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La Nieve y la Ceniza

LA NIEVE Y LA CENIZA

                                     
Para Catalina, Clarisa y Aníbal, por orden de llegada, para leer cuando cumplan 18 (y yo ya no esté aquí para pedir disculpas del desmadre).

A fecha de hoy, en los mentideros de las cortes europeas no circulan otras hablas; la publicación en el británico Daily Mirror de la primera entrega de las conversaciones telefónicas entre las princesas Blancanieves y Aurora, aka Sleeping Beauty, han puesto en circulación todo tipo de rumores malintencionados, enseguida recogidos por las redes sociales y la prensa amarilla de la más baja estofa.

Mientras las respectivas Casas Reales se empecinan en un (in)comprensible silencio, los fragmentos más polémicos de dichas grabaciones circulan, cual reguero de pólvora mojada, a diestra y a siniestra, convertidos en viral del momento sin importar el daño que tales revelaciones pudieran ocasionar a los hasta hace poco firmes pilares de tan sacrosantas instituciones y, a mayores, de la convivencia entre pueblos hermanos.

Si reproducimos aquí un pequeño muestrario del libelo vergonzoso en cuestión, no nos mueven otras miras que mantener a nuestros lectores informados acerca de la naturaleza y alcance de esta infamia en imparable proceso.

***

WARNING

TOP SECRET: EVENTUAL READERS WILL BE PROSECUTED ACCORDING TO LAW

AURORA.- Dime, dime, mi dulce corazón… Soy toda oídos; pero no tardes mucho: acabo de despertarme y aún no he desayunado mi English breakfast

BLANCANIEVES.- ¡Pero si son las cuatro después del meridiano…! No sé cómo te las arreglas para pasarte la vida durmiendo, querida… ¿O es que has vuelto a pincharte…?

AURORA.- I beg your pardom, Madame… ?

 BLANCANIEVES.- Me refiero a pincharte con un huso…

AURORA.- Eres tú siempre la que te muestras picajosa… No me extraña lo que se corre a tus espaldas (de frente, no se atreven: metes miedo)… Por raro que parezca, va a resultar que has salido clonada a tu madrastra… O que aquella manzana que le compraste a una vendedora ambulante, sin control sanitario, presentaba efectos secundarios perniciosos… ¡Hay que ver cómo escupes veneno! … Habrás de reconocer que lo de Apple a ti te vino al pelo, ¿o me equivoco…? Un príncipe reinante para ti solita, a cambio de los siete liliputos… A eso se le llama serendipia…

BLANCANIEVES.- Si me dejas hablar, te mantendré informada… ¿Te ha llegado lo de la morganática…?

AURORA.- ¿Te refieres a nuestra prima Cenicienta…?

BLANCANIEVES.- ¿A quién sino…? Sigue durmiendo, ea…

AURORA.-  No vayas a colgarme, ¡serás republicana…! ¡Cuenta, cuenta…!

BLANCANIEVES.- Lo que yo siempre digo: las alfombras hay que haberlas meado de pequeña, no pasarles el mocho ya venida la regla… ¡Tamaña advenediza, semejante plebeya…! Mira, no la soporto ni en pintura de uñas de los pies: me pone de los nervios…

AURORA.- ¡Al grano, al grano, que me muero de hambre…!

BLANCANIEVES.- Yo, con mucho, prefiero a sus dos hermanastras, Drizella y Anastasia… Feas serán; pero van de nuevas ricas middle classed con bastante decoro…

AURORA.- Por lo que a mí ha llegado, el Príncipe Encantador se muestra exultante de gozo después del himeneo…

BLANCANIEVES.- Ignoro a qué himen te refieres, tras el paso de ella por la cuenca minera a escala reducida… El caso es que pretende nombrarlos ministros plenipotenciarios a los siete… Y con cruz pensionada de rebote… Lo servido por lo comido, no te digo… Yo no dudo de que estén muy bien dotados… Por eso presisamente te llamaba… Tu marido, ¿qué opina…? El mío nada, porque yo no le dejo… Florian está más guapo callado…

AURORA.- Mi Felipe ya sabes cómo es… De caza todo el día, aunque él y yo no comamos muchas perdices por las noches… Ahora, si duermo, es a base de pastillas…

BLANCANIEVES.- ¿Y no echas mano de un tu paje Gerineldo…?

AURORA.- Todavía hay clases, chica… Fantaseo con Iglesias, padre, hijo y espíritu santo…

BLANCANIEVES.- Me sales tú muy pía…

AURORA.- Conoces el refrán: quien no pía, es que no ha puesto huevos en el nido…

BLANCANIEVES.- Total, que no te jalas una rosca…

AURORA.- Comes tú por las dos: roscón de reyes…

BLANCANIEVES.- Se hace lo que se puede, sweet heart; se hace lo que se puede… Pues nada…A ver cuándo quedamos… Tú y yo, solas… Nada de convocar a Cenicienta; ésa, en el cenicero, entre colillas… Yo, en las cumbres; y tú, con el Sol siempre a la verita tuya… Me consta hay el runrún de que la BBC piensa hacer un documental sobre nosotras tres; ya me encargaré yo de convertirlo en pas de deux, como me llamo Princesa Blancanieves…

AURORA.- Lo siento, darling; pero tengo que dejarte… I´m starving

BLANCANIEVES.- Que aproveche…

AURORA (a micrófono cerrado).- A ésa habría que llamarla Blancaleches… A saber si no es su stepmother disfrazada…

[Una vez finalizada la grabación, su contenido se deleterá en cinco segundos]

tenor

EL SILENCIO (2016), DE MARTIN SCORSESE

¿Por qué será que lo mío con Scorsese ha venido pasando del amor/odio al odio/amor a primeras de cambio…? A escala mundial, debo de ser el único cinéfilo en el patio de butacas y/o gallinero, aka “la generola”, aka “el paraíso” (lo terrenal era aportado por las cáscaras aplastadas de maní y las pipas de heliotropo), al que “Taxi Driver” (1976) despierta, con solo evocarla, una repulsión la mar de polanskiana a partir de una supuesta ambigüedad moral en forma de caramelo envenenado. Otrosí, prefiero, y con mucho, su “Uno de los Nuestros” (1990) a toda la suma teológica de la saga “El Padrino”. Más amores fou: “El Rey de la Comedia” (1983), memorable jarro de agua fría contra los espectadores, donde se explica de qué va lo del showbizz y sus currantes; “Toro Salvaje” (1979), “Jo, qué Noche…”(1985)… Pelis suyas que ni me fueron ni vinieron: “Alicia ya no vive aquí” (1974)- por los mismos motivos que me desengancho de “Thelma y Louise” (1991), de Ridley Scott: a ambas se les ve venir la artificiosidad de planteamiento desde la legua y media-; “New York/New York” (1977)- semisuma llevando (las de perder) de musical y cine sobre la crisis de pareja-; “La Última Tentación de Cristo” (1986)- de la cual lo que saqué como provecho un “bueno, ¿y qué…?”, familiarizado como estaba, desde la adolescencia, con el texto Renan, que circulaba, de cajón en cajón, por la casa paterna- ; “La Edad de la Inocencia”(1992), a partir del texto Edith Warton, tan viscontiniana ella, pero quedándose- y ya es mucho conceder-, en Mauro Bolognini; “El Lobo de Wall Street”, estrenada en 2013, ya comentada en esta bitácora; copio el final, por no perder más tiempo: “The Wolf of Wall Street” peca, además de gravemente contra el sexto mandamiento (ojeamos más follaje por los suelos que en Central Park a finales del otoño), por omisión dolosa: la Política, y mira que se disponía de tiempo, en el guion, no está ni se la espera para actuar de cooperante necesario; acaba de liarla, a pie del desenlace, un amago de “humanizar al personaje”: Polichinela intenta (él también sufre) nos tomemos en serio sus cascabeles de serpiente venenosa…

Encendidas las luces de sala, se escucharon, cosa poco frecuente, los murmullos de satisfacción del respetable, ignoro si debidos al “encanto DiCaprio”, a toneladas, o al mensaje: el puto amo jugando al tenis en el patio carcelario y, en paralelo, el poli no corrupto respirando miasmas en el metro…Sic transit, padrecito”

***

Situándonos en “Silencio”, bergmaniana ella por hipótesis, ma non troppo/non posso, lo primero que se me viene a la yunta de mis índices tecleantes sucesivos a ritmo 2×4, es preguntarme a ver por qué me recuerda tanto a “La Misión” (Roland Joffé, 1986); seguramente, será por su esqueleto: DeNiro + Irons + paganazos + martirio igual a Andrew Garfield + Adam Driver + paganazos + martirio. Y si matildo a Liam Neeson de “macguffin”, espero que nadie se dé por ofendido. Aquí llegados- al siglo XVII-, cabe preguntarse también si las torturas en la Santa Inquisición europea de la época en defensa de la fe resultaban más o menos gore, en comparación con sus primas hermanas japonesas con respecto al budismo. De regreso en el XXI, Garfield + Driver (¡Taxi, taxi…!) versus DeNiro +Jeremías Hierro, anuncian un combate alma a alma donde los primeros, desde mi óptica, los setenta cumplidos, mucho me temo,  no aguanten un asalto.

159 minutos de agonía unamuniana dan para mucho: velahí ese “jardín de las delicias amarillas” y unas cuantas filosofías salidas de un boudoir de andar por casa, empezando por trasladar los versos de Neruda hasta la metafísica: al jesuita portugués Padre Sebastiâo, la Divinidad le gusta cuando calla (incluso ante el dolor de sus adoradores más fieles, incluido su propio hijo), porque está como ausente, mas sólo en apariencia (el silencio de dios como clamor), para recalar, sin solución de continuidad, en de la paradoja escurridiza: las religiones y sus mensajes de amor siempre acaban por sembrar odio y violencia allá por donde pasan; la generosidad de renunciar a la fe verdadera en del mal ajeno; las relaciones, un pelín incestuosas, entre Religión y Economía…

Leo en José Mª Caparrós que Scorsese, nieto de emigrantes sicilianos en los USA, “interesado por el rock y gran cinéfilo, desvió su posible vocación religiosa para dedicarse a estudiar Cine en la Universidad de Nueva York”. Aquellos polvos trajeron estas embarazosas hagiografías “a lo divino”, valgan redundancia y redondeo. Bueno, lo escribo: lo del martirio, a lo Cecil B. DeMille (y estoy pensando en “El Signo de la Cruz”, de 1932), tenía mucho más morbo punitivo y, sobre todo, era más corta y no resultaba tan peñazo, seguramente por asomar muchas menos pretensiones a la hora del panem et circensis.

EL SIGNO DE LA CRUZ (BOTÓN DE MUESTRA)

Dicho lo cual, no vacilo en afirmar que este Martín cazador me tiene dominado: veré todo lo suyo que se me ponga por delante, conservando el derecho del Sí pero No /No, pero Sí, siempre que lo estime conveniente…

-Señor, yo no soy malo… Aunque no me faltarían motivos para serlo…

Ya por ir acabando… Ha hecho correr  meadas de tinta dorada el tratamiento del personaje del Inquisidor Inoue, empeñado en tomarse de coña no ya su propia maldad intrínseca y extrínseca sino, hasta si me apuran, aportando una lectura alternativa de la propia película, entre el distanciamiento brechtiano y el “culpa, mea” de un Scorsese haciéndose perdonar aquel rosario de la aurora naciente ante nuestros ojos fatigados.

Se me ocurre de pronto, por echar leña al fuego, que la cejijunta “Feliz Navidad, Mr. Lawrence (Nagisha Oshima, 1983) hubiese agradecido su presencia impresentable…

***

Está visto que el silencio da mucho que hablar… Velahí una sucinta muestra…

¡RODAR Y RODAR…! ¡RODAR Y RODAR…!

EL SILENCIO ES ORO

A Rene Clair, director injustamente olvidado, se lo llevó una ola, aquella “novela vaga” tan rica en inventario. Pero, mon dieu, debiera merecernos un respeto… Había mucho talento por ahí suelto… Sin ir más lejos, este homenaje al cine mudo, made in 1947.

EL SILENCIO

Bergman, a principio de los 60, acuñando una falsa moneda: la de cineasta religioso- que también-, aquí hablándonos del silencio de dios y nuestro propio silencio, en espera de respuestas, con Ingrid Thulin al frente del reparto. Bergman, con Fellini, con Buñuel, con Hitchcock, son (y seguro serán) mis cineastas favoritos…

NO SE COMPRA EL SILENCIO

Un Wyler muy tardío – 1970-, acusando clara fatiga de combate. Aparte de las mejores intenciones, hoy llega a resultar un tanto truculenta… Muchos chistes faltones – no racistas- en su día, por culpa del apellido de su protagonista femenina… de “Fulana” a “Falona” vengo por toda la orilla…

EL MUNDO DEL SILENCIO

Un fascinante documental de Cousteau + Louis Malle al aparato, cuando la tele era aún en blanco y negro. Me llevó mi padre a verla a la primera sesión de las once de la noche a la que asistí en mi vida. Inolvidable, bajo cualquiera de los dos conceptos.

EL SILENCIO DE UN HOMBRE

El Cine de Melville, precursor de la Nouvelle Vague… Una ballena blanca, entre fantasmal y litúrgica, cruzando el cine francés de los 60, a servirse muy frío… ¿Acaso no es “El Ejército de las Sombras” la mejor peli jamás filmada sobre la Resistencia Francesa…?

EL SILENCIO DE LOS CORDEROS

Contribuyó, en 1991, al “descubrimiento” popular de Anthony Hopkins, que ya inquietaba lo suyo en “El León en Invierno” (1968), su segunda película, interpretando a un Ricardo Corazón de León que hubiese hecho enrojecer a todo un Robert Taylor. Otro buen trozo de pastel glorioso se lo comía Jodie Foster como la agente Sterling. Lo de Jonathan Demme, tan apañado, inaugura un ciclo caníbal que acaba de aportarnos un título, al parecer, la mar de estimulante: “Crudo”, de Julia Ducournau, recién estrenada entre nosotros…

TIEMPO DE SILENCIO

Filmada en 1986, la película mereció críticas tan dispares como éstas:

“Gran especialista en adaptar novelas españolas contemporáneas, el guionista y director Vicente Aranda en esta ocasión emprende la tarea casi imposible de trasladar a la pantalla la personal, compleja y famosa novela de Luis Martín Santos publicada en 1962, pero gracias a su gran habilidad consigue un producto de gran interés. Aranda encuentra el justo equivalente cinematográfico de la novela, además está muy bien narrada, con un realismo teñido de sutil sentido del humor; consigue una fuerza similar al de la obra original y una cuidada ambientación que da un fiel reflejo de la sórdida época en que se desarrolla.” Augusto Martínez Torres.

“Una de las peores películas de Vicente Aranda, que aborda la importantísima novela homónima desde una perspectiva tan plana como comercial, incurriendo además en defectos tan poco previsibles en su cine como el humor barato y el efectismo de andar por casa. Para colmo de males, en la película falta cualquier asomo de sentido dramático, no digamos ya la captación de un contexto social apremiando a los personajes (muy discretamente interpretados además).- Carlos Aguilar.

Para acabarla de liar, Aranda adaptaría, tres años después, una de mis novelas favoritas de siempre “Si te dicen que caí”, de Juan Marsé, y no se lo he perdonado todavía…

SILENCIO DE HIELO

Uno de los títulos más escalofriantes que conozco dentro del “cine de sicópatas”, cinta alemana, made in 2010, me estruja los congojos cada vez que la miro, casi tanto la holandesa “Desaparecida” de George Sluizer  (1988), cuyo remake yanqui, “Secuestrada”, a cargo del mismo director, mejor no meneallo.

EL SILENCIO DE LORNA

Los Hnos. Dardenne, belgas como Poirot que no franceses, echando sal en la herida nuevamente. Esta crónica negrísimo del mundo inmigrante, quizás no llegue a las alturas de “Rosetta” (1999), mi peli suya favorita; pero en verdad te obliga a pensártela dos veces… Un “tú, qué harías si…” de difícil respuesta…

ANGUSTIA DE SILENCIO

Fulci que te quiero Fulci, tan pasado de rosca como siempre… El plato fuerte vendría siendo- además del final, cuesta abajo en su rodada – Florinda Bolkan dejada hecha unos zorros por la furia popular…

LOS GRITOS DEL SILENCIO

El director de “La Misión” (y también de “Encontrarás Dragones”, en torno a la figura Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei), aquí descubriendo los “horrores de la guerra”, vía Camboya y sus jemeres rojos. La opera prima del británico Roland Joffé, con música de Mike Oldfield, fue considerada, en su día (1984), una obra sólida y honesta al mostrarnos la mitad justa del problema…

LA LEY DEL SILENCIO

Made en 1954. Brando era un joven león entonces y Elia Kazan rugía también lo suyo, acusando al sindicato horizontal americano de estar al servicio de la mafia. La he visto poco, por rogelio empedernido. En los años 60, el cine-club universitario de Santiago la utilizaba para dar seminarios de técnica cinematográfica.

SILENCIO ROTO

Memoria Histórica recordada con el corazón y la cabeza, esta peli de Montxo Armendáriz, fechada en 2001, que transcurre en el marco de la lucha de los guerrilleros antifranquistas en las montañas del norte entre los años 1944 y 1948, contada desde abajo y coralmente, supone una ocasión de mirar de dónde venimos y preguntarnos hasta dónde podríamos llegar, desandando lo andado…

CONSPIRACIÓN DE SILENCIO

¡Qué peli más redonda…! Spencer Tracy como manco de Black Rock (en VO, la peli Sturges de 1955, se llama “Bad Day in Black Rock”, o sea: “un día malo en Roca Negra lo tiene cualquiera que no sea el viejo Spencer, sobre todo si, en el año de Gracia de 1945, te a preguntar por Joe Komaco, un granjero japonés nacionalizado, desaparecido en extrañas circunstancias”), se la juega en las distancias cortas para descubrir una trama de racismo y violencia irracional lugareña, en las antípodas de Fuenteovejuna, por supuesto. Por allí andan también gentes de zona: Robert Ryan, Ernest Borgnine, Lee Marvin, Anne Francis… Esta tarde me la bajo sin falta…

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Resumen de lo publicado: A ver si, después de todo, callados vamos a estar más guapos… Con permiso de Edward  Munch, naturalmente; y siempre que Tarzán / Weissmüller no vaya a poner pegas…

El Tigre y la Ladilla

 EL TIGRE Y LA LADILLA

-Tampoco es cosa de ponerse a blasonar contigo- se ufanó la Ladilla-; pero el saber no ocupa lugar: entérate de una puñetera vez que a mí se me conoce, allá en los Portugales, como “tigre cojonero”, y no es a humo de pajas…

-Vosotros los parásitos, ya os llaméis piojos, ladillas, garrapatas, pulgas o pulgones, a ver de qué ibais a valer contados de uno en uno y habéis de comparecer en epidemia…-replicó el Tigre, criatura poco dada a templar gaitas- Pero un Tigre es un Tigre, en la Iberia o fuera de la Iberia…

-No me explico yo entonces tanta tristeza al pie de los trigales…- replicó la Ladilla, en un saque de esquina memorable- Y es que vosotros siempre vais de tres en tres, por no disponer de perro ladrador que, como yo, os cante las cuarenta en bastos arrastrados…

-Algo tendrá nuestra melancolía, cuando Cabrera Infante, cubanito soy, señores, le ha dedicado la famosa novela…Por no hablar de “Tigre Juan”, del insigne Ramón Pérez de Ayala; “Los Tigres Escondidos en la Alcoba”, último estreno de Jardiel Poncela; “Cómo Atar los Bigotes del Tigre”, de Gloria Fuertes, poeta de verso en pecho, o “Los Tigres de la Malasia”, de Salgari. En cambio,  a ti, las famas y cronopios te pasan por el forro de los hombres, por promiscua… A saber lo que andarás tú haciendo en vergüenzas ajenas, soplagaitas…

-Será que olvidas el “Diccionario Secreto” de Camilo José, quien dedicó la obra a mi sancta sancturum: mis santos colleones… El porvenir está en los huevos, ya lo avisaba Eugenio, rumano parisino hasta las cachas… Tú, de bengala, entre Escila y Caribdis: o desciendes de un golfo, con mayúscula, o te conviertes en un fuego más bien fatuo, esto en letra pequeña… Por algo ya Laurencia insultaba a los fuentevejunos,  por tildarlos de cobardes, llamándoles, ya no sé (o no me acuerdo) si jaspes atigrados o  tigres jaspeados…

Con la balanza en contra, contraatacó el más feroz de los felinos:

-Y fue hablar la ladilla; o sea, el diminutivo de “lada”, palabro que el diccionario de la RAE no recoge en su polvero sino en acepción de “jara”; o sea un arbusto, toma diminutivo despectivo… Y “mierda” en árabe, por si no lo sabías… Y ahora, vamos a hablar de Cine, mi pequeña tocapelotas deslenguada. Toma nota y repasa cartelera:

        

-Y de “Tigres de Papel” de Fernando Colomo, “El Mono Borracho en el Ojo del Tigre” o “Ilsa, la Tigresa de Siberia”, ¿qué me dices…? -contraatacó el insecto, casi  contra las cuerdas- ¿De esos no dices nada…? El Capitialismo es un tigre de papel, querido…

-Y eso, ¿quién lo dijo…? ¿Pablo Iglesias…?

-Lo dejó atado y bien atado Mao Tse Tung, en asamblea popular…¡Que no te enteras…!

– No digas más: un chino de limón en las listas blancas de Podemos… Nosotros, a lo nuestro. Dime ahora o calla para siempre: ¿Acaso tú figuras en “El Libro de la Selva” de Rudyardo o en algún otro clásico o bestseller; en alguna película de universal renombre, serie televisiva o comic reputado…? Pues que va a ser que nones, ya puedes regresar a tus pelambres púbicas, cabizbaja y con el rabo entre las patas delanteras…

En tan profundos argumentos se encontraban ambos litigantes acerca del triste “quítate tú, para ponerme yo” en el machito de la fama afortunada, que no llegaron a advertir en la zona la presencia de un safari cinegético, financiado por cierta multinacional, dedicado al tráfico ilegal de fauna autóctona. De pronto, viose el Tigre en la red antes que en jaula, y rugió, rugió y rugió lo mucho o poco que le restara de corrupia.

-¡Sálvate tú, que puedes, mi pequeña saltamontes de Venus…!- le gritó, angustiado, a la Ladilla- ¡Corre la voz entre los de mi especie para que vengan a salvarme…! ¡No quiero terminar mi vida en un parque zoológico; menos aún, de ambulancia pueblerina con el circo…!  ¡Mensahib, pedazo cabrón, hijo de puta, me cago hasta en tus vivos y en tus muertos…!

Pero Ladilla no podía contestarle. Su chip había sido desconectado por el encargado de esparcir por la jungla docenas de modelos como ella, cuya misión no era otra que mantener a los grandes felinos distraídos, mientras se procedía a  su localización y posterior captura.

Lo que estaba a punto de decir aquel pequeño insecto anopluro ectoparásito (Pthirus pubis), desde luego no tiene desperdicio. Helo aquí, rescatado de sus circuitos de memoria:

-¿A mí me acusas de no disponer de bibliografía de tapa dura…? Infórmate siquiera antes de hablar, no vaya a ser que metas el zarpazo… Ha de saber el Rey de estos manglares que a una servidora, José Torregrosa, D.G.M.A., ínclito y ubérrimo escribidor donde los haya, le ha dedicado un relato a punto de acabarse, salido de su pluma, su tinta y su caletre, donde  ésta que lo es – y debe quedar claro, por si acaso-cuenta con sus gracias y favores preferentes, y que el lector, de haberlo y haylo, tiene ahora delante de sus mismísimas narices… ¿Qué me dices a eso, Sandokán /Sandochucho…?  (Lo he dejado más Éufrates que Tigris…)

FIN DEL CIRCUITO Y FIN DEL CUENTO