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ENIGMAS DE LA NATURALEZA

-Madre, sana curiosidad… Y yo, ¿qué vengo siendo…? ¿Gallo como papá o gallina como tú…?- preguntó un joven pollo, avanzado estío.

Mother Hen pareció sentirse un tanto incómoda.

-Eso habría que preguntárselo a Sexador, el malvado gigante de la bata blanca- respondió la aludida, con plumas encendidas y cacareando en un aparte entre siniestro y misterioso- Si sobrevives lo suficiente, tiempo de sobra tendrás de averiguarlo. Yo que tú no me haría excesivas ilusiones. O te quedas sin huevos o acabas bocabajo sin cabeza, atrapado en la Cinta del Tormento. No esperes solidaridad por estos pagos. Todo el mundo lo sabe y aguantamos; no contentos con ello, emitimos señales acústicas, do menor sostenido, avisando de que, por la parte que nos toca, la tortilla está servida: pueden pasar por el gallinero a recogerla. No tenemos remedio y sí nos va la vida…

El joven aprendiz, erre que erre, con sus sueños de gloria:

-Quiero crecer con cresta y espolones y despertar al valle a toque de corneta cuando sea la del alba…-galleó aquel pollastre, hinchando el pecho.

La madre se puso a picotear entre rastrojos, a la espera de que amainase la tormenta épica de su inquieto retoño.

-Eso unos pocos elegidos lo consiguen. Los mandamases del corral nos son impuestos desde arriba. Su elección no depende de nosotras. Hasta entonces, ¿qué más dará ser gallo o ser gallina…? Somos masa, formamos parte del averío que nos ha tocado en suerte.  Mira a tu alrededor: fingimos no pensar; luego existimos sólo a medias, ignorantes felices de si van a acabar puestas a caldo nuestras áureas pechugas; o, todavía peor, de cuerpo entero, una vez salpimentadas y  almendradas, servidas sobre fuente ovalada en pepitoria… Pero escúchame bien, mi impaciente guerrero fantasioso: llegará un día en que dejarán de cantar los gallos negros… Ganas tengo de que dé vuelta la omelette francesa: una revolución de tomo y lomo; burguesa, de salida… y luego, lo que surja…

-Nunca respondes a lo que te pregunto. Te pasas de gorkiana subversiva. Me intereso por Freud y me sales con Lenin desnatado…

-¡Para lo que me sirve contigo…!

-Empiezan a despertarse mis sentidos, madre. Necesito saber a qué atenerme… Todos tenemos pico, todos tenemos alas, todos tenemos plumas… Y si es cierto ese aciago futuro que me pintas, acechando a la vuelta de la esquina, la verdad es que no quisiera irme de este mundo sin… ¿Cómo dijo el poeta…? ¡“Sin recibir la flecha que me asignó Cupido”!

-Por lo que a mí respecta, jovencito, averigüé que era una gallina cuando fui a hacer de vientre y puse un despacho oval con clara y yema. Menudo susto, ya te lo imaginas, aquel canto rodado mulatón saliendo disparado de mi entraña… Adivina quién viene esta tarde… Pensé que había concebido un carajillo…

– No haces más que andarte por las ramas…

– Pues lo que me faltaba: oírme tildar de ramera babilónica… ¡Será torpe este crío…! ¿Es preciso volver a repetírtelo…? Pollos hemos sido todos, gallinas incluidas. Y te prohíbo recurrir al chiste fácil… Carne de horno y sustancia de sopa todo lo lista que se pueda. A la RAE me remito con acuse de recibo… No me des más la lata: “Gallo o gallina joven”, dicen los académicos… ¿Satisfecho, polluelo…?

-¿Y cómo distinguirlos entonces, si el lenguaje no ayuda previamente en la fundamental tarea de elegir para ti la pareja adecuada?

Mother Hen, ya hasta las mismísimas mollejas, hizo un último esfuerzo sobrehumano, y nunca mejor dicho.

-No es necesario hacer un master para eso… Tanto monta, monta tanto, hasta cubrir todo aquello que se mueva. Cuando estés donde debes, por muy gallo peleón que hayas llegado a ser en el transcurso de tan arduo aprendizaje, se te pondrá la carne de gallina y los ojos en blanco de primera comunión bajo las dos especies… Caño libre: cuantos más seamos, vamos a acabar siendo más fuertes frente a nuestro enemigo… La cantidad hace la calidad, hijo mío, una verdad revelada con be y uve… ¿Nunca te lo había dicho…?

-Todos con todas y todas con todos… ¡Ríete tú de los consejos maternales…! Poco convencional sí que resultas, ¿sabes? Ahora entiendo aquella lapidaria que habla pestes de la virtud de las gallinas…

… Y en estas amenas razones se hallaban inmersos madre e hijo, cuando, de forma inesperada, un Gigante con mandilón mugriento y gorro encasquetado en su enorme cabeza, se plantó en medio del corral, blandiendo un hacha de enormes dimensiones, y procedió a dejar huerfanito al protagonista de esta historia, tras agarrar a su madre por pescuezo y trasladarla hasta un viejo tocón, habitual altar de sacrificios.

-No te avergüences, hijo: María Estuardo, en su día, corrió la misma suerte que tu madre…- le gritó mientras estaba siendo trasladada hasta el patíbulo- Y un último consejo, mi pollito querido… Acuérdate de leer a Sean O´Casey…

Intentaba gritar el Gallo o la Gallina. Se lo impedía un nudo marinero en la garganta.

-Te qui… Te qui…- empezaba a decir entrecortadamente, cuando se hizo la luz en su camino de Damasco- Qui…  Qui… ¡Kiki…! ¡Kikirikí…! (Ni toda una Liza Doolittle habíase sentido más ufana tras apañárselas para recitar de corrido británico el celebérrimo the rain in Spain stays mainly in the plain, inter nos la lluvia en Sevilla es una pura maravilla).

Fue entonces, sólo entonces, cuando el resto de averío que asistía muda y cieguisorda al espectáculo se dignó en levantar cabeza a medias…

La Gallina de los Huevos de Oro, que pasaba por allí, quién lo iba a decir, a sus años, fue la encargada de poner el broche de ídem a esta corrupta fábula:

-¡Qué poco se respeta hoy a los muertos…! Su ponedora de cuerpo presente, descabezada ella, y el trasunto demandándole al mundo un kiki aquí te pillo, aquí te mato… Pues, ¿sabéis lo que os digo, mis comadres huevonas…? Servidora se apunta a la carpa del día…

Y así fue cómo, por fin, nuestro joven gallipollo conoció el amor carnal, hasta quedar visiblemente satistecho…

FIN

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De Profundis

DE PROFUNDIS

No seré yo quien rompa la baraja…

El reto está aceptado de antemano:

aguardaré el final, ¿no soy humano…?,

caracol sobre filo de navaja…

No procura mi cuerpo la mortaja,

ni al temor o al dolor lo llamo hermano…

Llegará el día, más tarde o más temprano:

Tierra me ha detectado y me trabaja.

“Para y óyeme, oh Fin, yo te saludo…”

Se ha de escuchar la voz de los poetas:

a la tumba debes bajar desnudo,

ojo avizor; sin prisas, sin maletas…

Y es que el tiempo de amar no ha terminado.

Hay una luz que aguarda al otro lado.

 

 

 

 

Hugetower, Investigador Privado

EL CASO DE LA VIZCONDESA ANCESTRAL (Última Jornada)

Irina P., echándole joyones…

… y no es que uno piense que la hipocondría demostrada por il Signore Gravilovich debiera convertirle a mis ojos en un ciudadano de segunda regional. De hecho, mis patéticas aprensiones infantiles en torno a la salud corporal (sobre la anímica, corramos un tupido velo), no se me curaron hasta bien entrada la adolescencia, tras la lectura de “Tres Hombres en una Barca” de Jerome K. Jerome.

Tras la marcha Gravilovich, más bien poco triunfal, yo mismo me dediqué a la infructuosa localización, en la escombrera a que había quedado reducido mi despacho, de la famosa carta que podría conducirme, una vez resuelto el jeroglífico incorporado a la misma, hasta la “Pietra Celestina”. Que dicha papelina se encontraba escondida, bajo cordones, en el ajustado corpiño de la Srta. Puri, no me ofrecía más dudas que las razonables, sobre todo teniendo en cuenta que la secretaria traidora había renunciado long time ago al uso del bra, excepción hecha de los rigurosos tiempos de Cuaresma. Por desgracia o por suerte, no era el caso.

La única pista a mi disposición en tales circunstancias la aportaba la mención de un tal Dr. Calogero, a cuya consulta pensaba dirigirme en busca de noticias, con la disculpa de interesarme por el estado del paciente.

Dr. Calogero, eliminado en el montaje definitivo de este embrollo

 No hallándome dispuesto a gastarse un pastón en conferencias internacionales- sus señales de humo apuntaban principalmente a los USA- opté por un cherchez la femme de quedarme sentado, esperando a que la gentil princesita rubeniana terminase por volver al redil  para desentonar una culpa meona, consciente, una vez más, de haberla cagado sin papeles a mano con los que limpiar, fijar y dar esplendor en la hierba a su otrora impoluta ejecutoria.

Hablando de limpieza: hacía ya varios meses que era ella la encargada de pasar un pañito al mobiliario y un agua va a los suelos y el retrete inodoro, en defensa de su puesto de trabajo, tras la subversiva deserción de nuestra asistenta semanal, la Señora Felisa, empeñada en ser dada de alta en la Seguridad Social, cobrar horas extraordinarias, disfrutar vacaciones y todos esos vicios de pancarta y pareado, interrumpiendo el tráfico rodado. (¡Vaya, y sin tenerlo preparado…!)

En la presente tesitura, se necesitaba un zafarrancho general a fondo, no fuera a ser la llegada de un cliente con mi sancta sanctorum luciendo aquellos pelos y señales. Empresario responsable que uno es, yo mismo me encargaría de la tarea (tomando precauciones, por supuesto, a la hora de preservar buen nombre y justa fama).

Thelma Ritter, en pose modosita

Tal que así, travestido a lo Thelma Ritter de toda la vida, a la mañana siguiente, corto y perezoso, me dispuse a viajar a las fuentes de los chorros del oro, a base de fregona y estropajo jabonoso con nombre de héroe griego en el sitio de Troya.

Mientras canturreaba, con más fuerza que maña, el I want to break free de Freddie Mercury por espantar los ácaros del polvo y alguna que otra rata pasada a mejor muerte en décadas pretéritas, héteme aquí que llamaron a la puerta. Acudí presto hasta el telefonillo, no fuera a ser que mi magnetismo personal a distancia hubiese hecho ya efecto sobre Puricación Reigosa, en paradero desconocido recalcitrante.

Pues iba a ser que no.

Cest moi, open the door, bitte, grazie mille… –demandó una voz ligeramente aguardentosa, enseguida identificada por mi finísimo oído y todavía mejor olfato como perteneciente a la vizcondesa Irina Plisevskaya.

-Pues sí, ¿qué pasa…? Yo me lo guiso y yo me lo como…

¡Y uno, fregona en mano, a pie de cubo, con aquellos pelos y aquellos delantales…! Enseguida me tranquilicé. Tan egregio personaje había meado demasiadas alfombras turcas en su infancia para prestar atención al servicio doméstico y resultaría fácil pasar gato por liebre.

-El señor Hugetower se encuentra ausente, desfaciendo un entuerto de altos vuelos – dije con voz de pito a lo Gracia Morales (el peculiar acento Ritter habría tenido que ensayarlo y uno no está para tanto Stanislavski)-; pero suba si quiere y déjeme el recado. Al loro, su doncella de servicio…

Colocados cofia y delantal en su lugar descansen, chancleteé hacia la puerta, la abrí de par en par y esperé, puesto en jarras, la visita de la vieja dama. El resto, como dicen los ingleses gracias al Guillermo nº 1 (el nacido en Stratford; el nº 2, apellidado Brown, permanece incunable en mi memoria) se lo dejé al cielo y lo mandé al infierno.

Vini, vidi, vinci una Plisevskaya sin secretario para todo al retortero. Su gelidez habitual parecía haber descendido bastantes grados bajo cero, desde la última vez que nos honrase con su visita toco mocho.

-¡Qué pocilga…!- gruñó, en una entrada triunfal a lo Martha / Virginia Wolf en los años 60.

-Disculpará la señora el desorden reinante – me excusé, cabizbaja a fondo perdido (era perder el tiempo)-.Hemos sufrido una inspección de Hacienda…

-No se moleste. Estoy acostumbrada a los ambientes sórdidos… Dígale a su señor, en cuanto vuelva, que tengo algo sumamente importante que poner en su conocimiento…

-¡Qué tonta soy…! ¡Pero si el Señorito no se ha marchado todavía…! Lleva horas encerrado en el cuarto de baño, purgando una dieta pobre en bífidos activos: lombrices solitarias por un tubo, mordiéndole el ojete en carne viva… Siéntese por ahí y procure no mancharse de escayola… Ahora mismo lo aviso. Así aprovecharé para librar de churretones la palangana del lavabo… Dónde habré puesto el desatascador es lo que me pregunto… ¡Seré boba…!

Minuto y medio y el cambiazo se hizo por Houdini. Joseph Hugetower, surgido de la nada, había reaparecido, deus ex machina, en medio del despacho, para poner las cosas en su sitio (en sentido metafísico, se entiende; en el otro, ordenaba y mandaba Thelma Ritter).

-Madame Plisevskaya otra vez en mi casa, cuánto honor… Rosa Emiliana, mi mucamita de los jueves, un desastre anunciado, savez-vous, acaba de comunicarme su llegada. Precisamente, cuando estaba a punto de tender puentes hacia usted. Yo también he de comunicarle relevantes novedades surgidas en el affair

-Quid pro quo, Sr. Hugetower…- respondió ella, con gesto fatigado- Sé que Ilya ha estado aquí y no intente ocultarlo. Mis agentes me mantienen informada. Habrá intentado convencerlo de que no ando sobrada de tornillos… Voy a desilusionarlo de un plumazo: la “Pietra Celestina” hace más de una década que ha sido troceada y puesta en venta en los mercados holandeses, ante la necesidad de hacer frente a… ciertos derrames imprevistos en mi vida privada, a raíz cúbica de sucesivos descarriles de mi suerte en el camino de hierro, el bacarrá, el póker descubierto y la ruleta. Precavida, me las ingenié para poner en circulación una docena y media de copias casi exactas, fabricadas en Hong Kong, del material del que los sueños están hechos, en evitación de desagradables trifulcas conyugales.

-¡ Pio- pio- pio -pio…!

“Descubierto el pastel, Ilya ha seguido utilizando la falsa piedra, ante el riesgo cierto de acabar con una cabeza de caballo debajo de su almohada. No hará falta aclarar que el pedrusco original había servido de garantía para numerosos préstamos millonarios y negocios con peluca, a fuer de descabellados y/o descerebrados.

“En cuanto a su amiguita, o secretaria, o lo que fuere, no me hallo en condiciones de arrendarle la ganancia de haber llegado a pensar, la muy idiota, en sacar tajada cambiándose de bando. Yo, de ser usted, le aconsejaría poner tierra por medio lo más rápido posible. Los del clan Gravilovich no son gentuza a la que ir a por vellocino sin salir trasquilado.

-Volvemos pues al planteamiento Raskólnicov, ¿no es cierto?- aventuré, sin tener todas conmigo- Bla-bla-bla-blá: el honor de su familia en entredicho a través de Rodión Románovich y un doble crimen del que sería inocente… Deberíamos jugar usted y yo, señora, al caliente-frío-frío hasta lograr el ponernos de acuerdo sobre la madre del cordero degollado…

-La ingenuidad de usted se me antoja cercana a la estulticia.  Cui prodest scelus, is fecit, y no me lo estoy sacando de la manga: lo proclamaba Medea ya en el acto primero, según Séneca… “Aquél a quien aprovecha el crimen es quien lo ha cometido”, salvedad hecha de que aquí no se ha cometido ningún crimen. La camarada Reigosa eligió abandonarnos, deslumbrada por el brillo de un joyón legendario, culo de vaso y gracias, made in China. Y eso, ¿a quién beneficia…? Pues a una servidora, que está en paro forzoso hace tres temporadas y encima tiene que mantener al suo marito… O dicho de otro modo más sangrante: Mr. Hugetower, por la presente, me estoy ofreciendo a usted como secretaria personal y lo que surja, con seguro de autónomos en regla, adjuntando una renuncia por escrito a disfrutar de vacaciones navideñas o cualesquiera otras.

“Se preguntará usted, y no me extraña, por qué no le envié un currículum, como hace todo el mundo. Son miles los que tengo presentado, aspirante a puestos variopintos, que acabaron en el contenedor de reciclaje para ilusiones laborales rotas.

“Ilya está convencido – yo también- que el espectáculo es hoy la mano que mece la cuna de la supervivencia interclasista, “desde la princesa altiva ala que pesca en ruin barca”. El triunfo social pasa, indefectiblemente, por la capacidad del aspirante de llamar la atención en la red de las redes, tras lo cual todavía resta otro obstáculo mayor: el “dar juego” en la televisión el tiempo suficiente –la semana de gloria- que te haga reconocible, sin importar la especialidad elegida para el salto: un friki vale tanto o más que un sabio, a la hora de copar programaciones.

“Soy una mujer culta y refinada. Pude vender- llegaron a ofrecérmelo a buen precio- mi pendiente y caída de cadena en cadena, de programa en programa. Alexis Dimitrov, hasta hace poco mi manager y amigo, me propuso un arriesgado proyecto de altos vuelos: hacerme pasar por descendiente directa de la Gran Duquesa Anastasia, la hija menor de Nicolás II, en versión Anna Anderson, la supuesta superviviente al fusilamiento de los Románov. Tras pasear el engaño por algún reality descorazonador, nos hallaríamos en condiciones óptimas de montar una academia de aspirantes a princesas consorte del mercado europeo.

Los Románov, prima della rivoluzione

“No era aquéllo; definitivamente, no era aquéllo. Por una vez, les hice caso a mi esposo y a Miguel de Unamuno. La idea de dedicarme a la investigación privada con clase, mucha clase, hacía tiempo que me venía rondando las diademas. Nuestra amistad con Hercules Poirot favoreció un encuentro personal mío con la Srta. Marple, la cual me aconsejó que, si de verdad deseábamos montar una agencia de detectives English styled con una mínima garantía de éxito, antes de lanzarnos al vacío, yo debía realizar un meritoriaje en condiciones, dejándome guiar por un experto.

“Hallando su consejo provechoso, me dispuse, lucanora, a apuntarlo en mi agenda. Curioseando en la red, fui a dar, y fue casualidad, con una bitácora en español, de nombre “Cumbres Borrascosas”, donde un tal José Torregrosa, septuagenario un tanto disperso, recogía, mal que bien, los inventos y mixtificaciones de un oscuro detective madrileño, en un complicado enigma que llevaba por título “El Caso del Incunable Cejijunto”.

J. T., investigando la misteriosa desaparición de sus sueños juveniles…

“Fue Ilya, siempre atento a la que salta, corre o vuela, quien me señaló los odds against del planteamiento: resultaba poco creíble que la denominada Srta. Puri, secretaria lagartona y lengüilarga, admitiese compartir con nadie las gracias y favores de su detective en jefe.

“-Deshagámonos de ella- respondí-. Le montamos el happening adecuado hasta conseguir que nos deje campo libre y aquí paz y después gloria…

“- ¿Se te ha ocurrido alguno…?- indagó mi marido, muy a lo Perry Mason.

“-Pues claro… Y, en el improbable caso de que la trapisonda Moonstone que pusimos en marcha a partir del novelón de Wilkie Collins, no dé el resultado apetecido, siempre podríamos recurrir a Dostoyevsky…  Acabo de cruzarme en un crucigrama del Times dominical con una endiablada casilla de cinco letras, bajo engañosa pista: “la de Raskólnicov olía a sobaquillo que tumbaba, deletreada por un escolar inglés de doce años”.

“Ilya, tan listillo en el resto de disciplinas, era un desastre con las palabras cruzadas.

“-La verdad es que ahora no caigo, querida… Un plan A pasado por la piedra y un plan B, de repuesto… ¿Me los explicas…? ¿O pretendes provocarme una nueva jaqueca de las tuyas…?

“-¡Pero qué lerdo me resultas a veces, caramba…!- dije, entre sorbito de Earl Grey sin azúcar y sonrisa triunfal de esposa infatuada tras gatillazo ajeno de cintura para abajo- La solución al crucigrama es ACHA…

“- ¿Qué tiene eso que ver con el mutis por el foro de la Srta. Puri…?- preguntó Ilya, con el pene trenzado- ¿Es acaso el plan B…?

-“No necesariamente, si tenemos en cuenta que su hermano mayor, llamado A, no iba a fallarnos, conociendo percales de su destinataria… Enseguida te lo explico… O mejor todavía, consulta en el blog del que te he hablado, las jornadas anteriores de la presente trama, donde una piedra terráquea fragmentada actuaría de zanahoria y el palo se lo llevaría la flautista a quien tú y yo conocemos, si llegara a enterarse de este spoiler…”

Se me pusieron directamente de corbata prisionera. Aquel par de maníacos, casados por la Iglesia Ortodoxa, y tocando a degüello como santo remedio…Y todo por un puesto de trabajo, arca perdida en estos tiempos de salvajes reajustes en el Sistema Liberal Capitalista…

-Madame Plisevskaya, antes de que siga adelante con su relato, debo advertirle que…

-Mejor será que no me advierta niente, mon cherie amí… – replicó ella, sobándose, asquerosa, las perlas del escote palabra de honor (?), donde campaban a sus flácidas un par de domingas asustadas – Lo tenemos como a San Cucufato… El destino de Purificación Reigosa se encuentra actualmente en nuestras manos; por voluntad propia, se lo aseguro, se ha apuntado a nuestros bombardeos. Resultaría una desgracia irreparable el que fuese a ocurrirle algo muy malo… Empiezo a trabajar con usted mañana mismo, a jornada completa. Puede llamarme Rina, si le place. Yo le llamaré “jefe” o Mr. Hugetower, según me sople el viento en el trinquete. Sea buen chico y no cause problemas, por favor. En un futuro no lejano, podríamos nombrarlo gerente para Europa de nuestra sede madre londinense. Le garantizo que va a salir ganando con el cambio…

-Más quiero yo a Peribáñez con su capa la pardilla…

Se me vino a la puta de la lengua aquello tan bonito que proclamara Casilda, en defensa de su honra, ante el acoso del comendador: “Más quiero yo a Peribáñez /con su capa la pardilla / que al Comendador de Ocaña/ con la suya guarnecida”.  Adaptado al momento presente, podría retorcerse como sigue: “Más quiero yo a la mi Puri, / con su navaja en la liga/ que a una vieja vizcondesa/ con la suya en la rodilla”… Al final, sin embargo, me lo pensé mejor, le di la callada por respuesta y aguardé acontecimientos.

Éstos no tardarían en hacerse notar. Sobre todo, cuando decidí poner a prueba la disponibilidad laboral de la vizcondesa au pair, recordándole que su primera y principal ocupación iba a ser dejar mi despacho como estaba antes de la visita del esposo mafioso y sus alegres bestias destructoras: ordenado dentro de un desorden calculado; revuelto a su manera, nunca sucio: resplandeciente de encanto masculino.

You are pulling my leg, aren´t you, jefe Hugetower…?- preguntó ella, poniendo cara de poquísimos amigos – La vieja querida Miss Marple, como mucho, preparaba plumcakes y tartaletas de ruibarbo en su cocina… How disgusting, I daresay…! Llame a Rosa Emiliana, esa mucama marimacho que guarda empareda en el cuarto de baño, y métala en faena… Yo me marcho… La verdad es que esperaba de usted algo más de… de señorío, a la hora de encargarme hacer limpieza. No me hubiese negado prácticamente a nada, you know what I mean, master Hugetower…? De hecho, me encanta la disciplina inglesa y sus cincuenta sobras grises… ¡Qué le vamos a hacer…! Recurriré a alguna agencia de renombre… Au revoire, auf wiedersehen, arrivederci… No se moleste en acompañarme hasta la puerta: ya conozco el camino…

English discipline

Ni que hubiera gritado “ábrete, Sésamo”: Sésamo se había abierto de repente, enmarcando a contraluz la amada silueta de la Srta. Puri, su majestad es coja, ojo a la funerala, brazo izquierdo en cabestro y un qué sé yo de brillo arrepentido en la mirada sana, sana, culito de rana.

-¡Ojalá le hubiese hecho caso en su momento, jefe: mire cómo me han puesto…!  Pero, no crea: vencedora por puntos de sutura, aunque cueste creerlo. Yakov el Payo y Kostia el Gitano recibieron lo suyo. Buena soy yo llevándome por malas. En urgencias acabaron de consuno, tras nuestro epicúreo cuerpo a cuerpo; y es que, con Franco Potente, a quien llamé en mi auxilio por igualar equipos, no se juega al juego de petanca, si no quieres arriesgarte a perder la bolsa de canicas…

Vino a mí y se restregó felina, meando territorio ante la otra leona. Irina Plisevscaya, tras enarque displicente alternativo de ambas cejas, optó por la mundología para saraos de alto copete:

-¿Y qué tal se ha comportado contigo Ilya, mi marido? ¿Ha cumplido expectativas…? Él, cuando quiere, se hace acreedor de tres vueltas al ruedo, con petición de oreja por la parte afortunada… Inútil intentarlo: no habla nunca mientras fuma el cigarrillo turco “después de” que se hace traer desde Estambul cada mañana. Piensa, luego existe… Homenaje a Descartes, me imagino… Descarta cualquier puesta en común acerca del multiorgasmo compartido.

-Verdad sea dicha, en lo concerniente a su postrer esposo, no he tenido ni gusto ni disgusto, señora… No podría decir lo mismo del facsímil de la “Piedra Celestina” tres delicias con que pretendieron distraerme…

-¿Qué esperaba una plebeya arribista como usted…? ¿Una “Piedra Lunar”…? ¿El Ko-i-Noor…? ¿El Taylor-Burton…?

Bombardeé con sensatez tan sabroso coloquio femenino y dispuse las cosas en su sitio.

-Habida cuenta del regreso al hogar de la titular del puesto de trabajo, mucho me temo, estimada señora, que carezca de sentido el estar prolongando esta entrevista…

-Ah, un momento… Pido la paz y la palabra…- me interrumpió a su vez la secretaria prodiga, tan amiga de las morcillas literarias- Por lo que he podido escuchar subiendo la escalera y un poquito después, instalada por fin en el rellano, se trataría de incorporar a nuestro staff una nueva empleada: una becaria; una aprendiza, como se las llamaba no hace tanto… Por mí, encantada, jefe… Me comprometo, durante la convalecencia, a enseñar a la neófita, sota, caballo y rey, los elementales trucos a emplear si se quiere triunfar en el oficio… Tampoco es tan difícil. Tú, tranquila, querida… ¿Puedo llamarte Rina…? No te preocupes pues vas a hallar en mí, la más fiable y abnegada de las compañeras…

No se quejarán los partidarios del final inesperado. Por increíble que pueda parecer, fue justo entonces cuando se abrió la segunda puerta del inmueble para dar paso, toma castaña oscura, a la mismísima Rosa Emiliana en traje de faena, esgrimiendo un plumero, a modo, supongo, de varita encantada de su propia vida sexual sin ramadanes, de polvo en polvo y tiro porque me toca.

– Con la suerte que yo tengo, ya verás como, al final, me cogen, pero no me contratan…

-Chicas, si no os importa, secundo la moción y me incorporo al ginecielo. En mi boca cerrada, no entran moscas cojoneras pero pueden salir sapos y culebras venenosas, si me decido a hablar de las habas contadas que se cuecen en esta olla podrida… Confieso mi afición a recoger ciertos folios arrugados antes de vaciar la papelera…

-La maldita mucama pretende mejorar el caso Dreyfus a su costa, Jefe Hugetower… Lástima que Yakov y Kostia ya no se encuentren disponibles, por culpa de cierta señorita de mala compañía…

Una luz relajada y tripartita comenzó a brillar en mi cerebro. Como a Fernando VII me la estaban poniendo.

Alcé el pulgar derecho.

Nota del Autor.- Se deja a la perspicacia del lector el decidir si el gesto eréctil del apañado detective suponía una aquiescencia tácita a tan gentil y bragado triunvirato (más greco que latino) o, simplemente, se disponía a chuparse el dedo, en el transcurso de un regreso a la infancia inaplazable.

…Pues se admiten apuestas clandestinas…

FIN DE “EL CASO DE LA VIZCONDESA ANCESTRAL”