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LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO…

Capítulo Nono

PUT THE BLAME ON MAME…(JUSTOS POR PECADORES)

Evangelina Prego se la estaba buscando bien buscada. Con insultante expresión de impostada inocencia, se había estado dedicando últimamente a intentar sonsacarme información revervada, con la disculpa de haberse perdido en los meandros del guadiana recorrido: no se enteraba de la misa la media. Ítem más, aquella agente doble de vía muerta hasta  se permitió darme un “consejo de amiga”, dejándolo caer al resbalillo, en el transcurso de una acalorada discusión a dos bandas rivales, la suya y la mía, Montoyas y Tarantos,  sobre Cinematografía y pintura rupestre. Ella sostenía a pecho descubierto (sin sostén dialéctico alguno, su vicio habitual) que, en las cuevas de Altamira, si miras hacia arriba, verás empezar y terminar el Cine moderno, según había leído –y asimilado mal- en el National Geographic. No tuve más remedio que ponerla en su sitio (cuarto de las esobas):

-Cuando te escucho pontificar, díjolo Blasa, sobre los más variados tópicos culturales, fingiendo un dominio sobre los mismos del que, a las pruebas me remito, has venido careciendo a manos llenas y cabeza vacía (lo de bibliotecaria municipal suplente te viene grande varias tallas, querida), me entran unas ganas enormes de…de… Mejor no expresarlo con palabras… Lo que sí mencionaré es que empiezo a sospechar que, en las noches de plenilunio, Atilano Silvosa se convierte en ti misma y viceversa. Que sois amantes viruales anda de vuelta y media por todos los corrillos a la page. A saber si no te ha contagiado una venérea…O tú a él: tampoco ha de echarse en saco roto…Los condones, a veces, vienen defectuosos de la fábrica en China: hay que probarlos, enchufados a un grifo, antes de ser usados con plenas garatías…No resulta romántico, de acuerdo; pero evita efectos secundarios perniciosos, a posteriori y/o a priori, según las geometrías corporales implicadas…

Evangelina no estaba aquella tarde para gaitas.

-Deberías hacer un esfuerzo por controlar tu exacerbada agresividad, Fermín Monzón, o hacértelo mirar rápidamente. Hay veces que me asustas, te lo juro y prometo… Tu médico de cabecera podría gestionar la visita a un psicólogo…Piénsalo bien y convendrás conmigo que, aquí llegados, andas necesitado de la ayuda de un profesional con el fin de poner en orden y concierto tus ideas…¿Te he hecho yo algo para ser tratada así…? ¿Vas a aclarármelo…?

Toda la cafetería nos observaba, pendiente de las pelotas fuera y el tanteo. Se mascaba tensión en el ambiente. Ventaja, Evangelina… Las masas son sensibleras-no sensibles- y les encantan las historias truculentas… Le lancé un raquetazo, derecho a la mandíbula.

-Eres tú, no lo olvides, quien se halla sometida actualmente a tratamiento neurológico, necesitada de un trasplante intensivo de neuronas…Al parecer, recomendabas a tus jóvenes léctores de la biblioteca municipal asomar la nariz-eufemismo caritativo, por supuesto- a ciertos títulos nefandos… Sobre todo, franceses… “Romeo y Julieta” daba paso a  “Justine y Juliette” para leer con una sola mano… Y todos tan contentos, ¿no te digo…? Por Fortuna y Jacinta, te pillaron a tiempo…

La gota colmó nuestros vasos comunicantes. Evangelina se levantó y se fue, dejando la cuenta sin pagar y una brillante idea agazapada en mis barbechos cerebrales, lista para mostrar, en un potente soplido de mi genio y figura, sus delectables posibilidades pirotécnicas.

Indiqué al camarero, un tal Andrés, la lentitud y la desgana  hechas discóbolo mirón sordo de oídos, armado de bandeja 2πr a modo de coraza, la conveniencia de iniciar una cuenta trimestral a cargo de la recién marchada, Elisa Aguado, lo cual maldita gracia que le hizo.

-Tendría que consultarlo con el jefe…- rezongó, a mala leche manifiesta- Ha salido un momento en busca de un paquete de achicoria; será mejor que esperes…

-Imposible…Imposible…A mi abuela han tenido que ingresarla por urgencias, tras ingesta masiva de productos navideños caducados, un tesoro escondido en su despensa… Reclama mi presencia en los pasillos. Cumplió ciento tres años el pasado: no creo que dure mucho… Siendo yo su heredero universal, ¿no pretenderás que me la vaya a jugar a la ruleta rusa, por un capricho tuyo de repente…?

-Mira si llevas algo suelto en los bolsillos y apañamos…

-Nada de apaños; yo siempre por derechas… Elisa Aguado; clienta distinguida de la casa, no lo olvides: de los Aguado de toda la vida… Ya pasará ella en persona, tan pronto como disponga de un minuto libre, a confirmarlo… Y ahora, adiós… Controla las esquelas de mañana, si acaso te apetece ir al su entierro…y me estoy refiriendo al de mi abuela… Elisita está todavía de muy buen ver, ¿no te parece…?

Le guiñe un ojo, y siguiendo el ejemplo de los novecientos noventa y nueve mil mercenarios que me habían precedido, me batí en retirada, a los acordes de un vibrante pasodoble torero, hasta alcanzar la puerta de salida (y de entrada)…

***

Aquellos polvos trajeron estos lodos, siempre que Joaquín Belda no se oponga. Transcurridas dos fechas menos una, en la prensa local apareció, firmada con seudónimo, una prolija “carta al director” bajo el epígrafe “Bibliotecas basura ”, a la que seguiría una nueva misiva, equiparable a su hermana mayor en cuanto a  rotundidad, ambas de ellas no reñidas, ni siquiera molestas o aun incomodadas, con la finura expositiva de un estricto gobernante absolutista del exquisito estilo azoriniano, haciendo gala y justa vanagloria de un depurado buen gusto literario.

“Una institución tan venerable como nuestra biblioteca no puede hallarse en manos de una perfecta indocumentada advenediza”, “la desatención al respetable público y una falta absoluta de saber ser o estar parecen ser las normas de la casa”, “el asiduo lector deja pronto de serlo y los recién llegados no repiten, consecuencia directa de la sonrojada indignación ante un estado de general inoperancia”… tal era tono- entre faltón y desabrido- de la – que si quieres arroz- catilinaria.

A la destinataria de la misma, cuyo nombre no aparecía nunca explicitado, no le bajaba la fiebre de cuarenta.

Fermín Monzón, ustedes me conocen (si bien todavía no en sentido bíblico, al menos  una selecta mayoría; mas tiempo al tiempo… Si es por mí, que no quede…), enseguida se encargó de desfacer entuerto; y por aquello de que no ofreciese duda (en el caso de haberla, que no creo) la identidad de la destinataria del ultraje, llamando a las personas por su nombre, sus dos apellidos, su dirección, su distrito postal y su teléfono, dediqué a Evangelina, vía prensa dominical, hasta dos loas, dos ditirambos, dos endechas en prosa, dos serenatas al pie de los balcones, aclarando que el autor de los agravios uno y dos, una vez desenmascarado y puesto en sol-fa-mi-re-do, se las vería conmigo detrás de la catedral, entre lusco y fusco matutino, o, en su defecto, el juzgado de guardia más cercano, en horas de atención al respetable público y notorio.

El objeto de la jugada maestra no era otro que dejar establecidas unas fraternales relaciones con mi oscuro objeto de desprecio que me sirviesen de sólida coartada en su momento, antes de proceder a su castigo sumarísimo, cuyos detalles me reservo por evitar miocardios infartados a lectores no acostumbrados a las emociones fuertes …

***

Tampoco Mamá Geno, mozartiana pero menos, como segunda sospechosa en el listado de lenguas a pacer, sacadas a deshora,  se libraba de la quema de aquelarres, si bien lo sentenciado para ella aparecía limado por un cierto apego personal hacia la imprescindible (por ahora) figura triste de la autora de mis días de vino y rosas.

 Después de todo, la madre mía, Celestina polvorienta, con lo mucho o lo poco que sacaba vendiendo hilo y aguja de marear, allá en su mercería “Virgen de la Merced”, calle de tres cuartos de lo mismo, vete a saber si por remendar los virgos desgarrados de nuestras vecindonas licenciosas a punto de prometerse con Manolo (prototipo de varón español) y dejarlo saciado de apetitos lascivos, una vez cubierto el expediente sin exponerse a mayores sobresaltos- y sin explicaciones engorrosas, en el transcurso de la felix conniunctio, al decir de los Carmina Burana-, me daba- a mi madre me refiero, no a Manolo- de comer a diario las tres veces y me tenía planchadas las camisas.

Sellado con silicona de cierres y aperturas del negocio floreciente, aparición de un gato muerto- procedencia: contenedor cercano multiusos, incluido el de cementerio de animales- en la cocina familiar o puesta en marcha triunfal de cierto malintencionado rumor en el sinsentido de un volcánico romance otoñal a medias con Pablito Star Wars,  hijo mayor de nuestro carnicero, famoso por sus pérdidas de aciete de ricino, fueron algunas de las medidas tomadas para equilibrar como es debido la oscilante balanza justiciera entre las dos mujeres objeto de mi cólera y mi morbo.

Sin perder un minuto, el personaje más gorkiano de esta epopeya cívica, más que harta de sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna, puso santo remedio a semejante piélago de calamidades (y no precisamente con un puñal de esos que apenas caben en la mano- de Guillermo S. a Federico L. vengo por toda la orilla…-), sino girando una visita, previa cita, a la consulta de la vidente Candelaria, donde encargó una “limpieza” general de ambos inmuebles, habida cuenta de que alguien que nos quería bastante mal y a rastro se había encargado de hacernos un “trabajo” concienzudo y sin conciencia.

 La broma vino a salir salió en diez mil pesetas rubias al contado y cinco mil más del ala, a interesados plazos mensuales.

¿Qué quieren que les diga…? Ella es así: fue llegar la democracia a este país y pasar de los novenarios a S. Expedito y/o S. Antonio a satánicos conjuros por encargo…Por lo que a mí concierne, no creyendo ni dejando de creer en nigromancias esotéricas, he detectado una trayectoria de boomerang directo a mi entrepierna cada vez que- cosa en mí rara- me pongo hijoputesco a la hora de llevar a buen puerto mi selecto ramillete de venganzas catalanas…

¿Quién dijo miedo? Yo me basto y me sobro para hacerle frente a mi alicuota parte de anunciados desastres que pudieran devenirme en un próximo futuro. Se trata, simplemte, de ignorar las avestuces: no las miras, no existen; y, en el peor de los casos, se las pasas al otro, a quien pilles más cerca… Es lo que hacemos todos, ¿o no es cierto…?, cuando no mira nadie… Quisiera ver al lindo don Diego o a la marquesa Rosalinda capaces de llevarme la contraria…

***

Muy mal empezó llevando Evangelina la publicación en la prensa de las cartas citadas más arriba. Convencido me hallo de que, en un principio, me atribuyó, sin fundamento alguno, la autoría de las mismas. Sé, por terceros en concordia- por raro que parezca, no se puso en contacto con su amigo del alma-, que lloró ranchipures y cantó y bailó bajo la lluvia el baile San Vito con paraguas, crisis de llanto histérico y estados de ansiedad para qué os quiero, hasta quedar la pobrecilla- y hablo en latín vulgar- hecha una espartana braga portuguesa.

Aparecidas “do más pecado había”(las páginas impares de “El Heraldo Galego”, edición dominical, la de mayor tirada) mis sucesivas réplicas, en encendida defensa de su capacidad profesional, puesta en solfeo por una retahíla de infundadas calumnias injuriosas vertidas en aquel vil panfleto titulado “Bibliotecas basura”, supone uno que Evangelina Prego debió de ponerse más contenta.

Mordió el anzuelo de Fenisa, tal como yo esperada y, por fin, la escuché, entrecortadamente, de hipo en hipo, de gemido en gemido, de suspiro en suspiro, a la busca y captura de catarsis autocompasiva sadomaso, susurrarme al otro lado del teléfono:

-No hacía falta, Fermín, querido queridísimo, mi paladín, mi caballero andante…Ni te imaginas cuánto te agradecemos todos el que hayas salido, de forma tan gallarda, en mi legitima defensa…

Aquel “todos” me puso la oreja supurante delante de la mosca cojonera. Habemus nueva compañía; y no precisamente telefónica…¡Me lo estaba temiendo…! De una Herodías de su calibre, uno puede esperarse, a poco te distraigas, acabar como la cabeza del Bautista…

Pretextando insoslayables premuras de agenda programática, me despedí de ella corto y cierro, no sin antes haber  solicitado, devoto, un encuentro romántico para acercar posturas (sic), a lo cual accedió a pascuas contentas, sin barruntar lo que se le venía encima (empezando por mí mismo, en calzoncillos largos y, limitando al norte, camiseta de felpa, hasta pasado mayo y principios de junio …).

Seamos claros: sin renunciar a una noche nochera de San Bartolomé, con Evangelina de protagonista y única hugonote calvinista, cuenta habida de que la ocasión la pinta calva el pintor que pinta con amor, me las prometía no menos felices con un atardecer de los cristales rotos, transparente metáfora aludiendo a la integridad física de su séptimo sello a cal y canto… Después de tanta justa literaria en su honor, lógico resultaba que me concediese el suyo… entiéndase también,  antes de reenviarla, para siempre jamás amén Jesús, a hacer puñetas… En nítida demostración solidaria entre colegas, se me apetetecía dos hevos de ploma con olivo en el pico dejar trabajo hecho para mis sucesores, aun dudando muy mucho que los haya…Y llamadme Ahab (o hasta incluso Queequeg, a la hora de hacer el indio South Pacific) si tal es vuestro gusto de refinería …El mío no había estado obsesionado en otra hazaña, desde una turbulenta adolescencia en ebullición perpetua palera, que no fuese montar a cierta compañera de instituto, regordeta ella, exenta de las clases de gimnasia por problemas de movilidad, al que Atilano Silvosa estigmatizó en su día con el infamante apodo acosador de “la ballena blanca”, enmendando la plana al elegido por mí mismo previamente: “la Cucaracha”, en alusión sutil a una poliomielitis padecida por Evangelina durante la correosa infancia desgraciada, que la había dejado, literalmente, para el perpetuo arrastre de su pierna derecha…

En tan maltrecho estado de conservación, nunca entendí su empecinamiento en no dar su teta a retorcer por lo que respecta a servirme de cobaya en mis primeras intentonas sexuales. De hecho, no fue suya la primera mano que yo cogí en un cine de barrio para someterla a un baño de sudores compartidos dentro de una fauna finlandesa; ni el primer beso aleteante, robado en una sesión de tanatorio, donde mi lengua no obtuvo acceso a su natural destino de restallantes burbujas salivares, y terminó, ay de mí, puesta a secar, pinzona, colgando de unos labios entreabiertos de asombro de Damasco y frustraciones escrotales, hoy todavía no del todo superadas… Entre esa señorita y yo, hasta la fecha, no ha habido más que medias palabras y chocolate sin leche a la española…

***

La prometida cita, un vis a vis para volver las aguas a su armónico cauce precedente (desayunos y meriendas sur l´herve) habría de verse enriquecida por la inesperada presencia de un tercer comensal, convidado de piedra, colado de rondón en las festividades, por aquello de haber llegado primero a las sesiones intensivas de consuelo amistoso a la víctima de la conspiración bibliotecaria.

Atilano Silvosa, capaz de eso y de mucho más, puesto en pie en viéndome llegar, cruzó el salón de la cafetería, vino a abrazarme y me colmó de sintéticos elogios hiperbólicos.

-No se esperaba menos de ti, amigo mío. Quedar como un señor parece ser tu impronta: todo el mundo lo sabe y lo pregona alborozado…¿Qué sería de nosotros sin esa elocuencia tuya, plena de semánticas profundas e intuiciones felices,  capaz de poner en su sitio, de un plumazo, a las fuerzas oscuras semovientes, responsables de los pelos del bigote coñero de esta intrincada trama novelesca…?

Evangelina, impertérrita perdida, se apresuró a pasarse al enemigo en puertas:

-Atilano me ha demostrado ser lo qe siempre había sido para mí, sin yo saberlo: un verdadero amigo, al verme a la deriva entre los canes lobos… Él supo reaccionar, no como otroa, saliendo en mi defensa desde el primer momento. Yo no me lo esperaba, la verdad… Se lo agradezco el doble, por lo tanto… Tu casuística vino a ser bien distinta, Fermincito; no te pongas mohíno… Uña y laca, siempre juegas en casa, un poco retrasado, tomándote tu tiempo de silencio…

No iba a quedar así tamaña afrenta. Estaba decidido el pasar a mayores, y ya estaba tardando. Pero el poeta Silvosa se encargó, al final, del estrambote:

-Se lo estaba comentando a la querida Eva justo cuando llegaste: a punto me hallo de atar todos los cabos sueltos en torno a la autoría de esos artículos… Cierto informador de total confianza, cuyo nombre no va a salir por esta boca es mía, me ha prometido enterarse, de pe a tres catorce dieciséis, sin margen de  errores garrafales, qué bombero estuvo detrás de tu atentado. Tierra trágame se va a quedar alguno…

Sentí un nudo gordiano amarrarme las tripas del intestino grueso; luego, un retortijón y, segundos más tarde, una doble certeza… La de que mi recién estrenado rival en el corazón y la entretela de la malvada Evangelina ya conocía la solución del acertijo y, en perpendicular, la perentoria necesidad por mi parte de un regreso al hogar precipitado y la muda sordomuda de prendas interiores, sometidas a rudo tratamiento escatológico… La había cagado, vamos… ¡Qué cascada de cagadas, qué cagada de cascadas pestilentes se me estaban deslizando pata abajo, Madre Ubú putativa de la Cantante Calva…!

PRINCIPIO Y FIN DEL CAPÍTULO NONO

LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO…

Capítulo 8

VICIOS PÚBLICOS,  VIRTUDES PRIVADAS

Al final, llegamos a un acuerdo razonable: a cambio de escuchar el desenlace de la azarosa aventura del bueno (ma non troppo) del Ginés, se nos autorizaba a la Srta. Rubio y a un servidor a instalarnos durante media hora del reloj en la “suite nupcial” de la planta segunda donde aquélla tenía instalado el chiringuito.

Tomemos pues el hilo y el ovillo del affaire ginesiano, cuya sinopsis de primeros escalones en descenso a los infiernos de su pequeño gran protagonista se me antoja improductiva y recurrente.

Nuestra Scheherezade con vestido chinés no se cortó un pelo de su vasta dehesa y la emprendió con un “decíamos ayer”, situado hacía un cuarto de hora, para, enseguida, adentrarse en materia delictiva:

-La tal Vanessa, fíate y no corras, menuda pajarraca, tardó un jadeo en calcular las posibilidades de sacar tajada; sin ir más lejos, vivir a cuerpo de reina en nuestra casa, y sin soltar panocha, ni diezmos ni primicias. A mis espaldas por la parte del culo, envolvió al pobre Ginés entre sus mallas, apalabrando masajes y vendajes para un difuso luego a largo plazo.

“-Déjame hacer a mí; de no quedar por completo satisfecho, mi palabra en el monte de piedad, te devolvemos el tiempo y el dinero…”- parece que le dijo, o se lo dio a entender, extremo éste que no me ha quedado claro…

“La muy truhana, en un visto y no visto, nos hubiese labrado la ruina de Palmira, de no ser un cruzado de circuitos devenido en su mente “si te he visto, no me acuerdo”. Nos vino dios a ver montado en su trineo…¡A saber lo que hubiese sido de nosotros…! De por sí fantasiosa, se le antojó un baile de disfraces: ¿no quería vendas…? Pues lo dejó convertido en un Tutankamón, con la disculpa de mantener a raya la repentina aparición de una división azul de venas varicosas pantorrillas arriba, hasta casi dejar marcados perendengues. En llegando a la altura de la boca del cordero, sobre la cual fue a situar, estratégimante, un pentagrama de esparadrapo doble ancho para impedirle hablar o ingerir alimento, no se detuvo, no, su afán de empaquetar vivo a mi esposado, con “La Bamba” como música de fondo: ay arriba y arriba, arriba iré, hasta cubrirle sus páramos de calva con un artístico casquete de prelado pontificio.

“Peor se lo puso el segundo movimiento espasmódico assai de aquella sinfonía peripatética: Vanessa en Cueros, tras dormirlo con doble ración de cloformo, comprado en la farmacia sin receta, desgracias a un descuido mío todavía sin perdonarme, lo sacó a hombros por la puerta trasera del hostal y no paró hasta llegar a acomodarlo sobre banco de piedra, en los jardines de la residencia sanitaria, donde habría de permanecer durante varias horas antes de que extrañase su presencia por la zona, cubierto de mensajes, a cual más soez y más blasfemo (por finura natural intrínseca, no menciono las cagarrutas de paloma), a causa de los cuales, cuando todo se aclaró (es un decir), nos impusieron una multa de cien mil pesetas por escándalo público. Sobre el  cómo y el porqué Ginés I del Alto y Bajo Nilo había llegado allí y alcanzado tan lamentables condiciones de amortajamiento y abandono, corrieron diversas versiones contrapuestas. La más comúnmente aceptada situaba el percance en una despedida de soltero pasada de gin-tonics, en la que los invitados se habrían confundido de fiambre a embalsamar, a modo de humorada o de gracieta.

“Por otra banda de ladrones de tumbas faraónicas, y atendiendo al añejo e impoluto prestigio de mi establecimiento, preferí no sacar a colación el ensobrado nombre de Vanessa, según su DNI, Manuel Jesús, a la sazón con los pies en polvorienta, por aquello de librarse de la quema de conventos.

“Para acabar, que no me duelen prendas, dejó constancia de que Ginés, es decir: mi marido ante dios y ante los hombres, aguantó el chaparrón como un jabato, aun a sabiendas de mi querencia natural hacia el Capitán Trueno. Nobody is perfect (“no hay boda perfecta”; y la mía, por desgracia, tampoco -y tan poquito de tamaño el contrayente). Entenderán ustedes, echándole miaja de caletre, la tirria que se le tiene en el Hostal Camichi a los travestis, sin señalar a nadie, que solo faltaría…

***

Lo primero que hizo la Srta. Rubio tras haber colocado el cartel de “no molesten”, fue tomar posesión de en su lugar descansen cerrando la puerta con pestillo, para, a continuación,  poner el hilo musical a romper tímpanos a partir de la Orquesta Mantovani (Éxitos de Oro).

– Intentará poner la antena, qué te apuestas…Mira a ver si localizas las mirillas, detrás de alguna de esas láminas colgadas…Olvidate de cámaras grabando: la paisana en cuestión, además de fallarle el pedigrí, no apuntaba maneras, a que no, de dominar la electrónica aplicada…-me susurró al oído, la mar de misteriosa.

Con desgana evidente,  me puse hurgar en el trasero de una escueta monografía sobre temas taurinos obrante en las paredes, con nulos resultados estratégicos.

-En cuanto a esa amiguita tuya por la que tanto te interesas, ni pincha uvas ni corta el bacalao a la vizcaína; una de tantas,  por lo que me tienen contado allá en el tabernáculo… Existen muchos filtros de seguridad entre Santini y ella; lo más probable: que sus mensajes embotellados se hayan perdido caminito de la Habana… Si pretendes escarmentar indicreciones de semejante lenguatera sin frenillo, y me parece lógico y plausible, se te ofrece un surtido catálogo de “qué putadas, mis brigadas”: ahora mismo tenemos en oferta preferente abundante rociado de sublimado corrosivo sobre el cutis (o sobre el culis, para casos sodomitas) del sujeto objeto de vendetta. De preferir algo más churrigueresco, podríamos ofrecerte, en exclusiva rigurosa, a precios de imposible competencia, baño nudista de chapapote espeso y endredonado posterior con plumas al piojo de gallina rubia ponedora… De elegir esta opción, el acoso telefónico nocturno y las pintadas amenazantes en su coche nos iban a salir completamente gratis et dolore…  Y ahora atiende a lo mío, no seas impertinente…¿Sabes cómo se te conoce puertas adentro de la organización…? Monzón, el Margarito: sí pero no, no pero sí, nos quiere/ no nos quiere… A la que se ha sido sancionada mientras tanto, con un mes de suspensión de empleo y de sueldo, a ver si te enteras de una vez y tomas nota, la tienes ante ti,  al alcance del mejor de los remedios: regresas al redil diciendo Diego y todos tan felices y  contentos como unas castañuelas…¿Qué me dices a eso, bandolero…? Borrón y cuenta del rosario de mi madre: un armisticio y una paz honrosa, tras lo cual pueda cobrar mi porcentaje…

Se había tumbado, cual maja goyesca espatarrada compuesta y con novio a la vista,  sobre un lecho con dosel apolillado, agitando pestañas, canalillo perlado de sudor y una expresión de fatiga milenaria en el semblante.

Yo sentí que mi sangre se tornaba plomo derretido a la busca y captura de desagüe aliviadero cuesta arriba. Hombre avisado, y sabiendo con quien me la jugaba, tomé mis precauciones profilácticas: de ir a proceder ella conmigo contra naturaleza, antes del acto en sí, por lo menos saber a qué atenerse en la tocata y fuga de fluidos.

-Perdona que, aprovechando la espuela del momento, hurga que hurga al sur de mis ijares, te haga la incómoda pregunta de los sastres de antaño: tú, ¿de qué lado cargas, al vestir pantalones…? Me refiero si al este o al oeste…

Miss Blondie no se mostró, contra todo pronóstico, ni inquieta ni turbada ante un envite en forma y fondo de apurado-por comprometedor- requerimiento informativo: se echó a reír alegremente, agitando, al unísono y a pares, a modo de serpentinos crótalos enhiestos, sus perniles y turgencias semihidrópicas.

-No se lo van a creer en Madrid cuando lo cuente… Hombre de poca fe y alcances limitados, mete el dedo en la llaga, como Santo Tomás, que luego ya hablaremos de puntos cardinales… ¡Cuánto cuesta ganarse unas pocas pesetas de vellón…! Porque, vamos a ver, alma de cántaro ido a la fuente más de necesario y conveniente, ¿es ése el baremo que utilizas para dirigirte a una señora de los pies a la cabeza, sin engorrosas escalas intermedias…?

Una reencarnación en plan fachoso de Dª Luisa Carlota de Borbón Dos Sicilias (con una no llegaba para tanta realeza) se levantó de un salto de Iguazú, y avanzando hacia mí, sanjuanera evangelista revelada y rebelada, me cruzó la cara por el paso de cebra, con semáforo en rojo sangre derramada:

-Manos blancas no ofenden…- me pareció entender, nebulizado.  Y aun añadió, redicha y resabiada- No lo digo yo: lo acuñó el ministro Calomarde, ante el lecho de muerte de Fernando VII, el infausto monarca que usaba paletó, que es un abrigo largo hasta rozar tobillo, por si no lo sabías…

Ay mísero de mí; ay, infelice… Antes de lo previsto, sin llegar a descifrar el gran misterio del sexo de los ángeles, fue a sucederle a mi precoz organismo en hora punta otro tanto que en el hotel Excelsior, ¿lo recuerdan…? Empiezo a sospechar que es que me va la marcha del estacazo y tetetieso cosa mala…

Sin embargo, esta vez, no hubo ocasión de fumar un cigarrillo después de la batalla: fui a desmayarme y a caer cuan largo era-me refiero al conjunto de mí mismo, no a mis partes litigantes- sobre el césped pulgoso de la alfombra.

Se hizo la sombra y allí paz y después gloria.

***

Me desperté convencidísimo de hallarme sobre pétreo banco ajardinado, cubierto de vendajes y de ungüentos, muro de lamentables imaginaciones al poder, puerca letrina de palomas y vencejos. Se trataba de una falsa alarma, por fortuna. Mi ubicación momentánea no era otra que un caótico camastro bajo palio y, según pude comprobar de malas a primeras, condenado al estado de absoluta desnudez corporal en el que dios, en su infinito sentido del humor amarillento,  dispuso traerme al mundo, al demonio te coma y a las carnes fláccidas.

Mano sobre vergüenzas, que con una me llegaba y me sobraba, busqué entre el maremágnum la sábana pudenda y acabé por cubrirme con la funda de almohada.

-¿Se puede saber qué has hecho con mis ropas interiores y exteriores…?- le pregunté a la virgen prudente a pie de lecho.

-Ponerla a buen recaudo, señorito…- contestó ella, británica perdida, muy materia de hecho- Has padecido un súbito golpe de calor. Gracias a mí, no andas criando malvaviscos, tras la pájara pinta que pillaste… Espero que sabrás agradecerlo… Ya sabes cómo: poniéndolos de buenas a mis jefes. Pero por si mis esfuerzos salvavidas todavía no te pareciesen suficientes, me he tomado la libertad…más bien libertinaje, de hacerte un reportaje fotográfico, en diversas posturas y actitudes (con ce de ceniciento; porque aptitudes, a qué engañarnos, más bien pocas y malas, por no decir peores o pésimas), aspirante a tener un recuerdo de tu grata visita a mis dominios, y no los de internet: en el Hostal Lolichi… Por la ropa, me temo, hay que esperar un rato: en tal estado se encontraba de penuria que me he visto obligada a enviarla a la lavandería, para librarla de mugres y miasmas…

Ruiseñor a mi pesar, sentí una espina de rosal en invierno atravesarme el alma. Una oscura sospecha se estaba apoderando de mi espíritu. Tomé las debidas precauciones y me jugué, al despiste, la partida.

-¿Insinúas que no tengo nada que ponerme…?- clamé, más jeremíaco de lo que era de esperar, dadas las circunstancias.

-No insinúo: me limito, sucinta, a informar de lo acaecido. Poca cosa: en media hora, el tiempo concedido por la patronal Lolichi, no se toma la mitad de Zamora…Por mí no te preocupes: te tengo ya muy visto… Te lo adelanto a beneficio de inventario: al no ser una de piedra berrocal y lucir quien yo me sé tan bien dotado, alguna inocente perrería no la descartes… Cogito, ergo sum (“cojitos somos, y en algún agujero nos encontraremos”)… Piensa dónde te escuece, por hacerte una idea…Por matar al gato, que no quede…

Si por eso iba a ser, me lo estaba temiendo. Madame Lolichi había dado en el clavo y en la clave.

– Si lo prefieres, espera al revelado de las fotos en color, en formato DinA-4, como mínimo: allí se pueden ver los cuerpos del delito en plena interacción, con pelos y señales… Valen un potosí las instantáneas…Do ut des, según el latinajo… Donde las dan, las toman; de todo hay en los viñedos de un señor y una señora, y viceversa…-añadió la sucia chantajista, a máscara quitada- Ni siquiera te molestes en buscar: carretes y carretas se hallan a buen recaudo, en una caja fuerte…Yo que tú, me ponía en contacto con Santini… Pero no te demores, tempus fugit… Ah, por cierto, porque no tengas que esperar, a módica tarifa, puedo alquilarte un pantalón pitillo, una camisa a cuadros escoceses y una feliz pareja de chancletas…

Tembloroso cual flan chino mandarín, me decidí a llamarle pan al vino:

-Va a resultar entonces, Srta. Rubio, que usted no nació como es ahora, ¿o me equivoco…?

-¡Este Fermín Monzón es unos Sanfermines…! Tú lo que quieres es que me pille el toro…Pongamos que, recién venida al mundo, no abultaba tanto como ahora… Y no hablemos de bultos, que me cansa… ¿Y qué más te dará, si fue durmiendo y en pretérito imperfecto subjuntivo…? Lo pasado, pasado… Yo me lo pasé pipa, por supuesto…

***

Solo, fané y descangallado, revestido de olor a naftalina, chancleteando en un claqué interminable, regresé al solar de mis mayores, polvo, sudor y hierro por quitar al asunto: una colonoscopia se la hacen a cualquiera, al más pintado (y al menos pintado, que es mi caso).

Nuevo en estas lides, me duché, por si acaso (y porque recurrir, in extremis, a la píldora del día después me pareció un poquitín exagerado…).

-Una y no más, Santo Tomás…- me juraba a mí mismo, toalla en mano- Con tal de que no vuelva a repetirse, condición sine qua non, no tengo por qué flagelarme con el tema…

Pero el hombre propone (y si no, al tiempo y a un ganchillo)…

Cuando telefoneé a Santini (y lo hice, por dignidad, a cobro revertido), éste me recibió abriéndose de orejas…

PRINCIPIO Y FIN DEL CAPÍTULO 8

 

LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO…

Capítulo 7

LOS ACCIDENTES OCURREN…

Me tengo por un individuo razonablemente aprensivo, si bien poco alarmista; mis circuitos del pánico necesitan pruebas fehacientes para ponerse en marcha: todo lo demás es temer a Virginia Woolf, a los lobos feroces y a demonios pintados…

Uno, per se, puede resbalar en la bañera y partirse la crisma o, habida cuenta de que la naturaleza imita al Arte, mientras va de paseo dominical matutino por estirar piernas e ideas, recibir un inesperado macetazo en plena testa, a lo Graco en “Ben Hur, con idénticos o parecidos resultados comatosos.

 Otrosí, encontrarse, un suponer, una cabeza de caballo ensangrentada debajo de la almohada o una cobra real en erección dentro de la bañera no se consideraría moco de pavo, sino preaviso de los cielos infernales.

Mi ración de “mal rollo” comenzó con un tonto episodio doméstico: de madrugada, una paloma se presentó en mi dormitorio de soltero y comenzó a picotearme, confianzuda, las mejillas. Cuestión a considerar: todas las ventanas de la casa habían permanecido cerradas a cal viva y gregoriano muerto desde la mañana anterior, por la manía que les tiene mi madre a las corrientes de aire, “asesinas en serie”, responsables de tantas lumbalgias miserere. Cuando, escoba en mano, defenestré paredes de par en impar por expulsar a mi extraño visitante nocturno colombófilo, éste resultó imposible de localizar, a pesar del exhaustivo posterior examen del inmueble.

-Habrás sufrido pesadillas, hijo… Anoche te pasaste con los quesos cabrales… – argumentó la Sra. Genoveva, tras escuchar mi crónica del alba- Las digestiones son como bombonas de relojería… De haber cenado lo que yo, patas al vapor y pescado a la plancha, te hubieses levantado tan ufano, después de haber soñado con las angelitas … A ver, saca la lengua: le voy a echar un vistazo…; pero, primero, me echarás el aliento… Mejor, aguarda: asegurémonos primero de que no padeces fiebres tifoideas…

Aproveché para tomar soleta su apresurada marcha hacia el cuarto de baño, en busca del oráculo mercurial a instalar en regiones inguinales, obrante en nuestro botiquín de segundos auxilios (los primeros corrían cargo de San Felicísimo, en franco contrapunto de su insobornable condición republicana: una cosa es predicar la tricolor y otra, en coyunturas tan urgentes como aquélla, sacarte ora pro nobis de un apuro).

***

No tomé nota del extraño suceso ni lo encajé en la lista de arcanos en progreso: dejé correr el episodio cuesta abajo en su rodada. Tenía cosas peores en las que ocupar el cerebelo. Hermana Evangelina o madre Genoveva, ¿iscariotas las dos-que todo podría ser-; iscariota una sola –pero, ¿cuál…?-; iscariota, ninguna…? ¿Controlarían mi mente, a lo Svengali, hasta el extremo de leer mis pensamientos…?  Siguiendo instrucciones de la Organización, ¿me habría instalado la Srta. Rubio, durante nuestro fugaz encuentro en el Hotel Excelsior, un detector de deserciones inalámbrico; por ejemplo, en el glande (lo había notado hinchado,  tumefacto y cabizbajo, aun varios días después de  nuestras trés dangerous liaisons, en régimen severo de “aquí te pillo, aquí me vengo” (nótese la anfibología maligna dejada caer en el aserto)…?

***

Nuevas pruebas aguardaban a mi probada capacidad para desconfiar de todo lo que nade, corra o vuele.

Al inquietante augurio de una fantasmal paloma, equivocada quizás de dormitorio (si es que no se trataba del Espíritu Santo trinitario en persona), sucedió, días más tarde, un asaz desconcertante percance callejero, en el que me vi envuelto sin cagarlo ni mearlo.

Camino y corto el viento rumbo a mi puesto de trabajo ganapán cuando, de pronto, una sombra situada a mis espaldas, me cubre los ojos con sus manos.

-Adivina quién soy o pagas prenda…

Aun no estando para jueguecitos mañaneros dada la premura de la hora, palpé unos dedos, sin duda femeninos, férreamente sujetos a mis cuencas pitañosas, poco o nada encantadas de aquel súbito ataque intempestivo.

-¿Evangelina…?.- aventuré, a la buena del demonio.

-Frío… Frío…- canturreó una voz aguardentosa, desde la retaguardia.

-Pues no caigo…Suéltame ya, caramba… Llevo bastante prisa. Pero, además, me estás haciendo daño…¿Son anillos eso que llevas puesto…? Alambre de espino, yo diría…

-Déjate de chingar con pendejadas y a lo nuestro…Soy portadora de un mensaje para ti… A buen entendendor, pocas palabras sobran… “Sólo pensar en traicionar es ya una traición consumada…” ¿A que te suenan estos cascabeles de gato escaldado…? Una vez me haya ido, deberías meditarlo muy a fondo. Si has entendido, bastará digas sí con la cabeza…

Giré sobre mí mismo en brusca rebeldía, hasta quedar enfrentado a una perfecta desconocida -¿estás seguro…?- que me pedía encendidas disculpas: al parecer, habíame confundido, mira qué tonta, con su primo Francisco, el cacereño, de visita en Galicia, a quien había quedado en recoger por los alrededores de la estación del ferrocarril para llevarlo a casa y obsequiarlo con productos de la tierra, en un sabroso toma y daca concursante: empanada de pulpo, pan centenario y queso de tetilla a cambio de sapillos de Navalmoral de la Mata y morcilla patatera de Almoharín, en un abrir y cerrar de esta boca es mía y la tengo hecha agua bendita.

-Donde esté un ribeiro tinto cardenal purpurado, que se quite la pitarra de tinaja y vicevuelta…Never mix, never worry…-añadió, salomónica, la moza-  Ciao, bello bambinoArrivederci, chico Dolfos… Ces´t la vie: Paquito el chocolatero en lontananza… Recuerdos a tu madre y a tus padres…

Antes de que pudiera reaccionar, mi asaltante bon vivant, además de políglota, se había perdido entre el gentío, algo más bien extraño si tenemos en cuenta la poca gente que pasaba, en aquellos momentos, por la calle.

Blanco y en tetrabrick: todos ellos brujos, como en “Rosemary´s Baby”…

***

A partir de entonces, los accidentes propiamente dichos se sucedieron como la Casa de Borbón durante los siglos XX y XXI (y hasta puede que antes, aunque no me pienso poner a averiguarlo vía Wikipedia porque me da pereza): a trancas y barrancas, con muchos sobresaltos, tanto civiles como militares, de por medio.

Comenzaron de baja intensidad, la mayoría de carácter fortuito, para dar paso, con solución de continuidad, a un pim-pam-pum “dios nos coja confesados”. Hubo de todo un mucho en apretado programa de festejos.

Una alfiler torcido en tarro recién abierto conteniendo confitura de naranjas amargas; un hirviente avispero, de kermese zumbona en tu terraza (se aconseja avisar de inmediato al cuerpo de bomberos, renunciando – y hablo con conocimiento de causa y antiestético efecto alérgico – a cualquier iniciativa personal, si en algo aprecias la tersura de pellejos a la vista)… Suma y sigue: puesta en marcha, por su cuenta y mi riesgo, de una infame turba de aparatos eléctricos, desde la lujuriosa aspiradora polvo va, polvo viene, a un cuchillo de cortar por lo sano patas de cerdo muerto; ascensor detenido y a oscuras, durante interminable intemerata, entre dos pisos, sin motivo aparente; hamletianos semáforos con un tic en el ojo, empeñados en que termines dibujado sobre el paso de cebra; aleros que se desprenden de  su encía con gingivitis a tu paso, dale que te pego allá donde más duele … Supongo que el lector ya se ha hecho una somera idea, a estas alturas, de por dónde van los tiros al blanco en movimiento y quién era el destinatario final de tal despliegue de efectos especiales…

Cuando mi capacidad de aguante de lo que te echen se hallaba al borde mismo de tirar la toalla y dejar sus vergüenzas toreras al desnudo, la que faltaba se adjuntó al jubileo: una Esperanza Rubio con buenas ganas de cantarme las cuarenta verdades de aquel barquero, pedófilo presunto, que, presumiblemente, les cobraba en especie a las niñas bonitas.

-Pero tú, ¿qué te has creído, gallo de veleta desplumada…? – chillaba a través del auricular telefónico, un metro alejado de mi oreja derecha-Mi porcentaje al carajo de la vela, por tu culpa… ¿Y creías que me iba a quedar con estos pelos…? En autostop me he venido de un tirón y sin hacer escalas…Imagina lo que tuve que hacer para lograrlo; pregúntale a Carrasco si, de verdad, te interesa averiguarlo… Sabes dónde no me hospedo, supongo; el Excelsion no reunía condiciones para mis niveles de exigencia categórica. He plantado mis reales en el Hostal Lolichi, todo lo humilde que se quiera, pero limpio y a buen precio, situado en una callecita cuesta arriba abajo, dependiendo de dónde te sitúes, de cuyo nombre, por desgracia, no he podido acordarme hasta el momento.  Procura no perderte porque no tiene pérdida posible: a las siete pasadas menos cuarto te espero como decía aquella rueda-rueda de mi cada vez más lejana infancia: “comiendo huevos, patatas fritas y caramelos”; como un clavo de olor a nuez moscada te reunirás conmigo… En el paraíso terrenal o en infierno, dependiendo de lo nerviosa que me ponga tu prolija excusatio sí petita, demandada por mi mesa en  pepitoria… Conozco dónde malvives de prestado, dónde haces que trabajas… Estás contra las cuerdas consonantes oclusivas sonoras… Colgarás facto ipso, santo y señal de que me rindes cortesana pleitesía…

No tuve que pensarlo dos veces sino cuatro, con las ganas que me asaltaban de ponerla en su sitio numantino, o sea la hoguera de tanta vanidad y tanto mando en plaza.

El aceptar acudir a aquella cita a tuertas – no las tenía todas conmigo- obedecía a motivos estratégicos: primordialmente, obtener información acerca de las andanzas inalámbricas de Evangelina, la Traidora; pero, de presentarse ocasión alopécica de volver a las andadas a uña de caballo, no iba a ser mi bragueta, siempre abierta a este tipo de avatares, quien se hiciese la casta y la susana.

***

Madame Lolichi Butterfly, aprendiza repetidora de aquella doña Loreta, acalorada consorte del teniente Friolera, viuda de mal ver y de mirar estrábico, colorete y polvos de arroz sobre semblante avinagrado, arrebujada en su mantón de Manila, con pestazo a fritanga y a “Embrujo de Sevilla”, no estaba para fiestas lupercales.

-No se recibe en las habitaciones: con que lo diga yo, nos basta y sobra. Los puticlubes quedan apenas dos manzanas podridas más abajo. Éste es un establecimiento fronterizo a fuer de serio; de los pocos que quedan en la zona. La señorita por la que pregunta se encuentra ausente, realizando gestiones administrativas galantes. Siéntese y espere en la orejera de la entrada. No voy a estar dándole conversación toda la tarde.Tengo mucho que hacer, siendo yo sola frente al mundo mundano, y no me quito méritos ni me pongo fatigas… A las seis a diario me levanto y con el mazo dando…

Fue hacerle caso, encular el armatoste de raído terciopelo rojo moteado de oscuros nubarrones sospechosos y tenerla delante, armada de un plumero esparce pelusilla, toda oídos.

-Sin meterme en lo que no me llaman (no es mi estilo), y porque me llama la atención poderosa el rebaño pantalonero que ha esado preguntando por ella en el transcurso de la tarde, estoy por preguntarle, no por curiosidad: saber quién tengo en casa, qué demonios les dará a los hombres esa señora o señorita…Suponiendo sea una cosa u otra…

Crujió el sillón y crujieron mis huesos vertebrales.Preferí no somatizar este último dardo envenenado que abría un melón- o mejor: una caja de Pandora- de complicadas posibilidades; y, ya de paso, maldije al autor de una trama de por sí complicada, sin necesidad conocida de echar mano pecadora a nuevos y estrafalarios vericuetos.

Madame Lolichi, inasequible al buen aliento, que ésa es otra, continuó, erre que erre, con su dale que te pego dialéctico:

-Un don de dios será, tercero o cuarto ojo en frontispicio; pero, lo que es a mí, ningún amanerado se me escapa, aun vestido de seda y mejorando lo presente. Los detecto enseguida, los huelo a los ochenta metros vallas… En el Hostal Lolichi, no se admiten Sodomas ni Gomorras, tras lo sucedido, años ha, con mi marido…

-¡Cuente, cuente… No me tenga en un ascua…!- supliqué, fervoroso y por matar el tiempo de la espera.

-Curiosón, que rima con…y mejor lo dejamos, porque allá cada uno… Correveidile  nos ha salido el pretendiente… No es por nada: a usted y a una servidora de usted hace tiempo que se nos ve el plumero…¿Qué le cuento primero: lo de mi santo esposo, fallecido ya el pobre hace dos años, y el travesti que, por un quítame allá esas pajas,  intentó metérsela doblada, gato por liebre y carne por pescado, o la entrada triunfal a ésta su casa, de su amiga del alma, disfrazada de gemelas Coplovitz, dos en una…?

-Le dejo que me cuente lo que tenga más cerca de la punta de la lengua…-le respondí obsequioso, pensando en mis asuntos.

-La Srta. Rubio arrastra pintas de tardona… Tiempo sobrado habrá para las dos historias, a poco que me esmere en darle al pico y pala. Aprovecharé, de paso, para tersar tapicerías y asustar a los ácaros presentes…Otro gallo mañanero me cantara de estar él en el mundo, vivaz y coleando… Hablo de mi marido. Se llamaba Ginés y era de Murcia capital, que no de las afueras…Sólo nombrarlo y me parece estarlo viendo en vera efigie: pequeñito pero bien rematado; un bendito tú eres entre todas las mujeres: su madre, la primera; y luego, servidora, y pare de contar apareamientos: se hacía de él un auténtico pandero. Si en la vida alzó la voz alguna vez fue por decir “me muero, prométeme que no te vuelves a casar por lo civil” y espicharla de un infarto de su cardio…

“Para los negocios puede que fuese un lince de Doña Ana en extinción; para el cortejo femenil, un perrillo faldero con tirantes blancos… Tal que así, la presencia en nuestro establecimiento de alguien que se hacía llamar- en el mundo del arte, por lo menos- “Vanessa en Cueros, Variedades Exóticas” (yo la calé al momento; por el don, ¿sabe usted?), de gira 180º por la Galicia verde, ya en prono, ya en supino, boca arriba o abajo el periscopio, abierta a todo tipo de experiencias, puso a prueba lo que en mi pobre Ginés podía restar de macho alfa y omega.

“Hoy estoy convencida, a buey pasado, de que el pobriño, miña xoia, andaba entre fundido y confundido;  a buen seguro se le traspapelaron los cables, hasta llegar a pensar que el susodicho (o susodicha) se hallaba en posesión del título de ATS diplomado (especialista en vendaje, por más señas…), pues de no ser así, no me explico el interés que se tomó en bailarle las aguas porque le diese un masaje al sur de los riñones, subsanando sus males de ciática. Dicho en su honor y el mío, estaremos unánimes en que be y uve suenan parejo de hecho y por derecho, para la lengua de Marcial Lafuente Estefanía, su autor de cabecera, con fórmula secreta inamovible, a base de héroes con un par del calibre 45 colgando de cintura + heroínas de salón con los senos tugentes y labios sensuales entreabiertos. Así pues, requetefácil, de no fijarse mucho, llegar a equiparar  intensivas sesiones de bondage y vendaje… Pero calla, que viene la Srta, Rubio… Ya habrá ocasión de escuchar el desenlace de este enredo… De tener suerte, en el capítulo siguiente…

Importuna como ella sola y la que más, Esperanza Rubio se plantaba ante mí y procedía a mirarme a lo Patricia Highmith, aquélla que escribía sobre los hombres como una araña escribiría sobre las moscas…

-Estaba hasta las pelotas de esperarte… Salí a dar una vuelta, ¿pasa algo…? ¿Acaso tengo restringido el habeas corpus…?

Madame Lolichi y este narrador, como puestos de acuerdo, intercambiaron miradas sigilosas de cómplice consenso…

-¿No te lo decía yo…? –me pareció leer en sus amoratados labios de pasa de Corinto rechumida.

-¡Hay que j…!- respondieron los míos, presuntamente.

PRINCIPIO Y FIN DEL CAPÍTULO 7