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LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO…

Capítulo 12

LOS PELIGROS DE PAULINA

Dejome la carreta a un tiro de piedra bien tirado del solar de mis mayores, momento éste que aproveché para agradecer a mi esforzado astroquímico los servicios prestados.

-Pues nada, René, chico…Dile de mi parte al tragabaches de Osvaldo que tú le das cien vueltas de campana de Huesca… Cuídate mucho y bien: te lo mereces…

-Eres tú quien debería cuidarse a partir de ahora, compañero…- respondió el aludido-  ¿Sabes qué más…? Que te den: si me has visto, no te acuerdas…

Dicho lo cual, salió escopetado por dirección prohibida, hasta perderse entre la niebla unamuniana…

La madre del cordero me aguardaba en la cocina, montada en su escobón de acerbos reproches recurrentes:

-Cuando el señorito no piense presentarse a la hora del almuerzo, se le agradecería mucho el avisar con tiempo suficiente al servicio doméstico… Lo que no comas hoy, lo comerás mañana; de mi pisto manchego no te libras… No están los tiempos para estragar comida… Por cierto, hablando de mañanas por llorar: tendrás que apañártelas solito; no me esperes bracicruzado para que te enchufe el microondas… Ése que tú y yo conocemos, me ha invitado a la presentación de su campaña en Vigo y vendrán a buscarme de su parte; vamos a comer juntos; y luego, lo que surja…

-No jodas…- acerté a farfullar, entre temores sorprendidos infraganti.

-Nunca en la primera cita, por supuesto…- respondió Mesalina, encantada de la vida y de su suerte- Hay que darse a valer, ¿no te parece…?  Víctor me llama y yo acudo al encuentro de los viejos amigos: así de simple…

-Porque te pica la curiosidad y algo más, ¿o me equivoco, madre…?

– Mis pruritos internos no son de tu incumbencia, Fermincito…

Tras lo cual, llena de dignidades impostadas, se abrió paso hacia la sala de estar para ver alguno de sus programas televisivos favoritos, nada que ver con los míos habituales, por supuesto.

***

La reincorporación al puesto de trabajo no precisó de esclavo alguno situado a mis espaldas recordándome que yo no era un hombre importante. Más bien podría decirse, parafraseando a aquel Luis de los catorce resultados, que el esclavo era yo, punto redondo…

Al parecer, Don Martín, mi amado jefe, se había pasado noche + aurora preparando una carta de presentación destinada al Gran Hombre, en la cual, además de rendirle inimaginables pleitesías, se postulaba como asesor legal en affaires galaicos y aun galácticos… Pero cierto zote- un servidor, de la más baja gleba-, se había olvidado de pasar a recogerla para ser entregada en mano, por aclarar ante aquél cualquier duda que pudiera presentarse acerca de nuestros muchos méritos y un sólido, líquido y gaseoso prestigio ante la ciudadanía autonómica.

-Tú sigue así y cualquier días de éstos te encuentras despachando gomas para las bragas en el establecimiento de tu madre. Si no fuera por ella, y la amistad que le profeso desde niño, otro gallo de Bremen te hubiese cantado ya hace tiempo…

Por lo visto, la autora de mis días, en tiempos mozos, había estado derramando lisuras del puente a la alameda… Supuse, en honor suyo, que después de los esponsales con mi padre, por fin habría sentado la cabeza, algo que desmentiría, de paso, mis oscuros orígenes bastardos.

Imaginármela retozando con don Martín viento en popa a toda vela me produjo una súbita y violenta hiperclorhidria. Y no es que mi comandante en jefe fuese feo, que también, sino que ello le colocaba en un puesto destacado en la, por lo visto, larga cola de mis posibles paternidades.

-Ahora me explico, papá, que en paz descanses, el que te hubiera tumbado aquel infarto…- murmuré, contrito, dirigiéndome al éter circundante, mientras abandonaba el despacho del Sr. Pirulicio, cubierta la pechera de gotitas de saliva autoritaria, destilando orbe et urbi el inconfundible hedor de la halitosis.

***

Aquel día, debía de haberme levantado con el pie izquierdo, Christy Brown me perdone. Cuando, a media tarde, me dejé caer por la redacción de “El Heraldo Gallego Tribune” (espero que a nadie se le pase por alto tal sarcasmo), por conocer de cerca el estado de mis niveles de popularidad en sus reales, Iñaki, rubicundo gacetillero con dientes de conejo de la mala suerte al que solicité audiencia con el  director, con estilo desbrido y fingiendo no conocerme, me comunicó que el Sr. Benítez (aka “Pepote Almorrana”, por su afición a apoltronarse en el despacho las ocho horas preceptivas de su jornada laboral y las extras que fuesen necesarias hasta cuadrar sus abultabas hipotecas inmobiliarias y los gastos suntuarios de su Excma. Señora, doña Sacramento, manirrota compulsiva y aficionada a las antigüedades caras; ella, la primera) se hallaba reunido y debía esperarlo sentado, a pie firme en el desértico y tenebroso pasillo que conducía a la redacción propiamente escrita.

-Tú dile que estoy aquí, pequeño saltamontes, no vaya a ser que te la juegues a la ruleta rusa…- repliqué, altivo, a lo Félix Felisovich Yussupov tras arrojar, después de envenenarlo con bombones inyectados de cianuro potásico, a Gregorio Rasputín desde los balcones del palacio imperial de los Romanov, un 30 de diciembre.

-Ármate de paciencia, como hace todo el mundo…- recibí por respuesta chupatintas, dicho lo cual, arañando un esputo de su bronca garganta, el bueno de Iñaki se metió en los servicios, quién sabe si para librarse de tan molesta presencia en su cavidad bucal u otras actividades manuales de menor abolengo.

Media hora justa, ea… Pintaban bastos. No estaba acostumbrado a los desplantes de Pepote. Su interés por un amplio reportaje del feliz encuentro compostelano entre Víctor Monteagudo y un servidor, a publicar en la próxima edición dominical con abundante despliegue de montajes fotográficos (donde él y yo apareciésemos juntos en el plano), no disponía, para el caso, de un príncipe encantador que lo despertase con un beso de hermano.

-Va a ser que no, amigo mío… El embolado Monteagudo, a mayores, lo ventilamos por noticias de agencia y así no nos buscamos problemas con los de La Nueva Cólquida.Créeme que sé de lo que hablo…

Semejante cambio de actitud me pareció un contrasentido, tras el entusiasmo inicial desplegado ante mi reciente ofrecimiento de rutilantes exclusivas, a cinco columnas como mínimo común múltiplo.

Al mencionárselo en un arranque de mal disimulado coraje, don José Benítez, o si prefieren “Pepote Almorrana”, hizo gala placidia de sus conchas de galápago macho en la profesión periodística a niveles hispanos.

-Mira, hijo: no le des más vueltas al tiovivo de la prensa hidráulica que todos padecemos… Cuando se trabaja en esto de los papeles, hay que andar con pies de plomo candente por no verte obligado, al final, a limpiarte el culo con ellos…o limpiárselo al prójimo, menester menos apetecible todavía… Sigue mi consejo y pon tierra y mar por medio antes de que sea tarde…Aquí sigues teniendo tu casa de citas semanales, en cuanto te decidas a no jugar con fuegos fatuos…

***

El vate Atila-no, a cuyo domicilio corrí en busca de fraternal consuelo, me recibió con cajas y cajones a punto del destemple hospitalario.

-¿Tú te traes algo con mi señora o qué puñetas pasa…? A ver si te crees que no tenemos otra cosa que hacer que adorarte por la peana, como al santo…

A su vera, siempre a la verita suya, Alicia, consorte follonera, abundó en lo ya expuesto:

-Las visitas se anuncian. Recibimos los jueves, que lo sepas, y previa cita como está mandado…Y además, acabo de pasar el suelo con cera líquida y abrillantador… Así es que tú calcula tus posibilidades de colarte de rondón y hacerte servir café con leche…

Apoyaos en el quicio de su mancebía, se notaba a las claras que habían colocado el cartel de “No pasarán” en lugar bien visible, dirigido, cómo no, hacia mi persona.

-Santini ya me avisó de que no eras gente de fiar- apostilló Atilano-. Y no te echa la culpa: bipolar norte contra sur como tú eres, la secesión de ideas no te la quita nadie…

-¿Conoces tú a Sanitini…?- pregunté en vilo. Me quemaba la lengua, del esfuerzo.

-Hombre, claro… Y a la Srta. Rubio, que nos puso en contacto; y a Osvaldo, y a René; y, por supuesto, a Víctor… Cuanto más pronto aceptes tu amortización irreversible para el equipo de notales locales, podrás dormir de un tirón las ocho horas preceptivas…¿Te marchas ya o aspiras a que mi Alicia te prepare- y que sea la última vez- una infusión de melisa con anís, bien calentita, a sorber, por supuesto, en el rellano…?

Elegí el descenso a los infiernos…

***

…Y toda la culpa la tenía Evangelina, moscona muerta con aguijón de viuda negra, alacrán cebollero, mantis pecaminosa…¡Se habría creído que conmigo se podía jugar al “toco poco”…!

Invadido de una envolvente sensación vindicativa, incluso más violenta y perentoria que otras veces, me dispuse a tenderle una emboscada saducea.

-Ring-ring…Ring-ring…Ring-ring…¿Estás visible o has tomado la pócima…? Es sabrosura lo que tienen que contarte tus Hermanos Grimm particulares, tres en uno y con el mazo dando…”Grimm” de grimosos, claro… Te espero donde siempre; y no se te ocurra aparecer sin bolso, que te conozco, rica…

La muy pajarona se tragó el anzuelo, convenientemente agusanado con noticias de mi vida y milagros por tierras santiaguesas.

Chocolate a la spanish woman, un vasito de leche por bajarle los humos y doble ración de tarta de manzana, por lo que a mí respecta; ella, batido de vainilla (que nunca fue tocado por sus labios faciales).

-¿Has oído hablar de “Los Peligros de Paulina”…? ¿Te suena “Los Peligros de Nyoka”…?

-No caigo, la verdad…- se disculpó, modosa-¿O se trata de un comic de la Marvel…?

Ni puto caso, mira…

-Pues tú, más; que lo sepas… “Los Peligros de Evangelina Prego”, en 3D y dolby sensurround… ¿Necesito traducírtelo al swahilinglish…?

Si algo deseaban en aquellos momentos mis dos maldades favoritas, Intrínseca y Extrínseca, inseparables siamesas procedentes de una sola vitela, era meterle en la mollera, a través de la cadena de huesecillos, todo el semen desazonador del que pudiera echar mano mi taimada inventiva. Conste que el malo de esta peli era Baudelaire y su poema “El Espectro”, lectura juvenil asimilada a medias: “Sobre tu vida y sobre tu juventud/ yo, yo quiero reinar por el terror”… Pues en ésas estábamos, compadre Botero… ¿Quién te dice a ti, que presa del pánico, Miss Gospel no corría hasta mis nervudos brazos, tatuados con motivos tailandeses, en busca de refugio y consuelo mimoso, momento propicio donde los haya para iniciar una sesión de petting bien tirada, coronada de espuma y de falsas promesas in  the spur of the moment, que dicen los ingleses, o, en su defecto, el momento de encuentro de la espuela estrellada y los rosados ijares heridos por su rayo…? (Esto lo digo yo, que también cuento…A las pruebas me remito, qué demonios…)

El amor de mis amores mundanos apañó un mohín de disgusto bastante convincente, tras lo cual, en el mismo renglón, intentó un fallido amago de ponerse en pie, en plan digno, sin contar con que yo la estaba sujetando por el antebrazo, vulnerable trozo de carnes blancas que mis dedos hollaban codiciosos, en busca de- nunca se me ha dado bien la anatomía- un fémur situado en otra parte.

-Mira, Fer, si me has traído aquí para asustarme- gallineó, un instante antes de volverse a pegar, carne y uña, culo con asiento-, podrías haberte ahorrado otra de tus maniobras orquestales en la oscuridad de tu pensamiento divergente…

Me dispuse a colocarla fuera de juego.

-Menos lobos y más abuelitas, querida… Y llámame Fermín, si no te importa…¿Acaso me has tomado por tu colección sin acabar de cromos repetidos…?- respondí- Y además, no levantes la voz, que nos están mirando…

-Eres tú quien debería hacérselo mirar lo antes posible, Fermín Monzón…Yo echo papas arrugadas… ¿No ves que el local está vacío…?

-Andrés, el camarero, por lo visto, para ti no existe…¡Menuda señoritinga estás tú hecha…!

-A ver si no insultamos…

-Una señoritinga o una metepatas: su majestad escoja…- maticé, ponzoñoso.

-Andrés anda remoloneando al otro lado de la barra, aguardando a que nos marchemos para echar el cierre y regresar a casa…

-Infiero que no le has sacado la vista de encima desde que llegamos…¡Qué vicio te traes con los hombres, compañera…! Ahora atiéndeme a mí… Resulta que, tú sabrás por qué, has caído en desgracia en ciertos círculos concéntricos de la Cólquida remasterizada. Representas, para mi currículum, una mala influencia. Mentirosa no eres; pero caminas dando tumbos por mi vida y la tuya: perra hortelana, ni comes ni dejas de comer. Habrás de elegir bando o callar para siempre…

Angélica se puso a lagrimear a dios dar agua, con una excusatio non petita dispuesta en el platillo fiel de su balanza:

-Siempre contigo, Fermín, formando piña…¡Me duele tanto que llegues a dudarlo…!

“Piña colada por ti…”, le faltó por matizar a mi fan nº 2 (el nº 1 soy yo mismo).

Nobleza obliga, se lo agradecí con una trilogía monotemática que ha hecho famosos a personajes tan dispares como la cantante italiana Mina y al danés Príncipe Hamlet, especialista en el malabar dialéctico a partir de cráneos de bufón-dubitativo pero poco, por más señas,  a la hora de armarla bien armada-:

-Palabras… Palabras… Palabras…

-¿Te refieres a los crucigramas…?- preguntó Evangelina, con la vulva hecha un lío-¿Me estás haciendo luz de gas agonizante o qué mosca te ha picado…?

Allí quería yo verla: prendida del engaño y burriciega. Y preparé el estoque de matar esperas…

-Mucho blablablá y mucho circunloquio; pero, a la hora de la verdad, me dejas a dos velas encendidas… y menos mal que me aún me queda un poco de amor propio en faltriquera, donde rascar a gusto…Prácticamente, este Adán acaba de salvarte la vidorra que te das a mis costillas, y va uno y recibe ese mal pago… “Fragilidad tienes nombre de mujer”…Esto también lo dijo Hamlet, por si no lo sabías, hablando de Gertrudis; atrévete a negarme que está de puta madre…Porque, a ver si te enteras, por comentarios tuyos a deshora, te han colocado en el punto de mírame y no me toques y te cogen con pinzas de depilar jabatas…Me dieron el recado de su ordeno, mando, hago saber, en los siguientes términos: omertad al canto Pavarotti. Así de claro. Me ofrecí como garante tuyo, tal como hiciera Sir Wifrido de Ivanhoe con la judía Rebeca. ¿Sabes qué contestaron desde arriba…? Que ya podías estarme agradecida de por vida, tal como te lo cuento…Esto no lo dijo Shakespeare, sino Lope de Vega: “Obras son amores, y no buenas razones”… Equilicuá, ¿qué me dices a eso, hermosísima paloma, privada de libertad…?

-Esa rodilla tuya a punto está de producirme una reacción alérgica importante… ¿Te importaría apartarla de la mía…?- replicó doña Inés, en tonos gélidos, ante frotamientos erre que erre del tenorio machacón y pueblerino.

-Mensaje recibido. No vengas luego con que intentan secuestrarte unos esbirros o cosas aún peores…A partir de ahora mismo, renuncio a ejercer de guardaespaldas, por señalar sólo una parte de la anatomía tuya puesta en peligro por tu tozudez de doncella timorata…

-¡Que yo también quiero irme a la cama con mi señora, caramba…!- oímos gritar a Andrés desde el otro lado de la barra- Llevo subido a la barra más horas que la famosa Nadia Comăneci…

Dejamos-dejó ella-, de propina, dos pesetas. Aprovechando un descuido de mi bella dama, me apresuré a corregir aquel pecado de derroche, transportando la mitad de lo dilapidado a mi bolsillo, por considerar el fifty-fifty de justicia: la mitad para mí, la mitad para el Pueblo…

PRINCIPIO Y FIN DEL CAPÍTULO 12

 

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LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO…

Capítulo 11

YO SOY EL QUE SOY…

-Se halla hoy entre nosotros un bien querido nuevo aspirante, de nombre Leonardo Dantés, a quien propongo le sea dada la más cordial de las bienvenidas con un fortísimo aplauso…-discurseaba Víctor Montegudo a través del micrófono, Jesusito de mi vida en una mesa para doce, entronizada sobre entarimado bajo palio, a la cabecera del recinto, una especie de anfiteatro con gradas a los lados, hervidero al vapor de una selecta muchachada de ambos sexos. A los comensales propiamente dichos nos habían situado, con los pies en la tierra, en el centro del ruedo  (como en todo gran evento que se precie, sobre un pódium, un esforzado intérprete iba traduciendo sus palabras al lenguaje de signos).  Prestemos atención lo que dice el Gran Maestre de Ceremoniales:- Aunque en honor a la verdad, y por desgracia, nuestro homenajeado no podrá oír esa ovación que le estáis dedicando, en el momento presente, a su hombría de muy bien y limpia ejecutoria. Dantés, estaréis informados, se ha quedado sordomudo de por vida, después de un desgraciado accidente de motocicleta. Conducía bajo los efectos del alcohol y otras drogas alucinógenas. Hoy ha visto la luz- que no el sonido, valga la sinestesia cogida por los pelos- gracias a nuestra amorosa tutela y se halla desintoxicado al noventa y nueve, treinta y tres, treinta tres, treinta y tres, por el ciento y la madre…

Santini, a mi vera, siempre a la verita mía, compartiendo un escueto velador a la derecha de la presidencia, pellizco de monja de por medio, me preguntó al oído si no pensaba levantar culo de asiento.

-Que se levante el conde de Montecristo, ¿no te parece lo adecuado…?- respondí, sibilante.

-Está hablando de ti, no seas imbécil…-contratacó Santini en un fiero susurro.

-Pues al estrenar sordomudez, voy a llevarla clara…

-Nunca importan los bolos, que dicen los ingleses. Yo que tú, no me perdería ripio del discurso en cursiva…¿Para qué crees que nos han puesto aquel intérprete…?

Touché… Dejé de masticar kombú confitado con salsa de wakame y me dispuse a regodearme- a quién amarga un panqueque de dulce de leche- en mi currículum de joven talentoso, emprendedor, simpático y empático, al regreso de su camino de Damasco. De seguro, degustando tan neptunales manjares cinco estrellas, no había prestado suficiente atención a la dedicatoria.

-La vida parece empeñada con demasiada frecuencia en ponernos a prueba de coraje masculino y abnegada paciencia femenina. Héteme aquí que a nuestro huésped se le ha diagnosticado la pasada semana una enfermedad rara de origen virulento y, a mayores, altamente contagiosa, lo que no os permite  a vosotros- y a mí sí, al estar vacunado- corresponder con un abrazo a este nuevo quebranto del Destino. Observaréis que, a su lado mayor, la hipotenusa, haciendo de cateto, se halla el Dr. Santini, catedrático emérito de todas y cada dos de las universidades europeas y americanas, encargado de vigilar el desarrollo de la plaga en el delicado organismo del paciente. Un aplauso para el Dr. Santini, que bien merecido se lo tiene…Hip, hip, hip…¡ hurra…!

Mi compañero de mesa, tentetieso a golpe de resorte, saludaba a la audiencia, visiblemente complacido, hasta que me ocupé de ponerlo en su sitio, de un tirón de faldones chaqueteros, no me fuera a robar protagonismo.

-Una vez finalizado el refrigerio, en mi despacho particular – y desde una burbuja protectora-, voy a imponerle, vía Santani, la Gran Banda al mérito de más firme promesa a nuestro postulante, en la certeza de obrar en tiempo y forma y el orgullo de saber a ciencia cierta que, un mañana no demasiado lejano, va a convertirse en uno de los nuestros…

Anda jaleo, jaleo; ya se acabó el alboroto y comienza el cachondeo…

-Ote, ote, ote: mariconchi el que no bote…- se chillaba desde los graderíos, a pleno decibelio.

***

Ni burbuja ni leches. En rudo contraste con el resto del complejo, el despacho del Sr. Monteagudo hacía punta de lanza del exceso, la ostentación y la demasía disparatada. Velahí retratos dedicados por las más altas instancias de la nación, la Curia Apostólica y Romana, el mundo de la Cultura y la farándula…. Todos ellos bajo la aguileña mirada oleoginosa de Su Señoría Ilustrísima, teledirigida desde un gran retrato ecuestre, a tamaño innatural, en el epicentro mismo del mäellstrom.

Al fin solos, tan curioso sujeto no vaciló en hacer un spoling de lo que nos traíamos entre manos.

-Comprenderás, Fermín, que debo cubrirme de espaldas para abajo. Contigo no voy a andarme con spaghetti westerns o rodeos eufemísticos: vaqueradas, las mínimas… Un riguroso anonimato presidirá el cotarro toma y daca. No es de recibo ponerte en lucimiento, por mucho que nos duelan vanidades feriantes. Enseguida lo explico. No te verás expuesto en pública subasta. Serás…mejor dicho: será Leonardo Dantés otro de esos hombres-sombra que jamás existieron en la vida real; señuelo para incautos y liebre de canódromo. Mientras tanto, tú y yo, codo con codo, en los próximos años, trabajaremos de cosuno en un magno proyecto para el que se te eligió por prescripción de un equipo de expertos y notables globales. Como diamante en bruto, a carbonos, en el país, y aun digo  más: el Hemisferio Norte, no hay quien te coloque el pie delante. Tu misión y la mía: poner en marcha un memorándum general de mi vida y milagros, para lo cual no me hacen falta mentecatos ni listillos, tiralevitas o liróforos celestes… ¿A que me entiendes…? Trigo limpio, brisa fresca sin contaminar, incomunicada de las turres ebúrneas oficiales: la melodiosa voz de los de abajo cantando las cuarenta al poderoso; callen las voces de los tenores huecos: la sonado la hora del cuclillo… Tus trabajos semanales en “El Heraldo Gallego” nos han venido a servir de caja negra para localizar el mirlo blanco… Y fue así de sencillo. Lo complicado es que te comprometas, bajo contrato, a que la confidencialidad más absoluta campe por sus respetos a lo largo y ancho del proyecto, aherrojando cualesquiera tentaciones de coqueteos con el divismo aburguesado…Fermín Monzón  tuvo mi bola blanca desde el primer momento, descartados- y cito solo algunos, por lumbreras…-  el Reverte, la Torres catalana, el Martín de Riquer, la Martín Gaite, el Cela, la Matute, el Goytisolo…

Hizo una pausa. Ignoro cómo se las había arreglado pero mis manos estaban ahora entre las suyas, sometidas a una presión desagradable y pegajosa. Tartamudeaba al hablar cuando lo hizo:

-Nadie en su sano juicio se permitiría poner en cuestión una apostura pareja a tu talento. Vales tu peso en carne y osamenta… Esta tierra, que también es la mía, produce buen ganado…No creas que no me sorprendí, gratamente además, al percibir que resultábamos paisanos. Nuestras familias, puerta con puerta, como aquel que dice y dice bien. ¡ Si hasta fue a coincidir que Genoveva, tu mamá, ¿no te lo dijo?, fue novia mía de pasear por la calle Real durante un tiempo…! Por si acaso, te hicimos unas pruebas de ADN, aprovechando una campaña del Sergas; me parecer recordar, la de la gripe aviar. No reclames, pues no eres hijo mío, aun cuando para serlo, te sobrasen maneras y talentos. Buena moza, tu madre. Y no me importaría echarle vista encima cualquier día de éstos; le buscaremos hueco, eso está hecho…

 “Todavía hay más bacalao para cortar. Vamos a ello. Tus jefes se muestran encantados- no me esperaba menos- de cederte en una “comisión de servicios” temporal, con objeto de no despertar sospechas. Tu salario correrá de nuestra cuenta. Non te preocupare de la cuestión “estudios”. Dos cursos más y estarás titulado; cualquiera de nuestras universidades amigas se mostrará encantada de servirnos en bandeja de plata… Pero vayamos a las espinas de la rosa… “Tendrás amor, tendrás amor, tendrás amigos”, máxime tú, tan listo y tan apuesto…Olvídate de ellos si has de abrazar mi causa… No volverás a verlos hasta el fin del trayecto… No te amilane el tranvía de tus deseos…Acude a mí en los azotes de lujuria: tus apetitos se verán saciados…Cien volquetes de licenciosas evas y de ángeles caídos nos están aguardando… Y ya que salen a colación las pelanduscas, Evangelina Prego, por descontado sabes de quien hablamos, no puede portar vela en este entierro… Suele tomarse demasiadas confianzas. Tachada de la lista. En caso necesario, nos avisas, que nosotros procederemos con total discreción. No será la primera ni la última… Accidents happen: tuviste ocasión de comprobarlo…En cuanto a Leonardo Dantés, va a permanecer entre bastidores hasta nueva orden. Es Fermín Monzón quien vale un potosí y en el que tenemos puestas todas las complacencias…

Fue instintivo, por no llamarlo atávico. Acerqué sus manos a mis labios y comencé a besarlos con unción, en señal de afecto sin fronteras y respeto a prueba de intereses mezquinos.

-Puedes marchar en paz, Fermín Leonardo…- dijo mi Bienhechor, con un gesto abiertamente salomónico y ternura en los ojos y en los labios- Mantente siempre alerta. No intentes restablecer contacto. En el momento oportuno, nosotros nos dirigiremos a ti como mejor convenga. Las sesiones de trabajo al alimón comenzarán muy pronto… Y ahora, déjame solo… Debo someterme a mi terapia de las cinco…

Dos esbeltas muchachas de rasgos asiáticos, portando un carrito con toallas y un multicolor y abigarrado zoco de tarros para ungüento y pequeñas botellas de perfume, acababan de entrar en el despacho.

***

René Lopezarena se encargó el volante en el viaje de vuelta. Se le veía al hombre deseoso de catarsis melancólica y me habló, sin ambages, de sus pretéritos planes de futuro.

-Aquí donde me ves, yo iba para astrofísico. Ya apuntaba maneras en la infancia: me andaba cayendo siempre de los árboles. Pasábamos el verano con mi abuelo materno en el rus-ruris de la Pampa argentina, donde ejercía de capataz para unos ricos hacendados chilenos. Él, serio del trinque, presagiaba (y por todo lo alto, nunca mejor dicho o escrito):

“-Tanto ves las estrellas a fuerza de chichones, que lo tuyo, de mayor hecho y derecho, seguro vaya a ser la astronomía… Yo ya no lo veré; pero vuelve a esta estancia donde estamos ahora y me lo avisas, dando tres golpes fuertes en el suelo… De no escucharlo, por hallarme a remojo en la cadera, algún demonio  me llevará el recado…No todos los demonios son cornudos: haylos buenos y malos; e, incluso, regulares…

“El caso es que, con ocasión de mi siguiente cumpleaños, Abuelo Pablo me regaló un telescopio de juguete… Luego tuvimos que embarcarnos para España por política. A mi padre se lo llevó un cóndor que pasaba por allí a viajar en avión por el Pacífico; Silvana María, mi hermana mayor, rogelia y media la pobre, si te he visto no me acuerdo: se la reclama aun hoy en la Plaza de Mayo a voz en grito. Hasta Vigo nos arreglamos para llegar con una mano detrás y otra delante, gracias a unos parientes gallegos de mi madre. A mí, no más llegar, se me metió en el seminario: era una forma de mear el territorio. Nunca llegué a profesar, y no fue en aras de colmar unos apetitos cárnicos en perpetuo estado de retreta o porque me gustase más que un mate amargo el mujerío… En Mondoñedo conocí a Santini; era un “cazatalentos” disfrazado de director de coros parroquiales. Se había fijado en mí por mis cuerdas vocales. Convenció a mi familia de mis muchos talentos para el trino y me fue encarrilando hacia sus fines: una preparatoria para futuros capitostes, al margen de circuitos oficiales. Oros y moros prometieron a mi madre, quien, por puro cansancio vitalicio, lo dejó hacer y miró para otro lado.

“Esto te estoy contando, compañero, a sabiendas de que te mantienen engañado, pasado por el chino…¡ Quién pudiera desenredarse de sus aparejos…! Para algunos es tarde: se me ha pasado el arroz de la astrofísica; te me antojas a tiempo de convertirte en zángano de colmenenares viejos… En un tris vas quedarte tronco de ciruelo: este armatoste con cuatro ruedas y una de repuesto está gasificado, agujerito va, agujerito viene en la parte trasera… Creerás haberme escuchado en un mal sueño. Jamás has de olvidar quién eras tú, antes de conocerlos, o pasarás el resto de tu vida atravesando, a sordas ciegomudas, el tenebroso valle de las sombras chinescas…

Se le quebró la voz. La cortinilla comenzó a correrse. Un servidor también; pero de espanto…¿No vendría siendo, entonces, Víctor Monteagudo un Mefistófeles remasterizado, redux o lo que fuese…? ¿A qué clase de demonio tentador había vendido yo mi alma…? Y, como éramos tan pocos, fue mi abuela y se puso de parto… A Evangelina Prego, con mis necias palabras, la había arrojado a los leones de aquel circo…¿Se hallaría en peligro de muerte…? Conociendo percalina, los creía muy capaces de quitarla del medio a la tremenda… Correr a avisarla; sí, claro, pero, ¿cómo…? A bordo de un coche funerario, conducido por un loco, lleno de ruido y de furia… Eso, ¿a qué me sonaba…? Tres tristes tigres en un campo de trigo, estudiando trigonometría… Me esoy quedando frito vuelta y vuelta…Puedo hacer como el agente Harry Palmer y clavarme un imperdible en una mano, por quedarme despierto aunque sea a medias… Imperdibles, lo siento, no me quedan; también ignoro dónde han ido a parar mis cuatro manos, de repente… La izquierda ignora lo que hace la derecha y viceversa…¡Buen momento para andarse con política…! Quiero bañarme desnudo en el pilón…¡Necesito un chupete urgentemente…! Primero he de rezar mis oraciones… “Yo soy el que soy…”, se ufanaba el Señor… Y yo, Leonardo Dantés a ratos libres…Yo sé, yo sé la manera de dar, de dar la lata a cualquiera…Y, de seguido, se repite muchas veces…

PRINCIPIO Y FIN DEL CAPÍTULO 11

Leonardo Dantés, en estado palpitante

 

LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO…

Capítulo 10

EL ALMUERZO VESTIDO DE BLANCO

Cuando mis acreditadas capacidades para el sobresalto parecían superadas ad sartrianan nauseam, todo remanente residual de equilibrio o cordura a nivel personal comenzó a descoyuntarse de repente en sus recónditos circuitos interiores.

 Sin previo aviso, cierta mañanita, un par impar de gabardinas con sombrero a lo polar francés, patibularios ellos, se presentaron en el despacho de abogados donde presto mis servicios mercenarios a cambio y cierro de dinero contante y mala vida.

 Tras una breve entrevista con el jefe, se me comunicó que debía acompañarlos sin derecho a preguntas o respuestas. D. Martín, pose inédita en él, al menos en presencia de empleados, se mostraba obsequiosamente lameculos con aquellos conspicuos representantes a domicilio del rastrero Mester de Esbirrería, cuyos nombres de pila- de pila de mierda pinchada en un palo  de golf-, René Lopezarena y Gualterio Olivares, sonaban a guerreros del antifaz y a palabras cruzadas.

-Ningún inconveniente en absoluto. El Sr. Monteagudo tiene, y él lo sabe, carta blanca a la hora de disponer de nuestro equipo y de su tiempo…- le escuché cloquear, gallináceo huevón, a Pirulicio-En cuanto a usted, Fermín, dispóngase a seguir a estos dos caballeros. Su jornada, a partir de ahora mismo, depende de su ponderado arbitrio. Queda bajo sus órdenes mayores y menores. No quiera defraudarme, Monzón, o tendrá que vérselas conmigo frente a frente…

Sorteado de los dos impresentables, uno por cada lado y del bracero, menuda lotería de navidad, abandoné la zona protegida, incapaz  de articular palabra, por la vergüenza ajena que me daba el verme así tratado en pública subasta.

Montado sobre la acera, un sedán negro de cristales tintados nos estaba aguardando con el motor en marcha. Fermín Monzón en vivo y en directo debía de ser el sustancioso botín de aquel atraco a golpe de sonrisa y reverencia.

Un híbrido de gorila y de mandril, macho dominante en la manada de la que yo había empezado a formar parte, se ocupaba de la rueda del timón, disfrazado de chófer de opereta. Enseguida se encargó de establecer los protocolos a seguir:

-Buen trabajo, muchachos. Misión cumplida. Aquí se despide el duelo: a descansar en paz, tras el deber cumplido. Al pajarito, me lo llevaré yo, si no os importa, a dar un revoloteo profiláctico porque se dé un buen despeje de alerones. René, Gualterio, un pequeño consejo: no os gastéis la paga en golosinas; guardad para mañana, que la vejez está llena de pejigas engorrosas…

Los aludidos desaparecieron del paisaje urbano mientras mi auriga abría la puerta del sedán y me empujaba dentro sin grandes ceremonias.

-Estate quietecito, chico afortunado, y no tendrás problemas de mareo…- me vaciló con vozarrón peliculero, tras ponerse al volante y enfilar calle abajo, saltándose semáforos y atropellando cebras del Serengueti a nuestro paso, piso, pero no aviso- Santo dónde te pondré, así es como te tratan: son órdenes de arriba, cruz y raya; no como a la otra tropa, créetelo, de carretera y manta … Te ponen chófer, te llevan y te traen… Eso es picar alto de cojones…

-¿Adónde vamos…?- fingí querer saber, conociendo de sobra la respuesta.

-Manzanas traigo de la abuelita Smith, verde botella.  Por cierto, o vete tú a saber si por mentira: puedes llamarme Osvaldo, uve sencilla, mientras dure el viaje de todos los demonios, y atenerte a la campechanía de las indoloras reglas del tuteo.

Sus ojos, reflejados por el retrovisor, inyectados de sangre, a lo Bela Lugosi en blanco y negro, poco hicieron por tranquilizarme el hipocondrio. Sacando fuerzas de flaqueza esquelética, me marqué una farola con borracho incluido.

-Monitorizado como estoy por las fuerzas de orden público, poco importa que lleguemos a extraviarnos, tras la puesta del Sol, y me pongo en lo peor, la víspera del Día de los Difuntos, en el Monte de las Ánimas Purgantes: localizarían nuestra exacta situación geográfica en cuestión de segundos…

-¿Permitirás, por una vez siquiera, a este humilde taxista accidental, disentir de tus agoreros asertos anteriores…? El escaneo al que has estado sometido mientras cruzabas las puertas del vehículo nos informa de todo lo contrario… Relájate y disfruta mientras puedas…¡Estos petites bourgeoisies de poca monta…! Por fuera, unos listillos; pero, por dentro, cardos borriqueros… Os cazan como moscas, con el step cambiado… ¿Sabes lo que te digo…? Te tendrás merecido todo lo que te ocurra o no te ocurra… ¡Principiantes, torpes aficionados…! Si no saben torear, ¿por qué se meten en camisas de once fuerzas…?

Suponiéndola una cuestión retórica, no quise contestarle y me sumí en un silencio huraño, a la espera de nuevas invectivas por su parte. No hubo que aguardar mucho…

-Conste que me caes bien, guapo de cara…¿Alguna otra cuestión que estés deseando plantearme, además de tu interés, fácilmente entendible, por el destino final de este trayecto, a lo cual no pienso responderte…? ¡Qué sé yo…! Encargarme un menú para esta madrugada, un derecho inherente al condenado a la pena capital, por ejemplo…-y el tal Osvaldo rompe a reír a grandes carcajadas, golpeando el volante con las dos manos libres, a compás tres por cuatro- ¡Es broma, es broma…! Me encanta el humor negro a lo Bill Cosby… Rostro Pálido no correr peligro, de momento…

-Lo dudo mucho, mientras no atiendas a conducir de acuerdo con el código vigente…- respondí, displicente-Pues sí, y a lo que vamos; una curiosidad me ha picado hace ya un trecho (por discreción, no especificaré el lugar exacto)… Evangelina Prego, ¿te suena a ti a ese nombre apellidado…?

Se rascó la cabeza y la pretina del pantalón al mismo tiempo, manos para qué os quiero, y el vehículo se puso a dar bandazos, pidiendo a gritos, conchabado conmigo, un piloto automático, salvador del desastre.

-En el parque automovilístico de la organización no se admiten mujeres conductoras… No queremos problemas del embrague…Descríbela un poquito, sin ahorrarte detalles escabrosos…¿Qué tal anda de grupas…? Me llamarás asqueroso machista reprimido; pero eso es en lo primero que me fijo en lo tocante a las hembras de mi especie… De las burras, me interesan las orejas parabrisas y que sepan matar moscas con  mi rabo…

-Evangelina Prego trastabilla los pies cuando camina… Algunos malnacidos, allá en el instituto de la enseñanza a medias, solían llamarle “Cucaracha”…

-Su majestad es coja… Ni un solo perogrullo que objetar, en tanto en cuanto no resulte ser manca lepanta, a diestra y a siniestra…¿Qué tal anda del 90-60 restante…?

-Palmo más, palmo menos… Galopa y corta el viento a su manera…¿Resuena o no resuena en tu cerebro su onomástica…? A lo mejor, de quitarte la gorra, resultarías más guapo, podrías elucubrar con mayor discernimiento y, en un paspís pispás, me hubieses resuelto ya  el arcano que te vengo  planteando a bocajarro; esto es: sin andarme por las putas de las ramas rameras…

-Repito: no estropees lo bien que me habías estado cayendo hasta el momento… Digo más: cuando vengan los míos- y ya están al caer-, iremos a necesitar tipos de tu valía y posibilidades. Toma, te paso mi tarjeta de visita, no la pierdas…- me alargó una, con aspecto incunable, de delante hacia atrás, con el sedán de nuevo haciendo virguerías por mantener derechos el rumbo y el tronío, a lo largo y lo ancho de aquella carretera secundaria por la que circulábamos, camino del infierno tan temido- Mandamás Monteagudo no debiera enterarse… No te fíes de él; sobre todo, de su equipo de pelotas saltarinas en derredor, bailándole las aguas, al radiador que más calienta. Te juegas tú las tuyas y prevenido quedas. Si es que aún las conservas justipreciadas y lustrosas, depiladas con láser, en número de dos, bien pegadas al culo, resulta imprescindible el no bajar la guardia… Mejor será que calle… Me estoy emocionando, Fermincín, hijo mío… ¡Cuándo vengan los nuestros, los tuyos y los míos…! No dejes de llamarme, de encontrarte en apuros: “¡A mí, el Osvaldo…!” A doña Cabra y al Sr. Cabrón, un servidor, puedes ponerle el cuño, abre y cierra los ojos, y nos tienes, un solo hombre cornudo, al lado que más convenga a tu perfil pictórico, un paso más allá del fotogénico… Sólo a los héroes clásicos- vienen para quedarse- los retratan al óleo de paleta…

A punto estuve, palabrita del Niño Fermín, de preguntarle a tan enfervorizado conductor, lo que sí y lo que no había estado tomando para desayunar  esa mañana. La voz del entendimiento me hizo ser muy comedido…(No le he puesto comillas porque todo el mundo sabe de dónde está tomado el chascarrillo culterano…)

Entre dares y tomares, habíamos salido ya de la ciudad y empinábamos cuesta hacia un ignoto punto filipino. En la parte trasera del sedán, se respiraba un calor insoportable.

-¿No te importa abrir las ventanillas o, en su defecto, pasarme la botella del oxígeno…?-pregunté a un Osvaldo correcaminos, cuya expresión, hasta entonces abierta hacia el diálogo de sordos, se había vuelto del todo inescrutable, a la par que torva y cejijunta.

-No ha lugar…- me respondió, lacónico, al tiempo que bajaba una palanca situada en el cuadro de mandos y las cortinillas del cristal de separación entre ambos comenzaban a correrse lentamente- Duerme y no ronques. Debo estar concentrado. La DGT vigila.  Un toque te daré cuando lleguemos…

Olía a rosas marchitas que tumbaba. Obedecí, sumiso, y me quedé traspuesto como un niño pequeño. Bebé a bordo y sin cartel de aviso en ventana trasera… Me lo estaba temiendo… Una ovejita negra, dos ovejitas negras, tres ovejitas negras…

-A ver si va a resultar que ya estoy muerto…- todavía tuve tiempo a preguntarme, antes de pasar a transitoria mejor vida, acurrucado en el asiento trasero, con los pulgares metidos en la boca, sujetos a succión alternativa, mucho más ruidosa que efectiva.

***

No soñé que nadie me llevase por una oscura vereda hacia el azul de los cielos, una mañana serena, que menuda machada. Si algo permaneció en mi disco duro fue una vaga sensación de haber vuelto al vientre de mi madre y que ésta, puesta en cuclillas, como para defecar, me paría sietemesino, en el transcurso un sangriento ballet para dos piernas, delirio a dúo de insoportables contracciones, en rítmica alternancia temporal con gritos espantosos y grotescas blasfemias, y total, para acabar arrojado, sin ni siquiera recibir una azotaina, al cubo de despojos malparidos.

-“¿Qué ha sido eso…? ¿Un niño o una niña…?”- preguntaba mi madre al equipo quirúrgico.

-“No acertó usted ni una, Frau Samsa…- respondióle la matrona al mando- Eso ha sido un insecto repugnante…”

-Pues devuélvamelo. Le llamaré Gregorio…

***

Me desperté- aunque solo fuera a tercias- en un pequeño cuarto tirolés con vistas a los Alpes austríacos cubiertos por la nieve y bungalows de luxe, con cartel de “se vende”. Treinta números correlativos, del 1 al 31, oficiaban de perrillos falderos a sus pies y a sus piernas. Tardé más de la cuenta en enterarme de que había estado contemplando un calendario, estratégicamente colocado en la semidesnuda pared frente a mi lecho del sopor, quién sabe si para tenerme mosqueado. Una única ventana daba a un prado y éste a una vaca sonriente “a mí me las den todas”, hierba que rumiar de cinco tenedores a su alcance. El mobiliario, sota, caballo y rey, recordaba en exceso, por minimalista, la recatada celda de un convento: una cama provista de correas y una silla es una silla es una silla, y paro de contar porque me toca. No había ropa a la vista ni calzado. El que sí estaba y reconocí en el primer cruce de miradas telepáticas, era Lucas Santini, con el que-recordará el lector seguramente- únicamente había tenido contacto telefónico y/o epistolar hasta aquel momento.

Se trataba de Santini por imperativo categórico, no lo dudé un momento. Gomina a dar el pego contra el pelo planchado y raya al medio, pulcritud rayana en la decoloración cutánea en exteriores, aromas de lavanda a troche y moche,  más un monóculo conquense a la derecha, constituían su tarjeta de visita. El que caminase a saltitos por la estancia, a modo de gorrión caído del nido, tampoco debería considerarse un cabo suelto. Era Santini; tampoco tenía pérdida…

-Dios mío, dios mío…¡Vamos a llegar tarde…! – chillaba el Conejo Blanco, en plan nenaza- ¡Vamos, chicarrón, vamos…! Levanta de una vez, perezosillo… ¿Pretendes que nos corten el prepucio…?

-¿Dónde estamos…? ¿Y por qué estoy desnudo…? ¿Puede saberse qué ha pasado con mi ropa…?- alcancé a preguntar, la tensión sube y baja por momentos.

-Te lo contaré por el camino. En el cuarto de baño, esa puerta de ahí, tienes los tiros largos preparados. Hoy tienes que vestir para las ocasiones. Quinto, levanta, no me pongas nervioso…

Sus ojillos, ansiosos, aguadaban mi salto de la cama culo al aire. Otro dato digno de mención: su acento porteño plateado por la Luna se había babelizado en andaluz a medio abrir, en el transcurso de unas pocas fechas desde nuestra última conversación, justo a calzón quitado, como ahora (y no me estoy a refiriendo a mi bajada general de pantalones ante su organización, sino a una popular expresión argentina).

Una vez puesto en pie, galvanizado por un súbito ataque de pudor, me las arreglé para evitar- tal era su intención, visto lo visto- que Santini acorralara mi cintura para ayúdame al cruce de la estancia, rumbo a unas abluciones no por tardías menos imprescindibles para llevar clarividencia a mis sentidos.

En un puro arrebol, rechacé de plano su ofrecimiento para el secado, mediante centrifugación manual, de mi espalda mojada. Santini, toalla en ristre, desaprobó mi decisión irrevocable, agitando, perro de bazar chino, diciendo sí pero no, no pero sí, con la cabeza.

Entiéndalo el lector: la evocación de mi reciente acoplamiento bajo la Srta. Rubio, amazona muy puesta en tales lides, no había logrado conseguir el visado para viajar al subconsciente sin billete de vuelta. Mi magdalena, bendito sea Proust, no estaba para nuevos tafetanes…

***

Ataviado de primera comunión, de blanco en punta estilo almirantazgo, lo que no quita para aparecer descalzo de pinreles, fui trasladado a una nueva estancia sin ventanas, situada un piso más abajo, amueblada a partir de dos únicas sillas frente a frente, con la discografía completa de Julio Iglesias como música de fondo (lo pude comprobar en la media hora larga que siguió), enclave dedicado- de eso estaba segura mi creciente aprensión-, al lavado y planchado de cerebros, pero sin embargo  antesala, según versión original  Santini, de un momento crucial para mi vida, pudiéndome yo dar con un canto en el pecho.

-Todos nosotros almorzamos a tres o´clock, juntos en amor y compañía, al socaire del gran salón comedor, tachonado por frescos de Ribera, bajo la paternal égida del no menos grande, libre y uno Sr. Víctor Monteagudo- continuó Santini la tabarra- Tendrás ocasión de comprobar en carne propia que la frugalidad más extrema podría llegar a equipararse a un refinado sibaritismo culinario y comerle las papas arrugadas. Nos alimentamos a base de algas, ¿sabes tú?… De media pirámide organizativa hacia arriba es norma de obligado cumplimiento. Las compramos en “El Corte Inglés”. No pongas esa cara, nadie va a envenenarte…

Con el apetito que estaba sintiendo en mis tripas mayores y menores, la perspectiva no resultaba demasiado halagüeña. Yo lo dejé correr, no estando para gaitas. Un lovecraftiano melón piel de sapo acababa de abrirse bajo mis pies descalzos, ¿habría caído en poder de una secta maldita y olvidada de hombres-peces, procedentes de los insondables abismos del Sistema, adoradores, en pleno siglo XX, de espantosos Dioses Primigenios (¿o serían Arquetípicos?), empezando por  Cthulu, pasando por Athathot, para acabar de cagarla con Nyarlathotep (por no hablar de Cristiano Ronaldo, de estar situada la acción de esta apasionante aventura en la más rabiosa actualidad, que no es el caso)…?

La solución- no tenemos remedio-, en el próximo capítulo…

(PRINCIPIO Y FIN DEL CAPÍTULO 10)

Santini.- No sé yo… no sé yo si alguien no está a punto de meterse en un buen lío…