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SÍSIFO Y EL ESCARABAJO PELOTERO

Para Catalina, Clarisa y Aníbal, en quienes tengo puestas todas mis complecencias.

Hallándose a la sazón nuestro buen Sísifo ocupado en sus gravosos quehaceres sube y baja, quiso el destino se cruzase en su duro camino un no menos afanoso Escarabajo Pelotero, cuyo porte caballeresco atrajo, de guisa involuntaria, la atención del hijo de Eolo y Enareta, el mismo que antaño fuera todopoderoso rey de Corinto, antes de caer en desgracia con los Dioses Olímpicos.

-Eh, tú, caballero de negra armadura, qué leve desacato contra el cielo habrás tú cometido para ser castigado de tan liviana forma, me pregunto y te pregunto a ti, en la seguridad de ir a recibir pronta respuesta- quiso saber el jadeante Hombre de la Piedra, más que nada por hacer en alto en su ruda tarea y pegar hebra, liberando fatigas de sudores frontales.

Detúvose a su vez el Pelotero, sacudió sus patitas y entró al quite cretense en los siguientes términos:

-Porto el pan de mis hijos hasta el nido, donde su madre aguarda ya impaciente. En cuanto a mi pecado, digamos suelo mostrarme un tanto obsequioso con la clase domiante y altanero y distante para con las especies inferiores: p. e., las hormigas hetero en marabunta o ese enjambre de mariquitas orgullosas carrozonas. Y, por no desviame, continúo con mi planto: ni tú ni yo disponemos  del día entero… Pudiendo ingerir rosas fragantes, Madre Naturaleza, de quien Medea tanto tiene aprendido de infamias y maldades,  obliga a mis incontables descendientes a nutrirse de mierda estercolera; llevarla hasta el cubil es trabajo de Heracles que corre de mi riesgo… Ya me gustaría a mí que, una mañana de éstas, un humano se despertase convertido en uno de nosotros…

– Resultaría kafkiano, como mínimo. De encontrarme en tu caso, yo me daría con un canto en el pecho…- respondió Sísifo, en tono veladamente despectivo- Justo los que me doy con esa piedra, cada vez que se me resbala entre los dedos sudorosos y se me viene encima… ¡Qué pesada, proclamo!

-Por lo menos, no huele que alimenta; y capta la ironía, que no pareces lerdo, compañero… Acabo de sacarlo del magín, a ve qué te parece: hagamos presto un trueque de mutuas conveniencias, si tanto te incomoda el meteorito que te ha tocado en suerte por designio divino…- propuso el Escarabajo Pelotero, echando pata a esos tonos melifluos, a los que, al parecer, solía mostrarse aficionado- Te cedo mi boñiga a cambio de tu piedra… No creo que las deidades del Olimpo lleguen siquiera a darse cuenta, mientras subas y bajes por el mismo sendero, mas ahora quejándote de vicio…

– ¿Has pensado que va a ser de tus famélicas criaturas…? Las rocas metamórficas vienen a ser apenas digeribles, según tengo entendido… – objetó Sísifo, dándoselas de padre putativo.

-Mi progenie habrá de fabricar su propio estiércol…- respondió el desnaturalizado padre.- Una vez la piedra en mi poder, vendrán tiempos mejores a mi casta. Los élitros se me han puesto erizados tan solo de pensar en el “Mito de Escarabajo Pelotero”. En el Ponto no va a haber otros hablares ni otros dimes y diretes que no sean mi paso, piso y aviso a la Gran Filosofía Existencialista. Después de mí, la omega pasada por el líquido elemento… Platón, devaluado hasta platillo mendicante. A Diógenes, refugiado en un tonel, habiéndose apresurado a poner pies en polvorienta, el Areópago lo toma por tortuga marinera y lo convirte en sopa de lo que ya sabemos, para ser repartida, a diestro y a siniestro, entre las plebeyas turbas, con motivo de las fiestas panateneas en honor a los dioses penates, comenzado el estío. Pitágoras,pasoliniano él donde los haya, echa cuentas con los dedos impares de la mano izquierda para pagar los pufos del mercado… Los textos póstumos de todo un Aristóteles, los ha tenido que escribir su esclavo nubio, ante la pertinaz sequía de ideas de su señor y amo, mantenida en secreto, tras su muerte…

Sísifo no las tenía todas consigo… ¿Qué le estaba ocurriendo a aquella caja negra delirante, salida del ojete de cabra enloquecida…?

-Una piedra es una piedra es una piedra…- fue y le dijo al Escarabajo Pelotero, a modo de recordatorio, por si acaso- Luego no te arrepientas y me lo eches en cara… Te presento a tu roca en su lugar descansen. A partir de ya mismo es toda tuya. Yo, a mi bola, paso a hacerme cargo del detritus… ¿Sabes que más…? Partida en dos, pienso introducirla a presión en mis orejas odiseas. Así no escucharé reclamaciones tuyas, mientras subo y bajo la montaña, al darte cuenta de lo necio que has sido… Agapimú, si te he visto no me acuerdo…

***

A solas con su gigantesca masa pétrea, el Escarabajo Berroqueño corrió a situarse a su sombrío socaire.

-Quieta parada ahí, hasta recibir órdenes. Ya te moverás según convenga… Un golpe de puñeta, andante ma non troppo; dos golpes, te detienes ipso facto; paso ligero a golpe de codazo; que te mando volar, más te valdrá te salgan unas alas donde la espalda conserva aún nomenclatura… Alto, un momento… Antes de que me olvide. Déjame que te huela… A ver, a ver… Siento emanar de ti un embriagante aroma a azufre y cinamomo… Eau de l ´Enfer llamaré a tu perfume… En cuanto a ti respecta, por la presente, recibes por nombre el de Calista, aunque, en los momentos sabatinos de la más estricta intimidad, pase a llamarte Melibea… Inclínate ante mí, en señal inequívoca de sumisión y de agradecimiento… Todavía un paso más: acabo de tomarte por esposa…

No debió haberlo dicho. Un violento crujido anunciaba el desastre. La gentil desposada se había apresurado a obedecerle. Dio un paso más, por anfibología al pie de la letra, y terminó cuesta abajo en su rodada hacia el abismo, aplastando, de paso, a su, hasta entonces, felicísimo cónyuge, para acabar sumergiéndose y tocar fondo en las azules aguas del Peloponesto.

***

La moraleja de la presente fábula, niños míos, no puede estar más clara: callado, estás más guapo; otrosí, las divinidades durmientes podrían llegar a despertarse… Ellas, como vosotros, mejor cuando dormidas… ¡A la cama, a la cama…! No más cuentos por hoy, palabra del abuelo Scherezade…

Fin

 

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LA CURRUCA HOSPITALARIA

ESCENA 3: LEVANTAMIENTO DEL CADÁVER

 [Han transcurrido varios meses desde el final de la escena anterior. La puerta del dormitorio permanece ahora abierta. Marga, en su orejera, habla por el móvil mientras escucha la radio, situada en una mesita]

LOCUTOR.- Bienvenidas y bienvenidos a “Latidos en la Madrugada”, el programa más cordial de la radio noctámbula y bohemia…

LOCUTORA.- Un fin de jornada más, nos disponemos a acudir a una cita a ciegas con los que nos aguardáis ahí, al otro lado del espejo  sonoro, impacientes por viajar hasta el azar y el destino quieran llevarnos, con la imaginación y la voluntad de ser libres, hasta las más altas cumbres o las simas más hondas de la pasión de vivir siendo nosotros mismos pero también la otra o el otro…

LOCUTOR.- Se os llama a la participación un aquelarre luminoso y bienaventurado, a corazón abierto, la sinceridad como bandera, para conjurar nuestros demonios familiares: lo divino y lo fieramente humano, sin más muro de contención que el respeto a la audiencia que, cada noche, elige compartir su insomnio, y no en menor medida, sus más hermosos sueños, con nosotros…

LOCUTORA.- Al otro lado de la línea nos está aguardando ya “Curruca Hospitalaria”… Bonito seudónimo, doy fe…

LOCUTOR.- Como sin duda recordarán nuestros doctos y eruditos seguidores, la curruca es el ave en cuyo nido eligen habitualmente los cuclillos para depositar en él sus huevos…

LOCUTORA.- Por algo será, me imagino…

LOCUTOR.- Pronto lo sabremos… Desde la entraña misma de la brava Cantabria, recibamos con un enorme aplauso a… ¡Curruca Hospitalaria…! (Suenan aplausos algo desganados)

LOCUTORA.- Buenas noches, amiga… Bienvenida en nombre de cuantos configuramos la gran familia del programa… Se trata de la primera vez que acude a “Latidos en la Madrugada” en busca de comprensión y, seguramente, ¿por qué no?, de consejo y aliento, ¿no es cierto…?

MARGA (hablando por el móvil).- Los escucho a diario, casi como terapia. Cuando no puedo conciliar el sueño, enciendo el transistor que tengo en la mesilla…

LOCUTORA.- Alce un poco la voz, querida amiga; apenas alcanzamos a entenderla. Acérquese al micrófono e intente vocalizar lo más posible. Ante todo, tranquila. Baje un poco el volumen de su receptor, si no le importa para evitar acoplamientos de sonido. (Marga obedece) Mucho mejor, mucho mejor ahora… La noche es toda oídos a su historia. No queremos perder ni una palabra de lo que tenga a bien compartir con la audiencia…

LOCUTOR.- Hubo un cuco en su vida, según nos comentaba antes de entrar en antena, cuyo comportamiento no podría calificarse precisamente de caballeroso, por lo que nos ha parecido entender…

MARGA.- Algo de eso, sí… Poco cerebro y muchas pretensiones… Yo lamenté de veras que se alejara de mi lado, sin dejar, por ello, de alegrarme, en el fondo… Difícil de entender, según se mire… Habría que ponerse en mi lugar, supongo…

LOCUTORA.- De eso se trata… Miles de radioescuchas aguardan en vilo a conocer al detalle todo lo sucedido, Curruca Hospitalaria… Nos debemos a ellos, a su solidaridad y a su empatía… Todos deseamos ayudarla, ánimo: comience su relato, mientras siente nuestro abrazo, cálido y envolvente, a través de las ondas hertzianas…

LOCUTOR.- Al dejarla sola ante el peligro, sola con su soledad, esa persona le hizo mucho daño. Si empieza por reconocerlo, querida amiga, resultará más sencillo restañar las profundas heridas causadas por un traumático abandono, una variante no catalogada de maltrato sicológico.

MARGA.- Esa persona, en compañía de otras.   Al final, no quedó más remedio que rendirse ante lo irremediable. Antes de dejar abandonado a su suerte a quien tanto te había venido importando hasta entonces, tomé una decisión de no retorno… Me costó lágrimas de sangre… Se trataba de adoptar medidas muy, muy drásticas… Les aseguro que siempre he odiado la violencia…

LOCUTORA.- Para que todos y todas lleguemos a entender su narración, insisto, le invito a comenzar desde el principio…

MARGA.- Yo me encontraba enferma. No tanto como ahora. Podía moverme, gozaba aún de bastante autonomía… Sólo que la amenaza de aquel cansancio atenazador que me roía los huesos y los nervios, hacía presagiar tiempos peores… El hombre con quien convivía por entonces, ese Cuco del que llevamos hablando tanto rato, dándole una importancia de la cual carece, prefirió mirar hacia otro lado. ¿Sabe, señorita…? Es hoy y me hallo en condiciones de llegar a aceptarlo. Es duro contemplar el cuerpo que has estado acariciando convertido en una masa deforme y aterrada. Cuando creyó que se acercaba el desenlace, procuró poner tierra por medio…

LOCUTORA.- Algunos hombres, a veces, se muestran así de egoístas y cobardes… Continúe, compañera… Estamos recibiendo en la centralita de la redacción docenas y docenas de llamadas… Curtida en estas lides, debo confesar que se me ha puesto un nudo en la garganta al escucharla…

MARGA.- Mi hija, mujer de pelo en pecho, tampoco se puede decir que me lo pusiera fácil… Usó a mi nieta como sucia coartada para mantenerse a distancia, un comportamiento que no le he perdonado todavía… Me abandonaban todos, señorita: así de claro. La soledad resulta mala consejera. La pesadilla del amor también produce monstruos… Yo me convertí en uno, el más despiadado y feroz de esta historia tan torva y desalmada. Matar es fácil: basta que no te remuerda la conciencia, ya sea porque te hayas o te hayan vuelto loca o porque aparezcan motivos razonables para hacerlo…

LOCUTOR.- Escuche, Curruca Hospitalaria, espero que comprenda el alcance de esas últimas frases pronunciadas en abierto. Estamos en el aire, ¿qué trata de confesar ante miles de oyentes…?

LOCUTORA.- Soy partidaria de cortar esta llamada…

LOCUTOR.- Ni soñarlo. Nos debemos al directo y a la audiencia. Siga hablando, Curruca Hospitalaria… pero tenga en cuenta que, según establecen nuestros estatutos, el programa no se hace responsable de las opiniones vertidas por sus colaboradores y, mucho menos, con las de sus participantes espontáneos. Le aconsejo que mida el alcance del contenido de lo que salga de sus labios…

MARGA.- No se preocupe, señor. En mi estado, una se encuentra a salvo de la justicia humana. Que me dejen al cielo… (Se pasea por la estancia)  Una duda, la última, todavía me asaltaba: ¿me fallaría el valor? Llegado el momento de pasar a la acción, ¿me temblaría la mano…? Lo demás había quedado diáfanamente claro y ordenado: muerto el perro, se acabó la rabia. Mi muerte por su muerte; así quedaba garantizado el castigo del culpable, lo cual iba a dignificarme ante mis propios ojos… En cuanto al método elegido, tampoco ofrecía grandes problemas… Fármacos no faltaban en mi botiquín, como se comprenderá. Espanta, en la mayoría de los casos, lo que se puede leer en los prospectos acerca de sus posibles efectos secundarios… Cambié de idea rápidamente… Recurriría a algo más personal, más en caliente… Se trataba de oficiar un acto de amor, a nadie se le olvide… Desdémona y Otelo… “Apagaré tu luz…”, le dice el moro antes de proceder a terminar con ella… Un liviano almohadón y el resto va a ser silencio, en un instante eterno… Al final, se impuso mi escasamente romántica condición de ama de casa y me decidí por recurrir al gas ciudad de toda la vida. Respirar la muerte sorbo a sorbo supone una truculenta paradoja, supongo; ítem más, siempre puedes hacerlo parecer un accidente doméstico para quitarte de encima a los curiosos…

LOCUTOR.- ¿Así mató usted a su amante…? ¡A sangre fría!

LOCUTORA.- Déjame hablar a mí, Jorge, por favor… ¿No ves que no van por ahí los tiros?  ¿Asesinó a su propia hija de ese modo, señora…? ¿En algún momento llegó la nietecita a formar parte de sus planes iniciales o este fue un plan de última hora…? ¿Qué sentía mientras llevaba a cabo el espantoso doble parricidio…?

MARGA.- El sensacionalismo que nos invade… Su amarillismo no conoce límites, señorita… ¿Acaso me están acusando de…? Apúntelo en su agenda: pienso interponer mañana mismo una demanda por injurias y calumnias contra la emisora… Con el honor de los ciudadanos no se puede jugar de esa manera…

LOCUTOR.- Es usted quien se ha venido acusando hasta el momento, no nosotros, Curruca Hospitalaria, ante miles de oyentes… Yo me andaría con ojo…

MARGA.- (Casi riendo) Servidora, de lo que se acusa es de haber acabado con la vida de mi perrita Lula…Y fue porque no me quedaba más remedio… Mi ex marido había aceptado reanudar la convivencia, siempre que se encontrase el campo libre de presencias caninas…

LOCUTORA.- Vaya, menos mal, ni imagina el alivio que siente nuestra audiencia al escucharlo…

LOCUTOR.- Cuéntenos pues como se llevó a cabo el sacrificio de su perrita Lula, un preciso setter irlandés, según creo recordar… ¿Recurriendo a alguna clínica veterinaria…?

MARGA.- ¿Por qué no intentan escuchar lo que trato de explicarles? Recurrí al gas ciudad, se lo repito una y mil veces si hace falta. Coloqué en la bandeja del horno una hilera de galletas de canela, que son sus favoritas. Lula, la muy golosa, de un salto, saltó al interior con intención de no dejar ni una, ocasión que yo aproveché para cerrar la puerta. Abrí la espita y aguardé sus buenos diez minutos, vigilando por la mirilla de cristal el desarrollo de los acontecimientos, asegurándome que mi querido cachorrito tenía una dulce muerte… Los remordimientos tardaron en llegar lo que se demoró Juan, el padre de mi hija, en volver a desaparecer de mi vida y de mi muerte… ¿Qué se apuesta, señorita, a que me había cogido miedo, tras revelarle el ingenioso sistema empleado para librarnos de la perra…? ¡Como si su panza de botija cervecera permitiese hacerle a él correr la misma suerte…!

LOCUTOR.- Para tranquilizarnos: prometa que no ha estado hablando en serio, Curruca Hospitalaria… ¡Cielo santo, espere un momento…! ¡Eureka! Se trata del ensayo general de uno de esos monólogos televisivos tan en boga, en clave de humor negro… Porque piensa presentarse a uno de esos concursos de noveles… ¿No es cierto? ¿No es cierto…? ¿Se tratará quizás de “Operación Triunfo”…?

MARGA.- Si piensa que, en mi actual situación, se encuentra una para más operaciones… ¡Nos ha merengado el adivino…!

LOCUTORA.- De cualquier forma, existe otro extremo que conviene aclarar, Curruca hospitalaria: ¿llegó a serle practicada la mastectomía aconsejada por la Dra. Vilar…? En caso afirmativo, ¿ha contenido el mal que estaba invadiendo su cuerpo…?

MARGA.- Cuando llega el dolor, me preparo una hornada de galletas de canela…y procuro fingir un cierto alivio pasajero…

LOCUTOR.- Mientras hay vida, hay esperanza, Curruca Hospitalaria… Confíe en la ciencia y sus imparables avances; en su propia moral, de mujer curtida por las adversidades…

LOCUTORA.- Una pregunta más aún: en el presente estadio de su enfermedad, ¿recibe regularmente las visitas de su nieta…?

MARGA.- Pablo, mi yerno, le graba unos vídeos semanales y yo los veo a través del móvil… No me parece poco…

LOCUTOR.- ¿Se acuerda de Lula alguna vez…?

MARGA.- Conservo algunos vídeos de nuestros días de vino y rosas. Todavía no me he atrevido a visionarlos… Esperen un momento… (Manipula el móvil y se escuchan unos ladrillos) Ésta es ella… Lo siento, no puedo seguir hablando… (Cuelga el móvil)

LOCUTOR.- Se lo ruego, Curruca Hospitalaria: confírmenos que se trata de un monólogo…

 (Marga apaga la radio. Torpemente, entra en el dormitorio y sale al momento con un perro de peluche en sus brazos) Por suerte, ahora te tengo a ti, mi preciosa mascota sedosa a la que no hay que sacar a pasear puesto que no hace pis y caca…  (La deposita sobre el sofá, se sienta a su lado y se queda contemplándola) No te he comprado pilas de repuesto… A ver cuánto duramos… (Aprieta un resorte en la espalda del peluche)

PELUCHE.- Te quiero mucho… Te quiero mucho… Te quiero mucho…

MARGA.- Yo a ti también, pequeña… Será porque no me queda más remedio y por conservar hasta el final un perro que me ladre… Son tiempos malos y han de venir peores… “En los nidos de antaño, no hay pájaros hogaño”, ni falta que nos hacen. Cuando me sorprenden conversando contigo, le pregunta mi hija a su bruto por lo bajo si no me habré vuelto majara de repente. Ya me tengo elegido el epitafio: “Y yo me iré y se quedarán los pájaros cantando”… El que escribió esos versos que acabo de citar hablaba con su burro; pero a él- por ser hombre, seguro-, le concedieron el premio Nobel de literatura… ¿Qué hora es ya…? ¡Las cinco menos cuarto…! Voy a preparar el desayuno… ¿Qué se nos apetece esta mañana…?

FIN DE “LA CURRUCA HOSPITALARIA”

LA CURRUCA HOSPITALARIA

ESCENA 2: TRATAMIENTO DE CHOQUE

[Han transcurrido unos minutos desde la escena anterior]

CUCO.- Ea, lo conseguiste a la primera tacada: me has dejado hecho polvo para el resto del día…

MARGA.- Nada más lejos de mi intención… ¿Te encuentras bien?

CUCO.- El pulso se me ha puesto a mil quinientos y no hago más que sentir escalofríos, sudor va y sudor viene… A ver si voy a daros un disgusto… Una infusión de tila me iba a venir al pelo, ¿te parece…?

MARGA.- ¡Este maldito cansancio que me deja sin fuerzas…! Preferiría no tener que encargarme yo de prepararla…

CUCO.- Por si acaso se te caen los brazaletes, cuando no hace tanto, habrías perdido el culo y algo más por ponerte a mis órdenes… (Se pasea nervioso)  Omisión de auxilio puta y dura, tomo nota… No diré que no me lo ganado a pulso por bajar la guardia… Juego en campo contrario… Territorio enemigo… Cuidado con la perra, y nunca mejor dicho…

MARGA.- Deja de hacer comedia, por favor…

CUCO.- He de echarme a llorar para verte contenta…

MARGA.- Va a presentarse Carmencita de un momento a otro, como sabes… ¿Te importaría dejarnos solas…?

CUCO.- Faltaba más: me consideráis un estorbo, con lo cultas y lo finas que resultáis ambas las dos a dúo… Persona non grata… ¡Que uno se vea obligado a pasar por el desfiladero…! A veces, me hago el tonto; y porque me conviene… pero de panoli tengo lo que tú de enfermísima, cariño… A ver si no crees que a mí me duele petar contra la puerta de servicio… No aspiro a cabeza de familia: a pariente lejano, y me doy con una cantera en los dientes de arriba… Si hay que ladrar, se ladra… (Se oye ladrar al perro dentro del dormitorio)

MARGA.- Calla, Lula, bonita… (Cesan los ladridos)

CUCO.- Los obedientes heredarán el reino de los cielos… Estoy hecho de otra pasta. Hay que tragarme al dente. Te lo he dejado claro desde el vero principio… ¿Qué te atrajo de mí…? ¿Eso que llamáis “el lado oscuro”…?

MARGA.- Mi lado oscuro; el mío… Mientras tuviese miedo de mí misma, de hasta dónde era capaz de llegar, envejecer no parecería tan desastroso…

CUCO.- Y luego, si resulta que hay que morirse, que nos quiten lo bailado, ¿no es eso…? Me lo tomaré como un halago… Ya vamos avanzando… Reconoces que soy bueno apaisado, menos mal…

MARGA.- He sido yo la buena en la cama todo el tiempo… O mejor dicho, tú, perdona: bueno, mejor, el óptimo…; pero márchate ahora, campeón, papaíto, cabronazo…

CUCO.- Voy a esperar un poco… Tiempo al tiempo… Quiero contactar con tu hija, darle a conocer mis opiniones personales sobre el caso. Que las tengáis en cuenta en lo que valen, para luego actuar con pleno conocimiento de causa… En cierto modo, siendo yo tu pareja, me habría convertido en una especie de padre putativo para ella y, por lo tanto, abuelete de la pequeña parlanchina… Cada vez me motiva más este quilombo… Te ha puesto tensa mi inspirado discurso reivindicativo… Me niegas el pedigrí suficiente para emparentar con tus reales sitios… Hasta que, un mal día, yo me canse y… Brillante porvenir que me aguarda a tu lado, desvalorizada de atributos… ¡Una mujer con dos espaldas: nada por aquí, nada por allá…! “La donna e mobile”…

MARGA.- Si alguna vez has pretendido ganarte mi respeto, se te presenta una magnífica ocasión de demostrarlo…Vete, Cuco… Por favor, desaparece, esfúmate, evapórate… No tengo el cuerpo para más performances…

CUCO.- ¡Tu respeto…! El único que cuenta, al parecer… Yo me lo tomo con filosofía existencialista: eso sales ganando… (Suena el timbre. Ladra el perro) No te molestes, abrirá el mayordomo asesino… (Va a abrir. Entra CARMEN, veintipocos años, gafas oscuras; viste unos deteriorados bombachos y una gorra de visera) Adelante, considérate en casa… Estabas siendo el tema de conversación entre tu madre y yo, precisamente… y vas y te presentas… Déjame que te mire… Ruina de Roma: cada día aparentas más lozana… Ya me dirás cómo te las arreglas…

MARGA.- Buenas tardes, hija…

CARMEN.- Creí haberte dejado claro que…

MARGA.- Estaba a punto de marcharse cuando sonó el timbre…

CUCO.- ¿Disculpa…? Me habrás entendido mal, en todo caso…

CARMEN.- Deseo hablar con mi madre en la intimidad, no en presencia de extraños…

CUCO.- Aquí todos resultamos viejos conocidos, hija mía… No viene al caso hacerse los estrechos…

CARMEN.- O se va usted o llamaré a la policía…

MARGA.- En mi casa, yo decido quién se va y quién se queda…

CUCO.- Bravo por mi chica… Te lo aclaro: piensan que podría llegar a influirte y hacerme con el patrimonio familiar… Escucha, jovencita, me estás tomando el número cambiado. Con respecto a esta señora, únicamente me mueven los impulsos románticos… Margarita se llama mi amor… Vaya caza fortunas andaría yo hecho… ¡Pero si apenas tiene donde caerse muerta…!

CARMEN.- Uno de los dos sobra aquí…

CUCO.- ¿Vamos a echarlo a suertes…? Te alegrará conocer mis intenciones: se necesita alguien de confianza para sacar al perro, a jornada partida… Les disgusto a los chuchos: no comulgan conmigo; ergo, aspiro a concederme un alto el fuego. Me borraré del mapamundi, lo cual no es óbice para que se me avise en caso de desgracia; cualquier tipo de alarma, me refiero… Velahí madre e hija, posando en foto antigua, haciendo piña, uña y carne, una para todas y todas para una… ¿Cómo no va a estar uno de sobra…?

MARGA.- Mi orgullo hace tiempo que brilla por su ausencia… Os necesito a ambos a mi lado… Voy a pasar a depender de vosotros, más tarde o más temprano. Me espanta no reunir el valor suficiente, yo sola, para enfrentarme a lo peor.

CUCO.- El miedo es libre. Haberlo pensado antes…

CARMEN.- No hay nada que pensar… Y ahora, si no le importa…

CUCO.- Visto que nadie piensa agradecerme los servicios prestados, salgo sol por Antequera…

MARGA.- Luego te llamo…

CUCO.- ¿Para echarme otra bronca…? Déjalo para más adelante, hoy no me he traído la armadura…

CARMEN.- Mamá, disculpa, ahora vamos a sentarnos tú y yo, a mantener una conversación como dios manda… En cuanto el señor se decida a cruzar esa puerta…

CUCO.- Pasaré por mis cosas cualquier día de éstos…

CARMEN.- Aquí no hay nada suyo…

CUCO.- Eso está por mirar ante notario… (Se dirige a la puerta)

MARGA.- ¡Siento tanta vergüenza, al veros discutir…! (Va a su lado y trata de retenerlo sujetando su brazo) Hablaré con la doctora Vilar; no se había firmado nada hasta el momento… Acudiremos a otro médico; al que tú elijas, me da igual…

CUCO.- (la aparta con hastío) Se me ocurre un montón de asuntos mejores para entretenerme que no sea el servirte de juguete… Ni siquiera vales para ocuparte de un animal de compañía… (Sale, dando un portazo. Se oye ladrar al perro)

CARMEN.- Menos mal… A punto estuvo de montar un espectáculo… Ven, mamá, siéntate aquí conmigo, a mi lado… No debiste contarle… (Marga no se mueve de donde está, de espaldas contra la puerta, inmovilizada) Ahora va a utilizarlo en contra nuestra… Vamos, acércate, no disponemos de toda la tarde… He de llevar a Chiqui a clase de solfeo… Hoy es martes, ¿o se te había olvidado…?

MARGA.- (Avanza hasta el sofá y se sienta al lado de su hija, que le pasa la mano por el hombro) Martes… No hago más que pensar en la muerte…

CARMEN.- Obsesionarte con ideas morbosas es lo que menos te conviene… Trata de focalizar los aspectos positivos del problema… Para empezar, don, el muy cobarde, ha puesto tierra de por medio… Mejor sola, según reza el proverbio… Además, dadas las circunstancias, no ibas a necesitarlo para nada… Ponte bien y luego ya veremos si mandamos recado… A él o a otro: a ver si no te sobran pretendientes…

MARGA.- Consigues hacerme sonreír… Esa crudeza con la que te diriges a tu madre me hace recordar mi propia adolescencia…

CARMEN.- Papá me tenía miedo… ¿Nunca has pensado en…? Él no vive en pareja actualmente. A lo mejor, daba buen resultado organizar un encuentro casual entre los dos… Dame permiso y me pongo con ello… Papá a mí siempre me hace caso…”El comienzo de una buena amistad”. U os lo pensáis mejor y hasta salta la chispa…

MARGA.- (Furiosa).- Deja de decir estupideces…

CARMEN.- Perdona, me movía a nivel de sugerencia… Se le ha ocurrido a Pablo…

MARGA.- Debí haberlo adivinado… Las mujeres de nuestra familia resultamos un auténtico desastre a la hora de elegir compañero…

CARMEN.- Al mío, dejémoslo tranquilo, por favor…

MARGA.- ¿No le advertiste que, a su suegro, todo cuanta ladra le provoca verdaderos ataques de pánico…? Nunca aceptaría la presencia de un perro en sus alrededores…

CARMEN.- Recurres a dar palos de ciego por no enfrentarte a… lo que pueda sobrevenir, algo que ignoramos, de momento. No te veo predispuesta a tomar en consideración que tienes una nieta. Me pillas poco o nada entusiasmada con la idea de darle a conocer, tan prematuramente, ciertas miserias humanas. Reclamo su pleno derecho a una infancia feliz: no vamos a obligarla a asistir a lo que la Dra. Vilar llama un funesto desenlace a corto/medio plazo. Nos hemos informado.  Ocuparnos de esa niña es de interés prioritario para mí y para su padre. Quizás parezca brusca ni manera de expresarlo; pero sabes que me asiste la razón… Y, mientras, tú preocupada por quién sacará a pasear a Lula cuando no te encuentres en condiciones de hacerlo por ti misma…

MARGA.- Entiendo que llegará el momento en que mi deterioro físico y los estragos de la enfermedad no harán aconsejables sus visitas… No deseo ser recordada por mi nieta como un monstruo agonizante, retorciéndose de dolor sobre el lecho… Así murió mi abuela Isabel y los pequeños de casa, mis primos y yo, tuvimos ocasión de comprobarlo…

CARMEN.- A macabra no te gana nadie, cuando te lo propones… A lo que íbamos… Papá y tú os separasteis amigablemente.

MARGA.- ¡Qué necedad, hija mía…! A poco que escarbases, descubrirías una enorme carga de desprecio del uno por el otro…

CARMEN.- Entonces, nos has estado mintiendo todos estos años…

MARGA.- ¿Por qué no…? Las mentiras se inventaron para eso… El odio ya no abrasa la memoria, sólo queda una amarga sensación de lamentable pérdida de tiempo…

CARMEN.- Total, para acabar echándote en los brazos del tipo que acaba de tomar portante… ¡Tantas veces he tratado de aceptarlo y seguir respetándote…! Papá, aunque te hubiese hecho lo que a mí no me consta, se merecía un segundo intento. Y vuestra hija, también… A posteriori, cuando ya era tarde, he pensado muchas veces que mi comportamiento de entonces y vuestro desacuerdo a la hora de mantenerme a raya habían propiciado la ruptura… Pregúntame si he conocido el sufrimiento insoportable a edad temprana, la impotencia para borrar tu propia culpa… Tú y yo, dueñas del nido; papá, expulsado del paraíso para siempre y que pase el siguiente…

MARGA.- Estaba castigando al amor de mi vida y su aparente escaso interés por intentar recomponer una vida en común convertida en ceniza; no a causa de tus rebeldías adolescentes… Fue una cuestión de… ¿deseas oírlo…? ¡Suena tan triste…! De mutuo aburrimiento, uno de los peores tormentos infernales… En cuanto a Cuco, al principio resultaba gracioso con sus bromas… Confiaba en amoldarlo a mí, limar sus asperezas…

CARMEN.- De cualquier modo, papá se hallaría dispuesto a empezar de nuevo, estoy segura… Una vez informado de las circunstancias…

MARGA.- Te lo prohíbo…

CARMEN.- Andrés y yo no vamos a estar en condiciones de atenderte… y mejor no contar con tu reloj suizo: el cuco en cuestión parece haber asomado la cabeza por última vez, tras dar la campanada… Echas tus cuentas y luego tú decides lo mejor para ti, procurando no hacernos la puñeta al resto de mortales…

MARGA.- He aquí la nueva Penélope, solamente reconocida por su perro… ¡Pobre Lula…! La dejaré pasar… Habrá de acostumbrarse a estas cuatro paredes… (Se dirige a la puerta del dormitorio. Se oye ladrar al perro)

CARMEN.- (Disponiéndose a salir) Te mandaré un whatsup en cuanto llegue a casa y hable con tu yernísimo. No te tomes a mal todo lo que te he dicho, ¿vale? Las cosas hay que hablarlas…

MARGA.- (Con la mano en el pestillo de la puerta del dormitorio) Vale… (Sale Carmen, al tiempo que se abre la otra puerta y Marga asoma la cabeza) Lula, preciosa, despierta, dormilona… (Suenan ladridos de alegría)

FIN DE LA ESCENA 2