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Archive for the ‘mucho cuento’ Category

LA NIEVE Y LA CENIZA

                                     
Dedicado a Catalina, Clarisa y Aníbal, por orden de llegada, para ser leído cuando cumplan 18 (y yo ya no esté aquí para pedir disculpas del desmadre).

A fecha de hoy, en los mentideros de las cortes europeas no circulan otras hablas; la publicación en el británico Daily Mirror de la primera entrega de las conversaciones telefónicas entre las princesas Blancanieves y Aurora, aka Sleeping Beauty, han puesto en circulación todo tipo de rumores malintencionados, enseguida recogidos por las redes sociales y la prensa amarilla de la más baja estofa.

Mientras las respectivas Casas Reales se empecinan en un (in)comprensible silencio, los fragmentos más polémicos de dichas grabaciones circulan, cual reguero de pólvora mojada, a diestra y a siniestra, convertidos en viral del momento sin importar el daño que tales revelaciones pudieran ocasionar a los hasta hace poco firmes pilares de tan sacrosantas instituciones y, a mayores, de la convivencia entre pueblos hermanos.

Si reproducimos aquí un pequeño muestrario del libelo vergonzoso en cuestión, no nos mueven otras miras que mantener a nuestros lectores informados acerca de la naturaleza y alcance de esta infamia en imparable proceso.

***

WARNING

TOP SECRET: EVENTUAL READERS WILL BE PROSECUTED ACCORDING TO LAW

AURORA.- Dime, dime, mi dulce corazón… Soy toda oídos; pero no tardes mucho: acabo de despertarme y aún no he desayunado mi English breakfast

BLANCANIEVES.- ¡Pero si son las cuatro después del meridiano…! No sé cómo te las arreglas para pasarte la vida durmiendo, querida… ¿O es que has vuelto a pincharte…?

AURORA.- I beg your pardom, Madame… ?

 BLANCANIEVES.- Me refiero a pincharte con un huso…

AURORA.- Eres tú siempre la que te muestras picajosa… No me extraña lo que se corre a tus espaldas (de frente, no se atreven: metes miedo)… Por raro que parezca, va a resultar que has salido clonada a tu madrastra… O que aquella manzana que le compraste a una vendedora ambulante, sin control sanitario, presentaba efectos secundarios perniciosos… ¡Hay que ver cómo escupes veneno! … Habrás de reconocer que lo de Apple a ti te vino al pelo, ¿o me equivoco…? Un príncipe reinante para ti solita, a cambio de los siete liliputos… A eso se le llama serendipia…

BLANCANIEVES.- Si me dejas hablar, te mantendré informada… ¿Te ha llegado lo de la morganática…?

AURORA.- ¿Te refieres a nuestra prima Cenicienta…?

BLANCANIEVES.- ¿A quién sino…? Sigue durmiendo, ea…

AURORA.-  No vayas a colgarme, ¡serás republicana…! ¡Cuenta, cuenta…!

BLANCANIEVES.- Lo que yo siempre digo: las alfombras hay que haberlas meado de pequeña, no pasarles el mocho ya venida la regla… ¡Tamaña advenediza, semejante plebeya…! Mira, no la soporto ni en pintura de uñas de los pies: me pone de los nervios…

AURORA.- ¡Al grano, al grano, que me muero de hambre…!

BLANCANIEVES.- Yo, con mucho, prefiero a sus dos hermanastras, Drizella y Anastasia… Feas serán; pero van de nuevas ricas middle classed con bastante decoro…

AURORA.- Por lo que a mí ha llegado, el Príncipe Encantador se muestra exultante de gozo después del himeneo…

BLANCANIEVES.- Ignoro a qué himen te refieres, tras el paso de ella por la cuenca minera a escala reducida… El caso es que pretende nombrarlos ministros plenipotenciarios a los siete… Y con cruz pensionada de rebote… Lo servido por lo comido, no te digo… Yo no dudo de que estén muy bien dotados… Por eso presisamente te llamaba… Tu marido, ¿qué opina…? El mío nada, porque yo no le dejo… Florian está más guapo callado…

AURORA.- Mi Felipe ya sabes cómo es… De caza todo el día, aunque él y yo no comamos muchas perdices por las noches… Ahora, si duermo, es a base de pastillas…

BLANCANIEVES.- ¿Y no echas mano de un tu paje Gerineldo…?

AURORA.- Todavía hay clases, chica… Fantaseo con Iglesias, padre, hijo y espíritu santo…

BLANCANIEVES.- Me sales tú muy pía…

AURORA.- Conoces el refrán: quien no pía, es que no ha puesto huevos en el nido…

BLANCANIEVES.- Total, que no te jalas una rosca…

AURORA.- Comes tú por las dos: roscón de reyes…

BLANCANIEVES.- Se hace lo que se puede, sweet heart; se hace lo que se puede… Pues nada…A ver cuándo quedamos… Tú y yo, solas… Nada de convocar a Cenicienta; ésa, en el cenicero, entre colillas… Yo, en las cumbres; y tú, con el Sol siempre a la verita tuya… Me consta hay el runrún de que la BBC piensa hacer un documental sobre nosotras tres; ya me encargaré yo de convertirlo en pas de deux, como me llamo Princesa Blancanieves…

AURORA.- Lo siento, darling; pero tengo que dejarte… I´m starving

BLANCANIEVES.- Que aproveche…

AURORA (a micrófono cerrado).- A ésa habría que llamarla Blancaleches… A saber si no es su stepmother disfrazada…

[Una vez finalizada la grabación, su contenido se deleterá en cinco segundos]

tenor

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ANABEL O EL PARAÍSO RECOBRADO

I

Por tres casi nadas, se la había traspasado su amigo Agus, puesto entre la espada y la pared, a raíz de un ultimátum familiar, amenazando con ponerle las maletas en la puerta.

-Ya verás cómo no te va a causar ningún problema… Anabel se pasa durmiendo prácticamente todo el rato… Tú háblale en inglés con acento de Arizona: no entiende el castellano… de momento.

Cuando preguntó qué sabía hacer su nueva compañera de apartamento, recibió por respuesta tres cuartos de evasiva mozartiana:

-Lo que hacen todas… De momento, limítate a mirarla… Resulta fascinante… Y eso que es una cría… ¡Ya verás cuando crezca…!

Ante su insistencia, Agus optó por  encadenar sarcasmos quejumbrosos:

-¿No es esperarás que, además, cante o interprete a capella “Jingle Bells”…? Por encima de todo, no le andes contando a todo el mundo que la tienes contigo… Podrías buscarte un lío… A mí, ni me menciones: pienso negarlo todo… A ver por qué te crees que Anabel te ha salido tan  barata…

En cuanto  a la procedencia de la misma y las circunstancias de su extraño viaje hasta el Viejo Continente, se había mostrado más cauto todavía.

-Pongamos que se trata de un romance fallido; alguien que la quería y luego no la quiso, y me la pasó a mí, antes de proceder a su eliminación física, arrojando sus restos al retrete, una vez troceada en cachitos pequeños… Pobrecilla Anabel, que no hace daño a nadie… Ya la irás conociendo… Conocerla es amarla…

-Bueno, sí… pero…

-Pues no hay pero que valga: la tomas o la dejas…

La había tomado hacía ya una semana y abofé  no estaba arrepentido. En el recién estrenado apartamento, alquilado tras conseguir su primer gran empleo como agente de seguros puerta a puerta, a comisión y un pequeño incentivo aleatorio, a cargo de la empresa- antes, hostelería, paseador de falderos y vegetación tupida a base de sopa boba y acervas indirectas en casa de los papis, habían constituido sus hitos laborales-, quedaron ambos instalados, bello y bestia en amor y compañía, sin otro reto que aceptarse tal cual eran: un iluso aspirante a mileurista y una criatura algo torpe a la hora de reaccionar a los estímulos, recién salida del cascarón, como quien dice, o poco menos.

Si algo tenía claro es que Anabel había llegado a su vida sin billete de vuelta.

II

La había instalado en un antiguo acuario, tiempo ha convertido en macetero por falta de vecinos – sobre todo, tras haberse enterado en un chat de que los peces de colores son portadores de la peor de las suertes-, protegida por un tupido enrejado alámbrico, con una puertecilla de acceso situada en el ángulo inferior izquierdo para facilitar una alimentación más bien frugal, a base de ratones congelados, y su extracción a tomar por el saco, con periodicidad mensual, por mor de la limpieza de interiores, en especial la base, cubierta de serrín, y, ya puestos, renovar el agua hervida, desprovista de cloro, vertida en una jabonera de plástico verdoso, de par en par abierta sobre el poroso suelo amarillento.

El armatoste, de considerables proporciones, encajaba, como de encarga, contra la pared de la zona “salón”, en un apartamento abuhardillado sin mirada al exterior, que no rebasaría los treinta metros cuadrados, cuya cocina y único dormitorio con servicio aparecían delimitados por paneles sobre ruedas, iluminado y ventilado a través de dos pitañosos ojos de buey obrantes en su techo… Por resumir: un sucinto paraíso donde ni siquiera faltaba la serpiente, un crótalo sin carnet de identidad, que él pensaba utilizar como cebo y aliciente, en su pasatiempo  cinegético habitual durante los fines de semana: el acoso y derribo de una hembra predispuesta de su especie.

-Sube al piso y te enseño mi serpiente…

III

Y estaban ambos desnudos, él y ella, y no se avergonzaban. Escasísimo interés había mostrado Jessie, la pinzona de turno, por el tópico “ofidios” en general y por el de Anabel en particular, si a los hechos hemos de atenernos. Enseguida se había mostrado dispuesta a la molienda, yendo al grano, no más cruzar la puerta del reducto.

-A esa Anabel, si no te importa, chico, la dejas para luego… Vamos a lo que vamos. A lo que hemos venido,  estricto sensu hablando…

Dicho y hecho (y con preservativo de colores chillones, tachonado de diminutas inclemencias rugosas). Descansaban ahora, el uno junto al otro, turolenses, fumando el preceptivo cigarrillo, a la busca y captura de un tópico de conversación mínimamente interesante que rellenase el fastidioso hueco devenido, antes de que Jessie, estudiante de idiomas, a la que había conocido aquella misma tarde en una heladería italiana regentada por una familia china, procediera a vestirse desde abajo y tomase soleta, saliendo de su vida para siempre.

-Pues sí: no ha estado mal, reconozcámoslo… -concedió ella, en plan Marquesa Eulalia- Mas, de aspirar a que te bareme como amante, con un cinco raspado vas que ardes… ¿Tú conoces lo que son “preliminares”…?

-Creí haber entendido…

      -No te pases de listo… ¿Hay algo de comer en este cuarto oscuro, además de morcilla   encebollada…?

      Adán se sintió descolocado y eligió ganar tiempo, quitándose de en medio.

-Bajo a por bocatas y unas birras… Y tú, no toques nada… Si quieres averiguar algo de mí, me lo preguntas…

-Está todo tocado y bien tocado. Con eso ya sé lo suficiente. Bajas y subes; y si no, no me encuentras…

-Presto súbito…

-¿Parlas italianini…?

-¡Si me lo pide el cuerpo…! Voy a repetirlo, antes de irme, por si acaso… No tocar: peligro de muerte, calavera con tibias… Y no estoy bromeando… A Anabel le desagradan los extraños…

-¿Quién se esconde en el piso…? ¿Una psicópata…? ¡Mira cómo me río…!- bravuconeaba Jessie.

Mas fue quedarse sola, dos minutos más tarde, e instalarse, por su cuenta y su riesgo, en una peli yanqui de asesinos en serie.

-Viene el malo y te mata…Y me pasa por tonta… En cueros no me pilla, de poder evitarse… – masculló para sí, mientras procedía a cubrir, atropelladamente, sus escasas vergüenzas.

IV

ShheShee, que no Anabel, allá en su mundo paralelo, dormitaba, pensando en asuntos internos.

La Gran Madre Lilith, desde siempre, se lo había estado advirtiendo a sus discípulas:

-Vuestra mejor defensa será la ponzoñosa tentación,  no el ataque cruento, frente a frente… Carecemos de fuerza; pero somos astutas… Nuestros esbeltos cuerpos pueden ser aplastados por la bota de la más cruel de las criaturas. Sin embargo, una vez introducidas en sus mentes obtusas, mediante los halagos a su vanidad y las falsas promesas de triunfos terrenales, convertidas en dueñas y señoras de sus mentes, manejaremos a nuestro arbitrio sus destinos…

Nada en su actual entorno amurallado se le antojaba favorable, acogedor,  o mínimamente seguro, a pesar del alimento recibido, cuya ingestión- cuestión de vida o muerte: pura supervivencia- le provocaba una visión borrosa, continuas náuseas y fortísimos dolores, con epicentro localizado en la zona baja del abdomen.

Con una anterioridad sin precisión posible, había surgido de forma inopinada lo que ella llamaba el “gran cataclismo”: oscuridad, telúricos temblores prolongándose en el tiempo, y trasladando a su cerebro en caos un pánico infinito, y todo ello en el marco de aquella fétida impregnación del aire, convertido en cenagal irrespirable.

El recuerdo de la dorada arena en derredor, con un Sol allá arriba, abrasado de rayos, se las arreglaba para perseguirla de continuo.

Hasta el momento, el Enemigo había adoptado dos únicas geometrías. Lo vertical sin curvas apreciables daba ahora paso, en el último momento, a una nueva variante hostil, esta vez de cadenciosos contornos curvilíneos.

Ambas formas habían estado apareándose, con impudicia manifiesta, en su presencia, sin el menor cortejo de por medio; al rematar, ni siquiera parecían saciados o felices: empezaron a arder, expandiendo en el aire un humo azul cargado de sustancias venenosas.

El Enemigo recto ahora no estaba; al menos su visión no lograba situarlo en el espacio. El Enemigo curvo permanecía a la vista, susceptible de ser alcanzado por su fuerza.

-Habida cuenta de que un pajarillo o un roedor tardan lo que dura un soplido de brisa en caer bajo mi influjo- meditaba ShheShee, con acompañamiento apenas audible de sus crótalos-, puedo paralizarla en cuestión de dos pasos de cometa…

No pensaba devorarla; eso faltaba… Era cuestión de mantenerla inmóvil en tanto procedía a reordenar sus pensamientos, siguiendo un plan trazado, en tiempo y forma, por la Gran Madre Lilith…

V

  Jessie García no era de ésas que se anda con remilgos. ¡Que no tocara nada, le había dicho…! ¡Ni que tuviera pintas de mechera…! Ahora vería…

Fue a fijar su atención en el terrario –antes, pecera- y quedarse pasmada; apenas daba crédito a sus ojos… Mucho menos aún a sus oídos, pues la serpiente-loro desplumado iba y le hablaba con palabras sensatas y prudentes.

-Seguro que se ha untado burundanga en sus partes plebeyas; pues si no, no me explico estos alucinajes que me traigo yo contigo… -murmuró una Jessie turulata, que  no alcanzaba a sumar tres y tres, siete.

-Confía en mí, mi dulce principesa, que sé lo que trajino en el caldero. Un mate en tres jugadas. Fase uno: tú me sacas de mi confinamiento (sin riesgo alguno por tu parte, por supuesto) y me conduces hasta el cuarto de baño, donde me depositas, a lo Niño Jesús, pero sin pajas,  dentro de la bañera; yo, cautelosa con laureles de por mí, procedo a ocultarme, como el padre de Ofelia, detrás de la cortina, de inmediato. Fase dos: en cuanto vuelva con el parco refrigerio, le recuerdas a ese galancete de poca monta que te traes entre las piernas sus deberes higiénicos pre coitum;  si no hay ducha, no hay lucha cuerpo a cuerpo: se queda sin merienda (y le muestras tus pechos, que si no, no se entera de qué va la película; tiene pinta de lerdo redomado…). Fase definitiva: él se mete, a poil, en la bañera, ocasión que aprovecho, como quien no quiere la cosa, para hincarle el colmillo “por do más pecado había”, tal cual  procediera cierta antepasada de una servidora con don Rodrigo, espiador de florindas en el baño…

-Muy lanzada te noto, para ser psicofonía…- replicó Jessie, ya a la defensiva pura y dura- No te pases de lista, bacalada, que todavía controlo mi esplendor en la hierba…

VI

De regreso a sus cuarteles de las cuatro estaciones, Gregorio Somosaguas Seoane, soltero, natural y vecino de A Coruña, con domicilio en Real 49, 5º interior izquierda, DNI 45673521, letra F, de profesión “vendedor de seguros puerta a puerta”…  [Vaya, se me ha escapado sin querer…Le había prometido al protagonista de esta verídica historia, bajo solemne juramento,  mantener su identidad en el total anonimato… Nota del Autor]. Continuemos: Gregorio Somosaguas, etc., etc., etc.,  provisto de viandas poco recomendables para el colesterol y el exceso de peso, caminaba despacio, tratando de poner en orden sus tres o cuatro ideas originales.

-Nunca debí dejarla sola con Anabel en mi boudoir… ¡Sabe dios lo que es capaz de hacerle…! Pensándola una pitón inofensiva, lo mismo se la pone de bufanda a lo Selma Lagerlöf  en “Abierto Hasta el Amanecer” y se marcha a darse un garbeo por los Cantones… ¡Con lo poco a mi Anabel le gustan los traslados…! Hice mal en invitarla a merendola: me ha salido por dos ojos de la cara… Tampoco puede decirse que se esforzara mucho en complacerme: sota, caballo y rey; misionero, a tus misiones apostólicas romanas… Olvídate de Francia, que hoy no toca… Y yo, tonto Babieca, haciendo el burro,  voy y la obsequio con “perritos calientes”, mostaza a tutiplén, y con patatas fritas… Perra, ella… “Perra” es poco… Cacho de cachoperra, y aun me quedo largo en el arrastre… Porque uno, modestia aparte, sí que ha dado la talla, y no Pepino el Breve: Do de pecho y de nalga, dos en uno… Hala, henos aquí, ya hemos llegado a Ítaca: subamos cinco pisos, cargado de regalos suntuosos, echándole riñones…

Una Penélope vestida hasta los dientes,  lo recibió sin demasiado entusiasmo.

-No veo la pizza por ninguna parte…

-Hablé de un bocadillo…

-Lo mencionaste; yo, lo que te pedí, fue una pizza con salsa encabronada…

-No te oí…

-¿Tampoco te responden las trompas de Eustaquio…? Lo que se dice “a pleno rendimiento”, parece no funcionar casi nada en tu organismo…

-¿Te he preguntado a ti qué les ocurre a tus trompas de Falopio…?

 – Polvo con rapapolvo…Mejor será te pegues una ducha… ¿O es que acaso piensas merendar oliendo a cuadra…?

-“Sabor a ti”, como canta el bolero… Ahora, no me apetece…

-Si no hay ducha, no hay trucha asalmonada…- sentenció Jessie, babélica perdida, trabucando instrucciones recibidas- Te remojas un poco y sales a recibir tu recompensa…

-Si me soplas después, para secarme lo mojado, no te digo que no…-respondió Gregorio Somosaguas Seoane, soltero, natural y vecino de A Coruña, con domicilio en Real 49, 5º interior izquierda, DNI 45673521, letra F, de profesión “vendedor de seguros puerta a puerta”…, además de inconfeso fan de Ricky Martin- Vente pacá  y que sea lo que dios quiera…

La agarró de la mano y la arrastró, mandril, sin grandes miramientos, hacia el cuarto de baño.

Jessie, confiando en la promesa de las voces, casi se dejó llevar, por un simplmotivo:no quería perderse el espectáculo.

VII

ShheShee hallóse confundida ante una presencia no esperada, la de la forma curva; no menos turbador resultaba que la forma recta hubiese cambiado de piel ante sus ojos en menos de lo que se tarda en engullir un saltamontes. Una nueva sorpresa le aguardaba: una hermana suya, cieguecita la pobre, como la de Sorrento, con la que no contaba en absoluto, se le había adelantado en el designio y surgía, victoriosa, de la velluda entrepierna de Enemigo, procedente, a no dudar, de sus entrañas, donde habría estado haciendo de las suyas. [Ventajas (?) de estar tan bien dotado el tal Gregorio Somosaguas Seoane, soltero, natural y vecino de A Coruña, con domicilio en Real 49, 5º interior izquierda, DNI 45673521, letra F, de profesión “vendedor de seguros puerta a puerta”. Y de ahí la confusión reinante en la cornuda cabeza de la bestia. Tenga en cuenta el lector desconfiado que las sucesivas paradas nupciales de Enemigo sólo habían permitido a ShheShee la visión sube y baja de sus nalgas; de desnudos frontales no sabía ni contestaba… hasta el momento. Nota del autor].

Al ser norma de obligado cumplimiento, según los Libros Sagrados (en “SHHH” 2, versículo 7, se especifica claramente), no disputar la presa a una congénere, optó nuestra Némesis reptante por batirse en virtuosa retirada, tras descartar emprenderla con Enemigo curvo, por palabra empeñada de no probar bocado de sus carnes tolendas.

Sigilosa, se deslizó pues hasta la alcoba. A sus espaldas, violentas vibraciones sobre suelo del baño anunciaban que se debía de estar  armando  allí una muy gorda: Enemigo recibía su merecido…

En un inesperado “run for cover”, ShheShee se las arregló, bien que mal, para regresar a su terrario, cuya trampilla en la alambrada había quedado abierta, tras su última y reciente salida a los espacios exteriores.

-Mi reino por un grano de arena…- declamó,  shakesperiana primero y verdiana después- Va pensiero hasta el desierto de Arizona que enardece mis ansias metamórficas… Siendo hoy serpiente, yo quisiera convertirme en águila emplumada y volar hasta allí por retorcerme a gusto, duna va, duna viene, cuando calienta el Sol, allá en las playas celestiales, pintando los paisajes de amarillo de cromo…

Lilith, que andaba al quite, le ofreció soluciones y le planteó problemas.

-Quetzalcóatl te tomará bajo su protección si se lo pides… Pero no olvides, mi pequeña avutarda, que el aspecto exterior importa más bien poco y resulta engañoso a los sentidos: tú misma acabas de confundir una verga humana en erección con hagiográfico reptil paradisíaco… Lo importante, querida, es ser serpiente; con plumas o sin ellas es pecado al minuto… ShheShee o Anabel, ¿cuál es la diferencia…? Escucha mi consejo maternal: no renuncies a nada… Alguna vez, podrías necesitarlo; pero ya sería tarde… Di que me has entendido…

La serpiente hizo sonar sus crótalos una vez y otra vez, hasta quedar exhausta…

VIII

-¿Qué ha sido eso…? – preguntó Jessie, aun sin abrir los ojos.

-El puto despertador, que está sonando… – respondió Gregorio Somosaguas Seoane, soltero, natural y vecino de A Coruña, con domicilio en Real 49, 5º interior, izquierda, DNI 45673521, letra F, de profesión “vendedor de seguros puerta a puerta”- Sigue durmiendo, nena… O mejor, no: llevo una pistola en el pijama y me alegro de verte…

                                   FIN

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EL SUEÑO DE DESDÉMONA

-Puede que cambie con el tiempo, señora… – la consolaba Emilia- Todos lo hacen, más tarde o más temprano… Maese Iago, al principio, no era esposo fácil de contentar, por sus continuas y desmedidas celosías… Hoy, ya le veis, señora: un montaraz cabrito convertido en agnus dei qui tollis

– Los pecados del mundo…- completó ella, asomando una pálida sonrisa a sus carnosos labios- Ojalá dejara de comprometerme el tal Rodrigo… Un perrillo faldero con ínfulas de tigre de Bengala… Y ese Casio, mandril fornicador, frecuentador de burdeles y tabernas…

Desdémona habíase, con frecuencia, interrogado acerca del porqué de cierto empecinamiento por su parte, en cuanto fémina,  y no de las más lerdas, a la hora de ocupar el pensamiento con las andanzas de los hombres peores en detrimento de los malos, que los buenos, habiendo, resultaban tan desazonados como, a la postre, desazonadores: caza menor a las flechas de Eros.

– Por fauna no ha de quedar, mi ama; los hombres se comportan como verdaderas alimañas… El saberlos llevar y conducir es cosa de mujeres con calculado aplomo y diplomacia…

Sin presentar apenas atención al parloteo incesante de su fámula, continuó su argumento la más fiel de las damas de la Itálica:

– ¡En cuán poco me valora mi esposo por lo bajo, que, por lo alto, ni el Dux ni el de Roma se hallan a salvo de sospecha…! No quiero ni imaginar sus desvaríos, de no ser león abisinio sobre las conyugales sábanas de Holanda…Siempre abierta en canal, para él yo soy, al parecer, su segunda Venecia en prioridades, ciudadela a la que tomar por asalto, a sangre y fuego, cada noche, hasta en nueve ocasiones sucesivas…

Calló, prudente, la joven desposada. Poco o nada confiaba en la discreción de Emilia, cuya honradez, por otra parte, se había demostrado de vidrio fragilísimo: aquí y allá, rapiñas in crescendo, del costurero a su cofre bajo llave de las joyas: donde digo hoy dedal, mañana gargantilla de rojizos corales, a buen recaudo en sus amplias faldriqueras. Por lo que a Iago, el consorte de Emilia, se refiere, sombra suya de siempre y cómplice entregado de mil y una intrigas palaciegas, suponía para Othello el más fiel camarada y hermano putativo, no obstante lo cual no apostaría por él ni una pestaña: falso doblón, moneda falsa de Judas Iscariote, traidor cuando te besa, doblemente fementido cuando intenta abrazarte, afectando hermandades que no siente, y padece al arbitrio de su depravado instinto, siempre alerta, y  en celo de fornicio, sin importar nido propio o ajeno.

Abofé no las tenía todas consigo a la hora de calibrar acierto en escogiendo pretendiente a sus altares. El moro, arrojado en la batalla épica, harto molesto había de resultar tras descender, amaneciendo, de su lecho; por empezar, no tenía conversación que no fuese al socaire de turcos otomanos y sus posibles flancos vulnerables, asunto que a Desdémona no iba o venía más allá de lo que pudieran hacerlo a su interés el tratamiento de las fiebres de pantano tifoideo.  Ello y todo, a no mucho tardar, en encuentros fugaces durante los almuerzos, había dado paso a quejosos reproches acerca de sus ocios compartidos con aquéllos con los que cualquier honesta esposa no debiere… Un hartazgo de deshilvanados argumentos en su contra, que ella solía escuchar con una modestia recatada, ocultando su fastidio y desaliento. ¿Por ventura protestaba ella, en alguna ocasión, de la espartana austeridad del protocolo impuesto para la vida castellana por alguien acostumbrado a la milicia hombruna, tan alejada de lujos y boatos…? Pareciera a su fuero más recóndito que las alegrías de juventud habían sido enviadas al destierro; quizás soñaba que, obligada a beber un filtro ponzoñoso, se hallaba recluida en un convento…

¡Qué diferente, empero, el tono empleado en presencia de las gentes de milicia, cuya mera presencia facilitaba, como por sortilegio, un ambiente cordial y de entre iguales, sin haber de renunciar a la autoritas…! La clase cortesana, en paralelo, parecía provocarle un cierto complejo resentido y, de ser posible, que no siempre, él la mantenía a raya temerosa, no fuese a ser recibiese algún desaire su ennegrecida tez y su acento algo arcaico, y aun incluso, por las veces, cuartelero. Si algo no se improvisa en este mundo, a decir de su padre, el buen Brabantio, es la alcurnia procedente de la cuna; y cada cual debe aceptar genealogía. Desdémona salía ganando en algo: solía lucirla a ella, en un visto y no visto, se ve que “por si caso”, adornando salones cogida de su brazo, vana pretensión suya de llegar a ser  confundido, en cuanto a relevancia personal, por los allí presentes.

Mas, sin embargo, no estaba arrepentida de aquel matrimonio tan llamativo a las lenguas del mundo por edad despareja y por progenie. Simplemente, el uso de sus ventajas amatorias, la novedad agotada, comenzaba a resultar decepcionante. En verdad, opciones más acordes a su rango nunca había escaseado a un albedrío mediatizado a medias. Solo que… Solo que, en general, los hombres a priori dignos de su interés – el resto, los plebeyos, no entraban en sus planes, de momento…- despertaban en ella una vaga sensación de visceral rechazo: la corte veneciana en carnaval perpetuo, con sus febles aristas, los había transformado en barbilindos galanes obsequiosos, cuando no en parlanchinas damiselas, tan ricas en afeites orientales como paupérrimas a la hora del redaño… Un verdadero adán no se adorna con vanas muselinas; suya es la fuerza y suya, la rudeza… La naturaleza poco considerada del varón hacia el sexo distinto quizás abra la caja de los truenos… y hasta, a veces, incluso, la caja de Pandora… He aquí el problema: lo tomas o lo dejas… Amar es entregarse, ¿no es eso lo que afirman los tratados de Erato…? Acarrea pues el riesgo cierto de ser pieza cobrada por un innoble bruto en potencia y en acto…

-¿Es mi peligro Othello o mi seguridad…?- había llegado a preguntarse alguna vez, y responderse: “Él me ama; jamás debo dudarlo; pero lo hace cómo sabe y entiende: a su modo y manera, que tampoco son suyos, sino renacentistas… El Destino no existe; nuestras vidas las gobierna el progreso o atraso de los tiempos…”

Además de ademases, muy a tener en cuenta: en el fondo del fondo, ¿una elige pareja…? Te la fuerza, es sabido, la mudable fama del momento… Hoy, el guerrero; mañana, el trovador; pasado, el opulento… Había elegido a Othello, en un impetuoso arranque de hija única, una  puella consentida y regalada… Las heroicas hazañas extramuros del galán de su suerte habían traído estos lodos: saberse convertidas, sin retorno, por la opaca costumbre doméstica, en bostezos disimulados bajo mohines de encaje cubriéndote la boca, por no hablar de las cada vez más frecuentes y prolongadas ausencias maritales de la alcoba, cuando el deber de bravo general lo llamaba a la batalla en otra parte en sombra del planeta… Su semilla, arenisca viscosa, arrastrada por un oleaje de una pasión sin horizontes mar adentro, ella misma, esperaba, ma non troppo, al paso de las lunas por el cielo, el milagro redondo de su vientre fecundo y no un cáliz vacío de sangre joven inútilmente derramada sobre un ajuar de joven desposada… ¿Qué le importaba a ella, en el fondo, ser o no ser madre de una oscura camada de lobeznos ruidosos, a imagen y semejanza de su padre…? Su suerte estaba echada…Se disponía a serle fiel hasta la muerte…

Fue pensarlo y advertir un funesto presentimiento aleteando por su espíritu noble, en busca de una flor donde poder posarse a descansar la angustia y la zozobra devenidas.

– Othello va a matarme y no me lo merezco… – dijo en voz alta. Y añadió: “Él piensa que me ama y es mentira. Y si yo lo repito, en soniquete, es que me he convertido en la más necia de todas las mujeres… Emilia, cuando regrese tu señor, comunícale que me he marchado de viaje, con destino a mí misma, y no pienso regresar en mucho tiempo. Menciónale también el portazo que he dado… No preguntes por qué; no me hallo en condiciones de explicarlo… He sentido, de pronto, una especie de pálpito…

Pero estaba soñando… Se había quedado dormida, al calor de una lámpara en llamas, como tantas otras noches, en la inútil espera del esposo.

Al despertarse, Emilia se había ido y la puerta de la alcoba estaba abierta…

-Apagaré su luz… – era la voz de Othello, a pie de lecho. La ambigüedad de la frase escuchada resultaba definitivamente aterradora, a medio camino entre una nueva demostración de la habitual tacañería del personaje y la oscura amenaza.1cacddb1191a11a2c37f70c5da34aefd

FIN

 

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