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Archive for the ‘mucho cuento’ Category

EL GUSANO Y LA MANZANA

(RELATO DESCORAZONADOR)

Para Catalina, Clarisa y Aníbal

¿Me sientes dentro de ti, querida?- preguntó el Gusano con voz queda, recurso seductor que tantos éxitos le había proporcionado hasta el momento- No pienso andarme por las ramas contigo… ¿No dices nada…? ¿No has captado la sutil paradoja, fruto de mi iridiado ingenio…? “Me gustas cuando callas porque estás como ausente…”, Neruda scripsit, misógino de luxe.

– …O como mucho antes afirmara el dicho popular: “Callada estoy más guapa”- respondió la Manzana-. Trato de imaginarme cómo te las has arreglado para meterte donde no te llaman… ¿Acaso has llegado hasta mí trepando desde el suelo…? No te veo con empuje suficiente… Te falta gallardía y te sobran anillos, o sea: “culos pequeños”… Y digo más: en cualquier caso, se trataría de una situación embarazosa… ¿No entiendes que nuestro amor es imposible, so pena de rozar lo incestuoso…? Dejo a los montes tan ingrata tarea: paran ellos ratones y ríase la gente…

-¡Ni que fueras New York…! Mi madre Butterfly puso huevos en tu abrigo de pieles sonrojado de vergüenza ajena, y de uno de ellos nací yo, en estado larvario. Ahora he crecido y me busco la vida en tus veras entrañas…

– A ver si me lo explicas deleitando… Va a resultar que eres una gallina turulata… Y al ver lo esmirriado de tu porte, va tu mamá y se hace el harakiri…

El Gusano se retorció de rabia hidrófoba y pasó al contrataque reivindicativo:

-A mi santa madre, ni mentarla…

– No me gusta la menta, ni con hielo picado… Me sabe a medicina caducada… El problema reside, mucho me lo temo, en que tu ignorancia ignora, valga la truculencia, con quién estás hablando…

– …¡Una de tantas…! Reineta tabardilla o repinaldo, andas medio podrida a estas alturas, que lo sepas…

-¿Y si yo te contase que posé medio desnuda y en technicolor para la afamada empresa americana Apple…?

-Computa que algo queda…- se carcajeó el Gusano, con insolencia digna de mejor causa.

La Manzana no estaba para gaitas y se puso en su sitio:

-Has de saber, pequeña sabandija, que figuro en el Génesis y en la Ilíada de Homero; subliminalmente, por lo menos… Así que tú calcula…

 

 

El gusano de esparto, ásperamente, tuvo más que decir y procedió a ello con notable petulancia:

-¿Y del “Vermis Mysteriis” de Ludwig Prinn, tú qué respondes…? Te lo traduciré, por si acaso no entiendes los latines vulgares: “Los Misterios del Gusano”, el famoso grimorio del siglo XVI, que sigue los oscuros dictados de la magia siria… Mejor me callo, mira, yo también: sospecho estar echando margaritas al gorrino, con perdón de este ilustre senado de mirones anónimos…

 

-No sigas por ahí o me veré obligada a poner en evidencia tu desconocimiento… ¿Has oído hablar del jardín de las Hespérides y sus áureas manzanas? En cambio, el Hércules Balompié, el equipo de fútbol, seguro que te suena… A mayores, dudo mucho que hayas leído “La Isla del Tesoro” o “Las Doradas Manzanas del Sol”…

 

-No recuerdo si los he leído o no leído… Pero me hallo en condiciones de hablarte de tu propio corazón… De la falta de él, si al caso vamos… La cuestión cerebral, mejor no menealla…

La Manzana se encogió de hombros, displicente.

-No habrás buscado bien en tu espeleología para aficionados poco o nada equipados.

-Te he recorrido los cuatro puntos cardenalicios como está mandado, para enfrentarme a un conjunto al vacío en lo que a cordialidades se refiere. Cuatro pepitas mal contadas, cuatro; y para de contar, Scherezade… Pepitas de carbón, que no de oro: lo matizo porque no te hagas ilusiones, ya ilusas, ya ilusorias…

-¿Cómo te atreves a exhibirme como dios me trajo al árbol en las redes sociales…?- se encrespó la Manzana, basilisca perdida y hallada al borde de un ataque de histeria miserere- Cuando el grajo vuela bajo, estas cosas suceden: accidents happen… Divisar un manzano, no dejar ni las raspas… En cuanto a tu perfidia mostradora, cuenta con demanda a tocateja…

-Un corazón de piñonate como el tuyo no nació para amar, sino para compota, siempre que se la empale con canelita en rama, unos clavos de cristo, medio vaso de vino, a ser posible blanco y en botella; azúcar Celia Cruz a discreación y borboteo va, borboteo viene, hasta que espese… – recitó de memoria visual nuestro Gusano master jefe, dispuesto a hurgar en heridas ajenas, allá donde más duele.

-Todo lo que tocas, lo conviertes en pulpa del color de la caca de la vaca… ¡Estarás satisfecho, mariposón inmundo…!- agravió la Manzana, dando palos de ciega de Sorrento.

Tempus fugit… El Gusano se dio prisa en despedirse, atento a la llamada de la Naturaleza.

-Bajaré a tierra, colgado de cristalina liana tarzanesca. Sólo quedará entonces esperar a que me crezcan unas alas… ¡Volare, oh. oh, oh, oh…!  ¿Huevos, para qué os quiero…? Derramaré lisura del puente a la alameda… En cuanto a ti, reineta destronada para mis devaneos perforadores, pelillos a la mar y dios en la de todos: encantado de haberte conocido por dentro…

-De acordarte de mí en alguna ocasión, cosa que dudo, haz el favor de brindar con sidrina bien tirada por mi suerte y la tuya, dos líneas paralelas, destinadas a encontrarse en el infinito grueso y no más cerca…- susurró la Manzana, en fase melancólica- Si te vas a marchar, no lo demores… Empiezo a sentir frío recorriéndome el pecho…

-Escucho y obedezco… A abrigarse se ha dicho… Los catarros no son como las rosas, que son rosas sonrosadas; los catarros mal curados ya se sabe: siempre acaban por no ser lo que parecen… Ea, no me lo pienso más: ¡a practicar el puenting…!

La Manzana nunca llegó a enterarse que un negro cuervo que por allí pasaba en busca de carroña, procedió  a engullirlo de un bocado, en pleno vuelo…

FIN

 

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PEEP SHOW aka EL YACIMIENTO

ENTREGA 3

Que nadie se mueva…– dijo el Sr. Rojo- Lo tenéis enfrente de vuestras orejas, compañeros, y como quien oye llover perros y gatos…

Hasta que no llegaste tú– rezongó el Sr. Azul-, no sabíamos hacer raíces cuadradas sin recurrir al móvil…

Me apresuré a poner paz y después gloria en tan inane conflicto de intereses bastardos:

-Habla pues y saca la varita…- invité al cabecilla, con un deje ligeramente desdeñoso.

La clave reside en el mensaje…

Y el mensaje es el medio y viceversa, si a McLuhan hemos de atenernos…- y es que el Sr. Azul resulta, a veces, muy leído; a nivel de calendario zaragozano, por lo menos.

“Klaatu barada niktu”… ¿Qué viene siendo sino la pronunciación desfigurada y con falta de ortografía por parte de un “homus tarumbus” que, víctima de un ataque de claustrofobia miserere, se ha dejado la dentadura postiza en el camino, tras emprenderla “a dentelladas secas y calientes”, como dijo el poeta, con el inodoro de su cuarto de baño…? Veamos pues una reconstrucción aproximada, susceptible de enmiendas, de una frase falsamente polémica: “Clara, tú… Varada (se refiere a la puerta, y sería la parte más nítida del rompecabezas)… Nicho”, todo ello, junto pero no revuelto, traducible, en romance paladino, por: “La llevas clara, tú… Atrancada… Me han enterrado vivo.”

No te imaginábamos tan puesto en hermenéutica aplicada…– lloviznó el Sr. Azul sobre mojado.

-Eso solo aclararía una parte del problema, amigo mío…- me apresuré a objetar- Queda pendiente el falso Jericó de la sala de estar. No se te olvide…

Cada cosa a su tiempo y a su forma…– replicó un Sr. Rojo, dándose unos aires de superioridad a ver de dónde- Procedamos primero a lo tantas veces pospuesto.

Eso, eso… Vamos a abrir el quicio de la veteranía y dejemos salir a ese tal don Elías, tras solemne promesa, por su respective, de concedernos, a cada uno, tres deseos, y eso tirando por lo bajo…– palmoteó el Sr. Azul, con sarcasmo evidente- La poterna sigue estando “varada”, que se sepa…

-Intentemos, al menos, comunicarnos con el prisionero por medio del alfabeto morse…-propuse yo, por recuperar un protagonismo del que nadie iba a conseguir apearme, de poder evitarlo- Según creo recordar, el susodicho había navegado con la Armada cubana en años mozos y captará la señal a la primera… El que empleara el término “varada” en lugar de “atrancada” demostraría que no ando equivocado…

Me dirigí a dónde todo lector estará deseando y comencé el repiqueteo, salmodiando su contenido, por si acaso hiciesen falta los subtítulos…

-“Día de mayo, día de mayo, día de mayo… Salvad nuestras almas… Día de mayo, día de mayo, día de mayo…

¿Desde cuándo dominas tú el morse, si es que puede saberse…?– el Sr. Rojo echaba azufre ardiente por los ojos, incluido el situado al final de la espalda.

-Desde que, de pipiolo, asistí a un campamento de verano con los Padres Maristas…- le aclaré, triunfal: cuarenta en bastos.

-Tus señales de humo no parecen haber hecho mucho efecto, sin embargo…– echo sal yodada en la herida el Sr. Azul, por decir algo- ¿Por qué no pruebas a gritar “¡Ábrete, Sésamo…!”

Apenas hubo pronunciando el santo y seña… ¿Queréis creer que se escuchó un crujir de goznes y la puerta comenzó a deslizarse hacia el adentro, despacio, muy despacio, como si asunto mundanal alguno dependiese de su viaje al reino impredecible del Misterio…?

Tres fueron tres- tres en uno, claro- los que, hombro con hombro, cogidos de la mano, temblorosos, con la vista puesta con fijeza obsesiva al frente, sin novedad por el momento, aguardaron ulteriores acontecimientos.

Si los montes parieron un ratón, aquel trozo de madera rectangular barnizada se limitó a dar paso a un agujero negro, al fondo del cual, gracias sean dadas a la luz del pasillo, parecía divisarse un lecho con dosel y una forma yacente ocupando su centro neurálgico, en pose abiertamente relajada.

Mis pies, por su cuenta y mi riesgo, me condujeron hasta el fondo de la habitación y me situaron donde menos convenía: la cabecera de la cama. De inmediato, el supuesto durmiente se incorporó, cual movido por resorte, y me dirigió una fiera mirada acusadora:

-Tú y tus viajes astrales… Rediez, ¿quieres decirme qué demontres has estado haciendo…? A eso le llamo yo autonomía de vuelo… ¿Me lo explicas o no…? Y esta vez, no me valen evasivas… Vamos, habla…

– Anduve revoloteando por ahí… Vigilando al vecino de al lado, tú ya sabes…

Procuraba- sin conseguirlo, me temo-, que mi voz sonase casual y cantarina.

-Acompañado de tu panda de amigotes imaginarios, ¿no es cierto…?- cuando se embala, a mi nave nodriza por el Más allá, no hay quien la pare:- Esta vez eran dos; pero serán legión, si es que yo no me ocupo de ponerle remedio… Se acabó el andar ganduleando por ahí fuera…

-Elías, por favor…- le supliqué- Es que me aburro, dentro de tu cabeza, dándole vueltas todo el día a las ingratitudes de los hijos… De acuerdo: esos cabrones se marcharon al Méjico lindo y querido dejándote encerrado, con vistas a encontrarte fiambre a su regreso y reclamar la herencia; yo no tengo la culpa de que te hayas muerto antes de lo previsto, tras lo cual te has convirtido en fantasma apaisado, a lo Cristo yacente… ¿O sí la tengo…? Tampoco he ido tan lejos: 3º C, ¿recuerdas?. A su Crusoe lo abducí mientras dormía, la semana pasada, con vistas a impregnarme de su alma. Y, desde entonces, Viernes, aquí yo, se ha dedicado a darle unos cuantos sustos inocentes, metiéndole ideas raras dentro de la cabeza…

-¡Sal de él y regresa conmigo…! ¡Te lo exijo…!

– Sí, papá… Pero, ¿tú crees que se las apañará para volver a casa…? ¿Cómo se arreglará él solito para cruzar la pared del salón…? ¿Se va a acordar de gritar “ábrete, Sésamo”…?

-Ése no es tu problema; y el mío, bastante menos… Por mí, que se quede emparedado para siempre…

-Está bien… Procedamos entonces… Pero, luego, no se ocurra quejarte de lo pesado que resulta con sus neuras… Y no me mires así, que me pongo nervioso… Ya voy, ya voy… A la de una, a la de dos, a la de dos y media,  ¡a la de tres…!

***

El matrimonio Reinar regresó de la capital azteca, tras un año de ausencia, para encontrarse con un panorama dantesco: alguien o algo parecía haber tomado posesión de la vivienda, dejándola reducida a escombros. Sólo una puerta ocupaba su jamba: la correspondiente al antiguo dormitorio de don Elías, imposible de abrir, litaralmente, lo cual suponía el menor de los problemas: según no informaron los recién llegados, su antiguo ocupante ya no se encontraba entre nosotros, sino en Acapulco, celebrando sus nuevos esponsales con la Miss local,  una distinguida señorita hondureña.

Pero no todo eran campanas al vuelo… Al parecer, en la planta tercera, habían venido sucediendo hechos paranormales que se escapaban al raciocinio humano. Al vecino del 3ºC, por ejemplo, parecía habérselo tragado la tierra.

Item más, no hacía tanto, cierta noche de truenos, por las rendijas de las cerradas ventanas del 3º izquierda, chez Reinar (después de morir, visto lo visto), se habían visto surgir dos espesos bancos de niebla que se habían dirigido hacia poniente, a los acordes del “Oh Fortuna” de los Carmina Burana.

Iker Jiménez, por su parte, vía TV, no afirma ni desmiente el hallarnos ante un nuevo Edificio Dakota madrileño.

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PEEP SHOW aka EL YACIMIENTO (2)

ENTREGA 2

Siempre me han fascinado las viviendas “vacías” y su aroma especial de abandono o ausencia; aquella, sin embargo, no se andaba con finuras: olía a cerrado y a putrefacción hasta extremos difícilmente soportables, lo cual me obligó a cruzar la frontera de nuevo, en procura de la oportuna mascarilla y un ambientador de ozono absorbeolores.

-Habrá una rata muerta en cualquier sitio…- me dije para mí, en plan sabelotodo.

Lo que sí me aportaba aquel recinto eran sus sus sonidos de ninguna parte y su luz espectral, aun en pleno día, procedente, como ya  habréis aidivinado, del espacio exterior, o sea mi domicilio… Preferí no llamar la atención de los viandantes levantando persianas o corriendo cortinas. Localicé, enseguida, el cuadro de fusibles y ejercí de aplicado dios menor en un “hágase la luz” del salón-comedor que es donde, precisamente, me encontraba.

 Unos cuantos muebles a mi alrededor ejercían de grisáceos fantasmas, lo mismo que la aparatosa lámpara central, estilo imperio, momificada entre visillos reciclados.

 Al tratarse de un piso exactamente igual al mío en cuanto a distribución, no me resultó complicado moverme por la casa. Salí al vestíbulo para dirigirme a un pasillo donde se encontraban, además del servicio y la cocina, un estudio de reducidas dimensiones y los dos dormitorios. En el primero de los citados hice breve parada para que, atacada de nervios, mi vejiga se liberase de tensiones. No llamaré “cuarto de baño” aquello con lo que me encontré al cruzar la puerta: “letrina” le hace poca justicia; mejor, “zahúrda”; o, incluso “estercolero”.

Los Reinares, tan remilgados ellos, habían abandonado su retrete en condiciones ciento por ciento lamentables: grifos arrancados de lavabos colgantes, un inodoro casi a ras de suelo, reducido a mellada dentadura tan rica en caries como en sarros verdosos y una enorme bañera, veneciana en cuanto a pestilencia, necesitada de desagüe de inmundicias, donde flotaban, a su albedrío cheirento, sospechosos zurullos rojinegros.

…Yo también “salí sin ser notado”, intentando sofocar unas arcadas abriéndose camino hacía el crujiente suelo del pasillo.

Maldita sea la hora en que me decidí a desembarcar en aquella barraca de los horrores. En la cocina, elegí no entrar y opté por explorar el primero de los dormitorios. Tendría que pertenecer al padre de ella, el viejo don Elias, u, otrosí, al matrimonio. Según me parece recordar, el carcamal no salía nunca o casi nunca; de hecho, ni siquiera habíamos sido presentados. Le conocía de oídas, y no buenas del todo… Puede que no estuviese en sus cabales… De cualquier modo, iba ya camino de convertirse en centenario cuando se instaló allí con su familia, hacía casi una década.

No era su cuarto: cama de matrimonio, armario de tres puertas y un tocador tocado de espesas telarañas polvorientas a modo de mantilla española sin peineta a juego, lo que lo diferenciaba el resto de enseres, cubiertos por su correspondiente sudario, preservativo de polvos y miasmas variadas.

Solo quedaba una puerta para ser franqueada. Parado frente a ella, me detuve un momento… ¡Tanto trabajo para tan pobres resultados…! A ver quién se iba a ocupar ahora de dejar todo como estaba, lo cual iba a requerir una seria obra de albañilería, con el consiguiente descubrimiento del  parte de terceros… Me puse a maldecir en voz alta, con lo mejor de mi florido repertorio.

Ahí os quedáis, me dije, yo me largo…”

Y decidí volver sobre mis pasos… Oh, sorpresa: de regreso en el salón-comedor, me lo encontré en lo que debió de haber sido su estado primitivo: una pared intacta en su lugar descansen y el suelo, inmaculado, libre de cal muerta y de cascotes… No había forma de cruzar el Río Grande y recobrar cordura.

¿Qué hace uno en esos casos, además de frotarse los ojos y pellizcarse las mejillas hasta hacerse daño por saberse despierto…? Yo os lo diré: correr hacia la puerta de salida para encontrársela cerrada y bien cerrada: era un ratón y había caído en la trampa. Así de sencillo, así de fácil…así de imposible de estarme sucediendo.

En el 3º derecha viene quedando al otro lado de mi propio piso, letra B; sus inquilinos pasan largas temporadas con sus hijos en Mojacar. Yo era el encargado de vaciar su buzón y echar la correspondencia no publicitaria debajo de la puerta. Llevaban tiempo ausentes o hubiesen acudido a mí en busca de la llave. Y, aun así, de no ser ése el caso, el recurrir a ellos desde allí hubiese resultado poco menos que impensable.

La posibilidad de practicar un nuevo agujero salvador tampoco parecía factible, por falta de herramientas adecuadas. Las persianas metálicas se negaban a moverse; quizás se necesitase algún tipo de clave para abrirlas/cerrarlas. Mi móvil se había quedado en casa, listo él, por no meterse en líos… Una perfecta “habitación del pánico”; un huis clos sartriano, ¿por qué no…? ¿Acaso no me encontraba en el infierno…?

Se me ocurrió incluso una idea peregrina: el echarme a dormir en la seguridad de que, al despertarme, la marmota me iba a estar aguardando al otro lado… Lo deseché al momento: quedarse dormido en un sitio como aquél se me antojaba un modo estúpido de enterrar la cabeza en la arena en un campo minado…

Alto, un momento… ¿No te olvidas de algo…? Piensa tú por mí, gracias… Claro, por supuesto: el cuarto del abuelo… A lo mejor/peor profesaba el anarquismo y guardaba explosivos debajo de su cama… O una pistola, en el cajón de la mesilla…o un juego de llaves en alguna parte… Bastaba con ir y averiguarlo… Sí, ya sé: deberemos atravesar el pestazo del cuarto de baño… La vida no te regala nada nunca: podemos intentarlo, ¿no es cierto…?

Se me atojaron varios cientos de kilómetros la distancia que llevaba a su antigua guarida. Mis piernas se empeñaban en obligar a las plantas de los pies a restregarse, a cada paso, contra el suelo.

Ya hemos llegado, ea… No hace falta llamar: abre la puerta…

Solo un instante más… ¿No has oído algo…? No te preocupes: son los latidos de tu corazón… Y ahora vas tú y te dedicas a homenajear a “Casablanca”… No me jodas y abre de una vez… Abre tú… Y una mierda… Ahí dentro se oye algo… Algo así como un gemido cavernoso… ¿Intentas asustarme…? No seas marica, venga: agarras la manilla, la haces girar en el sentido de las agujas de un reloj no digital; luego, presionas un poco y asomas la cabeza…

Ensayo y error. No había manera. Alivio transitorio. Empujón que te crio. Síndrome del hombro dislocado…

Abandonan a los abuelos en las gasolineras, ¿no afirma tal una leyenda urbana…? Dentro del cuarto oscuro, los Reinares han dejado al viejales encerrado, por no cargar con sus muchas manías, sus fallos de memoria y la costumbre de mear fuera del tieto. Atado a una cadena, podrá moverse hasta el cuarto de baño y la cocina, su almacén de víveres; pero nunca alcanzar la puerta de la calle. Todo encaja, cada pieza en su sitio. “Cuando se ha descartado lo imposible, lo que queda, por difícil que parezca, es la verdad”, Mr. Holmes dijo (y dijo bien). Don Elías o lo que de él quedase sería un Ben Gunn allí llegados, con sus miembros llagados y perdido de mente (“demente” también vale).

¿Qué harás tú? ¿Llamar a las autoridades competentes…? Pero, cómo, si no tienes teléfono. Además, te iba a ser muy difícil explicar tu presencia en territorio ajeno.

Agucé el oído. Los gemidos parecían arreciar al otro lado del pasillo. Miento: se trataba de una especie de mantra quejumbroso y repetitivo… Un momento, que voy a concentrarme…  Está diciendo… Está diciendo… ¡Klaatu varada niktu…! ¡No puede ser, te digo…! ¿Por qué no…? Aguas Calientes, Méjico, las pirámides, los relieves con naves espaciales… ¿No pretenderás que lo que se esconde tras la puerta del abuelo mochales es un platillo volante tripulado…? Maldita sea, vamos a comprobarlo… Espera un poco… Mejor nos proveemos de una bandera blanca… Sobra dónde escoger... Alguna que esté limpia… ¿Y si va y nos fulmina, como en “La Guerra de los Mundos”…? Además, me pareció entender que la historia que estamos  escribiendo era un relato gótico… Para de marear a la perdiz y procedamos…

Una vez, la puerta situada frente a mí suponía algo más que un obstáculo físico… Alto, cuestión de orden: pido la palabra… ¡El que faltaba…! Mejor, no hacerle caso… ¡Allá vosotros…! Pero yo pienso dejar clara mi opinión: todo ese grand guignol que os habéis montado no se esconde en el cuarto del abuelo sino en vuestras cabezas de chorlito… Ea, pues ya está dicho… ¿Necesitáis meter el dedo en mi costado…? Sugiero, si no es mucho sugerir, que te lo metas tú donde te quepa… Deja, no le hagas caso, nosotros a los nuestro: abre la puerta, por favor… ¿Me tomas por tu chico de recados…?

Y, ¿qué sucedió entonces…? En la tercera y última entrega de este apasionante relato, encontraréis, por fin, todas las respuestas…

FIN DE LA 2ª ENTREGA

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