanzar su cometido: colmar de gozos todo aquello concerniente a su estrecha cintura, encarnizada guerra de norte contra sur, en ruda competencia de deleites. Delicias pides, delicias serán dadas en este “aquí te pillo, aquí te mato”, con mil pequeñas muertes como cima de meta. Que me place el botoncillo respingón de  tu ombligo, sobresaliente con matrícula de honor… (¡Te ha salido redondo…!)… Helo aquí, hace un instante plus ultra más allá de la algebraica y fronteriza cremallera, y ahora, tras pertinente sube/baja,  a la vista y alcance de mis carnosos labios sonrosados. Con su  sedosa pelusa algodonada en interiores- me refiero a ese Rey Sol que luces por ombligo- y mi rueca de desfacer entuertos, antes llamada “lengua mía vivita y coleando”, pienso  hilarme un romántico capullo de rosal florecido, del que estoy tan hambrienta y aun sedienta, que me digo a mí misma en un aparte técnico: “¡Tonta serías de no chuparte ésa…!”

Hizo una pausa para tomar aliento, la cual aproveché para cambiar de nalga la postura, si no gallarda, al menos predispuesta a todo tipo de desmadres. Y añadí, en fase Shylock sopesante:

-Por ahora, mi termómetro marca – y ya es mucho marcar- un cinco muy raspado… Echa cuentas y verás lo que falta para cuadrar el monto de catorce resultados. Inténtalo otra vez… No tires la toalla, por favor… Tú ya me entiendes… Tírala sin tirar, valga la redundancia…

-Sería arrojar manzanillas a los cerdos…- respondió, respondona- Tú no estás a mi altura, se te nota a las claras…

– Si es que se va a tratar el tema oval, hagámoslo en profundidad y con una miaja de criterio científico… Siempre es una, la clara… ¿Qué ocurre, en cambio, con las yemas chinescas de los huevos…? Dos monedas de oro; o, incluso, más de dos, dependiendo del pienso luego existo…

 – Lo que yo te decía: no estás acostumbrado a tratar con  señoras… ¿A qué estás esperando, si puedo preguntarlo…?

-Háblame del Gran Jefe Monteagudo…

-¿Eso es lo que precisas y rematas faena…? ¿Lo prometes…? ¡Qué raros sois los hombres, en cuanto se os conoce íntimamente…!

-No voy a descansar hasta saber lo que se esconde detrás de esta partida de tute encabronado… Ponte algo encima y empieza a largar por esa boquita tuya a piñón fijo…

-Escucho y obedezco…

Tras lo cual, volvió a su boudoir sancta-sanctorum en el cuarto de baño, donde permaneció otro cuarto de hora como poco, para salir del mismo enfundada en un polícromo kimono Butterfly y chinelas de seda haciendo juego sucio. Mientras daba revueltas alrededor de la chaise longue, me obsequió con el siguiente parlamento:

-Hasta donde manejo, se trataría de establecer una base de datos no contaminada por agentes exteriores. Ciudadanos anónimos, con gramática parda a sus espaldas, muy lejos del mundanal ruido de la Villa y Corte, dispuestos, es un ejemplo, a recurrir a las cuentas de la vieja por solventar problemas económicos de gran envergadura, o retomar los consejos de sus madres respectivas a la hora de dictar normas morales por las cuales debe regirse el colectivo; un personal de a pie de banco,  a ser seleccionado en el transcurso de una “operación rescate” a beneficio del buen salvaje en taparrabos, víctima inocente de un injusto “si te he visto, no me acuerdo” por parte de los detentadores de Poder en ejercicio.

-Perdón por la inmodestia; pero, ¿dónde encajaría uno y su cargamento de sueños, en esa pobre y mísera caterva de natos perdedores…?- objeté, seriamente dañado en mi autoestima de intelectual con seguidores en la prensa diaria.

-Las ovejas descarriadas, que son la mayoría, necesitan siempre de pastor; y el pastor, un conocimiento exhaustivo de los lobos, si pretende mantener a salvo su rebaño… Se trataría de reclutar reclutadores… Tal es mi cometido, por el cual cobro, de forma regular tirando a bien, sintiéndome razonablemente satisfecha, con el riñón cubierto y paletilla. En tu caso particular, sin embargo, concurren, además, ciertos considerandos especiales. Lo que el Sr. Monteagudo esperaba de ti, al parecer, has renunciado a conocerlo, en tanto en cuanto te niegas a aceptar las condiciones del ventajoso acuerdo que te ofrezco. Quieto parado enfrente a la pirámide, ni siquiera te dignas a apearte del camello y pisar nuestra arena de la playa…Nada, que no te mojas… ¿Qué daño te hemos hecho hasta el momento…? El señor y sus números rojos a partir del día trece; la mercería de mamá con hipoteca… Camacho el Rico, a vuestro lado, nunca saldría de pobre, te lo juro y prometo… Basta pues de tanto kikiriki, que me pongo nerviosa y luego me columpio en el vacío… Última chance, o sea, definitiva: lo tomas con patatas o lo dejas… Firma aquí y no juegues conmigo a la ruleta rusa… Mejor aún: pon un palote y asunto concluido…

Me creía acorralado la muy crótalo hembra, con doce cascabeles tintineando en el rabo. Hice ademán de ir a coger el bolígrafo bic que me tendía y observé su ofídica sonrisa recorriendo mentón de oreja a oreja.

-En cuanto firmes, voy a hacerte un estudio grafológico al minuto, sin cobrarte un ochavo… Verás qué divertido: lo pasaremos pipa de la paz y después gloria, descubriendo rasgos de tu carácter que no conoce nadie…- el tono de su voz era apremiante, señal de que no las tenía todas consigo- Sobre todo en la rúbrica, se notan mucho los turbulentos ciclos de la mente masculina… Oye, tú, galán Fermín, ¿no estarás esperando a que vuelva a enroscarme la toalla en la cintura…? ¿A que me lío la manta a la cabeza y me sublevo…? Tú lo has querido, querido de una rata: devuélveme el bolígrafo bic, otro gasto que también corre de mi cuenta, y procura que aparezca el capuchón, sin importar lo mordisqueado que se encuentre…

Guzmán el Bueno no arrojara el puñal con tanta gallardía desde su torre, heroico gesto que, para el caso,  le costó dos sonoras  bofetadas a  vuestro seguro servidor, Fermín el Malo…Y hablando de bondades y maldades… “No hay mal que por bien no venga”, te adoramos, señor… Y se cumplió el refrán a propulsión de chorro: en sintiendo el impacto- manos blancas no ofenden, que calientan motores -, al fin tuve mi orgasmo largamente anunciado; y fumé un cigarrillo, tumbado en la chaise longue, “fumar y amar”, que cantaba S. M. en famoso cuplé, apaisada cual yo, a la pata la llana…

PRINCIPIO Y FIN DEL CAPÍTULO TERCERO