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Archive for the ‘El cine de los Lunes’ Category

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“LA VENUS DE LAS PIELES” (2013), de ROMAN POLANSKI

“Veneno que tú me dieras, veneno tomaba yo…”, cantaba una vieja copla de mi infancia, parienta pobre de “El Romance del Veneno de Moriana”. Qué le vamos a hacer… Cuando se le debe a un director joyones tan coronarios como “Repulsión”, “Rosemary´s Baby” o “Lunas de Hiel”, uno llega a convertirse en ayatollah de su culto, por más que termines por apostatar de algunos de sus dogmas, ya se trate de adaptaciones literarias al vacío [un Shakespeare truculento sin más (“Macbeth”, 1971) o el “Oliver Twist” made in 2010, a la que urgir a little more de lo que ofrece], algún que otro título intocable (“Chinatown”, cosecha 74, mucho más “cine de autor” que “serie negra”) y un montón de garbage – con respecto, claro está, al listón dejado por sus no menor número de masterpieces -, seguramente para ganarse el caviar, a costa de quedarte tú sin huevas (“Qué…?”, “La Novena Puerta”, “El Escritor”…).

Tras la competente adaptación en 2011 de “Un Dios Salvaje” (“Carnage”, en VO: carnicería, matanza…), pieza teatral de la francesa Yasmine Reza, una muy oportuna meditación sobre la violencia soterrada de nuestros comportamientos, supuestamente civilizados, vuelve nuestro jinete polaco a probar suerte con el teatro filmado a palo seco y tentetieso húmedo. Nada menos que una adaptación de “La Venus de las Pieles” del austríaco Sacher-Masoch, el clásico sado-maso publicado en 1870 acerca de las delicias del bondage, a cargo del dramaturgo norteamericano David Ives.

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Para los amantes de las Turquish delights: su protagonista, Wanda von Dunajew, terminó de “reina de corazones” en los anuncios de contactos lujuriosos durante la Transición, bajo el epígrafe “Wanda, mucho cuero”, ofreciendo todo tipo de sevicias y delicias al alcance de la mano pecadora.

Supongo que el “Tea Party” y sus epígonos andarán encantados con este tipo de mensajes: todos a chuparle, previo pago, la punta de la bota a la patronal y a olvidarse de convenios colectivos… Después de todo, no anda tan lejos de los cantos gregorianos llamando a la resignación y la obediencia del personal, en este valle de lágrimas al que se viene a sufrir bien sufrido y no a otra cosa…

El problema de una pieza teatral como “La Venus a la Fourrure”” reside en sus ganas de rizar el rizo púbico del birlibirloque: convertir a Fräulein Wanda en…¡abanderada del Movimiento Feminista…! ¡Manda Carallo…! Como para ponerse de los nervios, si uno no acabase de oír en “Juegos Secretos” (“The Little Children”, Todd Field, 2006) que Madame Bovary disputa, a los puntos, el reinado en cuestión a la susodicha Wanda…

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Cuando, en busca de consuelo, se lo estaba comentando a una de mis infantas, volví a pillarme las orejas con la puerta:

– ¿Cómo puedes calificar a Emma Bovary de “una de las grandes perras de la Literatura, cuya maldad corre pareja con la Lady Macbeth…”? Tu inveterado machismo y no otra cosa es lo que te impide contemplarla como víctima de la sociedad de su tiempo…

Le prometí pensarlo; ha pasado una semana y sigo considerando a esa señora un peligro público… Culpa, mea…

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Filigrana dialéctica para dos personajes, “La Venus de las Pieles” fílmica juega a ganar con la presencia de Emmanuelle Seigner al frente del reparto. Madame Polanski mantiene intacta esa cualidad suya- y de muy pocas actrices (pienso en Marlene D., en Jeanne Moreau, en Ángela Molina… todas ellas tanto que ver con los ofidios)- de inquietar deleitando. Cuando ella mira a la cámara, la Gorgona te está mirando a ti; su perversa sonrisa vertical diríase una mueca displicente oficiada por una vagina dentada, no muy limpia de polvo y paja, dispuesta a devorarte de un bocado. Vamos, demasiada mujer para un hombre con tres penes…

Ella... mirando.

Ella… mirando.

Un Roman octogenario va y se lo pone a huevo a su señora. “Relumbra, que algo queda…” (por lo menos, para Mathieu Amalric, su antagonista en la función, al que, seamos justos, tampoco podemos considerar un “sin papeles…)”.

Epatar al burgués – y si es francés, entonces ni te cuento- a base de sofismas estridentes, siempre ha salido a cuenta, a condición sine cuacuá de que se sobreentienda que la propuesta se refiere, exclusivamente, a una “Moral VIP”, para el uso y el abuso de unos cuantos elegidos…

La sesión tiene ocasión sobrada de resucitar viejos fantasmas y/o infiernos interiores de la vida en pareja polanskianos (el protagonista masculino apenas puede ocultar su parecido pilimili con el maestro de ceremonias en el presente “dale que te pego”): su vitriolo de luxe nos remite, no sólo sino también, indefectiblemente, a “El Quimérico Inquilino” [Polanski convirtiéndose en mujer, en una variante bastante siniestra del más o menos misógino dicho galaico: O home casado, nin muller é…(“el hombre casado, ni mujer es…)] y a una inesperada fijación autoral con la cojera femenina, que retoma aquí lo único destacable de “Frenético”. Velahí que el morbo, el boca a boca y el correveidile están garantizados…

Le Monde dijo del último Polanski: “Un film admirable, lleno de inventiva, pletórico de inteligencia”… ¿Quién es uno para llevarle la contraria…?

A los diez minutos de comenzada, sentí deseos urgentes de abandonar la sala para mear mi desconsuelo por los callejones de un imparable envejecimiento que ni siquiera puede permitirse el lujo de presumir de prematuro. Prefería recordar al Polanski de “Cul-de-Sac”, camarada Tovarich… Masoquista irredento, me quedé hasta el final, manque sufriendo, mientras Wanda “Mucho Cuero” me seguía trabajando los genitales del cráneo, con los agudos tacones de su bota botera cascabelera…

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“La Venus de las Pieles” (1969) de Jess Franco, me resulta, hoy por hoy, de repesca obligada… A ver dónde la encuentro… Lo de Massimo Dallamano, un habitual del desmadre, con Laura Antonelli teñida de rubio para su tercera peli (“El Placer de Venus”, 1968), me viene pillando un poco lejos…Uno ya no está- nunca estuvo- para el disfrute de tales trotes y cuales danzaderas, con permiso (o sin él) de Ramón Pérez de Ayala…

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A mediados de los 50, en el “Madrid-París”, cine de barrio plateado por la Luna con rumores de milonga, las sesiones de los martes- ahora que caigo, debieran haber ser las de los viernes, mucho menos marciales-, se promocionaban como “fémina y para ellas”: la entrada costaba 1,25 pts. y podías llevar acompañante de forma gratuita.

Bueno, pues eso: “Agosto”, antes que cualquier otra cosa, es cine “de señoras”, planteado en torno a su problemática como esposas, madres, hermanas…La mujer como indiscutible abeja reina en el panal de la familia americana, rodeada de sus zánganos; sólo eso y nada más (o nada menos), como graznan los cuervos subidos a los bustos (referido a las estatuas, no a los pechos) de toda una Mrs. Palas Atenea.

Para este tipo de empresas, se necesita un guion consistente (sale a cuenta emprenderla con una obra de teatro que haya demostrado previamente su eficacia surfeando sobre tabla) y un reparto a prueba de las sonrisas y las lágrimas. El melodrama de Tracy Letts, encargada de convertirlo en libreto cinematográfico, se las promete muy felices para cualesquiera actrices con ganas de ser aplaudidas en su mutis por el foro del encuadre y/o dar la vuelta al ruedo, ovacionadas después de tanto arrastre emocional, por culpa de las cosas de la Vida. No podrá quejarse el tal John Wells de “prima donnas”: Meryl Streep, consciente todo el tiempo de estar siendo filmada por la cámara, empeñada en comerle el coco (no se admiten erratas) a Julia Roberts, hasta dejarle las migajas de una candidatura al óscar como actriz secundaria; la susodicha, al cabo de la calle: “todas” las mejores escenas de la pieza corren a cargo de la “otra”, lo cual, no todo iban a ser inconvenientes, le permite a ella mostrarse bergmaniana; Juliette Lewis, en su papel más “bitchy” hasta la fecha, y mira que hizo perras la paisana… Todavía quedan por citar hijas, nietas y alguna que otra cuñada al retortero…todas y cada una con momento de gloria in excelsis asignado a lo largo de la trama.

El elenco masculino, desde luego, no la lleva tan clara: Ewan McGregor, Sam Shepard, Dermot Mulroney, Chris Cooper o Chris Cumberbatch han de conformarse con la parte del impala y dejarse devorar por las fieras de sus niñas respectivas. Sobre todo el primero, no parecen muy felices…En el caso McGregor, se diría que echa de menos las galaxias… En cuanto a Sheperd, notable dramaturgo en la vida real (“El Verdadero Oeste”), enseguida se quitará de en medio…

¡Mira que pasan cosas en “Agosto”…! Para que no se diga, la peli comienza con una cita de T. S. Eliot: “La vida es muy larga” El haberse excedido en condimentos vendría siendo el mayor de sus problemas: “life is a cabaret” con sus altos y sus bajos, nunca una concurrencia interminable de inclemencias. Toda familia arrastra su cuota de “secretos”: a los Weston, por desgracia, les han crecido setenta y siete enanos (incluidos viciosos y enfermos terminales). Intuyo que las catástrofes morales dialogadas funcionan mejor sobre un escenario en caliente que sobre pantalla fría, donde se notan mucho más los fuegos de artificio. Hubo secuencias, camarada Tovarich, que me recordaron lo peor de don Jacinto Benavente (nuestro premio Nobel, a diferencia de Mae West, cuando era malo, era muy malo…).

En la fila delantera, tres damas de mediana edad, fans pertinaces de Leonardo DiCaprio (les había encantado “El Lobo de Wall Street” y, lo que resulta ya más difícil de creer, “Django, Desencadenado”), se encargaron de realizar el trabajo de síntesis por mí: “Un poco triste…Pero, como la vida misma, ¿no os parece…?”

Siento diferir: con una Violet Weston rondando en torno nuestro, el género humano se habría convertido en lemming hace tiempo…Marisol (y no T. S. Eliot) dixit: la vida es una tómbola; si tienes suerte, te toca la muñeca chochona o el balón…

- You stay aware, como decía la Taylor en "Who´s afraid of Virginia Wolf"...

– You stay aware, como decía la Taylor en “Who´s afraid of Virginia Wolf”…

“LA VUELTA AL MUNDO EN 80 CLÁSICOS”

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EL ROSARIO EN FAMILIA…

La familia, en el Cine, tiene un largo recorrido. Dejando a un lado el subtema de la vida en pareja, he aquí un pequeño listado, mejorable a su antojo.

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– LA GRAN FAMILIA (1962), de Fernando Palacios.- Apología de la familia numerosa en tiempos de despegue. Su buena visibilidad actual pasaría por el reencuentro con sus protagonistas, en especial de Pepe Isbert como Abuelo Cebolleta (y mira quien fue a hablar), un actor que uno no acaba nunca de creerse.

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– EL ANIVERSARIO (1967), de Roy Ward Baker.- Disfrutable producto Hammer,  antepasado pobre del “Agosto” de hogaño, con Bette Davis como Mrs Tagar (ojo al parche que luce a lo princesa de Éboli) haciendo de las suyas con motivo de una fiesta familiar…¿Quién no recuerda una donde se arme la de dios es cristo…?

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– LA CAIDA DE LOS DIOSES (1970), de Luchino Visconti.- Los Essenbeck, magnates del acero, encuentran una solución en el nazismo para hacerse todavía más ricos, no importa la sangre que tenga que correr para lograrlo. Tan wagneriana como era de esperar, combina morbo y dialéctica con un cierto regusto a barraca de feria.

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– EL PADRINO (1972-1990), de Francis Ford Coppola.- Magna trilogía en torno a los Corleone, familia mafiosa siciliana que fue a hacer sus Américas. Desfilan por ella desde los entresijos de la banca vaticana a la Cuba de Castro, pasando por el asesinato de Kennedy; Marlon Brando, Pacino, DeNiro…Catedralicia es poco…

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– SECRETOS Y MENTIRAS (1995), de Mike Leigh.- Mi peli favorita sobre la familia, británica y universal, con esa mezcla de comedia y drama que uno echa de menos en “Agosto”. Me hizo llorar a mares, a partir de su sencilla fórmula para la felicidad: decir en voz alta y clara cuánto nos necesitamos los unos a los otros.

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– FAMILIA (1996), de Fernando León de Aranoa.- “Opera prima” de uno de los directores más interesantes (y desaprovechados) del Cine Español. Lo que siguió (“Barrio”, “Los Lunes al Sol”…) no hizo sino acrecentar sus sensibilidades y talentos. “Familia” se erige como un experimento sobre nuestro “modus vivenvi” en la manada.

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– LA CELEBRACIÓN (1998), de Thomas Vinterberg.- El compadre de Von Trier en el evangelio Dogma oficiando una especie de “grand bouffé” a la danesa, con el discreto encanto de la burguesía como música fondo. Cuando crees que ya no se puede caer más bajo, siempre quedará una secuencia para hacer que te deslices de la burra…

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De ” MAMÁ SANGRIENTA”(1970) by Roger Corman, hablaremos otro día…

(Publicado en DIARIO DE FERROL)

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 Me insta el profe Miguel, con quien he compartido el último Scorsese, a que la recomiende sin reticencia alguna. Escucho y obedezco. Él conoce mis problemas pirulicios; del Martín pescador de prestigios “urbi et orbe”, siempre he considerado dos obras maestras absolutas, libres de toda sospecha: “Toro Salvaje” (1980) y “Uno de los Nuestros”(1990); “El Rey de la Comedia (1983) es una de mis pelis favoritas; pero… (Venga, dilo…) no comulgo, o, lo que es igual, me doy de hostias (quizás me viene grande), con “Taxi Driver”(1976) y su ambiguo discurso sobre la violencia. Y digo más: se me atraganta ese Robert De Niro jugando con fuegos Bronson-Stallone. He mirado la peli no menos de diez veces, intentando convencerme de mi error. Esto es como cuando marco distancias con respecto a Kubrick, a Coppola, a Riddley Scott o a Woody Allen…Si no me ha gustado, p. e., “Blade Runner”, debería hacérmelo mirar o dejar de escribir sobre Cine: después de eso, a ver quién se va a fiar de mis criterios…

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Conste que me defiendo: cito a Bergman, a Buñuel, a Hitchcock, a Fellini…, como los referentes en mi ADN cinéfilo. Me pongo de penitencia el cilicio de volver a ver “Blade Runner”, para luego emprenderla con las andanzas del taxista Travis.

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Volviendo a “El Lobo de Wall Street”, velahí el vademécum para cualquier aspirante a triunfador en la Calle de la Muralla, donde el Capitalismo mundial fusila a diario su decencia, a partir de las memorias- desgraciadamente reales y más o menos verdaderas- de Jordan Belfort, “broker” capaz de venderle una cornamenta al demonio o un boli recargable a Ícaro desplumado. No es tan difícil, camarada Tovarich (pareciera al alcance de cualquiera): cocaína a cucharadas + masturbase dos veces al día + coger el teléfono para engañar a los tontos de este mundo (entre machos y hembras, somos muchos), prometiéndoles que van a hacerse ricos…Y tanto putiferio, ¿para qué? Pues para quedarte con su pasta cisne y permitirte el lujo, entre otros muchos, de fornicar como un mandril (o una mandrila), sin tener que preocuparse del futuro perfecto: rico una vez, rico para siempre, intramuros o extramuros de presidio…Esto es América.

La función, una vez comenzada (como ya sucedía en “Jo, qué Noche”, made in 84), no va a detener su todo ritmo de granujas desquiciados, en una especie de “gaite neoyorquina” trepidante que cambiase lo de “somos las más p… del Follies Bergere”, por “somos los más sinvergüenzas de la banca mundial; ergo, nos la suda todo lo que no sea dejarte sin ahorros…”(Esto, ¿de qué me suena…?).

Leonardo DiCaprio, al frente del evento, se demuestra dispuesto, en cuerpo y alma, por detrás y por delante, a darlo todo – cuando digo todo, quiero decir “todo”-  por el show (empezando por el suyo)…Pasen y vean, señoras y señores, y porque él lo vale, lo que es quedarse con todas las nominaciones posibles como mejor actor del 2013…

Mi lado Hyde preponderante se ha apresurado a pedirme menos lobos laudatorios para casi sus tres horas de metraje. “The Wolf of Wall Street” peca, además de gravemente contra el sexto mandamiento (ojeamos más follaje por los suelos que en Central Park a finales del otoño), por omisión dolosa: la Política, y mira que se disponía de tiempo, en el guion, no está ni se la espera para actuar de cooperante necesario; acaba de liarla, a pie del desenlace, un amago de “humanizar al personaje”: Polichinela intenta (él también sufre) nos tomemos en serio sus cascabeles de serpiente venenosa…

Encendidas las luces de sala, se escucharon, cosa poco frecuente, los murmullos de satisfacción del respetable, ignoro si debidos al “encanto DiCaprio”, a toneladas, o al mensaje: el puto amo jugando al tenis en el patio carcelario y, en paralelo, el poli no corrupto respirando miasmas en el metro…Sic transit, padrecito…

-¡ Para comerte mejor... !

-¡ Para comerte mejor… !

LA VUELTA AL MUNDO EN 80 CLÁSICOS”

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“LA LOBA” (1941), DE WILLIAM WYLER

Una de las más heladas cotas de Maldad ofrecidas por el Cine, a partir de la obra teatral by Lillian Hellman (estrenada, vía Broadway, en 1939, por la nefanda Tallulah Bankhead; rescatada, hace un par de temporadas, por Nuria Espert, “ad majorem gloriam suam”, en los Madriles), aquí con Bette Davis como la Gran Madre Terrible, “más peor” todavía que Medea, la de Jasón, y un “por allí meando” con respecto a la Jezabel que se sacara de la claqueta el propio Wyler. Elegir Reina de los Infiernos a ésta última o a Regina Giddens, resultaría tan difícil como hacerlo entre “Tatuaje” y “Ojos Verdes” para soberana del repertorio Piquer, Dª Conchita, por poner un ejemplo petenero. Debo confesar, hábilmente interrogado, que me quedo, al respective, con “la Pequeña/ Gran Zorra” (cosas de la VO: “La Loba” se llama, en inglés, “The Little Foxes”, aquéllas que, según la Biblia y su “Cantar de los Cantares”, se dedican a devastar las viñas) y con “Ojos Verdes”, que se arranca con un “apoyá en el quicio de la mancebía” con tanto pedigrí, casi, como el “hipogrifo violento/ que corriste parejas con el viento”, enigmático comienzo de “La Vida es Sueño” de don Pedro, cuyo verso segundo admite todo tipo de hermenéuticas salaces.

He venido disfrutando lo de Wyler, a través de TV, desde la adolescencia, y nunca me he cansado de mirarla a Ella, en su subir bajando de escaleras por recordarnos que, para una dama sureña, nada hay más importante que, como decía Scarlett, “no volver a pasar hambre” de lujazos inherentes a su clase mandamasa; si para ello es necesario quedarse viuda, te ocupas de infartar a tu conyuge a disgustos sucesivos; ahora eso sí: echando mano a todo el “southern comfort” que haga falta…

Bette Davis, ebúrnea cariátide, oficia su papelón  con hieratismo “rigor mortis”, esparciendo, sobre la feliz audiencia, una lluvia dorada de cadaverina propulsada a chorro, cuyo aroma a lavanda empantanada se proyecta desde el hisopo bizco de unos turbios ojazos lechuzones…(¡Cómo se pasa el abuelo Cebolleta…!): Regina Giddens Hubbard no es sino un fantasma de sí misma y sus sueños imposibles de hembra con un par que llevarse al dominio del resto de mortales…Bajo su bota, Herbert Marshall, sufridor de amplio espectro por culpa de las malas mujeres: recuérdese su Mr. Chavez (“Duelo al Sol”), condenado a la horca por calderoniano, lo mismo que ese preso nº 9 que, tan a la ligera, canta Joan Baez, seguramente porque nadie se ha molestado de traducirle lo que dice la letra… (Me temo que nuestra educación sentimental, en lo tocante a las relaciones de pareja, haya sido manifiestamente mejorable…).

(Publicado en DIARIO DE FERROL)

¿Y decís que soy mala...? Yo, como Calígula... ¡Mira cómo me río...!

¿Y decís que soy mala…? Yo, como Calígula… ¡Mira cómo me río…!

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