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The Big Black Apple

 

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THE  BIG BLACK APPLE

Para mi nieto Aníbal, que me sonríe y me llena de luz.

turturro

Lejos se encontraba de imaginarse Charlie “Chuloputas” Turturro lo que, a no tardar demasiado, habría de sucederle a él y a sus muchachos, tras la apertura de un nuevo garito en el ganapierde de la Calle 24, con tan mala fortuna que el inmueble de marras se hallaba situado justo encima de un antiguo cementerio indio arapahoe, cuya existencia no constaba, lo cual resulta altamente sospechoso, en los polvorientos papeles de la oficina de registro.

Pussy Delorme, boquiabierta

Pussy Delorme, boquiabierta

El nombrecito aquel en sus frontales de neón amarillento, “The Big Black Apple” constituía todo un augurio de lo que estaba por sobrevenir puertas adentro. Sugerida por una de sus amantes, Pussy Delorme, tal nomenclatura había sido aceptada de inmediato como el colmo del ingenio picante, en su  doble sentido: una clara alusión al culete y/o a los genitales femeninos sin depilar, con un rabo insertado en su epicentro, todo ello genuinamente neoyorquino, en un low cost “casa por la ventana”: todo a pavo real, incluida jofaina profiláctica, ungüento germicida para el glande y toalla limpia, hasta el agotado de existencias. Ya más sutilmente, a la que salta y por el qué dirán, se dejaba entrever una advertencia un sí es / no es moralizante, acerca los peligros ciertos de la ludopatía y sus irrechazables tentaciones juguetonas.

Un apretado programa de poltergeist, sobrevenido,  en progresión geométrica, entre las cuatro paredes, techo y suelo de aquel antro apestoso tras su inauguración a bombo y a platillo, estaba destinado a no dejar indiferente a su poco o nada distinguida clientela. De hecho, no se ve todas las noches de jolgorio una bolita de ruleta elevándose en el aire, poniéndose a hacer piruetas sobre las cabezas de los presentes en la sala de juegos del casino o las plumas de una vedette entrada en carnes y salida de años, en mitad de su show, dedicarse a hacer homenajes por libre a Igor Stravinski (¡Malditos bolcheviques…!), a base de fumarolas nauseabundas, acompañadas de estruendosas explosiones y derroche de pirotecnia fraudulenta.

Más pronto que tarde, a través de fidedignos testimonios de testigos oculares, untados a conciencia (?),  saltó a la prensa, bajo grandes titulares, la leyenda maldita de un garito embrujado allá donde la Calle 24 se había venido convirtiendo, desde la intemerata, para bien o para mal, según urgencias mingitorias, en urinario público y notorio, registrándose altos porcentajes- aunque no los suficientes para verse convertido en regla- de potentes manguerazos masculinos, castigados cara a la pared, a partir de las nueve post meridiem, sin que tal fontanería, a la que nadie en su sano juicio etiquetaría de “versallesca”, en buena parte de origen cervecero,” hubiese preocupado a las autoridades competentes, excepción hecha de su sufrido vecindario autóctono, a base de inmigrante irlandeses, hartos de presentar oportunas denuncias de hechos tan lamentables y obtener la callada por respuesta. Sin duda, estos probos ciudadanos ignoraban que uno de los compinches de Turturro, Genarino Portinari , alias “Pocahontas”, ocupaba un alto cargo en la alcaldía.

Las recaudaciones del local durante los fines de semana llegaron a alcanzar cifras auténticamente fabulosas. “The Big Black Apple” se había convertido, para los noctámbulos neoyorquinos, en el indiscutible “talk of the town”, que era como se denominaba por entonces el fenómeno de una popularidad desaforada.

Mr. Turturro se mostraba encantado de la vida, desde luego; en lo tocante a Miss Delorme (toda ella), en mal momento  había solicitado, por derechos de copyright sobre el nombre de pila, un aumento de sueldo, habiendo recibido, de inmediato, un par de sonoras bofetadas, aplicadas con cariño paternal en plenos morros, a modo de anticipo disuasorio, de manos de su chulo sindicado.

-Esto para que aprendas, nena: a tu cerdo Malión no se le puede venir con exigencias perentorias…

   -Estaba bromeando y tú lo sabes, pedazo de cabrón… – respondió ella, sorbiéndose, al unísono, la sangre a borbotones que le brotaba del napial aguileño por un lado y las lágrimas negras, a base de rímel legañoso, corrido del disgusto, a través del otro agujero disponible (en sus narices).

***

Kalandrakas & Partenaire

Kalandrakas & Partenaire

Lo que Charlie “Chuloputas” no había contado a nadie era el “origen del mal”: un “calentamiento previo” a la presentación en el local del Mago Kalandrakas, Esotérico Oriental & Partenaire, que, al final, por falta de acuerdo entre las partes en litigio, por supuesto de carácter económico, había quedado en aguas borrajeras. Cuando cesaron los “ensayos generales con público”, misteriosamente se vaporaron en el éter los fenómenos poltergeist, a un plato y a un cuchillo con la leyenda urbana en que estaba a punto de convertirse “The Big Black Apple”, a resultas de lo cual el interés del público comenzó a dispersarse, por lo que no quedó más remedio que volver a llamar a capítulo al Mago Kalandrakas (& Partenaire), a la sazón ubicado en Chinatown, haciendo de las suyas, aunque ahora habían pasado a llamarse, con cierta prosopopeya, “Dr. Sirius, el Universo Camina Conmigo & Partenaire” (por más señas, su hija  Dolly, tras heredar los trastos de su madre, presa en el corredor de la muerte a causa de la tisis galopante y una obesidad mórbida, sobrevenida al intentar calmar la tos de fiera a base de una ingesta masiva de bombones, casi tan rellenos como ella).

Hombre melifluo, en el fondo y en la forma, el Dr. Sirius no dudó en mostrarse receptivo. Después de todo, acaban de diagnosticarle cierta dolencia malpintada en sus pulmones, y no estaban los tiempos como para morirse en medio de la calle, detrás de una farola, al estilo perruno.

-Oiga, Mr. Turturro, seamos dólares el uno con el otro…- empezó a decir Dimitrios Angelopoulos, más conocido por… (En realidad, no era conocido en absoluto o relativo; así es que dejaremos la frase suspendida en el aire del despacho, hasta la convocatoria de septiembre…)

Hello, Dolly...

Hello, Dolly…

-Sr. Charlie, escuche usted a papá, se lo suplico…- metió baza la moza, entre mohines más propios de una “silent movie star” que de una partenaire comme il faut, y de raigambre nepotista por más señas.

 -Que se calle ese loro con kimono, hija de Fu-Manchú, Fah Lo See o como se llame, o te aseguro que tendremos un disgusto, Dr. Cirio…

-Dr. Sirius, si no le importa, jefe…En cuanto a mi hija, su nombre de pilón es Dorothy, nada de falos o cosas parecidas… -matizó el aludido, haciendo gala de una dignidad sin demasiadas pretensiones- Y tú, niña, muda de nacimiento, porque así estás más bella… Piensas en Lillian Gish y te sale bordado…

Y es que la chica había venido en traje de faena por si tenía que hacer alguna demostración de sus progresos escénicos en vivo y en directo.

-Lo que yo necesito es gente del showbizz… – bramó Turturro- A esos peliculeros me los paso por el forro: son todos unos mandrias y unos areopagitas…

 -Claro, jefe… Pues claro…- se apresuró a mediar el Dr. Sirius, uno de ésos que saben lo mucho que conviene agarrarse a un clavo ardiendo, en llegando las duras; tras lo cual, sin solución de continuidad o cualquier otra cosa, se puso a cantar, desgañitado y con casi dos décadas adelantadas a su tiempo: “There´s no business like show business” de Irving Berlin, acompañándose de unos pasos de claqué bastante cojitrancos- Usted déjelo todo de mi cuenta. Como dice en I-Ching: no habrá ocasión alguna de arrepentimiento. El Arte de la Magia es cosa mía… Nada por aquí, nada por allá…y aparece Bugs Bunny, pilotando su máquina del Tiempo…

-Vamos a concretar y dejarnos de labias, Kalandrakas…Yo necesito un plan de ataque en toda regla, no el guion de un programa radiofónico…

-Aquí mi partenaire no tiene precio haciendo de fantasma ensabanado… Vamos, hija, demuestra cuánto vales a nuestro mecenas made in USA,  este señor tan fino, sobrado de razones crematísticas…De la creme de la creme, orgullo de los yanquis de Manhattan…

No se hizo de rogar la casta de aquel galgo de canódromo y se puso  a ulular cual lechuza buhonera, haciendo gala de todo tipo de registros.

-¡Que se calle ese grillo de una vez…! ¡Conseguirá que me duela la cabeza…! ¡No está mal, no está mal…! ¿Y qué más sabe hacer que sea digno de mención tan gentil señorita…?

-Siempre lo que me mandan… Lo que no sé, me lo aprendo de memoria, de pe a pito… Al poner interés, progreso que da gusto… – respondió la muchacha, volviendo a los mohines cucamónicos.

Fue entonces cuando se abrió la puerta del despacho para dar paso a una Pussy Delorme trotera y danzadera, que no estaba para carajas ni calcetas. Que no había estado escuchando al otro lado de la puerta no se le ocurre ni al listo aquel que, un buen día, se puso a asar manteca de cacao en un horno crematorio de darle leña al mono (o la mona).

-La mosca muerta ha mostrado, por fin,  sus glándulas chupópteras… Pues no parecía tonta ni nada la mandarina esa, con el “chichi” en pepitoria por bandera…Recuérdalo, querido, por favor: cualquier cosa que ella sea capaz de hacer debajo o encima de una sábana holandesa, yo sé hacerlo mejor y más barato, porque me entra en el sueldo el dejarte contento seis días a la semana (los domingos, descanso semanal, a base de pay-pay y de amor propio)… Aunque esté feo decirlo, a mí no hay quien me gane a duende babilónico…

Se hizo un silencio hosco y opresivo.

-Abogo por aligerar el gineceo…- rabió un Charlie que no estaba para gaitas escocesas.- Esperáis ahí al lado, hasta que acabemos de hablar, sin ser interrumpidas, las personas mayores… ¡Sus y a ello…!

Miss Delorme y su rival en ciernes abandonaron el despacho, entre frufrús de panties puntillosas y miradas cruzadas de asesino en serie. A partir de ese instante, a buen seguro, iban a ser cuatro orejas aplicadas al recio maderamen de la entrada. Se las oyó empujarse de mutuo desacuerdo, en procura del mejor panel donde posar sus enjoyados “pendentifes” modernistas de diseño.

-Hablemos pues sin cortapisa alguna, Dr. Sirius… Soluciones, repito; si le pago, exijo un numerito a la altura y al ancho de Las Vegas nevadas, no fuegos de artificio que provoquen unos cuantos asustados gorgoritos mal fingidos a cuatro o tres pelanduscas embriagadas de láudano, ejerciendo de claque, contratada al afecto…

-Ahí quería yo llegar, patrón de los patrones…De poder disponer de material de primera mano, ¿para qué andarse por las ramas prostitutas…? Hacen falta redaños bien pegados al culo, se lo advierto… De eso andamos sobrados, me imagino…

Charlie “Chuloputas” Turturro ni siquiera se molestó en corroborarlo e hizo un gesto impaciente, a modo de preaviso atormentado.

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-Me hallo en condiciones – continuó el Dr. Sirius-, dada mi acrisolada condición de nigromante y taumaturgo, de llamar a algunas puertas con siete cerraduras a la cal, escondidas al resto de desorientados caminantes por el Cosmos. Lo que es por ascendencia paterna, no ose mortal alguno ponerle impedimenta: Nostradamus corre que se la pela por mi corriente alterna: ya noble, ora plebeyo, según pinten los bastos o los oros; Gilles de Reis jamás le iba a hacer ascos a los violentos y metálicos añiles que entintan mis ventrículos izquierdos… Pues la línea materna,  serendipia de toma pan tumaca: blasono de descendiente, por línea discontinua, de la gran alcahueta española Comadre Celestina y sus tejemanejes polvorientos aquelárricos, bajo peluda grupa del Gran Conserje Pedro…

-¡Al grano pajolero, voto a tal…! Tu árbol genealógico me lo paso por la lavandería china y luego por un ciclo de secado…

-Pues no debiera, master; pudiera llegar a lastimarse con las agudas espinas de mis rosas sobre campo de gules, a tiro de penalti… Aguante un poco, jefe… Mi propuesta se basa, sobre todo, en no cerrar los ojos a otras ciencias, las llamadas “ocultas” por los cuatro ignorantes que las ponen en solfa dorremí, como si se tratase de demencias seniles de una abuela materna… Me encuentro en condiciones de guiarlo hasta dimensiones por usted ni imaginadas, con un plan magistral obrante en la cartera billetera… Tal que así convertir “The Big Black Apple” en la Décima Puerta, que nos lleva a presencia del Señor de las Moscas…- no especificaré más, por si las ídem…-; no habría sobre la Tierra otra vía de contacto con los Antiguos Amos de la Tierra; y ello conlleva, en un mundo tan mercantilizado como el que deshabitamos,  unos cuantiosos gastos más el IVA, a todo adorador de cornamentas. Exclusiva mundial que ni El Dorado; y, esta vez, a la vuelta de la esquina. Una Meca satánica, a la que peregrinar anualmente desde los cuatro puntos cardinales, se pone en nuestras manos y nuestras cajas fuertes.  Varear la plata es poco: a cagarla se ha dicho, como afirman los cristianos viejos de Castilla Mochales acerca de los moros paganazos…Me rio yo de esas pastoriles apariciones marianas portuguesas… Por lo que a nos nos toca, todo ello sin trampa saducea ni cartón de binguero: una firma manuscrita en el Libro de Libros, el Necronomicón, pero el agudo, no el esdrújulamente acentuado, y todos más contentos que unas pascuas floridas… Nos pilla todo a huevo de paloma: Dorothy, la niña de mis córneas, ejercería de Suma Sacerdotisa en el evento; en tales casos, se hace llamar Miss Lilith, por elevación de estilo circunflejo.

A Mr. Turturro, por primera vez en el transcurso de la seance, se le pusieron cara y culo de hallarse interesado: se levantó de un salto y se puso a recorrer la estancia cual tigre enjaulado de Bengala, al que hubiesen metido un petardo encendido en salva sea su parte.

-Un complejo hotelero, con servicios de spa; camposanto ajardinado adjunto, ornado con motivos victorianos, que podríamos traernos desde Londres en barcaza; sala de aquelarres funcionando a tutiplén en cada planta… Ya veo los titulares… “Un negro punto filipino de New York, donde Halloween dura duro todo el año”…Veo, veo… Estoy viendo diez volquetes de putas, disfrazadas de zombis, animando el cotarro… Dr. Sirius: a esto le llamo yo ponerse a hablar en serio… Encargaré a mi equipo de finanzas que se ponga a elaborar un presupuesto… Mi asesor laboral, Caetano Malatesta Genovese, se encargará de hacerle llegar, donde convenga, un borrador de lo que ha de llegar a ser nuestro contrato indefinido, bajo rigurosas normas de confidencialidad por ambas partes, no vaya a ser algún ángel todavía sin caer, que a alguno de nosotros se le ocurra marcharse de la lengua indoeuropea…

***

Todo iba a pedir de boca del estómago; no más el “arroz tres delicias”, plato único, desayuno, comida y cena, de las últimas semanas, como antes lo había sido el ugali, durante su paso a dos por un Harlem doblemente negro… Queer, el penúltimo: donde dije underground, ahora toca referirse a limousine,  avioneta privada y yate con bandera panameña… Incluso un matrimonio polígamo, celebrado con rito hawaiano, no quedaba descartado  en absoluto… La niña de los abanicos se casaría con un magnate del petróleo, sin descartar que llegase a presidenta vitalicia…O mejor todavía: a reina de los USA, desde el canal de Panamá hasta el final de tierra firme, de saberse llamar a la puerta oportuna.

No lo tenía tan claro “Hello, Dolly”… Miss Delorme no parecía dispuesta- y así se lo había hecho saber en el transcurso de sus dos entrevistas sucesivas- a socializar atributos masculinos, por muy potentes que éstos resultasen, lo que estaba por ver y por palpar: una chica tan lista como ella era capaz de chupar muchos trigueros, salvedad hecha de sus propios pulgares. En su estilo barriobajero y arrastrado (el de Delorme), le había dado entender el hallarse predispuesta a la masiva utilización del vitriolo, en el caso de ver comprometidos sus más caros intereses. De persistir en su indecente actitud (Dorothy, en este caso), tenía todos los boletos necesarios para ingresar en el orfanato más cercano a su domicilio, donde ya se encargaría ella (Miss Delorme) de que, por cuestiones de edad e indignidad, acabase traspuesta  en un reformatorio para ovejas descarriadas, donde le fuese aplicado, diariamente, y en sesiones tarde y noche, el tratamiento del palo de fregona, a cargo de internas diplomadas en tratamientos de shock, todo ello sin malgastar un solo vatio de corriente eléctrica.

Total, montar todo aquel armagedom titiritero por hacer ricos al gangster mafi-oso y su coima putiplista, para, luego, recibir, como pago en diferido, un desairado “si te he visto, no me acuerdo”… “Vamos, si no lo sabré yo: esos tipos siempre pretenden ser los primeros en deshojarte el rosebud a mordiscos, pero nunca se quedan con tu cara bonita y, no digamos ya, con la numeración de tu cuenta corriente, escribiéndola, para no olvidarse, sobre el puñetero puño de su camisa nueva, con el lápiz de pintarse los antojos…”

Visto lo oído, sólo restaba hacer de la defensa un buen ataque. Sibilina y enrevesada por naturaleza,  la partenaire, o mejor: la partiquina,  trató de imaginar cómo conseguir que nunca tan pocos, allí ella, hiciesen tanto daño a una persona sola, encontrando un lugar desocupado, y luego otro, y otros más, donde clavar los nuevos alfileres de la magia potagia, portadores de desgracia miserere sine die y un lamento capaz, en sus desgarros, de obligar a la lengua a desprenderse, convertida en negro badajo de campana que anunciase naufragio o, a peores, una peste más endrina todavía.

Prevaricando lo suyo y lo ajeno, como Notario Mayor de su Diabólica Majestad, encargada de poner en marcha la firma del legajo contratante de la primera parte contratante, a la hora de redactar sus cláusulas blasfemas en lenguaje cabalístico y burramio, Dolly, la muy ladina, se permitió introducir ciertas licencias en el modelo de contrato habitual, a la hora de fijar sus condiciones, convirtiendo lo leonino en palomero.

El precio de un alma tan perdida como la de Charles Turturro, pasaba a cubrir el patrocinio de un sobrio convento de clausura, franquicia vergonzante del granadino Beaterio Arrecogío de Santa Mª Egipciaca, en el cual, ¿hace falta decirlo…? , Sor Delorme sería su reverenda madre superiora, con diez o más volquetes de piadosas novicias a su cargo, y Fray Participio Pasivo Declinable, oficiaría de padre confesor y pinche de cocina, rol a desempeñar por el abajo firmante, in albis, por supuesto, de la que se le venía encima, a partir de la cruz con que sellaba el satánico trato, siendo, como era, analfabeto, barnizado de educación mundana en la dura escuela de la vida arrastrada.

El Dr. Sirius, “a mí me las den todas antes de enfrentarme con el basilisco macho de mi hija favorita” (siendo la única, tampoco resultaba tan difícil  de entender), optó por un laissez faire paternal vigilante, siempre al loro (y al buitre) de posibles percances, por si acaso.

***

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La prensa neoyorquina apenas se hizo eco-eco del problema. Que un cabaret de mala muerte en la calle 24 apareciese convertido en convento de clausura, después de todo, no resultaba tan ave rara en esos tiempos: solía hacerse para evadir impuestos, por ejemplo.

Los vecinos, por cierto, irlandeses de pro como se recordará, enseguida se mostraron encantados de sustituir las meadas masculinas en la zona por el dorado arrullo de los cantos gregorianos, entonados por profundas gargantas virginales.

En cuanto al Dr. Sirius & Partenaire, estamos en condiciones de ofrecer, en rigurosa exclusiva, cierta información, muy off the record, según la cual el primero habría sido llamado a capítulo final por cierto cebú bello; por lo que se refiere a la segunda, corroída por los celos- corazón que sí siente-, habría optado por ingresar en el beaterio fruto de su conspiración catilinaria, con vistas a mantener control sobre su oscuro objeto de deseo, aunque nada más fuera en la frágil intimidad de su confesionario ora pro nobis; y ya de paso, cantarle las cuarenta por latines a la monja lacón de todos los demonios.

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Otras versiones, no menos (ni más) fidedignas, se apuntan a que el tándem Dr. Sirius & Partenaire, en realidad, ocultaba las personalidades de cierta fracasada pareja de payasos, Tony & Tony, clown y augusto respectivamente, expulsados del Ringling Bros Circus por practicar la magia gris marengo, el ocultismo cuneiforme y, no solo sino también, la sodomía y la gomorría (sodomizar o ser sodomizado, sin condón preservativo de por medio).

Nos vamos para tratar de averiguar cuál de las dos versiones resulta más fiable. Ahora volvemos… Que no se mueva nadie: ¡Es un atraco, coño…! ¡Al suelo, boca abajo todo el mundo…! ¡Al suelo, al suelo…!

Para un final feliz, conste: aleatorio,  es entonces cuando comienzan a escucharse, allá en la lontananza, las sirenas cantosas de la Policía, clamando por su Ulises Odiseo…

Un final desgraciado alternativo: como en la romería de “La Noche de los Muertos Vivientes” (y en la vida misma), el brazo armado de la Ley y el Orden acabará por pegarle un tiro al negro…

FIN

-A ese lector de ahí, parece que no le ha gustado el cuento...

-A ese lector de ahí, parece que no le ha gustado el cuento…

 

 

Sempre Casteiro

Sempre Casteiro

ROBERTO CASTELEIRO, IN MEMORIAM

La marcha de Roberto, hace ya casi un mes, en su “cuartel general” de Barcelona, hace ya tiempo que era temida por todos sus amigos, todos sus compañeros… tantos en número; procedentes de tantas geografías, tantas maneras de estar en y por la batalla del Progreso.

Una vida fecunda, en su heroica tarea de ponerse al servicio de todas las causas nobles con las que coincidió en el espacio y en el tiempo. Nada, de ser justo y necesario, resultó ajeno a su militancia insobornable entre los hombres buenos, generosos y enteros… Uno, desde su afecto dolorido, desde su admiración y su respeto, se ha preguntado muchas veces cómo era posible tanta grandeza, tanta altura de miras dentro de aquel su cuerpo frágil, mas sólo en apariencia… Vivió Roberto la pasión ideológica y vital de los más fuertes, a partir de una sencilla fórmula: teoría más praxis igual a compromiso insobornable…

¡Hiciste tantas cosas, querido compañero…! ¡Las hiciste tan bien, con tanta hondura, sin pedir nada a cambio…! ¡Fuiste siempre tan tú: irrepetible…! Roberto Casteleiro fue y será siempre Roberto Casteleiro, semisuma de sus mil y una facetas en mosaico: obrero antifascista en el taller, intelectual de cultura interminable y contagiosa, actor de Cine, director de Teatro, cineclubista, ateneísta, profesor de E. M., colaborador de prensa y radio, Ferrolano del Año 90 (y para siempre)…pero, sobre todo, compartidor de una fraternidad emocionante para todo aquel que acudiese hasta tu puerta…

Por mucho que nos duela, sabemos hoy que no podremos volver a abrazar a tu persona, aunque sí seguir bebiendo de tus fuentes, un hermoso poema épico que ha de continuar porque, a tu paso, has dejado huella y sentimiento.

Nos queda la memoria de  tu ejemplo.

Desde FUCO BUXÁN, en cuya revista has colaborado desde siempre, mantendremos en llamas el calor del recuerdo…

José Torregrosa

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Fragmento perteneciente a un trabajo publicado en esta misma bitácora, 11-o3- 2011, titulado LOS PAPELES DE TÍA JULIA,  y antes en el Diario de Ferrol.

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“Todo un lujo: me visita Roberto Carteleiro, “Caladiño”, el hombre sin teléfono. Fue él quien me me invitó a  mi primera ópera, “Rigoletto”, hace la intemerata, en  La Coruña, con una Diana D´Angelo que andaba por los discos de gramófono. Y le debo también una coherencia y un ejemplo a seguir: saber dónde habitan las raíces de las cosas estudiando su Historia”.

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Fragmento de un trabajo, PÁGINA EN OBRAS”, publicado en la bitácora, el 22-07-2010.

“Festivales de España, 1966. La Coruña. VIII Festival, del 28 de julio al 31 de agosto. Gran titular en el diario La Noche: EL GRUPO FERROLANO ”TEATRO ESTUDIO” PARTICIPARÁ  EN EL CONCURSO TEATRAL DE LA CORUÑA. Fotos de Alfredo, Jenaro, Lola, José Luis Peñamaría, Laura, Antonio Blanco y Mª del Carmen Bernal. Hay dos premios, se informa, de diez mil pesetas cada uno, que se disputan seis grupos teatrales de aficionados, “o de cámara, para decirlo con voz más actual” (según matiza el autor del reportaje). Fotos de “Ligazón”. (¿Os acordáis de que, en escena, salía una rueda de afilador de verdad de la buena? ¿Quién creéis que se la proporcionó al grupo? Pues los conseguidores: Roberto Casteleiro, Alfonso Varela, Carlos Pérez Serantes y Sergio Maneiros, músico ferrolano. Con la Brigada Político-Social y el SIM pisándoles los talones y partes más pudendas- sospechosos habituales todos ellos-, pusieron cien aldeas patas arriba. Pero lo consiguieron. Y “’Ligazón” tuvo su rueda de afilar de verdad de la buena.

Lens reivindica, jamesbondiano, vengador, y hasta rocambolesco, su presencia en el happening”.

Y lo demás es ya historia de muchos de nosotros y la llevaremos siempre dentro del corazón y la cabeza.

Gracias, Roberto.

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-Dedicadme pensamientos y obras... Os estaré mirando desde arriba...

-Dedicadme pensamientos y obras… Os estaré mirando desde arriba…

 

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DE CÓMO EL PROBO FUNCIONARIO DON ELÍAS, SIN COMERLO NI BEBERLO, QUEDÓ INSTALADO, SINE DIE, EN EL CALLEJÓN DE LOS SUSTOS CON MORRO

Todo había comenzado de una manera harto vulgar (aunque no sería ni justo ni prudente calificarla de “anodina”, como pronto tendrán ocasión de comprobar nuestros lectores), con unos molestos dolorcillos de espalda ora al acostarse por las noches, ora al cargar con algún inesperado peso de naturaleza variopinta: carrito de la compra hasta los topes, cierto mueble desubicado en la sala de estar de la familia o una fregona rebosante de agua sucia, no todo lo ilustre que debiera…

For ever Moncho

For ever Moncho

Su amigo Moncho, habitual depositario de los duelos y quebrantos de nuestro personaje (ambos había sido amigos desde niños), se apresuró a ejercer de vademécum:

-Eso te ocurre porque estás anquilosado… A tus años y los míos, no conviene en absoluto empecinarse en una vida sedentaria… Apúntate a un gimnasio; yo lo hago una vez por semana y me va estupendamente… Incluso, podemos compartir entrenador, si te parece…

A don Elías y su vientre cervecero tal idea le resultó, por extraño que parezca, sensata e insensata al cincuenta por ciento. Instalado en una alta cuarentena poco o nada febril, moverse del sillón frente al televisor, aunque ello fuese a suceder semanalmente, le producía una enorme pereza, envasada al vacío de voluntades.

Doña Concha, en edad de merecer

Doña Flora, en edad de merecer

Flora, santa esposa de toda una vida apoltronada, tampoco aquella vez renunció a mostrarse entre casandresca y resabiada.

-Para lo que te va a durar la novedad, yo no me metería en gastos excesivos… Podemos pedir prestado un chándal viejo de mi hermano… Ni se te ocurra llenarme la casa de aparatos… Me refiero a la  bicicleta estática… Compraste una carísima que anunciaban por la tele y ni llegaste a usarla… A la vejez, escarlatinas… ¿Necesitas ejercicio…? Te he dejado un montón de correspondencia sin abrir encima de la mesa… ¿Qué te apuestas a que, mañana por la mañana,  van a seguir ahí, en su lugar descansen, criando malvas…? ¡Si no nos conociéramos…! A mí también me duelen todos los huesos del cuerpo habitualmente y me lo tomo a base de aspirina…

Moncho todavía tenía un consejo más para ofrecerle, acompañado de tarjeta de visita:

 -Antes de comenzar en el gimnasio, te recomiendo dos o tres sesiones preventivas de masaje corporal, para ponerte al día y no llenarte enseguida de agujetas… En esta dirección te atenderán como dios manda. Di que vas de mi parte; seguro que te harán algún descuento.

Como el Conde Lucanor, don Elías encontró provechosa la encomienda de su fiel consejero y se aprestó a ponerla en práctica. Tras breve conferencia telefónica, una cita terapéutica había quedado establecida para la siguiente mañana sabatina con Germán García, masajista diplomado, seriedad y garantía, en cuyo escudo figuraba un lema desarmante: “Si no queda satisfecho, cosa que dudo mucho,  a tocateja le devolvemos su dinero”.

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Germán García, lo que se dice ponerse en buenas manos...

Germán García, lo que se dice ponerse en buenas manos…

G. G. resultó ser menos joven de lo que su paciente se esperaba y, desde luego, muchísimo menos sofisticado de maneras.

-¡Pero cómo venís, me cago en  siete y media…! Hechos un nudo; agarrotados de los pies a la cabeza…  Túmbate y procura no quejarte cada vez que te haga daño… Me recuerdas a una pera limonera… Pero no te preocupes: voy a dejarte como nuevo del trinque… ¿Tú ves estas manazas datileras…? ¡Relájate y disfruta porque va a comenzar el tratamiento…!

Tumbado boca abajo sobre enclenque camilla, don Elías comenzó a preguntarse, angustiado, qué hacía él allí, prácticamente con el culo aire, esperando a que un tiarrón de aspecto harto inquietante, pelirrojo, con el pelo al cepillo, empezara a meterle mano por dinero.

Y entonces sucedió, sin previo aviso. Aquella erección intempestiva pasó a ocupar un preminente lugar en sus espacios. Enrojecido hasta las uñas de los pies, Caupolicán apretó, cuanto pudo, su pubis contra las arrugas de la sábana blanca, procurando pasase inadvertida semejante demostración de facultades.

 Por encima de su cabeza, escuchó atentamente la voz de su demonio tentador, hablando de lo divino y de lo humano, al parecer, y por fortuna, ajeno al estropicio ocasionado:

-Vaya, coño…Por lo que observo, eres de los pocos clientes míos que quedan aún sin depilarse… Tú, tranquilo; con una pequeña sobretasa, se te puede aplicar una cremita de total garantía que te deje los glúteos relucientes: dos cáscaras de huevo recién puesto, valga la redondancia asociativa… A mayores, por venir de parte de quien vienes, tribu amiga, se te iba aplicar una tarifa de ingles y orejas gratis… Lo demás, lisa y llanamente, supone dedicarse a hacer el oso… Una liposucción no vendría mal a ese par de caderas sedentarias… Precisamente, las tenemos en oferta, a cargo de un equipo quirúrgico, acreditado, a platillo y a bombo, en internet, por centenares de pacientes satisfechos…

Propiciado, sin duda, por aquel clima neutro de “el negocio es el negocio”, el paso a la situación de flaccidez de su emérito miembro sobrevino de forma natural y sin problemas de liquidez alguna (y no sé si me explico…).

Elías pudo así incorporarse del triclinio de su silenciosa orgía con un gesto sereno y satisfecho, abonar la tarifa establecida y regresar a su hogar con la frente bien alta: su dignidad no había sufrido menoscabo… La excusatio non petita de turno, rezaba así, palabra más, palabra menos: “En el momento mismo del desenfreno de los autos, él se hallaba pensando en Mª Amparo, la secretaria particular de D. Servando, jefe suyo de sección, cuyos senos (por supuesto, los de ella) le traían de muy mal traer en su turgencia semihidrópica”. (Después de esto, llamen al conde de Olivares duque, case la hija y vámonos al Pardo… Nota del autor)

Aquella misma noche, saturnal como pocas, un fogonero Elías culminó dos encuentros, sin llegar a sacarla, dentro de Dª Flora, su esposada legítima, en el transcurso de un débito conyugal de periodicidad quincenal en los últimos años, pódium aquél al que no se subía  desde los veintiocho, con una prima suya y a base de pastillas calentonas.

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El problema propiamente dicho se presentó al sábado siguiente, ocasión en la que las falsas coartadas resultaron imposibles, pues don Elías, esta vez en decúbito supino, era plenamente consciente de no estar pensando en la trigonometría de los senos femeninos sino en unos rudos dedos – de cinco a diez, creyó calcular el buen cubero, tirando por lo bajo-, que pellizcaban, inmisericordes, una vez y otra vez, la cara interna de sus muslos relucientes, aliñados con aceite de aceituna.

Si bien es cierto que la pica puesta en Flandes, a su directo responsable, no parecía preocupar en absoluto – puede, incluso, que un profesional hasta las cachas como él estuviese acostumbrado a tales contingencias…-, a nuestro hombre, la súbita emergencia de su falo le hacía sentirse incómodo y corrido. Lo que en la fase prono podía disimularse sin mayores penurias, resultaba imposible, en posición “decúbito supino”… Hasta, a partir de la propia frase lapidaria, resultaba “supino” un calambur que no se andaba por las ramas… Chúpate ésa y trágatela, perro: su pino se había venido muy arriba…

Excusando ocupación profesional, aquel Sebastián en vacas flacas puso pies en polvorienta, rumbo a su florido domicilio conyugal, donde procedió a  aliviarse de tensiones con una sucesión de duchas frías…

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El amigo Moncho, quién sino, iba ser el encargado de sacarlo de sus dudas metafísicas. Abofé, le costó dios y ayuda el explicárselo, venciendo sus más íntimos pudores (y eso que, desde el servicio militar, se lo habían estado contando casi todo…)

-Bueno, contesta y no te hagas el loco, Moncho, no me jodas: a ti, mientras te lo están haciendo, esto que digo, ¿te pasa o no te pasa…?

-Ni me pasa ni me deja de pasar. Yo me dedico a pensar en otra cosa… A cagarme en sus muertos, por ejemplo… Germán García es más bruto que un arado de propulsión a chorro…Y aun encima le pagamos pasta gansa… No te preocupes, chico… Se trata de tensión acumulada a troche y moche, que hace saltar la liebre, cuando menos lo esperas, sin que pongas nada de tu parte… ¿Sabes lo que te digo, amigo mío…? Me ofendería muy mucho si tú resultases ser “uno de ésos” y nunca hubieses intentado propasarte conmigo… Apuñalas con trapo mi orgullo masculino; y no me lo merezco, que lo sepas… Venga, en serio, machote, te espero esta semana en el gimnasio… Pasaremos juntos a las duchas; pero no sólo eso: me importará un huevo y la yema del otro agacharme a recoger la pastilla de jabón, cada vez que se me escurra entre las manos… ¿Qué más pruebas necesitas que yo aporte…? Dame un abrazo, hermano…

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Dr. Yañez, Medicina General

Dr. Yáñez, Medicina General

Pues claro que se preocupaba don Elías… Tanto es así, que, en medio de un secretismo a cal y canto, acudió a pedir vez en el Seguro… De hecho, no se trataba de la primera vez que hubiese precisado apoyo psicológico; de joven, había padecido depresiones, motivadas por el exceso de trabajo, mientras preparaba oposiciones a la Xunta.

Su médico de cabecera, el Dr. Yáñez, sexagenario ya de vuelta de todo  y poco o nada dado a andarse con pijadas, y nunca mejor dicho,  no  demostró demasiada sorpresa que digamos, lo cual le molestó sobremanera. Tomaba, aquí y allá, unas cuantas notas, con talante entre ausente y despectivo, que, a buen seguro, habrían de figurar en su expediente, detalle éste que al intachable D. Elías maldita la gracia que le hacía. Por fin, Moebius dejó de escribir en su libreta negra y se dirigió a él en los siguientes términos:

-Si no he entendido mal, Elías…Elías Laporta, acude a mi consulta tras haber presentado, en el transcurso de una sola semana, dos considerables erecciones, provocadas por la misma o parecida causa…¿Me equivoco…? De ser así, le ruego me corrija… Otrosí, de resultar fehaciente mi versión de los hechos, ¿qué espera que yo haga por usted…? ¿Debo felicitarle, mostrarle envidia enfermiza de impotente, concederle una baja de larga duración, o escribirlo en el Facebook, con vistas a que nos saquen, a todas horas, por la tele…?

-Dr. Yáñez, ignoro a qué vienen tales chanzas… En cualquier caso, yo no se las tolero: pienso pasarme por el Servicio de Atención al Paciente de inmediato y presentar la oportuna denuncia, ante su inadmisible actitud para conmigo…

  -Una doble erección a la semana difícilmente podría considerarse patológica: no nos hallamos ante un síndrome priapístico…

-No es eso lo que temo, doctor Yáñez; y lo sabe de sobra…

-Hable pues… No solamente estamos entre hombres: es que, además, y ya es casualidad,  yo soy su médico de cabecera (y los pies de la cama, si hace falta…) Hable sin miedo… No será usted el primero ni el último en decidirse, aun de forma tardía, a salir del armario… “Cada casa tiene su marica…” Lo escribió Gloria Fuertes en el siglo pasado…

-No se pase de listo, Dr. Yáñez. Mis dudas no circulan por esa carretera secundaria. Fue mi amigo Ramón quien se encargó de descartarlo por completo. Aventure un diagnóstico… ¿Qué opinaría Sherlock Holmes al respecto…? Yo ya lo sé; pero no se lo digo…

-Espere… Espérese un momento… Descartado, un tanto alegremente, se trate de homosexualidad en lata o congelada, ¿qué es lo que nos queda remanente…? Pero, ¡cómo he podido ser tan corto, tan limitado, en mis apreciaciones…!  ¡Ya me viene, me viene…! Usted, Elías Laporta, no es otro que Monsieur Ô  revisitado, un masoquista de tres pares de cojones… Conociendo a doña Flora, no me extraña…

Fue entonces cuando el cuerdo Dr. Yáñez sintió una violenta explosión de placer intelectual en sus partes impúdicas y se vino de sí mismo en sí mismo, la mar de bienvenido y de mojado, como no se había visto desde el último corrimiento de la fosa tectónica, allá en las profundidades tenebrosas de la problemática bahía de S. Francisco…

EPÍLOGO

Bajo seudónimo, eso sí, nuestro “médico a palos” publicaría un año más tarde, en la afamada revista estadounidense “Medical Report” un artículo en inglés oxfordiano titulado “Cognoscitive Orgasm”, que le ha hecho acreedor de numerosos premios internacionales, entre ellos el “Guinness de los Records” a la mejor paja mental del siglo XXI,  cuya erudición y decidida apuesta por enseñar deleitando a sus fervientes partidarios urbi et orbi no han sido superadas todavía.

En cuanto a Don Elías, según han sabido fuentes dignas de todo crédito- por qué engañarse: la inventiva del autor- ha recurrido a una masajista femenina, por si acaso (y sólo por si acaso…). De hecho, todavía no  ha alcanzado los 90º de inclinación durante el clímax,  y su pene recuerda, en su mejor momento, a una torre de Pisa en siglos venideros. El susodicho empieza a preocuparse seriamente.

 A resultas de lo cual, y no hace tanto, ha propuesto a su amiguito del alma Ramón (más conocido, por estos andurriales, como “Moncho”) llevar a cabo una locura los dos juntos (“algo bello” fue la expresión exacta utilizada), para saber al fin, a qué carta quedarse… Vamos, si pintan bastos, una vez metidos en harina…

Aquellos polvos, trajeron estos lodos...

                       FIN DEL PRINCIPIO DE ARQUÍMEDES

(“Todo cuerpo sumergido en un fluido… Etc., etc., etc. …”)