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Halcones y Palomas

 

HALCONES Y PALOMAS

 

Mi Hammet de siempre ha sido “Cosecha Roja”, publicada el 1 de febrero de 1929, la más bretchiana de todas sus novelas. Su punto de partida lo va a dejar bien claro, tanto como lo hacía B. B. en “La Resistible Ascensión de Arturo Ui” o “Ascenso y Caída de la Ciudad de Mahagonny”: los empresarios echan mano de la mafia para quitarse de encima a los elementos izquierdistas; terminado el trabajo sucio, el Sindicato del Crimen se niega a hacer mutis por el foro por las buenas: una vez se hayann hecho con el poder económico, el paso siguiente será la Política, cuyas estructuras están dispuestos a copar, recurriendo a la corrupción y a la violencia… Todo lo cual, por supuesto, va a erigirse en diáfana metáfora de la ascensión del nazismo en Alemania.

Eso no quita, sin embargo, que “El Halcón Maltés”, publicada en 1930- inmediatamente después de “La Llave de Cristal”, donde política y delito vuelven a caminar cogidos de la garra- suponga un texto muy potente, puesto al servicio de los contundentes encantos de su protagonista, Sam Spade, más chulo que un 88, en ruda competencia con el Philip Marlow de Chandler (ojo al parche: “marlou” es macarra en francés). No me pidáis que elija entre los dos… “The Maltese Falcon” versus “The Long Goodbye”, me temo, tampoco tendría duda: Chandler for President!

El caso es que, de “El Halcón Maltés”, he llegado a contar hasta tres versiones cinematográficas y una secuela, ninguna de las cuales, ay, llega a hacerle justicia. Cuenta Hitchcock, en su entrevista con Truffaut, que dos cabras estaban devorando unos rollos de celuloide procedentes de unos estudios de Cine y una de ellas le dice a otra: “Qué quieres que te diga, hija: a mí me gusta más el libro”.

Vamos a echarles pues una mirada…

THE MALTESE FALCON (Roy del Ruth, 1931)

Protagonizada por Ricardo Cortez y Babe Daniels, antiguas estrellas del cine mudo, con guion de Brown Holmes, se mantiene fiel (pero con derecho a roce) al texto original, al que añade un cierto sentido del humor a nivel de diálogo. A Mr. Holmes, nos lo volveremos a encontrar en el guion de la versión Dieterle, ahora ya completamente desmadrado.

En su haber, un gramófono encargado de evocar un esplendoroso coito, como aquel tren entrando en el túnel, al final de “Con la Muerte en los Talones”.

Inútil tarea colocarla en la balanza frente a la versión Huston. Roy del Ruth no deja de resultar un director que merece revisarse, pero a nivel dirección y a nivel reparto, siempre constituiría una pérdida de tiempo.

Me hizo gracia lo leído en Wikipedia acerca de Ricardo Cortez: Nació con el nombre de Jacob Krantz en Nueva York en el seno de una familia judsía de origen austríaco y húngaro. Trabajó en Wall Street hasta que su belleza le llevó hasta el negocio del espectáculo. Ahí queda eso…

R. C. .- Con esta caída de ojos en picado quisiera yo ver a Valentino…

Su Sam Spade, en plan zumbón (es polisemia), resulta bastante más convincente que la Miss Wonderly de Babe Daniels, quien, por cierto. nunca pasa a llamarse Brigid O´Shaughnessy como estaba mandado.

SATAN MET THE LADY (William Dieterle, 1936)

Brown Holmes no se anda con chiquitas: en su segunda ootunidad parece dispuesto a convertir la cinta en un chorreo continuo de diálogos más que menos ingeniosos y un cambio de nomenclatura de lo más chirriante. Muestro cómo:

-Sam Spade pasa a llamarse Shane, no sé si con permiso futuro de Alan Ladd.

“Raíces Profundas” (George Stevens, 1953)

-Lo que se busca no es un halcón negro, sino el cuerno trompetero de Roldán. El repaso a la Reconquista española y el papel de los franceses en la misma resulta de lo más heterodoxo.

-“That Lady” se llama ahora Valerie Purvis, en lugar de Brigid O´Shaughnessy.

-Murgatroyd… Sí, claro…como “murga”…

-Effie Perine, la secretaria de Spade, se rebautiza como Miss Murgatroyd (y no se empeñen en deletrearlo)

Madame Barrabás

-El malvado Kaspar Gutman (“Gaspar el Cojonudo”) se nos ha convertido en… “Madame Barrabás…” Y así sucesivamente…

El director de títulos tan interesantes como “El Sueño de una Noche de Verano” (1935) o “Soga de Arena” (1949) parece encantado de la vida con el juego revuelto.

En cuanto a la pareja protagonista (Warren William & Bette Davis), él había sido, en 1934, el Julio Cesar en la “Cleopatra” de DeMille; Philo Vance, en la vesión cinematográfica de “El Dragón del Estaque” de S. S. Van Dine, y Perry Mason en “El Caso del Perro Aullador”, mientras que ella, Ella, ELLA estaba pensando en demandar a la Warner por no proponerla para buenos papeles. La verdad es que aquí tiene que aguardar a la secuencia final para hacer su “caída de los dioses” en una estación de ferrocarriles, mientras que su coprotagonista masculino se pasa tiempo dando caña (y otra vez es anfibología).

EL HALCÓN MALTÉS (John Huston, 1941)

Una de esas pelis que uno ve una y otra vez a lo largo de su vida sin llegar a cansarse. En España, no conoció estreno cinematográfico y fue rescatada por TVE en su ciclo de Bogart…en 1970… ¡Qué vergüenza…!

P. L. .- Oiga, jefe: ¿puede saberse por qué no se me coloca en primera fila como a ella?

Por una vez, no estoy de acuerdo con la cabra: me gusta más la peli y su exquisito mecanismo de relojería para mantener todo el metraje su mercurio subiendo… Y que anda por allí Peter Lorre, como Joel Cairo, haciendo de las suyas: mejor, cuanto más pésimo…

EL HALCÓN NEGRO (David Giler, 1975)

He aquí una inesperada secuela de lo inmejorable. Sam Spade Hijo (o sea, George Segal, productor de la misma), de madre desconocida (¿Brigid, Effie… Quizás, Iva Archer, la viuda del antiguo socio de su papi…?) continúa a la caza del pajarito negro. Effie Perine ha pasado a llamarse Godzilla en la intimidad y, en el transcurso de la trama, nos enteramos de labios de un agonizante Caspar Gutman que el codiciado pajarraco “es negro y tan largo como tu brazo…”

Quizás la clave de todo ello pueda adivinarse en la pregunta/respuesta obrante en su prospecto:

P.- ¿Por qué anda todo dios tras el pájaro de George Segal?

R.- Porque es hijo de Sam Spade y su halcón vale una fortuna…

Y es que, por si no lo sabían, Bogart tenía merecida fama de estar muy bien dotado, empeorando lo presente…

***

Al final, saqué en limpio que la cosecha negra made in Spain (Pérez Merinero + Vázquez Moltalbán + Juan Madrid +Eduardo Mendoza…) tampoco tuvo demasiada suerte a la hora de pasar al Cine… Un beso de amigo para mis títulos favoritos…

PD) Acabo de descubrir algo inquietante solo a medias… Muchas de las lecturas del pasado- títulos aparte-, cuando me dispongo a darles un repaso, vuelven a pasar ante mis ojos como si fuera la primera vez… ¡Cuán terriblemente emocionante…! Yo, tranquilo, mientras siga recordando quién era el asesino en “Crimen y Castigo”… Y, de todas fomas, ¡cuántos libros maravillosos voy a a encontrarme, en tiempos por venir…! Y pelis, ni te cuento….

FIN

El IDIOTA DE LA FAMILIA

Para Gaby, por si quiere traducirlo al francés.

El tigre había instalado sobre el sofá de mi salón y parecía dormitar plácidamente. Tampoco me preocupó demasiado: las posibilidades de que se tratase de una presencia real se me antojaban más bien remotas e irrisorias.

En los últimos tiempos, tiendo a ver y no ver en lontananza extraños compañeros de encuadre: la esfinge de Gizeh al fondo del pasillo, una manada de okapis aburridos triscando por mi dormitorio a medianoche y/o un “grifo” mitológico tal cual, sembrando de cagarrutas la bañera…

Héteme aquí – y no una agorafobia que no uso -, el motivo principal de no pisar la calle, por si acaso. Sobrevivo, a nivel alimentario, a través de internet tan ricamente; y, por lo que se refiere a mi unívoca vida sexual, mejor no meneallo…

Cris, mi chica de los sueños poliédricos, tiempo ha, dejó de visitarme, poniendo de disculpa el lamentable estado en cuanto a higiene de mi otrora confortable piso de soltero, todo ello acompañado de una negativa en redondo a ser ella, escoba en mano, quien se encargase de solucionar dicha inclemencia.

No creo que se halle en condiciones de quejarse a posteriori: a modo de despedida, le dediqué un hermoso poemario, en alejandrinos de pata quebrada, titulado “Me gustas cuando duermes porque estás como muerta” y lo envié, sin tardanza, a su correo electrónico.

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-¡Voy volando…!

La súbita llegada de un lorito real para posarse sobre un busto de Palas Atenea obrante en mi tumultuario escritorio, croando “nunca más” cada cinco minutos de cronómetro, me obligó a mostrarme transcendente: quizás me hallase en error de garrafón y fuese aquél un enterramiento prematuro. Yo me lavo las manos… Por el Corona Virus-19, también, por supuesto…

A las redes sociales, sin embargo, las abandoné yo, cansado de tanta descalificación y tanto insulto huero. No soy ni el sereno, ni su pito, pito, gorgorito…

Por matar el gusano y sus misterios de una abstinencia de escritura cuesta arriba, me decidí a iniciar una carta interminable y sin otro final diferente del mío propio, dirigido al autor responsable último y primero de un estado mental manifiestamente mejorable y, faltaría más, ajeno a los imaginativos Libros de Caballerías… La berdaz sea escrita, amago  parecidos más con Sancho Desgracia que con aquel enteco de la quijada antigua y galgo ladrador de los domingos.

El problema no era otro que elegir el don Tancredo de mi cólera morbo, en un donoso escrutinio de vivencias lectoras donde cabrían desde Guillermo Brown  a William Shakespeare, de Celia Lo Que Dice a Emily Brontë.

¡Jodido loro…! Fue él quien me pondría sobre la pista central de mi mayor espectáculo del mundo, con la bragueta abierta, después de la marcha de Botones…

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-Sí, claro… Eutanasia… A principios de los 50, echar mano de “La Balada de la Cárcel de Reading” de Oscar Wilde, me parece una auténtica rareza…

Pero, vamos a cuentas…

“El Loro de Flaubert” de Julian Barnes, cayó en mis manos como final de ciclo, durante cierta pandemia 2020. He aquí el menú propuesto: “La Leyenda de Julián, el Hospitalario” + “Salambó” + “La Tentación de San Antonio”, toda vez que “Madame Bovary” había estado dedicada a un ciclo de Cine un tanto cuellicorto.

De las elegidas para la gloria a 24 imágenes por segundo, me quedo con ninguna… Mejor dicho: me quedo con la mía, cuando la sueño…

Mi temprano encuentro con el tal Julián, que se quedó sin madre, (chascarrillo para amantes de la zarzuela de Tomás Bretón “La Verbena de la Paloma”) tras haberla matado, sin dejar viudo de por medio, es, estoy convencido, el causante de todos los traumas que uno haya podido arrastrar a lo largo de la vida- los hay donde elegir, a cual más retorcido e inquietante.

Confundido con un libro de leyendas ad usum pardillorum, “La Leyenda de S. Julián, el Hospitalario” fue penetrando en mí cual un lento veneno de amanita phalloides  mordida por el áspid de Cleopatra. En llegando al final, quise olvidarlo, mas resultó imposible: había tomado posesión de mí, como la cámara en la peli “Arrebato” de Iván Zulueta hacía con Eusebio Poncela.

El ejemplar desapareció, como tragado por la tierra, de la biblioteca familiar de mi infancia (¿Quién lo había puesto allí? ¿Me estaba destinado?), hasta reaparecer en mi vida, hace bien poco, escondido en “Tres Cuentos”. Bastaron pocas líneas para volver a sentir el poder de su ponzoña corriendo, desbocado, por mis venas… Cuando me desperté, el leproso todavía seguía allí, con los brazos abiertos, aguardando respuesta…

Flaubert a la americana, por 50 centavos…

La lectura de “Salambo” acabó de convencerme de que Flaubert  y El Bosco eran uno y trino, si se le une al paquete binario citado “La Tentación de San Antonio”. Lo alucinante está servido… Y el horror, la atracción del abismo; un bestiario de probóscides cortadas, de leones un tanto afeminados, de boas constrictor mordiéndose la cola en un francés completo, dromedarios en llamas o buitres disputándose, furiosos, la palpitante carroña en carne viva…

La tentación de quién, uno pasa a preguntarse, a primeras de cambio. Flaubert, Barnes scripsit, se pilló un sifilazo, allá por por los Egiptos licenciosos.

Flaubert hace hablar a San Antonio de “aquel niño negro, aparecido en medio de las arenas, que era tan hermoso, y que dijo llamarse el espíritu de la fornicación”.

Vuelve Julian Barnes con el tema: “1836.- Iniciación sexual [a los 15 años joven] de Gustave con unas de las doncellas de su madre. Este es el principio de una carrera erótica tan activa como variopinta, que pasa del burdel al salón, del muchacho de los baños de El Cairo, hasta la poetisa parisinse”.

No quisiera pecar de malpensado, pero… ¿No será Julian Barnes la reencarnación de  aquel malvado conde, sacando a pasear los “secretos de alcoba” de Flaubert, a modo de venganza por haber divulgado los suyos en su escrito…? Me atrevería a jurar que poco importa, porque…

Porque Flaubert no puede ser. Es un loro disecado (o dos). Es una pesadilla. De otro modo, nadie elegiría a Víctor Hugo (pronunciado “higó”) como el Gran Señor de las Letras Francesas.

V. H. .- Solo faltaba que fuesen a preferir a Dumas Padre…

A partir de hoy mismo, comenzará esa epístola inmoral a Gustavo F., maldito entre malditos, en el supuesto de que hubiese existido alguna vez, cosa que dudo…

Todavía me queda una pieza que encajar… Se trata de “El Monje” de Mathew Lewis, novela gótica publicada en 1796 (Flaubert nació en 1821). Su autor, que aún no había cumplido veinte años, habría tardado diez semanas en escribirla… Lewis y Flaubert… ¿Pueden concebirse dos personajes menos comparables? Pues bien, sospecho- y pienso reunir pruebas-, que ambos estaban consumidos por idéntico fuego creador que les llevaba a concebir el mundo como un maëllstrom en constante apocalipsis giratorio…  La pasión de escribir, de contar la “Verdad”, guiado por las “Voces” del espacio interior, cuyo origen harían mal en atribuir a la locura…

Ojalá en el transcurso de esta misiva, a corto o medio plazo, me halle en condiciones de poder afirmar con la boca pequeña “Gustave Flaubert ces´t moi”– algo que él nunca afirmó de Bovary, mira por donde-; dicho de otra manera, el idiota no dostoyevskiano de una plaga de langosta: escribientes “todo a cien”, como es el caso.

Y es que lo de Juan Pablo, se las trae: llamar a Flaubert “el idiota de la familia”, en el tocho que aparece reproducido al principio de esta crónica, echando mano del materialismo histórico para llamarle “escritor burgués” y otras lindezas, no merece sino una respuesta de finura equivalente:

-…Y tú das nauseas, tío… Espántate las moscas y luego ya hablaremos… El infierno eres tú: no te enteras de nada… Y, sobre todo, ándate con ojo: que sepas nos quedamos con tu cara…

J. P. S. .- En pose Simenon, todavía tengo un pase… Si no me creen, pregúntenle a Simone…

FIN

Gratia Artis (y 3)

GRATIA ARTIS

SAINETE PONZOÑOSO EN UN ACTO Y TRES CUADROS

Cuadro 3º

[Todavía seguimos en la cabaña, a la espera de un pronto desenlace. A la mañana siguiente, todo parece dormir el sueño de los justos. La escena está vacía. Entra Sara Mª, seguida de Gloria, dispuestas a poner en marcha el desayuno.]

SARA Mª.- Date prisa. Ha surgido una incidencia inesperada y don Fernando, por razones de fuerza mayor, se ve obligado a abandonarnos de repente.

GLORIA.- Lo lamento, señora.

SARA Mª.- Qué te importará a ti es lo que me pregunto… (Trajinan poniendo mantel y servicios) Al mediodía nos marchamos nosotros, con lo cual, tu contrato queda finiquitado. El Señor arreglará cuentas contigo.

GLORIA.- Sí, Señora…

SARA Mª.- Una advertencia: búscanos un problema y jamás volverán a emplearte en lo que te quede de vida…Me encargo yo de eso.

GLORIA.- La Srta. Sari, ¿cómo está…?

SARA Mª.- Descansando. Gracias a dios no se ha roto ningún hueso… Se encuentra en condiciones de viajar. Eso asegura el doctor Vega, por lo menos… Sufrió una pesadilla, se asustó, bajó en busca de ayuda y se precipitó por un tramo de escalera. Tú no sabes nada porque nada oíste. Hubiste de enterarte esta mañana…

GLORIA.- Claro, Señora… Pero si me interrogan…

SARA Mª.- ¿Quién te va a interrogar…?

GLORIA.- La Policía… Es que verá, Señora… Anoche, se acercó hasta aquí mi primo Fer para traerme un recado de mi madre. Él también escuchó los griteríos… Se marchó muy nervioso… Vaya usted a saber si no dio parte al cuartelillo…

SARA Mª.- ¿Pensaba darla…?

GLORIA.- Que yo conozca, no. Pero nunca puede estar una segura…

SARA Mª.- Debes llamarlo porque quede tranquilo. Una simple caída, carente de efectos secundarios… ¿Lo harás?

GLORIA.- Claro, Señora…

SARA Mª.- Venga, pues hazlo…

GLORIA.- No tengo aquí mi móvil: me lo tienen prohibido…

SARA Mª.- Tú me pones nerviosa, demostrado… Utiliza el fijo… Delante de tus mismísimas narices, allí, sobre la mesa…

GLORIA.- Bueno, vale… (Va al teléfono y marca) No tiene cobertura…

SARA Mª.- (Por lo bajo) Tú, vergüenza, tampoco… Déjalo, anda, llamaremos más tarde. Y corre a la cocina… Yo termino…

GLORIA.- Como mande, Señora… (Sale)

SARA Mª.- Lástima no hubieses sido tú anoche la elegida. Por desgracia, según ahora hemos conocido, estabas apalabrada con tu primo… (Entra Arturo)

ARTURO.- Déjate de hablar sola. No sabes lo que dices…

SARA Mª.- Nos habríamos evitado todo este putiferio… Puede que le gustes más tú y estuviese aguardando tu llamada…

ARTURO.- No encuentro irresistibles sus encantos…

SARA Mª.- Después de haberle enjabonado el trasero a tu amigo del alma, no me extraña… ¿Quién secó a quién? Eso no lo contasteis… Todo un detalle que decida marcharse por la puerta pequeña…

ARTURO.- Aquí paz y después, Gloria… Hasta puede que la tome a su servicio. Se lo había prometido… Y no es de mi cosecha. Me lo contó él ayer, antes… del percance. Me sorprende su capacidad de disimulo…

SARA Mª.- Alberto, otra cosa no, pero a flemático hay pocos que le ganen… ¿Has pasado por el cuarto de la niña…?

ARTURO.- Seguía durmiendo después de la inyección… Me temo se quedará sin desayuno…

SARA Mª.- Tampoco alcanzo a entender los motivos de ponerse tan histérica ante el hecho de que Fernando no cumpliese la promesa de dedicarle su nueva novela… A no ser… que no fuera por eso…

ARTURO.- Considero a Alberto un canalla redomado; pero jamás se hubiese atrevido a propasarse con tu hija… Demasiado rebuscado: le sobran lodos donde revolcarse, sin necesidad de buscarse un disgusto muy serio con nosotros, poniendo en riesgo la edición de su libro…

SARA Mª.- El esposo tisana… ¡Me tranquiliza tanto saber que nunca vas a dejar que la sangre llegue al río…! Cobarde, pero decididamente utilitario…

ARTURO.- ¿Me estás pidiendo que le parta la cara en cuanto se presente a desayunar, con expresión de no haber roto nunca un plato…?

SARA Mª.- A veces, se te nota a la legua que tu abuelo os hizo ricos ejerciendo la trata de ganado vacuno… Tienes pendientes los papeles de Gloria. Va a contarte unas cuantas novedades… Cierto coitus interruptus con un presunto primo que la visita por la noche en nuestra propia casa, para hacerle limpieza de bajíos… Le he dejado a las claras en qué puede meterse. No lo estropees ahora, por favor. Nada de componendas a tu estilo, tendente siempre a la bajada de calzones… ¿Por qué no me contestas cuando hablo…?

ARTURO.- Siento un dolor aquí… (Señala el pecho)

SARA Mª.- Infarto al canto. O será el hipocondrio… Eso son gases… Pues como te contaba…

ARTURO.- Apenas he dormido… ¡Me siento tan cansado…! Harto de todo…

SARA Mª.- Yo, incluida. Ya se te pasará. Piensa en tu hija, dormidita en su cama, a salvo de peligros… (Entra Alberto, como si tal cosa, con su maleta de ruedines)

ALBERTO.- Mis queridos amigos: un café solo y me pongo en camino. Entrevista en el Ministerio de Cultura con…El nombre me lo reservo, de momento. Sueno mucho para ese premio principesco, últimamente. Os mantendré informados… (Toca el timbre con mucho desparpajo. Luego, a pleno pulmón) ¡Camarero, café solo sin azúcar, rápido…!  Bien quisiera despedirme de Sari. No la veo por aquí… Deben habérsele pegado las sábanas… Dormir mejora el cutis. Así está ella de guapa…

SARA Mª.- No se encontraba bien… Malestar femenino. Perdonad, debo subir a verla. Date por despedido en tiempo y forma, Alberto. Con las prisas que llevas, no quiero entretenerte… (Sale sin mayor ceremonia)

ARTURO.- Una auténtica madraza.

ALBERTO.- El mejor de los padres dixit… Te admiro, amigo mío… Una lástima que tu chica no se interese por las letras… De haber salido a ti, habría llegado lejos… Gracias a dios, lo suyo parece ser la Economía… Hablando de literatura… Lo tenía reservado para el final de mi visita. Lamento la brusquedad de la sorpresa… ¡La alegría de tu vida…! Por pura casualidad, me he tropezado con cierto estudioso que conserva un ejemplar de aquella novela tuya. Oh milagro, gracias a él, el texto habría llegado, intacto, hasta nosotros… Por supuesto, he iniciado las gestiones pertinentes, aunque no te oculto que su propietario no se muestra demasiado dispuesto a compartirlo… Tú no debías enterarte, por supuesto.

ARTURO.- Acabo de hacerlo…

ALBERTO.- Valoro tu amistad por encima de todo… (Entra Gloria, con el café)

GLORIA.- Su café, don Alberto… (Pone la bandeja sobre la mesa y lo sirve)

ALBERTO.- No estarás esperando ganarte una propina, supongo…

GLORIA.- No, Señor. Forma parte de mi trabajo…

ARTURO.- No por mucho tiempo…

GLORIA.- ¿Puedo retirarme?

ALBERTO.- Me encanta la forma como nos desafía con la mirada…

ARTURO.- ¿Te he contado que su chulo pasaba aquí las noches, sin nosotros saberlo?

ALBERTO.- El culturista que nos daba tanto miedo… ¿Y todavía sigue ella aquí? Perdona, no lo entiendo…

GLORIA.- No es mi chulo…

ARTURO.- Retírese. Se presentará a mí, pasados diez minutos para ser apercibida… (Sale Gloria) Perdona el haberte metido en nuestras animadas trifulcas domésticas… En cuanto a “Tinta Invisible”, título profético donde los haya, no me interesa en absoluto recobrarla. Por ese lado, no me tendrás cogido, amigo mío. Dejemos las cosas como están: paremos ya de ventilar la mierda. No me veo en el papel de Pedro Crespo, que es al Rey Lear lo que Segismundo pudiese ser a Hamlet… Sigo queriendo ser tú, de todas formas; que fueras como yo, pasaría a convertirse en venganza sutil, ¿no te parece…?

ALBERTO.- Tomo nota mental de todo ello. Y ahora, me marcho. Volverán los buitres prometeicos de tu balcón sus nidos a colgar… ¿Vas a abrazarme o no? Tu esposa no lo ha hecho…

ARTURO.- Corre a por tu “Princesa de Asturias”, pasaporte a Estocolmo, ¿a qué estás esperando? (Sale Alberto. Arturo se pasea por el escenario mientras habla) ¿“Tinta Invisible” o “La Tinta Invisible”? ¡Ni siquiera soy capaz de recordarlo…! Ni una línea, de cuatrocientas páginas, se ha quedado para hacerme compañía…Sin embargo, recuerdas las que han escrito otros en sus libros… Tiene gracia… Llevo grabado el comienzo de “Lo que el Viento se Llevó” en el disco duro desde siempre… “Scarlett O´Hara no era bella pero los hombres no solían darse cuenta de ello hasta que ya se sentían cautivos de su embrujo”… Y el de “La familia de Pascual Duarte”… “Señor, yo no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo”… Y el de…  ¡Silencio, ella se acerca…! (Entra Sari, despeinada y muy pálida, vistiendo una bata blanca que acentúa su aspecto fantasmal más de lo necesario)

SARI.- Mamá me ha ordenado hablar contigo.

ARTURO.-(mantiene la distancia) Todo el mundo comete tonterías. No te esfuerces por sentirte culpable, hija. Nadie iba a agradecértelo.

SARI.- Me resulta imposible sentir algo concreto…

ARTURO.- Lo susurró Galileo Galilei ante el Tribunal de la Santa Inquisición…Y sin embargo, se mueve… Se mueve en tu interior y te atenaza, dejándote sin respiración… Un “sinmorir”, en suma… Llegas a acostumbrarte…

SARI.- “Eppur si muove…”  Eres gracioso, a veces, papá… Necesito que me hagas un favor: trata de acordarte de dónde se podría localizar una novela o algo que escribiste de joven…

ARTURO.- ¡Es curioso…! Hoy todo el mundo me habla de lo mismo…

SARI.- Me he propuesto que, por fin, vea la luz. Voy a ser tu descubridora, tu mecenas…

ARTURO.- Existe una remota posibilidad de conseguirla, aunque lleve aparejado…

SARI.- ¿ “Aparejado”, qué…?

ARTURO.- “El depender de la amabilidad de los extraños”… Cito a Blanca del Bosque…

SARI.- ¿Quién es ella…?

ARTURO.- Olvídate… Por ser vos quien sois, voy a mostrarte un pequeño recuerdo del pasado… No te muevas… (Sale)

SARI.-(Para sí misma) Apenas es capaz de dar un paso… (Entra Gloria)

GLORIA.- ¿Adónde ha ido tu padre…? Me ordenó que regresara aquí…

SARI.- Ya sabes lo que hay: te sientas y lo esperas…

GLORIA.- No estoy cansada…

SARI.- Yo, en cambio, sí lo estoy…

GLORIA.- Natural. Relájate y disfruta. El zorro ha abandonado el gallinero, dejándonos en paz a las mujeres. Le valía cualquier cosa, no era muy exigente…

SARI.- Reconozco no haberme portado demasiado bien contigo, aun sin proponérmelo… Puedo hablar con mi madre, si prefieres quedarte…

GLORIA.- ¿Estás de coña, nena…? Ni muerta, me quedaría aquí…

SARI.- Me encargaré de que te firmen referencias…

GLORIA.- ¿Tanto miedo me tiene tu familia, por si decido irme de la lengua…?

SARI.- ¡Cuánta razón mi madre…! Con vosotros, la verdad es que no hay manera…

GLORIA.- Como todos los días y duermo bajo techo… Eso, cuando trabajo… No has trabajado nunca…¡Tú, qué vas a saber…! Por eso, te lo cuento… (Entra Sara Mª. Se supone que ha estado escuchando)

SARA Mª.- ¿Qué haces tú aquí…? Todavía no has servido el desayuno. Luego, vas a tu cuarto y haces tu maleta, pero sin cerrar. No quiero que te lleves nada mío.

GLORIA.- Ladrona será usted… (Sale)

SARA Mª.- Solo a ti se te ocurre darle conversación a esta elementa.

SARI.- No te quejes: contigo, no se  ha atrevido a pasarse al tuteo…

SARA Mª.- Nunca un fin de semana se me había hecho tan largo… Ya te encuentras mejor, se te nota en el brillo de los ojos… Llegaste a preocuparme… ¡Aquella cara pálida…! ¿Dónde demonios se ha metido tu padre…?

SARI.- Ha ido a buscar una sorpresa…

SARA Mª.- ¿Otra más…? No, por favor… De algo me alegro: al final, acabamos por salir a flote, como siempre… ¿De acuerdo conmigo o no de acuerdo?

SARI.- Como tanto se escribe últimamente, “se advierte una gran complicidad entre nosotros”… (Entra Arturo con un cartapacio bajo el brazo)

SARA Mª.- Procura no entrar tan sigiloso. Nos has dado un buen susto. ¿Qué llevas bajo el brazo…?

ARTURO.- Sari, mira… (Abre el cartapacio encima de una mesa) Diseño de portada que le encargué a un pintor amigo mío para “Tinta Invisible”…

SARA Mª.- (Sin acercarse) Lo llenarás todo de polvo…

ARTURO.- ¿Te gusta, hija?

SARI.- Me encanta. (En Scarlett O´Hara) Pongo a dios por testigo que “Tinta Invisible” estará en todos los escaparates del país antes de que finalice este “annus horribilis” para todos nosotros…

ARTURO.-Volvemos a ser tres… ¡Bendito sea…!

SARA Mª.- Todavía no, querido… Gloria in excelsis deo…

ARTURO.- Enseguida me ocupo… Marcho a arrojar la puta al río… (Se miran todos, encantados de la vida)

FIN DE “GRATIA ARTIS”