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Cine en 7 Días (1)

 

Ese oscuro objeto de deseo

Ese oscuro objeto de deseo

“ESE OSCURO OBJETO DE DESEO” (1978) de LUIS BUÑUEL

¿Es Buñuel un cineasta o un entomólogo? ¿Maneja la cámara o el microscopio? Aquí le tenemos de nuevo y, además, con lo más reciente de su producción, “Ese Oscuro Objeto de Deseo” (a no confundir con “Los Claros Motivos del Deseo” de Miguel Picazo”). Después de ese collage surrealista que son “La Vía Láctea” (todavía sin estrenar aquí), “El Discreto Encanto de la Burguesía” y “El Fantasma de la Libertad”, toma Buñuel un tema que le es muy querido, el de “el viejo y la niña” (recordemos “Viridiana”, “Tristana”,”El Diario de una Camarera” o “Él”). Basada en una novelita de un escandaloso escritor francés, Pierre Louys, “Ese Oscuro Objeto de Deseo” nos habla, nada menos, que de la “virginidad”, españolísimo tema que, por venir firmado por quien viene, promete una velada absolutamente divertida. Y es que el viejo (?) maestro Buñuel sigue empeñado en enseñarnos que no debemos tomarnos a nosotros mismos tan en serio y, para ello, le basta con mostrarnos cómo somos, utilizando la cámara, ya lo dijimos, a manera de microscopio.

Cartel bilabial, padre y muy señor mío del de ahí arriba...

Cartel bilabial, padre y muy señor mío del de ahí arriba…

Con el resto de la programación semanal ocurre algo curioso y que nos recuerda, ¡ay!, que el cine es una industria; una “fábrica de sueños”; pero fábrica, al fin y a la postre. Y lo que ocurre es que cada una de las películas que se proyectan son secuela, y muy directa, de otras que, recientemente, alcanzaron un pingüe resultado taquillero.

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Veamos: “Abismo”, de Peter Yates, aquel americano que se hizo famoso gracias a una carrera de coches en “Bullit” (1968) – que, a su vez, fue origen de doscientas películas más con “persecución al volante”-, viene siendo un hijo un poco tonto de “Tiburón” (Steven Spielberg, 1975): ambas proceden de  novelas de Peter Benchley, ambas tienes intérpretes comunes (Robert Shaw); ambas (y ya son ganas de ahorrarse neuronas) gozan de un mismo afiche publicitario sabiamente camuflado: si en “Tiburón” veíamos al pez nadando en vertical hacia la superficie, ahora vemos exactamente en la misma pose a la protagonista.

26-2649-3wumd00z Pero, claro, había que buscar un sustituto que sirviese de espina dorsal a la nueva aventura marina, y aquí los guionistas optaron por la acumulación: un tesoro sumergido, un importante alijo de droga, una morena peligrosa sin pernas ni brazos pero con muchas espinas, una pelirroja de buen ver, vudú, dos o tres tiburones, unos negros malísimos, un cargamento de explosivos, lucha oriental… ¿hay quién dé más…? Y, sobre todo, ¿quedará tiempo para aburrirse…? Pues no crean, no crean… y es que, en esa enorme ensalada de mariscos que es “Abismo”, a alguien se le olvidó de poner lo más importante, o sea: la sal; o sea: el talento.

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“Emmanuelle, en cambio, fue más lista y se reencarnó (tiene de sobra con qué) a sí misma, poniéndose un 2 detrás y una coletilla bastante obvia: “Emmanuelle 2, la Antivirgen”, y decimos “obvia” porque nunca pensamos que fuera partidaria de lo contrario. La cosa la firma François Giacobetti y hay quien dice que es “mejor” que la primera, y hay quien apuesta a que los señores seguirán haciendo el amor con corbata, para mayor enfado de las feministas.

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Pero sigamos con “películas-hijo” o, para ser más exactos, en este caso, de “películas-nieto”: “Aeropuerto 1978”. Es decir: varias parejas se suben a un avión (también las hay con barco, con globo, con rascacielos, con montaña rusa…) y se pasan una hora de cinta contándonos sus pequeñas alegría y tragedias, y luego el avión se estrella o se hunde (o se incendia, o le ponen una bomba, ¿qué más da…?) y mueren unos cuentos y otros no. Y así un año y otro año. Y que no decaiga, porque el espectador tiene que aprenderse bien aprendido que todos sus problemas cotidianos, las crisis económicas, la inseguridad, las desigualdades sociales, no son nada comparadas con los apuros que pasan las viejas estrellas de Hollywood metidas en variopintos aparatos. La presente edición de lo de siempre está hecha por Davis Lowell Rich,  que en sus buenos tiempos, hacía preciosos melodramas con Lana Turner.

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“La Carrera de la Muerte del Año 2000”, y son paradojas para echarse a llorar, está autorizada solamente para mayores de 18 años. La publicidad tiene la osadía de compararla a la obra de Stanley Kubrick “La Naranja Mecánica” por “su violencia y erotismo”, cuando, a todas luces, se trata precisamente de todo lo contrario. Salen Sylvester Stallone (“Rocky”) y David Carradine (el protagonista de la serie de T.V. “Kung-Fu”). Dirige Paul Bartel. Su padre (el de la película) sería “Rolleball” (1975), de Norman Jewison. Aquí las carreras son de coches.

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Pero todavía nos quedaba algo por ver. Un hijo nacido antes de su padre: “King-Kong Renace y Ahora: se Escapa” (se llama así, de veras). Se trata de una antigua película japonesa, desempolvada para engancharse al éxito del gorila de De Laurentiis.

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 Su auténtico padre sería “Los Hijos del Volcán” (1956), ¿la recuerdan?, aquella película donde los japoneses trataban de avisarnos de los horrores de la bomba atómica. En este “rey de la conga”, como en todas las de la serie, salen Godzilla, Anguillus y toda la mísera caterva de monstruos antediluvianos, a los que la energía atómica hizo resucitar. Y estas películas se hacen, se exhiben y se importan de lejanas tierras porque, en el fondo, somos como niños, descendidos, eso sí, muy recientemente, a la categoría de “niños de pecho”, merced a la ola de erotismo y pornografía que nos invade.

Se anuncia, para la próxima semana, el estreno de “Emanuelle Negra número 2” (Nótese que las Emmanuelles émulas de la original (y todavía más antiviginales si cabe), habían perdido una eme en el camino, seguramente por cuestión de royalties).

 ¡Para que luego digan que exageramos…!

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***

Este trabajo fue publicado  en “La Voz de Galicia” el 26 de marzo de 1978, dentro de una serie titulada “Cine en Siete Días”, donde se trataba de comentar, a priori, los estrenos semanales de la cartelera ferrolana.

Aunque hoy, en la mayoría de los casos, no hubiese plateado así su enfoque crítico, procuraré, a lo largo del ciclo, no cambiar una palabra  de lo que entonces escribí, si bien me he permitido, aquí y allá, corregir la puntuación y corregir algunos errores de bulto. J. T.

CONTINUARÁ…

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Carta al Sr. Jiménez

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CARTA AL SR. JIMÉNEZ

Muy Sr. Mío, objeto, no lo dude, de mi total consideración y mi mutuo respeto:

 Con estas cuatro letras mal hiladas, me atrevo a dirigirme a usted, don Juan Ramón, para expresarle mis sinceras condolencias por la disfunción, tras larga y dolorosa enfermedad, de su burro Platero Q.E.P.D.

“Madre burra” yo misma – y me va a permitir el eufemismo-, me conozco de sobra cómo se siente una ante tan sensible pérdida. Yo también tenía un burro; pero, ay….hace ya muchos años que se ha muerto el probrecillo, en una Pascua más triste que ninguna… Lo que son casualidades, señor mío: al susodicho, yo también le puse el nombre de Platero; y eso fue porque pensaba sacar plata, usándolo para trajines de feirante, trasladar leña cuando te encoge el frío y recurrir a él, en busca de transporte, cada vez que me entraban los dolores de parto natural, para ser arrastrada, agarrada a su rabo, hasta el pueblo vecino, al dispensario-establo de doña Tita Calvo, la Partera. Dos hijas tuve, honradas como ovejas a la pata quebrada en el aprisco: Mª Angustias y Mª los Remedios… Dos hijas más Platero; y un marido, Tiburcio, que, a abrupto y bruto, no le ganaba nadie, hoy criando malvas, y que Dios se lo guarde para Sí, en terreno sagrado, con una cruz encima, sin haberlo tachado de este mapamundi, aunque no me hubiesen faltado motivos para hacerlo.

No está en cuestión si fue justo o no fue justo que no me hubiesen dado, a mí también, el Premio Noble…¡Si es que yo no me quejo de eso…!

Tras el pasamiento a mejor muerte del mi burro más querido – no hay confusión posible: yo ya estaba viuda por entonces del bueno de Tiburcio-,  todas las vecinas fueron al entierro y la Tía Cirila tocaba el cencerro cuando acudimos a enterrarlo en las afueras yermas del villorrio… ¿Qué más podría pedir ésta que lo es segura servidora de Dios y de un caballero tan sabio como al que me dirijo, puño y letra, en mi justa demanda…?

Unos, tanto; otras, tan poco… ¡Pero… qué mal repartido está el mundo…! En lo tocante a la flauta de jumentos, el de aquel manchego “primero yo,  después yo y siempre yo”, Sancho Mantecas, ni siquiera disponía de un mal nombre a lucir sobre la alforja que no fuera el de “rucino”, supongo por “Rufino”… No me extraña que se lo anduvieran robando todo el tiempo, por indocumentado…

En respective a ésta que lo es, está que no se come ni se duerme, de mucho barruntar sobre mojado. Un moscardón verdoso no se me va de la molleja… A mí misma me cuento, sin dar crédito, que vete tú a saber si usted, un señorito de tanta enjundia y tanto ringorrango, no habrá robado, con nocturnidad y celosía envidiosa,  el cadáver, por así escribirlo, de mi asno, para usarlo, atado y bien atado, en sus propios cordeles literarios. Más claro, agua… En palatino: que mi burro y su burro son la misma persona…

Mucha casualidad ya me parece a mí la coincidencia de dos Plateros muertos triscando por el prado; y el primero fue el mío… ¡Atrévase a negarlo, que lo rajo…!  A buen seguro, le llegaría el repique, en tiempo y forma, a sus oídos; la copla popular esa que canta: “Ya se murió el burro de la Tía Vinagre”… La Tía Vinagre, o sea: una servidora, lo que conoce bien es lo que reza luego, tras el salto de mata del versículo: “ya se lo llevó dios de esta vida miserable”… Tan miserable, oiga, que una no tiene ni donde caerse muerta, harta de tanta hambruna y de tanta laceria para echarse a la espalda…Y Usía, poniéndose entorchados a mi costa… ¿Le parece bonito a Su Excelencia…?

Sólo le pido tres o cuatro perras gordas porque Vinagre no tiene hogaño pastor perro que le ladre…Qué trabajo le cuesta, me pregunto… Para usted no son nada; bien lo sé.  Yo podría desempeñarme la peineta, regalo de soltera del Tiburcio, mi viudo, a cambio de enseñarle las vergüenzas; con las sobras, hasta alquilar por un día, en el colmado de Lucía la Jorobada, un codillo repelado de jamón y, en llegando la Pascua del Señor, cocinar un sopicaldo de primera, que nos recuerde, por lo menos, aquél que preparamos, hace ya muchos inviernos fríos, las tres Marías, con los huesos, aún calientes, de Platero, sin contar un abrigo de pieles con capucha que nos fuimos a hacer con su pellejo.

Estando ya a 15 de diciembre del año del Señor 1957, espero, apetitosa, su respuesta.

Besa a usted la mano,

                                       Mª Vinagre Expósito García (porque madre sí tuve, a mucha honra…).

***

Siendo el Sr. Jiménez hombre quintaesenciado y parco de palabra, la Tía Vinagre obtuvo la callada por respuesta.

Ella misma, azada al hombro, a pesar de la artritis, se vio obligada, un año más, jingle bells, jingle bells, a recurrir, por duplicado, a cierta tumba, desdibujada en un cruce de caminos, tosco parterre de ortigas y mandrágoras, para cuadrar menú de Nochebuena y Nochevieja…

Y es que, como decía la Tía Vinagre (y llevaba razón) a quien quisiera oírlo: “¡Era mucho, aquel burro peludo: mi Platero…!”

FIN

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The Big Black Apple

 

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THE  BIG BLACK APPLE

Para mi nieto Aníbal, que me sonríe y me llena de luz.

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Lejos se encontraba de imaginarse Charlie “Chuloputas” Turturro lo que, a no tardar demasiado, habría de sucederle a él y a sus muchachos, tras la apertura de un nuevo garito en el ganapierde de la Calle 24, con tan mala fortuna que el inmueble de marras se hallaba situado justo encima de un antiguo cementerio indio arapahoe, cuya existencia no constaba, lo cual resulta altamente sospechoso, en los polvorientos papeles de la oficina de registro.

Pussy Delorme, boquiabierta

Pussy Delorme, boquiabierta

El nombrecito aquel en sus frontales de neón amarillento, “The Big Black Apple” constituía todo un augurio de lo que estaba por sobrevenir puertas adentro. Sugerida por una de sus amantes, Pussy Delorme, tal nomenclatura había sido aceptada de inmediato como el colmo del ingenio picante, en su  doble sentido: una clara alusión al culete y/o a los genitales femeninos sin depilar, con un rabo insertado en su epicentro, todo ello genuinamente neoyorquino, en un low cost “casa por la ventana”: todo a pavo real, incluida jofaina profiláctica, ungüento germicida para el glande y toalla limpia, hasta el agotado de existencias. Ya más sutilmente, a la que salta y por el qué dirán, se dejaba entrever una advertencia un sí es / no es moralizante, acerca los peligros ciertos de la ludopatía y sus irrechazables tentaciones juguetonas.

Un apretado programa de poltergeist, sobrevenido,  en progresión geométrica, entre las cuatro paredes, techo y suelo de aquel antro apestoso tras su inauguración a bombo y a platillo, estaba destinado a no dejar indiferente a su poco o nada distinguida clientela. De hecho, no se ve todas las noches de jolgorio una bolita de ruleta elevándose en el aire, poniéndose a hacer piruetas sobre las cabezas de los presentes en la sala de juegos del casino o las plumas de una vedette entrada en carnes y salida de años, en mitad de su show, dedicarse a hacer homenajes por libre a Igor Stravinski (¡Malditos bolcheviques…!), a base de fumarolas nauseabundas, acompañadas de estruendosas explosiones y derroche de pirotecnia fraudulenta.

Más pronto que tarde, a través de fidedignos testimonios de testigos oculares, untados a conciencia (?),  saltó a la prensa, bajo grandes titulares, la leyenda maldita de un garito embrujado allá donde la Calle 24 se había venido convirtiendo, desde la intemerata, para bien o para mal, según urgencias mingitorias, en urinario público y notorio, registrándose altos porcentajes- aunque no los suficientes para verse convertido en regla- de potentes manguerazos masculinos, castigados cara a la pared, a partir de las nueve post meridiem, sin que tal fontanería, a la que nadie en su sano juicio etiquetaría de “versallesca”, en buena parte de origen cervecero,” hubiese preocupado a las autoridades competentes, excepción hecha de su sufrido vecindario autóctono, a base de inmigrante irlandeses, hartos de presentar oportunas denuncias de hechos tan lamentables y obtener la callada por respuesta. Sin duda, estos probos ciudadanos ignoraban que uno de los compinches de Turturro, Genarino Portinari , alias “Pocahontas”, ocupaba un alto cargo en la alcaldía.

Las recaudaciones del local durante los fines de semana llegaron a alcanzar cifras auténticamente fabulosas. “The Big Black Apple” se había convertido, para los noctámbulos neoyorquinos, en el indiscutible “talk of the town”, que era como se denominaba por entonces el fenómeno de una popularidad desaforada.

Mr. Turturro se mostraba encantado de la vida, desde luego; en lo tocante a Miss Delorme (toda ella), en mal momento  había solicitado, por derechos de copyright sobre el nombre de pila, un aumento de sueldo, habiendo recibido, de inmediato, un par de sonoras bofetadas, aplicadas con cariño paternal en plenos morros, a modo de anticipo disuasorio, de manos de su chulo sindicado.

-Esto para que aprendas, nena: a tu cerdo Malión no se le puede venir con exigencias perentorias…

   -Estaba bromeando y tú lo sabes, pedazo de cabrón… – respondió ella, sorbiéndose, al unísono, la sangre a borbotones que le brotaba del napial aguileño por un lado y las lágrimas negras, a base de rímel legañoso, corrido del disgusto, a través del otro agujero disponible (en sus narices).

***

Kalandrakas & Partenaire

Kalandrakas & Partenaire

Lo que Charlie “Chuloputas” no había contado a nadie era el “origen del mal”: un “calentamiento previo” a la presentación en el local del Mago Kalandrakas, Esotérico Oriental & Partenaire, que, al final, por falta de acuerdo entre las partes en litigio, por supuesto de carácter económico, había quedado en aguas borrajeras. Cuando cesaron los “ensayos generales con público”, misteriosamente se vaporaron en el éter los fenómenos poltergeist, a un plato y a un cuchillo con la leyenda urbana en que estaba a punto de convertirse “The Big Black Apple”, a resultas de lo cual el interés del público comenzó a dispersarse, por lo que no quedó más remedio que volver a llamar a capítulo al Mago Kalandrakas (& Partenaire), a la sazón ubicado en Chinatown, haciendo de las suyas, aunque ahora habían pasado a llamarse, con cierta prosopopeya, “Dr. Sirius, el Universo Camina Conmigo & Partenaire” (por más señas, su hija  Dolly, tras heredar los trastos de su madre, presa en el corredor de la muerte a causa de la tisis galopante y una obesidad mórbida, sobrevenida al intentar calmar la tos de fiera a base de una ingesta masiva de bombones, casi tan rellenos como ella).

Hombre melifluo, en el fondo y en la forma, el Dr. Sirius no dudó en mostrarse receptivo. Después de todo, acaban de diagnosticarle cierta dolencia malpintada en sus pulmones, y no estaban los tiempos como para morirse en medio de la calle, detrás de una farola, al estilo perruno.

-Oiga, Mr. Turturro, seamos dólares el uno con el otro…- empezó a decir Dimitrios Angelopoulos, más conocido por… (En realidad, no era conocido en absoluto o relativo; así es que dejaremos la frase suspendida en el aire del despacho, hasta la convocatoria de septiembre…)

Hello, Dolly...

Hello, Dolly…

-Sr. Charlie, escuche usted a papá, se lo suplico…- metió baza la moza, entre mohines más propios de una “silent movie star” que de una partenaire comme il faut, y de raigambre nepotista por más señas.

 -Que se calle ese loro con kimono, hija de Fu-Manchú, Fah Lo See o como se llame, o te aseguro que tendremos un disgusto, Dr. Cirio…

-Dr. Sirius, si no le importa, jefe…En cuanto a mi hija, su nombre de pilón es Dorothy, nada de falos o cosas parecidas… -matizó el aludido, haciendo gala de una dignidad sin demasiadas pretensiones- Y tú, niña, muda de nacimiento, porque así estás más bella… Piensas en Lillian Gish y te sale bordado…

Y es que la chica había venido en traje de faena por si tenía que hacer alguna demostración de sus progresos escénicos en vivo y en directo.

-Lo que yo necesito es gente del showbizz… – bramó Turturro- A esos peliculeros me los paso por el forro: son todos unos mandrias y unos areopagitas…

 -Claro, jefe… Pues claro…- se apresuró a mediar el Dr. Sirius, uno de ésos que saben lo mucho que conviene agarrarse a un clavo ardiendo, en llegando las duras; tras lo cual, sin solución de continuidad o cualquier otra cosa, se puso a cantar, desgañitado y con casi dos décadas adelantadas a su tiempo: “There´s no business like show business” de Irving Berlin, acompañándose de unos pasos de claqué bastante cojitrancos- Usted déjelo todo de mi cuenta. Como dice en I-Ching: no habrá ocasión alguna de arrepentimiento. El Arte de la Magia es cosa mía… Nada por aquí, nada por allá…y aparece Bugs Bunny, pilotando su máquina del Tiempo…

-Vamos a concretar y dejarnos de labias, Kalandrakas…Yo necesito un plan de ataque en toda regla, no el guion de un programa radiofónico…

-Aquí mi partenaire no tiene precio haciendo de fantasma ensabanado… Vamos, hija, demuestra cuánto vales a nuestro mecenas made in USA,  este señor tan fino, sobrado de razones crematísticas…De la creme de la creme, orgullo de los yanquis de Manhattan…

No se hizo de rogar la casta de aquel galgo de canódromo y se puso  a ulular cual lechuza buhonera, haciendo gala de todo tipo de registros.

-¡Que se calle ese grillo de una vez…! ¡Conseguirá que me duela la cabeza…! ¡No está mal, no está mal…! ¿Y qué más sabe hacer que sea digno de mención tan gentil señorita…?

-Siempre lo que me mandan… Lo que no sé, me lo aprendo de memoria, de pe a pito… Al poner interés, progreso que da gusto… – respondió la muchacha, volviendo a los mohines cucamónicos.

Fue entonces cuando se abrió la puerta del despacho para dar paso a una Pussy Delorme trotera y danzadera, que no estaba para carajas ni calcetas. Que no había estado escuchando al otro lado de la puerta no se le ocurre ni al listo aquel que, un buen día, se puso a asar manteca de cacao en un horno crematorio de darle leña al mono (o la mona).

-La mosca muerta ha mostrado, por fin,  sus glándulas chupópteras… Pues no parecía tonta ni nada la mandarina esa, con el “chichi” en pepitoria por bandera…Recuérdalo, querido, por favor: cualquier cosa que ella sea capaz de hacer debajo o encima de una sábana holandesa, yo sé hacerlo mejor y más barato, porque me entra en el sueldo el dejarte contento seis días a la semana (los domingos, descanso semanal, a base de pay-pay y de amor propio)… Aunque esté feo decirlo, a mí no hay quien me gane a duende babilónico…

Se hizo un silencio hosco y opresivo.

-Abogo por aligerar el gineceo…- rabió un Charlie que no estaba para gaitas escocesas.- Esperáis ahí al lado, hasta que acabemos de hablar, sin ser interrumpidas, las personas mayores… ¡Sus y a ello…!

Miss Delorme y su rival en ciernes abandonaron el despacho, entre frufrús de panties puntillosas y miradas cruzadas de asesino en serie. A partir de ese instante, a buen seguro, iban a ser cuatro orejas aplicadas al recio maderamen de la entrada. Se las oyó empujarse de mutuo desacuerdo, en procura del mejor panel donde posar sus enjoyados “pendentifes” modernistas de diseño.

-Hablemos pues sin cortapisa alguna, Dr. Sirius… Soluciones, repito; si le pago, exijo un numerito a la altura y al ancho de Las Vegas nevadas, no fuegos de artificio que provoquen unos cuantos asustados gorgoritos mal fingidos a cuatro o tres pelanduscas embriagadas de láudano, ejerciendo de claque, contratada al afecto…

-Ahí quería yo llegar, patrón de los patrones…De poder disponer de material de primera mano, ¿para qué andarse por las ramas prostitutas…? Hacen falta redaños bien pegados al culo, se lo advierto… De eso andamos sobrados, me imagino…

Charlie “Chuloputas” Turturro ni siquiera se molestó en corroborarlo e hizo un gesto impaciente, a modo de preaviso atormentado.

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-Me hallo en condiciones – continuó el Dr. Sirius-, dada mi acrisolada condición de nigromante y taumaturgo, de llamar a algunas puertas con siete cerraduras a la cal, escondidas al resto de desorientados caminantes por el Cosmos. Lo que es por ascendencia paterna, no ose mortal alguno ponerle impedimenta: Nostradamus corre que se la pela por mi corriente alterna: ya noble, ora plebeyo, según pinten los bastos o los oros; Gilles de Reis jamás le iba a hacer ascos a los violentos y metálicos añiles que entintan mis ventrículos izquierdos… Pues la línea materna,  serendipia de toma pan tumaca: blasono de descendiente, por línea discontinua, de la gran alcahueta española Comadre Celestina y sus tejemanejes polvorientos aquelárricos, bajo peluda grupa del Gran Conserje Pedro…

-¡Al grano pajolero, voto a tal…! Tu árbol genealógico me lo paso por la lavandería china y luego por un ciclo de secado…

-Pues no debiera, master; pudiera llegar a lastimarse con las agudas espinas de mis rosas sobre campo de gules, a tiro de penalti… Aguante un poco, jefe… Mi propuesta se basa, sobre todo, en no cerrar los ojos a otras ciencias, las llamadas “ocultas” por los cuatro ignorantes que las ponen en solfa dorremí, como si se tratase de demencias seniles de una abuela materna… Me encuentro en condiciones de guiarlo hasta dimensiones por usted ni imaginadas, con un plan magistral obrante en la cartera billetera… Tal que así convertir “The Big Black Apple” en la Décima Puerta, que nos lleva a presencia del Señor de las Moscas…- no especificaré más, por si las ídem…-; no habría sobre la Tierra otra vía de contacto con los Antiguos Amos de la Tierra; y ello conlleva, en un mundo tan mercantilizado como el que deshabitamos,  unos cuantiosos gastos más el IVA, a todo adorador de cornamentas. Exclusiva mundial que ni El Dorado; y, esta vez, a la vuelta de la esquina. Una Meca satánica, a la que peregrinar anualmente desde los cuatro puntos cardinales, se pone en nuestras manos y nuestras cajas fuertes.  Varear la plata es poco: a cagarla se ha dicho, como afirman los cristianos viejos de Castilla Mochales acerca de los moros paganazos…Me rio yo de esas pastoriles apariciones marianas portuguesas… Por lo que a nos nos toca, todo ello sin trampa saducea ni cartón de binguero: una firma manuscrita en el Libro de Libros, el Necronomicón, pero el agudo, no el esdrújulamente acentuado, y todos más contentos que unas pascuas floridas… Nos pilla todo a huevo de paloma: Dorothy, la niña de mis córneas, ejercería de Suma Sacerdotisa en el evento; en tales casos, se hace llamar Miss Lilith, por elevación de estilo circunflejo.

A Mr. Turturro, por primera vez en el transcurso de la seance, se le pusieron cara y culo de hallarse interesado: se levantó de un salto y se puso a recorrer la estancia cual tigre enjaulado de Bengala, al que hubiesen metido un petardo encendido en salva sea su parte.

-Un complejo hotelero, con servicios de spa; camposanto ajardinado adjunto, ornado con motivos victorianos, que podríamos traernos desde Londres en barcaza; sala de aquelarres funcionando a tutiplén en cada planta… Ya veo los titulares… “Un negro punto filipino de New York, donde Halloween dura duro todo el año”…Veo, veo… Estoy viendo diez volquetes de putas, disfrazadas de zombis, animando el cotarro… Dr. Sirius: a esto le llamo yo ponerse a hablar en serio… Encargaré a mi equipo de finanzas que se ponga a elaborar un presupuesto… Mi asesor laboral, Caetano Malatesta Genovese, se encargará de hacerle llegar, donde convenga, un borrador de lo que ha de llegar a ser nuestro contrato indefinido, bajo rigurosas normas de confidencialidad por ambas partes, no vaya a ser algún ángel todavía sin caer, que a alguno de nosotros se le ocurra marcharse de la lengua indoeuropea…

***

Todo iba a pedir de boca del estómago; no más el “arroz tres delicias”, plato único, desayuno, comida y cena, de las últimas semanas, como antes lo había sido el ugali, durante su paso a dos por un Harlem doblemente negro… Queer, el penúltimo: donde dije underground, ahora toca referirse a limousine,  avioneta privada y yate con bandera panameña… Incluso un matrimonio polígamo, celebrado con rito hawaiano, no quedaba descartado  en absoluto… La niña de los abanicos se casaría con un magnate del petróleo, sin descartar que llegase a presidenta vitalicia…O mejor todavía: a reina de los USA, desde el canal de Panamá hasta el final de tierra firme, de saberse llamar a la puerta oportuna.

No lo tenía tan claro “Hello, Dolly”… Miss Delorme no parecía dispuesta- y así se lo había hecho saber en el transcurso de sus dos entrevistas sucesivas- a socializar atributos masculinos, por muy potentes que éstos resultasen, lo que estaba por ver y por palpar: una chica tan lista como ella era capaz de chupar muchos trigueros, salvedad hecha de sus propios pulgares. En su estilo barriobajero y arrastrado (el de Delorme), le había dado entender el hallarse predispuesta a la masiva utilización del vitriolo, en el caso de ver comprometidos sus más caros intereses. De persistir en su indecente actitud (Dorothy, en este caso), tenía todos los boletos necesarios para ingresar en el orfanato más cercano a su domicilio, donde ya se encargaría ella (Miss Delorme) de que, por cuestiones de edad e indignidad, acabase traspuesta  en un reformatorio para ovejas descarriadas, donde le fuese aplicado, diariamente, y en sesiones tarde y noche, el tratamiento del palo de fregona, a cargo de internas diplomadas en tratamientos de shock, todo ello sin malgastar un solo vatio de corriente eléctrica.

Total, montar todo aquel armagedom titiritero por hacer ricos al gangster mafi-oso y su coima putiplista, para, luego, recibir, como pago en diferido, un desairado “si te he visto, no me acuerdo”… “Vamos, si no lo sabré yo: esos tipos siempre pretenden ser los primeros en deshojarte el rosebud a mordiscos, pero nunca se quedan con tu cara bonita y, no digamos ya, con la numeración de tu cuenta corriente, escribiéndola, para no olvidarse, sobre el puñetero puño de su camisa nueva, con el lápiz de pintarse los antojos…”

Visto lo oído, sólo restaba hacer de la defensa un buen ataque. Sibilina y enrevesada por naturaleza,  la partenaire, o mejor: la partiquina,  trató de imaginar cómo conseguir que nunca tan pocos, allí ella, hiciesen tanto daño a una persona sola, encontrando un lugar desocupado, y luego otro, y otros más, donde clavar los nuevos alfileres de la magia potagia, portadores de desgracia miserere sine die y un lamento capaz, en sus desgarros, de obligar a la lengua a desprenderse, convertida en negro badajo de campana que anunciase naufragio o, a peores, una peste más endrina todavía.

Prevaricando lo suyo y lo ajeno, como Notario Mayor de su Diabólica Majestad, encargada de poner en marcha la firma del legajo contratante de la primera parte contratante, a la hora de redactar sus cláusulas blasfemas en lenguaje cabalístico y burramio, Dolly, la muy ladina, se permitió introducir ciertas licencias en el modelo de contrato habitual, a la hora de fijar sus condiciones, convirtiendo lo leonino en palomero.

El precio de un alma tan perdida como la de Charles Turturro, pasaba a cubrir el patrocinio de un sobrio convento de clausura, franquicia vergonzante del granadino Beaterio Arrecogío de Santa Mª Egipciaca, en el cual, ¿hace falta decirlo…? , Sor Delorme sería su reverenda madre superiora, con diez o más volquetes de piadosas novicias a su cargo, y Fray Participio Pasivo Declinable, oficiaría de padre confesor y pinche de cocina, rol a desempeñar por el abajo firmante, in albis, por supuesto, de la que se le venía encima, a partir de la cruz con que sellaba el satánico trato, siendo, como era, analfabeto, barnizado de educación mundana en la dura escuela de la vida arrastrada.

El Dr. Sirius, “a mí me las den todas antes de enfrentarme con el basilisco macho de mi hija favorita” (siendo la única, tampoco resultaba tan difícil  de entender), optó por un laissez faire paternal vigilante, siempre al loro (y al buitre) de posibles percances, por si acaso.

***

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La prensa neoyorquina apenas se hizo eco-eco del problema. Que un cabaret de mala muerte en la calle 24 apareciese convertido en convento de clausura, después de todo, no resultaba tan ave rara en esos tiempos: solía hacerse para evadir impuestos, por ejemplo.

Los vecinos, por cierto, irlandeses de pro como se recordará, enseguida se mostraron encantados de sustituir las meadas masculinas en la zona por el dorado arrullo de los cantos gregorianos, entonados por profundas gargantas virginales.

En cuanto al Dr. Sirius & Partenaire, estamos en condiciones de ofrecer, en rigurosa exclusiva, cierta información, muy off the record, según la cual el primero habría sido llamado a capítulo final por cierto cebú bello; por lo que se refiere a la segunda, corroída por los celos- corazón que sí siente-, habría optado por ingresar en el beaterio fruto de su conspiración catilinaria, con vistas a mantener control sobre su oscuro objeto de deseo, aunque nada más fuera en la frágil intimidad de su confesionario ora pro nobis; y ya de paso, cantarle las cuarenta por latines a la monja lacón de todos los demonios.

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Otras versiones, no menos (ni más) fidedignas, se apuntan a que el tándem Dr. Sirius & Partenaire, en realidad, ocultaba las personalidades de cierta fracasada pareja de payasos, Tony & Tony, clown y augusto respectivamente, expulsados del Ringling Bros Circus por practicar la magia gris marengo, el ocultismo cuneiforme y, no solo sino también, la sodomía y la gomorría (sodomizar o ser sodomizado, sin condón preservativo de por medio).

Nos vamos para tratar de averiguar cuál de las dos versiones resulta más fiable. Ahora volvemos… Que no se mueva nadie: ¡Es un atraco, coño…! ¡Al suelo, boca abajo todo el mundo…! ¡Al suelo, al suelo…!

Para un final feliz, conste: aleatorio,  es entonces cuando comienzan a escucharse, allá en la lontananza, las sirenas cantosas de la Policía, clamando por su Ulises Odiseo…

Un final desgraciado alternativo: como en la romería de “La Noche de los Muertos Vivientes” (y en la vida misma), el brazo armado de la Ley y el Orden acabará por pegarle un tiro al negro…

FIN

-A ese lector de ahí, parece que no le ha gustado el cuento...

-A ese lector de ahí, parece que no le ha gustado el cuento…