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Palabras para Roberto

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PALABRAS PARA ROBERTO ANTE SU TUMBA

(CON PERMISO-O SIN ÉL- DE GOYTISOLO)

¡Roberto, Casteleiro,  Caladiño…! ¿Estás ahí…? (¡Qué pregunta más tonta…!) Después de estas semanas, ya lo ves, hemos vuelto de visita al camposanto. Estas son las mañanitas… ¡Sumsum corda…!

Como da la casualidad, compañero Roberto, de que tú siempre te has negado a tener móvil- por si la CIA o el KGB se ponían a escuchar lo que tú hablabas… Porque mira que hablas, Casteleiro… Lo de Caladiño lo dejamos para el Cine…-, como no usas un móvil, te decía, hemos venido a avisarte de que hoy, sábado, a las 20. 30 h., en el Jofre, vamos celebrar un acto cultural, a modo de homenaje a tu vida y tu obra, inolvidables ambas…

Un homenaje, ¿sí, qué pasa…? Un homenaje en señal de respeto, de admiración, cariño sobre todo, que es lo que te mereces… ¡No empecemos, Roberto…! Los homenajes no tienen por qué ser actos burgueses… ¿No ves toda esta tropa que hemos venido en manifestación al cementerio…? ¡No pensarías que nos habíamos muerto, digo yo…! Una manifestación en horizontal, como se dice ahora… Familiares, intelectuales varios, autoridades competentes…Y tus amigos, claro… Los “Amigos de Roberto Casteleiro, Caladiño”, que es quien promueve el acto. ¡Pues no valoras tú poco la Amistad como uno de los pilares de la Vida, Roberto Casteleiro…! ¿Sabes lo que te digo…? Una de las pocas cosas serias que se puede ser en este mundo, es ser amigo de Roberto Casteleiro… ¡Ahí queda eso…! Así es que, como Herodes…ya sabes lo que sigue… No lo repito, por respeto al lugar donde nos encontramos…

Alguien propuso celebrar este acto en el Liceo de Barcelona, tan caro para ti; pero luego pensamos que el  Jofre le da sopas con honda (y además, pilla mucho más cerca…)

Bueno, pues nada…Que hemos venido a traerte un aperitivo de lo de esta tarde/noche… Sí, un aperitivo… Nada de bollería industrial, ni pinchos de tortilla de patata, ni empanada de raxo, que es lo que te gustaba (y, a tu colesterol, que se las fuesen dando…)  Ni te cuidabas tú ni lo demás acertamos a cuidarte, viejo querido amigo…Pero dejemos eso ahora: no es tiempo ni lugar para lamentaciones… La alegría del reencuentro, Casteleiro… Ya estamos todos juntos otra vez… Un aperitivo de música y palabras en forma de poema o alocuciones a corazón abierto y cabeza en su sitio…

¿Sabes qué más…? Todos los que te conocimos, llevamos un trocito de ti en lo más hondo de nosotros mismos… Así es que tú también andas  aquí afuera; si nos juntamos todos, apretados,  formamos un Roberto Casteleiro casi entero…

¡Cuánto te quisimos y cuánto que querremos, Casteleiro…!

Este sábado tarde, ocho y media, en el Jofre… ¡Y no nos faltes, porque pasamos lista…!

Caladiño, tomando nota de los asistentes ... (Donde las dan. las toman)

Caladiño, la mañana del sábado, tomando nota de los asistentes … (Donde las dan, las toman…)

 

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ACTO 2

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ESCENA 3

[Sergio, inmóvil, en su sillón. Apoyado sobre el respaldo, Antonio mira a la lejanía. Se escucha, tenue, “Only You”, interpretado por The Platters. Una luz verdosa va invadiendo la escena, al mismo tiempo que una espesa neblina avanza sobre el suelo]

ANTONIO.- Tranquilo, tranquilo… No hay prisa… Te llevará su tiempo… Apenas va a dolerte: puedes confiar en mí… Procura relajarte… Siente cómo el mar se va apoderando de tus miembros poco a poco…

SERGIO.- Pero si no me importa: ya lo tengo asumido…

ANTONIO.-  Hoy mismo te reunirás conmigo…

SERGIO.- ¿En el paraíso es donde vamos a reunirnos…? ¿Acaso me consideras un ladrón…? ¿Dimas o Gestas…?

ANTONIO.- En el paraíso de nuestros cines de la infancia… Intenta no moverte… [Se proyecta el poster de “Cinema Paradiso”]

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SERGIO.- ¿Cuántos años aparentaré cuando llegue a tu presencia…?

ANTONIO.- Mayor de edad, seguro… Ya salió el legalista compulsivo… No respires tan fuerte…

SERGIO.- Menuda mierda de coach del más allá estás tú hecho…

ANTONIO.- Concéntrate en el túnel y no des la tabarra, por favor, compañero…

SERGIO.- Me avergüenzo de haber intentado utilizar a tu hijo para acercarme a ti…

ANTONIO.- Olvídate de eso… Sigue avanzando…No conozco a nadie al que haya llevado una eternidad eternizarse… Y ello se debe a que estás a lo tuyo, pensando en otra cosa… Camina hacia las luces, no te pares a mirar escaparates…

SERGIO.- Toño es un buen muchacho… No tenemos derecho a estropearle la vida…

ANTONIO.- Hubo un tiempo en que yo me empeñé en hacerle confesar lo inconfesable, recurriendo a continuados malos tratos, físicos y morales… Le acusaba de un espantoso crimen: repetir los pecados de su padre… Nunca me atreví a mencionarte este asunto en mis cartas…

SERGIO.- ¿Fuiste capaz…?  ¿Te das cuenta de la monstruosidad de la que hablas…?

 ANTONIO.- Cuando llegue el momento del juicio, espero que me condenen al infierno…

SERGIO.- ¿No lo impidió su madre…? Ella adoraba al chico…

ANTONIO.- Yo la había convencido de que  el reto era, a cualquier precio, salvar a nuestro hijo de… “Algo peor que la muerte”, ¿no te suena a frase victoriana…? Antiguamente, se aplicaba a las doncellas descarriadas… Nuestra Esther,  al principio, dudaba… Luego, los dos, nos empleamos a fondo, con excelentes resultados… No confesó su culpa… Jamás reconoció ser uno de ésos…; pero, al menos, no le quedaron ganas, hasta donde yo conozca, de intentar desviarse del camino recto…

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[Se proyecta una imagen de la luz al final del túnel, que permanecerá hasta el desenlace, sustituyendo a la del barrio del Raval. Sergio, como catapultado de su asiento, rueda por el suelo. Luego se pone en pie y palpa  su cuerpo en busca de posibles fracturas]

ANTONIO.- Bueno, ya está… Te veo estupendo… Y no fue para tanto, no te quejes… Antes de nada, aviso a navegantes: el lenguaje empleado en el estadio donde nos encontramos renuncia por completo al eufemismo… ¿No has oído hablar de las “verdades del barquero”?  Por cierto, el tal Caronte ha sido localizado últimamente por Venencia, ejerciendo de gondolero sin papeles… Habrás de acostumbrarte a la sinceridad caiga quien caiga de la jerga ectoplásmica… Mi consejo es no pestañear, digas lo que digas u oigas lo que oigas…  Ahora que ya te has convertido en uno de nosotros, compruébalo tú mismo… Vamos, inténtalo…

SERGIO.- El deseo que Toño me inspiraba lo provocaba su juventud y su atractivo, no el hecho de que se te pareciera físicamente más o menos…

ANTONIO.- No está nada mal para empezar. Es más, conozco esa turbadora sensación… Yo lo solucionaba propinándole al chico una monumental paliza hasta agotar mis propias fuerzas y quedar inservible para el gozo, a causa de la angustia que tal acción me provocaba… Una segunda prueba y lo dejamos, alumno aventajado…

SERGIO.- Elegí abrir el gas, en la seguridad de que  Esther y vuestro hijo se presentarían en la buhardilla a tiempo de salvarme: una simple llamada al servicio de urgencias y posterior aplicación de oxígeno… Tan fácil como eso… Mi intento de suicidio convencería a tu desconsolada viuda de que lo nuestro, lo de ella y mío, lo que nunca existió, sería mejor no meneallo a estas alturas… Por desgracia, calculé mal los tiempos… Regresaron al cabo de  hora y media, cuando yo ya llevaba gaseado hacía un buen trecho… Aunque, eso sí, lo reconozco: les fui a dar el susto de sus vidas. No escuchaste sus gritos. Pusieron el Raval patas arriba… A un tris estuvo de levantarse el muerto… Lo que es uno, se  da por satiefecho…

ANTONIO.-  Siempre te has caracterizado, oh capitán, mi capitán,  por la aguda naturaleza de tu ingenio… (ríe y le palmea la espalda a Sergio afectuosamente) Hagamos una última demostración de facultades… Dime, Sergio, ¿qué has sentido dentro de ti al verme aparecer a tu lado de nuevo, sin tratarse de un sueño…?

SERGIO.- Si he de ser franco, una cierta confusión, ante la tibieza mostrada por tu parte en el reencuentro. En el pasado, nuestras reacciones, en situación de intimidad, resultaban bastante más explícitas. Esperaba que te arrojases en mis brazos… Casto beso de hermano, cuando menos…

ANTONIO.- Nunca había existido entre nosotros una auténtica relación de pareja que lo justificase. A nivel mental, lo sabíamos todo el uno del otro, sólo que, en muy contadas ocasiones, nos permitimos el lujo de obrar en consecuencia… Se contarían con los dedos de una mano… Nuestros cuerpos llegaron a acoplarse, a encajar limpiamente el uno con el otro; pero no así lo que sucedía en la soledad de nuestras respectivas conciencias, saturadas de absurdos prejuicios, donde ardían los rescoldos de una masculinidad en entredicho, condenada a no encontrar reposo ni una respuesta clara a sus calamitosas inseguridades… Dudo mucho que nos hayamos amado alguna vez, maldita sea…

SERGIO.- Me están haciendo daño tus palabras…

ANTONIO.- Experimentábamos con el placer nefando, en la vana esperanza de que se tratase de un corrimiento de carga pasajero, anecdótico, hijo puta del alcohol o la “maría”… Pero siempre funcionaba, señalándonos: “Tú, también”… Y nos fuimos llenando de vacío… Nos negamos mutuamente mucho más que tres veces. En tu caso, buscando desahogarte, te lanzaste a la noche de cabeza…Demasiado arriesgado en un ambiente provinciano como el nuestro; emprendiste la huida a Barcelona. Durante años, yo te estuve esperando, parapetado en mi trinchera…

SERGIO.- Dame un punto de apoyo… Intentemos de nuevo…

ANTONIO.- No hay nada que intentar… Resulta irrelevante a todos los efectos… Llevábamos ya muertos mucho tiempo…

SERGIO.- Y entonces, ¿qué…?

ANTONIO.- Entonces, nada… La Nada, esto de aquí… No esperarías un cielo y un infierno… Ahora debo marcharme… He cumplido mi parte… Ya estás en condiciones de buscarte la muerte…

SERGIO.- Ven, acércate; necesito abrazarte…

ANTONIO.- Responderé lo mismo que mi hijo… “No ha lugar, señoría… Esto no va de aquello, lo siento… ¿Te habías hecho algún tipo de ilusiones al respecto…?” [Se alejan, en direcciones opuestas, muy despacio. Suena, a lo lejos, “Ls Consagración de la Primavera” de Stravinsky. La escena se ha quedado vacía. Comienzan a escucharse fuertes golpes en la puerta]

VOZ de TOÑO.- ¡Abre, tío Sergi…! ¡Sabemos que estás ahí…!

VOZ de ESTHER.- Huele a gas que tumba… Ese mariconzón ha sido muy capaz de quitarse de en medio por no cumplir conmigo… ¡Llama a la policía…! [Arrecian los golpes] ¡Qué equivocado andas, Sergio Vila…! ¡Esta vez, no te vas a librar de mí tan fácilmente…! [El espacio se llena de murmullos y sirenas]

FIN DE “ORLANDO, ACORRALADO”

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ACTO 2

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Escena 2

[Continúa la acción de la escena anterior]

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ESTHER.- [Entra en tromba, maquillada a lo Baby Jane Hudson, a la que vemos proyectada, y recorre la escena entre nerviosos aspavientos, toqueteándolo todo con evidentes muestras de desagrado] No me puedo creer que vivas aquí y de aquella manera, Sergio Vila… Conste me habían puesto en lo peor… Habladurías nunca faltaron al respecto… ¡Tantos años sin saber uno del otro…! Extraños en la noche… ¿Es que acaso no piensas abrazarme…? (lo hacen, sin demasiado entusiasmo)  Supongo que Antoñito te tendrá ya informado… Todo empaquetado con esmero, de mi propia mano. Te será enviado mediante agencia puerta a puerta, a no ser que dispongas otra cosa…

TOÑO.- Muy considerado por tu parte…

ESTHER.- Una tragedia, Sergio… En la flor de la vida, como aquél que dice y dice bien… Enfrentándose, pelo en pecho, con su cáncer terminal, a mordiscos, como perros rabiosos… Voy a sentarme allí, después de cinco inacabables tramos de escalera caracola… ¿Quién habita este bloque soviético…? ¿Trogloditas marranos…? Alguien debiera borrar esas pintadas; y yo, como tú sabes, no soy de ésas que se sonroja fácilmente… Menos mal que, al no haber apenas luz,  disimula lo justo para no ponerse a vomitar la primera papilla al segundo rellano… Me noto fatigada, sin resuello… Bueno, en fin… Ahora ya fue y Marica, no llores…

TOÑO.- Pudiste ahorrarte el sherpa, mamá… A punto estaba de reunirme contigo, según lo convenido en la cafeteria…

ESTHER.- Sus parroquianos, todos hombres, me empezaban a mirar de un modo raro… Además, ¡no te fastidia este Caín con quijada de asno…! ¡Haberme ido sin saludar a Sergio, viejo amigo entrañable; uña y luto tu padre y él, a lo largo y ancho de la vida…!

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SERGIO.- Yo también me alegro de verte; no llevo una pistola en el bolsillo… [Proyección de la cita by Mae West] Voy a pecar contra el séptimo en tu honor: apenas has cambiado… Por lo menos, tu perfume sigue siendo el mismo…

ESTHER.- Chanel 3, 14, 16… ¡Qué raro que te acuerdes…! Soy la que siempre he sido…  Y eso que no me arreglo lo que debo… ¿Vives con alguien…? ¡Qué pregunta más tonta…! Ninguna mujer como dios manda te iba a consentir este desorden… A no ser que vivas con un hombre del sexo masculino… En estos tiempos de hedonismo “todo vale”, ya no llaman la atención las fantasías introducidas en la vida de pareja a dos bandas…

TOÑO.- Y pues has descansado, madrecita, ¿qué tal si tomamos el portante…?

ESTHER.- Cuando te empeñas en ponerte imposible, ni yo, hijo mío, siendo tu madre, logro reunir fuerzas suficientes para fingir que te soporto un rato… Anda, sé bueno y dedícate a mirarle los dibujos al tío Sergio, mientras yo y él conversamos tete-a-tete sobre nuestros asuntos y negocios… Algunos, seguro, son magníficos; me refiero a sus bocetos carbonara… [Toño pasa revista a las estanterías, pero sin perder detalle de la escena]

SERGIO.- Ya los estuvo valorando antes de que subieras hasta aquí… Son retratos del Antonio joven que tú y yo conocimos…

ESTHER.- Luego me los enseñas… Es demasiado pronto: tengo que acostumbrarme a la idea de no poder volverlo ver de otra manera, a partir de ahora y para siempre… Claro que, bien mirado, hasta la muerte tiene su lado bueno: impide que envejezcas… A eso lo llamo yo un efectivo tratamiento de belleza… Pues como te contaba… De un poco de agua fresca sí dispondrán las cañerías, supongo; y un vaso razonablemente limpio, no será mucho pedir, ¿o me paso de lista…? Dime dónde y yo misma lo cojo y me la apaño…

TOÑO.- Me parece que estamos molestado…

ESTHER.- Un comentario bobo por tu parte… Yo no molesto nunca, porque sé estar en sitios, ¿verdad, Sergio…?

SERGIO.- Los amigos casi siempre resultan bienvenidos… Lástima apenas tenga qué ofrecerte…

ESTHER.- Ahora eres tú, querido, quien argumenta a lo bobo de Coria… ¡La lagarto-lagarto siempre soluciona tantas cosas…! ¡Cuántas heridas cierra, enseñándonos a mirar hacia adelante y a dejarse de minutos pecadores…! De repente, en un alarde de oportunidad, nos hallamos aquí reunidos, en amor y compañía, los tres pilares básicos para mi amado Antonio, que Dios tenga en su gloria azul celeste…

TOÑO.- ¡Ora pro nobis…! ¿Nos vamos, madre…? (a Sergio) Como ya habrás tenido ocasión de comprobar, tío Sergi, esta mujer carece por completo de pudor o de sentido del ridículo…

ESTHER.- (a lo suyo) Mientras me rompía el alma inmortal, escaleras arriba, se me ocurrió que debía de tratarse de una especie de señal; quién sabe si un aviso, una consigna: órdenes superiores, susurradas detrás de las orejas… Llamadme iluminada, si queréis, los dos; estoy acostumbrada… Por lo que a mí me toca, andaré sobre aviso… No ha resultado fácil el habernos llegado a querer tanto los unos a los otros… Y ahora va él, que era el mejor de todos, y, de pronto, se nos marcha al otro lado… Era el que era; genio genial y un poco figurón: un auténtico crack; pero tuvo que ir a elegir el peor momento… No estaba preparada… No sé vosotros, Sergio…

SERGIO.-  Cuando cuente hasta tres, despertarás de tu estado de letargo…

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ESTHER.- No me tomes por tonta, como solías hacer en otro tiempo… ¿Qué vamos a hacer de nuestras vidas…? Yo, tú y el hijo habido de tanto contubernio…

TOÑO.- Un pequeño favor: mantenedme al margen de todas las trifulcas en progreso, a ser posible… Ya he tenido mi ración de sufrimiento improductivo a vuestra costa…Creo que no es pedir demasiado…

ESTHER.- (cambia de tono) Finado Antonio, los que quedamos con el bollo en ristre deberíamos intentar solucionar las querellas pendientes por las buenas, civilizadamente…

SERGIO.- Ya te lo he dicho: mi posición anterior no ha variado… De buen grado, me someto a cualesquiera juicios salomónicos… No pienso arrancar a la criatura de los amorosos brazos de su madre verdadera… Muy al contrario: soy todo vuestro, en cuerpo y alma…

TOÑO.- Ten cuidado, mujer samaritana… De un momento a otro, Caifás va a pedir que te desnudes…

ESTHER.- No me preocupa en absoluto…Una, aunque esté mal decirlo, conserva un buen cuerpo todavía…

TOÑO.- Yo, tampoco…

ESTHER.- Los hombres, pobrecitos, por culpa del colgajo, carecéis de figura… A lo que importa: la manera de sacar adelante con dignidad todo este caudal de sentimientos nobles, casi diría sublimes, florecientes en torno al catafalco de mi esposo…

SERGIO.- Y tú propones…

ESTHER.- La verdad es que apenas te reconozco, Sergio… Madre e hijo; menos  Espíritu Santo en tercera persona, se te está ofreciendo todo, bajo excelentes condiciones… Y a unos precios de saldo…

SERGIO.- Lope de Vega y yo, hace un momento, ya nos lo preguntábamos… ¿Qué interés se te sigue…? Yo no alcanzo a entenderlo…

ESTHER.- Darse un capricho, un gustazo, esta madre Carajo,  en la penúltima vuelta del camino… Te sacaría de aquí con los pies por detrás… Atrévete a soñar… Tú y yo volveríamos al principio…

TOÑO.- Al principio, fue el verbo…

 ESTHER.- Verbo “no interrumpir cuando hablan los mayores”… Un regreso al hogar como se debe, unidos, ungidos, formando piña, tropical o ecuatoriana, me da igual…

TOÑO.- Una piñata…

SERGIO.- (a Toño) Cállate y escucha, ave rapaz…Me vas a obligar a hacer de padre, un papel que, a todas luces, no merezco…

ESTHER.- Ignorémoslo y nos dejará en paz: está muy mal criado…El principio fue que tú y yo tuvimos bastante que ver en todos los terrenos… Sólo que cometí el estúpido error de intentar darte celos con tu amigo del alma, por calentar motores en una relación -la nuestra, sabe usted…-, que nunca terminaba por cuajar del todo… Con tan mala fortuna que aprovechaste la alopécica ocasión para librarte de una pesada carga: servidora, entregando el testigo al aspirante a efebo que corría detrás de ti, pisándote el talón y lo que hiciera falta…

SERGIO.- “Operación Skipper”… Tú, la Gata de Williams… Estuvimos hablando de eso mismo tu hijo y yo, hace justo un momento…

ESTHER.- No te sigo… Mi bagaje culterano deja mucho que desear… Me ando perdiendo detrás de unas esquinas tan librescas… Lo haces a posta, por dejarme en ridículo delante de este hijo…

SERGIO.- Pido disculpas…Puedes mirarlo en Google: Maggie, la Gata, trata de seducir a Skipper por hacerse una idea aproximada de su hombría… Después de todo, Brick, su marido, y  aquel otro galancete un tanto ambiguo, solían salir a emborracharse por las noches y la dejaban sola en su tejado…

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ESTHER.- ¿Pensaste eso de mí…? ¡Qué mala baba…! Antonio me dio un hijo: ése de ahí, que se calza y se viste desde abajo; lo demás, lo considero agua pasada… No hay molino que valga: grábatelo bien en la cabeza porque no pienso repetirlo… ¡Qué fatigas me busco, por encontrarle solución a tus problemas…!

TOÑO.- Acertabas de pleno en tus sospechas, mamá… Tío Sergio es un pansexual acreditado… Nadie está salvo de sus voraces apetitos…

ESTHER.- [Ni siquiera lo ha oído] Se es joven una vez, en el país donde no importan las locuras…  Al hacerte mayor, deberás consolarte con sacar brillo a la hierba que hayas almacenado en el camino… Yo formo parte de tu césped, querido… Te estoy tendiendo un puente de Madison, Iowa… Los tres juntos y hasta puede que revueltos…

TOÑO.- ¿Tú la oyes…? Me incluye en el carro de oportunidades… ¿Acaso lo habías consultado conmigo, en tiempo y forma…?

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ESTHER.- Haz el favor de no llamarme “madre”: no estoy momificada… Pareces Norman Bates bajando la escalera… [Proyección de “Psicosis”] Además, eres mayor de edad, libre de buscarte otro acomodo donde más te convenga… Siempre empeñado en interponerte en mi felicidad, ahora intentas ponerle “peros” y “sin embargos” al bueno del tío Sergio…

TOÑO.-  Él no me pone, en cambio, inconveniente alguno… Se le hace la boca agua, ¿no lo notas…?

SERGIO.- Habláis los dos por mí… Aún no he manifestado mi punto de vista sobre el tema…

ESTHER.- Habrá que armarse de paciencia y volver a explicarlo a un par de zotes cuyo sentido práctico, hombres al fin y al cabo, brilla por su ausencia programática. Punto uno: ninguno de nosotros tiene nada mejor que hacer por el momento. Punto dos: “love is in the air”, es evidente…Ya sólo queda proveerse de un cazamariposas y atraparlo al vuelo, antes de que a sus alas se le caiga el polvillo con el aire que sopla… Punto tres: todos estamos sanos más o menos; de la limpieza de interiores, ya me encargaría yo, qué remedio nos queda… Como productora ejecutiva del evento, dispongo de los fondos suficientes…Antonio me ha dejado bien atada… Un mirlo blanco, como aquél que dice, decidida a poner, de hacer falta, hasta los huevos en mi propio nido… ¿Me he expresado con la suficiente claridad meridiana de Greenwich o debo recurrir a un intérprete simultáneo en idioma esperanto…?

SERGIO.-  Si se me permite, quisiera consultarlo con mi almohada…

ESTHER.- No son horas de siesta para faunos. Lo que es nosotros, imposible esperar hasta mañana. Salimos esta noche hacia Galicia por ferrocarril de vía estrecha, a paso de tortuga. Solos o acompañados, según a ti convenga…

SERGIO.- Concededme, al menos, media hora. Salís, dais una vuelta por el barrio sin alejaros mucho y sin hablar con nadie, por si acaso, y regresáis piano, para conocer el veredicto…

ESTHER.- ¿Lo prometes…? Mira que te conozco… Al pilpil, rebozado o a la plancha, no me las das con queso… Conozco tus medias horas de noventa minutos como la palmera datilera de mi mano…

SERGIO.- Pues no hay biblia que valga, lo juro por los hijos que un día tuve pero que ya no tengo…

TOÑO.- ¿Tú te fías, madre…? Está tramando algo… Se le nota a la legua…

ESTHER.- Yo, también estoy tramando algo… No hay ninguna necesidad de preocuparse, hijo… Velo por ti y por todos: las mujeres lo llevamos escrito en algún nervio… Antes de salir, Sergio, exijo que me beses como entonces… Puede no haber oportunidad cuando volvamos…

SERGIO.- A tus órdenes siempre… (Se besan en la boca no todo lo apasionadamente que cabría esperar) Y ahora tú, joven Antonio… ¿Me concedes tu mano…?

TOÑO.- Todo tuyo, tío Sergi… (Se estrechan la mano…)

ESTHER.- ¿Me estoy perdiendo algo…?

TOÑO.- Vamos, madre… [Se escucha, fuerte, el tic-tac de un reloj. Madre e hijo salen dándose empujones uno al otro por llevar la delantera. Sergio, en mitad del escenario, mima el gesto de pegarse un tiro en la sien, para luego poner a reír/sollozar al cincuenta por ciento. Oscuro.]

FIN DE LA ESCENA 2, 2

Filming Begins On Trainspotting 2