Feeds:
Entradas
Comentarios

HUGETOWER, INVESTIGADOR PRIVADO

***

 

El Intrincado Caso de las Tres Aspirantes a “Miss Perdición de los Hombres Años 40”, amén de otras pequeñas cumbres borrascosas de machismo ilustrado

Dedicado a Gaby, la menor de mis infantas, con la que suelo discutir sobre Feminismo

Brigid O´Shaughnessy, muriéndose de casta y de sencilla

Cora Papadakis, cuarto y mitad del mismo desparpajo virulento

Phyllis Dietrichson, no menos satisfecha de currículo

No quiero decir, por hombre, las cosas que ellas me dijeron.

Se presentaron, a la brava, en mi despacho de la madrileña calle de Hortaleza, una soleada mañana, cual aves precursoras de primavera, demandando a una Srta. Puri empeñada en conectarse, vía skype, con su última conquista (Serge, mocetón francés de muy buen ver y mejor llevar al huerto), ser recibidas, ipso facto, por el célebre detective Hugetower, el mismo que, en sus más caros desmadres oníricos, se viste Emidio Tucci , calza Martinelli, mira la hora en un Rolex de oro  y conduce un Aston Martin de último modelo, por mor de haber bebido demasiada cerveza barrilona, en procura de olvido a las cabras Regal y estar durmiendo tremendo resacón a la bartola (camiseta, calzoncillo y calcetines), encima del sofá destartalado donde suelen acomodarse mis clientes.

La Srta. Puri, venus atrapamoscas, ahí donde la ven

-Escuchen, nenas…-les paró pies y lenguas la Srta. Puri, entornando sus ojos verdes como la albahaca y el verde, verde limón, en plan ofidio al que conviene no pisarle los crótalos, no vaya a ser haya desgracia en el ambiente- El Jefe está reunido consigo mismo y con sus diez personalidades convergentes. Lamento prevenirlas en tiempo y forma suficientes: no estará en disposición de recibirlas, como muy pronto, hasta mañana por la noche, de una en una, en éste que lo es su recoleto despachito, además de picadero licencioso…

Las invasoras bárbaras se limitaron a mirarse entre ellas unos breves instantes para, a continuación, todas a una, irrumpir en mi sancta sanctorum con la intención de cantarme las cuarenta, a cual más basta, más cortante y mejor candidata a no superar una prueba de alcoholemia una noche de sábado, a cien metros de estrenada la M-30.

Menos mal: me pillaron durmiendo a pata coja, un duermevela ni carnal ni limonado y soñando los sueños que hombre alguno osó nunca soñar, al decir del poeta cataléptico.

-Hémonos aquí reunido…-empecé, por decir algo fino- Pero, pardiez, si les parece, bellas señoritas, procedemos primero a presentarnos…

– Nosotras somos quien somos, basta de historia y de cuentos… – me escopetó la que parecía su portavoz, muy puesta en Gabriel Celaya, por lo visto- Yo soy Brigid O´Shaughnessy; aquellas otras dos son hermanas de padre, eso aseguran ellas, por lo menos: Cora Papadakis y Phyllis Dietrichson, y hemos venido aquí a desfacer entuertos…

Las protagonistas, respectivamente, de “El Halcón Maltés” de Dashiell Hammet, “El Cartero Siempre Llama Dos Veces” y “Perdición” de James M. Cain, en mi casa de citas y yo con estas calvas seborreicas…O, lo que es lo mismo, si hace falta aclararlo: las desgracias de Rubens, el trío de las Euménides hidrófobas, las tres hijas de Elena… Para atarse los machos y no perder de vista ni un momento la cartera billetera de piel de cocodrilo…

-Encantado, por dios…Tomen asiento donde les quepan las caderas ondulantes…-me desviví, galante, engolando el gaznate, en señal de respeto y pleitesía- Veamos pues de qué piratas de la pata de palo habremos de deshacernos sin tardanza…

-Mal empezamos…Ha dicho “entuerto”. Dejemos a Jack, el “Tuerto” capitanear “El Holandés Errante”…- cloqueó la tal Cora (quizás fuera su hermana), la más arrabalera de aquel trío infernal, encendiendo, sin pedir permiso, un cigarro devoto de maría, sin molestarse en invitar a los allí presentes.

-¿Por qué no te callas…?.- metió baza, en plan regio, la que faltaba, o séase Phyllis (en el caso de no tratarse de su hermana paterna)- Dejemos que el muchacho demuestre lo que vale y lo que pesa…

-Empieza por predicar con el ejemplo…- cortó la llamada Brigid (siempre en el caso de no haber dicho una mentira)- Vamos al golondrino: estamos entrevistando a los detectives más famosos del mundo (y los que no son famosos, también; otrosí, no hubiésemos acudido a este cubil mal ventilado ni de coña), realizando una encuesta acerca de quién tiene el derecho a ser reconocida, urbi et órbita, como la pésima más mala, la peor de las peores en la “Novela Negra” de los años 40… El mismo galardón obtenido por Bette Davis, en el apartado “melodrama”, con su papela de Regina Giddens en “Las Pequeñas Zorras” de la Hellman, Mrs. Dashiell Hammet por más señas, en España conocida por “La Loba”(No ella, sino la peli Davis)

“Ella (a la Davis me refiero ahora, y no a mi amiga Lillian… ¡Qué lío me estoy armando!), siempre ejerciendo de reina virgen para arriba-, como, sin duda, ya será conocedor este señor tan pulcro y refinado”.

-Por supuesto- galleé, aun sin tener ni dea-. Mi oficio consiste en estar enterado de lo divino, lo humano y lo fieramente humano..

-Haga el favor de no olver a interrumpirme, forastero. Continúo con mi informe engañabobos:  Entre los participantes distinguidos, se sorteará, ante notario, sin trampa ni cartón,  la jeringuilla con la que se pinchaba Sherlock Holmes, un pelo del bigote de Poirot y el mango del martillo de Mike Hammer… Todos ellos con certificado de autenticidad, naturalmente…

-¿Una encuesta…? Se lo aseguro, no estoy dispuesto a comprar nada; no insistan, por favor: tengo de todo, menos tiempo y dinero…- le respondí, mostrándome un poco más seductor de lo que corresponde a mi fecha de nacimiento prematuro, con fórceps oxidados de por medio – Si carezco de amor– Amor- AMOR, será porque ustedes quieren… Y ahí lo dejo…

Las tres brujas de Macbeth se reunieron para conjurar al maligno de guardia, echando mano de mi abarrotada papelera made in Hong Kong, con dibujos de la Patrulla Canina en derredor, a falta de caldero, borboteo va, borboteo viene, y señales de humo sulfuroso haciendo juego sucio por el cuarto

Transcurridos unos buenos diez minutos de maldiciones varias y conjuros que parecían sacados del Necronomicón lovecraftiano, la Srta. O´Shaughnessy se dirigió a mí en los siguientes términos:

-Lo hemos consultado entre nosotras. Hombre tenía que ser y vestirse de abajo para arriba. Allá usted con su “no sabe/ no contesta”. Ni Papá Hammet ni el Sr. Caín nos han puesto el menor inconveniente. Si Mr. Chandler se negó a realizar la encuesta, es por haber prescindido, en las semifinales, de su hija Carmencita Sternwood, la de “El Sueño Eterno”, seguro la recuerda, por no reunir las suficientes condiciones malignas. Jamada pero boba, la pobrecilla ella…

“El Sueño Eterno”

-Él mismo la eligió- malmetió Cora.- De haber propuesto a la pequeña Velma de “Adiós, Muñeca”, puede que alguna de vosotras no estuviera aquí, entre las finalistas… Y no señalo a nadie conocido…

“Adiós, Muñeca”

Phyllis puso cara de caballo que acaba de perder en el Grand National por culpa de un tábano indiscreto lacerando sus partes más sensibles, concretamente las que hicieron famoso al caballo de Espartero, y me aclaró, por fin, a qué conclusión habían llegado tras el largo conciliábulo:

-Usted tiene bajo contrato, seguro que esclavista, a una linda secretaria y taquimeca, ¿no es verdad? Viene siendo casi tan del dominio público como Effie Perine, la de Sam Spade, o Della Street, la del abogado Perry Mason… ¿Acepta que sea ella quien conteste…?

Ni siquiera me dio tiempo a responder. La ruina de Roma estaba allí, agitando los brazos, excitada como hubiese visto aparecer, de pronto, al bello Serge u otro de sus maromos con derecho a equitación espoleada fusta en ristre.

-Oh, sí, por favor, Sr. Hugetower… Déjeme responder a mí, si usted se niega. Llegado el caso, renunciaré al premio a su favor, se lo prometo… Usted no necesita la jeringa de Holmes, que ya tiene la suya… Ni el bigote de Hércules, porque está depilado de los pies  hasta el cuello… Y en cuanto al martillo de Mike Hammer, ¿para qué, si he comprado un taladro en “El Buda de Oro” la semana pasada…?

Supe estar a mi altura y mostrarme magnánimo:

-Hágase pues su voluntad así en la tierra como en el Cielo, Srta. Puri…Pero responda la encuesta en horas en horas libres: la hora del bocadillo de nocilla, por ejemplo.

La Srta. Puri, toma paradoja, no se limitó a abrazarme, lo cual hubiese sido, hasta cierto punto, natural, sino que ya de paso, le pegó un indiscreto viaje a mi bragueta (y no tenemos confianza para tanto, a fe mía…).

Venido muy arriba, procuré desviar el centro de interés hacia otras cuestiones menos comprometidas.

-Vemos pues cuál es su veredicto final ; pero, dese prisa, hay trabajo atrasado para poner al día…- ordené y mandé, que para y por algo soy el jefe de la Agencia y de mis empleadas (en el caso de haberlas).

La Srta. Puri se había quedado inmóvil, meditabunda y cabizbaja (nótese que, en el presente relato, todo va de tres en tres, como los mosqueteros, que, en realidad, son cuatro)

-Yo que tú, perdóname el tuteo- cortó la leche Cora Papadakis- , me elegiría a mí: menuda lagartona desagradecida, colgada del pescuezo de Frank Chambers hasta lograr que matase a su marido especial griego…

Miss O´Shaughnessy se apresuró a mostrar su desacuerdo:

-Engañando a los hombres, conduciéndolos al asesinato, a ver quién es la guapa que me pretenda ganarme a los puntos de sutura…

La Dietrichson, haciendo honor a un apellido tan equívoco, intervino de tercera en discordia, a su modo y manera deslenguado:

-Joder, tías, o todas las novelas de la “Serie Negra” son iguales, o alguna de vosotras se ha dedicado a plagiar mi ficha policial punto por coma… Dejadla que ella elija, lo le está deseando…

La Srta. Pepi, carraspeó y, tras tragar saliva, se dispuso a poner broche de oro y pedrería a la presente short story con trastienda…

-Una servidora, sin despreciar a nadie, prefiere no recurrir a lo extranjero, cuando España anda tan bien surtida de malvadas literarias… ¿Qué me cuentan de doña Lambra de Bureba, la asesina en serie de los Siete Infantes de Lara, por quítame allá un torneo perdido, con la venganza del Bastardo Mudarra aparejada…?

“No todas se dedicaron al homicidio puro y duro; las hubo minimalistas en maldades: velahí a la perversa Obdulia, protagonista de “La Fe”, de A. Palacio Valdés, a quien Amparito Rivelles interpretó en el Cine ricamente. De oca a cabra loca, otra que tal: Neleta, la de “Cañas y Barro”, bailándole las aguas albuféricas al pobre de Tonet y conduciéndole hasta el infanticidio…

“Tiembla la lengua al nombrar a la Acacia, hija de la Raimunda y del Nobel Jacinto Benavente…”La Malquerida”, ¿acaso no les suena? Una ensalada de tiros en su haber, por culpa del incestuoso amor de su padrastro Esteban, que también, versatil como era, andaba liado con “El Rubio”…

“Para perdedoras de hombres honrados y decentes, las del teatro de Lorca: “Yerma”, empeñada en ser madre erre que erre, como si tal condición se convirtiese en sinequanon a la hora de ser una mujer como dios manda…Yy total, para acabar estrangulando a su marido; la Novia Sin Nombre (mucho antes que la protagonista de “Rebeca”) en “Bodas de Sangre”, causante de la muerte de dos hombres de tanto deshojar la margarita, y, por supuesto, la del coño famoso, la tal Bernarda Blanca, provocando el suicidio de su hija menor, tras emprenderla a tiros con Pepito el Romano… ¿Quieren más…? Pero si hasta toda una Ana Ozores, con lo buena que ella era, acabó con sambenito pelandusco, besada por un sapo monaguillo sobre los fríos sillares de la catedral de Oviedo, provocadora de duelos entre hombres intachables (antes de conocerla)… Lo que yo diga, venga: las mismas perras con distintos collares… ¿Sigo o no sigo…? Si tengo que votar, lo haría por doña Lambra de Bureba, que había ordenado a un malandrín arrojar, a diario, siete piedras contra las ventanas de doña Sancha, la madre de los Siete Infantes, para que se acordase de sus hijos muertos de lunes a domingo…”

Permanecí callado. Tan listo como uno es y no sabría qué responder a tal listado.

Brigid sí contestó.

-Me parece, bonita, que te vas a quedar sin el “Bienvenido, Mr. Marshall”. Que dios bendiga América. Vámonos, chicas, con la música a otra parte… A las americanas, por lo visto, no nos reciben aquí con alegría…

Dicho y hecho. Que les fuera bonito…

La Srta. Pepi me miró como solo ella sabe hacerlo.

-Oiga, jefe… Lo de la mano tonta, antes, fue un descuido…

-Que bien puede repetirse en el presente.

Aquella vez, nos besamos con lengua y uvulilla y repicaron a aquí paz y después gloria las campanas… No las de boda, claro. Al menos, de momento. Yo me lo estoy pensando, sin embargo. A la Agencia Hugetower no le vendría nada mal ahorrarse un sueldo…

Fin

 

LA DAGA SARRACENA

PULPO FICTICIO MUY MUY COCIDO EN UN ACTO CRIMINAL Y TRES ESCENAS, A CUAL MÁS DESMADRADA Y TRUCULENTA

Escena 3

[Continúa la ajetreada acción de la escena anterior, lo que no constituye novedad alguna, a estas alturas. Nuestros tres personajes, cansados de tanto polvo, tanto sudor y tanto hierro, cabalgan hacia un desenlace que se adivina fuera de control]

DOÑA ROSARIO.- (A su santo esposo) Una mujer, una pistola, un hombre, un sin papeles y un tugurio de mala carretera… ¿Quién va terminar con una bala en la bragueta, aunque, en principio, fuese una servidora su destinataria prémium a tus manos…? ¡Hagan juego, señoras y señores…! ¡El no va más de las emociones sicodélicas…!

DON ENRIQUE.- Pásame la fusca y acabemos… A no ser que prefieras ser tú misma quien se encargue de darle el acabose… Ovarios no te faltan, muy bien puestos…

DOÑA ROSARIO.- Pienso que cualquier condenado tiene derecho a escuchar su sentencia de muerte y pasar a impugnarla, si procede…

DON ENRIQUE.- Solo faltaba que nos ocupásemos de formalidades… Se le tacha del censo de los vivos, se le entierra en pagano por no tener papeles, y lo dicho: a otra cosa, mariposa…

DOÑA ROSARIO.- Nada ha trascendido todavía sobre quién resulta ser el reo de muerte… A ti, por cierto, te sobran papeletas, so cabrón… Si el morito lo intentó una vez, en tu caso, ¿cuántas veces me has conseguido por la fuerza?

DON ENRIQUE.- No me valdrían tus “me duele la cabeza”… Débito conyugal: estaba en mi derecho consuetudinario: una única vez a la semana y el alzamiento, rara vez, te sale rana…

DOÑA ROSARIO.- Animal de bellota pata negra… Tus postreras palabras te condenan…

DON ENRIQUE.- ¿Y qué me cuentas de ese angelito negro? ¿Te vino dios a ver teniéndole a él encima?

DOÑA ROSARIO.- Hay cargador de sobra para dos hijos de puta en fila india…

DON ENRIQUE.- Entonces… La llamada de socorro…

DOÑA ROSARIO.- Una encerrona como está mandado…

DON ENRIQUE.- ¡Dos pájaros de un tiro…! (A Hassan) Somos dos contra una… Ponte en guardia de asalto y salimos de ésta, compañero…

HASSAN.- Mi ex-patrón, siempre tan listo, se equivoca… No van por ahí los tiros…

DOÑA ROSARIO.- O te equivocas tú, mi jeque a la canela… No está esta Magdalena para tafetanes actualmente… Cambio de planes, lo avisé no hace tanto… Le paraba los pies al fachendoso por hacerse demasiadas ilusiones… Entre él y tú, distancias kilométricas… Sin papeles, no gracias… Yo siempre a lo fino y lo seguro… Clama al cielo que, metidos en faena, vayas y me confundas con tu madre… Cada vez que me acuerdo del desaire, se me cruzan los cables inalámbricos… (Le dispara dos veces. Hassan cae) Toda tuya, cariño, me duela o no me duela la cabeza…

DON ENRIQUE.- Asegurémonos de que no va a darnos más disgustos… (Se inclina sobre él y le retira algo del bolsillo) Ven a abrazarme, amor de los amores. Te lo has ganado a pecho descubierto… (Ella se acerca y lo abraza. Don Enrique, hale/hop, esgrime la famosa daga sarracena y se emplea a fondo con la tarea pendiente. Doña Rosario cae, girando cual peonza, a lo Juanita de Córdoba en “Topaz” de Alfred Hitchcock) La muy pendona pensaba salirse con la suya, olvidando que “La Daga Sarracena” es casi más tragedia para reír y sainete para llorar que el mismísimo “Manolo” de don Ramón de la Cruz, el tercero cum laude de los tres Ramones de la Literatura Española: el susodicho, D.Ramón Mª del Valle Inclán y D. Ramón Gómez de la Serna… Dicho lo cual, “llamen al conde de Olivares duque, case su hija y vámonos al Prado”. Ojalá lleguen a disculparnos algún día por tanta erudición a la violeta Parra…

FIN

La Daga Sarracena (2)

LA DAGA SARRACENA (2)

PULPO FICTICIO MUY MUY COCIDO EN UN ACTO CRIMINAL Y TRES ESCENAS, A CUAL MÁS DESMADRADA Y TRUCULENTA

Escena 2

[Continúa la acción de la escena anterior. Se masca tensión en el ambiente. Hassan ha vuelto a sus tareas y el matrimonio, a su estado habitual: discutir todo el rato, sin llegar a hacer sangre, pero casi]

DOÑA ROSARIO.- Me da el cuerno que pensabais pasar aquí la noche…

DON ENRIQUE.- Semejante cornamenta se te va a quemar de tanto usarla… Todo en orden, mi comandante en jefa: cabemos los tres sin apreturas en tu cochazo de alta gama. Reconozco no hallarme en condiciones indianápolis. Noticiario local: el morito juncal nos va a dejar plantados, que lo sepas.

DOÑA ROSARIO.- Cansado de aguantarte. Sabe dios a qué maldades de las tuyas lo habrás estado sometiendo…

DON ENRIQUE.- Ahora va ella y se pone de su parte…¡El Señor sea conmigo y mi paciencia!

DOÑA ROSARIO.- (Se acerca a Hassan) Me han dicho que te vas… ¿Te importaría explicarme los verdaderos motivos de tu marcha…? Este negocio es mío y solo mío: puedes hablar sin miedo…

HASSAN.- No acabo de encajar en “La Niña Bonita”.

DOÑA ROSARIO.- ¿Me has oído quejarme alguna vez? ¡Vamos, responde…!

HASSAN.- Que yo recuerde, negativo…

DOÑA ROSARIO.- Confía en mí. Olvídate de limpiar mierdas ajenas y prepara un café triple bien caliente para poner en forma a ese marido mío, encontrado en la calle, metido en una bolsa…

HASSAN.- Está bien… (Se pone a ello)

DON ENRIQUE.- Espérate un momento, demócrata social… La cafeína te la tomarás tú, que es quien va a ocuparse de la conducción, según tengo entendido…

DOÑA ROSARIO.- Te equivocas, cariño. Hassan y yo tenemos que hablar largo y tendido. Te bebes el café, apagas el letrero luminoso, paras en el cajero, ingresas el contante sin sisar, te marchas para casa y acabas de dormirla sin que nadie te moleste los pajotes… Ah, y no hace falta que me esperes levantado…

DON ENRIQUE.- Ten cuidado. A lo peor acabáis ambos los dos escopetados…

DOÑA ROSARIO.- Si te refieres a esa pistola que llevas en el bolsillo –porque está claro que tú nunca te alegras de verme-, como si fuera de juguete: lleva cargada con balas de fogueo desde el principio, en evitación de cualquier tipo de accidente fortuito…

DON ENRIQUE.- Piensa en todo mi nena…

DOÑA ROSARIO.- Alguien tenía que hacerlo…

DON ENRIQUE.- Nunca un marido responsable dejaría a su mujer a solas con un moro de turbante en la cabeza… ¡La de peligros que ibas a correr! … Seguro, intentaba violarte, a primeras de cambio…

DOÑA ROSARIO.- Pedazo de animal, ¿no ves que el chico anda todo el rato con la antena puesta…?

DON ENRIQUE.- Para eso le pago: para que atienda a lo que digo y tome buena nota… (Se acerca Hassan con el café) ¿Quién te ha pedido que me sirvas café…?

HASSAN.- La Sra. Rosario…

DON ENRIQUE.- Dile, si haces el favor, a la Sra. Rosario que se lo beba ella y le aproveche…

DOÑA ROSARIO.- Te lo beberás tú, para coger, de seguido, el portante…

DON ENRIQUE.- ¿Y si me niego…?

DOÑA ROSARIO.- Pongo a la venta “La Niña Bonita” por cuatro perras gordas, me separó de ti y me voy de vacaciones por el mundo…

DON ENRIQUE.- Te creo muy capaz (Bebe un sorbo de café).No me pienso tomar el resto de aguachirle matarratas…

DOÑA ROSARIO.- Tú verás lo que haces…

DON ENRIQUE.- Está bien, está bien… Mira qué satisfecho se muestra Mustafá al verme convertido en calzonazos… Adiós, mi dignidad…Good bye, mi hombría… Soy un pelele, un nindungui en sus manos… (Se echa a llorar, desconsolado. Luego, se lo piensa mejor y cambia de registro) El azúcar es blanco y al moro no le gusta con azúcar… Amargo como la vida misma en matrimonio, y con separación de bienes, ni te cuento… ¡Para dentro y que sea lo que dios quiera…! (Acaba de beber y estrella la taza contra el suelo) Siete años de mala suerte…

DOÑA ROSARIO.- Ya lo recogerás, no te preocupes… Y ahora, puerta grande al torero sin corrida donde acabar aplaudido en el arrastre…

DON ENRIQUE.- Cámaras por todos los rincones… Tenlo en cuenta, raposa: os tendré vigilados a ti y al otro, solos en amor y compañía… Balas de la verdad aún guardo en casa para organizar un dos de junio… (Sale, procurando echarle un poco de dignidad al asunto)

DOÑA ROSARIO.- (No habla hasta comprobar que su marido se ha marchado de verdad) Deja lo que estés haciendo y ven aquí… ¡No hay moros en la costa…!

HASSAN.- (Se acerca, sonriente) Eso, según se mire, jefa…

DOÑA ROSARIO.- Ahí me has pillado… Gasta gracia el muchacho por arrobas… ¡Y qué dientes tan blancos…! Nunca me había fijado…  Perdona si no me ando con rodeos… Cualquier día de éstos, tu patrón va y me mata: puñalada trapera. Han tocado a degüello… Y no hay legítimo derecho… A ti, ¿no te parece…?

HASSAN.- Denúncielo. Me ofrezco de testigo…

DOÑA ROSARIO.- ¿A qué más te ofrecerías…?

HASSAN.- (En la inopia) A lo que hiciera falta…

DOÑA ROSARIO.- Me parece que nos vamos entendiendo… ¿Necesito explicarte la clase de vida que me espera…? Un sinvivir, sin nadie que milite de mi parte, llegada la ocasión de lucimiento… Me lo imagino así en mi borrador de orden del día: él te despide con cajas sin templar y tú protestas en legítima defensa, hasta que te das cuenta de que el pedazo de cabrón te está apuntando con una pistola, justo donde la polla va a perder su casto nombre. Tratas de defenderte, forcejeáis y el arma se dispara: patapúm-pum-pum. Un accidente en toda regla que va a misa. Y ahora soy yo, doña Rosario López de Rodríguez quien se ofrece de testigo de cargo declarante…

HASSAN.- Os oí hablar de balas de fogueo…

DOÑA ROSARIO.- También escucharías que, en casa, el que fuera legionario de cuchara guarda un arsenal como dios manda… Escucha, muchachito: tú me gustas y yo te gusto a ti, mientras no se demuestre lo contrario. Como femme fatale, no tengo desperdicio… Mente calculadora y entrepierna caliente… Tú verás qué es lo que te conviene. Apresúrate pues, no hagas caso del tópico: el cartero nunca llama una segunda vez, a no ser que tenga ya ganada la partida… ¿Puedo contar contigo…? (Le coge la mano y se la pone en su pecho) Todo esto será tuyo, si me adoras… Como decís vosotros, yo habibi

HASSAN.- (Sin retirar la mano) Déjame pensarlo hasta mañana…

DOÑA ROSARIO.- (Le aparta la mano del escote) Claro, mañana… La semana que viene… Un año de éstos… No hagas que me arrepienta, Hassan Cómo-te-llames… Puedo hacerlo volver. Bastará una llamada. Le contaré que acabas de atacarme… Vendrá dándose taconazos en el culo, si le aseguro que no correrá peligro alguno: acabas de largarte, llevándote mi coche de carreras…

HASSAN.- No dispongo de carnet de conducir, ¿cuántas veces habré de repetirlo?

DOÑA ROSARIO.- Que carezcas de permiso español de conducir no significa que no sepas darle giros a un volante, digo yo… De todos modos, nuestro hombre tomará precauciones. Cargará la pistola con balas de verdad antes de acudir a rescatarme… Me las arreglo, con cualquier disculpa, para que el arma vaya a parar a mi mano derecha. Eso, porque soy diestra, ¿vous savez?; a la izquierda, en caso de haber nacido zurda, como Billy, el Niño… Continúo… Ahí es cuando entras tú en escena. Se quedará obnubilado con el susto de verte aparecer, dios de la máquina. Te paso el cuento de la buena pipa, la manejas como está mandado y asunto concluido: final feliz, con beso negro y lo que surja. “Te quiero con locura”, ¿no es lo que ahora está de moda? Pues por hacer locuras que no quede…

HASSAN.- Vivo con mi hermana y sus dos hijos…

DOÑA ROSARIO.- Mira qué chiste malo: no te estoy pidiendo en matrimonio…

HASSAN.- Me utilizáis como si fuera una pelota… Debería haberos mandado mucho antes al carajo…

DOÑA ROSARIO.- Quiero creer que hablas de mi marido… Sólo será un momento… (Marca un número) Vaya, Miss Simpatía invitándome a que deje mi mensaje… Pues claro que lo dejo, encantada de la vida… Enrique, por favor, sácame de aquí. Ese empleado tuyo o lo que fuera me ha atacado, alevoso, por la espalda. Se ha quedado con las llaves de mi coche y ha salido pitando. Trae la pistola cargada, por si acaso. No me extrañaría nada que volviese a repetir, después de lo bien que se lo ha pasado conmigo vuelta y vuelta… Corto y cierro. Y, ahora, escucha… Cuando se presente aquí, y no tardará mucho, no va encontrarme tal como estoy ahora… Ya hace falta ser mamón para no haberse fijado que, para venir a verte, me he vestido de domingo de pascuas en ramos… Echemos a perder hora y media de restauración ante el espejo… ¿A qué estará esperando Abencerraje…?  Vamos, arráncame la ropa y muérdeme en el cuello… ¿No es eso lo que le gustaría a los hombres hacerle a todas las mujeres del mundial…? ¿O tendré que apañármelas yo sola…? A lo mejor tenía razón Enrique y andas flojo de remos… El me lo confesó: iba a probarte una noche de éstas por conocer de qué pie cojeabas y tomar las medidas pertinentes…En “La Niña Bonita” no hay maricón el último y, en el caso de haberlo, se le saca provecho a tocateja… Empezaré yo sola, como es habitual… (Comienza a despeinarse y a frotarse la cara, hasta quedar convertida en la Gorgona) Anda, sé bueno y alcánzame un espejo…

HASSAN.- (Se arranca el mandilón) Voy a marcharme andando…

DOÑA ROSARIO.- Prueba a cruzar la puerta. En busca y captura te va a poner la Policía, en cuanto yo la llame… Y no te molestes en cambiar de versión, porque no iban a creerte: tenemos influencias en el Cuerpo… Tú, de cabeza en el trullo, como poco; y esa hermana tuya y sus cachorros, de vuelta en Congolandia…

HASSAN.- (Se echa a llorar de pura impotencia) Estoy cansado y tengo mucho frío… Al´umu, al´umu…

DOÑA ROSARIO.- (Se acerca a él y lo abraza, maternal) No llores tú, mi niño… Ya verás cómo, al final, todo se arregla… (Sin prisa pero sin pausa, va dejando de mostrarse maternal y se pasa a la acción, sin mayores problemas. Hassan , que no es de piedra berroqueña, se ha ido embalando, por momentos)

HASSAN.-EahiraEahira… Puta… Ahora vas a ver…

DOÑA ROSARIO.- Aquí, no. Vámonos al despacho. Estaremos más cómodos y podrás demostrarme lo que vales… (Lo arrastra afuera, giganta de la feria haciendo alardes. La escena queda sola durante unos instantes. Suena un claxon en la lejanía que se va aproximando a humo de carozo. Vuelve a escena la feliz pareja; primero ella, acedentándose dentro de lo posible, apenas nada, y luego él, sonado y bien sonado) ¿Qué haces tú aquí…? ¡Corre a esconderte, vamos…!

HASSAN.- No sabemos si es él…

ROSARIO.- El ruin de Roma… Lo echarás a perder si no obedeces…

[El claxon suena ahora en Do mayor sostenido. Un vehículo se detiene ante la puerta. Hassan hace su mutis, mientras Doña Rosario repasa mentalmente su asqueroso papel por no olvidar detalle. Entra en escena don Enrique Friolera, dispuesto a armar una muy gorda]

DON ENRIQUE.- ¿Qué te ha hecho esa bestia medio negra…? Ojalá no me hubiese ausentado… Lo sabía y te lo advertí… Llamaremos a un médico de urgencia para que extienda un parte de lesiones…

DOÑA ROSARIO.- Al grano, Quico… ¿Te has traído el armamento o no…?

DON ENRIQUE.- ¡Lo voy a acribillar en cuanto se me ponga a tiro de balazo en los huevines…! ¿Cómo te lo diría…? Es mi honor lo que se ha puesto en entredicho… Y a don Enrique le faltan en su honor y se convierte en una fiera currupipi, sedienta de sangre y de venganza…

DOÑA ROSARIO.- No hagas más el payaso, si´l vous plaît. Precisamente hoy, no hay luna hiena hermafrodita… Ya me estás entregando la plomosa… Te noto muy lanzado y muy fuera de yo. No estoy dispuesta que nos busques más problemas…

DON ENRIQUE.- Quita, he dicho… Las pistolas no son cosa de mujeres.

DOÑA ROSARIO.- ¡La pistola, joder!

DON ENRIQUE.- Haces de mi un pandero… (Se la pasa) He escuchado un ruido…

DOÑA ROSARIO.- Serán tus tripas… O, en el peor de los casos, te habrás peído, marrano… Ponte a abrir las ventanas. No quiero desmayarme de soponcio oloroso…

DON ENRIQUE.- Te digo que alguien anda moviendo el aire dentro de mi despacho…

DOÑA ROSARIO.- Mira a ver…

DON ENRIQUE.- ¿Por qué no gipas tú, la que tanto presume de su armada invencible…?

DOÑA ROSARIO.- ¡Hassan, querido, ya puedes pasar…! A última hora, se me ha antojado un cambio de programa… Vamos, adelante, sin miedo… No se te olvide subirte los calzones…

FIN DE LA ESCENA 2