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McEwan for President

McEWAN FOR PRESIDENT !

Nos dimos de bruces en Anagrama, cueva de tantísimos tesoros, en 1980, con una colección de cuentos titulada “Primer Amor, Últimos Ritos”, cuya chirriante portada, tal que así

presagiaba políticas no todo lo correctas que debieran. En la contraportada ya se nos advertía que, en McEwan, “la depravación puede enmascararse en inocencia y las mariposas pueden resultar siniestras…”; en la revista Time, podía leerse “Un escritor de una fuerza pavorosa”… Ojos, ¿para qué os quiero…? El “ay amor, cómo me has puesto”, llegaría al año siguiente con “El Placer del Viajero”, al que ya se ha hecho referencia en la entrada anterior.

Lo que siempre me ha traído de cabeza es “El Jardín de Cemento”, publicada en Inglaterra en 1979 y traducida al español  tres años más tarde,

y sus concomitancias argumentales con “Our Mother´s House” de Julian Gloag, llevada al cine por Jack Clayton (1976) y estrenada en España como “A las 9 cada Noche”

 

“Siete niños rinden un extraño culto a su madre a la que enterraron en el jardín y cuya muerte silencian, para evitar ir al orfanato” (“A las nueve, cada noche”)

“En una casa de los suburbios de Londres, vive un familia como cualquiera otra, hasta el día en que fallece el padre y en que los hijos deben asumir la gestión de la casa y de sus propias vidas, ya que la madre padece una grave enfermedad que la obliga a permanecer encerrada en su cuarto. Esta repentina e inesperada ausencia de la autoridad(…) lleva esta pequeña comunidad de adolescentes a crear una nueva organización, un nuevo sistema de vida, que, gracias a una gradual escalada de insólitas situaciones los convierte en seres extraños, que actúan de un modo poco usual, ajenos a las normas que rigen una sociedad patriarcal como la nuestra” (“El Jardín de Cemento”).

Vamos, lo que los ingleses llaman dead ringer (“campanero muerto”)… “El Jardín de Cemento” también fue llevada al cine en 1993, dirigida por Andrew Birkin, con guion del autor, sin que sonaran las alarmas, que uno sepa…

Conste en acta que mi amor hacia McEwan continúa intacto, aunque la mosca siga zumbando tras la oreja…. Y sirva todo esto como prólogo al estado de opinión personal tras la visión sucesiva de dos novelas McEwan adaptadas al cine, de cuyos guiones respectivos se hizo cargo su padre y muy señor mío, ambas fechadas en 2017…

PRIMERA ENTREGA

Como quedaba dicho en el trabajo precedente, se trataba de un chequeo a la salud interpretativa de una Saoirse Ronan en su camino damasquinado hacia la Lady MacBeth que nos tiene prometida, protagonizando la historia de “luna de hiel” que uno no le desea ni a su peor enemigo.

Pues bien: prueba superada- me alegra el escribirlo- con laurel, por su parte y la de su compañero de alma, compañero, de nombre Billy Howle,un long distance runner que iguala, si es que no supera, en soledad, al viejo querido Tom Courtney, otro que tal corría, para no llegar a parte alguna…que no fuera una meta de dignidad personal inolvidable.

Enseguida, se me vinieron a la mente dos títulos, separados entre sí por una década más o menos prodigiosa: “A Kind of Loving” (John Schlesinger, 1962) y “Chica para Matrimonio” (George Cukor, 1952).

La primera de ellas ,”Esa-¿por qué no “una”?-Clase Amor”, fue filmada, qué casualidad, en el mismo año en que transcurre la acción de “En la playa de Chesil”. Encuadrada dentro del “free cinema”, la película recoge los difíciles momentos de la vida en común de una joven pareja, expuestos con potencia y credibilidad por el futuro director de “Midnight Cowboy”.

La peli Cukor, “The Marrying Kind” (“Los Aficionados al Matrimonio”, en traducción libérrima), comienza con un amago de divorcio de una joven pareja, para, en sucesivos flahbacks, ir pasando revista a los pros y los contras de compartir pan y cebolla con la persona de tus sueños. Como comedia dramática, se sitúa en el punto exacto entre el sabor a miel y  un cierto olor a pérdida de tiempo bajo manta…  “A buen fin, no hay mal principio”, escribió Shakespeare, devoto esposo y abnegado padre de familia en su Stratford natal, a orillas del río Avon…

Hoy por hoy, septuagenario cascador de más rabias que nueces, elijo esta ultima para mi isla desierta, de entre tres eran tres los tratados sobre eso del matrimonio y sus achaques…

Antes de andarnos, darwinianos somos, por las ramas del sasafrás, tratabamos de situar al lector ante los gozos y las sombras de “En la Playa de Chesil” by Dominic Cooke, que, como se recordará, comenzaba en 1962 para, a punto de terminarse, realizar dos sucesivos saltos en el tiempo: hasta 1975 y 2007, despedida y cierre del asunto tratado. Según la Crítica Seria, constituyen un molesto pegote innecesario que pone en riesgo la coherencia de la película en conjunto. So sorry, yo no estoy tan seguro…

Acaba de terminar la peli en mi ordenador. Escribo esto con un nudo en los ojos y dos lágrimas negras jugando al resbalillo en mi garganta. “En la Playa de Chesil”, desde ya, pasa a formar parte de mis grandes lloreras a pie de desenlace, junto a “Esplendor en la Hierba” (Elia Kazan, 1961) y “Los Paraguas de Cherburgo” (Jacques Demy, 1964). A la hora de colocarlas en el podium,  vuelvo y me revuelvo en hamletianas dudas…

Si reproduzco aquí un fragmento  del famoso poema de Wordswoth, otro Guillermo a tener muy en cuenta, es para comprobar si todavía su lectura me hace el mismo efecto que en los años 60… Allá va pues… Si tenéis lágrimas, preparaos a no verterlas, si es que hacéis caso al autor de la oda…

“Aunque el resplandor que
en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas.

Aunque mis ojos ya no
puedan ver ese puro destello
que en mi juventud me deslumbraba.

Aunque nada pueda hacer
volver la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo”.

De cualquier manera, transcurridos unos minutos, ya recobrado de semejante subidón de emotividad reprospectiva, localizo, entre telarañas, aquella lapidaria atribuida a don Gregorio Marañón, famoso, entre otras cosas, por haber sacado del armario a don Juan Tenorio, en la cual se afirmaba que “no hay mujeres frígidas, sino hombres inexpertos”… Dicho sea en honor de la sufrida Florence, a la que Saoirse Ronan interpreta con toda solvencia, que es lo que queríamos demostrar.

SEGUNDA ENTREGA

La novela nació en 2014. Los responsables del titulo de su adaptación cinematográfica en España no se lo pensaron dos veces: inte nos, pasó a llamarse “El Veredicto”. Dirigida por Richard Eyre , con guion McEwan, podría decirse que es tan matter of fact como un emparedado de pepino. Perfecto trabajo de orfebrería dialéctica a cargo de Emma Thompson como suma sacerdotisa en el papel de la juez Fiona Maye (sin e también valdría… y hasta tendría más morbo), cuenta con el espectador para rellenar los huecos de una intrahistoria en estado de hibernación British styled.

Le comentaba Hitch a Truffaut al hablar de la supuesta frialdad de la mujer británica que sus compatriotas del sexo femenino pueden llegar a pegarle un viaje a tu bragueta durante un viaje en taxi, sin pestañear siquiera. La verdad es que en mis años de esplendor en la hierba no tuve ocasión de comprobarlo… What a pity…!

Recuerdo, eso sí,  la lectura a destiempo de una novela de Nancy Mitforf, “Amor en Clima Frío”, donde  no era la venganza, sino el sexo un plato a servirse embufandado…

Nancy M., comendadora de la Orden del Imperio Británico y oficial de la Legión de Honor en 1972.

 

Héteme aquí que Su Señoría ha de enfrentarse al socorrido tema de un testigo de Jeovah que, aquejado de leucemia, rechaza la posibilidad de someterse a una transfusión de sangre, aun a sabiendas de que su vida puede depender de ello. A punto de entrar en la mayoría de edad, es la Justicia quien puede disponer que dicha transfusión se lleve a cabo.

Hasta el momento, todo parece atado y bien atado en una peripecia jurídico-moral con dos caminos a recorrer como dios manda o como dios no manda.

En el ámbito católico, el equivalente vendría siendo quién debe salvarse, la madre o el bebé, cuando solo uno puede sobrevivir al parto, tantas veces recogido por el Cine. Elijo dos títulos tan dispares que hasta da repelús ponerlos juntos: “El Cardenal” (Otto Preminger, 1963) y “El Derecho de Nacer” (Tito Davison, 1966)…

Pero volvamos a la  cuestión sangrienta… Tan espinoso tema, cocinado por un cheff de las Letras Británicas- del cual “The Observer” llegó a escribir la siguiente tontería “En los relatos de McEwan está asegurada una depravación terriblemente macabra”-, pronto se va a desmadrar dentro de un orden. Fiona Maye, además de los fallos inherentes a su cargo de jueza, se ocupa -o más bien, se desocupa- de otros fallos no menos importantes: el de su matrimonio, por ejemplo

Cuando el joven testigo Adam se cruza en su camino, nuestra Eva llevaba casi un año- once meses exactamente, contados, uno a uno, por Jack, su santo esposo- sin cumplir con el débito conyugal, lo cual no nos permite calificar su situación doméstica como “paraíso terrenal” ni mucho menos… Y claro, ya se sabe, la tentacion vive arriba o abajo, pero vive y reina por los siglos de los siglos, amen…

“Consejos vendo, y para mí no tengo”, dice el refrán con más razón que los bestsellers de Descartes… Si la novela /peli hubiese sido italiana, seguro iba a llegar la sangre el río… En “La Ley del Menor”, todo va a resolverse del modo más civilizado posible… “Aquí paso lo de siempre: han muerto cuatro romanos y cinco cartagineses…”, que escribiera un Federico metido en reyertas de la gitanería…

Si contemplar a Emma Thompson at her best, al frente de un cotarro de cómicos talentosos, descubriendo su América del Sur (pero sin acabar de creérselo del todo- “Sexo, no, por favor; somos británicos”-) nos merece la pena y la alegría, no duden en acudir a su llamada…

Quizás lo más cruel, lo más McEwan (“escritor mordaz e inmisericorde”, según la revista Vogue), llegue con la secuencia final, donde se demuestra, una vez más, que la justicia es ciega…

***

No quisiera terminar este recorrido por el McEwan cinematográfico sin hacer mención de la peli  a partir de “El Inocente”, publicada donde siempre en 1991, título utilizado aquí y allá, para rotos y descosidos… Veamos unos cuantos ejemplos ilustrativos:

Como sería el overbooking de inocencias, que la novela de Mario Lacruz, al pasar a la pantalla grande oficiada por Joé Mª Forn, optó por titularse tal que así:

Ignoro la razón; pero, en torno a los asuntos McEwan siempre acaban por crecer y multiplicarse los enanos infiltrados… Veamos un nuevo caso de panes y peces, pero mira cómo beben los unos de los otros sin acabar nunca de emborracharse…

“Enduring Love” (“Amor Perdurable”)

La novela es llevada al cine por Robert Mitchell por 2004. En España, sin comerlo ni beberlo, pasa a titularse “El Intruso”. Estos son algunos de sus hermanos…

No se me impacienten porque aun quedan dos pequeñas joyas en forma de libro… A este bombardeo, se apuntaron también dos inesperados visitantes… Helos aquí…

He dejado para el final una pequeña anécdota… El ejemplar de “Primer Amor, Últimos Ritos”, que pertenece a la menor de mis infantas, le fue dedicado por el autor tras una conferencia en Oxford, pronunciada en un teatro, para asistir a la cual había que pasar por taquilla… Me encantó este detalle… ¿O es que, acaso, no cobran los cantantes…?

Lo dicho: McEwan for president !

Mis infantas, tal y como aparecen en mis sueños…

 

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“MARÍA, REINA DE ESCOCIA”, DE JOSIE ROURKE

La primeva vez que Miss Ronan apareció delante de mis ojos sobre pantalla creo que fue en “Expiación” (2007, Joe Wright), a partir de la novela de Ian McEwan. En cuanto la vi, yo me dije para mí: “Esta pequeña arpía terminará interpretando a Lady MacBeth; tú espera y varás…”

En 2019 se las maravilla ya para situarse, con holgura, en el papelón de María Estuardo, trono interpretativo ocupado con anterioridad por lumbreras de la talla de Katharine Hepburn (a las órdenes de John Ford) o Vanessa Redgrave (a las de Charles Jarrott… y a las suyas propias, ¿qué se apuestan?…).

Como no hay dos sin tres, acabo de tropezarme con una peli suiza, made in 2013, dirigida por Thomas Imbach, titulada “Mary, Queen of Scots”- título en VO de la que no ocupa-, protagonizada por Camille Rutherford, a partir de la biografía de Stefan Zweig, cuyo paradero paso a intentar localizar como si no hubiera un mañana… Después de todo, la “María Antonieta” del susodicho fue uno de los títulos clave durante mi adolescencia…

Sobre el viejo tapete, luchas de católicos contra protestantes en la Inglaterra del siglo XVI y dos primas entre sí, ambas de armas tomar, enfrentadas a sangre y fuego en su pugna por hacerse con el Poder de los reinos adyacentes.

Josie Rourke, curtida en los escenarios londinenses a base de mucho Shakespeare tal como está mandado, la directora de guardia, se ha encargado de aderezar la salsa original con nuevos elementos- no tan nuevos, caramba-; para el caso, lo que ya se planteaba en “Gigantes y Cabezudos”, zarzuela del Maestro Caballero estrenada en 1898, a través de su famosa jota “Si las mujeres mandasen, en vez de mandar los hombres”. Y lo que iba a pasar, no se lo pierdan: “Serían balsas de aceite los pueblos y las naciones”…

Aviso a navegantes: Todo esto está muy bien; pero las buenas intenciones no son sufientes para poner en pie una buena película.

Para que”María, Reina de Escocia” funcione a pleno rendimiento… ¿qué es lo que hace falta…?  En primer lugar, elegir una Isabel I de Inglaterra con niveles parejos de talento interpretativo con respecto a la protagonista. El malo, ya lo apuntaba A. H., cuanto peor, mejor para el interés de lo narrado.  A Miss Robbie le correspondía lidiar con un obstáculo de considerables proporciones: Bette Davis ya se había encargado de ponerle careto a esa dama a la que nos estamos refiriendo, por dos veces: “La Vida Privada de Elizabeth y Essex” (Michael Curtiz, 1939) y “El Favorito de la Reina” (“The Virgin Queen”, Henry Coster. 1955);  a ello habría que sumar  la fascinante presencia de Jean Simmons- una de las actrices más cautivadoras que se me ha dado conocer) en “La Reina Virgen”(“Young Bess”, George Sidney, 1953). Glenda Jackson, por cierto, frente a Vanessa R., buena era ella, compuso una Isabel con un par de bemoles debajo de las faldas.

Queen E .- Seguro que mí los papistas nunca van a pretender hacerme santa…

Últimamente, otra que va a por todas,  Catte Blanchett, sería reina por dos veces: “Elizabeth”(1998) y “Elizabeth. Edad de Oro” (2007), ambas dirigidas por Shekhar Kapur… Y cerrando el círculo del perfeccionismo iridiado, cómo no traer a este pergamino a Judi Dench, camaleónica actriz dispuesta a pasar del “M” femenino de la serie Bond a protectora del Guillermo “Agítese antes de Usar su Santo Nombre en Vano”, haciendo escala en una Reina Víctoria a lo Miss Daisy, cuando hubo menester…

 

Queen Elizabeth.- Mucho cuidadito conmigo, que de tonta, tengo un pelo… Lo demás es peluca, por si alguno no había caído en la cuenta…

La verdad es que Margot Robbie como Isabel I ha de esperar bastante para ese momento O. K. Corral cuando las dos rivales se encuentren, por fin, frente a frente. Se trataría, por hipótesis, de la secuencia de mayor lucimiento actoral. Por desgracia, la directora parece preferir un tono discreto y discursivo- la flema británica, sin duda-, para lo que pide a gritos desmelene: un “tour de force” de sus protaginistas, que, al no llega a cuajar, deja que la película se vaya evaporando lentamente durante el resto de metraje.

En el trabajo anterior sobre “La Favorita” se hablaba ya de  lo que sucede cuando dos fuerzas de la naturaleza del sexo femenino entran en conflicto, con un juego de tronos de por medio. A los ejemplos ofrecidos allí me remito… Vayan a verlos si les interesa el tema… Tampoco están tan lejos… Justo como Escocia e Inglaterra.

En el lado soleado de pulgares enhiestos, vaya ese tono entre lúgubre y tétrico que preside un cotarro de crónica negrísima, a lo que contribuyen los desolados paisajes donde transcurre la acción en exteriores. Lo del vestido rojo (¿Minnelli?) prestidigitado patíbulo arriba, al principio y fin de la sesión, estaba ya presente en la peli Charles Jarrott.

Redgrgrave, reddressed

Aquí llegados, solo se me ocurre una lapidaria para cerrar una tarea que empieza a resultarme algo tediosa. Ni Elizabeth ni Mary, juntas o por separado, son capaces de desarrollar tanta fuerza expansiva como Freddie Mercury, vivo o muerto, emprendiéndola con “Show must go on…” sobre un escenario. God Save the Gracious Queen…!

El bueno de Freddie haciendo virguerías con el micrófono…

Otrosí, ¿cuál es el problema de las pelis “históricas”… ? Convendrán conmigo que todas ellas se encuentran aquejadas de un irreparable deja-vú, donde el spoiling ni está ni se le espera: al final, a María Estuardo tienen que cortarle la cabeza; Elizabeth va a quedarse más sola que la una (lo de “virgen”, mejor no meneallo) y la dinastía Estuardo ocupará el trono inglés hasta la reina Anne, a quien, como sabemos, Yorgos Lanthimos dedica su última película.

Un poco por reconciliarme con Saoirse – todavía no logro imaginarme cómo se pronuncia en irlandés semejante nombrecito-, realicé un run for cover hacia territorios menos pantanosos. Elegí un título donde volvían a coincidir ella e Ian McEwan, otro de esos autores que uno lleva marcado a fuego en el rincón más oscuro de su mente. “The Comfort of Strangers”, aquí traducida como “El Placer del Viajero”, contiene, a punto de culminar su descenso alucinante a los infiernos fríos y abrasadores del deseo, las dos líneas más aterradoras que yo recuerde haber leído en mi vida. Para suerte suya, conoció una versión cinematográfica impecable, a cargo de un inpirado Paul Schrader que todavía era lo que, como cineasta, ha dejado de ser hace ya tiempo.

En el reparto, dos exquisitos de lo abominable, Helen Mirren y Christopher Walken, llenan todo el metraje con la luz cegadora de sus sombras… y la partitura de Angelo Badalamenti hace el resto. Su título en español es para echarse a temblar… “El Placer de los Extraños”… Seguro estoy de que Blanche DuBois, la primera en hacer famosa dicha expresión en “Un Tranvía llamado Deseo”, al hablar de lo triste que resulta  verse abligada a depender de la piedad de los extraños, debió de revolverse allá en su telaraña perlada de gotitas de rocío mañanero…

No nonocía este título McEwan, “En la Playa del Chesil”, publicada en 2007. De hecho, hace años que no frecuento su literatura, llena de títulos importantes, por otra parte. Sería llevada al cine en 2017, con dirección del debutante Dominic Cooke; del guión se encargó el propio McEwan. Situada a principios de los 60, nos invita a ser testigos de lo que sucedió en el transcurso de la  noche de bodas de dos enamorados veintiañeros, Florence y Edward…

Por lo que llevo leído acerca de la peli,  debió de ser, mutatis mutandis, algo parecido a lo que les sucedió a los protagonistas de “The Family Way (1966), de los Hnos. Boulting, inter nos bautizada como “Luna de Miel En Familia”, una bienintencionada crónica que parecía sacada de los, por entonces famosísimos, “Libro del Joven” y “Libro de la Joven” del Dr. Carnot, acerca de lo que hay que hacer a la hora de pasar las musas al teatro en eso que no tiene enmienda, para no quedarse con las ganas…

En cuanto haya comprobado lo que da de sí lo de Saoirse Ronan y McEwan en amor y compañía, prometo a los lectores, en el caso de haberlos,  hacerles una nueva visita para compartir impresiones y otros desvaríos, postre de la casa… ¿Hace falta reiterar que sigo a la espera de la Lady MacBeth de esa chica tan divertida…? Como no se dé un poco de prisa, corre el riesgo de pillarme criando malvas…

 

Parafraseando todo aquello que se mueva, ésta es la Anna de Gran Bretaña, la última Estuardo, y no la de Donizetti, y no la de Donizzeti… De ser yo, Sr. Lanthimos, me andaría con ojo de buen cubero: depués de hacer una peli como ésa, creo muy capaz a Su Majestad Es Coja de saltar de la tumba para ajustar cuentas con sus desafectos… Y es que el bueno de Yorgos nos ha montado un “grand guignol”, tomando como base un ménage-à-trois femenino y plural, como no se recordaba en las pantallas. Y, de preferir “Sissi Emperatriz”, mejor será que no sigan leyendo…

Los más avezados practicantes del “Cine de Mujeres”(filmes dirigidos, primordialmente, por varones, con resultados todo lo apreciables que se quiera; pero poco o nada que ver con el Cine Feminista, por favor: despotismo ilutrado, puro y duro…),  como mucho, se habían atrevido a sacarlas al ring de dos en dos… y hasta incluso, a veces, jugando con fuego al emprenderla con las “Mujercitas” de Louise May Alcott (Mervin Le Roy, 1946), de cuatro en cuatro; u optando por echar la casa por la ventana: soltar a muchas juntas a la vez… y estoy pensando en “Mujeres” del Cukor, allá por el año 39, o, más recientemente, “8 Mujeres”(François Ozon, 2002).

Para su placer y el mío, he aquí un pequeño “diez negrit@s” con faldas y a lo loco:

Y, como postre con bastante mala leche, a modo de “happy ending”, esta otra…

***

Lo de Bette Davis versus Joan Crawford, lo de esta misma contra Mercedes McCambridge y, por supuesto, lo de Aurora Bautista contra Sara Montiel, podrían ilustrar perfectamente el panorama “mujer contra mujer” a veinticuatro fotogramas por segundo, antes de que Yogos Lanthimos, griego especial donde los haya, saliese a dar la vuelta al ruedo, tras su lujosa/ lujuriosa (a nivel oral, sobre todo) reinterpretación de la Historia de Inglaterra: oscars, globos de oro, leones abiertos en canal, Valladolíes…Todo eso y lo que te rondaré, morena

En cualquier caso, seguro estoy de que, a “La Favorita”, nuestro viejo querido, Guillermo Shakespiripipí, le hubiese puesto muchas más peras que peros…

***

¿Peli monáquica o reuplicana…?, podría preguntarse algún meón fuera de tiesto… La respuesta está soplando justo allá donde el aire, al entrar y salir rítmicamente,  se convierte en sedosa brisa acariciante, con cálidos suspiros en respuesta…

¿Pueden las más altas instancias de la nobleza británica del siglo XVIII, hablar de “follar”, de “meneársela” o de “coño”, enarbolando una taza de five o´clock tea en su mano derecha, con el dedo meñique erecto solo a medias…? Aquí y ahora, en la corte de Queen Anne, lo hacen todo el rato… Y no creo que el censo de republicanos de pro haya aumentado, después de abandonar el patio de butacas los espectadores, ni que tampoco haya decrecido la tropa de monárquicos con derecho a reverencia cortesana…

Recuerdo que nuestro juego favorito durante los primeros años del bachillerato consitía en preguntanos los unos a los otros, durante la clase: ¿Te imaginas al profe Tal o la profe Cual, cagando…?” La sabiduría popular lo había dejado prístino: desde el rey hasta el papa, todo el mundo lo hace (por lo menos, de vientre, bajo los tres estados: sólido, líquido y gaseoso…).

La m… más famosa del mundo

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La práctica sexo como dominación sería solo una de las facetas- no la principal; pero tampoco la menos importante- a la hora de ejercer el poder. Y vive dios que son los poderosos los que se dedican a joder– en el sentido más amplio posible del término- a sus subordinados, sean subditos, lacayos o el segundo eslabón en la pareja.

Tres mujeres, tres, son las encargadas de impartir unas cuantas lecciones provechosas sobre el espinoso tema: una reina en plena decadencia física, su favorita de siempre y una recién llegada, decidida a quedarse con su puesto… La partida a jugar sobre el tablero será ganada por una cualquiera de las dos sotas (la de espadas y la de bastos) que logre dar jaque a la Reina de los Corazones Solitarios. Y si, para ello, se hace necesario (o conveniente, o favorable) chuparle los dedos de los pies, ¿boca, para qué os quiero…? Este dedito fue al mercado, este dedito compró un huevo y este otro se meterá donde le quepa… Sic transit…, que decían los antiguos… Por algo se habla de la erótica del poder, ¿no es cierto..? Aquellos polvos reverteris, trajeron estos barros sine qua non, si es que acaso se pretende hacer fortuna, ya sea en Wall Street, en Versalles o  en la empresa que te da de comer y descomer al mismo ritmo…

***

Las actrices encargadas de oficiar esta ceremonia de la copulación como metáfora político-social convierten sus trabajos respectivos en un recital de altísima escuela interpretativa. Olivia Colman + Emma Stone + Rachel Weisz no se andan por las ramas… Salen a darlo todo- en especial, las dos primeras, intuyo-, dejándose eso que antes se llamaba “pudor”, allí donde el paciente deja el suyo, desnudo sobre una camilla, segundos antes de que una mano enguantada le practique un tacto rectal, sin amor que valga de por medio… Pero mejor será que hablemos de otra cosa…

Se preguntaba este carca puritano mientras veía la cinta si Olivia C. (actriz de amplísimo espectro: cine, teatro, televisión, radio…; pero también esposa con Popeye novelista y madre de familia numerosa) invitaría a los suyos a verla en su reinado imaginario. Ya me había planteado lo mismo en el caso de Charlotte Gainsbourg y los papeles sangre, sudor y mierda, interpretados bajo batuta Lars Von Trier… He leído por ahí que se trataba de “humanizar” un personaje regio hasta hacerlo acreedor de nuestra compasión y/o empatía… Sigo pensando que Lanthimos llevaba, todo el tiempo del rodaje, un Groucho negro posado sobre el hombro que le andaba gritando “¡Más madera…Es la guerra…!”

Por lo que respecta a Emma Stone, enhuesando hasta el tuétano a Abigail Marsham, la aspirante a favorita – no tanto por méritos propios como por prestarse a aspirar todo tipo de humores de la augusta realeza que se le ha puesto a tiro de repente-, acierta a componer una semisuma llevando de Eva Harrington (la velutina muerta que le birlaba el premio Sarah Siddons a Margot Channning) y la encargada de hacer colgar a varios cientos de campesinos en “Las Brujas de Salem”, de nombre Abigail, mira por dónde… Aquí, ni siquiera baila o baila sola: se dedica a trepar, trepar y trepar, trepar y trepar,  pies para qué os quiero..

Eva H. .- ¿Y si jugamos al corre-corre.-que- te -pillo…?

“El Crisol” aka “Las Brujas de Salem”

Por lo qe respecta a Rachel  Weisz y su Sarah Churchill, en cierto modo, habrá de conformarse con las migajas del banquete tripartito: es cabrona, sin más; nació cabrona y, probablemente, morirá cabrona. Puede decirse que se la odia por hipótesis, a pesar de que conocemos el alto precio que ha tenido que pagar para estar donde estuvo hasta la llegada de Abigail M., una doña Ninguna y una resentida…

Los machos de la función- empolvados petimetres pelucones de diversas edades- tampoco puede decirse que salgan de rositas:  rivalizan entre ellos cual hienas bisexuales a medio castrar, mientras hacen cola para lograr la atención de su Serena (?) Majestad; se la cascan ante el espectáculo de una recién llegada de bruces sobre el barro, o, en pelota picada, sirven de blanco en un pim-pam-pum a base de naranjas, todo ello en el tiempo que les queda libre entre sesión parlamentaria y sesión parlamentaria, donde se está discutiendo, una vez más,  “guerra, sí” o “guerra, no” con los franceses…

La bajada de telón definitiva pilla al espectador dedicado a otras pajas mentales no menos placenteras… La posibilidad, remota o a la vuelta de la esquina, de que los Caprichos de Goya no tengan algo que ver con todo aquello…

Mientras lo decido, voy a ponerme a localizar tres pelis de Lanthimos, hoy algo borrosas en la memoria mía- y, virgencita, que me quede como estoy…-, por si su revisión me ayuda a situarme frente a “La Favorita”, uno de esos títulos tan odiosos como amables; pero que nunca van a dejarte indiferente…

Made in 2015

 

“El Sacrificio de un Ciervo Sagrado”, made in 2017

 

“Canino”, made in 2009