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El Casting

EL CASTING

ROMANCE DE GRANA Y PLOMO

ESCENA 1

[Dormitorio en una residencia para ancianos con posibles. ENRIQUE, inquilino con aspecto manifiestamente mejorable, agazapado tras una mesa camilla, finge entretenerse haciendo un interminable solitario. Llaman a la puerta y entra, uniformada, FLORA, incluso más joven de lo que aparenta, de sonrisa impostada y tonillo entre la ternura zangolotina y una profesionalidad que no le corresponde todavía]

FLORA.- Con permiso… Buenas tardes, don Enrique… A ver, a ver, que yo me entere: se asegura en círculos generalmente bien informados de la Casa que se viene usted negando, erre que erre, a abandonar su habitación a todos los efectos, a no ser ensabanado, dentro de una caja de madera, con los pies por delante… Así de crudo me lo están pintando… Vengo a que me lo explique, en el caso de que no desmienta semejantes rumores funerarios…

ENRIQUE.- (Sigue con su solitario mientras habla) El papel de esquirol no favorece a una chica tan encantadora como tú, ¿lo sabías…? Cambia de bando y luego ya hablaremos tête a tête…

FLORA.- A las órdenes de usted, mi comandante… Venga, en serio… Huelga de hambre más huelga de limpieza en el dormitorio, ¿adónde lleva eso…? ¿Qué opina su familia…? ¿Qué van a pensar de nosotros…?

ENRIQUE.- Todos muertos y enterrados. Sólo falto yo; por lo tanto, no opinan… Voto en blanco…

FLORA.- ¿Quiere que le enviemos una auxiliar que le ayude a asearse y ponerse decente…?

ENRIQUE.- Para tales menesteres, me las arreglo solo… ¿Piensa acaso el Sr. Director que me he quedado paralítico…?

FLORA.- Ni por asomo… Los cambios de estación se presentan así de traicioneros… Ande, sea bueno… No emborrone un expediente como el suyo, lleno de florituras acerca de su persona…

ENRIQUE.- ¿De verdad es para tanto…? ¿Por qué no me regalas los oídos, poniéndome al corriente…?

FLORA.- Confidencialidad garantizada… Material reservado… En todo, caso, puedo ponerle nota, sin que sirva de precedente: un notable muy alto…

ENRIQUE.- Apurar, cielos, pretendo… Esperaba merecer sobresaliente…

FLORA.- A punto estuvo; no lo vaya a estropear ahora con terquedades fuera del tiesto… Llegado es caso, no dude en desahogarse conmigo… Porque no le caigo del todo mal, ¿o me equivoco…?

ENRIQUE.- Pleno al quince, la niña bonita…

FLORA.- Según se mire; a esa edad, todavía no se tienen los pies en el suelo…

ENRIQUE.- A partir de los setenta, los pies se tienen al borde de la tumba…

FLORA.- Eso era antes… Además, en su historia clínica no aparecen grandes cataclismos… Algún que otro achaque aquí y allá: no todos pueden, mejor dicho: podemos, presumir de lo mismo…

ENRIQUE.- ¿Alguien se ha quejado…?

FLORA.- A alegrar esa cara entonces…

ENRIQUE.- (Abandona el solitario y se pone en pie, tras notable esfuerzo) Querida niña: no me encuentro en disposición de seguir escuchando tus sabios consejos… Te acompaño hasta la puerta y tan amigos… (Hace un intento de dirigirse hacia la puerta)

FLORA.- Huele fatal, si se me permite la franqueza… El olor corporal es lo que tiene: borra de un plumazo cualquier impresión previa favorable… Déjese aconsejar, que yo lo quiero bien… Una buena planta como la suya no merece semejante estado de abandono… De no tener novio formal, a ver quién me iba a quitarme a mí de tirarle los tejos… Vuelva a sentarse, ande… La fatiga no es buena consejera: lo distorsiona todo… (Enrique obedece y Flora se sienta frente a él) Y ahora me va a contar lo que le ocurre.

ENRIQUE.- Háblame de tu novio…

FLORA.- Se llama Iván, treinta y pocos, vigilante nocturno, cacereño, tirando a silencioso… Buena gente; al menos, de momento… Supongo que le atrajo de mí el que no sepa estar callada más de cinco minutos… No tiene que molestarse en decir nada… Nunca… Llevo una foto suya en la cartera… (Se la muestra)

ENRIQUE.- Muy apuesto…¿Y lo que te atrajo de él, aparte de su físico…?

FLORA.- Bravo, Mr. Holmes… Ha dado en el clavo… Aparte de un pedazo de hombre, mi Iván, a menudo, se las arregla para resultar desconcertante en sus reacciones… Nunca sabes en lo que estará pensando… si es que lo está haciendo…

ENRIQUE.- Lo cual, a la hora de la verdad bajo las sábanas, apenas puede calificarse de posible inconveniente…

FLORA.- ¿Por qué tanta dureza a la hora de juzgarme, don Enrique…? De los hombres me interesan otras cosas, además de su físico…

ENRIQUE.- No te estaba juzgando. Tú novio sólo puede despertar en mí la envidia: apenas pienso ya; incapaz de elaborar nuevas ideas, me limito a repetir viejos esquemas… En cuanto a dolencias, físicas o morales, no todo aparece reflejado en mi expediente… ¿Acaso podría llegar a interesarle a alguien un caso como el mío…?

FLORA.- Rosa, mi mejor amiga, sale con una pareja que la dobla en edad y no la oigo quejarse en ningún terreno…

ENRIQUE.- Yo triplico la tuya, para el caso…

FLORA.- Va a resultar que me tiran los tejos…Y una sin enterarse… Me pondré colorada…

ENRIQUE.- Si uno no se halla en condiciones de compartir una pasión más grande que la vida, ¿quieres decirme que pinta en este mundo…?

FLORA.- Sinceramente, a veces me parece que sobrevaloramos el amor… Tampoco es para tanto…

ENRIQUE.- Donde esté un solitario a la primera… O un crucigrama al estilo inglés… Escúchame un momento, por favor… He conocido el amor en otro tiempo… Mi ficha te lo habrá dejado claro: “Estado civil: viudo”. Un conductor borracho y una recta de la muerte: fin de la historia. No hay de qué preocuparse… Con el amor ocurre como aprender a montar en bicicleta: una vez cogido el tranquillo, no se te olvida nunca… Por desgracia…

FLORA.- Más a mi favor… ¿Por qué renunciar a enamorarse, señor mío…?

ENRIQUE.- Elemental, querida Watson: a ciertas edades, en el mejor de los casos, te ves obligado a renunciar a la belleza… A no ser,claro, pasando por taquilla…

FLORA.- Ya entendí, don Enrique: “Caballero de buen ver, busca jovencitas desinhibidas para amistad sincera. Abuelas, abstenerse”.

ENRIQUE.- Si quieres enfocarlo de ese modo…

FLORA.- Las relaciones con las aspirantes de su quinta quedan, a priori, descartadas…

ENRIQUE.- Por supuesto… Si un viejo no vale para ti, yo tampoco me conformo con un cuerpo en ruinas al que abrazar con las luces apagadas… Resignarse a mirar por la ventana para luego aliviarse, francamente, me resulta patético…

FLORA.- No entremos en detalles escabrosas, si es posible… Pero preste atención, porque lo que voy a decir seguro le interesa… Iván, al despertarse por la mañana y en horas sucesivas, tampoco resulta demasiado atractivo… Les sucede a los hombres en general, me temo… En cuanto a usted, rodeado de esa nube de pesimismo misterioso… por fuerza tiene que dejar a cualquier mujer con deseos de profundizar en el enigma que se esconde tras su comportamiento…

ENRIQUE.- Es bien sencillo: me fastidia ser viejo… ¿No has oído hablar de las esfinges sin secreto…?

FLORA.- Se me ocurre una idea… Vamos a hacer un casting… ¿Le parece…? Iván, campeón de los pesos pesados, contra Enrique el Pesimista, combate acerca del encanto masculino a un solo asalto… Hagan sus apuestas… Mañana mismo, si usted me da permiso, procedo a presentárselo con cualquier disculpa. Es un “manitas” con los teléfonos móviles; el suyo ha empezado a hacer cosas extrañas y necesita que alguien ponga las cosas en su sitio… Hará lo que le pida, estoy segura… Y usted, también: pasado por agua y jabón, con una muda limpia y la mejor de las sonrisas: así es como lo quiero verlo mañana por la tarde… ¿Qué responde…?

ENRIQUE.- Sea; por no discutir… Te he dejado ganar, haciendo trampas.

FLORA.- Le mandaré un whatsapp para que se vaya haciendo a la idea… Es un poco lento; pero al final, acaba siempre por ponerse en situación…

ENRIQUE.- Y, sobre todo este ajetreo de puertas que se abren y entran novios escasos de mollera pero sobrados de testosterona, ¿has informado ya a tus superiores…?

FLORA.- ¡No haga preguntas tontas, don Enrique! El asunto, llamémosle terapia de autoestima, se va a quedar entre usted y yo, guardado bajo llave. Trato de demostrarle que su encanto otoñal…

ENRIQUE.-… Invernal, querrás decir…

FLORA.- No me interrumpa… Su encanto, le decía, nada tiene que envidiar a un montón de músculos sin el aplomo que proporciona la experiencia…

ENRIQUE.- Y, de ganar la prueba del ingenio, tras ser declarado campeón, ¿qué sucedería con nosotros tres…?

FLORA.- Quedaría demostrada mi teoría… El amor no tiene edad, lo cual significa que no hay motivos para la melancolía; al menos, en su caso…

ENRIQUE.- Se trata pues de un divertimento inofensivo, sin nadie que resulte lastimado…

FLORA.- Por supuesto… Creí que había quedado claro…Y ahora, a la ducha…

ENRIQUE.- Mi reino por una pastilla de jabón y una toalla…

FIN DE LA ESCENA PRIMERA

 

 

Maternidad con Niño

MATERNIDAD CON NIÑO

AGUAFUERTE EN TRES TIEMPOS

ESCENA PRIMERA: EL DESAYUNO

[Una cocina no todo lo ordenada que debiera. ANTOINE, un adulto con rasgos infantiles, en camiseta y calzoncillos, desmigaja un panecillo sobre un humeante tazón de leche, bajo la atenta mirada de su madre, ANDREA]

ANTOINE.-…Y no hace más que preguntar y preguntar, poniéndome nervioso… ¿Qué le importará a ella lo que sueño o dejo se soñar…?

ANDREA.- Pretende averiguar qué clase de pájaros te andan rondando la cabeza… Venga, no te eternices: llegaremos tarde otra vez, con el coraje que me da que me llamen la atención, como si fuese mía la culpa…

ANTOINE.- A veces sueño que estoy flotando entre las nubes y me despierto por culpa del ruido que hacen unos hierros al caerse… Nunca se lo he contado…

ANDREA.- Pues has hecho muy mal… ¿Tomaste las pastillas…?

ANTOINE.- Siempre me andas vigilando… Sí, ya me las he tragado: tres; dos blancas y una de colorines… ¿Por qué te preocupas tanto…?

ANDREA.- Te pondrás triste si dejas de tomarlas…

ANTOINE.- ¡No me riñas…!

ANDREA.- Pareces bobo… Me limito a avisarte de muy buenas maneras…

ANTOINE.- ¿Sabes qué…?

ANDREA.- ¿Qué debo saber, según tú…?

ANTOINE.- Me parece que estás harta de mí y que no me soportas…

ANDREA.- Deja de decir tonterías y acaba el desayuno, por favor…

ANTOINE.- Tú también te atiborras de pastillas… Te he visto hacerlo… ¿Por qué ibas a estar triste…? ¿Es por mí…? Pues lo siento muchísimo… No haberme traído al mundo…

ANDREA.- Tarde, mal y a rastro… ¿Tendré yo que darte el desayuno a cucharadas…?

ANTOINE.- Con el resto de la gente tú no hablas así…

NADREA.- Y aún nos queda asearnos y vestirnos de manera decente… ¿O es que piensas salir a la calle en paños menores…? Capaz te creo…

ANTOINE.- ¿Me estoy portando mal…?

ANDREA.- Dios me dé paciencia contigo… (Le quita el tazón y lo arroja al fregadero) Ya te estás levantando y poniéndote en marcha hacia el cuarto de baño… Ducha completa, nada de quitarse las legañas vía lavabo, porque nos conocemos…

ANTOINE.- (Quieto en su asiento) No había terminado…

ANDREA.- Llegará el día en que no me lleves la contraria…

ANTOINE.- A lo mejor preferirías que ya estuviese muerto, como el perro aquel que me compraste y se hacía caca en todas partes…

ANDREA.- ¿Aún sigues ahí, sin levantar el culo, Antoine…?

ANTOINE.- Cuando yo apenas había comenzado a ir a la escuela, se lo secreteabas a aquella amiga tuya, Paula… Sería mejor que el Señor se acordase de mí, te decía ella. Y tú le contestaste: “Dios te oiga…” Pero Dios no escuchó: todavía sigo aquí, mal que os pese a las dos…

ANDREA.- Sabes que eso no es cierto… Miles de veces te lo llevo explicado: no hablábamos de ti, sencillamente…

ANTOINE.- A lo mejor, no; pero no estoy convencido del todo…

ANDREA.- Muchas gracias… Y ahora, ponte en pie, Antoñito,  no lo hagas más difícil…

ANTOINE.- Soy más alto que tú. Muchísimo más fuerte… Debería ser el jefe…

ANDREA.- Cuento tres… Una… Dos…

ANTOINE.- (Se pone en pie) Vieja bruja… Si papá estuviera aquí, no te atreverías a avasallarme de ese modo…

ANDREA.- Pobrecito mi nene, mi cachorrito…¡Qué dura soy con él…!  Tu padre podría haber estado aquí; solo que prefirió poner tierra por medio… Y ahora, raudo al cuarto de baño, que ya estás tardando…

ANTOINE.- Él me llamaba Antoine. Tú me llamas Antonio o Antoñito… Prifiero ser francés y no estar a tus órdenes…

ANDREA.- La próxima vez que te lo encuentres, le pides que te lleve consigo… Ha vivido en París estos últimos años… Menuda suerte… Oh, lalá… Ni siquiera se acuerda de nosotros… Las facturas de tus tratamientos, ¿te has preguntado alguna vez a cuánto ascienden y quién las paga, sin abrir la boca…?

ANTOINE.- Reclámaselo a él…

ANDREA.- Suponiendo que esté vivo todavía…

ANTOINE.- Seguro que sí… Hablo con mi padre casi todos los días… Le hablo en español, porque francés no sé; bueno, un poquito… Puede que no me entienda…

ANDREA.- Perfectamente… ¿Vas a quedarte quieto ahí, de pasmarote…?

ANTOINE.- Otra pregunta más y te dejo que mandes… ¿Yo he salido a él…? ¿Él tomaba pastillas…?

ANDREA.- Intentaba curarse a base de alcohol y otras sustancias, no te preocupes, hijo… Sabía cuidarse solo…

ANTOINE.- Entonces yo tampoco tomaré pastillas a partir de ahora… Me llenan de niebla la cabeza… Me entra el sueño, de pronto… No puedo pensar con claridad… Siento como si me estuviera encogiendo por dentro…

 ANDREA.- Por eso hemos de acudir a la doctora y explicárselo…

ANTOINE.- No quiero… No me da la gana…

ANDREA.- Tienes que querer, lo siento… Te compraré un videojuego nuevo para la dichosa maquinita, si no das más la lata y te arreglas en cinco minutos, ni uno más ni uno menos… ¿De acuerdo, colegui…? Venga, empiezo a contar… (Antoine sale escopetado hacia el cuarto de baño) ¡Y corre la cortina de la ducha, no lo vayas a poner todo perdido…!  (Andrea respira hondo y avanza hacia el centro de la escena para hablarse a sí misma) Ni se te ocurra quejarte de cansancio… Si te duele la espalda, pues te aguantas, te haces dar un masaje o marchas a un spa de vacaciones… No te imagino viviendo sin tu hijo… ¿Quieres venirte abajo…? Tarde te acuerdas de reclamar al mundo…

ANTOINE.- (Asomando la cabeza) Mamá, o me pones la toalla de los dinosaurios o no pienso ducharme: estoy hablando en serio…

ANDREA.- ¿Has mirado en la alacena…?

ANTOINE.- ¿En la alacena…? ¿En qué alacena…?

ANDREA.- La única que hay.

ANTOINE.- (Vuelve a entrar en escena, con un albornoz) Anda, mami, ven conmigo… Me gusta que me frotes la espalda…

ANDREA.- No empecemos…

ANTOINE.- Hala, ya has vuelto a enfurruñarte…Nunca juegas conmigo…

ANDREA.- Tienes edad de sobra para bañarte solo, sin estar yo delante, contemplándote… ¿No te da vergüenza que te vean en cueros…?

ANTOINE.- Ninguna: eres mi madre…

ANDREA.- Agotas mi paciencia… Está bien, vamos… Pero es la última vez…

ANTOINE.- ¡Tres hurras por mi mami…!

ANDREA.- ¿De verdad no lo entiendes…?

ANTOINE.- ¿El qué…?

ANDREA.- Existen límites que no deben ser traspasados…

ANTOINE.- Búscame una novia…

ANDREA.- Tú no tienes la culpa… Es solo mía… Vamos, no perdamos más tiempo…

(Salen. Oscuro)

ESCENA SEGUNDA: EL ALMUERZO

[Mismo escenario. Madre e hijo, embutido en un chandal que le queda pequeño, sentados frente a frente, proceden a dar cuenta del almuerzo. La tensión entre ellos  resulta más que evidente]

ANTOINE.- ¡No me gusta…!

ANDREA.- Te aguantas…

ANTOINE.- Sabes de sobra que el puré de legumbres es la cosa que más odio en este mundo… ¡Qué asco…! Aggg… Creo que voy a vomitar…

ANDREA.- Lo que faltaba… Si no piensas tomarte tu puré, será mejor que abandones la mesa y te vayas a tu cuarto…

ANTOINE.- Hamburguesa sí que quiero… Muchas patatas fritas… y ketchup… Ñam-Ñam-Ñam… Se me hace la boca agua…

ANDREA.- Olvídate de la hamburguesa…

ANTOINE.- No puedes obligarme… ¡Será bruja…!

ANDREA.- Repite eso…

ANTOINE.- No me acuerdo de lo que te he dicho… ¿Por qué se lo contaste a la doctora…? Lo estabas deseando… Luego no quieres que te llame bruja… Cosas peores mereces… Te he hecho una pregunta… ¿Necesitaba ella saber que tú te metes conmigo en la bañera…? (Cada vez más violento) ¿Lo necesitaba? ¿Lo necesitaba…? ¡No lo necesitaba; pero tú disfrutabas contándoselo, palabra por palabra, sin omitir detalle…! Lo sabes explicar de puta madre… De madre puta que no sabe mantener la lengua quieta…Y esto, por bocazas… (Se pone en pie y tira la comida por el suelo)

ANDREA.- (Sigue comiendo) Todo lo que tires, vas a tener que recogerlo luego… Son las normas, ¿recuerdas…? En cuanto a tu pregunta, paso a responderte a vuelta de correo: lo he hecho por tu bien y por el mío. Me tienes harta, Antonio. Puede que me haya equivocado al echar sobre mis hombros el sacarte adelante sin ayuda. Esto se va a acabar antes de lo que piensas…

ANTOINE.- Blablablá, blablablá, blablablá… No mandas más en mí… (Le arrebata el plato y lo estrella contra el suelo) ¿Qué respondes a eso, zorra…? Empieza a tomar nota: se acabaron las órdenes, el “yo digo/ yo mando”… A partir de ya mismo, vas a hacer lo que te diga, porque yo, Antoine, soy el hombre de la casa, con un par de cojones y lo que haga falta…

ANDREA.- ¿Cuánto llevas sin tomar el tratamiento…? (Se levanta y revuelve en un cajón) ¿Dónde están tus pastillas…?

ANTOINE.- Las he tirado en el contenedor amarillo…

ANDREA.- ¿Serías tan amable de explicarme los motivos que te empujaron a hacerlo…?

ANTOINE.- Miles de veces te lo tengo aclarado: pretendo ser yo, yo, yo… Y no un niño dormido, de un lado para otro, como un mono de circo, y tú, mi domadora, a toque de corneta: “A ver, Antonio, dame la patita…”, para, al final, recibir de recompensa un terrón de azúcar, una colleja cómplice, un plátano canario…

ANDREA.- Eres el ser que más amo en este mundo, Antoñito… Daría mi vida por ti; pero a esto, lo siento, lo siento de verdad, ya no se le puede llamar vida…

ANTOINE.- Ohhh… ¡Qué emocionante, cuán conmovedor…! Si me quisieras tanto, no permitirías a la doctora tratarme como a un retrasado, un tarado, una especie de monstruo con las garras cortadas… Tú misma me habías asegurado tantas veces que era como los demás niños que acabé por creérmelo… Pero ellos son libres y yo no, que vivo con mi madre, mi madrastra, y seguiré viviendo, al parecer, hasta que uno de los dos reviente por hartazgo del otro… Esa es la diferencia con los otros chicos… ¿Te ha quedado aclarado…?

ANDREA.- Recoge todo eso, por favor… Espero no volver a repetirlo… Voy a salir, no tengo más remedio… Cuando regrese, espero verlo todo limpio, colocado en su sitio… Me pedirás perdón, te lo concederé, y entonces te llevarás una sorpresa…

ANTOINE.- ¿Grande, pequeña, mediana…?

ANDREA.- Lo guardaré en secreto, de momento…

ANTOINE.- ¿Te he dicho cosas feas…? Gritar, sí te he gritado… Me duele la garganta a causa del esfuerzo… Te he hecho sufrir…

ANDREA.- No mucho más que en ocasiones anteriores…

ANTOINE.- Fue sin querer… Te dejo que me llames “niño malo”…

ANDREA.- El niño bueno se pondrá un delantal, se agachará, recogerá todo ese maremágnum y, tras trasladarlo al fregadero, se quitará el mandil y se irá a echar la reparadora siesta… Cuando tú te despiertes, estaré de regreso… Estás de suerte: te dejo elegir peli… Pero que no sean de guerra, por favor; ni de asesinatos… Es una lástima que no te gusten las comedias…

ANTOINE.- A sus órdenes, mi capitán… Escucho y obedezco… Me pido, me pido… ¡”El Señor de los Anillos”…!

ANDREA.-¡Pero si la hemos visto ya miles de veces…!

ANTOINE.- Me da igual… Me la estoy aprendiendo de memoria… Y no te vayas a echar atrás ahora…

ANDREA.- Acabará por dolerme la cabeza… Enseguida vuelvo, cariño… (Comienza el mutis)

ANTOINE.- Oye, espera un momento, alto el fuego… ¿Adónde vas…? ¡Verás qué listo soy y lo adivino: a ver a la doctora y acusarme de someterte a malos tratos… Papá tenía razón: menuda mentirosa compulsiva… De aquí no se va nadie hasta que yo lo diga…

ANDREA.- (Intentando apartarlo) ¡Déjame pasar…!

ANTOINE.- (Le propina dos secas bofetadas)… Estarás satisfecha: has logrado que pierda los papeles… Y ahora, ponte a recoger ese desastre… Vamos, ¿a qué estás esperando…?

ANDREA.- (Se rehace lo mejor que puede) Es la primera vez que me levantas la mano, hijo. Estás fuerte. De algo iban a servir tantas horas de gimnasio… Te felicito. Y ahora, échate a un lado porque voy a salir… ¿No me has oído…?

ANTOINE.- Con una condición: que no te olvides de traerme la sorpresa… Las sorpresas, mejor dicho…

ANDREA.- Cuenta con ello… (Inicia de nuevo el mutis)

ANTOINE.- No te irás a marchar sin darme un beso…

ANDREA.- Por supuesto… (Lo besa)

ANTOINE.- ¿Sabes qué más, mamá…? A veces hago cosas que no debo; pero es como si estuviésemos jugando… No es de verdad-verdad: y tú y yo lo sabemos… Ahora me das tú dos bofetones y quedamos en paz, ¿no te parece…?

 ANDREA.- Te daré  cuatro si no te metes en faena inmediatamente…

ANTOINE.- ¡Está bien…Está bien…! ¡Qué manía te ha entrado con las tareas domésticas…! (Se pone a recoger, sin demasiado entusiasmo)

ANDREA.- Eso está mejor… Vuelvo enseguida… Mantén el móvil conectado, por favor… (Sale)

[Antoine, al oír el golpe de la puerta, corre a la ventana y vigila el camino]

ANTOINE.- Sal de una vez, mira que eres pesada… Me va a doler el cuello de tanto estirarlo por enterarme del camino que escoges al dejar el portal… Barco pirata a la vista… Se marcha calle abajo… Está llamando a un taxi… Maldita sea, ¿qué se traerá entre manos…? Sí, ya lo sé, papá: pegarle a una madre es el peor pecado de todos: un sacrilegio con nocturnidad y alevosía, por el cual, cuando me muera, voy a irme derechito al infierno… Pero tú bien que le zurrabas a mamá; yo me acuerdo, no te atrevas a negarlo… Deberías ayudarme a poner orden…De hombre a hombre, confiésame una cosa: ¿de quién fue la culpa de que nos abandonaras…? ¿Suya, mía…? Si me deshago de ella, quizás podríamos intentarlo… ¿Por qué no me hablas…? La doctora se empeña en que yo escucho voces… Procedentes de la radio, en todo caso… Soy normal, como tú, como el abuelo… Hagamos un trato: me libro de ataduras y nos marchamos juntos a recorrer el mundo… ¿Me llevarás a una casa de putas…? Ya soy mayor de edad; y sin embargo,  nunca he estado a solas con una chica, ni sé cómo hay que hablarles para que… Tú ya me entiendes… Una puta es distinto; y una madre, también, solo que vieja, y arrugada… Maldita sea, di algo…  Estoy empezando a ponerme nervioso otra vez… Hace días que no tomo el tratamiento… Haz que se mueva algo, por lo menos: un poltergeist… Esta silla… Tampoco es pedir tanto (La saca de su sitio y la coloca en el centro de la escena) Vamos, ¿a qué estás esperando…? Manifiéstate, ¿no se dice así…?  Va a resultar que mamá lleva razón: tú no existes; pero yo te estoy hablando todo el rato… Prueba a abrazarme: sentiré tu calor y sabré que no permitirás que me suceda nada malo… ¿Cuántas veces tendré que repetírtelo, joder…? No seas cabrón, papá, o pensaré que te has pasado al enemigo…  La silla no se mueve y yo aquí, aguardando como un tonto de baba… (Coge la silla y la arroja contra el suelo) ¿Es esto lo que has estado buscando…? Soy capaz de hacer cosas horribles que ni te imaginas… ¿Cómo cuales…? Espera a que esa bruja regrese y ya verás… ¡Yo soy Nur, el Invencible, el guerrero que aterra y que mata…! Y ahora, déjame en paz o no acabaré nunca de poner orden en este vertedero de basura… Nada de delantales: que se los ponga ella…

ESCENA TERCERA: LA ÚLTIMA CENA

[En el lugar de siempre, madre e hijo están dando cuenta de la cena ]

ANTOINE.- ¿Por qué me estás mirando…?

ANDREA.- Me acordaba de lo precioso que eras cuando recién nacido… Luego creciste y…

ANTOINE.- …y todavía resultaba más guapo…

ANDREA.- Naturalmente, claro, desde luego… Aquellos ojos tuyos, tan grandes, tan oscuros, y siempre pensativos, cuando no inquisidores… Me preguntaba en qué estaría pensando una criatura de tan solo dos años… ¡Siempre lejos de todo y de todos…! Y , de pronto, rompías a reír y entonces te transformabas en la niño alegre y feliz que tu padre y yo esperábamos… Bastaba con fijarse en tu mirada…

ANTOINE.- ¿Por qué no me sacastéis fotos como hacen el resto de los padres…?

ANDREA.- Tú las quemaste, desde la primera hasta la última… No vayas a tomártelo como un tardío reproche… Se trató de un accidente estúpido… Jugabas con el mechero de tu padre… ¿Para qué recordarlo…?

ANTOINE.- ¿Estás segura de que no fuiste tú quién prendió fuego a todos aquellos álbumes para librarte de las fotografías de papá, al que odiabas tanto por haberte abandonado, dejándome a tu cargo…?

ANDREA.-(Cambiando de conversación) Esta noche vas a dormir muy bien, ya lo verás. Unas pastillas nuevas, sabor lima-limón, efervescentes, de las que hacen burbujas. Las he conseguido en la farmacia. Quedaban pocas porque las anuncian por la tele…

ANTOINE.- Tómatelas tú. Así no tendré que oír cómo lloriqueas por las noches…

ANDREA.- ¿Llorar tu madre…? ¡No digas tonterías…! Escucharías lamentarse a un cocodrilo… Solo faltaba que te dedicaras a espiarme: el colmo de los colmos, vamos… Para mí, hace años que se acabaron las lágrimas, muchacho… Por lo tanto, mientes como un bellaco… Así que te he pillado y habrás de pagar prenda… Beberte sin chistar el preparado, cerrar los ojos y soñar con princesas encantadas…

ANTOINE.- Quien debe ahora cerrar los ojos eres tú… Te he preparado una sorpresa para la hora de la cena… Espera un momento… Vuelvo enseguida… No los abras: tengo instaladas cámaras ocultas por todos los rincones de la casa… (Sale)

ANDREA.- Cuento hasta diez… Uno, dos, tres, cuatro… (Entra Antoine con una abultada bolsa de viaje)

ANTOINE.- Adivina, adivinanza… ¿Qué piensa hacer mañana el más querido de tus hijos, por no decir el único…?

ANDREA.- Si no me das más pistas…

ANTOINE.-Tatatachín, tatatachín… Voy a… emanciparme… Eso es: emanciparme… La república independiente de Antoñito Dobarro… Me marcho; pero prefiero no especificarte las razones… Eres lista de más… Seguro lo comprendes y sacas las conclusiones oportunas…

ANDREA.- Se trata de una pesada broma de las tuyas, quiero suponer… No me tengas en vilo mucho rato… Es hora de acostarse…

ANTOINE.- Me marcho a París, a vivir con papá… Ya le tocaba encargarse de mí y él lo está deseando… Le he explicado que… No le he explicado nada: no hizo falta…

ANDREA.- ¿Cómo piensas llegar hasta allí…? ¿Autobús, ferrocarril, vía aérea quizás…? Cuidado con las huelgas o te verás durmiendo sobre un banco en una terminal del aeropuerto…

ANTOINE.- Hemos quedado citados en un lugar alto secreto. Pasará a recogerme… En cuanto al medio de transporte, que lo decida él: yo me acomodo fácil… Ah, lo siento, mamá: el armario de mi dormitorio ha quedado un tanto patas arriba, después de localizar lo que pienso llevar para el viaje… Una muda, una camisa limpia, calcetines… Luego allí, ya nos arreglaremos…

ANDREA.- Me rindo, ea… ¿A qué estamos jugando…?

ANTOINE.- Deja de dirigirte a mí como si estuviera alucinando o poco menos… Soy libre, mayor de edad, y un futuro brillante al alcance de la mano… No contabas con eso, ¿verdad? Se te nota en la cara de pajarraco torvo que se te ha ido poniendo… Mientras dependa de ti, tienes disculpa para explotar al prójimo, haciéndote la víctima… Tiempos de vacas flacas para ti… Todos se darán cuenta de la clase de madre que tú eres… Yo prefiero a mi padre y también te abandono: te las arreglarás, sin mí, estoy seguro. Y si no, la doctora sabrá qué recetarte…

ANDREA.- ¡Citado con tu padre…! El fantasma de tu padre querrás decir, pequeño Hamlet… Deja, no me hagas caso… Todos somos fantasmas de nosotros mismos, intentando asustarnos los unos a los otros… Acabo de decidirlo: haz lo que quieras, yo no pienso oponerme. No hay pastillas que tomar esta noche, al menos en tu caso.  Puede que tengas suerte. Después de todo, no se te nota tanto… Cuando amanezca, sabrás a qué atenerte…

ANTOINE.- Así me gusta verte: puesta en razón, jugando en mi equipo y a por todas. Ni te imaginas de la que te has librado… Te había estado preparando, a modo de despedida, un correctivo que te sirviese de escarmiento… Te ahorraré los detalles, son un poco macabros… Lo he buscado en el móvil… Auténtica pasada…

ANDREA.- Déjalo, no hace falta… Creo que me iré a la cama…

ANTOINE.- ¿Antes de hacer la digestión…? ¿No dices que no es bueno…? Según tú, se tienen pesadillas…

ANDREA.- Llevas razón, cariño… Se deben evitar las pesadillas. “Las yeguas de la noche”, las llaman los ingleses… Anda, cuéntame tus futuras andanzas parisinas: estoy deseando oírlas…

ANTOINE.- Pues verás…  Tirarme en parapente desde la Torre Eiffel, instalar papá y yo una tienda de campaña al pie mismo del Arco del Triunfo y preparar el desayuno en la hoguerita aquella que está ardiendo todo el tiempo; por las noches… Tápate los oídos, tú no debes oír esto… Pigalle… Follies Bergere… Beso francés… Vulevú cuché avec mua, mademoiselle?… No pienso usar condones… No seré mua quien pueda quedarse embarazado…

ANDREA.- Se me ocurre una idea… ¿Y si me voy contigo…? Estudié francés en el bachillerato. Podría serte de ayuda…

ANTOINE.- Irse a París con mamá de carabina… ¡No sabes lo que dices…! Además, a papá le íbamos a dar un gran disgusto… Está deseando recobrar tantos años perdidos: él y yo, formando piña, una moneda con dos caras iguales…

ANDREA.- Tienes razón, perdona… (Aparte) ¿Qué derecho me arrogo para seguir ocultándole la cruda realidad de nuestras vidas…? Tendrá que enfrentarse a ello alguna vez… Es la mejor lección que puedo darle… (Cambia de tono) Pues entonces, adiós, Antoine… Tendré que llamarte así a partir de ahora… (Le da un ligero abrazo y sigue su camino).

ANTOINE.- Hasta mañana, mami… (Mira alrededor para asegurarse de estar solo) Hasta mañana, no… No creas que vas a librarte de mí tan fácilmente… Puedes entrar, papá: lo tengo todo preparado… (Coge la bolsa de viaje y la coloca encima de la mesa. Empieza a hurgar en ella. Se escuchan, fuerte, ruidos de metales).

FIN DE “MATERNIDAD CON NIÑO”

 

Nacida casi un cuarto de siglo después de “Cero en Conducta” (Jean Vigo, 1933) y veinte años antes de “If…”, de Lindsay Anderson, “¡Es Grande Ser Joven!” llenó mi infancia de corcheas y (con)fusas ensoñaciones de armar una muy gorda si no frente al medio, a un cuarto y mitad, menos utópico.

El primer Mr. Belvedere fotogramero que yo conocí- hubo otros antes y después de él, en homenaje al personaje de Clifton Webb en “Niñera Moderna” (Walter lang, 1948), que no todo iban a ser “Lauras” en su vida-, solía citarla con frecuencia, entre la admiración y la nostalgia melancólica.

NIÑERA MODERNA

Por aquello de retonar al pasado del Robert Mitchum que todos llevamos dentro, septuagenario ya y lleno de alifafes y alferecías sargentas, acabo de revisitarla, con la camisa sin llegar del todo al cuerpo … Falsa alarma… El difrute fue pleno: una caricia fresca, cuando uno ya para saltos del gato, desde lo alto del armario…

Salida de la inspiración poco reconocida y/o apreciada como la de Cyril Frankel, ignoto cineasta británico del que sólo soy capaz de citar un título, aparte de la peli que hoy nos ocupa : “The Witches”, de 1966, al amparo de la Hammer, “It´s Great to Be Young!” bastará a Cirilo para ser recordado con la alta consideración que se merece la oveja blanca de su,otrosí, aborregado rebaño.

Resulta curioso el modo en que la Escuela Mixta de Angel Hill (“la colina de los Ángeles”) volvió a cruzarse en mi camino. Por razones que no vienen al caso, hallándome en la actualidad bajo cubierto, a un plato y a un cuchillo, en el piso de mi madre política, una nonagenaria cinéfila sui generis, con la que coparto una sesión de cine vespertina de comunión diaria, por aquello de alegrarle la pestaña, me decidí a programar un pase televisivo de “El Puente de Waterloo” (Melvyn LeRoy, 1941), en la  seguridad de que la  contemplación de Robert Taylor iba a alegrarle la pestaña, craso error, por cierto: el niño de sus ojos resultó ser Burt Lancaster, elección afectiva que no pienso discutirle.

Teresita, la “tía Tula” de dos generaciones torregrosas, soltera de pro- aunque en la leyenda familiar figurase la existencia de un novio fallecido en el frente (no se mencionaba bando, por si acaso)-, con la que tuve que tuve la suerte de compartir mi infancia, en cambio, por quien bebía los vientos, mira tú, era Rodolfo Valentino… En cuanto a mi santa madre, la Sra. Maruja, se decantaba los los bigotes bien puestos en su lugar descansen para hacer cosquilleos de… ¿hará falta decir que estamos hablando de Clark Gable…?

Reproduciré aquí tanta apostura masculina junta para que cada cual elija el Ivanhoe de sus sueños más húmedos y eléctricos.

My Taylor is rich…

-Excume, please…¿tiene usted fuego…?

-¿A ti, qué te parece…?

– Protesto, Señoría… Está prohibido fumar en esta sala…

Pero volvamos a “El Puente de Waterloo”… Para su estreno español, la Censura nos tenía preparada una sorpresa a lo “Mogambo”: lo que el apolíneo oficial ignoraba era… no que su prometida se hubiese dedicado a la prostitución durante su ausencia, sino que su modus vivendi había sido la farándula (el music hall, concretamente)

Así fue cómo, mientras remoloneaba con fruicción por los archivos en torno a Vivien Leigh, fui a darme de bruces con un título suyo que hacía más de medio siglo que no visitaba, “La Primavera Romana de la Sra. Stone” (José Quintero, 1961), en la cual Jeremy Spenser, el joven protagonista de “¡Es grande ser tres cuartos de lo mismo!”, interpretaba el papel de fantasma del Destino o así, que la Sagrada Providencia tiene reservado para la dulces pajaras de la edad madura que pecan contra el sexto mandamiento (y si es con gigolós latinos de nombre Paolo, ya ni te cuento, el de aquí y entonces interpretado por Warren Beatty, un actor de entrepierna legendaria: se habría tirado a todas la mujeres de Hollywood, incluidas las de tendencias sáficas, a excepción- eso contaba la interesada, por lo menos- de Shirley McLaine, su hermísima del alma querida; otrosí, según rumores sin confirmar, Mr. Beatty era capaz de hacer el amor mientras hablaba por teléfono y vicevuelta).

Nótese que con un apellido como el suyo, al que falta una vocal cornuda, la U, y sobra T de toro, para “beauty”, ya presagia excelencias del producto: o te comportas como un fiera en las cosas del querer o pueden acusarte de publicidad engañosa)…

Jeremy Spenser había debutado a los once años con Vivien Leigh en la versión Julien Duvivier de “Ana Karenina” (1948), por aquello de pisarle los juanetes a Greta Garbo. Se retiró del cine en 1967, con una carrera a base de pequeños papeles- en “Fahrenheit 451”, se limitaba pelar una manzana- en grandes películas, de la cual paso a ofrecerles una somera selección personal.

LAURENCE OLIVIER (1957)

“Rey y Patria” (1964) de JOSEPH LOSEY

FRANÇOIS TRUFFAUT (1966)

En cuanto a Dorothy Bromiley, o sea Paulette, su partenaire, con el tiempo, llegaría a concertirse en la Sra. Losey. Su título más destacado de una no muy extensa filmografía vendría siendo “El Sirviente” (Joseph Losey, 1963)

La abrupta desaparición de las pantallas de Jeremy Spenser dio lugar a todo tipo de conjeturas, aun hoy rastreables en la red de redes. De hecho, podría andar por ahí todavía de su corazón a sus asuntos… Recobrémoslo pues en un dulce momento de su más caro título:

A lo peor, estoy dando pistas falsas, porque, a pesar de su arranque un tanto empalagoso, los meandros de “It´´s Great to Be Young!”, trancurren por otros derroteros: de no ser así, no la hubiese emparentado con “If…” o con “Cero en Conducta” un poco más arriba…

Héteme aquí que al Colegio Mixto de Angel Hill, llega Mr. Frome, el nuevo director (Cecil Parker), hambriento y sediento de disciplina inglesa y todo lo que haga para el reinado del orden y el concierto clásico (nada de jazz y esas porquerías regroides para jóvenes disolutos y/o promiscuos), cuya colisión con el profesor Dingle (Johm Mills), tan suyo él en su docencia iconosclasta, iba a resultar tan explosiva como inevitable.

  Cuando el Sr. Director se niega a comprar nuevo intrumental para la orquesta del centro, bajo batuta Dingle, éste se las apaña para adquirirlo, a base de conciertos callejeros de los futuros virtuosos a su cargo. Descubierto el pastel y confiscados los instrumentos, Nicky, Paulette y demás familia angelical, logran recuperarlos, todo lo cual acaba con la destitución del profesor Dingle, ante lo cual sus alumnos van a montar su particular mayo del 68 hasta lograr la readmisión del profesor represaliado.

Como primera providencia, se encerrarán en el gimasio, no sin antes haberse provisto de alimentos para una resistencia que se adivina larga. A continuación, buscarán la solidaridad de otros colegios de la zona… Lo demás, es ya historia… El plano final lo ocupa una sarcástica pancarta donde puede leerse “Down with Skool”, cuyo subtítulo reza “Abajo la Eskuela”…

Me pregunto, a día de hoy, cómo la Censura autorizó “¡Es grande ser joven!”, calificándola además “para todos los públicos”, plagada toda ella de secuencias políticamente incorrectas llamando a la insurgencia…

Maestro de escuela jubilado, me hubiese gustado compartir staff con el profesor Dingle y Cía., y, ya de paso que mis alumnitas y alumnitos de un ayer cada vez más lejano, tuviesen ocasión de ver esta película tan cordial y  tan clara a la hora de hablar de la educación a base de enseñar deleitando…

Y ahora, un interludio cebolleta…

Es grande ser joven (¿alguien ha dicho que no…?); pero ser viejo aporta el saberse en posesión de un trocito de Historia atada y bien atada de lo que Calderón, de haber nacido en el siglo XIX, hubiese denominado “La Gran Película del Mundo”, añadiendo “Mundial”, de haber nacido cien años más tarde: el futuro, convertido en ayer para nosotros, deja al descubierto las fases de la vida- planteamiento, nudo y desenlace-, para que cada cual pueda juzgarlas serena y objetivamente… O dicho de otro modo: probar el fruto del árbol de la Ciencia, antes de ser expulsados, otra vez y otra vez, de nuestro Paraíso Perdido…

F. F. (FINAL FELIZ)