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El Licántropo (2, 2)

ACTO 2

wolfman

Escena 2

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[Han transcurrido unos instantes desde el fin de la escena anterior. Irene y su padre se han quedado solos ante el peligro de ellos mismos.]

IRENE.- Una vez más, te libras por los pelos…¿Qué habrá visto en ti  tu ángel de la guarda…?

HÉCTOR.- ¡Me siento tan cansado…! Me duele la cabeza… ¿Dónde habrán ido a parar esas malditas gafas…?

IRENE.- En tus propias narices… Es más: las llevas puestas…

HÉCTOR.- Lo veo todo borroso…

IRENE.- Conmigo, excusas el hacerte la víctima: estoy inmunizada…

HÉCTOR.- ¡Si pudiera acostarme y descansar un rato…!

IRENE.- Hazlo a tus anchas, nadie te lo prohíbe…

HÉCTOR.- Esperamos visita…

IRENE.- Pero no de cumplido. Contamos con la suficiente confianza… Los que están por llegar resultan ser viejos conocidos… Acércate y te ayudo… Es quitarse la bata y descalzarte. Serías capaz tú solo, no me vengas con cuentos…

HÉCTOR.- Ojalá…

IRENE.- Ojalá de hojalata… Podrías probar alguna vez a no agobiarme con tus falsas urgencias de viejo maniático… ¿Permites que me acerque o continúa vigente la orden de alejamiento…?

HÉCTOR.- Quédate donde estás… El aire deberá circular siempre entre nosotros… Una antigua promesa que lograste arrancarme en el lecho de muerte de tu madre… No creas que lo he olvidado…

IRENE.- No hay quien pueda contigo… Tú ganas: una vez más, me rindo… Recurramos a tópicos mundanos… ¡Menuda sorpresa me he llevado…! Tú, no, a lo que parece… La alusión a “La Dama del Lago” me ha hecho gracia…

HÉCTOR.- (se anima) A pie de desenlace, ninguno de sus personajes femeninos era quien decía ser… Cuando lo escribió, el bueno de Chandler, tan dipsómano él, y tan misógino,  debía de encontrarse con un resacón tremendo… “Lady in the Lake” vendría siendo un rebuscado baile de disfraces para mujeres malas…

IRENE.- Yo he sido siempre yo, en la presente historia…

HÉCTOR.- Lo cual, querida mía, tampoco no es para echar las campanas al vuelo…

IRENE.- Tu odio hacia las féminas en general me tranquiliza…”La mujer es un lobo para el hombre”, te oí decir una vez en una cena de matrimonios, siendo yo adolescente. A tus amigos varones les hizo mucho gracia… Por la parte que me toca, desde entonces, puedo asimilar comportamiento conmigo como algo no personal; y ello me alivia ni te imaginas cuánto… Hasta me siento capaz de llegar a conocerte a medias algún día…

HÉCTOR.- Emocionado y agradecido… ¡Oh, cielo santo, hija…! ¿Cuándo vas a dejar de perseguirme…?

IRENE.- (en la puerta, a voces) ¡Dr. Llanos…! ¿Le importaría venir y hacerse cargo del paciente…?  (Entra el falso Inspector Llanos, vistiendo bata blanca, seguido del todavía más falso Agente Lopez, que se apresura a mear su territorio besando en los labios a Irene)

DR. LLANOS.- Me acuso de haber abusado de su buena voluntad, Srta. Cifuentes…

IRENE.- He hecho lo que he podido por mantenerlo en calma… Simplemente, las personas normales tenemos ciertos límites…

ÁNGEL LÓPEZ .- ¿Por qué no me presentas a tu padre…?

IRENE .- Éste es Ángel, papá… Nos conocimos en un curso de yoga… Hemos salido mucho juntos en los últimos meses…

HÉCTOR.- Encantado… Feliciten al Dr. Crespo de mi parte… Supongo que la terapia ha terminado… Y ahora, ¿qué…?

DR.  LLANOS.-Tenía usted razón, amigo Héctor: el doctor Crespo, un buen amigo mío, solicitó mi intervención en un electroshock emocional sin cables de por medio. El método procede de Suiza, donde ha proporcionado resultados ciertamente halagüeños. Debemos enfrentarnos a un ejercicio que toma como punto de partida un pscodrama en el que el paciente participa, interpretándose a sí mismo en el transcurso de una trama relacionada con su propia experiencia, lo cual le permite interprtarla, juzgándola como actor y espectador al mismo tiempo. Al final del camino, le será fácil, al menos en teoría, sacar unas consecuencias coadyuvantes a su curación definitiva.

ÁNGEL LÓPEZ.- Buena la armamos. Nos obligaron actuar como si estuviésemos en el teatro, aun en el caso de no hallarse usted presente…

HÉCTOR.- ¿Dónde esconden a Rita…?

IRENE.- Me he perdido, doctor…¿Podría explicarnos de qué va todo esto…?

DR. LLANOS.- ¿Me autoriza a contárselo a su hija…? ¿O prefiere ser usted quien nos dé su versión, sin recurrir a intermediarios…?

HÉCTOR.- Haga lo que mejor le parezca… Pero déjenme verla, por favor… ¿Cómo tengo que pedírselo…?

IRENE.- Proceda usted, doctor. Confío mucho más en su palabra…

HÉCTOR.- Gracias.

DR.  LLANOS.- Su padre, Srta. Cifuentes, a cambio de una fuerte cantidad, convenció a Margarita Luaces, empleada de esta residencia, para ser sometida a un tratamiento, a realizar en una clínica privada de reconocido prestigio, con objeto de realizar ciertos retoques en su anatomía; al parecer, su aspecto físico no era lo suficientemente llamativo para estar sometido a sus cuidados. Por expresarlo con palabras suaves, la encontraba un tanto rústica para su darle el aprobado como asistenta suya. El problema surge cuando, durante el tratamiento, se presentan complicaciones de tipo alérgico, obligándola a permanecer internada un espacio de tiempo mayor de lo previsto en un principio… Como cabía esperar, cunde la alarma a nivel familiar y laboral… El resto ya lo sabe, amigo Héctor… Intentamos averiguar hasta qué punto conocía usted detalles de esta ausencia… El regreso de Rita, sana y salva, una vez superados los problemas alergénicos, nos ha permitido tranquilizarnos a todos…

IRENE.- Papá, ¿cómo has podido…? ¿De dónde sacaste el dinero…?

HÉCTOR.- Vendimos algunas joyas de tu madre; o mejor dicho: mías, yo se las regalé, depositadas en la caja fuerte de la residencia…

IRENE.- Eres un cerdo… Debí inhabilarte en su momento…

DR. LLANOS.- Tranquilícese… Habrá tiempo para hablar de todo eso…

HÉCTOR.- Quiero ver a Rita; estar con ella a solas… Vayan a buscarla…

DR. LLANOS.- Antes, debe decírselo a su hija… Ella no la ha visto todavía…

IRENE.- Tampoco deseo ponerla ante mi vista… Me temo no sería capaz de contenerme…

DR. LLANOS.- Mi consejo es que no se quede al margen de un importante factor del entramado en curso, por mucho que le duela el conocerlo…

IRENE.- ¿Algo peor…? No se me ocurre…

HÉCTOR.- Siempre te he considerado un tanto corta…

ÁNGEL LÓPEZ.- Oídos necios… No sabe lo que dice… (Intenta abrazara a Irene; es rechazado)

DR. LLANOS.- Acabemos con esto…¿Sería usted tan amable, joven, de localizar a la directora y rogarle que acompañe hasta aquí a Margarita Luaces…? Su comparecencia ante nosotros nos ahorrará un montón de explicaciones… Juzgará usted misma, Srta. Cifuentes, el rebaladizo terreno sobre el que hemos venido caminanando…

ÁNGEL LÓPEZ.- ¡A sus órdenes, jefe…! (Sale pavoneándose, satifechísimo de su propio ingenio)

HÉCTOR.- Hija…

IRENE.- Padre…

HÉCTOR.- Me preocupa tu reacción,  de aquí a unos instantes… Lo siento, apenas puedo sostenerme en pie… Sé buena y ayúdame a llegar hasta ese asiento… (Lo hace el Dr. Llanos, en vista de que ella no se mueve).

IRENE.- Está fingiendo…El hombre lobo se hace pasar por la abuelita… ¿Desde cuándo has sentido escrúpulos a la hora de abalanzarte sobre mí, intentando devorarme, como ya habías hecho con mi madre…?

DR. LLANOS.- A ser posible, evitemos convertir este compas de espera en memorial de agravios… Las metáforas contribuyen a embellecer las obras literarias: en la vida real, a menudo se convierten en cortina de humo de los verdaderos problemas a tratar…

HÉCTOR.- Durante todos estos años, mi hija me ha venido acusando de la muerte de su madre, por haber respetado una voluntad libremente expresada de no ser sometida a cirugía mamaria… Consideraba sus pechos un jardín en su cuerpo, su tesoro escondido, y no estba dispuesta a verlos arrojados, enrtre gasas, a una sórdida cubeta de quirófano… Le aseguré que a mí me daba igual: iba a querarla siempre; ella me respondió que yo nada tenía que ver en ese asunto… Como mujer, podrías, al menos, comprender una decisión que le iba a costar la vida…Te aseguro que era consciente de ello. Y eligió, aun a sabiendas de lo que le esperaba… Sigo esperando de ti hoy, si no otra cosa, por lo menos un poco de respeto…

IRENE.- Sus pechos…

HÉCTOR.- Sí, sus maravillosos pechos…

IRENE.- Mamá no me amamantó cuando nací… O no quiso o no pudo… A los míos nunca les he profesado un gran aprecio… Puedo afirmar que jamás he han servido de gran cosa; para atraer a los hombres, por lo menos…Quizás esté en condiciones de alegrame: al tenerlos tan bellos como dices, ella firmó su sentencia de muerte, contigo de testigo y albacea…

HÉCTOR.- Yo he amado a tu madre. Y todavía la amo. Si lo sé es porque no me he resignado a no tenerla entre mis brazos…

IRENE.- Eres tú ahora quien no demuestra muchas luces… No volverás a verla a ella ni a sus pechos… (Suenan unos discretos golpes en la puerta)

AMELIA.- (fuera).- Dr. Llanos, ¿puedo hacer pasar ya a la oveja perdida…?

DR. LLANOS.- Un segundo tan solo, todavía… Sr. Cifuentes, se lo ruego… Olvídese de los juramentos del pasado… Acérquese a su padre y proceda a abrazarlo, antes de que sea tarde… (Ella lo hace fríamente, por la espalda) Amelia, ¿me escucha? Abra la puerta pues… (Comienza a abrirse la puerta) Adelante, adelante… [Oscuro]

FIN DE LA ESCENA 2, 2

200

El Licántropo (2, 1)

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ACTO 2

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Escena 1

[Continúa la acción donde la dejamos en el final del acto anterior. El Agente López aúlla que se las pela, en plan folklóric@]

       AMELIA.- Oiga, joven, modere sus impulsos licantrópicos… ¿Dónde se cree que está ubicado…?

AGENTE LÓPEZ.- En la pantalla de un ordenador, por el momento…

IRENE.- Ya ha vuelto a las andadas… Haga algo, inspector… Mándelo a por tabaco rubio…

INSPECTOR LLANOS.- Cuando no lo provocan, mi subalterno suele resultar completamente inofensivo…

IRENE.- ¿Qué culpa tengo yo si me ha confundido con su Caperucita Encarnada…?

INSPECTOR LLANOS.- Para quieto, tú, agente… Y recoge todos esos mamotretos, no sea que alguien los pise y deteriore, en un imperdonable descuido… Sin contar con que aquí apenas hay manera de moverse…

AGENTE LÓPEZ.- (deja de aullar) Eso está hecho… (afanoso, se pone a recoger)

HECTOR.- ¡Pido la palabra…! Sra. directora: sepa usted que la hago responsable de todo este quilombo circundante… Aguardo explicaciones: hable por esa boca es suya o calle para siempre… Yo me largo de este improvisado goulag a la española… Irene, si es que todavía no te has pasado al enemigo, ¿ puedo contar contigo para hacer el equipaje…? ¿Has escuchado, hija…?

IRENE.- ¿Con todo este jaleo…? Lo siento mucho, padre y muy señor mío… ¿Te importa repetírmelo por señas…?

AMELIA.- Recomendaría encarecidamente a los presentes no perdieran ni los modales ni el sistema nervioso central… Usted, Héctor, haga el favor de no decir más tonterías… ¿Qué es eso de que piensa abandonarnos…? ¿Adónde iba a ir, hombre de dios…? ¿Qué va a pensar el Sr. Inspector de su espantada…? ¿No comprende que lo convierte en sospechoso…?

HÉCTOR.- Yo sospecho de él… Andamos igualados: toma y daca…

INSPECTOR LLANOS.- Si pudiera explicarse, Sr. Cifuentes, sería de agradecer, se lo aseguro… ¿Qué sabe usted de mí que yo no sepa…?

HÉCTOR.- Creo  que el affaire de la desaparición de esa mujer se lo ha estado inventando para poder meter su ganchuda nariz en asuntos ajenos; los míos, sin ir más lejos… Lo de Rita la Cantaora vendría siendo un macguffin…¿Estoy equivocado …?

AGENTE LÓPEZ.- ¿Un mac qué…? ¿Se refiere acaso a una hamburguesa con patatas fritas…? ¿Un perrito caliente…? Vaya, parece que se me están empezando a abrir los apetetitos gástricos…

IRENE.- Papá ha dicho un macguffin, no un macdonald… ¿Tendrá estudios primarios este hombre…? Así llamaba Hitchcock a ciertos señuelos argumentales para poner en marcha sus tramas de suspense, ¿sabe usted?… Nada que ver, faltaría más, con suspensorio… ¿Entiende lo que hablo, agente López…?

HÉCTOR.- Podrías llevarlo al cine alguna tarde…

IRENE.- ¿A las últimas filas…? Tampoco es para tanto… Por lo visto, sus más perentorias apetencias se centran en la carne de vacuno y / o porcino…

INSPECTOR LLANOS.- Antes de ser groseramente interrumpidos por esa hija de usted, si es que lo es, me pareció entender, Sr. Cifuentes, la siguiente falacia salida de sus labios tumefactos…¡Hay que cuidar esa tensión, amigo mío …! De acuerdo a su teoría, Margarita Luaces está, pero no está; o, en todo caso, no alcanzamos a verla por no hallarse a la vista: debe haberse escondido… Y lo habría hecho, una vez recibidas las oportunas instrucciones, con el fin de provocar nuestra intervención en el asunto… Intervención aparentemente rutinaria, por supuesto; pero que escondería una investigación de mucho mayor calado, en paralelo…

HÉCTOR.- Más o menos…

INSPECTOR LLANOS.- Decídase, no se ande por las ramas: ¿más o menos…?

HÉCTOR.- Más y mejor… Recurra a la Central de Inteligencia; otrosí, revise sus archivos adjuntos. Siempre queda constancia en algún sitio de una operación ultrasecreta de tal envergadura…

AGENTE LÓPEZ.- ¡Está como un cencerro…! Ya he terminado, jefe… A ver si ha sido por culpa de los libros…

IRENE.- Somos dos a pensarlo, joven Watson: al más puro estilo manchego. Reconozccámoslo: mi papá anda algo flojo de tornillos… Siento debilidad por los hombres sagaces, ¿se lo había comentado…?

AGENTE LÓPEZ.- ¿ “Hombre sagaz”…? Depende de qué saga… ¿Le he comentado yo lo mucho que me encantan sus encantos tangibles…?

AMELIA.- De persistir en su desconsiderada actitud, agente, me veré obligada a pedirle que abandone este cuarto… Apuntaré su número de placa a la siguiente… No bromeo. Y a usted, Srta. Irene, ¿no le da vergüenza referirseirse a su padre en esos términos…?

INSPECTOR LLANOS.- (coge a Héctor por el brazo y se lo lleva aparte) Nosotros, a lo nuestro… Puesto que nos hallamos ante una simulación, unas falsas pesquisas en torno a un delito que nunca existió, cabe suponer que quien le está hablando tampoco es un inspector de policía como dios manda…

HÉCTOR.- Eso lo afirma usted: allá películas…

INSPECTOR LLANOS.- Y los mismos o parecidos argumentos valdrían para el agente López, tan despistado él, tan  metido en su papel de “gracioso” del Siglo de Oro…

IRENE.- O incluso de galán, según se mire…

HÉCTOR.- Tampoco lo descarto por completo… A la dama en cuestión, le vale cualquier cosa para montar sus carmina burana… En lo bucólico, ha salido a su abuela materna Rosalía; a mí, no, conste en acta…

INSPECTOR LLANOS.- Asigneme un papel en esta farsa… Vamos, sin miedo… Por si acaso lo duda, voy a aclararle algo: soy real; no ha estado alucinando… Puede tocarme para comprobarlo…

HÉCTOR.- Dé la cobra por hecha…Mariconeos, los justos…

 INSPECTOR LLANOS.- Vaya, me he sonrojado…¡Seré bobo…!

HÉCTOR.- Quizás porque, en el fondo, le ha dolido o no esperaba mi rechazo…

INSPECTOR LLANOS.- Ahora en serio… Medite bien la respuesta antes de hablar… ¿Qué se esconde bajo mi disfraz de rudo polizonte…? No me conteste que un inspector de hacienda…

HÉCTOR.- ¿Jeguecitos con cámara oculta…? ¿Algún reality televisivo…? ¿Es que he caído tan bajo…?

INSPECTOR LLANOS.- Frío… Muy frío…

HÉCTOR.- Avisaré a los de mantenimiento… Lamento no hallarme en disposición de proporcionarle una bufanda… Un intento más y lo dejamos… Usted vendría siendo uno de esos esbirros que, periódicamente, tiene a bien enviarme el Dr. Crespo, intentando sonsacarme información…

INSPECTOR LLANOS.- ¡Chapeau…! Acierto a la tercera… Veamos pues qué oscuros designios se esconden detrás de mi solapada incursión en su sancta sanctorum…

HÉCTOR.- En casa del herrero… He aquí un extraño policía que no prueba su propia medicina y se dispone a confensar, de buenas a primeras, sin ni siquiera haberle sido aplicado el tercer grado…

INSPECTOR LLANOS.- Sírvase usted mismo: demuéstrenos su palmaria superioridad tomando la delantera y dejando mi plan al descubierto…

HÉCTOR.- Demasida plebe abierta de orejas campando a sus anchas por el foro…

INSPECTOR LLANOS.- Lleva toda la razón, Sr. Cifuentes… Presumo de prolijo y no había caído en ello: imperdonable… Mandaré despejar los graderíos… Agente López, haga el favor de acompañar a esas nobles matronas a las termas de Carcalla, donde puedan solazarse a sus anchas, disfrutando de sendos pediluvios… César Augusto y un servidor a punto estamos de intercambiarnos, quid pro quo, sabrosos secretos de estado que, dado su carácter reservado, solo nos atañen a nosotros dos en comandita, tête-a-tête…

AGENTE LÓPEZ.- Volando, jefe…  (aparte) ¿Se le habrá contagiado el desvarío…? Ya lo han oído, señoras: por allí se va a los camerinos… Y que no tenga que volver a repetirlo…

IRENE.- En el caso de no mostrarnos lo suficientemente diligentes, ¿nos va a mostrar su porra, agente López…?

AMELIA.- Preferiría, si no es demasiada molestia, permanecer aquí, en calidad de responsable de este establecimiento y, a mayores, de la calidad de vida del Sr. Cifuentes, cuya inestabilidad emocional ya ha sido de sobra acreditada… Usted, Irene, puede hacer lo que quiera… Yo me quedo; al pie del cañón, antorcha en mano…

IRENE.- Al grito de “¡nunca entraréis en Zaragoza…!”…

HÉCTOR.- Les doy medio minuto para desaparecer de mi vista… Luego comenzaré a romper los muebles y a llamar a los bomberos…

INSPECTOR LLANOS .- Señoras, hagan el favor de desalojar el inmuble…El propio interesado se lo está pidiendo por las buenas… No prolonguemos más esta desagradable situación de impasse…

IRENE.- Lo que es Agustina de Aragón y una servidora, no pensamos movernos…

 INSPECTOR LLANO.- Proceda, Agente López…

AGENTE LÓPEZ.- Vayan saliendo de una en una, sin alborotos y sin perder el paso… Chitón he dicho, y ay de quien se desmande, porque, aunque sea a mi pesar, me vería obligado a emplear un severo correctivo tentetieso… (A Irene) No se preocupe, prenda, ¿no se nota que todo esto es una pantomima…?

IRENE.- ¿También lo de atizarnos con su porra…? No ocultaré que cierta íntima amiga mía, de puro ilusa, se las prometía muy felices con el tema…

AMELIA.- Elevaré a un informe a la delegación del gobierno, Sr. Inpspector: cuente con ello… Amistades me sobran a las que dirigirme… (salen)

INSPECTOR LLANOS.- Al fin nos han dejado solos, amigo mío… Pardiez, si te parece, podríamos tutearnos… ¿Por dónde quieres que empecemos…?

HÉCTOR.- Dr. Cómo Se Llame, una cuestión de orden… Lo veo empecinadísimo en salir del armario, con mis otoñales encantos en el ojo del huracán; pero le advierto que no puedo prometerle nada… Quizás en un próximo futuro, de propiciarlo la espuela del momento… Tiempo al tiempo…

INPECTOR LLANOS.- Torres más altas han caído… Es broma, es broma…

HÉCTOR.- ¿Por qué no lo intenta con su enfermero…? Creo que, aparte de apuntar maneras, le profesa una admiración  susceptible de echar por tierra cualesquiera barreras o convencionalismos al uso…

INSPECTOR LLANOS.- Mi ayudante, me temo, aun en el caso de ser cierto lo que está insinuando, y no lo es en absoluto,  jamás sería mi tipo para cambiar de bando…

HÉCTOR.- ¿Demasiado inexperto…?

INSPECTOR LLANOS.- (entre dientes) Demasiados pelos en los huevos, no te jode el loco de Cañete…

HÉCTOR.- Culteranos barnizados somos; el corazón me dice que vamos a acabar por entendernos…

INSPECTOR LLANOS .- No en los terrenos donde se imagina… En cualquier caso, me apresuro a pedirle mil disculpas por emplear tal lenguaje cuartelero con usted…

HÉCTOR.- ¿ Es necesario apearnos del tuteo…?

INSPECTOR LLANOS .- Para ti la China, camarada; y para mí, el Japón… Te propongo un pasatiempo inofensivo: yo te ofrezco una frase inconclusa, que ha de ser terminada. Después de tres aciertos consecutivos, se gana la partida… Te muestro cómo va; yo digo: “Soy veraz, en cuanto siempre digo la verdad; y soy mendaz, en cuanto…”. Vamos, inténtalo… “Soy mendaz, en cuanto…en cuanto…” ¿En cuanto qué…? ¡Pero si es muy sencillo…! Solo hay que completarlo con un poco de lógica…

HÉCTOR.- Soy mendaz en cuanto afirmo mi ignorancia sobre lo que le haya podido ocurrido a esa mujer, Rita… Usted y yo fingimos no saberlo, Sr. Inspector… [Entra a la carrera el Agente López, visiblemente emocionado]

AGENTE LÓPEZ.- ¡Jefe, jefe…!  ¡Un notición para el telediario de las nueve…! Estoy que no me llega la camisa al cuerpo del delito, con el susto… Lo que se llama un “desenlace inesperado”…

HECTOR.- ¿A lo “Dama del Lago” de Chandler, quizás…? [Oscuro]

FIN DE LA ESCENA 2/ 1

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El próximo viernes, 17 de febrero, a las 8 de la tarde, en la LIBRERÍA ESPACIO LÉCTOR NOBEL, tendrá lugar la presentación del libro EL MANIFIESTO VENTOTENE a cargo de AROA FANDIÑO SERRANO,especialista en Derecho Europeo, ex- becaria en el Acuerdo Parcial del Banco de Desarrollo del Consejo de Europa (CEB)

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PRESENTACIÓN DEL LIBRO MANIFIESTO DE VENTOTENE EN FERROL

(17 DE FEBRERO DE 2017)

La Unión de Europeístas y Federalistas de España (UEF España) es una organización que forma parte de la entidad de ámbito europeo Union of European Federalists (UEF), una organización no gubernamental con el objetivo de promover una Europa federal y más democrática.

La UEF nace en 1946 y desde entonces ha trabajado por conseguir una Europa federal y más democrática en la idea de que la unidad en la diversidad podría evitar los conflictos que han existido tradicionalmente en Europa y, más concretamente, las últimas dos guerras mundiales. Los federalistas europeos asumieron desde el primer momento que sólo un esfuerzo colectivo de la ciudadanía europea por constituir un marco de cooperación organizado de modo federal podría garantizar la existencia de una Europa en paz, libertad y como un espacio de respeto de los Derechos Humanos.

Actualmente UEF consta de 24 secciones en Europa, pudiendo existir tan sólo una organización por estado, si bien a menudo las secciones estatales tienen a su vez secciones regionales o locales.

En resumen, los objetivos de la UEF son:

– Agrupar a los ciudadanos europeos dispuestos a trabajar por una unión en Europa de tipo federal.
– Actuar de catalizador de las fuerzas pro-democráticas en Europa.
– Fomentar el debate público sobre el contenido del proyecto de construcción Europea.

UEF es un movimiento autónomo y que no depende de ningún partido político. De hecho, tiene una configuración plural, tanto en origen territorial de sus miembros como ideológico, agrupando personas de las distintas familias políticas europeas pero que tienen en común el objetivo de avanzar hacia una Europa Federal.

UEF trabaja habitualmente a nivel local, regional, estatal y europeo con todo tipo de instituciones, asociaciones, fundaciones y partidos políticos para tratar de hacer presente la idea de la Europa federal en todos los ámbitos sociales y políticos. Además UEF trabaja my estrechamente con su organización juvenil de referencia Young European Federalists (JEF), cuya sección juvenil en España es Jóvenes Europeístas y Federalistas de España (JEF España), así como con el Movimiento Europeo y el World Federalist Movement.

El acto tiene carácter público y estamos todos invitados.