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De Profundis

DE PROFUNDIS

No seré yo quien rompa la baraja…

El reto está aceptado de antemano:

aguardaré el final, ¿no soy humano…?,

caracol sobre filo de navaja…

No procura mi cuerpo la mortaja,

ni al temor o al dolor lo llamo hermano…

Llegará el día, más tarde o más temprano:

Tierra me ha detectado y me trabaja.

“Para y óyeme, oh Fin, yo te saludo…”

Se ha de escuchar la voz de los poetas:

a la tumba debes bajar desnudo,

ojo avizor; sin prisas, sin maletas…

Y es que el tiempo de amar no ha terminado.

Hay una luz que aguarda al otro lado.

 

 

 

 

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Hugetower, Investigador Privado

EL CASO DE LA VIZCONDESA ANCESTRAL (Última Jornada)

Irina P., echándole joyones…

… y no es que uno piense que la hipocondría demostrada por il Signore Gravilovich debiera convertirle a mis ojos en un ciudadano de segunda regional. De hecho, mis patéticas aprensiones infantiles en torno a la salud corporal (sobre la anímica, corramos un tupido velo), no se me curaron hasta bien entrada la adolescencia, tras la lectura de “Tres Hombres en una Barca” de Jerome K. Jerome.

Tras la marcha Gravilovich, más bien poco triunfal, yo mismo me dediqué a la infructuosa localización, en la escombrera a que había quedado reducido mi despacho, de la famosa carta que podría conducirme, una vez resuelto el jeroglífico incorporado a la misma, hasta la “Pietra Celestina”. Que dicha papelina se encontraba escondida, bajo cordones, en el ajustado corpiño de la Srta. Puri, no me ofrecía más dudas que las razonables, sobre todo teniendo en cuenta que la secretaria traidora había renunciado long time ago al uso del bra, excepción hecha de los rigurosos tiempos de Cuaresma. Por desgracia o por suerte, no era el caso.

La única pista a mi disposición en tales circunstancias la aportaba la mención de un tal Dr. Calogero, a cuya consulta pensaba dirigirme en busca de noticias, con la disculpa de interesarme por el estado del paciente.

Dr. Calogero, eliminado en el montaje definitivo de este embrollo

 No hallándome dispuesto a gastarse un pastón en conferencias internacionales- sus señales de humo apuntaban principalmente a los USA- opté por un cherchez la femme de quedarme sentado, esperando a que la gentil princesita rubeniana terminase por volver al redil  para desentonar una culpa meona, consciente, una vez más, de haberla cagado sin papeles a mano con los que limpiar, fijar y dar esplendor en la hierba a su otrora impoluta ejecutoria.

Hablando de limpieza: hacía ya varios meses que era ella la encargada de pasar un pañito al mobiliario y un agua va a los suelos y el retrete inodoro, en defensa de su puesto de trabajo, tras la subversiva deserción de nuestra asistenta semanal, la Señora Felisa, empeñada en ser dada de alta en la Seguridad Social, cobrar horas extraordinarias, disfrutar vacaciones y todos esos vicios de pancarta y pareado, interrumpiendo el tráfico rodado. (¡Vaya, y sin tenerlo preparado…!)

En la presente tesitura, se necesitaba un zafarrancho general a fondo, no fuera a ser la llegada de un cliente con mi sancta sanctorum luciendo aquellos pelos y señales. Empresario responsable que uno es, yo mismo me encargaría de la tarea (tomando precauciones, por supuesto, a la hora de preservar buen nombre y justa fama).

Thelma Ritter, en pose modosita

Tal que así, travestido a lo Thelma Ritter de toda la vida, a la mañana siguiente, corto y perezoso, me dispuse a viajar a las fuentes de los chorros del oro, a base de fregona y estropajo jabonoso con nombre de héroe griego en el sitio de Troya.

Mientras canturreaba, con más fuerza que maña, el I want to break free de Freddie Mercury por espantar los ácaros del polvo y alguna que otra rata pasada a mejor muerte en décadas pretéritas, héteme aquí que llamaron a la puerta. Acudí presto hasta el telefonillo, no fuera a ser que mi magnetismo personal a distancia hubiese hecho ya efecto sobre Puricación Reigosa, en paradero desconocido recalcitrante.

Pues iba a ser que no.

Cest moi, open the door, bitte, grazie mille… –demandó una voz ligeramente aguardentosa, enseguida identificada por mi finísimo oído y todavía mejor olfato como perteneciente a la vizcondesa Irina Plisevskaya.

-Pues sí, ¿qué pasa…? Yo me lo guiso y yo me lo como…

¡Y uno, fregona en mano, a pie de cubo, con aquellos pelos y aquellos delantales…! Enseguida me tranquilicé. Tan egregio personaje había meado demasiadas alfombras turcas en su infancia para prestar atención al servicio doméstico y resultaría fácil pasar gato por liebre.

-El señor Hugetower se encuentra ausente, desfaciendo un entuerto de altos vuelos – dije con voz de pito a lo Gracia Morales (el peculiar acento Ritter habría tenido que ensayarlo y uno no está para tanto Stanislavski)-; pero suba si quiere y déjeme el recado. Al loro, su doncella de servicio…

Colocados cofia y delantal en su lugar descansen, chancleteé hacia la puerta, la abrí de par en par y esperé, puesto en jarras, la visita de la vieja dama. El resto, como dicen los ingleses gracias al Guillermo nº 1 (el nacido en Stratford; el nº 2, apellidado Brown, permanece incunable en mi memoria) se lo dejé al cielo y lo mandé al infierno.

Vini, vidi, vinci una Plisevskaya sin secretario para todo al retortero. Su gelidez habitual parecía haber descendido bastantes grados bajo cero, desde la última vez que nos honrase con su visita toco mocho.

-¡Qué pocilga…!- gruñó, en una entrada triunfal a lo Martha / Virginia Wolf en los años 60.

-Disculpará la señora el desorden reinante – me excusé, cabizbaja a fondo perdido (era perder el tiempo)-.Hemos sufrido una inspección de Hacienda…

-No se moleste. Estoy acostumbrada a los ambientes sórdidos… Dígale a su señor, en cuanto vuelva, que tengo algo sumamente importante que poner en su conocimiento…

-¡Qué tonta soy…! ¡Pero si el Señorito no se ha marchado todavía…! Lleva horas encerrado en el cuarto de baño, purgando una dieta pobre en bífidos activos: lombrices solitarias por un tubo, mordiéndole el ojete en carne viva… Siéntese por ahí y procure no mancharse de escayola… Ahora mismo lo aviso. Así aprovecharé para librar de churretones la palangana del lavabo… Dónde habré puesto el desatascador es lo que me pregunto… ¡Seré boba…!

Minuto y medio y el cambiazo se hizo por Houdini. Joseph Hugetower, surgido de la nada, había reaparecido, deus ex machina, en medio del despacho, para poner las cosas en su sitio (en sentido metafísico, se entiende; en el otro, ordenaba y mandaba Thelma Ritter).

-Madame Plisevskaya otra vez en mi casa, cuánto honor… Rosa Emiliana, mi mucamita de los jueves, un desastre anunciado, savez-vous, acaba de comunicarme su llegada. Precisamente, cuando estaba a punto de tender puentes hacia usted. Yo también he de comunicarle relevantes novedades surgidas en el affair

-Quid pro quo, Sr. Hugetower…- respondió ella, con gesto fatigado- Sé que Ilya ha estado aquí y no intente ocultarlo. Mis agentes me mantienen informada. Habrá intentado convencerlo de que no ando sobrada de tornillos… Voy a desilusionarlo de un plumazo: la “Pietra Celestina” hace más de una década que ha sido troceada y puesta en venta en los mercados holandeses, ante la necesidad de hacer frente a… ciertos derrames imprevistos en mi vida privada, a raíz cúbica de sucesivos descarriles de mi suerte en el camino de hierro, el bacarrá, el póker descubierto y la ruleta. Precavida, me las ingenié para poner en circulación una docena y media de copias casi exactas, fabricadas en Hong Kong, del material del que los sueños están hechos, en evitación de desagradables trifulcas conyugales.

-¡ Pio- pio- pio -pio…!

“Descubierto el pastel, Ilya ha seguido utilizando la falsa piedra, ante el riesgo cierto de acabar con una cabeza de caballo debajo de su almohada. No hará falta aclarar que el pedrusco original había servido de garantía para numerosos préstamos millonarios y negocios con peluca, a fuer de descabellados y/o descerebrados.

“En cuanto a su amiguita, o secretaria, o lo que fuere, no me hallo en condiciones de arrendarle la ganancia de haber llegado a pensar, la muy idiota, en sacar tajada cambiándose de bando. Yo, de ser usted, le aconsejaría poner tierra por medio lo más rápido posible. Los del clan Gravilovich no son gentuza a la que ir a por vellocino sin salir trasquilado.

-Volvemos pues al planteamiento Raskólnicov, ¿no es cierto?- aventuré, sin tener todas conmigo- Bla-bla-bla-blá: el honor de su familia en entredicho a través de Rodión Románovich y un doble crimen del que sería inocente… Deberíamos jugar usted y yo, señora, al caliente-frío-frío hasta lograr el ponernos de acuerdo sobre la madre del cordero degollado…

-La ingenuidad de usted se me antoja cercana a la estulticia.  Cui prodest scelus, is fecit, y no me lo estoy sacando de la manga: lo proclamaba Medea ya en el acto primero, según Séneca… “Aquél a quien aprovecha el crimen es quien lo ha cometido”, salvedad hecha de que aquí no se ha cometido ningún crimen. La camarada Reigosa eligió abandonarnos, deslumbrada por el brillo de un joyón legendario, culo de vaso y gracias, made in China. Y eso, ¿a quién beneficia…? Pues a una servidora, que está en paro forzoso hace tres temporadas y encima tiene que mantener al suo marito… O dicho de otro modo más sangrante: Mr. Hugetower, por la presente, me estoy ofreciendo a usted como secretaria personal y lo que surja, con seguro de autónomos en regla, adjuntando una renuncia por escrito a disfrutar de vacaciones navideñas o cualesquiera otras.

“Se preguntará usted, y no me extraña, por qué no le envié un currículum, como hace todo el mundo. Son miles los que tengo presentado, aspirante a puestos variopintos, que acabaron en el contenedor de reciclaje para ilusiones laborales rotas.

“Ilya está convencido – yo también- que el espectáculo es hoy la mano que mece la cuna de la supervivencia interclasista, “desde la princesa altiva ala que pesca en ruin barca”. El triunfo social pasa, indefectiblemente, por la capacidad del aspirante de llamar la atención en la red de las redes, tras lo cual todavía resta otro obstáculo mayor: el “dar juego” en la televisión el tiempo suficiente –la semana de gloria- que te haga reconocible, sin importar la especialidad elegida para el salto: un friki vale tanto o más que un sabio, a la hora de copar programaciones.

“Soy una mujer culta y refinada. Pude vender- llegaron a ofrecérmelo a buen precio- mi pendiente y caída de cadena en cadena, de programa en programa. Alexis Dimitrov, hasta hace poco mi manager y amigo, me propuso un arriesgado proyecto de altos vuelos: hacerme pasar por descendiente directa de la Gran Duquesa Anastasia, la hija menor de Nicolás II, en versión Anna Anderson, la supuesta superviviente al fusilamiento de los Románov. Tras pasear el engaño por algún reality descorazonador, nos hallaríamos en condiciones óptimas de montar una academia de aspirantes a princesas consorte del mercado europeo.

Los Románov, prima della rivoluzione

“No era aquéllo; definitivamente, no era aquéllo. Por una vez, les hice caso a mi esposo y a Miguel de Unamuno. La idea de dedicarme a la investigación privada con clase, mucha clase, hacía tiempo que me venía rondando las diademas. Nuestra amistad con Hercules Poirot favoreció un encuentro personal mío con la Srta. Marple, la cual me aconsejó que, si de verdad deseábamos montar una agencia de detectives English styled con una mínima garantía de éxito, antes de lanzarnos al vacío, yo debía realizar un meritoriaje en condiciones, dejándome guiar por un experto.

“Hallando su consejo provechoso, me dispuse, lucanora, a apuntarlo en mi agenda. Curioseando en la red, fui a dar, y fue casualidad, con una bitácora en español, de nombre “Cumbres Borrascosas”, donde un tal José Torregrosa, septuagenario un tanto disperso, recogía, mal que bien, los inventos y mixtificaciones de un oscuro detective madrileño, en un complicado enigma que llevaba por título “El Caso del Incunable Cejijunto”.

J. T., investigando la misteriosa desaparición de sus sueños juveniles…

“Fue Ilya, siempre atento a la que salta, corre o vuela, quien me señaló los odds against del planteamiento: resultaba poco creíble que la denominada Srta. Puri, secretaria lagartona y lengüilarga, admitiese compartir con nadie las gracias y favores de su detective en jefe.

“-Deshagámonos de ella- respondí-. Le montamos el happening adecuado hasta conseguir que nos deje campo libre y aquí paz y después gloria…

“- ¿Se te ha ocurrido alguno…?- indagó mi marido, muy a lo Perry Mason.

“-Pues claro… Y, en el improbable caso de que la trapisonda Moonstone que pusimos en marcha a partir del novelón de Wilkie Collins, no dé el resultado apetecido, siempre podríamos recurrir a Dostoyevsky…  Acabo de cruzarme en un crucigrama del Times dominical con una endiablada casilla de cinco letras, bajo engañosa pista: “la de Raskólnicov olía a sobaquillo que tumbaba, deletreada por un escolar inglés de doce años”.

“Ilya, tan listillo en el resto de disciplinas, era un desastre con las palabras cruzadas.

“-La verdad es que ahora no caigo, querida… Un plan A pasado por la piedra y un plan B, de repuesto… ¿Me los explicas…? ¿O pretendes provocarme una nueva jaqueca de las tuyas…?

“-¡Pero qué lerdo me resultas a veces, caramba…!- dije, entre sorbito de Earl Grey sin azúcar y sonrisa triunfal de esposa infatuada tras gatillazo ajeno de cintura para abajo- La solución al crucigrama es ACHA…

“- ¿Qué tiene eso que ver con el mutis por el foro de la Srta. Puri…?- preguntó Ilya, con el pene trenzado- ¿Es acaso el plan B…?

-“No necesariamente, si tenemos en cuenta que su hermano mayor, llamado A, no iba a fallarnos, conociendo percales de su destinataria… Enseguida te lo explico… O mejor todavía, consulta en el blog del que te he hablado, las jornadas anteriores de la presente trama, donde una piedra terráquea fragmentada actuaría de zanahoria y el palo se lo llevaría la flautista a quien tú y yo conocemos, si llegara a enterarse de este spoiler…”

Se me pusieron directamente de corbata prisionera. Aquel par de maníacos, casados por la Iglesia Ortodoxa, y tocando a degüello como santo remedio…Y todo por un puesto de trabajo, arca perdida en estos tiempos de salvajes reajustes en el Sistema Liberal Capitalista…

-Madame Plisevskaya, antes de que siga adelante con su relato, debo advertirle que…

-Mejor será que no me advierta niente, mon cherie amí… – replicó ella, sobándose, asquerosa, las perlas del escote palabra de honor (?), donde campaban a sus flácidas un par de domingas asustadas – Lo tenemos como a San Cucufato… El destino de Purificación Reigosa se encuentra actualmente en nuestras manos; por voluntad propia, se lo aseguro, se ha apuntado a nuestros bombardeos. Resultaría una desgracia irreparable el que fuese a ocurrirle algo muy malo… Empiezo a trabajar con usted mañana mismo, a jornada completa. Puede llamarme Rina, si le place. Yo le llamaré “jefe” o Mr. Hugetower, según me sople el viento en el trinquete. Sea buen chico y no cause problemas, por favor. En un futuro no lejano, podríamos nombrarlo gerente para Europa de nuestra sede madre londinense. Le garantizo que va a salir ganando con el cambio…

-Más quiero yo a Peribáñez con su capa la pardilla…

Se me vino a la puta de la lengua aquello tan bonito que proclamara Casilda, en defensa de su honra, ante el acoso del comendador: “Más quiero yo a Peribáñez /con su capa la pardilla / que al Comendador de Ocaña/ con la suya guarnecida”.  Adaptado al momento presente, podría retorcerse como sigue: “Más quiero yo a la mi Puri, / con su navaja en la liga/ que a una vieja vizcondesa/ con la suya en la rodilla”… Al final, sin embargo, me lo pensé mejor, le di la callada por respuesta y aguardé acontecimientos.

Éstos no tardarían en hacerse notar. Sobre todo, cuando decidí poner a prueba la disponibilidad laboral de la vizcondesa au pair, recordándole que su primera y principal ocupación iba a ser dejar mi despacho como estaba antes de la visita del esposo mafioso y sus alegres bestias destructoras: ordenado dentro de un desorden calculado; revuelto a su manera, nunca sucio: resplandeciente de encanto masculino.

You are pulling my leg, aren´t you, jefe Hugetower…?- preguntó ella, poniendo cara de poquísimos amigos – La vieja querida Miss Marple, como mucho, preparaba plumcakes y tartaletas de ruibarbo en su cocina… How disgusting, I daresay…! Llame a Rosa Emiliana, esa mucama marimacho que guarda empareda en el cuarto de baño, y métala en faena… Yo me marcho… La verdad es que esperaba de usted algo más de… de señorío, a la hora de encargarme hacer limpieza. No me hubiese negado prácticamente a nada, you know what I mean, master Hugetower…? De hecho, me encanta la disciplina inglesa y sus cincuenta sobras grises… ¡Qué le vamos a hacer…! Recurriré a alguna agencia de renombre… Au revoire, auf wiedersehen, arrivederci… No se moleste en acompañarme hasta la puerta: ya conozco el camino…

English discipline

Ni que hubiera gritado “ábrete, Sésamo”: Sésamo se había abierto de repente, enmarcando a contraluz la amada silueta de la Srta. Puri, su majestad es coja, ojo a la funerala, brazo izquierdo en cabestro y un qué sé yo de brillo arrepentido en la mirada sana, sana, culito de rana.

-¡Ojalá le hubiese hecho caso en su momento, jefe: mire cómo me han puesto…!  Pero, no crea: vencedora por puntos de sutura, aunque cueste creerlo. Yakov el Payo y Kostia el Gitano recibieron lo suyo. Buena soy yo llevándome por malas. En urgencias acabaron de consuno, tras nuestro epicúreo cuerpo a cuerpo; y es que, con Franco Potente, a quien llamé en mi auxilio por igualar equipos, no se juega al juego de petanca, si no quieres arriesgarte a perder la bolsa de canicas…

Vino a mí y se restregó felina, meando territorio ante la otra leona. Irina Plisevscaya, tras enarque displicente alternativo de ambas cejas, optó por la mundología para saraos de alto copete:

-¿Y qué tal se ha comportado contigo Ilya, mi marido? ¿Ha cumplido expectativas…? Él, cuando quiere, se hace acreedor de tres vueltas al ruedo, con petición de oreja por la parte afortunada… Inútil intentarlo: no habla nunca mientras fuma el cigarrillo turco “después de” que se hace traer desde Estambul cada mañana. Piensa, luego existe… Homenaje a Descartes, me imagino… Descarta cualquier puesta en común acerca del multiorgasmo compartido.

-Verdad sea dicha, en lo concerniente a su postrer esposo, no he tenido ni gusto ni disgusto, señora… No podría decir lo mismo del facsímil de la “Piedra Celestina” tres delicias con que pretendieron distraerme…

-¿Qué esperaba una plebeya arribista como usted…? ¿Una “Piedra Lunar”…? ¿El Ko-i-Noor…? ¿El Taylor-Burton…?

Bombardeé con sensatez tan sabroso coloquio femenino y dispuse las cosas en su sitio.

-Habida cuenta del regreso al hogar de la titular del puesto de trabajo, mucho me temo, estimada señora, que carezca de sentido el estar prolongando esta entrevista…

-Ah, un momento… Pido la paz y la palabra…- me interrumpió a su vez la secretaria prodiga, tan amiga de las morcillas literarias- Por lo que he podido escuchar subiendo la escalera y un poquito después, instalada por fin en el rellano, se trataría de incorporar a nuestro staff una nueva empleada: una becaria; una aprendiza, como se las llamaba no hace tanto… Por mí, encantada, jefe… Me comprometo, durante la convalecencia, a enseñar a la neófita, sota, caballo y rey, los elementales trucos a emplear si se quiere triunfar en el oficio… Tampoco es tan difícil. Tú, tranquila, querida… ¿Puedo llamarte Rina…? No te preocupes pues vas a hallar en mí, la más fiable y abnegada de las compañeras…

No se quejarán los partidarios del final inesperado. Por increíble que pueda parecer, fue justo entonces cuando se abrió la segunda puerta del inmueble para dar paso, toma castaña oscura, a la mismísima Rosa Emiliana en traje de faena, esgrimiendo un plumero, a modo, supongo, de varita encantada de su propia vida sexual sin ramadanes, de polvo en polvo y tiro porque me toca.

– Con la suerte que yo tengo, ya verás como, al final, me cogen, pero no me contratan…

-Chicas, si no os importa, secundo la moción y me incorporo al ginecielo. En mi boca cerrada, no entran moscas cojoneras pero pueden salir sapos y culebras venenosas, si me decido a hablar de las habas contadas que se cuecen en esta olla podrida… Confieso mi afición a recoger ciertos folios arrugados antes de vaciar la papelera…

-La maldita mucama pretende mejorar el caso Dreyfus a su costa, Jefe Hugetower… Lástima que Yakov y Kostia ya no se encuentren disponibles, por culpa de cierta señorita de mala compañía…

Una luz relajada y tripartita comenzó a brillar en mi cerebro. Como a Fernando VII me la estaban poniendo.

Alcé el pulgar derecho.

Nota del Autor.- Se deja a la perspicacia del lector el decidir si el gesto eréctil del apañado detective suponía una aquiescencia tácita a tan gentil y bragado triunvirato (más greco que latino) o, simplemente, se disponía a chuparse el dedo, en el transcurso de un regreso a la infancia inaplazable.

…Pues se admiten apuestas clandestinas…

FIN DE “EL CASO DE LA VIZCONDESA ANCESTRAL”

Hugetower, Investigador Privado

EL CASO DE LA VIZCONDESA ANCESTRAL (Jornada Tercera)

Di por bueno que Anatoli Nicolayevich, nacido en Palermo, hijo de madre italiana y padre ruso blanco en el exilio, pasase, vía pila bautismal ortodoxa, a llamarse Ilya Gravilovich. No era cosa de ponerse a discutir sobre nomenclaturas, con Yakov el Payo y Kostia el Gitano (“¡Anda la Hostia!” para la Srta. Puri), sueltos por mi despacho, escupiendo en el suelo y dándoles patadas a los muebles, en guerra sucia con el mundo local y nuestras carnes trémulas.

Coñas aparte, tal que así se presentaba el panorama:

-Mia moglie Irina Malatesta è pazza di legare, matta perdutta. La povera cosa non sa quello que dice, Signore Hugetower. Mi capisci o non mi capisci…?  A mia pazienza ha un limite, ti avverto…

-Hai bisogno di aiuta, patrone…?- ladraron, pas de deux, los Fernández y Fernández reciclados.

A te che ti ha dato il permesso di parlare, spazzatura umana?- obtuvieron por respuesta los hampones.

 

Franco Potente

-Franco Potente, un seguidor mío en la red, me estuvo dando clases de italiano intensivo hace un par de meses, con vistas a un “vis a vis” en la costa marbellí, a fecha de hoy pendiente no importa su inminencia perentoria, lo que me lleva a postulame como taductora simultánea del presente evento- anunció mi eficiente secretaria echándole redaños y finuras-, siempre que ello conlleve, claro está, una aportación del color de la pez, a prueba de inspecciones hacendosas, cuya cuantía habrá de justipreciarse con tres dígitos mínimo común múltiplo.

El camarada Gravilovich no demostró estar por la tarea:

-Io parlo spagnolo e non ho bisogno di puttane… Quindi, aspettiaremo a boca chiusa… Que Madame Farfalle vaya tomando nota…-fue lo que dijo, en un tono capaz de hundir tres Titanics de una sola tacada- Este aviso va dirigido a usted, Mr. Hugetower: o hace callar a su lenguaraz volpina, o encargo a mis escuadrones de la muerte que mantengan el orden en la sala…

-¡Eso, eso…!- exclamaron al unísono los dichos, haciendo refulgir las volutas de sus dorados colmillos.

-El objetivo de nuestra visita de cumplido riguroso- continuó Gravilovich, en tonos más calmados- no sería otro que el de recuperar cierto codicilo perteneciente a un antepasado mío, que supongo depositado en sus manos de forma fraudulenta… Una vecchia lettera que contiene la clave para localizar la ubicación de una famosa joya perteneciente a mi familia: “La Pietra Celestina”, caída del cielo sobre la estepa rusa a finales del siglo XVIII, portadora de todo tipo de maldiciones y presagios funestos, motivo por el cual mi bisabuelo no quería que se encontrase, por evitar desdichas ulteriores. Habiéndola heredado, llegada su mayoría de edad, decidió ocultarla a los ojos del mundo, en espera de que las Ciencias Humanas progresasen lo suficiente para poder limpiar la piedra de sus maléficos efectos.

“A Irina Plisevskaya, tan suya siempre, no parecía importarle la amenaza. Se encaprichó de la “Pietra Celestina”, tras escuchar un relato de mi madre, quien conocía la existencia de ese texto encriptado, conteniendo la cartografía necesaria para su recuperación. A mia moglie, más contenta que unas pascuas floridas, se entretuvo en calcular su posible merchandising, habida cuenta que su precio en el mercado actual del pedrusco maldito habría de alcanzar guarismos astronómicos, facilitándole un regreso triunfal a los casinos de la Costa Azul en temporada alta.

Me atreví a interrumpir la perorata para interesarme pero que muy mucho por qué papel jugaba un Ralkólnicov hacha en ristre en toda aquella charada de palabras cruzadas, en un giro argumental made in Copérnico hirviendo a 180 grados, propio de una novela de Edgar Wallace.

Edgar Wallace, saritísimo perdido

– ¿Raskólnicov…? Absolutamente ninguno. Como se dici… Una mera maniobra de despiste a los lectores, para alejarlos de la verita nuda… Lo que nosotros debemos dilucidar es algo bien distinto: se trataría de llegar a un acuerdo entre caballeros a ejecutar en el acto. Usted y esa preciosidad de taquimeca que se trae entre manos y seguro entre piernas, no desean que la resolución de esta grata blind date corra a cargo de mi fieles sicarios Kostia el Gitano y Yakov el Payo, por mucho que ambos los dos lo hayan estado deseando… Corríjame si me equivoco, Mr. Hugetower…

Decidido a no mear fuera del tiesto, opté por mostrarme campechano.

-Empecemos por excusar formalidades… Puedes llamarme Joe cuando estemos en privado… ¡Donde esté un tuteo de cercanías inter pares…! – le respondí, por ganar tiempo.

-Mi piace… En contrapartida, pasarás pues a llamarme Ilya… Lo de Vasily y Anatoli se ha quedado obsoleto a estas alturas…

Sentí golpear contra las paredes de mi estómago un carnaval de mariposas ebrias en loca desbandada. La Srta. Puri, a quien la mención de la “Pietra Celestina” había dejado bastante turulata, necesitó segundo y medio más para caer en la cuenta del alcance del nuevo mensaje Gravilovich. Allanamiento de morada, como mínimo; instalación de micrófonos ocultos… Ay, madre mía…Y uno con estas calvas prematuras, hábilmente disimuladas a base de betún de Judea y crecepelo de Getsemaní…

-No perdamos más tiempo…- graznó Basilio Anatolio, decidido, por fin, a dejarse de cuentos- ¿Dónde escondes la carta de mi amado bisabuelo Sergei…? ¡Vamos, responde…!

-Nada, chico: miseria puerca al canto… Nos la han robado con nocturnidad y alevosía. Justo cuando llegasteis, hablábamos de eso, ¿verdad, usted…?

-Póngale el cuño, jefe. Sospechamos que puede habérsela llevado un gorila amaestrado que entró por la ventana…

 

¡ A mí, que me registren!

-Se están quedando con nosotros, patrón…- malmetió “¡Anda la Hostia!”-¿Vamos a consentirlo con los brazos en cruz?

-Mejor será que nos deje a nosotros poner las cruces en su sitio…- sumó Yacov el Payo, con la lengua de fuera.

La situación estaba pidiendo a gritos un órdago a la grande por mi parte.

-Ahí está mi caja fuerte- faroleé de lo lindo-. Podéis mirar en ella. Seguro estoy de que no va a hacer falta que os facilite la combinación de la misma.

-¡Aprila, Kostia, presto!- ordenó Gravilovich.

– Detto e fatto…- respondió el aludido, emprendiéndola con la pulsación de dígitos como si no creyese en la existencia de un mañana- É vuota, patrone! Polvere e ragnatele dappertutto…

-¡Qué vergüenza, Srta. Puri…! ¡ Me ha puesto en evidencia delante de estos amigos… ¡Polvo y telas de araña…! Hasta dónde no habrá llegado su desidia, me pregunto…

-Nadie ha entrado o salido de este cuchitril infecto sin que nosotros lo supiéramos- se descaró nuestro distinguido visitante-Por lo tanto, la lettera del mio bisnonno no puede haber salido de aquí… Andiamo, ragazziCome si dice¡A revolver Roma con Santiago…!

Roma y Santiago llevaban ya un buen rato revueltas, después de la razzia llevada a cabo en mi otrora minimalista despacho posmoderno. Kostia el Payo y Yacov el Gitano (se admite fe de erratas) enseguida se cansaron de tan ruda tarea y se dedicaron a terminar de destrozar el mobiliario, ante la desaprobadora mirada de la Srta. Puri, quien, sin poder contenerse, se las arregló para dejar a la perdiz hecha unos zorros, de puro mareada a efectos discursivos.

Salgo yo ahora porque mi primo no puede ponerse… jejeje…

-Es inútil buscar, Signore Cómo-Se-Llame… Ya le he dicho que un gran simio amaestrado entró por la ventana y procedió a llevarse la carta del Bisa Sergei en un visto y no visto… Por cierto, en su patria de usted, todos los que se llamen Sergei me parecerían siempre a punto de salirse del armario…

Un silencio embarazoso explotó en el huis clos de la calle Hortaleza. Se cortaba en rodajas un viento siberiano. Íbamos a morir allí y entonces. Dirigí la mirada hacia mi secretaria, decidido a pedirla en matrimonio in articulo mortis, cuyo ceremonial habría de ser oficiado por una pareja de energúmenos, los mismos que acababan de echar mano de un ancho rollo de cinta aislante negra y unas tenazas de herrar percherones francófonos, sin ser a humo de pajas.

Pues menos mal que me contuve a tiempo… El pésimo de Ilya Gravilovich se echó a reír a grandes carcajadas y a sobarse el paquete dale que te pego, ancha es Castilla, sin tomar nota del complemento circunstancial de compañía femenina; y más teniendo en cuenta el nombre de la testigo de tan gran amor propio, al borde mismo de onanismo puro y duro.

-Porca madonna!- gritaba en plan poseso, entre toses estentóreas y esputos purulentos- ¡Pero si el jodido antepasado mío llegó a engendrar bastardos con todas las esposas de los mujiks de la comarca…! Ciento y la madre, calculaba il mio nonno En cuanto a lo del gorila y su escena del balcón, espero que forme parte de un simulacro de cámara oculta… Y hoy no estoy para guasas, aquí donde me veis, ridente in cielo, que cantaba el Barbero de Sevilla…

Decidí meter baza, por bajar un soufflé de muchos huevos:

-Siguiendo pautas tantas veces utilizadas por la criminalidad ilustrada últimamente, hemos llegado a la conclusión mi secretaria y yo de que el autor del robo con escalo, y nunca mejor dicho, ha elegido a Poe como aguja de navegar cultos, a la hora de ejecutar sus fechorías. Doy por supuesto, querido camarada Gravilovich, que nombro a Edgardo Alano y es como mencionar a un primo carnal tuyo, aun habiendo nacido en Boston-Massachusetts… Poe, el atormentado autor de “El Pozo y el Péndulo”, “El Caso del Sr. Valdemar” o “La Máscara de la Muerte Roja”… Sabes de quién te hablo, por supuesto…

 

-Mi dispiacce… Leggo solo classici russi…Oh mia patria, oh mia patria… Va pensiero, etcétera, etcétera, etcétera… Pequeñas grandes joyas, algunas olvidadas por el tiempo… Gogol y su “Capote”; “La Dama del Perrito”, de Chéjov (no desmerece en nada a su teatro); “Iván el Tonto”, de Tolstoi; “El Ladrón Honrado”, de Fédor Dostoyevski… Mi abuela nos los leía para dormirnos, a la luz de la vela…

-Claro- descubrió América Central la Srta. Puri-. Si les hubiese leído “El Corazón Delator” o “El Gato Negro” hubiesen tardado mes y medio en pegar ojo… Después de permitir entrar a Poe en tu imaginación, a ver quién es el guapo que se duerme… Y no es por sembrar falsas alarmas, pero usted, Mr. Gravilovich, después de tantas emociones con gorila incluido, presenta inequívocos síntomas de ir a sufrir un virulento ataque cataléptico… Y de eso a un enterramiento prematuro, si no se toman las precauciones oportunas, es cuestión de cinco avemarías y padrenuestro y medio… Eche mano pues de unos fornidos camilleros, que lo pueden portar en parihuelas y lárguense pitando a Casa de Socorro… Dese prisa, no vaya a ser que se muera en el camino y a estos Escila y Caribdis en versión masculina a su servicio les entre de repente el apetito y se acuerden de “La Narración de Arturo Gordon Pym”. Los creo capaces de meterse su cadáver recién muerto entre pecho y espalda.

Tiene agallas mi chica y no pienso negarlo. Se me vinieron de pronto a la mente, sucesivas lecturas sobre el tema gastronómico a base de carne viva y/o carne muerta, desde “Hansel y Gretel” a “La Jangada” de Julio Verne, con parada y fonda, cómo no, en “Robinson Crusoe”, pasando por “Las Mil y una Noches” y hasta, mira tú, el mismísimo “Conde Lucanor” (estas dos últimas, se decantan por la figura de la ghula, comedora de carroña compulsiva)… A lo que iba… Para mi sorpresa, el tovarich Ilya se había puesto un poco pálido; no así Mosca I y Mosca 2, quienes se habían dedicado a revolver entre los restos del naufragio en busca de materiales adecuados para improvisar un palanquín ad hoc, sobre el cual trasladar a su Volpone, presa ya de un ataque de pánico y dos crisis de angustia sucesivas.

-Andiamo via, veloce, maledeto canibali; debe avisare il doctore Calogero…

Cerré los ojos y, al abrirlos, segundos más tarde, ya no estaban allí. Sentí alivio infinito, a lo que contribuyó notablemente el hecho de que se hubiesen llevado consigo –por las buenas, por las regulares, por las malas… Chi lo sa…-a la Sra. Puri.

En perpendicular, la culebrilla de la sospecha se fue abriendo camino en el pastizal de mis seguridades, hasta emerger en superficie, asomando su negro periscopio sobre las precedentes teorías acerca de aquel intrincado caso.

Conociéndola como la conocía, no había que descartar en absoluto que mi asalariada se hubiese pasado al enemigo. Lo de la “Pietra Celestina” habría resultado demasiado tentador para su cuerpo del delito. Ella, tan aficionada a lucirse entre oros y pedrerías de mercadillo, no iba a permitir pasar por alto la oportunidad de viajar hasta su isla del tesoro, engatusando al más pintado, para el caso Ilya Gravilovich y sus aguerridos muchachotes.

En cierta ocasión, le pregunté cómo a una chica moderna habían llegado a perderla de tan mala manera los joyeles.

-Los quiero- respondió Margarita está linda la mar- para hacerme decorar un prendedor, con un verso libre, una perla cultivada y una flor de plástico… Me encanta Rubén Darío, ¿a ti, no…?

Félix Rubén García Sarmiento, que fue a rimar y se lo llevó el viento…

-No profeso mayor estima a los poetas- aduje, por llevarle la contraria-. En plena desforestación global, esos tenores huecos del nuevo gay trinar infrautilizan cuartillas de forma lamentable en sus escritos… Yo, como la duquesa Tita C.: “¡No a la tala, sí a la tela marinera”…

Fuere lo que fuere, al menos de momento, se había borrado de mi lista de bobas con mando, pendientes de amonestaciones (no matrimoniales, desde luego) por la parte que me toca las narices.

-Miel sobre queso de tetilla…- le dije a mi coleto- Así me libro de un despido improcedente.

Luego, me eché a llorar todo lo ruidoso que pude, por aquello de los micrófonos ocultos espolvoreados por la estancia.

FIN DE LA TERCERA JORNADA

-… Los del agujero de la derecha saben a guacamole recién hecho, pero ya no me quedan…